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En la luna de Babel

~ Blog sobre lenguas y traducción

En la luna de Babel

Publicaciones de la categoría: Vida traductoril

Acabo de terminar el grado. ¿Y ahora qué? (VI) Karla Toledo e Iván Fraile

10 lunes Jun 2019

Posted by enlalunadebabel in Aprendizaje, Testimonios, Traducción, Vida traductoril

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ASETRAD, ATRAE, empezar a traducir, encontrar trabajo de traductor, traducción audiovisual, traductor principiante, Trágora

Esta semana nos esperan dos testimonios muy completos. Preparaos un cafelito o un té o un zumo y acompañad a Karla Toledo e Iván Fraile en sus primeros pasos en el mundo de la traducción.

KARLA TOLEDO

Estudié Traducción e Interpretación en la Universidad de Salamanca (USAL). Cuando yo entré en la carrera, aún era una licenciatura, o sea, duraba cuatro años, pero, en mi caso, se convirtieron en cinco por una razón muy sencilla: en cuarto me fui de intercambio a Japón con una beca; a la vuelta me quedaban todavía asignaturas troncales y optativas por cursar. En aquella época, la USAL no tenía aún japonés en la combinación lingüística de TeI. Aproveché los créditos de libre elección para matricularme en las asignaturas de lengua japonesa que ofrecían en la Facultad de Filología, con la idea de aprender un idioma «exótico» que pudiera ser un as en la manga el día de mañana. Además, nuestros estudios no existen en Japón, de ahí que mi año de intercambio lo pudiera convalidar únicamente por libre elección.

Recuerdo que, en aquel entonces, ya había profesores que recitaban el famoso discurso de que es difícil vivir únicamente de la traducción o la interpretación, por no decir imposible. Lamentablemente, quienes estudiáis TeI ahora sabéis perfectamente de lo que hablo, pero también podéis ver, gracias a este blog y las redes sociales (entre otros medios), que eso no es del todo cierto ;).

En 2008, cuando terminé la carrera, tenía muy claro cuál sería mi siguiente paso: volver a Japón. Llevaba cinco años estudiando japonés, pero, después de haber estado de intercambio en Tokio, sabía que aún me quedaba mucho camino por recorrer si realmente quería trabajar con el japonés, y no solo con el inglés y el francés, mis lenguas B y C en la licenciatura, respectivamente. Aprovecho para comentar que yo había decidido estudiar TeI porque quería ser intérprete de conferencias, principalmente (en la USAL tenían un itinerario específico de interpretación); sin embargo, el japonés cambió completamente mis planes. Con esto lo que quiero decir es, básicamente, que podéis cambiar de opinión, tanto durante la carrera como después. No todo el mundo tiene por qué seguir el mismo camino, ya sea por cuestiones personales o profesionales. Yo iba para intérprete, pero ahora trabajo como traductora de artículos divulgativos sobre Japón; de manga y de novela; de audiovisual… De vez en cuando, interpreto, pero en cabina inglés-español-inglés (es una combinación con poca demanda en Japón, pero suele haber trabajo varias veces al año). Además, hago cosas que no están tan relacionadas con la traducción, como locutar en radio y hacer narraciones para libros de texto, por ejemplo.

El caso es que volví a Japón, donde compaginé mis estudios de lengua y cultura japonesas con la enseñanza del español durante cuatro años. En ese tiempo, también pude trabajar como traductora y revisora de inglés a español, y como correctora de traducciones del japonés al español hechas por traductores no nativos (japoneses). En 2011, un amigo me recomendó para una empresa con la que él colaboraba, así que decidí lanzarme a la piscina y hacer la prueba de japonés-español; la pasé. De hecho, sigo trabajando con esa empresa a día de hoy. Un año más tarde, hice el examen para ser traductora y locutora en la sección de español del servicio internacional de la radiotelevisión japonesa, un trabajo que, dicho sea de paso, me llegó gracias a otro contacto. Y esto me lleva a otra de las cosas que me gustaría contaros: los contactos son muy importantes. Eso que se dice en nuestro gremio de que hay que hacerle saber a todo el mundo a qué os dedicáis es totalmente cierto. A lo largo de estos años, el 80 % del trabajo me ha llegado por mediación de otros traductores e intérpretes (¡GRACIAS!), e incluso de personas que no tienen nada que ver con la profesión pero que se han acordado de mí cuando alguien buscaba traductor. Por eso, siempre que me ofrecen algún encargo que yo no puedo coger, por el motivo que sea, procuro pasárselo a alguien; también les envío ofertas de trabajo a compañeros cuyo perfil considero que se puede adecuar a lo que una determinada empresa o particular esté buscando.

Por último, me gustaría comentaros que ahora mismo estoy redactando el TFM de mi primer —y puede que último— máster, el de Traducción Audiovisual de la Universidad Autónoma de Barcelona. Como veis, no todo el mundo cursa uno nada más terminar la carrera. Yo, por ejemplo, lo empecé en 2017, casi diez años después de licenciarme. Tenía tiempo y dinero para permitírmelo, algo que, modestia aparte, me llena de orgullo (y satisfacción). En su momento, decidí especializarme en una combinación lingüística «rara»; creo que fue una de las mejores decisiones que he tomado en mi vida… y de las más aleatorias (con 17 años, realmente no tenía ni idea de a dónde me llevaría todo esto). Si hay alguien al que le interese orientar su carrera de esta forma, estaré encantada de darle más detalles y consejos.

Karla os atenderá por Twitter y por LinkedIn, si os apetece.

IVÁN FRAILE

¡Hola a todos!

Mi historia se remonta a hace relativamente poco. En 2015 finalicé mis estudios del grado en Estudios Ingleses. Al contrario que gran parte de profesionales, mi formación universitaria fue de Filología inglesa, y no de Traducción e interpretación, y aprovecho para recalcar que sí: cualquiera que se gradúe en alguna filología puede acabar dedicándose a la traducción, siempre y cuando siga formándose y especializándose, por supuesto. Así que mi caso en concreto tal vez pueda servir de cierta ayuda y guía a aquellos graduados o universitarios que estén cursando un grado diferente al de Traducción e interpretación. O, como mínimo, puedan sentirse más identificados.

Terminé el grado con ilusión, todo lo contrario de lo que había sido en años anteriores, puesto que había ocasiones en las que se me hizo muy cuesta arriba en lo que a motivación se refería; en ocasiones sentía que no avanzaba, que no aprendía mucho, e incluso llegaba a dudar de si hice bien en escoger esta carrera, pese a que hubo bastantes asignaturas que disfruté mucho. Por ello, tardé más de la cuenta en finalizar el grado, pero todo ocurre por una razón y no todos debemos llevar el mismo ritmo, claro está. Sin embargo, al final la cosa fue a mejor; sobre todo en el último año, cada vez tenía más ganas de comerme el mundo, de meterme en el mundo de la traducción de lleno, ya que mi único contacto con la traducción hasta 2015, quitando mi práctica personal por mi cuenta, solo había sido una asignatura del grado, de traducción y lingüística contrastiva, y el TFG, en el que investigué y analicé varias traducciones audiovisuales.

Sin embargo, tardé un poco en decidir qué hacer a continuación. Y esto no es malo; es importante saber qué se quiere hacer, y más si se opta por posgrados o un máster. Estuve un año sin estudiar, pero, además de no dejar de lado la práctica de traducción para estar aún más preparado para mi siguiente paso académico, hice una investigación a fondo de lo que tenía a mi disposición y, frente a cualquier duda, escribí a varios traductores profesionales en busca de cierta orientación y consejo. Busqué, busqué y busqué, hasta que encontré muchas opciones diferentes: varios másteres en traducción audiovisual, dos a distancia y uno presencial, muchos cursos sobre traducción, especializados en diferentes modalidades, algún que otro máster en traducción editorial, literaria… Barajé las opciones que tenía, todo esto durante meses, y finalmente me decidí por el máster en traducción audiovisual de ISTRAD. ¿Cómo lo decidí? Leyendo los programas de cada máster y curso y barajando lo que yo consideraba que me convenía más. El resto, cuestión de preguntar, nuevamente, qué opinión había sobre los másteres que más dudaba. Personalmente, recurrí a este porque su programa me gustaba ligeramente más que el de otros. Y no podría estar más contento con el resultado a día de hoy. ¡Ah! Y no dudéis de la eficacia de unos estudios a distancia; son igual de eficaces. A veces incluso más.

Finalicé el máster hace casi dos años y fue el año que más disfruté de toda mi formación académica. Su formación me pareció muy completa, aprendí muchísimo y su amplia oferta de prácticas con empresas resulta de lo más útil e inspirador a la hora de entrar en contacto con el mundo profesional. Durante el máster, realicé dos periodos de prácticas; uno, en una agencia de subtitulado, durante tres meses, en plantilla; otro, con una agencia de traducción audiovisual a distancia durante un mes. Ambas experiencias fueron diferentes y muy enriquecedoras; nuevamente, aprendí aún más. No cabe duda de que las prácticas son un paso esencial en la formación de un profesional de la traducción, ya que es con trabajo real con lo que más se aprende al fin y al cabo, y puede ser la clave para empezar a trabajar, ya sea como autónomo o en plantilla.

Incluso antes de finalizar el máster, empecé a recibir encargos de una de estas agencias y comenzó oficialmente mi etapa profesional como traductor autónomo y desde entonces no he parado de traducir, revisar y pautar subtítulos de películas, series, programas y documentales para diferentes ciclos de cine de Madrid, televisión y plataformas VOD (Netflix y Amazon Prime Video, principalmente). Como anécdota curiosa que puede motivar a los demás en cierto modo, justo en mi primer mes de autónomo recibí un encargo de traducción de una parte de mi serie de anime favorita; por supuesto, es el típico caso de llegar al lugar adecuado en el momento oportuno, pero para que veáis las vueltas que puede dar la vida. Con esta misma agencia tuve también la suerte de trabajar durante varios meses en plantilla como gestor de proyectos, subtitulador y revisor, etapa durante la que también aprendí muchísimo de mis compañeros, todos un encanto, y de todo el proceso que hay detrás de las traducciones. Volviendo al trabajo de traductor desde casa, afortunadamente, con sus más y sus menos, ningún mes he dejado de recibir trabajo, aunque es inevitable que haya meses de menos actividad, sobre todo al principio. Pero con ganas, perseverancia, mimo y pasión, se puede con todo. Y por supuesto, se nota. Al principio recibía menos encargos; no había hecho más que empezar, pero conforme pasaban los meses, cada vez recibía más trabajo, hasta que llegó un punto en el que tenía un flujo de trabajo de no parar semana tras semana. Se acaba formando un vínculo de confianza mutua entre traductor y agencia. Aun así, sigue habiendo meses que, inevitablemente, hay menos trabajo. Esto a veces puede generar bastante preocupación si a finales de mes notamos una disminución destacable de ingresos, pero al final, siempre acaban llegando meses de más curro.

Y claro, ojo. No todo es coser y cantar en cuanto uno se da de alta de autónomo y recibe encargos de algún cliente. Es una profesión que consiste en no parar de moverse. Hay que estar en una constante búsqueda de clientes, de agencias con las que colaborar. Dentro de un mes hago dos años como traductor autónomo y esto, para mí, sigue siendo así; he pasado de recibir trabajo de un solo cliente a recibirlo de dos. Pero, de nuevo, no hay que desistir. La búsqueda de clientes es dura y frustrante; no es fácil. La mayoría de veces no recibimos respuesta a ese correo electrónico que tan bien hemos redactado y en el que tan bien nos hemos vendido; otras veces, aunque obtengamos respuesta, la cosa no da más de sí y no volvemos a saber más; y a veces, incluso tenemos la suerte de que la agencia en cuestión acepta colaborar con nosotros y nos introduce en su base de datos, pero de ahí a que podamos recibir algún encargo puede pasar mucho tiempo. En este sentido, de la mano de la perseverancia, hace falta mucha paciencia, puesto que es un proceso largo mediante el que no se ven resultados inmediatos, pero poco a poco, todo trabajo da sus frutos, y el de la búsqueda de clientes no es menos. Por desgracia, no hay ninguna fórmula mágica para conseguir más clientes una vez que se está metido en el mundillo, más allá de insistir, insistir e insistir, además de presentarse debidamente y destacar los puntos en los que podrías llamar la atención de las agencias para que se interesen en ti, así que os animo a todos a no rendiros nunca en vuestra búsqueda de clientes. Y es que, a pesar de sus dificultades, una cosa está clara: es una profesión preciosa.

En lo de moverse también entra la formación: el saber no ocupa lugar. Siempre podemos aprender más, siempre podemos especializarnos aún más en algo, por mucho que hayamos hecho un grado, un máster y varios cursos, siempre quedará algo en lo que podamos meternos de lleno para, en algún momento, recibir más trabajo, que de esto va todo al final. En lo personal, hace poco he comenzado un curso de Trágora, el de traducción para plataformas VOD, impartido por la tutora Alba Mas, con el que aspiro a profundizar en mis conocimientos ya asentados de la traducción audiovisual y practicar la traducción para doblaje y voz superpuesta, especializándome también en estas modalidades, ya que, hasta ahora, mi experiencia profesional en estos años se ha centrado sobre todo en el subtitulado.

