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El universo en una palabra (y cómo traducirlo)

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La Doctora Louise Banks, el personaje de Amy Adams en Arrival, le pedía al coronel Weber que le preguntara al otro experto en lingüística la palabra y significado de «guerra» en sánscrito y así valorar su idoneidad para el trabajo. El otro experto respondió que la palabra era gavisti y significaba «discusión». En realidad, gavisti significaba «el deseo de más vacas».

Pues sí, al parecer, en sánscrito védico, la palabra designada para el concepto «guerra» era gavisti, que literalmente significa «la búsqueda de las vacas» o, con la misma idea, el «deseo de tener más vacas».

Cuentan las referencias históricas que la casta guerrera (Kshatriyas) de cada tribu tenía la función de no solo promover y llevar a cabo la adquisición de bovinos criados por otras tribus, sino también debían velar por la protección de los animales que pertenecían a su propia tribu. De hecho, los Kshatriyas se conocen también como «los protectores de las vacas». Esa protección significaba desarrollar estrategias de ataque y defensa, así como el entrenamiento y equipamiento de lo que hoy denominaríamos un ejército o equipo de personas debidamente preparadas para ese fin.

Queda claro así por qué la palabra védica para la guerra fuera gavisti, que literalmente significa «la búsqueda de las vacas», dado que esta acción en sí misma significaba una guerra por su posesión y cuidado.

¿Es gavisti una palabra llena de significado? Lo es y encierra un concepto maravilloso (lo de querer más vacas, no la guerra en sí). ¿Y es intraducible? No, queda patente que no, que hemos encontrado la forma de traducirla literal y metafóricamente. Y de eso hablamos hoy:

Las palabras y sus secretos ¿indescifrables?

¡Ah, palabras!  Ese conjunto de letras que dan vida a una idea o una imagen que se proyecta en el telón de nuestra mente. Una palabra es un universo mismo, con su sonoridad y su belleza (o no) que evoca una realidad al pensamiento y que, en ocasiones, nos resultará difícil reconocer si viene encriptada en otro idioma. Dicen que si Dios no hubiese derribado la Torre de Babel, hoy hablaríamos una lengua universal y no existirían fronteras gramaticales y literarias.

Lo cierto es que el universo que encierra cada palabra es único para cada lengua y por lo mismo existen palabras que parecen intraducibles para otros idiomas. ¿Por qué digo «parecen»? Pues porque, paradójicamente, todas estas palabras que parecen intraducibles —en los innumerables artículos que se escriben sobre el tema, para empezar—, acaban teniendo traducción cuando, por ejemplo, se da una explicación de su significado o se escribe una paráfrasis.

Entonces, ¿qué es y qué supone la intraducibilidad? Según recoge la Wikipedia, la intraducibilidad es una propiedad de un texto, o de cualquier otro acto de habla, en un idioma, para el cual no existe un texto o acto de habla equivalente a su traducción en otra lengua.

«Los términos no son ni exclusivamente traducibles ni exclusivamente no traducibles; sería más acertado decir que el grado de dificultad de su traducción depende de su naturaleza, así como del conocimiento del traductor de las lenguas origen y meta en cuestión. A menudo un texto o un acto de habla que se considera “intraducible” es en realidad una “laguna léxica”, es decir, no hay una equivalencia unívoca entre la palabra, expresión o giro en la lengua origen y otra palabra, expresión o giro en la lengua meta. No obstante, un traductor puede recurrir a un gran número de estrategias de traducción para solventar este problema.»

Por eso, diría que la gran mayoría de las veces, estos artículos sobre palabras intraducibles recogen términos que no tienen una correspondencia 1 a 1 (a una palabra en idioma X, una sola palabra en idioma Y) y que tienen un significado tan preciso, tan exacto, que parece imposible reproducirlo sin perder ningún matiz. Pero eso no siempre es verdad. Por ejemplo, la palabra pålegg en noruego significa «cualquier cosa que le puedes poner al pan». Eso ya es una traducción y, además, me pregunto: ¿no sería muy parecida a nuestro «companaje»?

Imagen de Lost in translation, libro de Ella Frances Sanders

He aquí algunas de estas palabras, que seguro que os suenan de haberlas visto en tantos de estos artículos:

  • Schilderwald (alemán): representa una calle en la que hay tantas señales y letreros que, lo más seguro, es que puedas perderte.
  • Utepils (noruego): es la actividad de sentarse bajo la luz del sol y degustar una cerveza fresquita.
  • Culaccino (italiano): ¿Sabes cuando levantas una copa o un vaso y debajo queda la marca? Pues eso es precisamente lo que significa culaccino, la marca que queda de la base de una copa.
  • Kyoiku mama (japonés): se trata de la madre exigente con sus hijos para que sean eficientes en el estudio y saquen las mejores notas.
  • Chai-pani (hindi): consiste en entregar dinero, por lo general a un burócrata o funcionario, para agilizar el papeleo y conseguir que algo se haga pronto.
  • Fernweh (alemán): sensación que experimentas al añorar un lugar que nunca has visitado.
  • Pochemuchka (ruso): si eres de los que les encanta hacer muchas preguntas, esta sería la palabra que te definiría. En español sería algo así como preguntón (¿veis?, otra que sí tiene correspondencia 1 a 1).
  • Shlimazl (yiddish): se refiere a las personas que tienen mala suerte siempre.
  • Backpfeifengesicht (alemán): una de esas caras que, al verlas, te entran ganas de abofetear.
  • Waldeinsamkeit (alemán): atravesar un bosque en solitario y experimentar esa profunda sensación de paz con la naturaleza.
  • Won (coreano): insistencia de una persona a perseverar en algo que no es más que una ilusión y le llevará a la frustración.
  • Mamihlapinatapei (yagan): una mirada entre dos personas; las dos esperan que la otra comience una acción que ambas desean, pero que ninguna se anima a iniciar.
  • Gattara (italiano): ¿Te acuerdas de la vieja loca de los gatos de los Simpson? Esta es precisamente la palabra adecuada para definir a este tipo de mujer, que vive sola y a su avanzada edad, solo encuentra la compañía de gatos callejeros.
  • Schadenfreude (alemán): el placer que puedes llegar a experimentar ante la situación miserable de otras personas.
  • Age-otori (japonés): si después de ir a una peluquería ves que te ha quedado el pelo mucho peor de lo que estaba antes del corte, esta será la palabra idónea para describir tu frustración.
  • Ilunga (tshiluba): se trata de la persona que tiene el corazón lo suficientemente noble para perdonar los abusos o humillaciones de alguien por primera o segunda vez, pero para negarse por completo a una tercera agresión.
  • Gökotta (sueco): si te levantas muy temprano por la mañana para empezar el día cargado con la energía suave del canto de los pájaros, esta será la palabra adecuada para describir tu sensación.
  • Rire dans sa barbe (francés): aunque es un grupo de palabras más extenso, su significando es único, ya que implica el acariciarse la barba mientras se reflexiona sobre algo vivido en el pasado.

Si, además de su significado tan preciso y alegórico, acompañamos las palabras de unas ilustraciones tan bonitas como las de Marija Tiurina, entendemos algo más el éxito de estas llamadas palabras y expresiones intraducibles, ¿verdad?

En realidad, me atrevería a decir que el supuesto problema que tenemos ante estas palabras ocurre al traducir en general. Al pensar en qué palabra va mejor en qué frase y cómo trasvasar correctamente el sentido de un texto en otro idioma.

¿Cómo nos enfrentamos a la intraducibilidad en un texto?

Si todo o casi todo se puede traducir, ¿qué estrategias podemos usar? Veamos las más importantes. Para no hacerlo demasiado teórico, recurro a varias fuentes y daré simplemente una pincelada para que se entienda. El blog tiene sus limitaciones y la teoría de la traducción es muy extensa, aviso.

1. Adaptación 

Uso de palabras o expresiones totalmente distintas entre una lengua y la otra, para que resulten más familiares al lector. Por ejemplo, en Las aventuras de Tintín, el nombre del perro de Tintín, Milou, se traduce como Snowy en inglés, Bobbie en neerlandés, Kuttus en bengalí y Struppi en alemán; de la misma manera, los detectives Dupont et Dupond se convierten en Thomson and Thompson en inglés, Jansen y Janssen en neerlandés, Jonson y Ronson en bengalí, Schultze und Schulze en alemán, Hernández y Fernández en español, 杜本 y 杜朋 (Dùběn y Dùpéng) en chino, Dyupon y Dyuponn en ruso y Skafti y Skapti en islandés.

La adaptación se usa a menudo para traducir poesía, obras de teatro y publicidad.

2. Préstamo

Un préstamo consiste básicamente en la no-traducción y utilización exacta del término en la lengua meta. Un ejemplo sería: «Los hackers atacaron el sitio de la empresa». Normalmente, los préstamos que no están adaptados en la lengua meta se suelen escribir en cursiva.

3. Calco

El calco o calco léxico consiste en la creación de neologismos a partir de un término extranjero. Un calco léxico es el chilenismo «cachar», derivado de la palabra to catch, comprender, con el mismo significado.

Este calco es un tipo especial de préstamo que no imita la entidad fonética material (significante) del modelo extranjero, sino otros dos aspectos más internos: el esquema o construcción morfológica (ej.: inglés sky-scraper → rascacielos) y la significación (ej.: el francés mirage → espejismo, a partir del significado del francés miroir, «espejo»).

4. Transposición

La transposición consiste en traducir una palabra cambiando su categoría gramatical:

  • Comme nous racontions à Paul, en riant, la haine du propriétaire et le raout des Marin, il nous proposa, mis en verve, sa garçonnière de Paris. → Cuando le referimos, risueños, el odio del propietario y el convite de los Marin, nos ofreció, entusiasmado, su garçonnière en París.

5. Compensación

La compensación es un procedimiento de traducción que consiste en solucionar los problemas de traducción del texto origen que no pueden trasvasarse con la misma forma a la lengua meta sustituyéndolos por otros elementos o formas en el texto meta.

Por ejemplo, muchas lenguas poseen dos formas pronominales, tanto en singular como en plural, para expresar la segunda persona, una informal y otra formal. Esto se conoce como fórmulas de tratamiento, y se encuentra por ejemplo en lenguas como el francés (tu vs. vous), el español (tú/vosotros vs. usted/ustedes), el alemán (du/ihr vs. Sie) o el italiano (tu/voi vs. lei), pero no en el inglés contemporáneo. De ahí que al traducir un texto de una de estas lenguas al inglés el traductor probablemente tenga que compensar esta carencia utilizando un nombre de pila o un apodo, utilizando contracciones propias del inglés informal (I’m, you’re, gonna, etc.) o utilizando vocabulario de un registro lingüístico más o menos formal.

6. Paráfrasis

La paráfrasis o perífrasis es un procedimiento de traducción en el que el traductor reemplaza una palabra del texto origen por un conjunto de palabras o una expresión en el texto meta. Por ejemplo, la palabra portuguesa saudade frecuentemente se traduce al inglés como the feeling of missing someone who is not in a place: sentimiento de echar de menos a alguien que no está. Otro ejemplo, similar al saudade es dor en rumano, que se traduce al inglés como the feeling of missing someone who is gone or the needing of something which is not available in that moment: echar de menos a alguien que se ha ido o necesitar algo que no se encuentra disponible en un momento determinado.

Un ejemplo de intraducibilidad en este caso es la palabra holandesa gezelligheid, que no tiene un equivalente en inglés ni en español, aunque a veces se utiliza la palabra alemana Gemütlichkeit (comodidad). Literalmente es un ambiente acogedor, amigable y agradable, pero también puede connotar un tiempo pasado con los seres queridos, el hecho de ver a un amigo después de mucho tiempo, la amigabilidad y extroversión de una persona o un sentimiento general de unidad.

Este tipo de vacío en una lengua puede llevar a introducir préstamos de la lengua de partida (emisora) en la de llegada (receptora).

7. Nota del traductor

Una nota del traductor (N. del/de la T.) es una nota, por lo general al pie o a final de página, añadida por el traductor en el texto meta para proporcionar información adicional sobre la traducción, sobre un referente cultural o cualquier otra explicación.

En algunos exámenes de traducción se permiten o incluso se piden estas notas. Algunos traductores consideran que tener que recurrir a ellas supone un fracaso en la traducción. En traducción editorial, por ejemplo, poder usar o no notas de traducción viene determinado por la editorial misma.

8. Neologismo

Otra posibilidad ante una palabra que no tenga traducción directa es recurrir a un neologismo. Pasa muy a menudo en el caso de palabras inventadas por un autor en una novela de género fantástico, por ejemplo. En este caso habrá que inventar algo en nuestra lengua.

Sirva de ejemplo el caso de los pajarillos que aparecen en Los juegos del hambre de  Suzanne Collins y que recogía hace un tiempo un artículo de El Periódico: «…dos aves imaginarias, que en el inglés original tendrían el nombre de jabberjay (creada por ingeniería genética y capaz de espiar y reproducir las voces de los humanos) y mockingjay (el cruce entre la primera y el famoso, y ese sí real, mockingbird)».

Pilar Ramírez Tello, la traductora al castellano, decidió seguir la pista al origen de los dos términos para encontrar el término. «Collins imaginó que el perverso Capitolio había creado un arrendajo charlatán (jabberjay), que describe oscuro y con cresta, más parecido al de Steller que al azul como se ve en una lámina que el perverso líder del Capitolio tiene en su despacho, en la que sin embargo aparece con un nombre más parecido a la denominación científica del arrendajo azul, y que la traductora convirtió en”charlajo”.

Y aquí entra el mockingbird. Este pájaro, el pájaro burlón, de colorido discreto y con capacidad de imitar unas 200 voces, sí existe, y es conocido en América Latina como sinsonte […]. Así que, si a la hora de cruzar un mockingbird y un jabberjay, Collins inventó el mockingjay, en la traducción al castellano del sinsonte y el arrendajo nació el sinsajo, el pájaro híbrido que ya no podía imitar voces humanas, solo cantos, que dejó de ser utilizable como espía y que por lo tanto es elegido como símbolo por la resistencia».

¿Qué se hizo en catalán? «El nombre del sinsonte en catalán es “mim”. Y el del arrendajo, “gaig”. Así que si el traductor, Armand Carabén, hubiese seguido la misma senda que su colega, el resultado habría sido un “Mimgaig”. Terribe (sic). Así que decidieron inventar un nombre desde cero. Y el elegido fue “muntagarlaire”».

Este caso es particular porque la saga de libros y películas ha tenido mucho éxito y el nombre del pájaro daba nombre a una de las películas, pero no es infrecuente tener que recurrir a la inventiva cuando traducimos. Recuerdo una novela en la que la mejor amiga de la protagonista se inventaba insultos para el novio de la prota jugando con su nombre, Dillon (sí, se llevaban fatal). Tuve que darle bastantes vueltas para encontrar palabras que sirvieran, como por ejemplo Dillipollas.

Conceptos y pensamientos únicos

Más allá de la (in)traducibilidad, algo que me encanta de los idiomas es que cada uno tiene su particular manera de ver el mundo por su cultura, su contexto social, su historia, etc. Por ejemplo, ¿habéis pensado alguna vez en la gran cantidad de refranes en español que tienen que ver con la religión? Un «no es santo de mi devoción» que, al traducirlo al inglés, habrá que echar mano de algo muy típico de su cultura: it’s not my cup of tea o «A quien madruga, Dios le ayuda», que sería the early bird catches de worm. O todas las expresiones relacionadas con el toreo que forzosamente deben traducirse de forma muy distinta a otros idiomas: torear a alguien, entrar por la puerta grande, echar un capote, entre muchas otras.

Y es que cada idioma tiene su forma de entender el mundo y se fija en un determinado aspecto para crear palabras y expresiones. Si os gustan estas cuestiones, no las llamadas palabras intraducibles, sino las palabras peculiares que existen en los demás idiomas, os recomiendo el delicioso librito The meaning of tingo, de Adam Jacot de Boinod (Penguin, 2005).

El autor recoge palabras de cientos de idiomas y las agrupa por temas. Por ejemplo, resulta curioso cómo deseamos suerte en varias lenguas. Hay expresiones tan dispares como mucha mierda, break a leg (rómpete una pierna, en inglés), Hals und Beinbruch en alemán (literalmente: rómpete el cuello y la pierna) o in bocca al lupo (un destino más funesto en italiano: entrar en la boca del lobo).

