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En la luna de Babel

~ Blog sobre lenguas y traducción

En la luna de Babel

Publicaciones de la categoría: Vida traductoril

No dispare(mos) al traductor

04 lunes Feb 2019

Posted by enlalunadebabel in Traducción, Traducción audiovisual, traducción literaria, Vida traductoril

≈ 12 comentarios

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dedo acusador, errores en traducciones, invisibilidad del traductor, reflexión

Reconócelo. Tú también lo has hecho alguna vez. Yo lo he hecho varias veces y en público.

No, no me refiero a eso. Hablo de criticar una traducción. Sea por demostrar el estupor ante algo que creemos obvio o porque pensamos que se puede sacar una enseñanza, el caso es que terminamos criticando la traducción de un compañero. Pensamos más en el error y no en la persona —al menos esa ha sido la intención que he tenido yo siempre cuando he hablado de alguna traducción— y el objetivo en teoría no es ridiculizar al traductor ni proclamar que tú o yo lo haríamos mejor. Pero lo que termina pasando es que sí ponemos el dedo en la llaga del traductor sin conocer el contexto en que se ha producido dicho error.

Os preguntaréis a qué viene esta entrada ahora. Bueno, es algo que llevo pensando desde este verano y, sobre todo, al ver lo que ha pasado con la polémica de Roma (Alfonso Cuarón, 2018). En este último caso, he visto a compañeros cebarse con algunas elecciones léxicas de la traductora, yendo mucho más allá de la crítica por el hecho de subtitular la película a nuestro español y que, en cualquier caso, es algo que no la incumbía a ella.

Este verano compartí una foto que había colgado un compañero en un foro de traducción de Facebook. En esa foto había un error muy llamativo, habían bautizado Nueva Suéter a Nueva Jersey. Es un error de los que llaman poderosamente la atención y que muchos supusieron que había sido cosa de la traductora. A mí me pareció curioso y lo compartí en mis redes sin ir más allá, sin pensar en la autora de esa traducción y en cómo se podría sentir al ver cómo degeneraban muchos de esos comentarios. Evidentemente, el gazapo estaba ahí y muy seguramente habían sido los duendes de la edición.

Resulta que esa novela se había vendido en Latinoamérica y al querer acercarla más a los lectores de allí, habían hecho un buscar y reemplazar sin cerciorarse bien de los cambios. Y así se distribuyó, sin que la traductora lo supiera. ¿Cómo lo sé? Pues porque la propia traductora lo comentó en la publicación original en Facebook, aportando incluso pruebas del texto que había entregado a la editorial. Por mi parte, me sentí fatal, eliminé esa publicación de todas las redes donde la había colgado, hablé públicamente de eso en Twitter y me disculpé personalmente con la traductora. Algunos pensaron que no pasaba nada, que tampoco había que hacer una montaña de un grano de arena, pero me puse en su piel y supe que me dolería si pasara algo así.

Muchas otras traducciones se han vilipendiado en foros y perfiles diversos sin pensar, creo, en que incluso es una manera de tirarnos piedras contra nuestro propio tejado (algo así como poner en tu web la imagen del teclado con la tecla de traducir, como si fuera algo tan fácil). Sin querer, muchas veces nosotros mismos contribuimos a esa parte del oficio que tan poco nos gusta ver: la visibilidad para mal, el fracaso de la traducción como tal. Y yendo más allá de la traducción como disciplina: todos nos equivocamos y a todos nos pueden pillar en un renuncio. Dudo mucho que nos gustara vernos en esa situación.

Y, aun así, esto mismo sigue siendo la tónica habitual en muchos trabajos universitarios, en los que, al final, el análisis de una obra se acaba convirtiendo en una crítica a la traducción de un libro, una serie o una película sin conocer los detalles que ha habido en su producción y sin tener en cuenta a los demás eslabones de la cadena. También sucede en los trabajos comparativos entre las versiones doblada y subtitulada de un mismo producto, como comenta Stavroula Sokoli en este hilo. Si no lo ha traducido la misma persona es normal que haya inconsistencias, por ejemplo, y como seguramente no tengamos acceso al traductor, no conoceremos el contexto: si el traductor disponía del guion final, si tuvo que sacar cosas de oído, si tuvo mucho o poco tiempo para documentarse habida cuenta del plazo de entrega y muchos otros factores. Ojo, no hablo de limitar la libertad de expresión, cada uno es libre de quejarse de lo que quiera, pero hay formas y formas.

Por suerte, empiezo a ver en redes cada vez más elogios a las traducciones y eso es lo que deberíamos fomentar: el intercambio de buenas soluciones. Porque de los errores se aprende, sí, pero alabar una buena traducción y aplaudir lo bueno que encontremos en ella es mucho más saludable y productivo para todos. Por mi parte ya he empezado a aplicarme el cuento.

Y tú, ¿qué opinas?

Traductora autómama en prácticas

17 miércoles Oct 2018

Posted by enlalunadebabel in Productividad, Vida traductoril

≈ 8 comentarios

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madre autónoma, mamá freelance, maternidad, padre autónomo, paternidad freelance, productividad, trabajar en casa con un bebé

Un año. Bueno, casi un año llevo ya en esto de «conciliar», si es que existe el concepto como tal. Doce meses de descubrir facetas que no conocía de mí misma y de tratar de encajar las piezas de un día a día que ya era ajetreado de por sí. Pero al final el amor de una madre se declina en muchas formas y, sí, de todo se sale. Doce meses de combinar un buen ritmo de trabajo con un «creo que pide teta» (la lactancia a demanda es lo que tiene); de hacer una videoconferencia con el moisés al lado y que justo en el momento más interesante empiece a llorar; de tener al técnico de una editorial al teléfono mientras te instala de forma remota un programa informático —y tú con el peque encima— y tener que cortar porque le empezaba a asomar una mancha marrón muy sospechosa por la espalda. En realidad creo que llegué a decirle: «Perdona, pero llámame dentro de 15 minutos porque se me ha cagado el niño».

En fin, han pasado doce meses y la vida ha cambiado. Y como sé que hay futuros papás traductores que me leen, os cuento cómo ha ido este primer año, los trámites, lo bueno y lo malo, y unos consejillos que me han ayudado durante estos meses.

 

TRÁMITES

Cuando me quedé embarazada aún combinaba los dos trabajos, así que pedí la baja médica —que no resta de la baja maternal como hace años— en la semana 32 puesto que ya no podía conducir para ir a las empresas a impartir clases de inglés ni podía estar de pie mucho rato (de hecho, la baja me la dieron por la bipedestación y no por el riesgo que podría conllevar el conducir). En este caso fui a mi médico de cabecera, que me fue dando los partes para llevarlos a la oficina de la Seguridad Social. No tuve que llevar muchos, porque el peque tenía prisa por salir y se adelantó un mes. Eso sí, ese tiempo, igual que en la baja maternal, cobré por partida doble, por mi trabajo como asalariada y por los autónomos.

Con el nacimiento del bebé llegaron los trámites del registro y similares, papeles que —no me preguntéis por qué— me daban mucho reparo. Supongo que tenía miedo de meter la pata con algo y que el niño acabara sin papeles. De hecho no sería la primera vez que la administración se equivoca. Yo estuve inscrita en defunciones y no en nacimientos durante unos días porque el funcionario se equivocó con mis papeles allá por el año… esto… hace unos años.

Al caso, también me ayudó bastante reunirme con el gestor para ver qué papeles podía mover y qué ventajas tenemos. Por ejemplo, hay una ayuda de 100 euros mensuales hasta que el niño cumpla 3 años y puedes pedir que te la abonen mes a mes o todo junto para la declaración de la renta. Y también se pagan solo 50 € de autónomos mensuales en lugar de los casi 300 € durante el primer año.

 

EL BALANCE HASTA AHORA

Lo positivo

Me lancé por fin y dejé las clases. Me gustaba mucho la enseñanza y su factor social, sobre todo en el caso de grupos de adolescentes y adultos, pero prefería la traducción mil veces más. Llevaba años con miedo a dejar el (buen) sueldo fijo de las clases, a pesar de que luego tenía que traducir a horas intempestivas y había hipotecado casi todos mis fines de semana. Saber que iba a ser madre, y el trabajo que eso conlleva, me empujó a dar el paso por fin y no me arrepiento nada de nada.

He aprendido mucho vocabulario. Si eres traductor médico quizá ya te sepas la lección, yo no. Por suerte, no sentí el dolor de las contracciones Braxton Hicks (las previas) ni las otras (cosas buenas de tener un umbral del dolor muy alto), pero si lo pasé algo peor con los entuertos (contracciones de posparto o puerperio, como los retortijones más chungos de la regla). No tuve que sufrir una episiotomía (pequeña incisión que se realiza… ya sabes, ahí, para evitar desgarros en el parto), pero sí una mastitis (cuando al dar de mamar se tapona un conducto en el pecho; se ve porque sale una perla de leche). En cuanto al peque, descubrí muy pronto la consistencia del meconio (o chapapote; sus primeras cacas, vaya), pero no la costra láctea (una costra de aspecto bastante desagradable en la cabeza). Por suerte, tampoco salió con mucho lanugo —y mejor, porque con la cantidad de pelo que tengo yo, en la cabeza, temía que me saliera apantojado—; por cierto, descubrí que dicho vello también sale en personas anoréxicas, puesto que es una forma que tiene el cuerpo de no perder calor. ¿Cómo os quedáis?

Ha aumentado mi productividad. Parece mentira, pero es así. Ahora que sé que el tiempo que dispongo es más limitado, lo aprovecho mucho mejor. ¿En qué perdía tanto el tiempo antes de ser madre? Ahora bien, esta productividad no llega sola. Me ha ido muy bien reorganizarme, apuntármelo todo y definir tanto horarios como espacios. Me mudé en agosto del año pasado y disponer ahora de una habitación  solo para trabajar, con las paredes forradas de libros, dos mesas grandes para que quepa bien el sobremesa, la impresora, el portátil, etc. y una pizarra para apuntar las cosas… ayuda. Mucho.

Puedo disfrutar más de mi hijo. Obvio. Aunque vengan los abuelos a echar una mano por la tarde, lo tengo cerca. A veces, hasta se escapa del salón y viene a verme al despacho. A sacar los libros del estante inferior. A tirar la papelera. A revolver entre los papeles. Es tan mooono.

Lo negativo

Aislamiento. Sobre todo al principio. Nadie te cuenta lo duro que es el posparto. Si tienes un embarazo bueno como el mío, son unos nueve meses de fábula y, en mi caso, hasta fueron la mar de productivos. Pero, ay, en cuanto sale el vástago… todo cambia y tú cambias con él. Y de repente te ves con una personita a la que no entiendes  y todo se te hace un mundo. A mí me costó la vida salir de casa aunque fuera a dar un paseo. Quería tenerlo todo preparado y planificado y requetemirado antes de salir a la calle y me encerré un poco en mí misma.