Otro aspecto que considero importante son los contactos y moverse por círculos de traductores. En mi caso, desde que lo hago mediante redes sociales y correo electrónico, no me he sentido tan solo profesionalmente hablando. He podido hablar con compañeros de profesión de dudas, inquietudes, opiniones, experiencias… e incluso leer artículos o ver vídeos muy interesantes e instructivos. También va de la mano unirse a asociaciones, como ATRAE, de la que soy socio, en la que se intensifica aún más ese contacto interprofesional, así como asistir a charlas, reuniones, etc. Además, matas dos pájaros de un tiro: conoces a gente de tu misma profesión de quienes puedes aprender mucho y te abres frente al mundo; porque, oye, quién sabe dónde puedes encontrar a tu próximo cliente. Por lo tanto, otro punto importante en esta profesión es socializar.

En definitiva, nada es fácil, y esto se oye en nuestra profesión y en cualquiera, pero la clave está en seguir adelante, en no rendirse. ¿Que antes necesitas dedicarte a otra cosa por cualquier motivo? ¡Adelante! No te cierres puertas a nada. Si tu pasión y tu sueño es dedicarte a la traducción, ese día llegará si no te rindes y no lo dejas de lado, incluso aunque antes tengas que pasar por otras etapas. Es importante, además, no tener prisa, ya que cada uno avanza a su propio ritmo, y evitar las comparaciones con los demás, que pueden dar lugar a ligeras desmotivaciones: no, no y no. No sois menos que nadie por tardar más en formaros o en empezar como traductor ni en encontrar los suficientes clientes como para poder ser totalmente independientes. Así que, de verdad, os animo a todos a luchar por lo que queréis y a anteponeros ante cualquier situación. Tanto para los que sigáis formándoos o hayáis acabado el grado como para los que ya han puesto un pie en la traducción profesional: no perdáis nunca la esperanza y curráoslo siempre al máximo, porque todo llega y, al final, el resultado hará que todo por lo que pasamos previamente merezca la pena, ¡y con creces!

Además de Twitter, podéis encontrar a Iván por correo.

Menudos dos perfiles, ¿verdad? Son un ejemplo buenísimo de lo que se consigue con mucho trabajo y tesón… y con unos ritmos personales, un camino que no tiene que ser el que recorre todo el mundo. Me siento muy identificada con Karla en cuanto al máster. Siempre digo que aproveché bastante más mi máster de TAV tras unos años trabajando en esto; la experiencia que te dan los años hace que lo absorbas de otro modo. Con esto no quiero decir que no sirva de nada si se hace al terminar al grado, ¿eh?, pero que unos años de parón estudiantil no os impidan disfrutar de una formación reglada más adelante. Se aprovecha muchísimo.

En cuanto a Iván, ¿qué puedo añadir que no haya dicho ya? Sus reflexiones me parecen acertadísimas y son cosas que tanto desde este blog como en charlas y en foros varios se insiste mucho: formarse es importante, así como no tirar la toalla cuando no recibimos respuesta, asistir a jornadas de traducción, etc. Paso a paso y con buena letra se llega lejos.

Hasta aquí los testimonios de hoy, pues. Espero que os hayan gustado y os animen a seguir adelante. ¡Gracias, como siempre, a todos los que participáis y los que nos leéis!

¿Nos vemos en la Feria del Libro?*

*N. de la T.: Si estáis en Madrid este domingo día 16 de junio y os queréis pasar por la Feria del Libro, estaré en la caseta de ASETRAD, la número 15, de 12:00 a 14:00. ¡Pasad a saludar y hablamos un ratito de traducción!

Trucos alternativos para cobrar deudas

05 miércoles Jun 2019

Posted by enlalunadebabel in Cuestiones laborales, Vida traductoril

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cliente moroso, facturas sin cobrar, gestionar impagos en traducción, impago

Por desgracia, una de las pesadillas más temidas del traductor autónomo es el cobro de impagos. Tú entregas el trabajo a tiempo, pasan las semanas y aquí no cobra ni el Tato. Así pues, hemos vuelto a hablar con una experta en el tema, Carmina Fernández, que en su momento compartió sus trucos para otra situación peliaguda: cómo gestionar las reclamaciones en traducción.

Evidentemente, para prevenir una situación de este tipo hay que investigar bien al cliente antes (listas negras, Blue Board en Proz, etc.) y pedir el pago por adelantado, pero no siempre es factible. O quizá llevas un tiempo colaborando con una empresa en cuestión sin problemas… hasta que un día se retrasa el pago. Después de unos años, las habrás visto (y leído) de todos los colores: se nos traspapeló la factura; el chico de contabilidad está de vacaciones; ahora mismo tenemos un problema de liquidez, pero se resolverá pronto… Sea como fuere, un retraso puede derivar en un impago. Y es aquí donde surge el problema que Carmina nos ayuda a resolver. ¡Vamos allá!

«Por lo menos a mí, la perspectiva de tener que recurrir a procedimientos legales se me hace muy cuesta arriba. Por eso, antes de llegar a ese extremo, en las ocasiones en las que he sufrido algún retraso en los pagos y unas simples llamadas de recordatorio por las buenas no han funcionado, he intentado quemar hasta el último cartucho antes de pasar a la vía jurídica.

Espero que la mayoría de vosotros no haya tenido que enfrentarse a esta situación ni llegue a tener que hacerlo. No obstante, llegado el caso, quizá podáis intentar alguna de las opciones siguientes:

1. Planifiquemos bien los recordatorios

Naturalmente, una primera llamada para informar al cliente de que no hemos recibido el pago y preguntar qué ha sucedido es lo básico. La respuesta más probable es que haya sido un error o que hayan tenido algún problema de caja, y seguramente nos dirán que nos pagan X día o en la remesa del mes que viene. Pregunta exactamente qué día van a efectuar el pago. Luego llama uno o dos días antes de esa fecha para recordarles que tienen pendiente esa factura y que si te pueden confirmar que tienen planificado abonarla ese día (que sepan que les estás esperando activamente).

Si pasa la fecha prometida y no has recibido la transferencia, toca hacer otra llamada para preguntar qué ha pasado. A partir de aquí, la manera de continuar dependerá de su respuesta y del tipo de cliente que sea (si es alguien con quien colaboraste una sola vez o un cliente con quien has trabajado en varias ocasiones y del que te vendría bien seguir recibiendo trabajo si este es su primer impago, o uno que te debe más facturas que aún no han vencido pero temes que tampoco te las pague…).

En cualquier caso, planifica las próximas llamadas calendario en mano y LLAMA. A veces nos da una pereza inmensa perseguir al cliente para que pague, pero no hay otro remedio. Una llamada a la semana, todos los días a la misma hora, unos días antes de la próxima fecha de pago prometida… Ponte una alarma en el móvil y decide lo pesada que quieres ponerte.

2. Propongamos una división de los pagos

En el caso de que se trate de un cliente de confianza y sepas que el impago se debe a un bache de liquidez y no es cuestión de mala fe, quizá accedan a ir pagándote poco a poco. A lo mejor se trata de una factura muy voluminosa y ellos no han recibido el pago de su cliente, etc. Si aprecian tu trabajo probablemente hagan un esfuerzo por pagarte un tercio o una cuarta parte e ir poniéndose al día mes a mes.

3. Pidamos ayuda al gestor de proyectos

Si el cliente que no te ha pagado es alguien para quien trabajas frecuentemente, quizá pueda ayudarte el gestor de proyectos o la persona de contacto que te envió el trabajo. Probablemente le guste trabajar contigo y no esté dispuesto a perder un colaborador por algún retraso administrativo. Habla con él y dile que estás teniendo problemas para cobrar y que, si esto no se soluciona, no podrás seguir aceptando sus encargos.

Si valora tu trabajo, seguramente podrá hablar con la administración y pedirles que solventen el retraso lo antes posible (que no esperen al próximo mes para pagarte si ha sido solo un “olvido”, o que den prioridad a tu factura en cuanto les sea posible si tienen un problema de liquidez…). Cuando los departamentos de administración son Mordor impenetrables o inflexibles, el gestor de proyectos puede ser tu mejor amigo.

4. Retengamos la entrega de un encargo

Este es un truco algo cuestionable, pero a mí me ha funcionado en un par de ocasiones y siempre es preferible a tener que recurrir a lo legal: acepta un encargo más de ese cliente. Si administración no te ha hecho caso y el gestor de proyectos no ha podido ayudarte, es el momento de presionar un poco más. Acepta un encargo (no muy voluminoso), tradúcelo y, poco antes de la entrega, diles que has recordado/te has dado cuenta/no has olvidado que te deben una factura y que, naturalmente, si no te la abonan no puedes entregarles un nuevo trabajo y arriesgarte a que también quede impagado. Si lo haces con la fecha de entrega suficientemente estrecha, para ellos será más complicado buscar a otro traductor que hacerte una transferencia bancaria rápidamente y enviarte el justificante (el justificante de la transferencia, importante, pídeselo antes de entregar la traducción).

Cuidado con la mala publicidad

No lo contamos como punto porque es una cuestión muy peliaguda y no recomendable. Es importante que haya siempre una denuncia previa (e idealmente ir de la mano de asociaciones para hacer más presión) antes de dar una mala publicidad que encima nos salpique a nosotros por mucha razón que tengamos. Asesorarse bien es esencial.

Es el sistema más mafioso desagradable y hay que cogerlo con pinzas. En la era de Internet, hacer pública su mala praxis puede complicarles la vida, desde luego. Si su fama de malos pagadores se extiende por ProZ o por foros de Facebook, pueden tener dificultades para encontrar proveedores, además de la mala imagen que darían a sus clientes. Pero conviene comprobar si ya existen precedentes con otros traductores y, por descontado, hay que medir mucho las palabras. En general, lo que decimos en las redes dice más de nosotros que de aquel de quien hablamos.

Un ejemplo reciente de esto es el flagrante caso de impagos de la editorial Malpaso (y sus diversos sellos, como Lince), que ha aparecido en prensa varias veces. Estamos hablando de un cliente que debe dinero a autores y traductores por igual ¡y sigue publicando y montando casetas en ferias como la del libro de Madrid!

En fin, estos son métodos que he empleado hasta ahora y, por el momento, he acabado cobrando todas las facturas y sin tener que pagar por cobrar. ¿Y vosotros? ¿Tenéis algún truco infalible para cobrar? ¿O preferís dejaros de subterfugios y pasar directamente al procedimiento monitorio?».

***

Otros artículos interesantes:

  • Cómo evitar impagos y estafas a traductores, en El taller del traductor.
  • 9 consejos para que te paguen siendo traductor, de Rodrigo Mencía.
  • Procedimiento monitorio por impago de facturas, en Debitoor.

Acabo de terminar el grado. ¿Y ahora qué? (V) Arturo Pérez, Marta Llopis y Sara Castro

03 lunes Jun 2019

Posted by enlalunadebabel in Testimonios, Traducción, Vida traductoril

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bolsas de empleo, cómo ser traductor autónomo, empezar a traducir, empezar en TeI, gestor de proyectos, trabajar en plantilla, traductor principiante

Una semana más, volvemos con los testimonios de profesionales que llevan en esto unos pocos años. Arturo Pérez, Marta Llopis y Sara Castro nos cuentan hoy sus primeras veces en el apasionante mundo de TeI.

ARTURO PÉREZ ORTEGA

Mis andaduras en el mundo de la traducción comenzaron en el grado de Lenguas Modernas y Traducción de la universidad de Alcalá. Cuando comencé no tenía muy claro el camino que quería seguir. Interpretación me llamaba la atención, pero también la traducción literaria y audiovisual. Fue el tercer año lo que decidió la dirección que seguiría, al descubrir lo que era la localización.

Siempre me ha gustado trabajar con ordenadores, trastear con programas y archivos, y escogí la optativa de localización de software. Allí descubrí que muchos de los conocimientos que ya tenía sobre informática eran útiles y compatibles con lo que estaba aprendiendo de traducción. También aprendí que la localización era indispensable a la hora de trabajar en la industria de los videojuegos, lo que me interesaba particularmente. Esa fue la meta que me propuse por entonces.

En cuarto curso comencé a preparar mi TFG centrado en la traducción de videojuegos y a buscar como especializarme en estos temas. Encontré varios cursos de posgrado entre los que se encontraba el máster en Informática Multilingüe y Localización de la Universidad de Limerick, en Irlanda. Este me lo había recomendado en su día mi profesora de localización, y nada más presentar mi TFG y recibir mis notas me inscribí en él.