También podemos descubrir que, en persa, no tener descendencia es ser un fracasado, un abtar, que, literalmente, significa ser un cubo sin asa. Aunque, si tiene un hijo y le sale revoltoso, luego tenga que recurrir al gosh-pech, un castigo que consiste en retorcerle las orejas al chaval.

Y si nos pasamos con la bebida, descubrimos que nuestra resaca es at have tømmermænd en danés, que es como tener a los carpinteros en casa, por eso de escuchar un martilleo o un taladro, etc. En alemán es Katzenjammer, otro idioma que se centra en el sonido, en este caso, el de unos gatos pendencieros. En francés es avoir la gueule de bois, tener la boca de madera por lo seca que queda, algo parecido a cuando Ernesto Sevilla, vestido de Bocasecaman, decía lo de «tengo la lengua como un gatete».

En definitiva, cada idioma tiene su idiosincrasia y es algo que me chifla. Igual que los esquimales tienen un buen puñado de palabras para la nieve, los albaneses tienen muchas otras para hablar de sus bigotes y, en la Isla de Pascua, tienen varias para hablar del progreso y las etapas de un bebé: kaukau es cuando el recién nacido empieza a mover las manitas y los piececitos; puepue es cuando empieza a distinguir a las personas y los objetos; tahuri es cuando ya se mueve de un lado a otro; totoro es cuando empieza a gatear; mahaga es cuando puede tenerse en pie.

¿No son maravillosas las lenguas?

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Fuentes:

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Seguimos con las lecturas para traductores

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Ya ha pasado un tiempo desde las últimas recomendaciones de lecturas para traductores, lingüistas y frikis de la lengua en general que recogí en este primer artículo y en el segundo. Ahora que se acerca Sant Jordi, día del libro, es el momento ideal para recomendar algunos más.

En esta entrada, como siempre, te contaré de qué van (o cómo lo describe su autor o editor) y por qué me gustan. Y, además, te pondré algunos enlaces para comprarlos por internet si te es imposible acercarte a la librería del barrio.

Quiero empezar con una mención especial a Larousse, que de un tiempo a esta parte ha publicado libros de lo más variopinto sobre cuestiones lingüísticas y de traducción. Creo que hasta ahora no lo había publicado en este blog, pero hace un año salieron a la venta un par de deliciosos libritos sobre idioms y frases hechas en inglés y su traducción al castellano, y sobre falsos amigos.

  • When pigs fly es un libro escrito por Carmen G. Aragón y recoge un buen montón de frases hechas del inglés con su correspondencia en nuestro idioma. Como ya sabes, conocer estas frases y expresiones y saberlas usar en la forma y contexto adecuados nos dará una mayor naturalidad y fluidez en inglés y nos ayudará a traducirlas correctamente. Los dichos se dividen por temas (alimentos, animales, acciones, etc.) y se incluye un glosario con todos los idioms y sus traducciones.

Una de las expresiones típicas que se recogen.

  • Falsos amigos/False friends está escrito por servidora. ¡Siempre estaré en deuda con mi fantástica editora, M. José Simón, por la gran oportunidad! Igual que su hermanito, recoge las típicas expresiones, esta vez falsos amigos, que pueden torpedear nuestros textos, explica la etimología de dichas palabras y el posible porqué de los errores.

Ambos libros están ilustrados e incluyen ejercicios al final para practicar las expresiones aprendidas o repasadas en los libros.

¿Por qué me gustan? Obviando que uno lo haya escrito la menda, son libros muy amenos con los que siempre (y eso te lo garantizo) vas a aprender algo. Las ilustraciones son graciosísimas y poder practicar lo aprendido siempre es un buen extra.

Podéis adquirirlos en Amazon, en Casa del Libro, etc.

  • Palabras Mayores, de Alberto Gómez Font, Xosé Castro, Antonio Martín Fernández y Jorge de Buen (Vox/Larousse, 2015)

Según la descripción de los autores, es una reflexión sobre curiosidades de la lengua o fenómenos lingüísticos, organizada a partir de casos concretos que permiten ampliar el comentario a otras expresiones o palabras. Estas líneas de reflexión son:

• la relación entre norma y uso (atendiendo especialmente a usos que resultan genuinos aunque la norma no los contemple),
• la distorsión provocada por el permanente contacto con el inglés,
• los errores más frecuentes al escribir en papel y en soporte digital (siglas, símbolos, puntos suspensivos, etc.), y
• las variedades geográficas (desde geosinónimos, hasta uso de preposiciones).

Los cuatro autores nos acompañan a lo largo del libro.

¿Por qué me gusta? Porque la información es muy variada y se expone de una forma clara y amena. Y porque tiene los ingredientes necesarios para ayudar en la labor de cualquier traductor. De hecho, lo regalo siempre a los alumnos que tengo en prácticas.

Puedes encontrarlo en Amazon, Casa del Libro, etc.

Un libro muy entretenido en torno a las curiosidades de la lengua, o mejor dicho, de las lenguas. Elaborado por los integrantes del colectivo Molino de ideas, responsables, entre otras muchas iniciativas, de los encuentros Lenguando; este volumen es una caja de sorpresas y una fuente de sabiduría acerca de cuestiones tan variadas como las siguientes: los orígenes y la historia de la lingüística, la etimología, las palabras de otras lenguas, etc.

¿Por qué me gusta? Porque Elena es una todoterreno y te cuenta las cosas como nadie. Es un libro que puedes leerte en el orden que quieras y gracias al que siempre aprenderás algo nuevo.

Puedes encontrarlo en Amazon, Casa del Libro, etc.

El libro se estructura en seis capítulos que proponen un entrenamiento para mejorar las capacidades comunicativas tanto en el ámbito escrito como en el oral, partiendo de la reflexión sobre qué queremos comunicar, a quién y cómo para llegar a producir discursos y textos eficaces. Incluye también gráficos y esquemas para ilustrar o ejemplificar las diferentes situaciones que se plantean, así como ejemplos de malas y buenas prácticas.

Es un manual práctico y muy visual repleto de ejemplos recientes extraídos de los medios de comunicación, de internet, de la publicidad; y es interactivo porque con un solo clic ofrece enlaces a ejemplos prácticos así como una particular «caja de herramientas» con recursos varios.

Dilo bien y dilo claro da herramientas muy útiles para escribir y exponer lo escrito y ofrece trucos básicos pero eficaces como: «Una buena manera de armar tu discurso es comenzar a hablar de lo que más tarde pasarás a detallar. Ni más ni menos que eso» o «Una idea no debe extenderse más de un párrafo, y un párrafo no debe albergar más de una idea».

¿Por qué me gusta? Por todos los trucos que ofrece para redactar un texto (con algunos secretos de Word), escribir una presentación y hasta dar una charla. Todo lo que hay que saber para encandilar con nuestro atractivo textual. Ah, y lleva códigos QR para poder ver vídeos sobre las cuestiones de las que se habla.

Puedes encontrarlo a partir de esta misma semana en Amazon.

Otra manera de aprender Lengua, con respuestas a preguntas como estas: ¿Qué palabras parecen olvidadas, pero aún quedan como restos? ¿Cuáles hemos olvidado? ¿Cómo influyen otras lenguas en el español? ¿Cómo es el español alrededor del mundo? ¿Qué diferencias hay entre el español que hablamos cuando estamos en confianza y el español formal? ¿Qué relación existe entre el español hablado y el escrito? ¿Es verdad que hay palabras que se pueden pronunciar, pero no escribir? ¿Se pueden establecer reglas ortográficas para WhatsApp o Twitter?

Como si lo tuvieras delante, Juan Romeu te cuenta las cosas como (imagino) te las contaría con unas cervecitas y unas patatuelas. Además, te da trucos como los siguientes: «Para saber si a gusto se escribe junto o separado a mí me sirvió pensar que jamas escribiría a disgusto junto» o para diferenciar de parte y aparte «si se puede meter algo entre dos palabras (sin que cambie el significado), es que se escriben separadas. Según esto, como, al decir de parte de Juan, se podría decir de su parte, se puede saber que de parte se escribe separado. En cambio, como, al decir aparte de Juan, no se podría decir *a su parte (con el mismo significado), se sabría que aparte se escribe junto».

¿Por qué me gusta? Porque me encanta la etimología y descubrir palabras nuevas. Es ideal para curiosos de la lengua, vaya.

Puedes encontrarlo a partir de esta misma semana en Amazon, Casa del Libro, etc.

  • Guía práctica de neoespañol. Enigmas y curiosidades del nuevo idioma, Ana Durante (Debate, 2015)

El editor lo describe como una guía práctica, escrita con humor, que señala y corrige los malos usos instalados en nuestra lengua.

Desde hace unos años, el neoespañol se ha ido propagando a una velocidad inusitada. Es una lengua nueva y extraña que nace de la distorsión y el empobrecimiento de un español cada vez más olvidado. Su triunfo es imparable. Se cuela en nuestras casas a través de los libros y los medios de comunicación, la radio, la televisión o la prensa escrita, hasta que los hablantes, ignorantes del peligro, nos contagiamos y caemos atrapados en él. Palabras que sustituyen a otras fonéticamente similares, omisión o intercambio de preposiciones, abuso de los verbos comodín o sustitución de estos por otros absurdos…, y al final nace un idioma incomprensible para quienes todavía hacen uso del español.

Ana Durante, con mucho humor y otro tanto de resignación, ofrece una guía práctica de este nuevo idioma, da las claves para su comprensión y nos advierte del futuro al que nos condena. Documentado con multitud de ejemplos y ejercicios que nos invitan a pensar en la lengua y nos enseñan a estar alerta y a mejorarla, Guía práctica de neoespañol, enigmas y curiosidades del nuevo idioma es un tratado a la vez divertidísimo y sobrecogedor sobre el uso y la delirante transformación de la lengua en nuestros días.

¿Por qué me gusta? Porque recoge muchos errores de traducción tan arraigados que casi no sorprenden, pero que vale mucho la pena revisar para erradicar. Ofrece, además, unos ejercicios después de cada apartado para practicar lo expuesto. Es otro de los libros que suelo regalar a compañeros traductores y alumnos en prácticas.

Se vende en Amazon, Casa del Libro, etc.

  • La duda, el sentido común y otras herramientas para escribir bien, de Ramón Alemán (Libros.com, 2017)

La duda, el sentido común y otras herramientas para escribir bien es una recopilación de artículos, rigurosos pero también divertidos, sobre el buen uso del idioma español. Es el mejor lugar para encontrar soluciones a los problemas con los ex (y con cualquier otro prefijo), para aprender a escribir una carcajada, conocer los secretos de la bohemia coma o acertar con las mayúsculas. Es también el escenario ideal para citarse con «los guardianes de la lengua» y poner en práctica nuestra capacidad de dudar.

¿Por qué me gusta? Porque me gusta cómo escribe Ramón, tras haber leído su libro Lavadora de textos —también el nombre de su blog—, y cómo explica los puntos ortográficos más relevantes.

Disponible en Amazon, Casa del Libro, etc.

  • Manual de escritura académica y profesional (Vol. I). Estrategias gramaticales y Manual de escritura académica y profesional (Vol. II) Estrategias discursivas (Estrella Montolío, Ariel letras, 2014)

Un curso completo de escritura al alcance de todos. El primer volumen está dedicado a las estrategias gramaticales y centra su atención en materias como acentuación, la corrección de textos, el léxico, la planificación, una nueva versión adaptativa del párrafo, la puntuación, la cohesión textual y las estrategias para mantener un estilo de escritura objetivo en los textos académicos y profesionales. En el segundo volumen se hace una propuesta orientada hacia las estrategias discursivas que expanden y enriquecen nuestra concepción de la escritura y de sus usos actuales.

¿Por qué me gusta? Porque son dos manuales completísimos que, como traductores, pueden ayudarnos a escribir mejor. Podemos repasar locuciones preposicionales y aprender a evitar queísmos y dequeísmos y a llevar cuidado con los parónimos, entre muchos otros. Además, viene repleto de ejercicios para practicar.

Puedes comprarlos en Amazon, Casa del libro, etc.

  • Traducir para niños, de Riita Oittinen y traducido por I. Pascua y G. Marcelo (Servicio de publicaciones de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, 2004)

Este volumen se centra principalmente en cuestiones teóricas relacionadas con la traducción de libro para niños. Es una magnifica fuente de referencia puesto que, además de tratar sobre la propia cuestión de traducción, da a conocer temas relacionados con la filosofa de la literatura infantil.

¿Por qué me gusta? Porque es novedoso en cuanto a enfoque y aborda un tema que se ha tratado relativamente poco.

Disponible en Amazon, Casa del Libro, etc.

  • Anécdotakes, de Salvador Aldeguer (Editorial Círculo Rojo, 2017)

Por fin alguien aclara y desvela aspectos, trucos, secretos, anécdotas y curiosidades de la siempre controvertida profesión del doblaje cinematográfico y de series de televisión. Un libro escrito para el espectador que no se ha planteado qué hay y quiénes están detrás del doblaje de una película. Un homenaje a todos los profesionales implicados en el apasionante proceso de poner voces y compartir emociones a través de los personajes de la pantalla.

Una guía imprescindible para todas esas futuras estrellas del atril que se encuentran en su periodo de aprendizaje. Y, lo más importante, escrito en su totalidad en versión original y sin subtitular.

¿Por qué me gusta? Porque me encanta descubrir lo que pasa entre bastidores de cualquier profesión y la del doblaje me parece muy atractiva. Aldeguer empieza con la historia del doblaje y también aborda la traducción para doblaje y la censura, un tema apasionante.

Disponible en Amazon, Casa del Libro, Editorial Círculo Rojo.

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¡PRIMICIA!

El 27 de abril sale mi nuevo libro con Larousse/VOX, Flash Grammar, y ya puedes encargarlo por aquí. Si eres traductor o filólogo inglés tal vez no te cuente nada nuevo (no te voy a mentir), pero sí es un libro recomendable para estudiantes y todos los que deseen repasar la gramática básica, intermedia y un poquito más avanzada.

Mi nuevo pequeñín es un manual muy práctico para entender de un vistazo las dificultades gramaticales más típicas del inglés. Cada página responde a una duda, que se muestra mediante una infografía clara y sencilla con las cuestiones principales, a toda página; ejercicios y pasatiempos para practicar el tema de forma amena; las soluciones a pie de página, volteadas; y notas con explicaciones adicionales, cuando es necesario.

Los temas se presentan con un orden progresivo, que van desde el nivel A1 hasta el B2. Al final de cada nivel se ofrecen unas cuantas páginas de ejercicios y pasatiempos, con las soluciones en cada página, para repasar lo aprendido hasta ese momento.

Y ahora sí, termino por hoy. Sea como sea y elijas el libro que elijas, ¡feliz lectura y hasta la próxima!

PD: ¡Sorpresa! Si lees esto y eres uno de los cuatro primeros en dejar un comentario, te llevas un ejemplar de False friends/Falsos amigos gratis. Sí, así de fácil.

Traducir para Netflix es fácil: ¡pregúntame cómo!

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Si no habéis leído u oído hablar sobre la prueba para trabajar para Netflix, no sé dónde habéis estado todos estos días. Dicen que hay traductores que hasta tienen pesadillas con el número Hermes.

Sin embargo, sucede que, a pesar de lo bueno de la iniciativa, la forma con que se ha abordado esta prueba —sobre todo en los medios— deja bastante que desear. Parece que trabajar para Netflix y, en definitiva, traducir sea lo más fácil del mundo, que baste con tener nociones de inglés. Para muestra, este botón:

Imagino que cuando la empresa tuvo esta idea sabía lo que se le venía encima, ¿no? O eso espero, porque la avalancha de solicitudes los va a dejar sepultados… si no los ha sepultado ya. Para empezar, me parece bien que sea una oferta abierta a todo el público, que quieran dar la oportunidad a cuantos más profesionales posibles, mejor. Yo misma trabajo ya para Netflix, pero a través de intermediarias, con lo que, de conseguir el trabajo, me ahorraría ese paso y seguramente cobraría más (estas son sus tarifas directas) y ganaría también con un trato más directo. Y hablo con conocimiento de causa, tras diez años trabajando para estas empresas intermediarias (Deluxe, Technicolor) con unas tarifas más bajas que trabajando con la productora directamente. Para más información sobre condiciones laborales y tarifas, podéis echarle un vistazo a esta presentación.