El cansancio. Otra obviedad. No todos los niños son iguales y dicen que algunos duermen bien. Dicen, porque el mío ha salido muy activo y poco dormilón. Ponerse a teclear por la mañana después de despertarte unas 3, 4 y hasta 5 veces cuesta.

El sentimiento de culpa. Ahora que va a la guardería, soy incapaz de tomarme una mañana libre o de ir al gimnasio que pago religiosamente cada mes o ir a esas clases de yoga que se me antojaron el otro día. Es un sentimiento de culpa del tipo «¿Estás pagando para que te “guarden” al niño (no es cierto, hacen actividades y lo estimulan de una forma que yo no podría hacer) y tú te vas al gimnasio o de compras? No, no, chata, tú a trabajar en tu despacho». Y así acabo trabajando un poco más de la cuenta.

Menos tiempo disponible. No es ninguna sorpresa. Habréis visto que mi ritmo de publicación en el blog ha bajado, por ejemplo. También porque no soy de las que escribe dos párrafos y ya, solo por amor al SEO. El niño necesita un tiempo que, evidentemente, resto a cosas quizá no menos importantes (que también) pero sí accesorias. Por otro lado, reconozco que vivo más feliz sin estar tan tan atenta a las redes (dejarlas del todo me es imposible) y me resbalan cosas que antes me habrían afectado un poco más.

El miedo a perder clientes. Y a perderme a mí. Os soy sincera, solo estuve unas tres semanas sin trabajar. Primero, porque no me sé estar quietecita; segundo, porque lo necesitaba. Necesitaba seguir siendo yo. Y, evidentemente, también tenía miedo de que los clientes se olvidaran de mí, aunque los hubiera avisado a todos previamente. Aun así, cuidado con esto porque hay cosas que no puedes controlar y yo casi me pillo los dedos con la entrega de un  libro porque, como decía, el heredero decidió nacer antes de tiempo.

Sin embargo, que este miedo no os empuje nunca a aceptar lo que sea y con las condiciones que sea. Os cuento. A los siete meses y poco de embarazo me escribió una chica que había escrito un libro de cuentos para que se lo tradujera al castellano y al catalán. Tenía incluso a un agente, un chico que me hizo la prueba de traducción. El plazo era generoso y el texto no era muy complicado, así que acepté el encargo, pero por si acaso derivé la traducción al catalán  una compañera (ella firmaría su contrato correspondiente y aparecería en los créditos de esa versión y yo haría de traductora al castellano y de gestora a la vez). Les conté mi situación, pero les aseguré que estaba todo controlado porque así era. Al poco de tenerlo ya todo firmado y empezado, quisieron que quedáramos para conocernos y hablar del libro, de cómo querían la traducción, etc. Quedamos el domingo 5 de noviembre para almorzar. Roc decidió la madrugada del 4 al 5 que ya había esperado suficiente y, aunque no nacería hasta las 17, ya me veis por la mañana, en la cama del hospital escribiendo para decir que no iba a poder quedar, que el bollo iba a salir del horno. En teoría lo entendieron. En teoría.

Durante los días siguientes estuvieron escribiendo sin parar poniendo en duda la viabilidad del proyecto, que si no iba a poder lo dejábamos y rescindían el contrato, etc. La traducción al castellano estaba ya medio hecha y tenía a mi compañera ocupada con la otra versión. Total, que me pasé los tres días de ingreso correo arriba, correo abajo. ¿Compensó? Pues no. Y como no podía ser de otra forma —y esto imagino que lo veréis en algún momento si no lo habéis hecho ya—, los clientes que son tan tiquismiquis, que cambian de opinión o el texto a última hora y que ponen muchas pegas suelen ser malos pagadores. Tuve que estar insistiendo varias semanas hasta que pagaron.

MIS CONSEJOS

  • Conócete y conócele. Si alguna vez ya hablamos de los ritmos circadianos, ahora más que nunca conviene pensar un poco en los horarios: ¿eres de horario panadero u horario lechuza? Hay traductores que prefieren levantarse muy temprano porque rinden más por la mañana y así se dejan la tarde libre para disfrutar de sus hijos; otros prefieren el horario lechuza y aprovechan cuando sus hijos se acuestan. Como todo, no hay una única solución y cada uno hace lo que puede. Yo aprovecho cuando está en la guardería y luego las horas por la tarde cuando vienen los abuelos, pero no trabajo después de cenar porque necesito también mi ratito de descanso y Netflix.
  • Planifícate. Si la planificación es importante sin descendencia, imagínate cuando la tienes. En el despacho tengo una pizarra en la que me apunto las entregas y cómo las llevo, semana a semana (sobre todo en el caso de las traducciones editoriales cuyo plazo es mayor) y me apunto en una agenda todo lo que hay que hacer cada día y lo que queda pendiente. Además es muy satisfactorio ir tachando lo que ya he hecho.
  • Adelanta lo que puedas. Otro esencial. Nunca sabes si se va a poner enfermo o va a haber cualquier otro tipo de contratiempo. Si me entra alguna traducción cortita, aunque sea para dentro de dos días, intento ponerme con ella de inmediato y dejarla lista. Por si acaso.

  • Reconoce tus límites. Descubrirás que no puedes con todo. Las camisetas de mamá es superwoman son muy bonicas, pero intentar abarcar más solo trae insatisfacciones; te lo digo con conocimiento de causa.
  • Acepta la ayuda de los demás. Esto va relacionado con lo anterior. Aceptar ayuda no es fracasar. Ya sea la suegra, tu madre, tu cuñada, tu hermano… En la crianza se oye decir mucho que hace falta tribu y es cierto. Laboralmente, aprende a delegar, subcontrata o pasa trabajo directamente. Así puedes seguir manteniendo al cliente porque le solucionas la papeleta.

Por mi parte, sigo aprendiendo, aún llevo la L de novata, y me toca improvisar muchas veces, pero para esto no hay manuales que valgan, otra cosa que he aprendido a la fuerza durante estos meses. Si vais a ser padres, felicidades y que sea una hora corta (no tenía ni idea de qué quería decir eso antes de quedarme embarazada) y si ya lo sois y queréis compartir vuestros trucos y consejos, adelante, este blog es todo vuestro.

***

Imágenes usadas con el consentimiento expreso de Kara Western (@karacandraw).

Más información sobre bonificaciones y ayudas aquí: http://bit.ly/2QWiMHx.

¿Un mundo sin traducción?

30 sábado Sep 2017

Posted by enlalunadebabel in Congresos, Traducción, Traducción audiovisual, traducción literaria, Vida traductoril

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congreso, Día Internacional de la Traducción, Euskarabildua, ponencia, traducción, traductores, Un mundo sin traducción

Los traductores te acompañamos desde que te acuestas con ese libro tan jugoso hasta que te levantas. Estamos contigo en tu día a día: en las etiquetas de tu champú, en los ingredientes que llevan las galletas del desayuno o el manual de instrucciones de esa máquina que solo lees cuando te da problemas. Estamos en la sombra detrás de las series que consumes compulsivamente, los documentales de la 2 y los peliculones de sábado tarde en Antena 3. Estamos ahí aunque no se nos vea.

En días como hoy, 30 de septiembre y Día Internacional de la Traducción, salimos todos a pedir no solo que se nos vea más, sino tener unas mejores condiciones, unas tarifas más dignas y el reconocimiento de nuestro trabajo (y no solo cuando erramos, que nos conocemos).

Sin embargo, con esta pasión por nuestro trabajo, a veces nos dejamos llevar por opiniones encendidas y por un ensalzamiento casi exacerbado de nuestra profesión. Por eso, en noviembre pasado y con motivo de mi invitación al Euskarabildua en San Sebastián, decidí abordar esta cuestión: ¿Es posible un mundo sin traducción?

Aquí tenéis el vídeo de la ponencia (empieza en el minuto 1:00) y la presentación. ¡Espero que os guste y, por supuesto, que paséis un día estupendo!

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Os podéis descargar la presentación aquí: Un mundo sin traducción.

***

  • Vídeo en youtube
  • ¿Por qué la traducción importa?
  • Celebrando con citas célebres
  • El último caballero andante de la literatura

Por cierto, por si aún hay algún despistado, sorteamos 3 bolsas traductoriles la mar de majas. Solo hay que seguir este enlace.

Y para acabar de tirar la casa por la ventana, que hoy es un día de fiesta, los cinco primeros que dejen un comentario en esta entrada, se llevan unas pegatinas de las traductoras pin up.

 

 

 

5 cosas que un traductor puede hacer en agosto

07 lunes Ago 2017

Posted by enlalunadebabel in Congresos, Cuestiones laborales, Productividad, Traducción, Vida traductoril

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agosto, traducción en agosto, traducir en bañador, traducir en verano, traductores en bikini, verano

La primera podría ser tomarte unos días libres. Las vacaciones son necesarias siempre, aunque impliquen unos pocos días alejado del escritorio. Sin embargo, como ser autónomo te permite coger las vacaciones cuando te apetezca, tal vez este mes no sea tu mes de descanso.

El verano es una época curiosa en traducción. Hay poco trabajo en algunas ramas y mucho en otras. En agencias hay trabajillo para los que no se van de vacaciones y en editorial se prepara la rentrée literaria, con lo que muchos traductores editoriales trabajamos a destajo en estas fechas.

Para mí, agosto es una especie de fin de año, supongo que por la influencia del curso escolar. Septiembre marca el inicio de un nuevo curso y es también un punto de inflexión. Si, como yo, combinas unos días de vacaciones con trabajo en casa, ¿qué puedes hacer en verano?

  1. Ponerte al día con lo último sobre la profesión

El día a día deja poco tiempo para muchas cosas, como seguir la pista a nuevos libros sobre traducción e interpretación o leer los artículos de algunos blogs que nos han llamado la atención y dejamos aparcados para leer más tarde, etc. Agosto es buena época para descubrirlos y ver qué se cuece en el mundillo.

Algunas lecturas recomendables, como las que os apunto de vez en cuando en forma de artículo o después de cada entrada:

  • Lecturas para el traductor
  • Más lecturas para el traductor
  • Seguimos con las lecturas para traductores

Entrevistas refrescantes:

  • Hangouts de Trágora: https://www.tragoraformacion.com/hangoutstragora/
  • El café de la tarde de Alejandra Durán: https://www.youtube.com/channel/UC4y8-iURJT8gLdyxqdyEB9Q 
  1. Actualizarte

¿No te pasa que quieres responder a alguna oferta de trabajo y justo te das cuenta de que no has actualizado en CV en años? Estos días van muy bien para actualizar la información del currículum, de la página web, de los perfiles que tienes en redes (LinkedIn, por ejemplo)… De esta manera lo tendrás todo nuevecito y a mano cuando te apuntes o respondas a alguna oferta a la vuelta de las vacaciones.

En este mismo sentido y si no lo has hecho ya, crea una carpeta en tu ordenador con todo este material: CV en español, CV en otros idiomas, cartas/mails de presentación, listado de libros traducidos, etc.