El máster duró un año y fue muy intenso, tanto los profesores como los compañeros eran gente brillante y aprendí muchísimo de localización, herramientas TAO y gestión de proyectos. Días antes de acabar mi TFM recibí una oferta de trabajo en una agencia de traducción como técnico de localización y herramientas de traducción. Para aceptarlo, me mude a Málaga. De esto hace ya tres años. Mis labores diarias en la empresa incluyen la gestión de proyectos, soporte, formar a los traductores…

Al trabajar en traducción, como todos los compañeros saben, formarse es una necesidad constante, y durante mi tiempo en la empresa aproveché para realizar cursos, estudiar idiomas y traducir para no perder la costumbre. Actualmente estoy estudiando el máster de Especialista en Traducción para la Industria del Videojuego en la Universidad de Vigo, gracias a que mi empresa me permite el teletrabajo. De este modo, sigo explorando los campos que me interesan de cara a posibles oportunidades futuras.

En mi caso, tuve mucha suerte y no hubo una pausa entre acabar mis estudios y encontrar mi primer trabajo (lo cual tiene su lado positivo y su lado negativo). Sin embargo, según mi experiencia, esto parece estar justificado. Hay vacantes de gestores de proyecto y empresas buscando a personas con la formación adecuada para ello.

No os voy a mentir: si os gusta traducir, lo echaréis de menos. Además el teletrabajo no es común en esta clase de puestos. Podríais tener que mudaros para aceptar un puesto. Por otro lado, en la gestión de proyectos tendréis la oportunidad de aprender sobre el funcionamiento de la industria desde otra perspectiva más amplia. Fundamentalmente lo considero un trabajo menos solitario, lo cual para algunos es otro punto a favor. Trataréis con clientes y traductores y desarrollaréis otras habilidades distintas que os pueden ser muy útiles también.

Desde aquí, me gustaría animaros a considerar esta alternativa a la hora de formaros. El gestor de proyectos, como el técnico de localización y otros trabajos similares siguen siendo puestos dentro de la industria de la traducción. Con esto, quiero decir que la experiencia que obtengáis seguirá siendo relevante para vosotros. Siempre podéis volver a la traducción habiendo trabajado como gestores, del mismo modo que nunca es tarde para redirigir vuestra carrera si ya sois traductores y os gustaría probar.

Creo que ya me he extendido demasiado con mi experiencia, espero que os pueda ser de utilidad a la hora de valorar vuestras alternativas. Si tenéis cualquier pregunta, podéis mandármela sin ningún problema a arturoenactivo@gmail.com o contactar conmigo a través de mi LinkedIn.

MARTA LLOPIS

¿Y ahora qué? Acabas la carrera y no sabes qué hacer con tu vida. ¿Trabajo? ¿Y si me meto a un máster? ¿Y cuál? La sensación de triunfo al entregar el último examen se entremezcla con el miedo a la incertidumbre.

En mi caso, la incertidumbre era peor, porque mi lengua A era lengua de signos catalana (me va lo exótico) y la segunda el inglés, así que yo iba para intérprete. Pero como la vida es caprichosa, en 3.º me di cuenta de que a mí lo que me gustaba era traducir. Como ya sabía que a traducir se aprende traduciendo y aprovechando que la bolsa de la universidad aún era gratis para mí, me apunté a una oferta de prácticas y mira por dónde ¡me cogieron! Tres meses como revisora de textos jurídicos que me sirvieron para reforzar mi decisión de ser traductora.

Llega cuarto de carrera y termino los estudios sin saber qué hacer: ¿máster? ¿trabajar? Personalmente, no me sobraba el dinero para meterme a un máster al tuntún, por lo que me puse a trabajar de lo que me salía. De mientras que cogía experiencia, cada día, literal, miraba InfoJobs, LinkedIn y derivados, hasta tal punto que me aprendí las horas a las que se subían nuevas ofertas.  Me planteé ser autónoma, y como tal, empecé a mirar también portales con ofertas de trabajo de #xl8 como TranslatorsCafé, ProZ, pero decidí que no era para mí. Por último, pagué por apuntarme como alumni a la bolsa de empleo de la universidad; tampoco era una barbaridad de dinero y pensé que igual algún día la inversión me rendiría al encontrar trabajo, y así fue. Allí encontré el puesto en una agencia de traducción en el que ya llevo tres años trabajando como traductora en plantilla.

Para finalizar, te diré que no hay un solo camino para ser traductor, trabajos tendrás muchos durante tu vida y todos te enseñarán algo que te servirá, por ejemplo, con la gestión y el contacto con clientes que suele ir asociada con nuestro oficio.

Si quieres hablar con Marta, la encontrarás en Linkedin  y también puedes enviarle un correo a: m.llopis.19@gmail.com.

SARA CASTRO

Cuarto de carrera es el año de las dudas en todas las facultades de TeI. Así estaba yo, empezando el último año y sin saber muy bien qué hacer después de una experiencia agridulce con algunas asignaturas y las expectativas deprimentes del sector que nos pintaba algún docente cenizo.

Una de las profesoras que sí estaba al pie del cañón invitó a una exalumna a hablarnos de las salidas después de terminar la ardua época en la que nos encontrábamos. Os destripo el final: esa exalumna ahora es mi jefa y una de las personas de las que más he aprendido a lo largo de mi trayectoria.

Unos meses después de esa charla, ahí estaba yo, delante de un ordenador en una oficina del centro de Madrid, acompañada por tres profesionales del sector y tecleando mi primera traducción fuera de las aulas. Mi primer día de prácticas también fue mi primer día en el mundo de la traducción. Empecé a gestionar proyectos, a hacer presupuestos, a buscar clientes, a traducir textos diferentes a diario (algunos resueltos mejor que otros) y, lo más importante, descubrí mi especialidad: la traducción audiovisual.

Ahora, dos años después y terminando el Máster de Traducción Audiovisual de la UAB, hago encaje de bolillos para compaginar el trabajo en plantilla con otras prácticas profesionales, esta vez en localización de videojuegos, con otra gran maestra del sector.

Como dice mi madre, a nosotros no nos regalan nada, así que no hay que quedarse de brazos cruzados y, sobre todo, no debemos conformarnos con lo que nos dan masticado en las aulas. En mi facultad, la TAV era la gran ausente — ¿qué es eso, se come? — y las prácticas tenías que buscártelas por tu cuenta, así que, si no hubiera tenido la iniciativa de buscar fuera, no habría llegado hasta aquí.

¡Sed inconformistas y luchad por lo que os apasiona, pequeños traductores!

Sara os atenderá en LinkedIn y en su perfil de Twitter.

Esta semana vemos unos caminos distintos. Arturo, por ejemplo, es ahora gestor de proyectos, algo que no se había planteado pero que surgió y le encanta. TeI tiene muchísimas salidas y no necesariamente nos vamos a dedicar a traducir. Abrirse a las muchas opciones que nos ofrece la carrera es muy importante: nunca sabes al final lo que te va a apasionar si no lo pruebas.

Por su parte, Marta incide en la importancia de buscar no solo donde siempre (ProZ, TranslatorsCafé), sino también apuntarse a las bolsas de empleo para exalumnos que ofrecen las universidades. ¿Os lo habíais planteado?

Y en cuanto a Sara, una palabra: iniciativa. No, no nos lo dan todo hecho y hay que empezar a moverse cuanto antes. Creo que es algo que muchos decimos a menudo, pero es imprescindible.

Y hasta aquí los testimonios de la semana. ¡Nos vemos muy pronto! Como siempre, si queréis dejar el vuestro, podéis hacerlo en comentarios o escribiendo a info@las1001traducciones.com. Gracias por participar y por leernos.

Acabo de terminar el grado. ¿Y ahora qué? (IV) Manuel Crespo, Cristina Esteban y Paula Barbero

27 lunes May 2019

Posted by enlalunadebabel in Testimonios, Traducción, Vida traductoril

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cómo buscar trabajo de traducción, cómo empezar a traducir, traductor en plantilla, traductor novato, traductor principiante

Esta semana son tres los compañeros que nos cuentan sus vivencias después del grado: Manuel Crespo, Cristina Esteban y Paula Barbero. ¿Queréis saber qué opinan de cursar un máster o hacer prácticas en agencia? ¡Seguid leyendo!

MANUEL CRESPO

Quizá mi camino no sirva para ilustrar cuestiones concretas acerca de cómo buscar clientes o qué hacer con el pago atrasado de una factura en los primeros meses, pero creo que sirve para dar luz a un recorrido algo diferente.

Cuando sales de la carrera, te asedian con la idea del máster, un asedio constante que te acaba por hacer creer que todo el tiempo que tardes en elegir un máster es tiempo que pierdes y que tus compañeros ya están aprovechando para formarse por delante de ti. En absoluto.

Al terminar el Grado, no tenía ni repajolera idea de qué hacer con mi vida. Y, mientras tanto, lo mejor era trabajar, de lo que fuera, ganar dinero, ahorrar y conseguir experiencia. Encontré, gracias a una compañera de la carrera, trabajo en un hotel como recepcionista. No era mi trabajo soñado, ni siquiera era algo que me había planteado, pero acabó gustándome y quién sabe, no me habría importado seguir ahí hoy en día. Gracias a ese trabajo, pasé un año ya en el mercado laboral y pude organizar mis ideas y decidir que querría probar suerte en la TAV. Por eso decidí hacer el máster en el ISTRAD, en Sevilla.

Hice las prácticas de manera presencial en Valencia, mi ciudad, y lo que pasó a continuación os sorprenderá, y mucho, pues tuve suerte de que una compañera dejó su plaza y me la ofrecieron a mí. El resto es historia y aquí sigo. Evidentemente, la suerte ha tenido una importancia determinante en mi trayectoria, sin embargo, creo que sí que es importante saber que, cuando acabas la carrera y todo te parece un mundo, el empezar a andar ya forma parte del camino. No hay que agobiarse ni pensar que no se va a poder vivir de ello. Se puede.

En resumen: No te preocupes si has acabado la carrera y no sabes qué hacer con tu vida, te deberías preocupar si no estuvieras sintiendo eso. Tampoco tengas prisa en elegir qué máster hacer, (si es que quieres hacer) mira bien la oferta y date tiempo para saber cuál es la especialidad que quieres hacer. Si yo me hubiera lanzado nada más acabar la carrera, habría ido al Máster de Traducción en los Servicios Públicos de Alcalá o al Máster de Traducción de videojuegos del ISTRAD… Nunca se sabe si en esas especialidades me habría ido bien o mejor que ahora, pero sí que sé que habría sido una decisión fruto de la ansiedad por ponerme a estudiar un máster cuanto antes.

Manu os atenderá encantado en Twitter y en su correo electrónico.

CRISTINA ESTEBAN

Mi nombre es Cristina, y en 2015 me gradué en Traducción e Interpretación por la Universidad de Granada. Como casi todos mis compañeros, en el último curso estaba bastante asustada y nerviosa por no saber qué iba a ser de mi vida después de la carrera. Había algunos que tenían claro que iban a coger la vía del profesorado, otras muchas compañeras se metieron a azafata de vuelos, pero los que de verdad queríamos ser traductores o intérpretes veíamos el futuro bastante negro. 

En mi caso, tengo que decir que tuve bastante suerte. Un día ya casi al final de curso, durante una clase de no me acuerdo qué asignatura (una que no me interesaba mucho, claro está), me decidí a redactar una carta de presentación y a actualizar mi CV para mandárselo a todas las empresas de traducción que hubiese en Marbella, que es de donde soy. Antes de que la clase terminase, una de las empresas me contestó al email diciéndome que justamente estaban buscando a alguien para que se incorporase en verano a su oficina. Fui a Marbella a hacer la entrevista, y al día siguiente de terminar la carrera ya estaba trabajando como traductora en plantilla.

Hacía traducciones de todo tipo, pero ya que la mayoría de los clientes de la agencia eran despachos de abogados, me especialicé en la traducción jurídica, que además era la especialidad que había elegido en la carrera. A los tres meses de empezar, dejé la empresa para irme 6 meses a China, y cuando volví llamé a la que era mi jefa y me volvieron a dar el puesto. 

Un tiempo más tarde decidí trasladarme a Madrid por motivos personales, pero como estaban muy contentos con mi trabajo me siguieron (y siguen) mandando trabajo. En Madrid empecé trabajando de secretaria para mantenerme, y lo que hice fue mandar mi CV a agencias de traducción y despachos de abogados (insistiendo mucho), y poco a poco me fui haciendo con una cartera de clientes. Me hice unas tarjetas de visita y aprovecho cada oportunidad que tengo para repartirlas. Al final todo es insistir mucho y tener un poco de suerte, aunque haya momentos que todo se vea muy negro.

Podéis encontrar a Cristina en Twitter, en su correo y en su web.