También hay muchos traductores profesionales que prueban suerte ahora para iniciarse en otra especialidad, ¡fantástico! Pero ¿todos los que soliciten el trabajo y realicen la prueba serán profesionales? Y aquí vale la pena detenerse un momento a hablar de intrusismo. Para empezar, os diré que, para mí, un intruso no es ni un estudiante de TeI que aún no se ha graduado ni un filólogo, por poner un par de ejemplos. Al fin y al cabo, la carrera de Traducción e Interpretación es relativamente nueva. Hay grandes profesionales que han acabado como traductores por casualidad y no porque lo hubieran estudiado. Sin embargo, trabajan bien, han hecho algún curso que otro, conocen las tarifas y no van a reventar mercado.

Para mí, el intruso es aquel que pertenece a un ámbito completamente distinto y que escudándose en que sabe inglés, se ofrece a traducir por dos duros y sin facturar, así, a lo loco. Como si fuera un pasatiempo. Y no: traducir es una profesión, no un hobby. De nuevo, no lo digo por decir: hace un tiempo, me escribió un graduado de económicas que se ofrecía a traducir (sin facturar porque tampoco era autónomo) textos técnicos por 0,03 porque tenía un buen nivel de inglés (First Certificate) y solía traducir de forma amateur. Bravo.

La prueba de marras

A lo que iba, ¿que qué me parece la idea de una prueba de este tipo? Me parece bien que ofrezcan una forma sencilla de demostrar lo que sabes hacer. Tampoco me importa que no sea remunerada; hablo por mí, repito, pero dedicarle una hora de mi tiempo no me saca de pobre y si luego consigo el trabajo, pues mejor, además de que el resultado de ese trabajo no lo van a poder aprovechar más que para evaluar al candidato. Aun así, reconozco que debería haber algún paso previo más, que pidieran alguna referencia o prueba fehaciente de que se es traductor.

Según defiende la empresa, el principal objetivo de esta nueva plataforma es localizar e identificar a buenos traductores para su contenido. Si el candidato obtiene 80 puntos sobre 100, contemplarán su candidatura para formar parte de su plantilla de traductores. También comentan que la herramienta ha sido creada con la ayuda de expertos en lingüística que han tenido en cuenta muchos factores.

Las primeras pruebas se centran más en la fraseología tanto en inglés como en la lengua a la que vayas a traducir. Si bien me parece un buen punto en el que centrarse —se dan muchos errores por no detectar una expresión o frase hecha—, esta primera parte puede hacerse consultando rápidamente cualquier página web, con lo que no le acabo de ver el qué. Hay otra parte en la que el candidato debe aguzar el oído y detectar los problemas en varios subtítulos, sección que me parece bastante más interesante porque hay que saber de subtitulado. En la última parte de la prueba, el candidato debe traducir dos clips con textos que, si bien no son dificilísimos, sí tienen alguna particularidad, como referencias culturales o juegos de palabras (me permitiréis que no dé detalles, por motivos obvios).

Entonces, ¿dónde está el problema?

Dejando a un lado que se presente quien quiera, al fin y al cabo están en su derecho y no seré yo quien les pregunte si se ven capacitados (eso debería preguntárselo cada uno y responderlo también con toda sinceridad), entiendo que traducir películas y series tiene un atractivo innegable y es un trabajo agradecido. Es normal que le salgan tantas novias.

El problema, para mí, es que se subestime y desprestigie nuestro trabajo. Así de simple y, sí, soy consciente de que con este artículo estoy abriendo un buen melón. No hace falta ir muy lejos para ver todo lo que genera un anuncio de este tipo, la esencia misma de Internet: hablar de lo que se desconoce sin ningún pudor y criticar a diestro y siniestro el trabajo de los demás.

Me refiero a las opiniones que veréis a continuación. Aprovecho para decir que me centro en lo que se dice (que muchas veces es opinión generalizada) y no en quién. No aporto estos pantallazos para hacer escarnio de nadie, por eso no aparece ningún nombre.

  1. No, no traducimos con Google translate. Un traductor profesional no lo usa como herramienta de trabajo habitual; revisar una traducción automática es un trabajo distinto, recibe otro nombre y, en cualquier caso, no es lo que hace un traductor audiovisual. ¿Puede haber algún error? Pues es posible, igual que aparecen las erratas en los libros, a pesar de que haya habido una revisión posterior. Porque sí, se revisa. Últimamente he revisado mucho para Netflix. ¿Que se nos escapa algo? Pues puede ocurrir, como ese VÍ con tilde, ¿no?

2. No vamos todos en el mismo saco ni es tan fiero el león como lo pintan. Esto me ha desalineado los chakras y eso que ayer fui a yoga: «Pues voy a pedir trabajo, que todos los traductores son malísimos y yo lo voy a hacer mucho mejor». Oye, pues a lo mejor esta prueba descubrirá grandes talentos ocultos, ¡ojalá! También estaría bien que las quejas se hicieran con conocimiento de causa y llegaran al departamento que tengan que llegar para que al final se valore el trabajo bien hecho y, con eso, la labor del traductor y lo importante de una buena remuneración.

3. No basta con conocer el idioma extranjero y ya. Hay que saber expresarse bien en el materno también y sin faltas de ortografía.

En serio, no es la cantidad: hablamos de calidad. 

4. El debate de siempre. Siempre que se habla de traducción audiovisual, se acaba llegando a la supuesta guerra entre doblaje y subtitulación… y lo malos que somos por doblar cosas. Es como un reductio ad Hitlerum (reducción a Hitler, falacia ad hominem) aplicado a la TAV.

Hay tanto que analizar aquí. Para empezar, porque me ha dejado patitiesa: los traductores no metemos las risas enlatadas. De nada. Y, por favor, pensemos que el doblaje y la subtitulación dan como resultado productos distintos, cada uno tiene sus ventajas e inconvenientes.

Por suerte, ahora es mucho más fácil ver una película o una serie de la forma que queramos, gracias a la televisión a la carta y todas las plataformas. Ah, y relacionado con esto último, una cosita más: las pelis y series no están pensadas para que aprendamos idiomas. ¿Que verlo todo en original ayuda? Claro, pero seguro que ni el guionista ni el director tienen en mente a los estudiantes del idioma X para hacer su serie, película, etc. No mezclemos conceptos.

5. Traducir es una profesión, no una afición. Lo repetiré las veces que haga falta. Llamadme cansina si queréis.

Si fuera una afición, no llevaría varios proyectos a la vez tratando de llegar a fin de mes; compaginar una novela que me lleva tres meses de trabajo y los episodios de una serie que deben traducirse en fin de semana para su estreno en jueves (y que me suponen 90 euros por dedicarles día y medio). Que no, que yo me lo tomo muy en serio porque es mi trabajo y no entiendo que se trate con tanta ligereza.

En definitiva, Netflix: bien por la plataforma, pero espero que valoréis el trabajo de un buen traductor. Y en cuanto a los demás comentarios, sé que es una batalla perdida, pero si poco a poco nos vamos dando cuenta de que traducir no es tan fácil, que no, no puede hacerlo todo el mundo y que no es un pasatiempo para ganarse dos perras, acabaremos disfrutando mucho más del entretenimiento, sea doblado o subtitulado.

Y por mi parte, nada más. No me preguntéis cómo traducir para Netflix, solo quería probar esto del clickbait como los artículos que se llevan ahora, a ver qué tal se me da. Ahora en serio, yo lo dejo aquí, pero ardo en deseos de leer vuestros comentarios. ¡Hasta la próxima!

3 consejos para que un traductor sea más productivo

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¿Una tarifa/hora de 50 € es cara o es barata? La respuesta es… depende de cuánto trabajo «saques» en esa hora de tu tiempo. Que una agencia de traducción o un traductor autónomo sepa aprovechar cada minuto de una hora facturable es importante para todos: para la inversión de la empresa cliente, para la contabilidad de la empresa de traducción y, por supuesto, para el bolsillo del traductor.  Así que hoy los chicos y chicas de Okodia-Grupo traductor —agencia con la que suelo colaborar— comparten contigo tres de los secretos, trucos o consejos para mejorar tu productividad personal. A ver qué te parecen…

Consejo 1: encuentra tu mejor horario

En casi todos los artículos sobre productividad personal que hay en Internet verás que se anota como primera regla de oro una frase tan típica como tópica: hay que madrugar. En nuestra amplia experiencia como agencia de traducción y como traductores independientes podemos decir alto y claro que este consejo es una perogrullada. Cada persona, cada profesional tiene sus propios ritmos circadianos que debe conocer para encontrar los mejores momentos productivos del día o de la noche.

Si trabajas por tu cuenta y no tienes que someterte al reloj de fichar, encontrar tu mejor horario de trabajo será la primera clave para mejorar tu productividad personal.

Por cierto, si quieres saber sobre los ritmos circadianos pulsa aquí y echa un vistazo a un interesante documento publicado por el NIH (National Institute of General Medical Sciences).

Consejo 2: no procrastines

Otra palabra que se ha puesto de moda últimamente en el ámbito empresarial y profesional es «procrastinación». Ya sabes lo que es: dejar para mañana lo que puedas hacer hoy.

En este caso, los gurús de la productividad tienen razón: ponernos mil y una excusas para no empezar, seguir o acabar un proyecto de traducción afecta a nuestra productividad personal no solo porque no acabaremos nunca jamás ese trabajo, sino porque consciente e inconscientemente estaremos pensando en el dichoso proyecto por acabar y dispersaremos nuestro nivel de atención.

Además, nos hace sentir mal a corto plazo y hasta nos acecha en sueños. ¿No te ha pasado nunca que al acostarte y relajarte te vienen a la cabeza todas las cosas pendientes?

Consejo 3: céntrate en el aquí y ahora

Cuántas veces los directivos de una agencia de traducción o los traductores independientes se agobian pensando en el futuro, ¿verdad? Y, a veces, ese agobio no se queda en la mente del CEO de la empresa de traducción, sino que se trasmite al resto del equipo en forma de reuniones interminables o, peor todavía, se contagia el mal rollo al buen ambiente de trabajo que tiene que existir en un grupo de profesionales para que se sientan seguros, motivados y productivos.

Cruzar los puentes uno a uno, centrarnos en el aquí y ahora y no adelantarnos a esos problemas que quizá aparezcan o quizá no son claves para mejorar nuestra productividad personal y profesional. Ojito que no estamos diciendo que no haya que planificar el futuro a corto y medio plazo, prever las posibles dificultades que puedan aparecer y prepararnos para capear los temporales de la mejor manera posible. Lo que afirmo es que preocuparnos por lo que todavía no ha pasado es uno de los mejores ladrones de productividad personal que pululan por el mundo.

Y ya que hablamos de ladrones de tiempo, es importante detectar los nuestros. ¿En qué se nos va la mañana? ¿Perdemos demasiado tiempo pendientes del correo? ¿Dedicamos más esfuerzos en organizarnos el trabajo que en ponernos manos a la obra? ¿Se nos va la mano con las redes sociales? Si conocemos a estos truhanes, sabremos también cómo combatirlos.

En fin, ¿qué te han parecido estos tres consejos para mejorar la productividad? A los miembros de la agencia de traducción Okodia-Grupo traductor y a servidora nos encantaría leer tu opinión.

***

Enlaces útiles (para cuando tengas un ratito, ¿eh? Si tienes que trabajar, ¡ponte ya!)

Podéis sacar algunas ideas más de los numerosos blogs que tratan de la organización de tiempo (en general, no sobre traducción):

Algunos programas y aplicaciones útiles:

Carta abierta al traductor principiante

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Hace tiempo que tenía pensado escribir algo así, pero esperaba algún motivo. ¿Comienzo de año? ¿Cumpleaños del blog? Parece que, si no hay un motivo, es escribir por escribir, igual que hablar por hablar. Como si escribiera porque me ha pasado algo en concreto. Y no.

Escribo esto porque, en ocasiones, las redes pueden ser nocivas, porque nos llevan a engaño o nos hacen sentir mal. Escribo para ti, alumno que me lees habitualmente y que, quizá ya en cuarto, no sabes qué hacer con tu vida cuando termines la uni. Pero también escribo para mí, que en ocasiones va bien echar la vista atrás para ver qué ha funcionado, qué no, y ver por dónde va bien seguir.

Sobre todo escribo porque hace tiempo que observo cierta amargura o frustración en algunos casos: «En el grado nos lo pintan todo negro», «Nunca me habían explicado esto y no sé qué hacer», «No encuentro trabajo», «Qué suerte que tú llevas X libros traducidos y a mí no me hace caso nadie». No hace mucho, un chico dejaba un comentario en este blog quejándose de lo poco solidario que era el gremio, que nadie le había ayudado ni dado una oportunidad para empezar a trabajar, para seguir aprendiendo. Sé que no es el único.

Muchas veces, desde las redes, parece que todo es facilísimo y de color de rosa: «Anda, a Fulanito le han asignado esta serie tan molona», «A Menganita le sale el trabajo por las orejas», «Zutano está de intérprete en Nueva York, qué bien vive». Pero no muchos cuentan lo que hay detrás, los rechazos, las meteduras de pata, las horas intempestivas de traducción, los días sin nada de trabajo, mano sobre mano, mirando la pared. Aunque ¿por qué deberían? Cada uno es libre de contar en redes lo que le plazca, ¿verdad?  Al fin y al cabo ¿no son blogs y cuentas de redes sociales personales? Sí, algunos intentamos proponer ideas y compartir experiencias que, en el fondo son eso: personales. Sin embargo, e inconscientemente, muchas veces nos comparamos con los demás y acabamos saboteándonos a nosotros mismos.

Pero no estás solo. Todos hemos pasado por lo que estás pasando tú. Cuando leí el comentario de este chico que te contaba antes, pensé en cómo fueron mis inicios y me vi muy identificada. Si no tienes mucha prisa, hazte un té o un café y te lo cuento.

En cuarto de carrera me fui un semestre a Saint Andrews, Escocia. No era un Erasmus, puesto que el primero lo hice en Dinamarca (y ahí no hice nada de nada, solo teníamos que escribir un «diario lingüístico» sobre nuestras experiencias en el país). En cuarto quise estudiar fuera y hacerlo de verdad. Al volver, quedaba poco ya para acabar el curso, tuve que ponerme al día con alguna asignatura no convalidable y, a la vez, empezar a pensar en qué haría cuando terminara la licenciatura. Así pues, empecé a buscar editoriales y agencias de traducción porque, a diferencia de algunos compañeros, yo sí tenía claro que quería dedicarme a esto. Recibí algunas negativas, muchos «ahora no tenemos nada, pero te incluimos en nuestra base de datos» y muchos más silencios por respuesta. Pero no podía quedarme ahí. Empecé a colaborar con S.O.S. Racisme traduciendo documentación del inglés y el castellano al catalán; quería tener experiencia demostrable y si encima ayudaba en algo, mejor que mejor.

Inicios

Recuerdo que, al terminar la carrera, estaba perdida. Lo fácil, por llamarlo de algún modo, era seguir estudiando para especializarme (seguir estudiando te envuelve en ese papel de burbujitas), de modo que me matriculé en el posgrado de traducción literaria de la Universitat Pompeu Fabra. Corría el año 2004 —sí, «corría» porque el tiempo vuela— e iba a clase, impartía clases de inglés (fue de lo primero que busqué también para ir subsistiendo) y empezaba a traducir. Como no recibía encargos con regularidad, el gestor me aconsejó que me diera de alta y de baja en un mismo mes; en ese mes facturaría todo lo que hubiera trabajado hasta entonces.

A partir de entonces, como una hormiguita. Y es que todo hay que currárselo. Conozco otros compañeros que tampoco empezaron directamente con muchos clientes en la cartera. Mandaron muchísimos currículos, llamaron a muchas puertas, empezaron de gestores de proyectos en agencias muy pequeñas o volvieron a la traducción de rebote. Cuesta hacerse con una buena cartera de clientes, es algo que lleva su tiempo, como cualquiera podrá decirte.

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A lo que iba, al terminar el posgrado, Olivia de Miguel, directora y profesora de este, que había visto mi interés y le gustaba cómo trabajaba, me pasó el contacto de una editora de mesa de Planeta que se ocupaba de los sellos empresariales Deusto y Gestión 2000. Para ellos traduje algunos manuales y libros sobre innovación en la empresa y similares.