  1. Invertir en formación o hacer algún curso que tengas aparcado

Confiesa: tienes algún cursillo a medias. O bien has pagado por él y ni lo has empezado (esa soy yo con los de Random House. ¿Los conocías?). Quizá le habías echado el ojo a alguno y aún no te habías lanzado. Si hay convocatorias de verano en las escuelas en línea, ahora es un buen momento para hacer estos cursos de descubrimiento o reciclaje.

  1. Revisar los balances del año y examinar tu estrategia profesional

Aunque sea una tarea que debe hacerse regularmente, aprovechemos también para ver qué facturas están por cobrar y qué balance hacemos de los últimos meses. Eso implica dar un repasito a los clientes que tenemos y ver a qué futuros clientes podemos dar un toque. Y, por supuesto, pensemos ya a qué nuevas puertas llamar y llevemos un registro de todos estos contactos. Nunca es mal momento para lanzarse a la caza de clientes.

  1. Planificar las jornadas de TeI que se ofrecen en otoño

En otoño empiezan a brotar las jornadas de TeI como setas. Si quieres hacer contactos y ponerte al día —como comentaba en el primer punto—, asistir a estos eventos es una grandísima idea. Aprovecha estos días para ver fechas e ir planificando el viaje.

Algunas jornadas que se avecinan:

  • Congreso Trabalengua. 21 y 22 de octubre en Logroño.
  • ENC2, Segundo Encuentro Nacional de Correctores. 28 de octubre en Barcelona.
  • Congreso SELM. 23 y 24 de noviembre en Sevilla.

Yo no me las perdería —de hecho, me habían invitado a las dos primeras—, pero el bollito que llevo en el horno me dice que me lo tome con calma en esas fechas. ¡Otra vez será! Pero tú que puedes, ni lo dudes.

Si te has quedado con ganas de más, aquí va el bonus track: si tienes blog, también es un buen momento para planificar futuras entradas y si eres de los que echas de menos los cuadernos de Vacaciones Santillana, los de Blackie Books te encantarán para mover esas neuronas aplatanadas por el calor. Para mí son una adicción.

Y hasta aquí la entrada de hoy. ¿Apuntarías algo más? ¿Qué haces en verano que te resulta la mar de útil? Ya sabes que puedes dejar todos los comentarios que quieras y ¡seguimos hablando!

3 consejos para que un traductor sea más productivo

20 lunes Mar 2017

Posted by enlalunadebabel in Cuestiones laborales, Vida traductoril

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Cuestiones laborales, eficacia, productividad, traductor productivo

¿Una tarifa/hora de 50 € es cara o es barata? La respuesta es… depende de cuánto trabajo «saques» en esa hora de tu tiempo. Que una agencia de traducción o un traductor autónomo sepa aprovechar cada minuto de una hora facturable es importante para todos: para la inversión de la empresa cliente, para la contabilidad de la empresa de traducción y, por supuesto, para el bolsillo del traductor.  Así que hoy los chicos y chicas de Okodia-Grupo traductor —agencia con la que suelo colaborar— comparten contigo tres de los secretos, trucos o consejos para mejorar tu productividad personal. A ver qué te parecen…

Consejo 1: encuentra tu mejor horario

En casi todos los artículos sobre productividad personal que hay en Internet verás que se anota como primera regla de oro una frase tan típica como tópica: hay que madrugar. En nuestra amplia experiencia como agencia de traducción y como traductores independientes podemos decir alto y claro que este consejo es una perogrullada. Cada persona, cada profesional tiene sus propios ritmos circadianos que debe conocer para encontrar los mejores momentos productivos del día o de la noche.

Si trabajas por tu cuenta y no tienes que someterte al reloj de fichar, encontrar tu mejor horario de trabajo será la primera clave para mejorar tu productividad personal.

Por cierto, si quieres saber sobre los ritmos circadianos pulsa aquí y echa un vistazo a un interesante documento publicado por el NIH (National Institute of General Medical Sciences).

Consejo 2: no procrastines

Otra palabra que se ha puesto de moda últimamente en el ámbito empresarial y profesional es «procrastinación». Ya sabes lo que es: dejar para mañana lo que puedas hacer hoy.

En este caso, los gurús de la productividad tienen razón: ponernos mil y una excusas para no empezar, seguir o acabar un proyecto de traducción afecta a nuestra productividad personal no solo porque no acabaremos nunca jamás ese trabajo, sino porque consciente e inconscientemente estaremos pensando en el dichoso proyecto por acabar y dispersaremos nuestro nivel de atención.

Además, nos hace sentir mal a corto plazo y hasta nos acecha en sueños. ¿No te ha pasado nunca que al acostarte y relajarte te vienen a la cabeza todas las cosas pendientes?

Consejo 3: céntrate en el aquí y ahora

Cuántas veces los directivos de una agencia de traducción o los traductores independientes se agobian pensando en el futuro, ¿verdad? Y, a veces, ese agobio no se queda en la mente del CEO de la empresa de traducción, sino que se trasmite al resto del equipo en forma de reuniones interminables o, peor todavía, se contagia el mal rollo al buen ambiente de trabajo que tiene que existir en un grupo de profesionales para que se sientan seguros, motivados y productivos.

Cruzar los puentes uno a uno, centrarnos en el aquí y ahora y no adelantarnos a esos problemas que quizá aparezcan o quizá no son claves para mejorar nuestra productividad personal y profesional. Ojito que no estamos diciendo que no haya que planificar el futuro a corto y medio plazo, prever las posibles dificultades que puedan aparecer y prepararnos para capear los temporales de la mejor manera posible. Lo que afirmo es que preocuparnos por lo que todavía no ha pasado es uno de los mejores ladrones de productividad personal que pululan por el mundo.

Y ya que hablamos de ladrones de tiempo, es importante detectar los nuestros. ¿En qué se nos va la mañana? ¿Perdemos demasiado tiempo pendientes del correo? ¿Dedicamos más esfuerzos en organizarnos el trabajo que en ponernos manos a la obra? ¿Se nos va la mano con las redes sociales? Si conocemos a estos truhanes, sabremos también cómo combatirlos.

En fin, ¿qué te han parecido estos tres consejos para mejorar la productividad? A los miembros de la agencia de traducción Okodia-Grupo traductor y a servidora nos encantaría leer tu opinión.

***

Enlaces útiles (para cuando tengas un ratito, ¿eh? Si tienes que trabajar, ¡ponte ya!)

  • Extensiones de Chrome para una mayor productividad

Podéis sacar algunas ideas más de los numerosos blogs que tratan de la organización de tiempo (en general, no sobre traducción):

  • Técnicas de organización: http://www.tecnicasdeorganizacion.com/
  • Cómo me organizo: http://www.comomeorganizo.com/
  • El canasto: http://canasto.es/

Algunos programas y aplicaciones útiles:

  • Pomodoro: http://pomodorotechnique.com/
  • Focus booster: https://www.focusboosterapp.com/
  • Keep focused: http://keepfocused.codeplex.com/
  • Moosti: http://www.moosti.com/

Carta abierta al traductor principiante

19 domingo Feb 2017

Posted by enlalunadebabel in Aprendizaje, Cuestiones laborales, Errores, Traducción, Vida traductoril

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buscar trabajo de traductor, buscar trabajo en traducción, desnudez virtual, traducción profesional, traductor novato, traductor principiante, vicisitudes del traductor, vida laboral

Hace tiempo que tenía pensado escribir algo así, pero esperaba algún motivo. ¿Comienzo de año? ¿Cumpleaños del blog? Parece que, si no hay un motivo, es escribir por escribir, igual que hablar por hablar. Como si escribiera porque me ha pasado algo en concreto. Y no.

Escribo esto porque, en ocasiones, las redes pueden ser nocivas, porque nos llevan a engaño o nos hacen sentir mal. Escribo para ti, alumno que me lees habitualmente y que, quizá ya en cuarto, no sabes qué hacer con tu vida cuando termines la uni. Pero también escribo para mí, que en ocasiones va bien echar la vista atrás para ver qué ha funcionado, qué no, y ver por dónde va bien seguir.

Sobre todo escribo porque hace tiempo que observo cierta amargura o frustración en algunos casos: «En el grado nos lo pintan todo negro», «Nunca me habían explicado esto y no sé qué hacer», «No encuentro trabajo», «Qué suerte que tú llevas X libros traducidos y a mí no me hace caso nadie». No hace mucho, un chico dejaba un comentario en este blog quejándose de lo poco solidario que era el gremio, que nadie le había ayudado ni dado una oportunidad para empezar a trabajar, para seguir aprendiendo. Sé que no es el único.

Muchas veces, desde las redes, parece que todo es facilísimo y de color de rosa: «Anda, a Fulanito le han asignado esta serie tan molona», «A Menganita le sale el trabajo por las orejas», «Zutano está de intérprete en Nueva York, qué bien vive». Pero no muchos cuentan lo que hay detrás, los rechazos, las meteduras de pata, las horas intempestivas de traducción, los días sin nada de trabajo, mano sobre mano, mirando la pared. Aunque ¿por qué deberían? Cada uno es libre de contar en redes lo que le plazca, ¿verdad?  Al fin y al cabo ¿no son blogs y cuentas de redes sociales personales? Sí, algunos intentamos proponer ideas y compartir experiencias que, en el fondo, son eso: personales. Sin embargo, e inconscientemente, muchas veces nos comparamos con los demás y acabamos saboteándonos a nosotros mismos.

Pero no estás solo. Todos hemos pasado por lo que estás pasando tú. Cuando leí el comentario de este chico que te contaba antes, pensé en cómo fueron mis inicios y me vi muy identificada. Si no tienes mucha prisa, hazte un té o un café y te lo cuento.

En cuarto de carrera me fui un semestre a Saint Andrews, Escocia. No era un Erasmus, puesto que el primero lo hice en Dinamarca (y ahí no hice nada de nada, solo teníamos que escribir un «diario lingüístico» sobre nuestras experiencias en el país). En cuarto quise estudiar fuera y hacerlo de verdad. Al volver, quedaba poco ya para acabar el curso, tuve que ponerme al día con alguna asignatura no convalidable y, a la vez, empezar a pensar en qué haría cuando terminara la licenciatura. Así pues, empecé a buscar editoriales y agencias de traducción porque, a diferencia de algunos compañeros, yo sí tenía claro que quería dedicarme a esto. Recibí algunas negativas, muchos «ahora no tenemos nada, pero te incluimos en nuestra base de datos» y muchos más silencios por respuesta. Pero no podía quedarme ahí. Empecé a colaborar con S.O.S. Racisme traduciendo documentación del inglés y el castellano al catalán; quería tener experiencia demostrable y si encima ayudaba en algo, mejor que mejor.

Inicios

Recuerdo que, al terminar la carrera, estaba perdida. Lo fácil, por llamarlo de algún modo, era seguir estudiando para especializarme (seguir estudiando te envuelve en ese plástico de burbujitas), de modo que me matriculé en el posgrado de traducción literaria de la Universitat Pompeu Fabra. Corría el año 2004 —sí, «corría» porque el tiempo vuela— e iba a clase, impartía clases de inglés (fue de lo primero que busqué también para ir subsistiendo) y empezaba a traducir. Como no recibía encargos con regularidad, el gestor me aconsejó que me diera de alta y de baja en un mismo mes; en ese mes facturaría todo lo que hubiera trabajado hasta entonces.