PAULA BARBERO

Considero que mis primeros pasos en el mundo profesional los di poco antes de graduarme. En cuarto quise realizar unas prácticas en alguna agencia para poder tener una idea del mundillo más allá de la burbuja universitaria y, tras enviar decenas de correos —muchos de ellos sin respuesta y otros con respuesta negativa, así que no os desmoralicéis—, conseguí entrar a una agencia pequeñita de Madrid. Estuve muy contenta con la decisión porque allí pude adquirir no solo práctica traduciendo, sino que también tuve la oportunidad de experimentar cómo funcionaba una empresa de traducción «entre bambalinas».

Después de esas prácticas, como me dejaron tan buen sabor de boca, quise probar con las prácticas Erasmus+, pero en el último momento surgieron problemas con la beca y me vi huérfana de planes en pleno verano. Ahí fue cuando tuve esa crisis existencial que seguramente hayas tenido (o tengas ahora mismo) sobre qué hacer al terminar la carrera: máster, cursos, más prácticas, echar CV a todo lo que se me pusiera por delante, lanzarse como autónomo… Afortunadamente esa crisis me duró solo una semana, pues dio la casualidad de que quedó un puesto libre de gestión de proyectos y traducción en la agencia donde hice esas prácticas de las que hablaba al principio. En un visto y no visto, me vi con mi primer contrato de traductora; feliz de poder estar trabajando en lo que había estado estudiando durante cuatro años y sin haber sufrido demasiados quebraderos de cabeza.

Además, desde entonces he hecho un curso de traducción jurídica y sigo estudiando alemán. Me caló el mensaje que leo siempre en blogs de que en esta profesión nunca se deja de aprender. ¡Y no se sabe lo que deparará el futuro!

Soy consciente de la suerte que he tenido, pero por testimonios de otros compañeros veo que más gente ha tenido esa suerte. Eso me hace pensar que las oportunidades van surgiendo si facilitamos el camino. Creo que es muy importante que se lleven una buena imagen profesional de ti en todo lugar que trabajes, y no desistir por muchas negativas que te lleguen. Tal vez la siguiente puerta a la que llames sea la que se abra.

Paula estará encantada de aconsejaros en Twitter y también en LinkedIn.

Como veis, las experiencias son muy distintas, igual que el punto de partida, pero los tres están trabajando ahora en lo que querían. Suerte, constancia, paciencia… Se hace camino al andar.

Recordad que podéis encontrar todas estas experiencias cada lunes en el blog, leer las entradas pasadas con la etiqueta «testimonio» en el buscador o, simplemente, clicar aquí: primera, segunda, tercera. Y recordad que aún podéis enviarme vuestra historia a info@las1001traducciones.com. ¡Gracias!

Acabo de terminar el grado. ¿Y ahora qué? (III) Cristian Marcote y Laura López

20 lunes May 2019

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cómo encontrar clientes, empezar a traducir, encontrar trabajo de traductor, traductor en plantilla, traductor principiante

Por tercera semana consecutiva, tras la primera y segunda entregas, abrimos el blog a los testimonios de dos compañeros, Cristian y Laura, que nos contarán cómo se han abierto paso en este mundillo. ¡Vamos allá!

CRISTIAN MARCOTE

Terminé TeI en el curso 2014/2015. Me quedaban por cursar unas pocas asignaturas del 2.º cuatrimestre así que, para aprovechar el tiempo libre que tenía el cuatrimestre anterior, me puse a buscar prácticas en Alemania, Austria y Suiza. Uno de mis objetivos era ampliar y consolidar los conocimientos que tenía de mi segunda lengua de trabajo. Entré en contacto con una empresa con sede en Suiza con la que trabajé 8 meses en prácticas.

Tras regresar y terminar la carrera, inicié la búsqueda de empleo. No fue fácil; la opción más obvia era trabajar como traductor en plantilla en una empresa de traducción, donde los puestos de traductor son limitados. Así pues, al no conseguir respuesta en las puertas a las que llamaba, seguí buscando alternativas que al menos estuviesen relacionadas con los idiomas. Vi un anuncio para trabajar captando clientes internacionales para ofrecer servicios turísticos. Trabajé con mis compañeras unos meses que para mí fueron muy enriquecedores y me permitieron poner en práctica mis lenguas de trabajo, pero también desarrollar habilidades interpersonales.

No obstante, mi verdadera aventura laboral empezó a finales de ese 2015, cuando llegaron a mí por distintas vías varias ofertas de empleo como traductor en plantilla y estuve inmerso en pruebas de traducción, entrevistas, nervios y emoción. Los procesos de selección avanzaron de manera muy satisfactoria hasta el punto de que tuve que hacer balance y apostar por una empresa.

Y así es como durante dos años estuve trabajando como traductor en plantilla. Tengo que decir que, aunque uno tenga claro que quiere hacerse traductor por cuenta propia, pasar por una empresa de traducción y conocer los procesos implicados en la cadena de producción ayuda a ampliar horizontes y entender mejor cómo funciona por dentro, qué valoran los gestores de proyectos, cómo puedes facilitar su trabajo, conocer los ratios de producción que se manejan en el sector, etc. No solo eso, sino que lo considero un comienzo más llevadero; a mí me fue de gran ayuda ir más «acompañado»: al trabajar con compañeros con más experiencia que yo recibía correcciones, comentarios de forma continuada y aprendí de diversos errores «por las buenas».

A principios de 2018 decidí cambiar y empecé por mi cuenta. Con algo de experiencia de los dos años anteriores, sería más fácil arrancar desde cero. Tuve la fortuna de empezar con unos poquitos clientes gracias a mis trabajos anteriores. Aun así, sin duda una de las dificultades a día de hoy sigue siendo ampliar mi cartera de clientes. Para superarlas intento acudir de vez en cuando a eventos, formales o informales (congresos, cursos o formaciones, encuentros de traductores…) siempre que la agenda lo permite, además de valorar otras acciones que puedan ser de ayuda, como contactar con agencias y otros potenciales clientes… Sobre todo, buscar y hacerse ver; así es como te van a encontrar; tener una web y ya no es suficiente. ¡Y que tu círculo de amistades sepa qué haces! Nunca se sabe si en sus empresas alguna vez necesitarán una traducción profesional y te podrán recomendar.

Esta dificultad para encontrar clientes no va ligada necesariamente a no «conocerse», sino que a veces la colaboración no es posible por cuestión de tarifas. Aunque es difícil empezar y es muy tentador conseguir cuántos más clientes mejor, recomiendo valorar si compensa. A corto plazo desde luego que no es interesante, pues se contribuye a bajar los precios del mercado. A la larga, además, vas a tener que trabajar el doble o el triple para llegar a fin de mes y ganarte el pan, en detrimento de tu salud. Por eso, yo intento siempre encontrar un punto medio con potenciales clientes y tengo un límite que me he definido a partir del cual no bajo. Solo he hecho alguna excepción de manera puntual, por algún proyecto que me interesaba hacer por un motivo u otro. Si no llego a un acuerdo con algún posible cliente, sigo buscando. Caminante, no hay camino…

Los comienzos son difíciles, pero al final uno recoge lo que siembra 🙂 ¡Muchos ánimos!

Podéis poneros en contacto con él al correo electrónico o en su web.

LAURA LÓPEZ ARMAS

Voy a contarles un poquito cómo empecé. Prometo que esta historia tiene un final feliz, aunque al principio no parezca tan positiva.

Mi historia comenzó en 2006, cuando entré en la Licenciatura de Traducción e Interpretación. Empecé bien la carrera, aprobando todo a la primera, pero los dos últimos años ya iba arrastrando asignaturas. Acabé muy desganada y desmotivada y toda mi ansiedad me afectaba muchísimo (insomnio y colon irritable). Me fui de Erasmus a Dublín y cuando volví decidí dejar la carrera. Fue una etapa muy mala, no tenía ganas de nada, no me sentía tan inteligente como me decía mi familia (de hecho, sentía que era tonta y que no valía) y me puse a trabajar de azafata de vuelo.

Después de unos años, cuando ya estaba cansada del trabajo de azafata y sus horarios, gracias a la motivación de mi familia, en especial de mi marido (gracias, Dani), saqué fuerzas y me metí en el Grado. Fue una de las mejores decisiones que he tomado en mi vida. Todo esto lo cuento porque no todos tenemos que seguir el mismo ritmo, ni el mismo camino que los demás. Yo NECESITABA ese descanso para coger fuerzas y volver a la carga con más ganas que nunca. Y así lo hice.

Terminé el Grado en Traducción e Interpretación inglés/alemán en junio de 2018, con buenas notas, y sin ansiedad (de hecho, más feliz que nunca).  Al igual que muchos compañeros, durante el Grado no tenía ni idea de lo que quería hacer al terminar. Sabía que me gustaban la docencia y la interpretación simultánea, pero la traducción me aburría bastante. Esto fue hasta que llegué a 4º y cursé la asignatura de Traducción Audiovisual. Y, casualidades de la vida, ese mismo año fue el II Tradican (las Jornadas de Traducción e Interpretación de Canarias), y vino el gran Quico Rovira-Beleta (traductor de películas como: Star Wars, Star Trek y casi todas las de Marvel). Después de su ponencia, tuve la oportunidad de entrevistarlo para mi blog (que, por cierto, creé para una asignatura y he seguido con él hasta ahora) y al final de la entrevista, le pregunté si creía que era posible conseguir dedicarme a eso (traducción audiovisual), y me dijo: «Hazlo. Inténtalo. Inténtalo porque lo conseguirás». Siempre me había gustado esa traducción, desde pequeña, cada vez que veía una película o serie, trataba de inventar alternativas si una frase no me convencía. Pero siempre creí que los traductores de películas eran «dioses», no creía que una novata como yo podía empezar en ese mundillo así como así.

Como dije, asistí, durante los dos últimos cursos, al Tradican, y en el primero tuvimos la enorme suerte de contar con Scheherezade Surià (<3), que nos habló de la traducción editorial. Así que el último año de carrera, mientras hacía el temido TFG («Traducción Audiovisual de canciones Disney: Moana»), fui enviando currículums a estudios de doblaje y editoriales. Me di cuenta de que la traducción que me gustaba era la creativa, la que me permitía dejar volar la imaginación y la que no seguía unas pautas estrictas. Por cierto, recomiendo muchísimo asistir a este tipo de jornadas ya que, además de aprender mucho, conoces a profesionales que te ayudan e informan. Yo he tenido la suerte de poder contar con muchos de ellos [i]que me han ayudado y aconsejado, y a los que ahora puedo llamar compañeros.

Finalmente, tras graduarme en junio de 2018, recibí mi primer trabajo para traducir un documental. Ese trabajo me llegó al mes siguiente de graduarme, en julio, y era un documental para el Canal Odisea. No me lo podía creer. Mi primer documental. Se llamaba Norteamérica desde el cielo: Ciudades 24 h. y era de San Francisco. Después de ese, hice algunos más de esa serie. Luego me llamaron para traducir los subtítulos de una película que iba a estrenarse en el Festival de Cine de San Sebastián (Y en cada lenteja, un Dios). Me llamaron diciendo que el estudio de los documentales me había recomendado. Así que imagínense lo importante que es hacer un buen trabajo, por muy pequeño que parezca. Y a partir de ahí empecé a trabajar con estudios para la BBC, HBO (para el que hice el documental de Axios) o Netflix. No quiero decir que fuera fácil, porque me rompí los cuernos buscando, enviando, informándome (y aún sigo), pero al final vale la pena. Tengo muchísima suerte de trabajar en lo que me apasiona (o de que me apasione mi trabajo) y estoy viendo que, con esfuerzo y pasión, todo se consigue.

Me gustaría volver a resaltar la importancia (al menos para mí) de asistir a jornadas, congresos, eventos, #Traducafés (que ahora hay en muchísimas ciudades de España) y otros tradusaraos. Lean muchos blogs de traducción (a mi me ayudó mucho el de Scheherezade) para que aprendan de los expertos. Y no se desanimen, porque el camino puede ser duro, pero es una carrera de fondo, y poco a poco se va consiguiendo.

Y esta es mi historia. Como conclusión, quiero que se queden con el mensaje positivo, con que sí se puede, con que cada uno tiene su ritmo y no hay que cerrarse a nada. Con que de todo se sale. Y con que este es un gremio precioso, con compañeros que se ayudan y apoyan, que no son de poner zancadillas a otros. Espero que esto les sirva de algo, y que les motive para hacer lo que de verdad les apasione.  

Cualquier duda que tengan, pueden escribirme sin problema a través de mis redes sociales o correo electrónico. Si puedo resolver sus dudas, lo haré encantada.

Keep calm and translate!


[i] Gracias, Quico, Scheherezade, Tenesor, Xosé, Fernando, Reyes, Carlos y muchos más.

Laura es muy activa en Twitter, pero la podéis encontrar también en su web y por correo electrónico.

Perseverancia y tesón. Si no sale a la primera, sigues intentándolo. Laura y Cristian empezaron trabajando de otra cosa hasta que consiguieron el trabajo que ahora les llena. Laura incluso dejó la carrera y la retomó años después. Estos dos testimonios ilustran que no todo sale a la primera y que no pasa absolutamente nada. Dicen que lo bueno se hace esperar, ¿no?