Ahora pensarás: «¡Aja! Tenía enchufe». Bueno, prefiero llamarlo contacto. Piensa que nadie va a darte trabajo si no lo haces bien solo porque alguien te recomiende. Pero, y esto es importante, sí que la suerte puede ser un factor. Reconozcámoslo, el trabajo es importantísimo —hay que estar al pie del cañón y estar motivado, querer hacer lo que haces—, pero tampoco podemos descartar el factor suerte; ya sabes, eso de estar en el momento justo en el lugar indicado. A lo mejor ese currículum que envías en marzo no lo tienen en cuenta hasta pasado un año (sí, también me ha pasado), pero justo entonces necesitan a alguien y… ¡pam! O quizá conoces a alguien que resulta que conoce a alguien que… Y de ahí también que sea tan importante que todo el mundo sepa a qué te dedicas.

De calidad y otras criaturas

No, yo tampoco salí de la carrera traduciendo fantásticamente. Pasaba algunas pruebas, otras no, pero algunas agencias me mandaban encargos de forma más o menos regular, con lo cual, tampoco debía de hacerlo tan mal. La práctica, como en cualquier otro trabajo, es esencial. También lo es leer mucho, tanto texto en lengua original (para seguir puliendo nuestra lengua B), como en lengua meta (para expresarnos mejor en nuestro idioma) y traducciones. Sí, creo firmemente en que podemos aprender de los demás compañeros. A veces leo traducciones e incluso comparo con el original y me apunto (mentalmente o no) las buenas soluciones que un compañero ha encontrado. De todo se aprende, créeme.

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Y hablando de que de todo se aprende, encontrarás chinitas en tu camino. O piedras más grandes. Hasta rocas. Todo forma parte del proceso. El primer año de autónoma tuve un encargo un 23 de diciembre —me acordaré toda la vida—; un volumen pequeño para una agencia de traducción de Granada: la traducción de un folleto del castellano al catalán para una cadena de centros de belleza. En total, el trabajo ascendía a 30 euros. Eran fechas señaladas, parecía un texto fácil y quizá no puse todo el esmero que debía. Se me colaron dos faltas de ortografía y me equivoqué al traducir una planta medicinal, aunque eso lo supe el día D. El día D fue cuando la agencia me contó que el cliente se había quejado de que el texto se había imprimido con faltas y que debían tirar todos esos folletos. Miré el texto, les expliqué lo que estaba mal y lo que no y les pregunté si había habido corrección posterior. No, no la hubo, pero la responsable única era yo, según la agencia.

Contacté con una asociación de traductores para preguntarles y no obtuve respuesta. Hablé con una abogada, que —no te miento— me tuvo una hora en su despacho buscando jurisprudencia en internet para determinar mi grado de responsabilidad. Alucinaba. Solo se le ocurrió que, amparándome en la poca gravedad de los errores y que ellos habían reconocido que no habían revisado el texto, me ofreciera a pagar parte. Y así fue como conocí a vuestra madre como acabé pagando 400 euros. Lo mejor fue que, poco después esa misma agencia me escribió para que siguiera colaborando con ellos. Vaya, y yo que pensaba que lo hacía fatal. Evidentemente les dije que no. Y eso también es importante: decide con quién te compensa más trabajar, mi joven padawan. Luego seguimos hablando de este tema.

Después de eso estuve una semana sin aceptar nada, pensaba ¿y si meto la pata con algo más grave? Por aquel entonces traducía para otra agencia partes de accidentes, informes médicos y documentos de siniestros del alemán al castellano. Mi confianza estaba por los suelos. Pero the show must go on, como dicen, ¿no?

Pasarán muchas más cosas durante tu trayectoria profesional. Habrá malos momentos, claro, y cosas que tal vez no publiquemos en redes sociales. Seguramente no decimos que no hemos pasado la prueba de traducción de una editorial o que no hemos entregado a tiempo una traducción y el cliente se ha enfadado o la agencia nos ha reprendido. Que se nos ha olvidado una entrega y estamos la noche anterior dándole que te pego a la tecla para subsanar nuestro error. Que entregamos un documento a medias porque no vimos que había más pestañitas en el Excel o que en el zip había más documentos. Y no son casos aislados, nos pasa a todos.

Y este proceso de aprendizaje no acaba nunca. Después de doce años, me sigo pillando los dedos con algún proyecto, meto la pata o me despisto. Digo que sí aun yendo saturada por miedo al «no» o no peleo lo suficiente por subir una tarifa en un caso concreto, con mucha urgencia o que aceptas casi por compromiso. Créeme, sigo trabajando en esto.

Por eso cuando doy consejos a estudiantes en las charlas o en este mismo blog, no es porque sepa más que nadie, sino porque me ha pasado a mí y lo he solucionado de esta forma o esta otra. Claro que, muchas veces, no podemos controlar la idea que se hace alguien de nosotros y hay quien pensará que voy de estrellita. Y eso me lleva al siguiente punto, el blog y las redes, de lo que sé que te han hablado en la universidad.

Redes y telarañas

No te lleves a engaño: un blog no es la panacea. Hazlo si realmente te apetece, pero no es garantía de nada. Tenerlo abandonado o sentirte obligado a escribir constantemente es una pérdida de tiempo y motivo de frustración. Hace tiempo decidí que escribiría cuando me apeteciera o tuviera algo que decir. Publicar por publicar, tener la obligación de escribir solo por tener una entrada o dos al mes no va conmigo. No quiero acabar teniendo una colección de entradas con enlaces a cosas que luego nadie (ni yo misma) va a consultar.

Pero, una vez más, nada es flor de un día. En mi caso, abrí el blog y la cuenta de Twitter casi a la vez. Era 2011 y estaba acabando el Máster en Traducción Audiovisual de la UAB. Tuvimos una asignatura de orientación laboral y la profesora nos recomendó salir al mundo… de las redes. Nos habló de algunos blogs de traducción (creo recordar que el de Pablo Muñoz, el de Curri, el de Eugenia Arrés y el de Eva Martínez) y me pareció una idea estupenda para hablar de lo que sabía o de lo que aprendía. Como todo hay que probarlo al menos una vez —sobre todo si no es nocivo—, allá que me fui. Para entonces ya llevaba seis años de autónoma y pensé que tenía cosas que contar.

Al principio no conocía a nadie, ni me leía nadie, evidentemente, pero sí vi que era una manera fantástica de aprender de los demás. En general, puedo decir que estar presente en las redes ha sido muy positivo para mí. He conocido a profesionales fantásticos y mejores personas, me han invitado a congresos muy chulos y me han ofrecido proyectos interesantes gracias a la visibilidad, sí, pero también porque creo que hay algo más. No creo en las fachadas sin un buen trabajo de construcción por dentro. Una vez más, hay años de trabajo detrás.

Porque, y esta es la otra, ser visible tiene sus cosas malas. Están las habladurías («Pero si esa solo traduce novela rosa», «Pues repitió charla el otro día», «No sé por qué se jacta de traducir erótica») y sus momentos de frustración, de compartir algo y que se pueda tergiversar el fin con que se ha compartido o que no he expresado con suficiente claridad lo que quería decir. Bueno, y por qué no decirlo, que me equivoco, claro está. Siempre existe la posibilidad de que la gente se forme una idea equivocada de ti, pero tengas que aguantarlo porque «eres visible» y esas cosas pasan.

Pero ¿sabes qué? Si lo que escribo hoy puede ayudarte en algo, solo te diré que seas tú, que publiques lo que te apetezca, que compartas tus logros en redes si te apetece o te quejes de lo que sea menester si así te nace.

Y te diré que trabajes, que estés activo, pero que no te compares con nadie. Tú eres tú y tus circunstancias. Que una prueba de traducción no superada no te desanime. Como en los «rasca y gana»: sigue jugando. Que hay momentos buenos y malos, días tranquilos y noches casi sin dormir para llegar a una entrega. Que no traduces peor por facturar menos que Fulano.

Aun así, convendría tener en cuenta que la traducción es una amante exigente, sobre todo si eres autónomo. Que debes ser traductor, gestor de proyectos y contable a la vez. Que ser dueño de tu tiempo como autónomo es una trampa y que, muchas veces, al final le acabas dedicando más tiempo del que deberías.

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Y, si me permites un consejo —un consejo de madre—: sé buen compañero. Sé amable con los que te rodean, aunque sea virtualmente. Conocerás a mucha gente en el camino y al final aprenderás a separar a los compañeros de los conocidos. Hazte con gente que sume y no que reste. Compañeros en los que puedas confiar. Tengo suerte de tener un buen grupito, un grupo de amigos traductores y revisores a mi lado (no voy a dar nombres, ya sabéis quiénes sois) que me echan una mano de vez en cuando y con los que comparto traducción, una copita y algo de frustración en ocasiones.

¿Por qué te digo esto? Pues porque otra manera de empezar es haciendo piña con otros compañeros de tu promoción (o de otras promociones) o incluso buscando a un mentor, un profesional en activo que pueda aconsejarte (como el sistema que ofrece Asetrad). En mi caso, trabajo ahora mismo con una traductora que me lo pidió y, de momento, está siendo una buena experiencia para ambas.

Clientes

Antes te comentaba que ser autónomo es un arma de doble filo. Eso de que no tenemos jefes es mentira: somos nuestro propio jefe y, en ocasiones, llegamos a ser demasiado duros con nosotros mismos. Aunque nos cueste organizarnos y le dediquemos más horas de las necesarias, podemos elegir con quién trabajamos. Al principio quizá te resulte más difícil porque quieres tener la oportunidad de traducir y adquirir experiencia, pero con el tiempo no está de más revisar con quién te interesa más seguir colaborando.

También empecé traduciendo por cuatro céntimos la palabra; por eso cuando algunos decimos en charlas, blogs o donde sea que empieces con una tarifa más alta porque luego cuesta más subirla es cierto. Para una de las primeras agencias que me ofreció encargos periódicamente al principio de ser autónoma cobraba esta tarifa y te prometo que casi todo eran faxes escaneados guardados en pdf no editables. Una joyita, sí. Sin embargo, me dije que era una manera de empezar y me lie la manta a la cabeza. Cuando hace unos meses volvieron a ponerse en contacto conmigo para un proyecto similar y la misma tarifa les dije que, si no era un importe superior, no lo haría porque el precio era muy bajo y el trabajo, considerable. Me contestaron que no podía ser, así que… good riddance! Entiendo que cuando empiezas no tengas tantas opciones para escoger, pero merece la pena planteárselo.

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En el caso de las editoriales, más de lo mismo. Hace ya unos años —parece la prehistoria, hará unos diez ya—, tras una de las batidas que hago enviando currículos, hice una prueba de traducción para la editorial VM (con iniciales, como en los programas de cotilleo, por si acaso), ahora extinta, y me «reclutaron». Con la promesa de trabajo con regularidad, las tarifas que ofrecían eran irrisorias: 5,5 € los 2100 caracteres. Pero bueno, pensé, empecemos y luego ya habrá tiempo de pedir más. Craso error. Y no solo por las tarifas, sino porque su gestión era nefasta, no enviaban nunca ejemplares justificativos al traductor y porque acabaron cerrando debiéndoles dinero a muchos colaboradores externos. Tuve la suerte de que a mí me lo pagaron todo, pero otros no pueden decir lo mismo, por desgracia. También dejaron sin publicar muchas traducciones, como una novela la mar de maja de Brandon Sanderson que traduje y se quedó en el olvido.

Tarifas y condiciones aparte, el trato —una vez más— también es importante. Trabajamos y somos personas, no robots sin alma. Recuerdo lo comprensivos que fueron conmigo la mayoría de mis clientes cuando mi padre estuvo a punto de morir hace unos años. Fueron un par de meses de incertidumbre, de correr al hospital en el momento más inoportuno y de noches sin dormir. Tenía proyectos a medias que quedaron en el aire o que tuvieron que ser reasignados. Hubo quien lo entendió y quien no, como una empresa para la que hacía audiodescripciones.

Como pasa con los amigos, es en los malos momentos donde ves la calidad humana y te das cuenta de si vale la pena o no trabajar para según qué clientes. Y con el tiempo te darás cuenta de que priorizar es ventajoso. Trabajas más tranquilo y, por ende, mucho mejor, sabiendo que el cliente tal o cual paga bien y a tiempo, que es flexible si tienes algún imprevisto.

En definitiva, querido lector principiante, que te entiendo y que casi todos —por lo menos yo— hemos empezado así, con incertidumbre, inseguridades y miedos. Que no, que no todo es de color de rosa, pero tampoco te lo pinten negro como la pez. Que, como todo en la vida, si realmente quieres dedicarte a traducir, inténtalo, trabájatelo y procura no desanimarte. Porque esta profesión vale la pena.

Lo que siempre quisiste saber sobre corrección editorial

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…y no te atreviste a preguntar. Pues bien, yo lo he preguntado.

Hace unos tres años di mi primera charla sobre traducción editorial. Como no quería hablar únicamente de mi experiencia, hice una encuesta a traductores editoriales y también a correctores editoriales, que, al final, son quienes revisan nuestro trabajo. Pretendía entender un poco más la profesión, ver de qué manera complementa a la del traductor y cómo es el proceso de edición de un libro en general.

Como la encuesta a los traductores fue anónima, la de los correctores también, así que me permitiréis que no os los presente por nombre. Salvo en algún caso, sus respuestas siguen vigentes tres años después.

Aquí van, pues, las opiniones de seis correctores profesionales sobre su trabajo: cómo trabajan, qué piden las editoriales y cómo se cobra, entre muchas otras. Por supuesto, queridos lectores, os animo a contribuir con vuestros comentarios tanto si tenéis experiencias similares como si son totalmente opuestas.

Recordad para más información sobre corrección o si estáis buscando a un corrector profesional, UniCo es vuestra página (también en twitter) y Deleátur, vuestra revista.

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¡Allá vamos!

1. ¿Te dedicas solamente a la corrección editorial, o lo complementas con otro trabajo?

N: Me dediqué exclusivamente, o casi, durante un decenio. Recientemente he vuelto a la traducción técnica porque, aunque es infinitamente más fácil y hay más competencia, está mucho mejor pagada.

G: Lo complemento con la traducción editorial y la traducción y corrección técnica.

J: También edito y traduzco, además algunas veces doy talleres literarios.

L: Complemento con edición y redacción por encargo.

A: Me dedico principalmente a la traducción audiovisual y editorial, aunque ocasionalmente me encargan correcciones.

T: No considero que la complemente con otro trabajo. También traduzco, pero para mí ambas actividades son mi profesión, de modo que no considero a ninguna de las dos «superior» a la otra, o a una «principal» y a la otra «secundaria».

(Añadido tres años después) En estos momentos, tristemente, corrijo más bien poco. Las tarifas son de vergüenza y me niego a trabajar con las editoriales. Últimamente, he corregido principalmente tesis doctorales para particulares. No compensa económicamente, pero disfruto haciéndolo y el trato es humano y satisfactorio.

2. ¿Te dedicas a la corrección de galeradas, o a la de estilo? ¿Qué esperan tus clientes al encargarte lo uno o lo otro? 

G: Ambas, según el cliente. En el caso de las galeradas esperan textos libres de erratas y errores ortotipográficos. En el caso de estilo me piden más implicación, desde el arreglo de expresiones que suenen mal a señalar incoherencias y fallos en la trama (esto último en el caso de corrección de textos originales en español; es menos normal que me lo pidan en corrección de traducciones, donde a cambio me piden cotejo con el original para encontrar errores de traducción). Es raro que me pidan exclusivamente corrección de estilo, suele ir unida a la corrección ortotipográfica del texto, y al cotejo con el original, si procede.

J: Ambas: en la de galeradas lo que se solicita es que el libro quede perfectamente conforme al estilo editorial del cliente (diseño, etc.), además de eliminar erratas que hayan quedado después de una corrección de estilo.

En la de estilo el objetivo es dejar un texto limpio: dependiendo del cliente, a veces eso sólo es una revisión ortográfica, a veces incluye la reescritura de algunos pasajes (cuando están fatalmente escritos).

L: Corrección de estilo. Textos fluidos, legibles y elegantes.

A: Lo más habitual es la corrección ortotipográfica, pero dispongo de libertad a la hora de retocar algo del estilo si es necesario.