A partir de entonces, como una hormiguita. Y es que todo hay que currárselo. Conozco otros compañeros que tampoco empezaron directamente con muchos clientes en la cartera. Mandaron muchísimos currículos, llamaron a muchas puertas, empezaron de gestores de proyectos en agencias muy pequeñas o volvieron a la traducción de rebote. Cuesta hacerse con una buena cartera de clientes, es algo que lleva su tiempo, como cualquiera podrá decirte.

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A lo que iba, al terminar el posgrado, Olivia de Miguel, directora y profesora de este, que había visto mi interés y le gustaba cómo trabajaba, me pasó el contacto de una editora de mesa de Planeta que se ocupaba de los sellos empresariales Deusto y Gestión 2000. Para ellos traduje algunos manuales y libros sobre innovación en la empresa y similares.

Ahora pensarás: «¡Aja! Tenía enchufe». Bueno, prefiero llamarlo contacto. Piensa que nadie va a darte trabajo si no lo haces bien solo porque alguien te recomiende. Pero, y esto es importante, sí que la suerte puede ser un factor. Reconozcámoslo, el trabajo es importantísimo —hay que estar al pie del cañón y estar motivado, querer hacer lo que haces—, pero tampoco podemos descartar el factor suerte; ya sabes, eso de estar en el momento justo en el lugar indicado. A lo mejor ese currículum que envías en marzo no lo tienen en cuenta hasta pasado un año (sí, también me ha pasado), pero justo entonces necesitan a alguien y… ¡pam! O quizá conoces a alguien que resulta que conoce a alguien que… Y de ahí también que sea tan importante que todo el mundo sepa a qué te dedicas.

De calidad y otras criaturas

No, yo tampoco salí de la carrera traduciendo fantásticamente. Pasaba algunas pruebas, otras no, pero algunas agencias me mandaban encargos de forma más o menos regular, con lo cual tampoco debía de hacerlo tan mal. La práctica, como en cualquier otro trabajo, es esencial. También lo es leer mucho, tanto texto en lengua original (para seguir puliendo nuestra lengua B), como en lengua meta (para expresarnos mejor en nuestro idioma) y traducciones. Sí, creo firmemente en que podemos aprender de los demás compañeros. A veces leo traducciones e incluso comparo con el original y me apunto (mentalmente o no) las buenas soluciones que un compañero ha encontrado. De todo se aprende, créeme.

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Y hablando de que de todo se aprende, encontrarás chinitas en tu camino. O piedras más grandes. Hasta rocas. Todo forma parte del proceso. El primer año de autónoma tuve un encargo un 23 de diciembre —me acordaré toda la vida—; un volumen pequeño para una agencia de traducción de Granada: la traducción de un folleto del castellano al catalán para una cadena de centros de belleza. En total, el trabajo ascendía a 30 euros. Eran fechas señaladas, parecía un texto fácil y quizá no puse todo el esmero que debía. Se me colaron dos faltas de ortografía y me equivoqué al traducir una planta medicinal, aunque eso lo supe el día D. El día D fue cuando la agencia me contó que el cliente se había quejado de que el texto se había imprimido con faltas y que debían tirar todos esos folletos. Miré el texto, les expliqué lo que estaba mal y lo que no y les pregunté si había habido corrección posterior. No, no la hubo, pero la responsable única era yo, según la agencia.

Contacté con una asociación de traductores para preguntarles y no obtuve respuesta. Hablé con una abogada, que —no te miento— me tuvo una hora en su despacho buscando jurisprudencia en internet para determinar mi grado de responsabilidad. Alucinaba. Solo se le ocurrió que, amparándome en la poca gravedad de los errores y que ellos habían reconocido que no habían revisado el texto, me ofreciera a pagar parte. Y así fue como conocí a vuestra madre como acabé pagando 400 euros. Lo mejor fue que, poco después, esa misma agencia me escribió para que siguiera colaborando con ellos. Vaya…, y yo que pensaba que lo hacía fatal. Evidentemente, les dije que no. Y eso también es importante: decide con quién te compensa trabajar, mi joven padawan. Luego seguimos hablando de este tema.

Después de eso estuve una semana sin aceptar nada. Pensaba, ¿y si meto la pata con algo más grave? Por aquel entonces traducía para otra agencia partes de accidentes, informes médicos y documentos de siniestros del alemán al castellano. Mi confianza estaba por los suelos. Pero the show must go on.

Pasarán muchas más cosas durante tu trayectoria profesional. Habrá malos momentos, claro, y cosas que tal vez no publiquemos en redes sociales. Seguramente no decimos que no hemos pasado la prueba de traducción de una editorial o que no hemos entregado a tiempo una traducción y el cliente se ha enfadado o la agencia nos ha reprendido. Que se nos ha olvidado una entrega y estamos la noche anterior dale que te pego a la tecla para subsanar nuestro error. Que entregamos un documento a medias porque no vimos que había más pestañitas en el Excel o que en el zip había más documentos. Y no son casos aislados, nos pasa a todos.

Y este proceso de aprendizaje no acaba nunca. Después de doce años, me sigo pillando los dedos con algún proyecto, meto la pata o me despisto. Digo que sí aun yendo saturada por miedo al «no» o no peleo lo suficiente por subir una tarifa en un caso concreto, con mucha urgencia o que aceptas casi por compromiso. Créeme, sigo trabajando en esto.

Por eso, cuando doy consejos a estudiantes en las charlas o en este mismo blog, no es porque sepa más que nadie, sino porque me ha pasado a mí y lo he solucionado de esta forma o esta otra. Claro que, muchas veces, no podemos controlar la idea que se hace alguien de nosotros y hay quien pensará que voy de estrellita. Y eso me lleva al siguiente punto, el blog y las redes, de lo que sé que te han hablado en la universidad.

Redes y telarañas

No te lleves a engaño: un blog no es la panacea. Ten uno si realmente te apetece, pero no es garantía de nada. Tenerlo abandonado o sentirte obligado a escribir constantemente es una pérdida de tiempo y motivo de frustración. Hace tiempo decidí que escribiría cuando me apeteciera o tuviera algo que decir. Publicar por publicar, tener la obligación de escribir solo por tener una entrada o dos al mes no va conmigo. No quiero acabar teniendo una colección de entradas con enlaces a cosas que luego nadie (ni yo misma) va a consultar.

Pero, una vez más, nada es flor de un día. En mi caso, abrí el blog y la cuenta de Twitter casi a la vez. Era 2011 y estaba acabando el Máster en Traducción Audiovisual de la UAB. Tuvimos una asignatura de orientación laboral y la profesora nos recomendó salir al mundo… de las redes. Nos habló de algunos blogs de traducción (creo recordar que el de Pablo Muñoz, el de Curri, el de Eugenia Arrés y el de Eva Martínez) y me pareció una idea estupenda para hablar de lo que sabía o de lo que aprendía. Como todo hay que probarlo al menos una vez —sobre todo si no es nocivo—, allá que me fui. Para entonces ya llevaba seis años de autónoma y pensé que tenía cosas que contar.

Al principio no conocía a nadie, ni me leía nadie, evidentemente, pero sí vi que era una manera fantástica de aprender de los demás. En general, puedo decir que estar presente en las redes ha sido muy positivo para mí. He conocido a profesionales fantásticos y mejores personas, me han invitado a congresos muy chulos y me han ofrecido proyectos interesantes gracias a la visibilidad, sí, pero también porque creo que hay algo más. No creo en las fachadas sin un buen trabajo de construcción por dentro. Una vez más, hay años de trabajo detrás.

Porque, y esta es la otra, ser visible tiene sus cosas malas. Están las habladurías («Pero si esa solo traduce novela rosa», «Pues repitió charla el otro día», «No sé por qué se jacta de traducir erótica») y sus momentos de frustración, de compartir algo y que se pueda tergiversar el fin con que se ha compartido o que no he expresado con suficiente claridad lo que quería decir. Bueno, y por qué no decirlo, que me equivoco, claro está. Siempre existe la posibilidad de que la gente se forme una idea equivocada de ti, pero tengas que aguantarlo porque «eres visible» y esas cosas pasan.

Pero ¿sabes qué? Si lo que escribo hoy puede ayudarte en algo, solo te diré que seas tú, que publiques lo que te apetezca, que compartas tus logros en redes si quieres o te quejes de lo que sea menester si así te nace.

Y te diré que trabajes, que estés activo, pero que no te compares con nadie. Tú eres tú y tus circunstancias. Que una prueba de traducción no superada no te desanime. Como en los «rasca y gana»: sigue jugando. Que hay momentos buenos y malos, días tranquilos y noches casi sin dormir para llegar a una entrega. Que no traduces peor por facturar menos que Fulano.

Aun así, convendría tener en cuenta que la traducción es una amante exigente, sobre todo si eres autónomo. Que debes ser traductor, gestor de proyectos y contable a la vez. Que ser dueño de tu tiempo como autónomo es una trampa y que, muchas veces, al final le acabas dedicando más tiempo del que deberías.

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Y, si me permites un consejo —un consejo de madre—: sé buen compañero. Sé amable con los que te rodean, aunque sea virtualmente. Conocerás a mucha gente en el camino y al final aprenderás a separar a los compañeros de los conocidos. Hazte con gente que sume y no que reste. Compañeros en los que puedas confiar. Tengo suerte de tener un buen grupito, un grupo de amigos traductores y revisores a mi lado (no voy a dar nombres, ya sabéis quiénes sois) que me echan una mano de vez en cuando y con los que comparto traducción, una copita y algo de frustración en ocasiones.

¿Por qué te digo esto? Pues porque otra manera de empezar es haciendo piña con otros compañeros de tu promoción (o de otras promociones) o incluso buscando a un mentor, un profesional en activo que pueda aconsejarte (como el sistema que ofrece Asetrad). En mi caso, trabajo ahora mismo con una traductora que me lo pidió y, de momento, está siendo una buena experiencia para ambas.

Clientes

Antes te comentaba que ser autónomo es un arma de doble filo. Eso de que no tenemos jefes es mentira: somos nuestro propio jefe y, en ocasiones, llegamos a ser demasiado duros con nosotros mismos. Aunque nos cueste organizarnos y le dediquemos más horas de las necesarias, podemos elegir con quién trabajamos. Al principio quizá te resulte más difícil porque quieres tener la oportunidad de traducir y adquirir experiencia, pero con el tiempo no está de más revisar con quién te interesa más seguir colaborando.

También empecé traduciendo por cuatro céntimos la palabra; por eso cuando algunos decimos en charlas, blogs o donde sea que empieces con una tarifa más alta porque luego cuesta más subirla es cierto. Para una de las primeras agencias que me ofreció encargos periódicamente al principio de ser autónoma cobraba esta tarifa y te prometo que casi todo eran faxes escaneados guardados en PDF no editables. Una joyita, sí. Sin embargo, me dije que era una manera de empezar y me lie la manta a la cabeza. Cuando hace unos meses volvieron a ponerse en contacto conmigo para un proyecto similar y la misma tarifa les dije que, si no era un importe superior, no lo haría porque el precio era muy bajo y el trabajo, considerable. Me contestaron que no podía ser, así que… good riddance! Entiendo que cuando empiezas no tengas tantas opciones para escoger, pero merece la pena planteárselo.