Coincido con Cristian en que trabajar en plantilla es una buena forma de aprender y de ver lo que hay al otro lado del tapiz. Y también que no basta con una web (¡muy buen apunte!): tienes que moverte, trabajártelo mucho y ser receptivo. Y de Laura ¿qué puedo decir? No la conozco en persona, pero la veo con ganas de comerse el mundo… Como hemos visto en anteriores testimonios, todo es cuestión de trabajo y de una pizca de suerte, pero también hace falta una gran dosis de pasión.

Y hasta aquí llegamos hoy. ¡Os espero en el próximo artículo!

Acabo de terminar el grado. ¿Y ahora qué? (II) Iago Álvarez y María Cárcamo

13 lunes May 2019

Posted by enlalunadebabel in Testimonios, Traducción, Vida traductoril

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cómo encontrar clientes, localizar videojuegos, novato traducción, testimonios traducción, traductor novel

Volvemos a la carga esta semana con dos compañeros más que nos contarán cómo han llegado hasta aquí, lo que les ha funcionado… y lo que no. María Cárcamo es traductora audiovisual y hace también sus pinitos en literaria; Iago se dedica sobre todo al testeo lingüístico de videojuegos. Veamos qué se cuentan.

MARÍA CÁRCAMO

Estudié Filología Francesa y luego hice el Máster de Traducción Audiovisual del ISTRAD y la Universidad de Cádiz. Durante el Máster, cometí el error de pagar —sí, pagar— a una empresa que se dedicó a enviar mi CV a diestro y siniestro a un montón de agencias de traducción de todo el mundo, con correos electrónicos genéricos y repetidos y sin ningún tipo de valor, claro. Fue un fracaso absoluto y no lo recomiendo en absoluto.

Una de las empresas que recibió mi CV de esa forma —una de más de 500, creo recordar—, se puso en contacto conmigo, hice una prueba y empecé a trabajar con ellos mientras aún estaba en el Máster. Eran poquillas cosas, pero me sirvió para seguir aprendiendo de otros campos, ya que era una empresa de localización de apps y páginas web.

Al finalizar el Máster, hice las prácticas en BBO Subtitulado, donde aprendí muchísimo y pude conocer el mundo real de la TAV. Pero cuando se acabaron, volví a no saber qué hacer con mi vida. La empresa de localización seguía contando conmigo, pero no era suficiente para darme de alta, ni para vivir. Así que empecé a enviar el CV a más empresas, esta vez con correos personalizados a la persona encargada —cuando sabía quién era la persona encargada— y explicando qué es lo que me había llamado la atención de ellos y por qué quería que colaborásemos. Tampoco obtuve grandes resultados.

Hasta hace un par de años, cuando alguien en Facebook comentó que en el estudio de doblaje en el que trabajaba, necesitaban traductores. Empecé a colaborar con ellos en seguida y, hoy en día, son el cliente que más trabajo me envía, prácticamente a diario.

Twitter también fue bastante importante para mí porque, aparte de conocer a muchísimos colegas traductores con los que compartir penurias y alegrías, una editorial contactó conmigo tras haber leído el famoso hilo que escribí. Me dijeron que habían leído mi Twitter más a fondo y que mi forma de expresarme y de ser les había gustado mucho y que creían que encajaba perfectamente con un libro que tenían pendiente de traducir. Y me lancé a la piscina, por supuesto. Fue toda una responsabilidad y tuve momentos de mucha ansiedad, pero disfruté muchísimo y espero que este dé pie a muchos otros libros más.

El enviar el CV, en mi caso, no ha sido de gran ayuda. En definitiva, creo que lo que mejor funciona en el momento que vivimos ahora, es el boca a boca y el networking. Es mucho más fácil que contacten contigo porque alguien ha hablado de ti, o porque te han leído en redes, que por enviar un CV que se perderá en una bandeja de entrada, por muy personalizado que hagas el correo. No digo que no haya que hacerlo, ojo. De hecho, lo sigo haciendo. Pero hay que tener la suerte y la puntería de que sea tu correo el que deciden leer, y no otro. ¡Ay, la suerte! Es muy importante en esta profesión, aunque no más que la perseverancia y el trabajo duro. Hay que insistir muchísimo, atreverse a dar el primer paso, aunque sepas que no buscan traductores en ese momento, y echarle cara, por qué no decirlo. Hay que saber venderse muy bien, yo aún estoy aprendiendo.

En definitiva: hay que estar en continuo movimiento y conocer a toda la gente que puedas; hay que insistir y no tener miedo a ser pesado y, por último, creo que la presencia en redes, actualmente, es muy importante. Aunque no hables exclusivamente de traducción, nunca sabes quién te está leyendo y cuándo puede necesitar que traduzcas algo de que tú eres experto porque es una de tus mayores aficiones.

¡Mucha suerte!

*Podéis encontrar a María en su web o en LinkedIn*

IAGO ÁLVAREZ

Al momento de terminar la carrera, ya tenía claro que me quería especializar en el ámbito de la localización de videojuegos. De hecho, mi trabajo de fin de grado consistió en traducir un pequeño juego y mis prácticas de empresa fueron con un traductor de videojuegos. Tras la carrera, estudié un máster donde impartían materias relacionadas con este ámbito y, a un mes de terminarlo, el profesor que llevaba mi TFG me habló de una oferta de trabajo como tester lingüístico (LQA) de videojuegos en una empresa de Dublín. Decidí intentarlo, hice la prueba y entrevista correspondientes, me contrataron y me mudé a Irlanda para mi primera oportunidad laboral.

Al principio todo era un poco raro, muchas cosas nuevas y muchas tareas a las que no estaba habituado, pero con tiempo y práctica acabé cogiendo ritmo y adaptándome a todo. Cuando finalizó mi contrato a los 4 meses, decidí quedarme un mes en la ciudad buscando otra empresa en la que trabajar, fuese de lo mismo o de traductor. A las 3 semanas, y tras enviar varios currículums a diversas empresas repetidas veces, ya fuese a través de portales de búsqueda de trabajo o en las propias webs de las empresas, me contactaron de una compañía para trabajar de tester LQA de videojuegos. De nuevo, hice la prueba y entrevista pertinentes y me acabaron contratando.

Al tener ya cierta experiencia, la adaptación fue mucho más sencilla. En esta empresa estuve algo más de año y medio, una etapa en la que aprendí muchísimo, hasta que decidí dar el salto a la traducción de videojuegos de forma autónoma, momento en que me volví a mi tierra natal. No obstante, poco antes de volver, se había puesto en contacto conmigo una empresa de revisión de software a través de LinkedIn para trabajar de forma autónoma. Tras una exhaustiva prueba, tal vez la más difícil de mi vida hasta ahora, conseguí el trabajo, algo que compaginé durante unos meses con mi trabajo de oficina como tester.

Una vez había vuelto a mi tierra y me había dado de alta de autónomo, comencé a buscar clientes peinando la red. No obstante, a mayores de los clientes que encontré de esa manera, hubo uno que fue recomendado a través de un antiguo compañero italiano de mi época como tester, al cual le había comentado mi idea de hacerme traductor. A este le gustó mi idea y siguió el mismo camino que yo, y me comentó que uno de los clientes que había encontrado buscaba traductores de español, por lo que contacté con ellos y conseguí el trabajo tras pasar la prueba correspondiente. Del mismo modo, otro amigo traductor, esta vez español, me comentó que estaba en un proyecto donde necesitaban a un traductor más, por lo que contacté con ellos para hacer la prueba y conseguir el trabajo.

Por estas cosas, es importante llevarse bien con los compañeros de profesión y ser sociables, así como mantener actualizado vuestro currículum y vuestro LinkedIn, ya que nunca sabes dónde puede surgir una oportunidad laboral o quién puede necesitar vuestros servicios. Por último, quiero destacar que es importante confiar en uno mismo y darlo todo. Es la mejor forma de afianzar clientes y oportunidades, tanto en el trabajo como en la vida personal.

*Podéis hablar con Iago por correo o en LinkedIn*

Algo que comentan estos dos compañeros y que me parece esencial es el factor más humano del llamado networking. Quizá es algo que al principio cuesta más crear, pero doy fe de que, a la larga, muchos trabajos os pueden llegar de los compañeros. Alguien oye que buscan a un traductor; un amigo no puede hacerse cargo de una traducción determinada y pasa vuestro contacto; una colega se va de vacaciones y os deriva trabajo, etc. En definitiva, ser proactivos y fomentar el compañerismo solo tiene ventajas.

María habla también de su hilo que se hizo viral y que le abrió las puertas de una editorial. Twitter (o las redes en general) es un escaparate más. Hay quienes lo utilizan solo para cuestiones profesionales, para otros es un desahogo puramente personal y un tercer grupo combina ambas cosas. No hay un método infalible y creo que, en el fondo, hay que ser auténtico y conectar con la gente. Yo también he conseguido trabajo gracias a las redes sociales y sin buscarlo activamente (otras veces sí, claro). Como todo, no son la panacea y sin un buen trabajo detrás solo serás fachada, pero si puedes meter la patita por tu forma de explicar las cosas, por tus tuits o tu blog, aprovéchalo.

Espero que os hayan gustado estas experiencias. Si os apetece, podéis dejar un comentario aquí mismo o enviar vuestro testimonio a info@las1001traducciones.com.

Acabo de terminar el grado. ¿Y ahora qué? Hablan Carla Bataller y Javier Rebollo

06 lunes May 2019

Posted by enlalunadebabel in Cuestiones laborales, Testimonios, Vida traductoril

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buscar clientes, egresados en TeI, encontrar trabajo de traductor, quiero traducir, Testimonios

De entre todas las consultas que pueden llegar durante la semana de compañeros, las más habituales son: «¿Qué hago al acabar el grado?», «¿Cómo capto clientes?», «¿Por dónde empiezo?». Es normal. Sales del grado con ilusión y caes en los brazos de la incertidumbre y la inseguridad, pero créeme que esa sensación de ir como pollo sin cabeza la hemos tenido absolutamente todos en algún momento.

Y en realidad no hay una fórmula mágica —¡ojalá!—, pero cada uno intenta apañarse como puede con los consejos que le dan, los libros que lee (la semana pasada os recomendaba uno coordinado por profesoras de la Universidad de Murcia) y como buenamente puede, vaya. Por eso, aunque desde este blog he hablado muchas veces de encontrar trabajo, al final todo tiene un matiz personal y he pensado que sería buena idea dar voz a los recién egresados para que nos cuenten cómo llevaron ellos los primeros meses de actividad y cómo se las han apañado para ganarse las habichuelas.

Este es vuestro blog también y espero que a lo largo de estas semanas encontréis trucos e ideas que os ayuden si ahora mismo os encontráis en esta situación. Hoy empezamos con dos testimonios bastante distintos, los de Carla Bataller y Javier Rebollo. ¡Vamos allá!

CARLA BATALLER

Salí del máster llena de ilusión y energía: quería comerme el mundo, empezar a traducir libros y vivir de la traducción literaria. Pero aquello duró poco, porque mi impaciencia me obligaba a conseguir resultados inmediatos, y eso es complicado. Hay que currárselo mucho y persistir. Así que empecé a enviar currículos a todas partes. Y cuando digo todas, es todas: desde agencias de traducción hasta empresas de cualquier sector. Al final, conseguí mi primer encargo de traducción unos nueve meses después de salir del máster: localizar una página web sobre reproducción asistida al inglés y al francés.

Aquello salió todo lo mal que podía salir. Pero aprendí muchísimas cosas de esa mala experiencia y, sobre todo, me dio fuerzas para seguir. Ese verano conseguí trabajo como subtituladora en una empresa grande y estuve trabajando sin parar. Una cosa llevó a la otra y, de repente, en cuestión de un año tenía un currículo decente en subtitulado. Pero no estaba traduciendo libros, que era lo que yo quería.

Después de idear mil y una formas de llamar la atención de algún editor, había desistido. Mi presencia en redes se centraba en hablar de subtitulado y de autoras. Por esa época, organicé un proyecto para dar mayor visibilidad a las mujeres que escriben. No ganaba dinero con aquello, pero me permitió conocer a muchas personas que acabarían siendo amigas mías y a muchas autoras de las que disfrutaría durante mis ratos libres. Y, de repente, llegó el correo.

Ese correo me cambió la vida. Provenía de una editorial independiente que aún no se había dado a conocer y en él me pedían presupuesto para traducir la obra de una escritora que a mí me gustaba mucho. No me conocían de nada, pero habían visto en las redes que era feminista, hablaba de autoras y me dedicaba a la traducción. Me hicieron una prueba y hala, contratada. «¡Ya tengo mi primer encargo editorial! Y ahora, ¿qué hago?». Pues envié más y más currículos, hasta que tuve otro golpe de suerte y una editorial me contrató. Y así hasta ahora.