T: De momento, he corregido un libro que ya está publicado y estoy con el segundo. Ambos están escritos por un autor español que digamos… escribe cuando le llega la inspiración, con lo cual no atiende a normas (¡a ninguna!), de modo que la corrección que hago es ¿integral? Es decir, que debo trabajar con lupa tanto la ortografía como la ortotipografía, el estilo… TODO, ya que de mis manos va directamente a la imprenta, sin que pase por ningún otro corrector o revisor. Eso es algo que me da mucho miedo, pero la gente no está dispuesta a gastarse más, así que hay que intentar que el libro vaya con la máxima calidad posible.

(Añadido tres años después) Desde que escribí esta respuesta, he corregido dos libros más para este autor. Puedo decir, con cariño, que es un poco «desastre», pero me gustan sus historias y nuestra relación profesional.

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3. ¿Qué preparación tienes/qué estudios hay que tener? ¿Qué piden las editoriales?

N: Depende. Hay editoriales que esperan que se cambie cuanto menos mejor, sobre todo si son galeradas (no les apetece que les descoloquen la maqueta), y se conforman con un cursillo. Otras exigen estudios de filología o traducción, dominio de la lengua de origen para pillar deslices del traductor, dominio de la gramática y la ortotipografía de la lengua de destino para corregir fallos y una redacción natural y fluida para mejorar la legibilidad a base de cambiar todo lo que haga falta, hasta el punto de dejar irreconocible el trabajo del traductor o el «traductor». Curiosamente, no hay gran variación de tarifas.

G: Ante todo hay que dominar la ortotipografía y estar al día de los cambios de normativas que dicte la RAE. Algún tipo de formación reglada en materias lingüísticas puede ser de ayuda, pero no es mi caso (soy de ciencias, y en materia de lenguaje tengo una formación muy extensa pero la he adquirido por mi cuenta). Las editoriales pueden pedir formación reglada y/o experiencia, y a veces requieren pasar una prueba de corrección (sobre todo si van a pedir corrección de estilo). Para la corrección de estilo, además de los conocimientos teóricos hay que saber redactar, y desde luego, conviene haber leído mucho.

J: Estudié la licenciatura en Letras Hispánicas.

L: Autodidacta. Nada, prueba previa.

A: Soy Licenciada en TeI, tengo un Master en TAV y estudios complementarios en traducción editorial. Supongo que los estudios de especialización son fundamentales a la hora de trabajar en algo tan concreto.

T: Soy licenciada en Traducción, pero creo que no es suficiente, por eso hice el curso de Corrección profesional con Cálamo & Cran, y ahora estoy haciendo el de Corrección de estilo. No sé qué piden las editoriales porque no trabajo con ninguna (aunque me gustaría, claro está), pero, aparte de tener algún curso (que ya sabemos lo que nos gusta un título en este país), creo que es importante contar buenas obras de referencia para poder no solo consultar dudas, sino comparar, ya que muchas veces se contradicen unas a otras.

Es importante también tener un criterio propio y saber tomar decisiones que luego se puedan argumentar. Además, me parece que es fundamental tener una buena base cultural. Es imposible saber de todo, claro está, pero al menos nos deben «sonar» las cosas. Como digo siempre, está muy bien leer los titulares de los periódicos digitales, llámense elpais.com, elmundo.es, abc.es, etc., pero a mí no se me escapa quiénes son Lourdes Montes o Blanca Suárez, o qué famosa actriz acaba de romper con su prometido. (Espero haberme explicado bien y que no se me malinterprete ^_^)

De hecho, en mi primer libro se sucedían hechos históricos reales con datos actuales, y hubo cosas que me chocaban porque me sonaban de algo y que, al documentarme, confirmé que estaban mal y tuve que cambiar. A eso me refiero, a que es bueno que nos suene «todo» un poco, más o menos.

(Añadido tres años después) Bueno, pues de entonces a ahora, sí he trabajado para editoriales. En temas de corrección, no creo que vuelva a colaborar con ellas. Como he dicho antes, las tarifas son una vergüenza y no estoy dispuesta a pasar por ahí. Además, parece que te están haciendo un favor y te tratan con poco respeto. No sé, me esperaba otra cosa, así que, de momento, prefiero seguir con lo que me llegue de clientes directos (en temas de corrección).

Young attractive female fashion designer leaning on office desk, working with a laptop at home

4. ¿En qué formato sueles recibir el trabajo?

N: Electrónico desde hace bastantes años. Si es una corrección de estilo estándar (detección de fallos de redacción o incoherencias sin mirar el original) o una revisión a fondo, suele ser un documento de procesador de textos; si es de galeradas suele ser un archivo de Quark o InDesign.

G: Casi siempre como documentos de Word o similar.

J: Word e InDesign.

L: Word. Esa mierda.

A: Normalmente en Word.

T: Siempre en Word, lo que me facilita bastante la tarea.

5. ¿De cuánto tiempo dispones para la corrección de un libro? Pongamos un libro medio de unas 200 páginas o lo habitual que tú te hayas encontrado.

N: Los plazos suelen ser bastante amplios, y hasta hay editoriales que no dan plazo.

G: Unos 15 días. Puede ser más que suficiente (galeradas, simple corrección de ortotipografía) o demasiado justo (cotejo con originales de traducciones, estilo), aunque en este segundo caso y según la editorial, el plazo puede llegar a un mes.

J: Varía mucho, pero un libro con 200 puede durar dos o tres semanas.

L: Mes, mes y medio. Salvo que esté nefastamente traducido o escrito.

A: Para la corrección de 200 páginas (o su equivalente en palabras) suelo disponer de una semana más o menos, pero no hay ninguna regla establecida. También va un poco en función de la necesidad o la urgencia.

T: Normalmente, un mes. Es lo que tardé con el primero y lo que estimo que tardaré con este. Y sí, suelen ser de unas 200 o 250 páginas en Word.

6. ¿Entregas el trabajo con las marcas y ya está? ¿Implementas los cambios directamente y entregas un texto limpio de marcas? 

N: Realizo el trabajo con marcas y comentarios. Prefiero tener contacto directo con el traductor y corregir sobre la marcha para ir avisando de los fallos recurrentes y no tener que corregir lo mismo miles de veces, pero no siempre se puede. A la editorial, según a qué acuerdo haya llegado, puedo entregarle el texto con marcas o limpio después de haber acordado los cambios con el traductor.

G: Según la editorial. Lo más normal es que me pidan un texto con marcas de revisión, sobre todo en los casos en que el texto corregido vuelve a las manos del traductor.

J: Entrego el trabajo ya con las correcciones hechas, y si el cliente lo pide puede revisar las pruebas (corrijo en papel).

L: Depende del cliente. Si hay que comentar cada corrección subo el precio.

A: Suelen pedirme un texto limpio de marcas.

T: Le mando al cliente el texto listo para que lo envíe a la editorial, prácticamente. A lo que le envío, él le añade los agradecimientos, el índice, algún dibujo que inserte entre las páginas…

Muestra de los signos de corrección en el blog de TsEdi: http://blog.tsedi.com/como-se-usan-los-signos-de-correccion-editorial/

Muestra de los signos de corrección en el blog de TsEdi: http://blog.tsedi.com/como-se-usan-los-signos-de-correccion-editorial/

 

7. ¿La editorial suele pedirte feedback (ya sean impresiones o un breve informe) sobre la calidad del traductor?

N: No, y tampoco lo haría. Si la traducción me parece inarreglable, rechazo el trabajo y menciono el motivo, pero no presento ningún informe, más allá de las primeras páginas corregidas con marcas para que vean la densidad y el calibre. Si la traducción me parece decente, acepto el trabajo.

G: También depende de la editorial, aunque lo más normal es que no me lo pidan. Sí que avisen (o lo hago yo mismo si no me lo han pedido) si la calidad de la traducción es tal que mi trabajo acabe siendo más retraducción que corrección. Esto último es poco frecuente, por suerte.

J: No.

L: En ocasiones.

A: Normalmente no.

T: Pues no puedo contestar a esta pregunta porque, como ya he comentado, no trabajo con editoriales (aunque me encantaría) y, además, no he corregido obras traducidas, sino escritas directamente en español.

(Añadido tres años después) Absolutamente nada. Es más, detecté algún que otro error, que subsané, y ni un comentario al respecto.

8. ¿Existen errores habituales en las traducciones que revisas? Es decir, ¿te parece que los traductores pecan en determinadas cuestiones y que hay alguna especie de patrón? 

N: Sí. Me gusta trabajar con los mismos traductores porque, aparte de que voy «educándolos» (ver 6), ya sé de qué pie cojea cada uno y qué tengo que buscar. En general, con los mejores traductores, son construcciones calcadas (el pastel que Pepe se comió por el pastel que se comió Pepe) o regionales (vete a pastar; me lo comí esta mañana), así como falsos amigos de frecuencia. Con los aceptables pero no tan buenos añade posesivos, anglicismos, falsos amigos, interpretaciones incorrectas del original, construcciones sintácticas surrealistas, fallos de concordancia del calibre de la gente son y, sobre todo, cosas que se entienden y son correctas gramaticalmente pero me dejan con cara de «no me puedo creer que sea nativo». Esto último nos pasa a todos cuando traducimos; lo que cambia, y mucho, es la densidad.

G: No puedo generalizar en esto: hay traductores que no caen en ese tipo de errores y otros que tropiezan en todos. Diría que hay dos “casos malos”: traductores que entienden bien el original pero que redactan pobremente (casi siempre calcan las estructuras del idioma de partida y caen en calcos), y “traductores” (tengo que entrecomillarlo) que al margen de que redacten mejor o peor en español tienen una comprensión del idioma original algo discutible. Que me lleguen más o menos trabajos de traductores así depende mucho de la editorial y de los filtros que tenga a la hora de asignar encargos.

J: En pocas ocasiones. También he encontrado casos en los que no son propiamente errores de traducción, sino errores típicos de redacción (y estilo), que tiene el traductor como hispanohablante.

L: Se nota mucho a un traductor del inglés al castellano cuya lengua materna es catalán u otra.

A: Es bastante habitual el uso de la voz pasiva, los posesivos y el abuso de los pronombres personales.

T: El caso que comentaba antes era sobre un libro de temática médica. Había errores de terminología. Entiendo que el traductor no era especialista en este campo o que no se había documentado bien.

9. ¿Tu trabajo tiene que ser validado por el traductor del texto y vuelto a revisar, o ya no vuelves a trabajar en el texto una vez entregado? 

N: Exijo que lo valide el traductor y me niego a volver a trabajar con los que se niegan a mirar mis cambios, pero porque soy rara. Curiosamente, las editoriales aceptan. Por supuesto, eso no procede cuando tengo que arreglar una traducción antiquísima de una obra libre de derechos.

G: Depende de la editorial: he estado en ambos casos.

J: No tiene que ser validado por el traductor. Por lo regular sí vuelvo a trabajar con un texto después de entregado (las correcciones que hago muchas veces van acompañadas de edición, por lo tanto trabajamos el texto hasta antes de la impresión, en caso de libros).

L: No vuelvo a tocarlo.

A: Ya no vuelvo a trabajar en una corrección entregada.

T: Nunca me comentaron nada. 

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10. ¿Crees que resulta interesante trabajar estrechamente con el traductor o consideras que son cosas independientes?

G: Prefiero poder trabajar con el traductor, con mucha diferencia. Es la única forma de evitar ciertos errores, como cambiar (“corregir”) algo que el traductor haya puesto de cierta manera con toda intención y por un motivo válido que el corrector pueda no ver. Desde el otro lado (cuando trabajo como traductor) me ha servido para corregir problemas recurrentes, especialmente cuando empecé en el oficio y tenía menos rodaje. En general no solo se aprende mucho en ambos sentidos, sino que la calidad del texto final es mucho mejor. Por eso me molesta que en muchas editoriales no se contemple un tiempo para feedback o, simplemente, los plazos sean tan justos que no sea posible realizarlo (a veces, incluso, ni siquiera hay contacto entre traductor y revisor y ni sabe uno quién es el otro).

J: Poder consultarlo es lo ideal.

L: Así debería ser. Se ahorraría tiempo editorial.

A: Supongo que trabajar con el traductor retrasaría la entrega. A nadie suele gustarle que le cambien su trabajo. Hay ocasiones en las que no habría discusión, pero otras veces es algo muy subjetivo y personal.

T: A estas alturas de la encuesta, ya sabes que no puedo contestar, pero sí diré que, en mi caso, la comunicación con el autor es fundamental. Yo necesito saber exactamente qué ha querido decir en cada frase. Por ello, por la falta de puntuación en el texto, me veo obligada a estar conectada constantemente con él para que me confirme qué quiere decir o quién dice qué cosa en según qué momento. Es un trabajo bastante penoso porque te quita mucho tiempo, ya que dependes mucho de lo que tarden en contestarte, aunque no he tenido grandes problemas al respecto, todo sea dicho. Tanta comunicación hace que el cliente valore mucho tu trabajo porque ve cuánto te implicas y sabe muy bien el grado de minuciosidad con el que estás trabajando.

Aunque sea autobombo (como esto es anónimo y nadie se va a enterar…), en el libro anterior me incluyó en el apartado de agradecimientos. Yo no lo sabía ni, por supuesto, me lo esperaba, pero es muy de agradecer que valoren públicamente tu trabajo, que si el del traductor no está reconocido, parece que el del corrector mucho menos.

(Añadido tres años después) No sé qué decir. No tengo constancia de que le comentaran mis correcciones terminológicas al traductor, pero si así hubiera sido, me habría gustado comentar con él el porqué de mis cambios.

11. ¿Trabajas siempre con contrato?

N: No. Es la excepcionalísima excepción.

G: Casi nunca.

J: Sí.

L: Nunca.

A: No.

T: Nada de contratos porque ni me los han pedido ni yo los he ofrecido. Confío en la buena fe de la gente y parece que la gente confía en mí. Hasta la presente, no he tenido ningún problema ni con la traducción ni con la corrección. ¡Y espero que siga así!

12. ¿Cómo se cobra un trabajo de corrección? Es decir, ¿por plantilla, por matriz, por hora?

N: Por matriz o por palabra. Esto último no es habitual en el gremio, pero sí en mi experiencia.

G: Depende de la editorial. En mi caso, en las traducciones de estilo he cobrado por palabras del texto antes de corrección. También ha sido lo más normal en correcciones de galeradas.

J: Yo lo hago por contrato de planta (no sé si el término se utilice fuera de México: es decir, tengo prestaciones, horario, etc.). En muchos casos (freelance) es por cuartilla.

L: Yo por matriz, pero el precio oscila en función de la calidad y complejidad del texto a revisar.

A: Por matriz supongo que es lo más común en editorial. Yo tengo más experiencia en la corrección audiovisual y en ese caso lo hacemos por capítulos/película, etc.

T: Si la traducción está mal pagada, ¡qué decir de la corrección! Yo trabajo con un precio cerrado. Si cobrara por horas, me haría rica, sin duda.

(Añadido tres años después) Mantengo lo del precio cerrado con los clientes particulares. Con las editoriales cobraba por matrices… ¡para carcajearse, en serio!

13. ¿Qué tarifas son las más habituales? 

N: De 1,5 a 3 euros por matriz (los de 1,5, que los hagan los que estudiaron un cursillo) y 1,2 céntimos por palabra en el único caso que conozco.

G: Esto es muy variable según la editorial y el tipo de corrección. En las de estilo y cotejo de original, he llegado a 0,01 €/palabra en el mejor de los casos (poco).

J: Cuando lo hago como freelance varía, según las circunstancias, pero va de 80 a 150 o 200 pesos por cuartilla. Calculo que eso es aproximadamente 10 o 15 euros. La referencia que podría dar es que el salario mínimo ronda los 60 pesos por día (de ocho horas [en las ciudades nadie gana eso, me parece]).

Se dan casos en que “correctores amateurs” trabajan a destajo y cobran muy barato (cierta cantidad por proyecto, por ejemplo): por lo regular es gente que no ha tenido una formación dentro del oficio.

L: 1,49€/matriz – 2,09€/matriz.

A: He tenido que hacer un pequeño sondeo entre algunos compañeros para tener una horquilla de precios y, junto con mi experiencia, me sale un rango de unos 3-5€ por cada 2.500 matrices o página. Pero es algo aproximado.