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En el caso de las editoriales, más de lo mismo. Hace ya unos años —parece la prehistoria, hará unos diez ya—, tras una de las batidas que hago enviando currículos, hice una prueba de traducción para la editorial VM (con iniciales, como en los programas de cotilleo, por si acaso), ahora extinta, y me «reclutaron». Con la promesa de trabajo con regularidad, las tarifas que ofrecían eran irrisorias: 5,5 € los 2100 caracteres. Pero bueno, pensé, empecemos y luego ya habrá tiempo de pedir más. Craso error. Y no solo por las tarifas, sino porque su gestión era nefasta, no enviaban nunca ejemplares justificativos al traductor y porque acabaron cerrando debiéndoles dinero a muchos colaboradores externos. Tuve la suerte de que a mí me lo pagaron todo, pero otros no pueden decir lo mismo, por desgracia. También dejaron sin publicar muchas traducciones, como una novela la mar de maja de Brandon Sanderson que traduje y se quedó en el olvido.

Tarifas y condiciones aparte, el trato —una vez más— también es importante. Trabajamos y somos personas, no robots sin alma. Recuerdo lo comprensivos que fueron conmigo la mayoría de mis clientes cuando mi padre estuvo a punto de morir hace unos años. Fueron un par de meses de incertidumbre, de correr al hospital en el momento más inoportuno y de noches sin dormir. Tenía proyectos a medias que quedaron en el aire o que tuvieron que ser reasignados. Hubo quien lo entendió y quien no, como una empresa para la que hacía audiodescripciones.

Como pasa con los amigos, es en los malos momentos donde ves la calidad humana y te das cuenta de si vale la pena o no trabajar para según qué clientes. Y con el tiempo te darás cuenta de que priorizar es ventajoso. Trabajas más tranquilo y, por ende, mucho mejor, sabiendo que el cliente tal o cual paga bien y a tiempo, que es flexible si tienes algún imprevisto.

En definitiva, querido lector principiante, que te entiendo y que casi todos —por lo menos yo— hemos empezado así, con incertidumbre, inseguridades y miedos. Que no, que no todo es de color de rosa, pero tampoco te lo pinten negro como la pez. Que, como todo en la vida, si realmente quieres dedicarte a traducir, inténtalo, trabájatelo y procura no desanimarte. Porque esta profesión vale la pena.

El encargo de traducción: ¿qué preguntar antes de aceptar?

07 miércoles Dic 2016

Posted by enlalunadebabel in Cuestiones laborales, Productividad, Vida traductoril

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agencias de traducción, cómo buscar trabajo de traducción, cómo empezar a traducir, clientes directos, contratos, presupuestar, presupuesto

Últimamente he trabajado con varios clientes nuevos (empresas, agencias y particulares) y buscando en la red cómo enfocaban este asunto otros compañeros, di con un listado de Tomedes, que reproduzco aquí con su permiso y amplio con algunos apuntes de mi cosecha:

PREGUNTAS PARA EL CLIENTE

Empecemos por lo básico: las preguntas que debes hacer al cliente que necesita la traducción.

  1. ¿Cuántas palabras tiene el documento?
  2. ¿Cuál es el plazo?
  3. ¿Cuál es el tema? ¿Es muy especializado o técnico?
  4. ¿Es documento escrito o es un archivo de audio? En este último caso, ¿se nos pide también transcripción?
  5. ¿En qué formato está? ¿Es un Word, un PDF, un fax escaneado (sí, aún existen)?

Esta información es impepinable, si queremos verlo así. Es importante saber qué vamos a traducir y por cuánto. Y en cuanto a las palabras, cuando nos envíen el documento para traducir (o para verlo solo si estamos en proceso de elaboración de presupuesto), cerciorémonos de que la cantidad de palabras es correcta. A todos se nos puede pasar, incluso al gestor de proyectos o al cliente directo, así que es importante comprobar que todo esté bien desde un principio.

Tampoco está de más preguntar:

6. En el caso de una traducción de marketing o una web: ¿requieren localización o solamente traducción? Si es un texto publicitario, ¿necesitan transcreación?

7. ¿El proyecto va a necesitar una edición o maquetación posterior (desktop publishing  o dtp)?

Cuanto más sepamos del encargo desde un principio, mejor informados estaremos del trabajo que nos espera y lo que vamos a tardar en hacerlo. El tiempo es dinero. No es lo mismo un texto plano sin más, que tener que controlar aspectos de diseño que van a requerir más tiempo una vez terminada la traducción.

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ASPECTOS ECONÓMICOS

Hay que ser muy claros con los elementos económicos del proyecto también antes de empezar. Se debe acordar un honorario o tarifa, además del método de pago y el plazo de cobro. En cuanto al honorario, que quede claro si es por texto origen o texto meta. También podemos plantearnos lo siguiente:

  1. ¿Es un trabajo urgente?
  2. ¿Es una traducción jurada o va a requerir un certificado de algún tipo?

En ambos casos hay que cobrar algo más, sobre todo por las horas extras en el caso de los encargos urgentes. Por eso la comunicación es esencial y todo debe quedar atado antes de ponerse a traducir. Hay que explicarle al cliente si va a haber cargos extra para que este dé el visto bueno antes de empezar.

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 NUESTRO PAN, NUESTRO HORARIO

Como no somos maquinitas sino personas, no está de más plantearse lo siguiente:

  1. ¿La tarifa es aceptable para nosotros? Tal vez este cliente “imponga” un precio. De ser así, preguntémonos si de verdad es justo para nosotros. Recalco para nosotros, porque aunque hay que ser conscientes de los precios de mercado para no perjudicar al sector y a nosotros mismos, cada uno tiene sus circunstancias. Hay quien considera que 0,05 para un folleto general es poco y no baja nunca de 0,07, pero para otro puede ser una tarifa más que aceptable por el trabajo que va a conllevar.
  2. ¿Podemos cumplir el plazo y aun así tener tiempo para comer, dormir y tener vida social?
  3. ¿Con este encargo podemos conseguir más trabajo de este cliente?

Esto último puede ser importante. Tal vez por necesidades del cliente, este proyecto nos haga trabajar hasta tarde un par o tres de días, pero si a la larga puede darnos más trabajo, encargos regulares, tal vez el sacrificio valga la pena. O no. Quizá pensemos que ceder a ciertos plazos poco realistas puede sentar un precedente peligroso y decidamos explicárselo al cliente (de lo que hablamos cuando hablamos de “educar”) o bien no aceptar el trabajo. Una vez más, debemos ser claros con nosotros mismos para ver si podemos encajar este encargo en nuestra planificación y poder equilibrarlo con lo demás, ya sean otros proyectos o, sobre todo, con nuestra vida.

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OTRAS CONSIDERACIONES

Hay más cosas que debemos tener en cuenta, dependiendo de la carga de trabajo… y el estado de nuestras cuentas.

¿Me interesa el tema de la traducción o me voy a aburrir como una ostra? Aunque nos aburra, tal vez nos interese aceptar el encargo porque vamos descargados de trabajo, porque nos interesa mantener al cliente o porque lo necesitamos económicamente. Pero en ese caso, seamos conscientes de lo que nos va a suponer.

Cuando se puede escoger –y ahora hablo a título personal–, prefiero una novela a unos presupuestos anuales o un manual técnico. Si por lo que sea, necesito el encargo, me armo de valor y me lo tomo con filosofía. Por desgracia no siempre podemos escoger, pero sí es un factor que debemos plantearnos. ¿Acaso no trabajamos más motivados cuando algo nos gusta?

También hay que pensar en quién es el cliente y si está recomendado. Puede que esto no tenga tanto peso a la hora de aceptar el encargo, pero contribuye al nivel de confianza y seguridad al trabajar.

En este tema que nos ocupa hoy, vale la pena también prestar especial atención a estos diez consejos de Tess Whitty:

  1. No aceptes un proyecto que sepas que no vas a poder hacer. No tengas miedo a rechazar algo que sabes objetivamente que no puedes cumplir o que no puedes hacer sin que se resienta la calidad. Si aún quieres aceptarlo, puedes buscar a algún compañero que te lo revise o puedes encontrarle un sustituto al cliente y facilitarle así la gestión. Seguro que te lo agradecerá.
  2. No aceptes trabajos con plazos imposibles. No lo dudes y negocia. A veces con un recargo por urgencia se descubre que la traducción no era tan urgente. Como con todo, la comunicación es clave.
  3. No dudes en preguntar. Seamos sinceros, no lo sabemos todo. Pregunta al cliente cualquier cosa que no tengas clara o pídele textos paralelos o antiguas traducciones (si el cliente es una agencia, por ejemplo). Preguntar no es demostrar ignorancia sino profesionalidad. No dejes las dudas para el final o para el mismo correo de entrega, cuando no haya margen para solventarlas.
  4. No aceptes un trabajo sin haber visto el texto antes. Puede que no siempre sea posible (me ha pasado con alguna novela), pero lo mejor es ver el documento antes de aceptar para calcular mejor el tiempo, para comprobar que es de una temática que controlamos y, en definitiva, para ver si es factible.
  5. No aceptes un trabajo sin saber quién es el cliente. En el caso de clientes directos es más difícil (que no imposible), pero si es una agencia que no conoces, lo mejor es buscar su página web o mirar en algunos foros (BlueBoard de ProZ, algunos grupos de facebook). Y aunque el correo sirve como confirmación de un trabajo de traducción, es aconsejable tener siempre una orden de compra o PO (purchase order) en la que consten las tres P básicas del proyecto: palabras, precio y plazo.
  6. No empieces a trabajar hasta que no hayas acordado un precio. A nadie le gustan las sorpresas en la factura, así que sé muy claro con lo que vas a cobrar, haya extras o no. Y trata de barrer para casa, claro. Para este proyecto tan pequeño, ¿no es mejor aplicar una tarifa mínima? Para esta revisión, ¿por qué no cobras por hora?
  7. Piensa en lo que escribes antes de enviarlo al ciberespacio. Hay muchos foros y páginas ahora en las que un traductor puede desahogarse, pero seamos sensatos. Un mensaje airado en las redes sociales puede terminar en manos del cliente. Piensa bien antes de escribir, deja pasar un rato y verás que, en frío, no es todo tan grave como parecía. Y lo mismo al hablar directamente con los clientes: respiremos y luego escribamos… más tranquilos. Con amabilidad se va a todos lados. En serio.
  8. Véndete bien. No te centres en lo que no sabes o en la poca experiencia que tienes. Céntrate en tus puntos fuertes, en lo que has traducido ya, en lo bueno que puedes aportar. Y eso también se aplica a la tarifa. Cobra lo justo. Un precio bajo también significa menor rentabilidad para ti.
  9. Guarda toda la información y correspondencia. Es importante guardar los correos, contratos y otros documentos de cada cliente, sobre todo para tenerlos de referencia. Para esto va muy bien un disco duro externo que pueda almacenar esa información que no usamos en el día a día.
  10. Lee todas las cláusulas antes de firmar un contrato. Básico para no llevarnos sorpresas luego. A veces son contratos estándar cuyas disposiciones no se aplican, pero, una vez más, en caso de duda, consúltalo con el cliente.

