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Un puñado de primeras veces

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Una de las cosas que más me gusta de esta profesión es que siempre aprendes cosas nuevas y, normalmente, salen encargos y proyectos que te empujan a salir de tu zona de confort.

Cada traducción es distinta a la anterior; un mismo día puedes estar traduciendo sobre un niño y su amigo imaginario, sobre medidas contra el acoso escolar y sobre una empresa de alquiler de coches. No digo que no haya trabajos más rutinarios o más aburridos, hay de todo, pero en la variedad está el gusto y en este oficio suele darse en abundancia.

Sin embargo, estos últimos días he salido de la burbuja a lo grande. Para poneros en situación, empecé a colaborar con la editorial Mai Més hace unos meses con la traducción al catalán de Trail of Lightning, El rastre del llamp, de Rebecca Roanhorse, una novela distópica con protagonista femenina muy cañera y trasfondo navajo muy interesante. ¡Y ganadora del premio Locus, por si fuera poco!

Para mí, esta fue mi primera incursión en el género fantástico, por el que siempre he tenido bastante respeto. Los lectores son muy exigentes (como debe ser, por otro lado), no había tocado ciencia ficción desde mi adolescencia y no había leído a grandes como Sanderson o Pratchett (shame on me!). Aun así, me informé sobre el libro, me gustó y vi que no pertenecía a ninguna saga ya empezada. Recalco esto porque llegar a una saga a medias es complicado; debes empaparte bien del mundo creado en el libro, el estilo y la terminología propia.

Disfruté mucho con esta historia (os la recomiendo si sabéis catalán y, si no, creo que se han adquirido ya los derechos para traducirla al castellano), el libro quedó de diez y también por primera vez mi nombre apareció en una cubierta.

Pero lo que me empujó a salir de la burbuja de mi despacho fue hacer de intérprete para la autora en su visita a Barcelona. Los editores de Mai Més, más majos que las pesetas, me pidieron si podía echarles una mano aunque no fuera intérprete. Necesitaban interpretación para la presentación de la autora a varios periodistas y blogueras y, posteriormente, para el encuentro con lectores en la librería Gigamesh, templo friqui por excelencia.

Presentación de Rebecca a la prensa en la librería Gigamesh
este pasado viernes.

No sabéis los nervios que me entraron. Si me leéis por redes, sabéis que siempre he alabado el trabajo de los intérpretes, lo respeto muchísimo y me parece realmente encomiable. Solo había hecho un par de interpretaciones para empresas y de eso hacía muchos años. Además, siempre digo que tengo poca memoria y, claro, no dejaba de imaginarme ahí delante de la gente boquiabierta y con la mente en blanco.

Así pues, me preparé la tarea como si fuera un examen, de algún modo lo era. Lo mejor fue que gran parte de esa documentación ya estaba hecha. Cuando traduzco un libro suelo apuntar las directrices que sigo para que puedan ayudar después a la correctora y la editora. Apunto las dificultades o las curiosidades terminológicas y algunas cuestiones más para entender mejor el contexto. En este caso, me había hecho también un glosario porque en la novela aparecen muchos términos en navajo.

Fragmento de los apuntes que me fueron de perlas también para interpretar.

Llegó el viernes, la prueba de fuego después de tanto tiempo sin desempolvar mis herramientas de interpretación, y la experiencia fue muy grata. Además, por primera vez (¡otra primera vez!) conocía a una autora a la que había traducido y me hizo mucha ilusión. Debo decir que en este caso, muchos asistentes sabían inglés, lo que supuso una ventaja.

Ayer volvimos a reunirnos para que los lectores conocieran a Roanhorse y pudieran preguntarle lo que quisieran. En este caso me encargaba no solo de la interpretación, sino también de hacerle las preguntas y de servir de enlace con los asistentes. Esta vez iba bastante más tranquila porque ya había tenido contacto con la tarea la semana anterior, había practicado la toma de notas, conocía a la autora y, sobre todo, su acento y su forma de hablar. También me había leído entrevistas anteriores, con lo que tenía una idea aproximada de los temas que podían salir.

Encuentro de Rebecca Roanhorse con los lectores en la librería Gigamesh.