T: Varía muchísimo de un corrector a otro, y también varía según si la corrección es ortotipográfica, de estilo, una combinación… Yo diría que un precio «razonable» sería 1,50 euros por página en Word con una letra Times New Roman 11 a 1,5. Eso sería más o menos lo deseable, pero creo que no se cumple. (Cuento una anécdota en el último apartado.)

(Tres años después) Uf, creo que escribiré una entrada de blog sobre esto. 😛 Bueno, no… A ver, es que he tenido hasta un cliente de Venezuela que creía que yo estaba en Argentina. Cobrar fue una odisea porque yo le pasé mi presupuesto en euros, él no me podía pagar en bolívares, sino en dólares americanos, pero como eran «ilegales», no me los podía mandar más que en un sobre por correo ordinario. Le dije que no, así que no sé cómo se las apañó por Western Union… Bueno, ni te cuento lo que liamos. Al final, entre la rebaja que te piden, el cambio de moneda, los gastos del envío… pues se quedó casi en la mitad, pero bueno… De las tarifas por matrices prefiero no hablar porque me va a subir la tensión.

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14. ¿Te parece un trabajo bien remunerado y valorado?

N: No. En muchas ocasiones lleva tanto tiempo como traducir, por una tercera parte de la tarifa cuando hay suerte. No está valorado profesionalmente, cosa que me daría bastante igual si no fuera porque repercute en la valoración económica. Aunque haya tenido que rehacer una traducción, el cliente considera que el grueso del trabajo lo ha hecho el traductor y merece royalties, mientras que yo no. La única editorial a la que conseguí sacar royalties, porque me exigía que cambiara al menos un 25% de la traducción, me pagaba un 10% de los royalties que cobra el traductor.

G: No. Para algunas editoriales parece ser un mero trámite, y me consta que hay algunas que incluso se lo saltan directamente, y eso se nota en los libros que salen a la calle.

J: Bien remunerado, sí; valorado, no: muchas veces los clientes se sorprenden al ver una cotización, la consideran muy cara y prefieren publicar el texto sin corrección (a veces lectores ocasionales les señalan errores y entonces sí, se dan cuenta de que el trabajo de corrección era necesario, y en casos de reedición lo solicitan).

L: No y no. Si pudiera me dedicaría a tomar el sol en la playa y escribir novelas de humor. Pero es lo que sé hacer bien.

A: No. En general, a los profesionales de la traducción/corrección no se nos valora demasiado.

T: Bien remunerado, no; valorado, tampoco. No considero que esté bien remunerado porque hay que dedicarle muchísimas horas. Hay que mirar con lupa cada palabra, cada expresión, preposición, coma, punto… Un día me dediqué a anotar las horas que le dediqué durante esa jornada y me salían unos 2,30 euros la hora. ¡Nunca más! Mejor no saberlo porque te dan ganas de irte a servir hamburguesas al Burger King (un trabajo tan digno como cualquier otro, claro está, pero mejor pagado, muchas veces, que este).

Tampoco me parece que esté valorado porque parece que con que te sepas las reglas de acentuación es suficiente. O que no tengas faltas de ortografía. Y no… ¡ES MUCHÍSIMO MÁS QUE ESO! Además, si eres perfeccionista, se sufre muchísimo.

Otros comentarios que te parezca interesante añadir: 

G: Dedico a este trabajo menos tiempo del que me gustaría por la sencilla razón de que solo con ello no llegaría a fin de mes. Debo complementarlo con traducción literaria y, sobre todo, con traducción y corrección técnicas, ligeramente mejor pagadas. La poca remuneración y valoración de este trabajo hace que en vez de que exista una buena base de correctores literarios con dedicación exclusiva, estos tengan que dedicarse parcialmente a otras cosas (cuando no abandonar directamente), con malas consecuencias para la calidad en general de los libros que se publican.

T: Aquí voy a contar una anécdota: Me llamaron de una editorial para que colaborara con ellos. Me ofrecían 0,70 euros por página corregida. Les dije que era menos de la mitad del precio de mercado. Me comentaron que, si la cosa iba bien, me mandarían entre diez y doce libros al año. Pensé que podría empezar a trabajar por ese precio y que, cuando vieran cómo trabajo (que yo creo que bien), les podría pedir una subida.

Me enviaron directamente el primer encargo, que constaba de 405 páginas. Me extrañó que no me hicieran una prueba, pero se la mandé igualmente por mi cuenta. Les pareció genial y seguí trabajando en ese primer encargo.

Al cabo de una semana, me enviaron una ficha con los datos del encargo en la que aparecía que el libro tenía 236 páginas. Les escribí y les comenté el error. La sorpresa mayúscula fue que me dijeron que, aunque el libro tenía 405 páginas, para hacer el presupuesto cambiaban el tamaño de la letra…

Soy muy buena gente, de verdad, pero no te imaginas lo que salió por mi boca ese día. ¡¡UN TIMO!! Les escribí indignada, pero lo más educada que pude. Su respuesta fue: «Es una pena». Y yo pensé que la pena era que seguramente alguien aceptaría ese trabajo. En fin… ahí empieza y acaba mi experiencia con las editoriales, aunque sé que no todas son así y espero tener pronto la oportunidad de trabajar con alguna seria.

***

Para conocer algo más la profesión del corrector:

 

Diez trucos típicos de un buen traductor audiovisual

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Ni uno, ni dos, ni tres. Diez son los trucos que Xosé Castro compartió con los asistentes al Congreso SELM en la ponencia de clausura de esta edición. Como me parecieron la mar de útiles, le pedí si podía reproducirlos en el blog con algunos comentarios marca de la casa… y aquí los tenéis.

Si os interesa la traducción audiovisual y queréis ser aún más profesionales, ¡seguid leyendo!

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1. DE CABO A RABO

Es imprescindible revisar el archivo y cerciorarse de que el material corresponde con el proyecto que nos han asignado. Un consejo que nos da Xosé Castro es comprobar que estén los créditos, porque será señal de que la película, episodio o documental está entero. Con el guion debemos hacer tres cuartos de lo mismo.

Aceptar el proyecto sin realizar estas comprobaciones y darse cuenta después de que la película no se corresponde con el guion o no está entera no solo nos hace quedar poco serios como traductores, sino que nos retrasará enormemente. Aunque no vayamos a traducir al momento, procuremos tener el material correcto y en condiciones.

Y esto es aplicable a muchas otras ramas de la traducción. Pienso, por ejemplo, en los proyectos en Excel. Fíjate bien en todo lo que hay que traducir, no solo de la primera hoja, sino de las otras que pueda haber con texto. Y digo Excel porque a mí me han pasado trabajo audiovisual en este formato para películas y series.

2. PROCESO DE PRODUCCIÓN EFICIENTE

Es importante conocer bien el teclado que usamos y estar familiarizados con los atajos de teclado. Como ha dicho Castro en alguna ocasión: «Cada vez que usas un ratón, muere un gatito».

Aquí van algunos enlaces:

En cuanto al proyecto en sí, también seremos más eficientes si vemos todo el vídeo antes y repasamos el guion. De esta manera sabremos qué esperar antes de traducir: ¿observamos alguna dificultad? ¿Debemos documentarnos sobre algún tema en concreto? Como sabemos que para que una traducción funcione debe causar el mismo efecto en el espectador meta, hay que conocer bien el proyecto en sí y detectar las dudas que luego nos permitan agilizar el trabajo.

Está claro: si prevemos lo problemático antes de empezar, podemos tratar de solventarlo antes de ponernos manos a la obra. Una vez más, algo que nos puede servir en otras ramas. En literaria, por ejemplo, hojear el libro y leer algunos capítulos antes (o el volumen entero) nos ayudará a ver no solo de qué trata y ponernos en contexto, sino también a fijarnos en cuestiones problemáticas (diferencias de tratamiento, argot, vocabulario especializado, etc.).

3. DOMINIO DE LA HERRAMIENTA

Es importante conocer la herramienta de trabajo que vamos a usar. Por ejemplo, en mi caso uso un programa de subtitulación propio del cliente. Antes de empezar, imprimí y encuaderné los manuales. Los tengo siempre a mano para consultar fácilmente los atajos o si se dan problemas técnicos.

Si trabajamos con Word (guion en pdf y película por separado), no está de más crearnos una macro que pueda acelerar las tareas rutinarias de modificaciones y formato; combinar varios comandos (por ejemplo, para insertar una tabla con un tamaño y bordes específicos, y con un número determinado de filas y columnas); hacer que una opción de un cuadro de diálogo sea más accesible o bien automatizar series de tareas complejas.

He aquí un ejemplo de macro para Word, https://www.youtube.com/watch?v=HI-T1gDy3Q4, aunque podemos encontrar muchos más tutoriales.

Y como no solo de macros vive el hombre, conozcamos también los diferentes formatos de archivo en que puede estar nuestro proyecto y qué conversores podemos usar. Por ejemplo, aquí va uno que convierte a otros formatos de archivo sin instalar programas:  http://computerhoy.com/paso-a-paso/internet/convertir-otros-formatos-archivo-instalar-programas-17507.

4. DUDA Y PREGUNTA (MUCHO)

Parece ser que, en ocasiones, cuanto más novato se es, menos se pregunta por miedo a parecer inexperto. Para empezar hay que tener en cuenta algo esencial: debemos saber hasta dónde llegan nuestras limitaciones. ¿Podemos encargarnos de este proyecto? ¿Nos va grande? Si es la primera vez que trabajamos para un cliente, quizá conviene que les pidamos qué convenciones utiliza y cómo quiere que le entreguemos el guion. Tal vez podemos pedir incluso uno de muestra.

Si aparece alguna dificultad, hay que preguntarlo antes y durante, no al entregar. Enviar al cliente una lista de problemas el día de la entrega le servirá de muy poco si necesita el texto ya para adaptar, locutar o lo que sea. Otra cosa distinta son los informes en los que documentas posibles cuestiones de traducción. Yo lo hago al entregar una novela, por ejemplo, por si eso pudiera ayudar al corrector.

Si nos aparece algo técnico o muy especializado, busquemos algún experto que pueda revisar nuestro texto o asesorarnos de algún modo. Me pasó con una serie en la que se hablaba de baloncesto, de lo que no tengo ni idea, pero me salvó el pellejo una conocida, que es entrenadora y gran conocedora del mundo del baloncesto en los Estados Unidos. Me revisó el texto y me comentó qué soluciones eran más naturales teniendo en cuenta el contexto. En definitiva, lo que decimos siempre: no tienes por qué saberlo todo, pero sí dónde buscarlo y a quién acudir.

5. LA IMAGEN ES LA BIBLIA

Hacer caso omiso de la imagen es uno de los errores clásicos en los fansubs, los subtítulos de aficionados, que suelen fiarse a pie juntillas de la versión en inglés sin apenas mirar la pantalla. Pero la imagen va a misa. Por eso, hay que cerciorarse de que el guion coincida y sea correcto, porque lo que predomina es lo que se ve y se escucha.

Por ejemplo, you no siempre es «tú», apunta Castro, también puede ser «vosotros», «usted» y «ustedes». Es cierto que muchas veces en inglés se marca la pluralidad con un you two, pero no siempre. Y en cuanto al tratamiento de usted, hay que prestar especial atención a todo: guion, imagen y, sobre todo, contexto.

También hay que andarse con ojo con los deícticos que nos marcan lugares y objetos, para traducir al género y número que proceda o adaptarlos del modo más conveniente. Y ojito con el vocabulario que puede parecer simple en primera instancia, como shrimp, apunta Castro, que no solo puede referirse a una gamba, sino que también puede ser un camarón o un langostino. Imagina la importancia de traducirlo bien en un programa de cocina.

No nos olvidamos de los ad libs (conversaciones de fondo), que habrá que traducir también, aunque nos parezca que se entiende todo.

Y si tenemos un elemento paralingüístico en pantalla, más motivo aún para dar importancia a la imagen. Pienso en el «Don’t be a…» de Pulp Fiction, del que ya hablé en este artículo sobre adaptaciones de cine.

En este caso, como comenta Patrick Zabalbeascoa en su artículo La traducción del humor en textos audiovisuales, se da un chiste paralingüístico, que depende de una combinación de elementos verbales y no verbales. Es decir, lo que se diga va a estar supeditado a lo que se vea (un gesto, una caída, una aparición, el sonido de un disparo etc.).

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En este momento de la película, Vincent Vega, personaje interpretado por John Travolta, le pide a Mia Wallace, Thurman, que lo lleve a otro restaurante para cenar, a lo que ella le responde «You can get a steak here, Daddio. Don’t be a…» y dibuja en el aire un rectángulo (aunque más bien debería ser un cuadrado porque la expresión en inglés es don’t be square).

Explica Zabalbeascoa que el sentido en inglés de «no seas antiguo» dista mucho de una traducción literal de «no seas» y luego ver el cuadrado en la pantalla, que encima va reforzado por unas líneas de puntos. Una solución puramente verbal, dice, «sería buscar una expresión en castellano que acabara con “cuadrado” y encajara en el contexto (tipo “no seas un cabeza… cuadrada” o quizás “no seas tan… cuadrado”, aunque las dos son mejorables).

Y como esto seguro que se os ocurren muchos ejemplos más. Ahora mismo pienso también en un gag del primer episodio de Modern Family en el que tras comentar el personaje Phil (Ty Burrell) el bonito vestido que lleva Gloria (Sofía Vergara), ella pronuncia su nombre de tal manera que parece que le diga feel, «tócalo», que es lo que hace él para asombro de los allí presentes. Chiste, pronunciación y gesto en pantalla: una combinación explosiva.

6. NO LO HE OÍDO, NO LO CONOZCO, NADIE LO USA

Que no lo hayamos oído no significa que no se diga y no se use en muchas otras partes. Cuidado con la influencia de zona geográfica al traducir y procuremos no caer en laísmos o en localismos que luego sean difíciles de entender.

Castro usó el ejemplo de alguien que en una película, si no recuerdo mal, pedía su hamburguesa «con todos sus avíos». Al parecer, eso significa el conjunto de extras: mayonesa, ketchup, etc. en algunas zonas del país. En esta receta aparece, por ejemplo, pero ¿se entendería en otros lares?

7. DOCUMENTACIÓN

Con el fácil y rápido alcance a las fuentes de información que tenemos gracias a Internet, a veces pensamos que con eso basta. Hay mucho mundo fuera de las redes. No vayamos a lo de siempre (Wikipedia, Wordreference, IATE), busquemos recursos offline e incluso orales. Es mejor recurrir a un experto en una materia determinada que fiarse de un glosario de Internet cuyas fuentes desconocemos.

Y si buscamos en las redes, acudamos a foros especializados antes que a uno de traductores. Los miembros de esos foros sabrán asesorarnos mejor porque son especialistas en el tema y seguramente se alegrarán de que les consultemos. Castro comentó en su ponencia que suelen agradecer las consultas porque lo interpretan como un interés hacia su trabajo. Doy fe. Tengo amigos mecánicos e ingenieros que se echan las manos a la cabeza cuando oyen alguna «burrada» en un doblaje o en unas voces superpuestas: «¿Que tiene 130 “hache pe”? Eso viene de horse power. Tendría que haber dicho “130 caballos”». Verídico.

Y sin desmerecer las bibliotecas, no olvidemos los libros en Google Libros o Google Académico, con textos de mayor fiabilidad que cualquier recurso sacado de un blog.

8. EVITA EL ESPAÑOL DE DOBLAJE

Lo malo es que está tan arraigado que oímos estas expresiones del dubbese y nos quedamos tan anchos. Para empezar, cuidado con los posesivos para las partes del cuerpo. Si uno le tiende la mano al otro para salvarle la vida, diremos «¡Agárrame la mano!» o incluso «¡Agárrate!» porque en pantalla se verá todo seguramente, pero no «Agárrame mi mano» porque ya queda claro, es redundante y es un calco del inglés. Sí, sé que hay que tener en cuenta la sincronía labial en doblaje, pero en algunos casos no cuela.

Hablando de calcos, ojo también con vocablos calcados y falsos amigos, algo que, evidentemente, hay que tener en cuenta en toda traducción. ¿Errores típicos? El detective cuando hablamos de un agente de la policía, que no es «detective» sino «inspector». O el caso de «alcaide» para warden que aquí es el director de la cárcel. Y por supuesto no es ningún nombre propio: «Soy Warden Grant, el responsable de la prisión» quedó para la posteridad en una película.