Hasta aquí los consejillos de hoy. ¿Hay algo que consideréis esencial al aceptar un encargo? Estaré encantada de leeros.

Mea culpa. Meteduras de pata reales de traductores e intérpretes

07 domingo Ago 2016

Posted by enlalunadebabel in Cuestiones laborales, Traducción, Vida traductoril

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cagadas, errores de traducción, facturación, fallos, gestión, oops, trato con clientes

Leemos, nos documentamos, seguimos consejos y aconsejamos, pero siempre hay algo que se nos escapa. ¿Un error de tecleo? Incontables, a veces tengo los dedos de mantequilla y algunas palabras se me resisten. ¿Meteduras de pata al traducir? Pues claro, sobre todo al principio y quien diga lo contrario que tire el primer dongle de Trados. ¡Suerte que mejoramos con el tiempo, como los buenos vinos!

En definitiva, somos humanos. Y aunque es cierto que en redes no solemos contar nuestros fallos, errores o puntos flacos, los tenemos. A continuación encontraréis algunos errores que traductores e intérpretes declaran haber cometido alguna vez. Al final hallaréis los datos de esta encuesta y si queréis dejar los vuestros… feel free! 

ERRORES DE TECLEO

  • En lugar de Segunda Guerra Mundial puse Segunda Guarra Mundial. Era un texto para un museo sobre el holocausto judío. ¡Tierra trágame!
  • La más tonta: poner conversación en lugar de conservación. De manera que determinado museo favorecía la conversación de las piezas… Lo malo es que lo he hecho varias veces. Será que me gusta más charlar que conservar.
  • Poco después de obtener el título de traductor jurado entregué una traducción jurada en que ponía «conSerVación» varias veces en vez de «conVerSación». El cliente se dio cuenta y, por suerte, fue comprensivo: solo tuve que corregirla y volverla a entregar. Desde entonces, intento no conversar sobre conservar el orden de las letras de las palabras.
  • Me como algunos signos de puntuación y a veces olvido los acentos.
  • Hay algunas palabras que, por más que lo intente, siempre tecleo mal, como «tambine» y «fatcura». Por suerte en Word tengo activada la autocorrección para estos términos.
  • En algún correo me he despedido como «Un cordial salido».
  • Uso salut («saludo» en catalán) como forma de despedida en los emails a algunas gestoras de proyecto. Alguna vez se me ha escapado un slut.

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Los errores de este tipo pueden deberse a varios factores y no solamente al desconocimiento, que es habitualmente lo que suele decirse. Muchas veces tienen que ver con las prisas y con estar más pendiente de plasmar lo que estamos pensando que con la ortografía y el tecleo en sí.

Por suerte, existen los autocorrectores no solo en los procesadores de texto sino también en los navegadores que nos marcan los errores antes de enviar un correo. No obstante, cuidado porque no son infalibles. Lo mejor es revisarlo todo con mimo antes de enviar.

 

FACTURACIÓN, GESTIÓN Y TRATO CON LOS CLIENTES

  • Hacer traducción inversa al inglés pensado que podría hacerlo bien, y no quedé satisfecha con el resultado. Por suerte no era un cliente sino un intercambio, así que fue un mal menor. Pero la experiencia me sirvió para no volverlo a hacer
  • Delegar una parte de una traducción a un compañero para cumplir un plazo a tiempo, revisar la tarea con prisas y ver que pasaste por alto algún término.
  • Pasar trabajo a algún compañero traductor y ver que no lo han hecho con el mismo mimo. Es importante saber a quién envías tus traducciones y, sobre todo, revisarlas bien después.
  • Un par de veces he enviado una factura al cliente que no era. En una ocasión, incluso, envié al cliente el Excel que tenía hecho para saber cuánto le pagaba a cada uno de los colaboradores que me ayudaron en un proyecto. El sudor frío me acompañó todo el día. No se puede ir con prisas.
  • Olvidar adjuntar los archivos en el email.
  • Cambiarle el nombre a mi cliente. Creo que ha sido el que más vergüenza me dio.
  • No sé presupuestar. Frecuentemente se me olvida la extensión de las palabras cuando traduzco del inglés al español.
  • Olvidarme de adjuntar alguno de los ficheros de la entrega.
  • Enviar el borrador en vez del documento final.
  • Una vez traduje una carta en la que un directivo de EE. UU. explicaba una confusión en el envío de pagos a la dirección impositiva de una provincia argentina. No era larga y me pareció gracioso hacer inmediatamente otra carta en español pero esta vez insultando con sorna y sarcasmo a las autoridades provinciales asegurando que nos les pensaba pagar un peso. En aquella época el email estaba en pañales. Me presenté en la oficina de la compañía de turismo que me encargó el trabajo. La señorita que atendía en recepción se llevó el papel para guardarlo en una carpeta y sellarme la copia como recibida, pero inmediatamente volvió para decirme: «Me parece que esta carta no es la misma que Mister Smith escribió en inglés». Punzada en el estómago, susto… suspiro profundo. Me fijé en mi carpeta, le entregué la traducción correcta mientras le explicaba que me había confundido, que la otra era una broma… Ella se mantuvo muy seria mientra me recibía, esta vez la hoja correcta. Por suerte nunca más supe del incidente. Por un tiempo conservé esa carta en broma con el sello de recibida.
  • Las meteduras de pata más frecuentes suelen ser las típicas: entregar el trabajo sin adjuntar ningún archivo o devolverle al cliente el archivo original en vez del traducido. Son casi siempre meteduras de pata que obedecen a fallos en el flujo de trabajo.
  • Una vez cada tres meses más o menos cometo el error de abrir algún texto para revisar y hacerlo directamente desde el correo electrónico, sin guardarlo. Reviso, cambio y guardo constantemente y al final lo cierro antes de enviarlo… El documento corregido y las horas de trabajo se desvanecen. Tengo una lista bastante larga de recursos para encontrar el documento perdido y ahora ya me he convertido un experto en esto, pero el susto lo tengo cada vez que me pasa.
  • Enviar el borrador de un guión para doblaje en lugar del final un par de veces. Dar palabras por sentado y al corregir ver que significaban otra cosa muy diferente y decirme: ¡suerte que me he dado cuenta!

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Como habéis comprobado, las meteduras de pata en este aspecto son comunes: enviar el original y no la traducción, olvidarse algún adjunto, no revisar bien el proyecto antes de aceptar…

Las soluciones dependen del caso (y también de la persona, que no a todos nos sirve lo mismo), pero podríamos dar algunos consejos:

  1. Proyecto. Sé sincero contigo mismo. ¿De verdad puedes encargarte de esa traducción? ¿Está dentro de tus posibilidades? O si no lo está, ¿sabes con quién contar para que te eche una mano? ¿Y podrás con el plazo? Si te pilla el toro, recuerda que la comunicación con el cliente es básica.
  2. Contenido. Mira bien qué tienes que traducir, cuántas pestañas tiene el Excel o cuántos documentos hay en el correo o dentro de aquella carpeta comprimida.
  3. Facturación. Revisa bien la factura antes de guardarla en pdf y enviarla. ¿Están bien todos los datos? Puede ser que uses una antigua de base para crear una nueva para otro cliente. Asegúrate de cambiar todos los datos que no procedan. En cuanto a los envíos, ¿un truco para no equivocarte? A mí me funciona adjuntar el archivo en el correo vacío, antes de escribir nada.
  4. Trato con el cliente. Como siempre y como con todo, debería imperar el sentido común. Aquí hay algunos consejos más sobre clientes, ya sean directos o agencias.

 

ERRORES AL INTERPRETAR

  • Al interpretar a veces me confundo de idioma.
  • My lecturer (during a press conference) mentioned «We have serious problems with AIDS» and I translated «Tenemos problemas con la ayuda». (He was talking about the disease)
  • En unas prácticas de interpretación durante la carrera, traduje «encina» (chêne, en FR) como «cabra» (chèvre) y luego nada tenía sentido. Mi profesor me puso un cartel con la palabra correcta escrita, pero en francés, así que seguía sin entenderla. Mi compañero de cabina me la tradujo en un papel y tuve que reconocer que me había confundido y que estábamos hablando de encinas y no cabras. ¡Menos mal que eran unas prácticas y el público eran otros estudiantes!
  • En una interpretación tratándose de un queso entendí «murcia albino» en lugar de «murcia al vino». Me di cuenta cuando vi la foto del PowerPoint donde estaban los quesos flotando en una barrica de vino.
  • Therapist – terapista. Por suerte era un examen de interpretación consecutiva.
  • Estaba interpretando en un hospital, el paciente acaba de tener una cirugía y tenía mucho dolor, terminé de interpretar y me retiré. A los pocos segundos venía la esposa gritando en español al médico que esperara, que su esposo se acababa de desmayar. El médico me preguntó «¿Qué dice?» y por error le contesté «My husband passed away». El doctor abrió los ojos e inmediatamente me di cuenta de mi error y lo corregí: «Sorry, he passed out».
  • En una clase de interpretación, mi compañera de cabina y yo estábamos interpretando un discurso diplomático del francés al español. Hubo un momento en que el hablante decía Comme j’ai déjà dit à Noël (Como dije en Navidad), lo cual acabó siendo traducido por mi compañera de cabina por «Como dijo Papá Noel». Lo mejor de todo es que a mí ni me chirrió ni me extrañó en ningún momento. Podéis imaginaros las risas que vinieron después por parte de tanto profesor como alumnos.

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La preparación antes de una interpretación es esencial, así como ir descansado y con la cabeza clara. Es un trabajo muy duro que requiere estar más alerta aún que al traducir; yo he interpretado un par de veces y me quito el sombrero ante los profesionales que os dedicáis a esto.

Muchos de los errores aquí mencionados tienen que ver con la comprensión, ya sea por no haber captado bien lo que se decía o por la homofonía de las palabras. Nuestro cerebro nos puede jugar malas pasadas, como en el caso de los errores de tecleo, así que, en la medida de lo posible, despacito y ̶b̶u̶e̶n̶a̶ ̶l̶e̶t̶r̶a̶  buen oído.