Me sentí muy cómoda y creo que eso al final se nota. No soy intérprete profesional (siempre he separado bastante traducción de interpretación), pero creo que al final conseguí transmitir bien su mensaje. Y, por supuesto, me alegro de haberme atrevido a salir de mi zona de confort.

En definitiva, con preparación y sin subestimar ningún encargo, si nos vemos capacitados va bien de vez en cuando salir de nuestra burbujita y lanzarnos a probar más primeras veces. Puede que nos guste tanto que no se quede en esa primera vez.

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Reseñas:

Fuentes de información sobre la cultura de los navajo:

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Acabo de terminar el grado. ¿Y ahora qué? (XVII) Ana Cano y Cristina Felipe

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ANA CANO

Soy Ana, de Barcelona, y a continuación os doy las claves que creo que me ayudaron a encontrar mi trabajo actual. En 2017, justo al acabar el máster de traducción, encontré trabajo como traductora in-house. Yo estaba totalmente convencida de que la única opción realista iba a ser trabajar como autónoma, así que mientras estudiaba leí muchísimo sobre cómo ser freelance y empecé a hacerme mi propia web. Pero no me cerré las puertas y, a la vez, iba consultando webs de empleo generalistas como InfoJobs o especializadas como Multilingual Vacancies y la recopilación semanal de ofertas de Trágora. En alguno de estos canales vi una oferta que me interesaba y preparé mi solicitud a conciencia. Para escribir la carta de motivación, mi pregunta de partida fue: ¿Cómo puedo contribuir a que a esta empresa y departamento concreto les vaya bien? Consulté su web para entender cuál era su misión y valores y utilicé su propio lenguaje y palabras clave de la descripción del puesto. Adapté la estructura de la carta y del currículum y destaqué cosas estratégicamente para que fuera fácil ver cómo mi perfil se ajustaba a lo que pedían.

Para preparar la entrevista, investigué cuáles eran las principales preguntas que se suelen hacer, me preparé las respuestas por escrito y las practiqué con alguien cercano. Sabía que iba a estar nerviosa y cuanto más preparada estuviera, mejor. Al día siguiente, les escribí un correo para agradecerles la oportunidad y aproveché para subrayar un tema que había surgido y que era muy importante para ellos, y por el que quizá yo había pasado un poco por encima. Pasaron dos semanas y no había recibido respuesta, así que les escribí para preguntar cómo iba el proceso de selección; para demostrar mi interés, a la vez aproveché el correo para mandarles información sobre otro tema que había surgido durante la entrevista. Sobra decir que redacté y corregí con atención cada mensaje que  mandé, desde el primero de respuesta a la oferta hasta el último.

Finalmente, al cabo de unos días, recibí la respuesta esperada: ¡me ofrecían el puesto! Me habían comentado que se habían presentado muchos candidatos y yo, en lugar de pensar que entonces tendrían más donde elegir, pensé: «En ese caso, es que valoran mi perfil y cómo lo he hecho durante el proceso». Y entonces hice algo que nunca pensé que haría en mi vida: negocié el sueldo que me ofrecían y conseguí que me lo subieran un poco. En mi opinión, tenemos muy asumido lo de «si no te cogen a ti, cogen a otro» y muchas veces no nos damos cuenta de nuestro valor y de que si una empresa decide apostar por ti, es por algo.

Espero que mi historia os ayude en vuestra búsqueda laboral 🙂

Aunque ser autónomo suele llamar más la atención,
no hay que descartar los trabajos en plantilla.

CRISTINA FELIPE

En 2015 terminé el grado en Traducción e Interpretación por la Universidad Complutense de Madrid. Durante ese año, mandé mi currículum a muchas empresas pero, al no tener experiencia ni poder firmar un acuerdo de prácticas (entre empresa y centro universitario), no encontraba trabajo.

Decidí no quedarme parada y opté por seguir ampliando mis conocimientos: hice un curso de Corrección profesional y, el año siguiente, me matriculé en el Máster de Traducción y Nuevas Tecnologías: Traducción de Software y Productos Multimedia, del ISTRAD.

En la última parte del máster, había que decantarse por un proyecto práctico (con prácticas en empresa) o por uno de investigación, y escogí el primero. Empecé las prácticas a media jornada en una empresa de Madrid; por si a alguien le interesa, sí, fueron remuneradas. Trabajé allí durante seis meses y me sirvió para hacer contactos, para ver cómo se trabaja en una empresa y cómo funciona verdaderamente el sector.