¿Y qué decir de los tacos? Como ya sabéis, en este blog he hablado bastante del tema y no me canso de repetirlo: el español es muy fértil en cuanto a tacos y expresiones soeces, ¡aprovechémoslo!

Evitemos este tipo de traducciones:

9. SÉ UN JEDI DE LA FRASEOLOGÍA

Traducir bien tiene mucho que ver con el conocimiento de la lengua meta, e incluso más, ya que nuestra traducción tiene que parecer como si se hubiera escrito originariamente en castellano. Para esto no hay nada mejor que leer mucho, fijarse bien en las colocaciones y tratar de fijar bien el vocabulario.

Desconfiemos de lo que no tenga sentido en español y traduzcamos con la expresión adecuada. Frases verídicas como «Le habían robado el trueno» o «Le había cortado el corazón» no se entienden mucho, ¿verdad? Pero, ay, si acudimos al original en inglés, vemos que el texto original sí se entiende: Finding his thunder stolen es «adelantarse a uno, robarle a uno una idea» y To cut at his heart es «herir en lo más vivo».

Y ya que hablamos de vocabulario, adaptémoslo bien según la época de la película o serie en cuestión. Una persona del siglo XVI no va a hablar como una del XXI. Oímos mucho «bizarro» o «evento» (sí, influencia del inglés), pero por mucho que se usen ahora, no podemos usarlos en un texto más antiguo, por ejemplo.

No tengamos miedo a los diminutivos o aumentativos. Por influencia del inglés, muchas veces se traduce literalmente un little o un big, pero en nuestro idioma tenemos una forma muy natural de traducirlos con los diminutivos y los aumentativos, que —según comentó Castro— apenas se oyen en los doblajes. Por ejemplo, en una frase del tipo I have a little problem, ¿por qué no decir «tengo un problemilla»?

10. SÉ MEMORABLE

Que se acuerden de nosotros. Eso se consigue de muchas formas: facilitando las cosas, siendo comunicativos y sinceros, dando seguridad («No te preocupes, yo me ocupo»). Se acordarán de nosotros si les consultamos dudas, si les facilitamos el trabajo («Mira, voy un poco liado, pero te hago un hueco ahora mismo») y porque vamos mucho más allá de entregar un texto de calidad. Podemos suplir siempre la falta de experiencia ofreciendo profesionalidad.

Demostramos esta profesionalidad, como veíamos antes, cuando aceptamos el proyecto solo si es un tema que dominamos o sabemos que podemos pedir el comodín de la revisión a otro profesional. También demostramos ser buenos profesionales si no lo aceptamos, pero le buscamos a un compañero que pueda encargarse del proyecto. En definitiva: hagámosle la vida fácil al cliente, solucionémosle los problemas (siempre que se pueda, claro).

Aunque la receta del éxito en traducción no existe, me parece que estos consejos son unos buenos apuntes para empezar, ¿no os parece? ¡Nos leemos en la próxima!

*Y por supuesto, gracias, Xosé, por darme carta blanca para hablar de tu charla.

Cómic y Medicina. Entrevista a Blanca Mayor Serrano

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Este pasado mes de julio se celebró la 4ª edición del curso Problemas, métodos y cuestiones en traducción médica organizado por Fernando Navarro en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo en la que tuve el placer de participar.  El curso abarcó un temario muy variopinto en el que se trataron los aspectos culturales y de comprensión en la traducción biosanitaria; la traducción e interpretación en el ámbito de la violencia de género; las nomenclaturas normalizadas en medicina, biología y metrología; y la traducción del lenguaje de la sexualidad y lo soez, que recayó en mí y centré en el vocabulario más frecuente de nuestra sexualidad.

Siguiendo esta línea más informal de la vertiente médica, Fernando Navarro habló de los cómics en Medicina. Dio una pincelada al mundo de las historietas en nuestro país y nos ilustró, nunca mejor dicho, con las viñetas de Mónica Lalanda, que tratan las relaciones médico-paciente o denuncian las irregularidades de nuestro sistema sanitario. Si no la conocéis, os recomiendo que echéis un vistazo a su blog Médico a cuadros o a su libro Con-ciencia médica.

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Pues bien, como no podía ser de otro modo, se habló y mucho de Blanca Mayor Serrano, Dra. en Traducción e Interpretación por la Universidad de Granada y especialista en divulgación y comunicación médico-sanitaria. Y aunque no nos conocemos en persona, Blanca tuvo a bien responderme a unas preguntillas sobre la relación entre cómic y Medicina, de la que habla con asiduidad en su blog Comunicación y educación en salud.

Además, ha publicado recientemente El cómic como recurso didáctico en los estudios de Medicina, volumen destinado, como ella misma explica, «a los docentes, tanto a aquellos que se inician en la enseñanza de la competencia “Habilidades de comunicación” como a los que llevan un tiempo dedicándose a ella pero desean incorporar nuevos materiales didácticos o un nuevo enfoque a sus clases. También es de interés para aquellos estudiantes y residentes que, debido, por una parte, a la juventud de esta materia y, por otra, al hecho de que la formación en esta área es, en algunas facultades, aún escasa e incluso nula, busquen un complemento formativo».

Aquí va, pues, la entrevista a Blanca Mayor Serrano para el blog. Espero que os guste y os resulte interesante. ¡Gracias, Blanca!

  1. Desde tu blog en el Diario médico llevas mucho tiempo divulgando, recomendando y escribiendo sobre el cómic en el ámbito sanitario. Pregunta obligada, ¿qué te atrae del mundo del cómic y qué crees que este puede aportar al sector médico?

En realidad, son muchos los aspectos que me atraen del cómic: su lenguaje, sus elementos identificativos, que favorecen que el lector se involucre en el relato, se proyecte en las historias narradas, lo que lo convierte en un medio singular; su capacidad de comunicar no solo datos, informaciones, sino también pensamientos, sentimientos o emociones, algo impensable en otros tipos de texto como, por ejemplo, los folletos o las guías de salud destinados a los pacientes, familiares y cuidadores.

Y son, entre otros, a mi juicio, estos aspectos los que convierten al cómic —en sus distintos formatos (historieta, novela gráfica, tira cómica, etcétera)— en una herramienta excelente tanto para la promoción de la salud y la educación médico-sanitaria de la población como para la formación de médicos en ciernes y la mejora de la comunicación entre profesionales sanitarios y pacientes.

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  1. Este verano se publicó tu libro «El cómic como recurso didáctico en los estudios de Medicina». ¿Cómo se le ocurre a una licenciada en TeI escribir un libro sobre este tema?

Es una pregunta muy interesante que se ha hecho más de uno, te lo aseguro. Y lo entiendo, pues no deja de sorprender el hecho de que haya sido una traductora, por muy Doctora que sea, y no un profesional sanitario, la que haya intentado cubrir, mediante el uso del cómic como herramienta didáctica, una laguna importante en los estudios de Medicina como es la formación de los estudiantes en la competencia denominada «Habilidades de comunicación», conocida también como «Comunicación médica», «Relación médico-enfermo y habilidades comunicativas», «Comunicación en Medicina» o «Comunicación Asistencial».

Es mi pasión por la investigación, la didáctica, la educación médico-sanitaria del lego en medicina, la comunicación entre médicos y pacientes lo que me llevó a investigar, en un primer momento, sobre la utilidad del cómic para la promoción de la salud y la educación médico-sanitaria de la población, y, posteriormente, sobre las prebendas docentes de este fantástico medio de comunicación para la formación de estudiantes de Medicina en «Habilidades de comunicación» tras descubrir que en algunas facultades de medicina extranjeras se hacía uso del cómic como instrumento docente.

El último libro de Blanca Mayor sobre el cómic como recurso didáctico

El último libro de Blanca Mayor sobre el cómic como recurso didáctico

  1. ¿Qué rasgo diferencial tiene o qué aporta el cómic que no podamos obtener a partir de otro tipo de documentos (folletos, trípticos, etc.)?

Como decía anteriormente, la capacidad de este medio de comunicar no solo datos, informaciones, sino también pensamientos, sentimientos, fantasías o emociones, lo que favorece la identificación del lector con el relato, con la historia narrada.

En el cómic, al contrario de lo que ocurre en el tipo de documentos que mencionas, prima la narración, de ahí que sus elementos constitutivos —narrador, acción, personajes, tiempo y espacio— doten al texto de un gran potencial informativo. Y al relatar, por tanto, en un determinado periodo de tiempo hechos vividos por personajes, con los cuales el destinatario pueda identificarse fácilmente, al analizar experiencias personales prácticamente imposibles de ser abordadas por otras vías y, por ende, permitir al lector proyectarse en las historias narradas, el cómic se transforma en una herramienta idónea para la divulgación médico-sanitaria.

  1. Solemos relacionar un cómic o tebeo con una temática graciosa, simpática, agradable. ¿Cómo podemos hablar de temas tan espinosos como el Alzheimer, el SIDA o la muerte mediante ilustraciones y bocadillos?

En efecto, aunque la percepción social del medio está variando, la gran mayoría suele asociar la palabra «cómic» con un medio eminentemente enfocado al ocio, con un medio de entretenimiento que aborda el humor o la acción, destinado principalmente a la población infantil y juvenil, y poco más. Sin embargo, nos hallamos ante un medio de comunicación soberbio tanto para la promoción de la salud y la educación médicosanitaria de la población como para la narración de vivencias personales asociadas al enfermar. Tanto es así que la acogida entre el gran público de esta modalidad narrativa, me refiero en concreto a la novela gráfica —un formato de cómic en el que los autores relatan sus experiencias, sus vivencias asociadas al enfermar, sean ellos los propios dolientes o algún miembro de su familia—, ha sido tal que se puede afirmar, sin caer en la exageración, que ha revolucionado la industria editorial. Puede apreciarse bien en la copiosa publicación de novelas gráficas en distintos idiomas, traducidas a su vez a otras lenguas.

  1. ¿El formato permite hablar de todo? ¿Se puede explicar bien una enfermedad sin usar jerga médica? 

De hecho, se habla de todo. He leído cómics que abordan temas tan distintos, y desde diversas perspectivas, como la medicina genómica, el Alzheimer, la gripe, el cáncer de mama, de testículo, de laringe, la depresión, la psoriasis, el TDAH, la disfunción eréctil, la oncología radioterápica, el autismo, la epilepsia, la diabetes, la parálisis cerebral, la anorexia, la hemofilia… La lista es interminable.

En cuanto al uso de la jerga médica, no veo por qué hay que prescindir de ella para que el texto resulte comprensible. Es más, en los cómics destinados a la promoción de la salud y a la educación médico-sanitaria de la población es, a mi juicio, necesario hacer uso de tecnicismos. En primer lugar, resulta prácticamente imposible prescindir en todo momento de la terminología médica. En segundo lugar, debido a que los materiales destinados a la información y formación en salud aspiran precisamente a la educación médico-sanitaria de los ciudadanos, en mi opinión, sí conviene hacer uso de la terminología médica siempre que los términos empleados sean debidamente sometidos a un proceso de reformulación la primera vez que aparecen en el texto.

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  1. ¿Qué dificultades existen al plasmar en cómic la realidad de un paciente con una enfermedad grave?

Me temo que no soy la persona más indicada para responder a esta pregunta pues no soy dibujante de cómics. Yo tan solo me dedico a analizarlos y a explotarlos desde el punto de vista pragmaligüístico y didáctico, pero, por desgracia, soy incapaz de hacer un cómic.

  1. En tu libro hablas de la empatía del médico (y del estudiante de Medicina) cuando debe tratar ciertas cuestiones con el paciente. ¿Cómo se desarrolla esta habilidad de comunicación, cómo se aprende a dar malas noticias?

Para desarrollar esta habilidad de comunicación, como cualquier otra, es necesario disponer del enfoque didáctico y el material docente adecuados. En mi libro opté por el denominado «enfoque por tareas», porque implica un aprendizaje activo y favorece la autonomía de los estudiantes. Y, como queda patente en el título de mi libro, por el cómic como material docente, concretamente por la historieta y la novela gráfica por los motivos comentados anteriormente. Además, la novela gráfica, en concreto, permite conocer hechos y situaciones que difícilmente se encuentran en los libros de texto tradicionales de medicina. Y, a diferencia del cine o la novela tradicional, exige una implicación mayor del lector, pues le obliga a la participación activa en la decodificación del conjunto de códigos diversos de lenguajes o paralenguajes diferentes que entran en juego en la narración. Y, cómo no, hay que saber qué se enseña.

Aunque parezca mentira hay profesionales de la salud —sean docentes o no— que suelen confundir el concepto de empatía con el de simpatía, cordialidad, compasión y hasta con los buenos modales. Una vez se tenga claro el concepto de empatía, los factores que la favorecen y la propician, así como la enorme importancia que tiene en la práctica asistencial, esta habilidad de comunicación se puede enseñar, aprender, ejercitar y hasta evaluar con, como decía, el enfoque didáctico y el material docente adecuados.

Invito a los lectores de esta entrevista a que lean el apartado 3.3 de mi libro donde hago una propuesta didáctica para el desarrollo de la capacidad empática. Como todas las publicaciones de la Fundación Dr. Antonio Esteve, se puede obtener, de manera gratuita, un ejemplar impreso del libro haciendo clic en «Solicitar publicación» en este enlace o bien descargar una copia en PDF de la misma página.

  1. Soy muy fan del cómic Oh Joy Sex Toy de Erika Moen y sé que también lo conoces, ya que alguna vez hemos hablado de él por la red. ¿Un cómic es un buen método para hablar de una cuestión tan peliaguda como el sexo, por cuestiones morales y no solamente médicas? ¿Crees que sería posible una publicación de este tipo en castellano?

He leído folletos y guías de salud sobre este tema destinadas a los ciudadanos con un contenido que algunos lectores considerarían subiditas de tono y hasta un pelín pornográficas. Así que, creo que el cómic, si además se adereza con una pizca de humor, sería el método más apropiado para abordar un tema tan peliagudo como el sexo y tratar el tema con la naturalidad que se merece. Sinceramente, pienso que una publicación de este tipo no solo sería posible en castellano, sino también necesaria.

A pesar del título, Erika no solo habla de juguetes sexuales

  1. ¿Cómo ves el futuro del tándem cómic y comunicación/divulgación médica? 

Cada vez son más numerosas las entidades públicas y privadas que apuestan por la edición de cómics para tales fines en lugar de recurrir a los materiales tradicionales. Esto no ha hecho más que empezar y, como no podía ser de otro modo, le auguro un futuro fantástico siempre, claro está, que se elaboren cómics por dibujantes expertos y profesionales sanitarios, y con rigor. Hay que cuidar los elementos tanto gráficos como narrativos y no perder de vista al destinatario del texto. No todo vale.

  1. Por último, ¿te atreverías a hacer un top 5 o top 10 de cómics sobre medicina que te gusten especialmente?

Son muchos los que tengo entre mis favoritos, algunos de ellos reseñados en mi blog. Entre las historietas destacaría Atenta (sobre el TDAH), Alzheimer. ¿Qué tiene el abuelo?, ¿Qué le pasa a Isabel? Los Medikidz explican la diabetes tipo 1 (sobre la diabetes), Un día como hoy (el cáncer de mama entró en casa). De las novelas gráficas, sin lugar a dudas, Una posibilidad entre mil (sobre la parálisis cerebral), Arrugas (sobre la enfermedad de Alzheimer), Los silencios de David (sobre el cáncer de laringe), Alicia en un mundo real (sobre el cáncer de mama), 17. Vivir, revivir, sobrevivir (sobre el cáncer de testículo) y María y yo (sobre el autismo).


De nuevo, gracias por la entrevista y las recomendaciones, Blanca. Doy fe de lo grandes que son Arrugas, cualquiera que haya pisado una residencia de ancianos se sentirá automáticamente identificado; María y yo, cómic del gran Miguel Gallardo que se convirtió poco después en documental; y Píldoras azules, de Peeters y que, no, no tiene nada que ver con las pastillitas de Pfizer en las que muchos estaréis pensando. Si no los habéis leído ya, no os los perdáis, porque cómics y Medicina están mucho más ligados de lo que nos imaginamos.

El encargo de traducción: ¿qué preguntar antes de aceptar?

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Últimamente he trabajado con varios clientes nuevos (empresas, agencias y particulares) y buscando en la red cómo enfocaban este asunto otros compañeros, di con un listado de Tomedes, que reproduzco aquí con su permiso y amplio con algunos apuntes de mi cosecha:

PREGUNTAS PARA EL CLIENTE

Empecemos por lo básico: las preguntas que debes hacer al cliente que necesita la traducción.