 

ERRORES DE TRADUCCIÓN

  • En un proyecto grande de traducción de una demanda millonaria, después de varios días sin dormir, cambie el número de objetos dañados, de ocho mil a ochenta. Por suerte la directora del proyecto revisó todo y se dio cuenta. De más está decir que nunca más me llamó.
  • Traducir (FR>ES) «palace» como «palacio», cuando significa «hotel de lujo», en una guía turística; enviar un fichero traducido al que le faltaba la mitad del texto por no haberme leído bien las instrucciones de la herramienta TAO de la agencia y no saber que antes de validar cada segmento había que poner el cursor al final (en la última revisión corregí cosas a medio segmento, validé, el resto del segmento se fue a hacer gárgaras y no me di cuenta); confundir «escenarista» y «escenógrafo» en un making of.
  • Equivocarme en una traducción jurada en el lugar de nacimiento en una partida de nacimiento.
  • Hubo una ocasión en la que entregué un trabajo y el cliente se mostró confundido porque para referirme al ponente de una conferencia, utilicé por error el término «parlante», en lugar de «ponente/expositor», cuando tuve que traducir la palabra speaker.
  • Por trabajar en una traducción estando muy cansada, traduje discharge como dar de alta en un hospital. La revisora me lo hizo ver, no el cliente final, pero la pena que sentí era gigante. Mi error: trabajar cansada y revisar mi trabajo bajo ese mismo cansancio.
  • En la traducción de un artículo para una publicación periódica, confundí la descripción de la revista que mencionaba con su título, por lo que pasó a llamarse «Line of Terror», cuando en realidad hablaba de una nueva línea editorial de revistas dedicadas al género del terror.
  • Una vez traduje state of the art como «estado del arte».
  • En una traducción certificada, escribir mal el nombre del cliente.
  • En una ocasión, al traducir un instructivo para un producto que requería baterías, al revisar justo antes de entregar la traducción no me di cuenta de que el producto requería baterías AAA y yo puse AA. Creo que imprimieron 50,000 instructivos. La dueña de la agencia de traducción nos escribió a la editora y a mí para decirnos que el cliente nos iba a cobrar las copias que no servían. $900 dólares de copias fotostáticas. Ni la editora ni yo vimos el error. Afortunadamente, la dueña de la agencia nos dijo que era la primera y única vez que habíamos cometido un error y que ella iba a absorber el gasto. Sí pagó los $900 dolorosos dólares de nuestro error. Jamás nos volvió a pasar.
  • En un formulario de consentimiento informado traduje grapefruit como «uva» en lugar de «toronja». Ni mi revisora ni yo nos dimos cuenta del error. Los pobres pacientes iban a evitar tomar jugo de uva en lugar de toronja. El error nos costó un descuento del 50 % del valor total del encargo, a cada una.
  • No revisar lo arrojado por la TM proporcionada por un cliente estricto (que exigía el uso de «su TM» como requisito); por no revisar lo que supuestamente estaba perfecto, se colaron errores.
  • Entregué una traducción que me llevó un par de días y que creí haber revisado a conciencia; más tarde vi que había traducido constantemente bandwith como «bando de ancha». En otra ocasión, tras una revisión bilingüe muy larga, trabajosa y poco agradecida, dejé pasar el nombre de un personaje, Kindly Cabbage, como «Amablemente repollo». Al menos, este solo aparecía una vez, pero aún lloro de risa al acordarme.
  • Siendo aún estudiante, y como becario de un vicerrectorado de mi facultad, traduje State of the art mal unas 40 veces en un acuerdo internacional. Por suerte, la traducción era orientativa. También dejé la ciudad de Ereván como Yerevan, con su original Y- inicial.
  • En un texto sobre conservantes alimentarios, traduje «preservatives» por yatusabeh. Así, «los consumidores prefieren los alimentos que no contienen preservativos». Afortunadamente, mi colega-clienta lo cazó al vuelo antes de entregar a su cliente. P’habernos matao. Durante la revisión hay que despegarse del texto original, especialmente cuando hay preservativos de por medio.
  • En una de estas traducciones contra reloj que cada vez son más comunes, enfrascado en la tarea, traduje «skydiving» como «bucear», con convicción absoluta de que era así (imagino que por el parecido con «scuba diving»). Por suerte, la PM/revisora lo cazó al vuelo. Cuando vi el producto emitido y me disculpé por la metedura de pata tan gorda, fue majísima y me respondió con un «Para eso estoy, ¿no?», pero imagino que se pensará bien lo de dejarme ciertos proyectos.
  • En general he aprendido a revisar muchas veces los textos traducidos antes de entregarlos, por dos razones: por un lado tengo tendencia hacia los typos (no me queda claro si es algo de dislexia o un caso de «el dedo es más rápido que el cerebro»), y por otra parte he tenido un par de fails espectaculares sobre el comienzo de mi carrera (generalmente por prisa y general tontería) que me enseñaron temprano a revisar, revisar, revisar. El error más horrible que cometí fue: Texto original: «We would like to avail your services…» Y yo puse: «Querríamos evitar sus servicios…». Sip, esa fui yo. Me hago cargo.
  • Poner «cuir» (cuero) en lugar de «cuivre» (cobre).

translating

Como en las demás áreas, no siempre es fácil identificar el origen concreto del error, por mucho que nos esforcemos por mejorar. Y como veis, volvemos a coincidir con las prisas y el cansancio, que no son buenas compañías para traducir. Pero, ay, esos plazos infernales y nuestro día a día no ayudan.

Por si sirven de algo, he aquí algunos consejos en cuanto a textos y al oficio en sí y otros sobre los aspectos burocráticos y de aprendizaje.

Para terminar, entre todos los errores, me quedo con esta confesión:

«Tenía mucho trabajo y visita en casa. Salí a cenar y se me fue de las manos, por lo que acabé a las dos de la mañana borracho como una cuba. Cuando me levanté al día siguiente, tenía una resaca absurdamente intensa, como si en lugar de cerebro tuviese un doloroso puré de patatas, denso como para que no fluyese la idea más simple. Me puse a trabajar y me di cuenta de que no había leído bien el encargo y tenía que entregar un formato específico de subtítulos, para lo cual tenía que bajarme un programa desconocido. Desesperación, gritos, «porquéporquéporqué».

Después de media hora configurándolo, me dispongo a traducir. El programa era ridículo, en absoluto intuitivo, había que usar el ratón para todo. Me doy cuenta de que a ese ritmo iba a terminar a las diez de la noche. «Porquéporquéporqué». Decido aprovechar que mi visita había decidido hacer turismo para no comer más que un trozo de fuet y un poco de pan y así no perder tiempo.

A las cuatro de la tarde, después de un esfuerzo titánico, voy por el 75 %. De pronto me doy cuenta de que no he guardado el trabajo en ningún momento. Sudor frío, estómago descompuesto, «ayayay». Archivo>guardar como. De pronto, «El programa ha sufrido un error y tiene que cerrarse». Me quedo como un imbécil mirando la pantalla. Me convenzo de que no es real, intento recuperar el trabajo en vano.

Se me empieza a formar un nudo en la garganta y empiezo a llorar, pero no en silencio, sino con sollozos, hipos y grititos. De pronto entra mi visita y me ve llorando como un niño de dos años, en posición semifetal e incapaz de articular palabra. Le intento explicar que el .stl no es lo mismo que el .srt y que todo es culpa del cliente, pero no puedo parar de llorar. Decido subcontratar a un tío que cobra muchísimo más que yo y pagarle un recargo de urgencia, perdiendo una locura de dinero. Mi visita sigue muy preocupada por mí. Don’t drink and translate».

***Datos de la encuesta***

La encuesta anónima aún está activa por si queréis confesar vuestros errores. Podéis acceder aquí mismo. Y estos son los datos:


¿Qué os han parecido? ¿Habéis cometido alguno de estos errores? ¿Os atrevéis a compartir los vuestros? ¡Gracias a todos y hasta la próxima!

Trucos y herramientas para la revisión de traducciones

11 lunes Ene 2016

Posted by enlalunadebabel in Productividad, Recursos, Traducción, Vida traductoril

≈ 34 comentarios

Etiquetas

corrección, corrección de estilo, errores ortográficos, fundéu, herramientas, Manuel Seco, Martínez de Sousa, MyStilus, revisión de traducciones, Softcatalà, Titivillus, traducción, trucos, UniCo

Que hay que releer la traducción cuando la terminamos es vital. Que hay que tener el corrector activado o pasarlo después, también. Que cuatro ojos ven más que dos es de sobra conocido. Sin embargo, siempre se nos escapa un gazapo o acabamos en las garras de Titivillus.

titivillus

Por si no lo conocéis, Titivillus era un demonio que trabajaba bajo las órdenes de Lucifer y se le atribuían los errores en el trabajo de los escribas: ortográficos, gramaticales, de redacción, etc.

¿La solución para que Titivillus no nos la dé con queso? Releer, releer y releer antes de enviar el texto. Como ya he dicho en alguna ocasión, hay que dudar de todo por principio: de la colocación correcta de una coma, de lo que puedas creer que es un anglicismo, de la posición adecuada de las palabras dentro de una frase, etc.

Si no tenemos la opción del comodín del compañero, va bien imprimir el texto (no sé en el caso de los nativos digitales, pero yo reviso mejor los textos impresos) y tener claros los posibles errores que podemos cometer (sé en qué cosas fallo normalmente). No caigamos en la soberbia del traductor como conocedor absoluto de la lengua. Es mejor dudar de todo por sistema y revisar. Si no dudamos de nosotros mismos podemos meter la pata… hasta el corvejón.

Para esto es útil tener una lista de elementos esenciales (para antes de empezar) y de sospechosos habituales (para revisar a posteriori), como ya comenté en el primer artículo de consejos para traductores. Preparar bien el texto asegura un trabajo más fácil y una mejor revisión posterior.

Algunos trucos antes de empezar o mientras se trabaja:

  • Escribid siempre con la función «Mostrar todo» habilitada, te permitirá evitar la mayoría de errores de formato. Se activa pulsando el calderón (¶).
  • Memorizad los atajos de teclado más útiles. Podéis incluso configurar el teclado para asignar números sencillos a ciertos símbolos frecuentes.
  • Automatizad las palabras que siempre (o casi siempre) escribimos mal. Me pasa con «tambine» o «entocnes», por ejemplo. Si sabéis con qué palabras falláis más, utilizad el autocorrector para memorizar estas formas erróneas y que las cambie automáticamente por la forma correcta.
  • Controlad el uso de las comillas. La secuencia es la siguiente: «…“…‘…’…”…».

También, aunque parezca una obviedad, aseguraos de tener controlado todo lo que hay que traducir: ¿La presentación en Powerpoint lleva notas? ¿Te has fijado en todas las pestañas del Excel y las columnas escondidas? ¿El Word lleva notas al pie?

Trucos para después:

  • Buscad y reemplazad los dobles espacios por uno solo.
  • Aseguraos de haber escrito bien las cifras y los espacios antes de símbolos como el %.
  • En traducción editorial, sed coherentes con los nombres de los personajes y que el autocorrector no haga de las suyas. Para eso va bien guardarlos en el diccionario de Word.
  • Comprobad que el uso de la raya en los diálogos sea correcto.

También relacionado con la revisión, va muy bien leer en voz alta lo que traducimos. Como no trabajamos con palabras sin contexto, cada texto tiene su ritmo y su música, y la mejor manera de comprobarlo es leerlo en voz alta. De este modo nos daremos cuenta de las expresiones cacofónicas y las repeticiones que tanto empobrecen el texto.