¿Qué conclusiones podemos sacar de todo esto? La primera: que os lo curréis, siempre, aunque tropecéis. La segunda: que no todo depende de vosotros, porque la suerte también juega un papel importante en esto. La tercera: haced y hablad de lo que os apasione.

*Podéis encontrar a Carla y hablar con ella —es un encanto— en su blog, enviarle un correo o seguirla en twitter.*

JAVIER REBOLLO

Si bien se suele decir que la profesión del traductor autónomo es una carrera de fondo —de hecho, lo es y hay momentos en los que se precisa de mucha paciencia—, tuve suerte y me fueron surgiendo oportunidades y clientes poco a poco pero pronto.

Mi primer año de autónomo, en realidad, comienza antes de darme de alta. Si había que hablar con alguien, me acercaba o le mandaba un mensaje. No tiene sentido el miedo a preguntar y a charlar. Todos la cagamos, pero, gracias a la solidaridad de este gremio, aprendes a no caer en los mismos errores.

Las prácticas con Fernando Castillo me sirvieron para aprender muchísimo, pero lo más importante fue conformarme un porfolio interesante con el que presentarme a los estudios de doblaje y las agencias de traducción. Aproveché el tironcillo del TFG para presentar los resultados en el SELM, lo que me valió algo de visibilidad, y pude hablar con un montón de profesionales de la traducción. La ponencia luego me brindó la oportunidad fortuita de impartir clases en el máster del ISTRAD con la Universidad de Cádiz. Ahora cumplo mi primer año de autónomo cofundando AMPERSOUND con unos compañeros bastante más experimentados que yo y a los que admiro profundamente.

Como veis, una cosa ha terminado llevando a otra. Nada de lo que uno hace es en vano aunque pueda parecerlo a corto plazo; todo cuenta.

En definitiva, mis ingredientes para sobrevivir han sido hacer prácticas profesionales, ser consciente de mis fortalezas y mis carencias, compartir desde el respeto, asistir a congresos, preguntar sin miedo y aprender cada día de los mejores.

*Podéis preguntarle más cosas a Javier en su perfil de Twitter o por LinkedIn.*

¿Qué os han parecido? A mí me han llamado mucho la atención las ganas y el empeño de estos dos primeros testimonios. Empezar a moverse antes de acabar el grado y no desfallecer ante las negativas o los silencios es esencial.

Y, como veis, aunque algunos puedan pensar que las redes sociales no sirven de mucho, la buena visibilidad (en el caso de Carla en cuanto a feminismo y cuestiones afines) y el contacto con compañeros del gremio del que hablaba Javi siempre tienen cosas buenas. Al fin y al cabo todos deben saber a qué nos dedicamos y no está de más empezar a tejer una red de contactos cuanto antes.

Nos despedimos por hoy. Volvemos la semana que viene con más testimonios. Si quieres contar el tuyo y explicar tu experiencia, escribe a: info@las1001traducciones.com. ¡Gracias!

Cómo gestionar reclamaciones en traducción

16 martes Abr 2019

Posted by enlalunadebabel in Cuestiones laborales, Traducción, Uncategorized, Vida traductoril

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errores, MALA PRAXIS, queja, reclamación

Sí, todos somos extraordinarios profesionales y estas cosas no nos pasan, o preferimos no hablar de ellas, pero en el fondo sabemos que errar es humano (y herrar también) y que alguna vez vamos a meter la pata.

Regla número 1 al recibir una no conformidad: que no cunda el pánico. Respira profundamente, puede que el cliente no tenga razón… o puede que sí. ¿Y ahora qué hacemos? ¿Abandonamos la traducción y nos flagelamos con Gran Hermano VIP en modo bucle?

Carmina Fernández nos da algunos consejos útiles. En su época de gestora de proyectos en una agencia de traducción aprendió a seguir los siguientes pasos, que secundo totalmente:

1. Escuchar o leer BIEN la reclamación exacta del cliente. No metamos más el dedo en la llaga respondiendo en caliente a un mensaje airado. Aplaquemos los nervios iniciales y veamos cuál es la queja para poder solucionarla. ¿No se ha respetado el plazo de entrega? ¿No se ha utilizado el glosario del proyecto? ¿Hemos traducido erróneamente porque no hemos comprendido el texto?

2. Analizar la situación para comprobar hasta qué punto es cierto. ¿Tenemos su mensaje de encargo y realmente hemos entregado más tarde? ¿O se equivocó al indicar la fecha en el pedido? ¿De verdad nos adjuntó el glosario y nos hemos despistado? ¿O este nunca llegó a nuestras manos? (Por eso es tan importante revisar bien lo que nos envían) En el caso de que sea extranjero, ¿cree que conoce bien nuestro idioma y nos está modificando expresiones que son correctas? (No es infrecuente que alguien que no hable castellano tenga dudas acerca del estilo, por surrealista que parezca) ¿O bien la hemos cag… hemos cometido errores graves?

3. Actuar en consecuencia.

Si el cliente no tiene razón: habrá que demostrárselo, reenviarle el mensaje que recibimos sin el glosario adjunto o pasarle enlaces a diccionarios especializados donde vea que nuestras traducciones son acertadas. OJO: Algunas quejas pueden proceder de clientes cuyo revisor cree que añadir más rojo es sinónimo de trabajar mejor y habrá introducido cambios por cuestión de gusto y no para reparar verdaderos errores.

Bajo ningún concepto conviene enzarzarse en un «cuerpo a cuerpo» con el revisor. Puede que goce de la total confianza del cliente y enfrentarnos a él nos deje en peor posición. Bastará con confirmar que la opción del revisor es buena, pero que la nuestra también lo era y que el cambio ha sido cuestión de preferencia. Ahora bien, si el cliente aprovechara para hacernos cambiar más cosas o añadir tantas otras (algo que puede pasar tras una primera revisión), tal vez convendría cobrar ese tiempo.

Gestionar una queja de forma virtual no siempre es fácil.

Si tiene razón: le puede pasar a cualquiera, no somos máquinas, pero eso puede haber causado algún perjuicio al cliente. Por eso lo primero es disculparse sinceramente por las molestias. Quizá no ha podido colgar en su web una noticia que debía salir hoy o no ha llegado a imprenta un folleto que debería estar mañana en una feria. Lo mínimo que podemos hacer es aceptar nuestra responsabilidad.

Lo siguiente será buscar el modo de compensarle. Si aún estamos a tiempo, podemos modificar el vocabulario de acuerdo con ese glosario que habíamos olvidado. Volver a revisar nuestro texto si lo tradujimos con prisas o incluso pasarlo a un compañero si vemos que no dimos la talla para el grado de especialización que requería. Por supuesto, sin coste para el cliente. Si ya es tarde para enmiendas, dependiendo del alcance del error y del tamaño del proyecto, podemos ofrecer algún tipo de compensación.

Asumir las responsabilidades buscando una solución al problema es un buen ejercicio que nos sirve para tomar conciencia de nuestro error y, a la vez, demuestra al cliente un trato profesional. Si el problema causado ha sido realmente grave, habrá que recurrir al seguro de responsabilidad civil. Algunas asociaciones tienen convenios con aseguradoras que los ofrecen, como por ejemplo APTIC.

4. Tomar medidas para que no vuelva a suceder. Será útil analizar por qué ha pasado y cómo evitarlo la próxima vez: ¿Aceptamos el encargo sin mirar bien la agenda, se nos solaparon los proyectos y hubo que traducirlos muy rápido? ¿Nos encontramos ante un texto demasiado especializado porque no lo leímos antes de aceptarlo? Puede que esta vez ya sea demasiado tarde y hayamos perdido al cliente, pero ya sabemos qué NO hacer en el futuro.

¿Y vosotros? ¿Alguna vez habéis recibido quejas de un cliente? ¿Supisteis reaccionar y salir bien parados?

¡Gracias por leer y hasta la próxima!

Ojalá me hubieran contado que… (II)

27 miércoles Mar 2019

Posted by enlalunadebabel in Aprendizaje, Cuestiones laborales, Vida traductoril

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cómo ser traductor autónomo, dudas del traductor principiante, empezar a traducir, quiero ser traductor, traducir y no morir en el intento, traductor novato, traductor principiante

En el artículo anterior vimos algunas opiniones y hoy volvemos a la carga. Treinta compañeros más nos hablan de lo que les hubiera gustado que les contaran antes de lanzarse a la piscina. ¿Nos acompañas?

26. «Que hay que moverse, seguir formándote, aprender a manejar todo lo bien que puedas tu ordenador y programas del día a día, tener contacto con compañeros y con el mundo en general… y también saber decir que no». Autónoma, más de 20 años

27. «Que hay que ser autónomo sí o sí y por tanto buscarse los clientes uno mismo. Que por mucho que escribamos a agencias de traducción y demás clientes potenciales, los encargos te los pasarán los compañeros porque las agencias ni contestan. También me gustaría que alguien me hubiera explicado cómo conseguir que un compañero más experimentado (uno de la carrera no, porque está igual que yo) me pase trabajo: por mucho que yo siga a Scheherezade Surià o a Xosé Castro por Twitter, o hable media hora con Blanca Rodríguez durante un congreso de traducción, no van a pensar en mí cuando les llegue un encargo que tengan que pasar». Autónomo, 1-5 años

28. «Me gustaría que me hubieran contado un poco sobre el mundo laboral puesto que en la universidad uno no tiene nada de contacto con el mundo real de la traducción: agencias, particulares, cómo abrirte camino… Además, me gustaría que me hubieran contado algo más sobre la vida del traductor autónomo y sobre la necesidad de apoyarse en otros traductores en determinadas ocasiones para poder sacar el trabajo adelante: revisores, traductores subcontratados. Por último, otra cosa que eché en falta y que he aprendido con el trabajo diario es que me hubieran instruido un poco más sobre las distintas herramientas de TAO que existen y qué diferencias hay entre ellas (cuáles suelen exigir las empresas…)». Autónoma, 1-5 años

29. «Que se tardan muchos años en conseguir una clientela estable y que no se puede olvidar que un cliente se pierde en un abrir y cerrar de ojos». Autónoma, 11-15 años

30. «La falta de respeto generalizada hacia nuestra profesión, tanto por parte de los clientes directos como (especialmente) por parte de las agencias, que muchas veces nos toman por el pito del sereno. 😛 Como resultado de lo anterior, lo duro que es a veces conseguir clientes que no nos tomen el pelo. Pero ojo: no la cambiaría por nada. ;-)». Autónoma, más de 20 años

31. «Que era importante especializarse y que para ser autónomo hay que luchar a diario y no dar nada por sentado pues las cosas cambian constantemente. Hoy puedes tener el mejor cliente y mañana ese cliente desaparece por diversas circunstancias que están fuera de tu control. No debes aferrarte, debes ser flexible y no dejar nunca de buscar clientes y de mejorar en todos los aspectos de tu negocio. ¡Hubiera estado bien que me enseñaran a ser una verdadera empresaria!». Autónoma, 11-15 años

32. «Quiero contar cosas útiles y positivas que creo que también deben saber los nuevos traductores. Son unas cuantas…

A modo de resumen, me hubiera gustado saber antes que debes aspirar a dominar el idioma de destino; que tienes que seguir formándote siempre; que adaptarse no es rendirse; que siempre queda capacidad de mejora tanto en la práctica de tu oficio como en tus condiciones de trabajo y en tus tarifas; que se trabaja mucho, pero también es un esfuerzo apasionante y nunca dejas de aprender y desaprender. Y por último, pero no menos importante (yo lo descubrí muy tarde): es muy importante y beneficioso asociarse, colaborar con tus compañeros y aprender de ellos». Autónoma, 16-20 años

33. «Que no era necesario estudiar traducción por 5 años para poder traducir. Aprendí mucho de lo que sé fuera de la Universidad. Me gustaría que en las conferencias y talleres no solo cuenten casos de éxito sino también el tiempo que toma establecerse para vivir de esto. Me hubiese gustado estudiar otra carrera y luego haberme especializado en traducción (como maestría). Al menos en mi país no hay cursos especializados de traducción, siempre enseñan lo mismo. Me da bronca ver cuántos se gradúan y no trabajan en la carrera por las pocas oportunidades que hay. Hay traductores exitosos sí, explotando otros traductores o asociados corruptamente con el estado… Los que conocemos el campo sabemos quiénes son, pero nadie hace nada para pararlo. Ahora me va muy bien, tengo mucha carga de trabajo aunque me encantaría poder cobrar más para poder tener más tiempo». Autónoma, 1-5 años

34. «Soy autónoma actualmente, pero he trabajado en plantilla (la temporada más larga, durante 14 años como traductora, revisora y responsable de control de calidad). Llevo más de 30 años traduciendo.