  1. ¿Cuántas palabras tiene el documento?
  2. ¿Cuál es el plazo?
  3. ¿Cuál es el tema? ¿Es muy especializado o técnico?
  4. ¿Es documento escrito o es un archivo de audio? En este último caso, ¿se nos pide también transcripción?
  5. ¿En qué formato está? ¿Es un Word, un PDF, un fax escaneado (sí, aún existen)?

Esta información es impepinable, si queremos verlo así. Es importante saber qué vamos a traducir y por cuánto. Y en cuanto a las palabras, cuando nos envíen el documento para traducir (o para verlo solo si estamos en proceso de elaboración de presupuesto), cerciorémonos de que la cantidad de palabras es correcta. A todos se nos puede pasar, incluso al gestor de proyectos o al cliente directo, así que es importante comprobar que todo esté bien desde un principio.

Tampoco está de más preguntar:

6. En el caso de una traducción de marketing o una web: ¿requieren localización o solamente traducción? Si es un texto publicitario, ¿necesitan transcreación?

7. ¿El proyecto va a necesitar una edición o maquetación posterior (desktop publishing  o dtp)?

Cuanto más sepamos del encargo desde un principio, mejor informados estaremos del trabajo que nos espera y lo que vamos a tardar en hacerlo. El tiempo es dinero. No es lo mismo un texto plano sin más, que tener que controlar aspectos de diseño que van a requerir más tiempo una vez terminada la traducción.

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ASPECTOS ECONÓMICOS

Hay que ser muy claros con los elementos económicos del proyecto también antes de empezar. Se debe acordar un honorario o tarifa, además del método de pago y el plazo de cobro. En cuanto al honorario, que quede claro si es por texto origen o texto meta. También podemos plantearnos lo siguiente:

  1. ¿Es un trabajo urgente?
  2. ¿Es una traducción jurada o va a requerir un certificado de algún tipo?

En ambos casos hay que cobrar algo más, sobre todo por las horas extras en el caso de los encargos urgentes. Por eso la comunicación es esencial y todo debe quedar atado antes de ponerse a traducir. Hay que explicarle al cliente si va a haber cargos extra para que este dé el visto bueno antes de empezar.

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 NUESTRO PAN, NUESTRO HORARIO

Como no somos maquinitas sino personas, no está de más plantearse lo siguiente:

  1. ¿La tarifa es aceptable para nosotros? Tal vez este cliente “imponga” un precio. De ser así, preguntémonos si de verdad es justo para nosotros. Recalco para nosotros, porque aunque hay que ser conscientes de los precios de mercado para no perjudicar al sector y a nosotros mismos, cada uno tiene sus circunstancias. Hay quien considera que 0,05 para un folleto general es poco y no baja nunca de 0,07, pero para otro puede ser una tarifa más que aceptable por el trabajo que va a conllevar.
  2. ¿Podemos cumplir el plazo y aun así tener tiempo para comer, dormir y tener vida social?
  3. ¿Con este encargo podemos conseguir más trabajo de este cliente?

Esto último puede ser importante. Tal vez por necesidades del cliente, este proyecto nos haga trabajar hasta tarde un par o tres de días, pero si a la larga puede darnos más trabajo, encargos regulares, tal vez el sacrificio valga la pena. O no. Quizá pensemos que ceder a ciertos plazos poco realistas puede sentar un precedente peligroso y decidamos explicárselo al cliente (de lo que hablamos cuando hablamos de “educar”) o bien no aceptar el trabajo. Una vez más, debemos ser claros con nosotros mismos para ver si podemos encajar este encargo en nuestra planificación y poder equilibrarlo con lo demás, ya sean otros proyectos o, sobre todo, con nuestra vida.

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OTRAS CONSIDERACIONES

Hay más cosas que debemos tener en cuenta, dependiendo de la carga de trabajo… y el estado de nuestras cuentas.

¿Me interesa el tema de la traducción o me voy a aburrir como una ostra? Aunque nos aburra, tal vez nos interese aceptar el encargo porque vamos descargados de trabajo, porque nos interesa mantener al cliente o porque lo necesitamos económicamente. Pero en ese caso, seamos conscientes de lo que nos va a suponer.

Cuando se puede escoger –y ahora hablo a título personal–, prefiero una novela a unos presupuestos anuales o un manual técnico. Si por lo que sea, necesito el encargo, me armo de valor y me lo tomo con filosofía. Por desgracia no siempre podemos escoger, pero sí es un factor que debemos plantearnos. ¿Acaso no trabajamos más motivados cuando algo nos gusta?

También hay que pensar en quién es el cliente y si está recomendado. Puede que esto no tenga tanto peso a la hora de aceptar el encargo, pero contribuye al nivel de confianza y seguridad al trabajar.

En este tema que nos ocupa hoy, vale la pena también prestar especial atención a estos diez consejos de Tess Whitty:

  1. No aceptes un proyecto que sepas que no vas a poder hacer. No tengas miedo a rechazar algo que sabes objetivamente que no puedes cumplir o que no puedes hacer sin que se resienta la calidad. Si aún quieres aceptarlo, puedes buscar a algún compañero que te lo revise o puedes encontrarle un sustituto al cliente y facilitarle así la gestión. Seguro que te lo agradecerá.
  2. No aceptes trabajos con plazos imposibles. No lo dudes y negocia. A veces con un recargo por urgencia se descubre que la traducción no era tan urgente. Como con todo, la comunicación es clave.
  3. No dudes en preguntar. Seamos sinceros, no lo sabemos todo. Pregunta al cliente cualquier cosa que no tengas clara o pídele textos paralelos o antiguas traducciones (si el cliente es una agencia, por ejemplo). Preguntar no es demostrar ignorancia sino profesionalidad. No dejes las dudas para el final o para el mismo correo de entrega, cuando no haya margen para solventarlas.
  4. No aceptes un trabajo sin haber visto el texto antes. Puede que no siempre sea posible (me ha pasado con alguna novela), pero lo mejor es ver el documento antes de aceptar para calcular mejor el tiempo, para comprobar que es de una temática que controlamos y, en definitiva, para ver si es factible.
  5. No aceptes un trabajo sin saber quién es el cliente. En el caso de clientes directos es más difícil (que no imposible), pero si es una agencia que no conoces, lo mejor es buscar su página web o mirar en algunos foros (BlueBoard de ProZ, algunos grupos de facebook). Y aunque el correo sirve como confirmación de un trabajo de traducción, es aconsejable tener siempre una orden de compra o PO (purchase order) en la que consten las tres P básicas del proyecto: palabras, precio y plazo.
  6. No empieces a trabajar hasta que no hayas acordado un precio. A nadie le gustan las sorpresas en la factura, así que sé muy claro con lo que vas a cobrar, haya extras o no. Y trata de barrer para casa, claro. Para este proyecto tan pequeño, ¿no es mejor aplicar una tarifa mínima? Para esta revisión, ¿por qué no cobras por hora?
  7. Piensa en lo que escribes antes de enviarlo al ciberespacio. Hay muchos foros y páginas ahora en las que un traductor puede desahogarse, pero seamos sensatos. Un mensaje airado en las redes sociales puede terminar en manos del cliente. Piensa bien antes de escribir, deja pasar un rato y verás que, en frío, no es todo tan grave como parecía. Y lo mismo al hablar directamente con los clientes: respiremos y luego escribamos… más tranquilos. Con amabilidad se va a todos lados. En serio.
  8. Véndete bien. No te centres en lo que no sabes o en la poca experiencia que tienes. Céntrate en tus puntos fuertes, en lo que has traducido ya, en lo bueno que puedes aportar. Y eso también se aplica a la tarifa. Cobra lo justo. Un precio bajo también significa menor rentabilidad para ti.
  9. Guarda toda la información y correspondencia. Es importante guardar los correos, contratos y otros documentos de cada cliente, sobre todo para tenerlos de referencia. Para esto va muy bien un disco duro externo que pueda almacenar esa información que no usamos en el día a día.
  10. Lee todas las cláusulas antes de firmar un contrato. Básico para no llevarnos sorpresas luego. A veces son contratos estándar cuyas disposiciones no se aplican, pero, una vez más, en caso de duda, consúltalo con el cliente.

Hasta aquí los consejillos de hoy. ¿Hay algo que consideréis esencial al aceptar un encargo? Estaré encantada de leeros.

(Auto)regalos para traductores, lingüistas, bibliófilos

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Halloween, Black Friday y Cyber Monday —y pronto Thanksgiving, ya veréis—; estas tradiciones norteamericanas nos van guiando hasta el jefe final del consumo: el periodo navideño con su Papá Noel y los Reyes Magos después.

Pero nos gusten estos días turroneros o no, a nadie le amarga un dulce y hoy hablaré de algunos regalitos para hacer las delicias de traductores, lingüistas, maestros y otra gente de bien. ¿No sabes qué regalarle a la traductora de tu corazón? ¿Necesitas pistas para ganarte a ese intérprete cañón? ¿O tal vez te apetece autorregalarte algo por lo mucho que llevas trabajando en ese último proyecto?

Aquí van algunas ideas, pues, y con tiempo para que lleguen a su destinatario y no nos pille el toro.

Olfato

Velitas de Frostbeard. ¿Cuántas veces decimos eso de «Me encanta el olor a libro nuevo»? (me entusiasmaba oler los libros de texto al principio de curso, ¿a vosotros no?). Ahora podemos con estas velitas de Frostbeard, con toda una gama de posibilidades, ya sea olor a libros antiguos, a libro nuevo en rústica o a librería. Cómo no, también hay guiños a grandes obras de la literatura, y por eso han creado el olor a la mansión de Gatsby, a los jardines de Pemberley o al estudio de Sherlock.

Y si no tenéis con qué encender las velitas, en DippyLulu propone unas cajitas de cerillas que imitan minilibros con títulos algo… escatológicos.

Gusto

Ay, café, gasolina de escritores y traductores. Ahora podemos disfrutar de él en tazas tan literarias como esta de The Unemployed Philosophers Guild con las primeras frases de grandes obras literarias. Por cierto, en esta misma web se pueden encontrar cosas tan curiosas como marionetas de dedo de James Joyce, Kafka o Poe.

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No, no me olvido del té. Para los más sibaritas y amantes de las buenas letras, tenemos los tés de NovelTea Tins para preparar infusiones de varios sabores y con cajitas preciosas que imitan cubiertas de libros… y con juegos de palabra en los títulos, como War and Peach, Don Quixotea o The Picture of Earl Grey.

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Y para acompañar ese té literario, no puede haber nada mejor que unas galletas Jules Destrooper en una preciosa caja de hojalata con ilustración de Magritte. Y no es solo por el diseño, no. ¡Están de muerte!

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Tacto

Las posibilidades dentro del sentido del tacto son infinitas, igual que tiendecitas en Etsy con artículos para amantes de los libros, así que para acortar las búsquedas, aquí van algunas ideas:

  • En NovelCreations hay unos bolsos preciosos con cubiertas de libros famosos.
  • En storiarts encontraréis mitones, cojines y bufandas con fragmentos de libros como Sentido y sensibilidad, Peter Pan y muchos más.
  • En TightsShop y en colinedesigns hay medias con citas literarias de todo tipo y de distintos colores.

Si ha llegado la hora de renovar pijama, os dejo aquí unas propuestas de Monki, una marca muy original. Los tenéis de una pieza y con un diseño de comida rápida, uno de dos piezas con palomitas y hasta con motivos navideños.

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Para salir a la calle, no os perdáis los diseños de las camisetas de Qwertee y la camiseta (y bolsa) para traductores en Teespring.

Y no nos olvidamos de la bisutería. Si os gustan los broches, no os perdáis los de Sarah Pounder en su tienda House of Ismay. Descubro en Librópatas que para hacer sus broches, Sarah reutiliza páginas de libros viejos y destrozados en un intento de darles una nueva vida.

Si lo que buscamos es algo para trabajar o para leer, también hay varias opciones. Empecemos con Bouncing Ball Creation y sus lápices con frases de libros, por ejemplo estos de Harry Potter:

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Y ya si entramos en el maravilloso mundo de los separadores y los puntos de libro, tenemos unos ideales para novela negra que simulan sangre, unos inspirados en El mago de Oz y hasta unos parlantes.

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¿Un ratito de descanso además de la pausa para el cafelito? Una buena opción para entretenerse y aprender al mismo tiempo es la colección de pasatiempos que Blackie Books edita cada verano. Ya van por la quinta edición y no me extraña.

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Por supuesto, dentro de este apartado, incluimos también libros de todo tipo, como ya venimos recomendando en otras entradas sobre libros para traductores: aquí y aquí.

Si queréis algo especial, echadle un vistazo a los libros mejor editados de este año en sus varias categorías. Y si os apetece algo distinto, Carla Crespo, traductora y escritora, ha publicado hace poco Amor en V. O., una novela con una pareja de intérpretes como protagonistas en la que se dan escenas tan divertidas como esta, en plena discoteca. Está tanto en formato físico como electrónico.

Oído

La música es algo muy personal y cada uno trabaja con la que más le gusta (o sin ella si le distrae), pero hay multitud de aplicaciones con sonidos varios que nos ayudan a concentrarnos.

Una de ellas es Coffitivity, con grabaciones de lugares como cafeterías y restaurantes. Solo hay que iniciarla y seleccionar el ambiente que se quiere representar. Está disponible a través de App Store y también cuenta con una versión web donde escuchar varios ruidos de ambiente de forma totalmente gratis.

Otra aplicación curiosa es Ambiance, que da acceso a una gran biblioteca de sonidos de todo tipo para crear un ambiente personalizado y según las necesidades del usuario. En el menú Library se puede buscar entre las diferentes selecciones de sonido. Se pueden encontrar ruidos relajantes como el sonido de una tormenta sobre una tienda de campaña, melodías étnicas para meditar, etc. Se puede conseguir a través de App Store y Google Play. Sí existe una versión limitada o de prueba completamente gratuita en la App Store.

Y si queréis alternativas gratuitas y variaditas, no os perdáis este artículo con las 17 páginas para escuchar sonidos relajantes mientras trabajamos.

BONUS TRACK

Y ahora es cuando nos ponemos serios. No necesitamos que llegue el momento adecuado (bueno, podemos esperar a cobrar esa jugosa factura) para invertir en elementos útiles para el ejercicio de nuestra profesión:

Sillas/teclados ergonómicos: Nos pasamos mucho rato sentados y una postura cómoda es esencial para trabajar sin dejarnos la salud en ello. Podemos ahorrarnos dolores de espalda y de muñeca si optamos por una silla y un teclado más ergonómico. En cuanto a sillas, la que está triunfando actualmente entre traductores es la silla Markus de Ikea, por ejemplo.

Dragon Naturally Speaking: Bien entrenado, y creedme que tampoco se necesita tanto, Dragon es una buena herramienta de dictado para trabajar más rápido. Con preparar el texto un poco (lectura previa a fondo, búsqueda de terminología) basta para luego realizar una traducción a la vista. Y no, no me pagan por recomendarlo, pero para traducciones generalistas y editoriales a mí me va muy bien, por no hablar de que puede salvarte encargos en caso de lesión de muñeca.

Diccionarios: No solo de diccionarios online vive el traductor (o no debería). Hay muchos recursos que existen solo en papel o cuya versión exhaustiva encontramos únicamente de forma física. ¿Buenas inversiones? El María Moliner, el Redes, los de Seco, etc.

Disco duro externo: Para que el ordenador no tenga que trabajar al máximo de su capacidad o sobrecargar la nube, no es mala idea agenciarnos un disco duro externo en el que podamos guardarlo todo sin miedo.

SAI: Después de un par de tormentas, en una de las cuales se me estropeó el sobremesa, lo vi claro: necesitaba un SAI. Si lo guardáis bajo la mesa en un rinconcito, os olvidaréis de que está allí y ya no sufriréis en el caso de que una bajada o subida de tensión dé al traste con el ordenador, la impresora o el teléfono que en ese momento tenéis cargando en la misma regleta. Podéis encontrarlos en Amazon o en cualquier gran cadena en todos los tamaños y precios.

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Espero que estas propuestas os hayan gustado y si queréis añadir alguna, no dudéis en dejar vuestro comentario. ¡Hasta la próxima entrada!