En cuanto a la repetición de vocabulario, gracias a Merche, de TraducirCo, descubrí hace nada Repetition Detector. Esta herramienta, disponible en varios idiomas, nos permite cazar las palabras que se repiten a lo largo del texto, ya sean formas totalmente coincidentes o bien de la misma familia léxica. Sin duda, todo un hallazgo.

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ALGUNAS HERRAMIENTAS ÚTILES

Aunque parezca obvio, por lo que observo con algunos alumnos que he tenido en prácticas, es que falla algo tan básico como no pasar el corrector o fiarse a pie juntillas del que tenemos en Word. Una buena revisión necesita algo más.

Por supuesto, la mejor revisión y corrección es la que puede hacer otro profesional, pero en nuestro día a día no solemos tener esta opción, a menos que trabajemos en equipo o dispongamos de alguien que pueda revisar algún proyecto en especial. Después de traducir, y aunque haya alguien que corrija nuestro texto posteriormente, la relectura y primera revisión es cosa nuestra y parte de nuestro trabajo.

¿Qué recursos tenemos a nuestro alcance? Una de mis páginas preferidas es la de UniCo (La Unión de Correctores), no solo por su base de datos de profesionales, que también, sino por su página de recursos.

Como comentaba antes, además de pasar el corrector que viene por defecto en el procesador de texto, es bueno echar mano de otras herramientas. A mí me gusta mucho MyStilus porque es muy completa y nos permite seleccionar múltiples variables para repasar.

mystylus

Con MyStilus puedes revisar tu texto de forma interactiva directamente desde su página o bien descargar el programa que funciona como un complemento o como macro en Word, de modo que puedes tenerlo completamente integrado en el procesador de textos.

Para mí, lo mejor de esta herramienta es que no se limita a la corrección ortográfica y gramatical, sino que se puede corregir también el estilo e incluye las recomendaciones de la RAE y la Fundéu. Aquí tenéis un ejemplo de revisión de estilo con esta herramienta como complemento para Microsoft Word:

correccion estilo

Podéis encontrar más información sobre cómo funciona en este documento. Como complemento simpático, añado que en su web también hay un presupuestador para calcular el precio de un texto, amén de otras aplicaciones útiles como un diccionario inverso, un analizador morfosintáctico y un conjugador verbal.

Otras páginas interesantes son las que podemos encontrar en el sitio web de Lenguaje.com, sobre todo el corrector ortográfico y el de voseo.

voseo

También tenemos Language Tool, una herramienta de código abierto que permite verificar la gramática, ortografía y el estilo de un texto. Se puede utilizar desde la misma página o bien descargarla gratuitamente. Además de castellano, permite revisar textos escritos en más de 20 idiomas.

Para resolver dudas puntuales:

Si en el momento de traducir, y no solo de revisar, nos asalta alguna duda, podemos consultar las direcciones siguientes:

  • Fundéu (Fundación del español urgente): http://www.fundeu.es/Consultas.aspx?frmOpcion=LISTA_CONSULTAS&frmFontSize=2
  • Libro de estilo de El País (pdf):http://blogs.elpais.com/files/manual-de-estilo-de-el-pa%C3%ADs.pdf
  • Libro de estilo interinstitucional de la Unión Europea: http://publications.europa.eu/code/es/es-000100.htm
  • Vademécum del español urgente: http://www.fundeu.es/esurgente/lenguaes/

Recursos en otros idiomas:

Por si alguna vez necesitáis revisar en algún otro idioma, os dejo estos enlaces.

  • Softcatalà (catalán): https://www.softcatala.org/corrector
  • Recursos en línea de la Universidad de Vigo (gallego): http://webs.uvigo.es/sli/recursos.html
  • Reverso (inglés y francés): http://www.reverso.net/ortografia/corrector-ingles
  • Corrector ortográfico en varios idiomas: http://www.correctorortografico.com/

Por último, pero no menos importante, recordad que hay vida más allá de los recursos online para resolver dudas y revisar traducciones. Como alguna vez he comentado, especialmente en los dos artículos sobre lecturas para el traductor —primera y segunda parte (de momento)—, hay muchas obras no digitalizadas que son de consulta obligada, como por ejemplo:

  • Manual de estilo de la lengua española (MELE), de José Martínez de Sousa [Reseña en Panacea].
  • Diccionario de usos y dudas del español actual, de José Martínez de Sousa.
  • Ortografía y ortotipografía del español actual (OOTEA), de José Martínez de Sousa.
  • Nuevo diccionario de dudas y dificultades de la lengua española, de Manuel Seco.

¿Y vosotros cómo revisáis? ¿Tenéis algún truco o recurso infalible? No dudéis en dejarlo en los comentarios.

Hasta la próxima 🙂

Los 15 artículos sobre traducción de 2015

28 lunes Dic 2015

Posted by enlalunadebabel in Cuestiones laborales, Etimología, Idiomas, Literatura, Traducción, Traducción audiovisual, Vida traductoril

≈ 2 comentarios

Etiquetas

blog, emprender, erotismo, español, lecturas, lengua, literatura, recursos, traducción, traducción audiovisual, traducción erótica, traducción literaria, traductor autónomo, traductor principiante, vida traductoril

…en este blog. Pasa un año más y va bien hacer balance de lo que han dejado estos doce meses. En 2014 hablé de lo que había representado para mí profesionalmente y este año he creído conveniente hacer un repaso de todos los artículos publicados desde enero.

A veces escribo tras darle muchas vueltas a un tema, otras veces ocurre de forma casi espontánea por algo que sucede o que encuentro por ahí (una imagen, una noticia…), pero siempre acabo dejándome mucho tiempo en ellas y, bueno, por si os perdisteis alguna, aquí las rescato por temas:

EJERCICIO PROFESIONAL

Empezamos el año con tres entradas completas sobre el ejercicio profesional. Enlaces, trucos y consejos sobre cuestiones tan diversas como fiscalidad, ergonomía, trato con clientes, etc.

  • Cada maestrillo… Consejos para el traductor autónomo I: Ser traductor en muchas de sus facetas como la especialización, saber abordar una traducción (tipos de texto, léxico, formato, revisión) y lo positivo de trabajar con otros compañeros.
  • Cada maestrillo… Consejos para el traductor autónomo II: Vimos cuestiones de aprendizaje, organización el trabajo, fiscalidad, precios y tarifas, e incluso algo de psicología.
  • Cada maestrillo… Consejos para el traductor autónomo III: Por último, hablamos de cómo tratar con los clientes, fueran directos o agencias, cómo encontrar trabajo y cómo gestionar las reclamaciones en nuestro trabajo.

Con el tiempo te das cuenta de que necesitas buenos amigos a tu lado, así que en 4 consejos para trabajar con tus amigos… y no morir en el intento se abordaron algunos trucos para aprovechar este win-win que se establece con otros compañeros.

Como último artículo sobre el ejercicio profesional, pero en clave de (más) humor esta vez, encontramos Life as a translator, con un compendio de viñetas de estilo retro que ilustran las vivencias del traductor en su día a día.

Un día cualquiera en la vida de una traductora

Un día cualquiera en la vida de una traductora

TRADUCCIÓN EDITORIAL Y LITERATURA

Este año he publicado en el blog artículos muy variopintos dentro de la traducción editorial, la literatura y las letras en general.

Ana Frank y la «pornografía»: La noticia de una madre estadounidense que se llevó las manos a la cabeza por los fragmentos supuestamente pornográficos del Diario de Ana Frank me inspiró para escribir esta entrada sobre la censura en la literatura y en la traducción de este tipo de pasajes. Al investigar un poco y tras un chivatazo de otro compañero traductor, Javi Mallo, vi que hay mucha más tela que cortar en cuanto a la traducción del diario, pero esto será tema de otro artículo.

Pasión prehistórica: Siguiendo con el tono erótico del artículo anterior, hablé de las novelas eróticas con dinosaurios que triunfan en Internet y traduje algunos fragmentos para el ¿deleite? de los lectores.

reco_dino

La relación entre lector y traductor: ¿Alguna vez habéis hablado con los lectores de vuestras traducciones? Tuve el placer de hacerlo en noviembre al participar en una mesa redonda sobre traducción con motivo de las Jornadas Ándalus Románticas. En este artículo incluyo más de una hora de audio de la mesa redonda y una entrevista con escritores y lectores de novelas románticas que nos dan su punto de vista sobre el mundo de la traducción.

El traductor creativo: Aunque no hace falta ser Lord Byron para traducir, sí hay que saber escribir y expresarse bien por escrito, de modo que en este artículo expliqué las bondades de los ejercicios de escritura para traductores con el fin también de cultivar la creatividad. No os perdáis los juegos, pasatiempos y un buen puñado de recursos para traducir.

TRADUCCIÓN AUDIOVISUAL

Aprovechando la exposición de Pixar en el CaixaForum de Barcelona, escribí Traducir películas de animación en la que hablo de este tipo de largometrajes de forma exhaustiva, desde su proceso de creación (guion, storyboard, colorscript, etc.) a cómo he traducido algunas de ellas. Encontrareis ejemplos de guías de estilo y materiales de referencia, así como del proceso de traducción y las características y dificultades que presenta el lenguaje en este tipo de películas.

Brócoli, pimientos y otras adaptaciones de cine: Con motivo del estreno de Del revés (Inside out, 2015) y del fenómeno de la adaptación, hablamos de cómo solventar algunos escollos culturales en varias películas.

Por último, aunque no es una cuestión puramente audiovisual, encontramos Traduciendo insultos por ahí, que incluye la charla que di en el ENETI 2015 sobre la traducción del lenguaje soez, con muchos ejemplos del mundo del cine, ya fuera en doblaje y subtitulación.

IDIOMAS

Este año pensé en tratar temas más generales en el blog, cuestiones que fueran más allá del mundo de la traducción y de ahí:

Aprender idiomas leyendo: artículo sobre los beneficios de la lectura para aprender un idioma y algunos consejos útiles para no aburrirse en el intento.

1001 recursos para aprender idiomas: como su nombre indica… bueno, tal vez no eran 1001, pero sí fueron un buen montón de enlaces los que recopilé para esta entrada con recursos para aprender y mejorar muchos idiomas: inglés, alemán, francés, italiano, portugués, noruego y un largo etcétera.

ETIMOLOGÍA

Echando la vista atrás, me doy cuenta que otros años he hablado más de etimología. Este año solo ha habido un artículo en el blog sobre este tema: Leyendas lingüísticas y falsas etimologías. En él, traté los orígenes falsos de algunos términos, esas etimologías que con el paso del tiempo o simplemente porque quedan bien se han dado como válidas. Repasamos algunos de los casos más sonados tanto en inglés como en castellano.

reco_type

Sea como sea, espero que os gustaran en su momento o las disfrutéis ahora. Gracias por estar ahí y por vuestros comentarios. Como novedad para 2016, si queréis sugerir temas o incluso participar en el blog, no tenéis más que escribirme. Estaré encantada de leeros.

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