La verdad es que dudo que nadie (sin una bola de cristal) me hubiera podido contar todo lo que pasaría en el mundo de la traducción cuando en 1987 empecé a traducir para editoriales. Estudiaba filología inglesa pero no quería dar clases. Traducíamos con máquina de escribir y la editorial te daba las hojas de papel pautadas con el número de líneas y caracteres por página.
Más adelante (ya a principios de los noventa), cuando trabajé en empresas satélite que traducían para IBM, el traductor se desplazaba a EE.UU., con todos los gastos a cargo del cliente, para el testing de los programas traducidos (así pasé dos meses en un hotel en Boca Ratón, Florida, para un trabajo que ahora se hace remotamente). Tengo una foto de 1994, yo embarazadísima de mi hijo y traduciendo con un ordenador Macintosh Classic, como autónoma entonces.

A finales de los noventa, en la empresa de traducciones donde estaba entonces, nos conectábamos a la base de datos de lo que eran los inicios de IATE una vez al día, para consultar de golpe toda la lista de términos que no habíamos encontrado en los diccionarios de papel. Eran los inicios del módem. Las traducciones de los freelance nos llegaban en un disquete (ellos mismos las traían o se enviaban por mensajero).

Después de 14 años seguidos en plantilla en otra empresa de traducción me harté finalmente y volví al mundo autónomo. Ahora trabajo para varias empresas de traducción y editoriales y para algún cliente directo. Recibo mensajes desde una punta del mundo a las 6 de la mañana para enviar la traducción el mismo día a última hora a la punta opuesta del mundo. Trabajo con herramientas TAO, memorias de traducción e incluso ofrezco MTPE. Para mí, la cuestión no es lo que sepas antes de empezar, sino cómo te adaptas a los cambios que van surgiendo». Autónoma, más de 20 años

35. «- Que las empresas no siempre buscan al que lo haga mejor, sino al que lo haga más rápido o más barato, pero que eso no quiere decir que tengas que cambiar tus tarifas o tu forma de trabajar.
– Que es bueno preguntar y reconocer las dudas. Mejor, de hecho, que equivocarse por no preguntar.
– Que es mejor hablar de tarifas con una empresa antes de perder el tiempo haciendo pruebas que a lo mejor no llevan a nada.
– Que si te das de alta como autónomo, aunque solo sea para facturar un mes, y luego te das de baja, pierdes el derecho a la cuota reducida de 50 €.
– Que nadie quiere trabajar con alguien que pone problemas a todo. Si algo es importante y crees que debes decirlo, hazlo siempre de buenas maneras. Si no es importante, es mejor dejarlo correr.
– Que hay que trabajar mucho, y a menudo, durante los fines de semana.
– Que está bien aceptar proyectos ligeramente por encima de nuestras capacidades, para ponernos retos y crecer profesionalmente. El «ligeramente» es importante, porque si aceptas un encargo que te desborde, el resultado puede ser contraproducente.
– Que nunca deberías hacer una traducción inversa, por mucho que te insista un cliente, a menos que cuentes con un revisor nativo. Si lo haces y el resultado no es bueno, te perjudicará.
– Que en la traducción también existe el karma, y la crítica negativa siempre vuelve. Es mucho mejor hacer crítica positiva y constructiva». Autónomo, 1-5 años

36. «Me encantaría que me hubieran explicado correctamente los aspectos administrativos (hacer facturas, declaraciones trimestrales, ejemplo de mail a posible cliente…) durante la carrera, aunque fuera en un sencillo taller, porque, al menos en la mía, nunca se mencionó. También habría estado bien que nos hubieran hablado de las páginas o portales de empleo específicos de traducción (ProZ, Aquarius, Translators Cafe…) no son nada difíciles de encontrar, pero que te suenen antes de terminar es un paso más.

También me gustaría haber sabido cómo las agencias asignan traducciones que puedes perder en cuestión de segundos, si tardas un minuto más en responder que otro traductor, porque a ellos les es indiferente. En general, aspectos prácticos sobre el mundo laboral, porque todos pasamos por ello, pero en mi Universidad, al menos, ni se mencionó. Y ni hablemos de tarifas, sé que es ilegal establecerlas pero decir un simple rango o que un profesor comente lo que él/ella cobra como orientación (algo que sí hicieron —unos pocos— en mi Máster de TAV, y menos mal), creo que es muy útil. Principalmente, conocimientos prácticos del mundo laboral de esta profesión». Autónoma, 1-5 años

37. «Que es un oficio que está evolucionando muy rápido hacia la traducción automática, lo que probablemente hará redundantes muchos puestos de trabajo. La evolución se deja entrever ya, con Google translate y otras máquinas en desarrollo, la traducción neural, etc. Quizá en lo sucesivo lo más importante, además de un buen dominio de la lengua materna y las lenguas de traducción, serán el control y la gestión de las memorias de traducción. Pudiera dejar al traductor relegado a una tarea de corrección de los errores de la máquina, que seguiría «aprendiendo» con lo que podría llegar a ser perfecta.

Nada de esto vale en cambio para la traducción literaria, que es otro mundo. Lo mismo se aplica a combinaciones rarísimas, para las que la máquina no se haya desarrollado tanto». En plantilla, más de 20 años

38. «Me gustaría que me hubieran contado cómo escribir esos correos que tienes que enviar a las posibles agencias o clientes. Nunca encuentro la manera justa de dar con la frase correcta. No sé si ser demasiado formal, si mostrar las tarifas desde el principio o qué hacer. Vaya, siempre te dicen que hay que buscar clientes por correo pero nunca cómo dirigirnos a ellos». Autónoma, 1-5 años

39. «Me hubiese gustado saber que al principio convenía esforzarme por averiguar y entender cómo funcionan las agencias de traducción y cómo se debe establecer un precio justo por el servicio. Lamentablemente, límites en la divulgación de este tema en foros profesionales, sumado a la falta de instrucción acerca de este tema en escuelas de traducción, generalmente lleva a los jóvenes traductores a convertirse en presa de agencias depredadoras que no valoran el trabajo de los profesionales. También me hubiese gustado descubrir un poquito antes lo valioso que es especializarse, en lugar de aceptar todo tipo de traducciones». Autónoma, 16-20 años

40. «Me habría encantado que me contasen que tengo que empezar a moverme desde que estoy en la carrera con presencia en redes, haciendo contactos profesionales o siendo miembro de asociaciones profesionales. Que alguien me hubiera hablado de opciones de voluntariado como Translators Without Borders o los voluntariados en línea de la ONU. Considero que están muy bien para empezar, ser capaz de acostumbrarte a fechas de entrega, volúmenes altos de palabras, varios proyectos a la vez, etc. También me hubiera gustado no tener profesores que me dijeran que NO se puede vivir de la traducción y muchísimo menos de la interpretación, que no íbamos a llegar nunca a ser intérpretes o cosas así. Tampoco me hubiera gustado encontrarme con docentes que me dijeran que cobrar una económica a 11 céntimos la palabra era de locos, que había puesto un precio excesivamente caro y que nadie me iba a pagar eso. Me hubiera gustado haber tenido acceso a más charlas y talleres por parte de profesionales, con precios razonables para estudiantes (que en muchos casos no tenemos ningún ingreso salvo con lo que nos ayudan nuestros padres) y que nos acercasen la realidad de la traducción y la interpretación de la mano de personas que están trabajando en el sector, viven la realidad del día a día y conocen bien cómo funciona». Autónomo, 1-5 años

41. «Lo que más, lo que más, lo que más… Que alguien me hubiera abierto los ojos mucho antes para decirme que se trabaja y vive mucho mejor como autónoma que como asalariada. En fin, supongo que las cosas suceden cuando tienen que suceder, pero me da cierta rabia haber tardado tantos años en establecerme por mi cuenta y haber perdido (en parte) el tiempo sacando adelante el negocio de otro a cambio de una remuneración muy discutible y unas posibilidades de promoción casi nulas. De todo se aprende, no obstante, y entiendo que aquel arduo camino por cuenta ajena fue el que me trajo hasta aquí… ¡y aquí me quedo!». Autónomo, 11-15 años

42. «Lo importante que es hablar con el cliente sobre el texto: qué es, para qué lo quiere, pues eso será determinante en el proceso de traducción. Y junto con eso, que el cliente esté dispuesto a profundizar en su explicación, y a responder otras preguntas que puedan surgir mientras se hace la traducción». Autónoma, más de 20 años

43. «Que ser traductor autónomo es el mejor trabajo del mundo. Tienes tus propios horarios, puedes decir que no a las traducciones que no te gustan, tú eres tu propio jefe. Anteriormente he trabajado como traductor en plantilla y la diferencia es impresionante. También he trabajado en otros sectores y sé de lo que hablo». Autónomo, más de 20 años

44. «Las tarifas mínimas para que sea una profesión rentable y que las tarifas tienen que permitirte tener un plan de pensiones, ahorro, previsión, buena cobertura social, etc.». autónomo, 11-15 años

45. «Me gustaría que me hubieran contado, por ejemplo, el abismo que existe entre la calidad de recién licenciada (a pesar de las matrículas de honor) a lo que se pide en el mercado. Me habría sido más fácil. Saber que ese aprendizaje era normal y necesario. Además, esto de no parar nunca de aprender es estupendo». Autónoma, 11-15 años

46. «No meter tanto miedo con ser autónomo, pero habernos explicado nociones básicas de las obligaciones que tenemos con Hacienda. También recalcar la importancia del gestor». Autónoma, 1- 5 años

47. «La longitud “máxima” que puede tener una prueba de traducción, cuándo empieza a ser sospechosa una prueba demasiado larga…». Autónoma, 1- 5 años

48. «Cómo defender y argumentar decisiones de traducción y a aceptar críticas también. Hacer correcciones para ver cómo se puede aprender de ellas. Y, sobre todo, que nadie te dice la parte comercial que hay que hacer, nadie te forma, ni te da recursos. Y eso es fundamental». Autónomo, 6-10 años

49. «Que está prohibido hacer descuentos, pues se malacostumbran los clientes. Aunque se tratara de uno de los primeros encargos de nuestra vida, todas esas horas de esfuerzo deben ser recompensadas plenamente. La única excepción es que fuera un encargo para una ONG, allí sí podría considerar incluso no cobrar». Autónomo, 1-5 años

50. «Que esta es la profesión más bonita del mundo, así habría comenzado antes». Autónomo, 11-15 años

51. «Que no me bajara los pantalones. Me explico: hay que practicar tarifas altas lo más pronto posible. ¡Desde que he subido mis tarifas, tengo más clientes! Tiene su lógica: ofrecer precios atractivos también deja pensar que uno tiene poco trabajo y no es tan bueno como los demás…». Autónomo, 6-10 años

52. «Me habría gustado que no me hubieran hecho creer que podría trabajar desde donde quisiera y con el horario que quisiera. En la práctica, y a menos que tengas la suerte de trabajar siempre con encargos muy grandes y plazos generosos, te toca «sincronizarte» en cierto modo con el horario de tus clientes». Autónoma, 6-10 años

53. «Que no son imprescindibles las redes sociales, que cada vez que una empresa cambia de Project Manager cabe la posibilidad de que tarden un tiempo en volver a mandarte trabajo». Autónoma, 1-5 años

54. «Que hay que comenzar a formarse en una especialidad incluso antes de terminar la carrera, porque esas especialidades son las que te salvan la vida y te ayudan a conseguir un buen trabajo (por lo menos, ese es mi caso a día de hoy). Además, también me habría gustado que me dijeran que, aunque te contraten para una rama de la traducción específica, muchas veces acabas traduciendo otro tipo de documentos que no tienen nada que ver con ella… Y que tener un tercer idioma, por mucho que insistan con que es imprescindible, muchas veces no se pone en práctica tanto como para compensar el esfuerzo realizado en aprenderlo para tener «más salidas»». Autónoma, 1-5 años

55. «Que sí hay trabajo, pero que tienes que ser constante y perseverante. Tener mucha paciencia y saber que es un trabajo de fondo y que parte de tu trabajo es buscar trabajo». Autónomo, 1-5 años

¿Qué te han parecido? ¿Ejerces de traductor y quieres matizar algo o aportar tu opinión? ¿Eres estudiante y tienes alguna duda? ¡Te espero en los comentarios!

Ojalá me hubieran contado que…

20 miércoles Mar 2019

Posted by enlalunadebabel in Aprendizaje, Cuestiones laborales, Vida traductoril

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aprender a traducir, cómo ser traductor autónomo, cómo traducir profesionalmente, dudas del traductor principiante, realidad traductoril

Decía hace un tiempo que a traducir aprendemos traduciendo y equivocándonos. El tiempo nos curte como persona y, evidentemente, también como profesionales. Por eso, hace un tiempo lancé esta pregunta «¿Qué te gustaría que te hubieran contado de esta profesión antes de empezar a ejercerla?».

Hasta la fecha, 120 personas de perfiles muy diversos (autónomos y en agencia, traductores audiovisuales y editoriales, transcreadores, correctores…) la han contestado y hoy os presento aquí algunas de estas respuestas. Dejo abierta la encuesta por si aún os queréis animar y seguiremos con más aportes en la próxima entrada.