Después de las prácticas, tuve otro trabajo que no está relacionado con la traducción pero que me ayudó mucho a ganar confianza y seguridad en mí misma, algo que nunca está de más.

Unos meses después, ya en paro, apareció de la nada una empresa y me ofreció un proyecto de traducción. Era grande (para ser el primero) y me pareció una buena oportunidad para empezar. Me di de alta de autónoma tras darle muchas vueltas, aunque con rapidez, porque, en estos casos, el tiempo corre en tu contra. Uno de los argumentos que me convenció es que la cuota de autónomo tenía una tarifa plana de 50 €. Con este proyecto, ya me daba para pagar varios meses, así que, por qué no intentarlo.

Empecé a enviar mi currículum, a contactar con empresas y con algunas personas con las que había trabajado y, poco a poco, me iban enviando encargos. Ya llevo un año como traductora autónoma y no me arrepiento de haberlo hecho, aunque no todo ha sido un camino de rosas.

Ese primer cliente que se puso en contacto conmigo tardó más de seis meses en pagarme. Debí sospechar que no era muy normal que contactara conmigo una empresa que no conocía, pero pequé de ingenua —¿cómo iba a estafarme una empresa que me había dado todos sus datos y que no tenía mala nota en internet ni en ProZ?—. Finalmente, tras muchos correos a los que no contestaban, recibí el pago, pero estuve a punto de denunciarles. Por suerte, la única medida que tuve que tomar fue la de escribir algunas reseñas sobre lo que había ocurrido. Me parecía muy importante que los que vinieran detrás supieran lo que había pasado.

No obstante, a pesar de ese mal rato, he ido consiguiendo (mejores) clientes poco a poco. Es una tarea difícil y, a veces, un poco frustrante, pero siempre que tengo un rato libre, aprovecho para enviar mi currículum a empresas. Puede que se pongan en contacto conmigo un año después, pero por mí que no quede.

No, no existen las recetas ni las pildoritas mágicas para el éxito. Además, el éxito representa cosas distintas para cada persona.

En definitiva, creo que es importante tener una experiencia previa y contactos, andar con cuidado con nuevos clientes o con ofertas sospechosas, tener un asesor o alguien cercano que pueda echarte una mano con la parte de contabilidad y fiscalidad, saber reconocer los errores y subsanarlos de la mejor manera posible, así como defender tu trabajo con argumentos. Por supuesto, esto no es la receta del éxito, pero son algunos de los aspectos básicos que he aprendido a lo largo de este año.

**Podéis poneros en contacto con Cristina por correo y por LinkedIn.

***

Tesón y constancia. Las compañeras de hoy lo tienen muy claro. Ana nos demuestra que hay otras vías, como la del traductor en plantilla, para ganarnos las habichuelas. Cristina se lanzó a la piscina de los autónomos en cuanto recibió un encargo jugoso y ha seguido buscando clientes sin parar.

Como hemos visto, no hay recetas mágicas ni caminos únicos para desenvolverse y vivir de la traducción; podemos labrarnos futuros distintos repletos de posibilidades. Ya nos lo dice Cristina, no es un camino de rosas, pero con trabajo, formación y una pizca de suerte, es posible.

Gracias por vuestros testimonios y, ya sabéis, si queréis contribuir con el vuestro, dadme un toque. ¡Nos vemos en la próxima entrega!

Acabo de terminar el grado. ¿Y ahora qué? (XVI) Elena Castro

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Cuando estaba estudiando cuarto de Lenguas Modernas y Traducción en la UAH no hacía más que preguntarme si continuar los estudios con un máster o empezar a trabajar. El caso es que como me gustaban (y me gustan) distintas especialidades, no había ningún máster que me llenase y la idea de empezar a trabajar me parecía mucho más atractiva.