Las respuestas no siguen ningún orden en concreto, van numeradas por si queréis hablar de ellas en los comentarios y las negritas son mías. Como veréis, hay muchas de cal y otras tantas de arena. (Ya que estamos, ¿cuál se supone que es la buena, la cal o la arena?) Esta entrada está pensada para debatir y dialogar sobre la profesión, que considero muy enriquecedor, así que no os cortéis. Y, de nuevo, gracias de corazón a todos los que habéis participado.

Empezamos…

  1. «Puff, tantas cosas. Me hubiese gustado saber que no pasa por preguntar al PM, que por muchas dudas que les plantees (dudas razonables, claro) no va a pensar que eres un mal traductor. Es mejor preguntar que entregar una chapuza. Eso sí, no mandes correos cada cinco minuto. Si tienes muchas dudas, intenta condensarlas en un solo email». Autónoma, 1-5 años
  1. «Que es mejor llegar a la carrera de Traducción ya curtida. Que es ideal como segunda carrera o después de haber trabajado unos años. Que hace falta una madurez que pocas veces se tiene a los 18». Autónoma, 16-20 años
  1. «Que otros traductores no te van a ayudar con nada al principio porque te ven como un peligro». Autónomo, 6-10 años
  1. «Lo que hay que hacer cuando tu cliente (particular, agencia, editorial…) no te paga dentro del plazo establecido y qué hacer de cara a tu cliente si te pones enfermo y no puedes trabajar». Autónoma, 1-5 años
  1. «Me hubiera gustado que me informaran mejor sobre las tarifas, las gestiones para hacerse autónomo, las salidas laborales (por ejemplo, no tenía ni idea de que podía ser gestor de proyectos) y las asociaciones que hay y sus funciones dentro del sector». Autónomo, 1-5 años
  1. «¡Muchas cosas! Cómo preparar un buen CV como traductora, cómo buscar clientes directos y sobre todo no desanimarse como profesional en este sector. Muchos profesores nos lo vendían como algo imposible y con mucha competencia». Autónoma, 6-10 años
  1. «Cómo preparar presupuestos. Que existe un mundo laboral para la traducción mucho más interesante y vasto que el de la traducción pública. Tecnología aplicada a la traducción. ¡En la facultad no vimos nada de nada sobre tecnología y ahora solo ven Omega3! Diversificación y especialización. Que se puede vivir de la traducción y muy bien. Los profesores en la facultad solo repetían: “Todos quieren estudiar el traductorado pero después terminan siendo profesores porque no encuentran trabajo de traducción”». Autónoma, 11-15 años
  1. «Elaboración de un CV y proceso de búsqueda de empleo; fiscalidad para autónomos (desde cero, o sea, en qué consiste ser autónomo y qué implica, trámites…); tarifas… Quizás mi respuesta sea muy general, pero creo que refleja que no tenía ni idea de cómo empezar en esto cuando terminé la licenciatura». Autónoma, 6-10 años
  1. «Las relaciones interpersonales (con los clientes y con los compañeros de profesión) son tan importantes como labrarse un buen currículum. A veces, incluso más». Autónomo, 11-15 años
  1. «Cómo defender y argumentar decisiones de traducción y a aceptar críticas también. Hacer correcciones para ver cómo se puede aprender de ellas. Y, sobre todo, que nadie te dice la parte comercial que hay que hacer, nadie te forma, ni te da recursos. Y eso es fundamental». Autónomo, 6-11 años

  1. Temas de fiscalidad: cómo darse de alta de autónomo, cuándo es necesario que me dé de alta, qué categoría profesional me toca si estoy en plantilla, qué herramientas tengo que saber usar, cómo es el trabajo en plantilla y cómo es siendo autónomo, cómo negociar tarifas/sueldo». En plantilla, 1-5 años
  1. «Tuve la suerte de licenciarme en la época dorada de los blogs y las conferencias de traducción: en aquel momento había muchísimo intercambio de ideas y un montón de información útil, así que me ha costado encontrar algo para lo que no estuviera demasiado preparada mentalmente. Aunque a veces escuchar las experiencias de otros no baste para evitar cometer sus mismos errores, sí que te puede ayudar muchísimo a tenerlos presentes y huir de ellos más pronto que tarde. Además, he sufrido pocos de los problemas a los que se enfrenta la mayoría de la gente al empezar, que suelen ser bastantes, por desgracia. Algo de lo que creo que durante mucho tiempo no hablamos lo suficiente es de la necesidad de bajar un poco el ritmo cuando ya llevas unos años en esto o, mejor dicho, de no forzarnos a estar siempre en activísimo solo por el miedo a perder el impulso. Creo que es muy sano darse un respiro de vez en cuando, y no hablo de disfrutar merecidamente de unas vacaciones, sino de encontrar una semana de paz sin mucho (o nada) de trabajo para analizar si estamos cómodos con nuestra situación laboral. Y no solo se trata de buscar clientes con la barriga llena, como se suele decir, sino de construirte una imagen más amplia de tu recorrido y de hacia dónde quieres (o puedes) ir. A veces nos atrapamos tanto a nosotros mismos en la rutina que podemos llegar a perder de vista por qué nos dedicamos a esto. Me gustaría haber oído más voces tranquilizadoras que contaran que no hay por qué tener miedo a cambiar si las cosas no son como esperabas: de clientes, de especialidad o de profesión, incluso. Los traductores tendemos a ser muy exigentes, y quizás a quienes más presionamos muchas veces es a nosotros mismos». Autónoma, 6-11 años
  1. «No quiero decir que haya tenido experiencias demasiado malas, pero me hubiera gustado saber que ser traductor no quiere decir que de entrada podés traducir un catálogo de partes de autos si no sabés nada del tema, que no es lo mismo trabajar para agencias que para clientes directos (ventajas y desventajas de cada caso y las consabidas TARIFAS) y aunque sea una orientación sobre dónde buscar información confiable sobre los temas que nos afectan a los traductores». Autónoma, 6-10 años
  1. «La contabilidad del autónomo especialmente. Pero también lo que tardan en pagarte las dichosas facturas… y lo que tienes que perseguir a los clientes para que lo hagan, como si estuvieses mendigando algo que debería darse por hecho. Se podría hacer un experimento con un traductor autónomo que nunca insiste en ningún pago y ver cuánto gana al año versus cuánto debería haber ganado. Yo apuesto que ni la mitad». Autónoma, 1-5 años
  1. «La realidad del sector, esencialmente. Está bien que en la carrera te metan tanta práctica, porque creo que de verdad te enseñan a traducir. Cuando empecé a hacerlo profesionalmente me di cuenta de que la universidad me había enseñado técnicas que de otro modo hubiera conseguido a fuerza de porrazos, pero una charla sobre realidad no hubiera estado mal. En mi caso ni siquiera sabía que era prácticamente imprescindible ser autónoma ni sabía nada sobre facturar. Tampoco sabía cómo ni por dónde empezar a buscar trabajo y a moverme por el mundillo. No sabía ni qué tarifas pedir (y ojo, entiendo que es una profesión libre y el hermetismo al respecto, pero lo más útil que me podrían haber dicho es «menos de X te están timando»). Recuerdo a profesores reírse cuando preguntábamos por tarifas y dejarnos sin respuesta y con cara de bobos. En el caso de editorial, me hubiera gustado que me hablaran de contratos, de tarifas, de cómo funciona una editorial. Pero sobre todo de los derechos de autor, qué son, cómo nos afectan, cómo podemos ejercerlos, qué implican». Autónomo, 6-10 años
  1. «Me habría gustado saber que se puede ser un buen traductor sin necesidad de la carrera de TeI, que a pesar de esto la formación continua es indispensable, que hay que tener la mente muy abierta porque es una profesión que cambia casi a diario, y que hace falta muchísima perseverancia para tener cierta estabilidad». Autónomo, 11-15 años

17.

«1) Guarda dinero en los tiempos buenos para cuando lleguen los malos
2) Hay veces que es mejor perder un cliente o un socio que perder la salud, la tranquilidad o la reputación
3) Aprende. Aprende siempre». Autónomo, más de 20 años

  1. «Que para poder vivir como una persona iba a tener que facturar el triple de lo que necesito porque la fiscalidad y Hacienda iban a ser mis peores enemigos». Autónomo, 6-10 años

  1. «Yo ya tenía experiencia previa montando empresas, así que sabía que no iba a ser nada fácil. Empezar desde cero sin que nadie te conozca es complicado y hay que echarle mucho valor, paciencia y cara para encontrar los primeros clientes. Las andaduras en solitario suelen ser muy difíciles y es necesario tener un «colchoncito» para poder ir tirando los primeros meses hasta poder abrir las alas y echar a volar. A lo largo de este tiempo, he encontrado muy buenos compañeros de profesión que no dudan en ayudarte siempre que tienen la oportunidad. Pero por desgracia, también he visto cómo clientes (agencias, clientes particulares e incluso compañeros) intentan abusar de tu tiempo y de tu esfuerzo (desprestigiando a veces tu trabajo) para obtener el máximo beneficio. Desafortunadamente, durante la carrera y el máster, los profesores te cuentan qué bonito es el mundo de la traducción, pero muy pocos conocen la realidad de la industria. Todo el mundo es muy optimista hasta que sale de la burbuja y se topa con el mundo real. Eso es lo que me hubiera gustado que me contasen: que hay cosas buenas y malas, cosas fáciles y difíciles, que hay que dar la cara, darse a conocer (y a valer) y que también lleva tiempo entrar y consolidarse en este mundillo en el que siempre tenemos cosas por aprender». Autónoma, 6-10 años
  1. «Me gustaría que, desde el primer momento, me hubieran dicho lo importante y lo útil que es formar parte de una asociación profesional». Autónomo, 6-10 años
  1. «1) Que cada agencia utiliza una terminología distinta para los mismos servicios y peticiones que te hacen; 2) Cómo darse de alta, hacer plantillas de facturas incorporando tarifas y estadísticas de CAT para distintos clientes y, en definitiva, llevar tu contabilidad de forma EFECTIVA; 3) Que a veces ocurren desastres y no es el fin del mundo, aunque te lo parezca en ese instante. No es ni el fin del mundo ni probablemente el de tu carrera profesional». Autónoma, 11-15 años
  1. «Echo de menos tener más conocimientos filológicos. Aunque he leído mucho por mi cuenta y soy consciente de que sé escribir bien, dejé de estudiar gramática y literatura en el bachillerato. Y lo noto mucho en ocasiones. También echo de menos no saber nada de latín ni de griego. Me estoy planteando muy seriamente estudiar una filología para colmar esas lagunas». Autónoma, más de 20 años
  1. «Aunque yo accedí directamente al segundo ciclo de la licenciatura de Traducción e Interpretación (año 2009) y quizá mi experiencia no sea comparable a la de aquellas personas que han hecho 4 o 5 años, lo que eché mucho de menos (aunque en ese momento quizá no fuera consciente) es que se tratara la visión más económica y empresarial de la traducción.En realidad es un mal de la mayoría de las carreras universitarias, por no decir de todas: no se llegan a aplicar los conocimientos teóricos a la realidad laboral. Me hubiera gustado que me hablaran de cómo está organizada la industria: cómo funciona una agencia de traducción, qué puestos existen, qué fases tiene la gestión de un proyecto, qué es un control de calidad, qué hay que tener en cuenta como autónomo a la hora de rentabilizar tu trabajo (productividad, plazos, impuestos, etc.), cómo hacer un plan de desarrollo como autónomo, cómo prospectar clientes, cómo elaborar un plan de marketing básico, qué documentación es necesaria para presentarte ante un cliente potencial…En resumen, nadie dice que las máximas de Grice no sean interesantes y que, por supuesto, la gramática, la pragmática y la semántica no sean imprescindibles para ser bueno en tu trabajo, pero para poder vivir de ello también te hace falta otra serie de habilidades que al final tienes que aprender sobre la marcha, una vez ya metido en harina… :-)». Autónoma, 6-10 años
  1. «Que 30 años después seguiría costando Dios y ayuda ganarse la vida con cierta dignidad traduciendo libros». Autónomo, más de 20 años
  1. «Me hubiera gustado que en la carrera me hubiesen hablado más del mundo laboral: de los plazos de entrega reales; cómo se cuentan (y se pagan) las palabras; cómo facturar; encargos con exigencias parecidas a las de un cliente real (adaptar el texto a una situación concreta); ver en más profundidad el tema de la revisión de textos y traducciones; aprender a usar ciertas funciones de SDL Trados. Entiendo que la carrera solo es una base sobre la que construir al terminarla y que no es posible verlo todo antes de empezar a trabajar. Sin embargo, sí que creo que es imprescindible hablar de asuntos prácticos con los que nos encontramos los traductores autónomos en el día a día, que al fin y al cabo es la opción profesional más concurrida entre los egresados». Autónoma, 1-5 años

***

Y por hoy lo dejamos aquí. La semana próxima volvemos a la carga con más. ¿Qué os ha sorprendido? ¿Coincidís o discrepáis con alguna de las opiniones? ¡Espero vuestros comentarios!

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