Pero empecemos por el principio: las prácticas, ya que fueron la clave que me han hecho llegar hasta donde estoy ahora. Hice las prácticas con Eugenia Arrés, lo que me permitió tocar varios campos de la traducción y tener una visión más cercana del trabajo como traductor autónomo. La universidad da una base importante, pero hay que completarla con más formación y, sobre todo, práctica, práctica y más práctica. Esos meses fueron muy intensos porque tuve que poner en práctica lo mucho que creí haber aprendido en la universidad, aprendí mil cosas más con cada nueva tarea y las posibles salidas profesionales no hacían más que multiplicarse. Después de las prácticas, empecé a contactar con empresas y empezaron a salir los primeros trabajos hasta encontrar mi sitio poco a poco. La suerte es un factor importante, pero hay que saber buscarla, currárselo día a día, preguntar cuando tengas dudas y aprender de los errores, que nadie nace enseñado.

Al terminar las prácticas descubrí dos cosas: que me gusta localizar videojuegos y que adoro el mundo del marketing. Siempre me ha atraído la traducción audiovisual, pero la localización de videojuegos fue toda una sorpresa que de no ser por las prácticas nunca se me hubiera pasado por la cabeza; a veces, es cuestión de probar.  En cuanto al marketing, empecé a formarme en marketing y marketing digital para saber cómo darme a conocer y ofrecer mis servicios como traductora autónoma, porque pensar como una empresa es esencial. Creé currículos y cartas de presentación que me diferenciaran y, por último, mi web. Lo que empezó como formación en mi marca personal se convirtió en un nicho de mercado que completé con formación más específica sobre traducción publicitaria. De hecho, buena parte de mi flujo de trabajo actual es de esta especialidad.

Otro punto importante son los contactos. Si tienes una buena red, tus posibilidades se disparan: puedes enterarte de una vacante, conseguir un nuevo cliente, enterarte de recursos, asistir a congresos interesantes o (¿por qué no?) participar en uno. Esta profesión está llena de gente majísima que puede darte un consejo o una palabra de aliento cuando lo necesitas, porque otras cosas igual no, pero hablar y vernos nos encanta.

Por último, empezar como traductora autónoma desde una posición más estable me ha ayudado a tomar mejores decisiones. Nada más terminar la carrera encontré trabajo como profesora de inglés en una academia y gracias a esos ingresos pude formarme y buscar clientes y proyectos que realmente me interesasen con cierta tranquilidad. A través de contactos (amigos, familia, jefes o antiguos profesores) y a base de llamar a muchas puertas he trabajado como transcriptora, localizadora de videojuegos, copywriter, traductora y correctora, además de haber participado en un congreso y alguna charla. Si algo he aprendido desde que empecé es que hay que ser curioso, tenaz y saber moverse, porque todo te va a servir para algo.

Se puede vivir de la traducción, pero recuerda que hay muchas más salidas a parte de la de traductor y muchas especializaciones, así que no te cierres puertas y prueba, porque no hay caminos equivocados en traducción.

*Podéis encontrar a Elena en Twitter, LinkedIn y preguntarle lo que queráis por correo.

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De todo lo que ha contado Elena, muy acertado y compartido por diversos testimonios y por mí misma, quiero detenerme hoy en este punto: «empezar como traductora autónoma desde una posición más estable me ha ayudado a tomar mejores decisiones». Que no os dé reparo trabajar «de otra cosa» mientras buscáis clientes de traducción. Impartir clases de inglés, trabajar en una tienda a media jornada, dedicar unas horas a hacer de canguro… Puede que no todos los trabajos sean aplicables a o estén directamente relacionados con la traducción, pero es una fuente de ingresos que os ayudará a ampliar la cartera de clientes sin agobiaros demasiado.

Yo me he pasado muchos años compaginando la docencia en una academia de inglés con la traducción (pagando mis autónomos por un lado y recibiendo mi salario por otro; todo legal) y eso me ha permitido ir un poco más tranquila. Cierto es que he tenido que traducir también en fin de semana y por las noches para suplir las horas que le dedicaba a la docencia, pero a la larga me ha supuesto más experiencia y una cartera sólida de clientes al dejar las clases.

No os cerréis puertas, como dice Elena, y que no os dé miedo probar con otras cosas mientras intentáis abriros camino en traducción. No vais a ser peores profesionales por trabajar en otros campos. ¡Al contrario! Toda experiencia es aprovechable en esta profesión.

Acabo de terminar el grado. ¿Y ahora qué? (XV) Leyla Navarrete

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Hace tres años me gradué en Traducción e Interpretación con especialidad de inglés por la Universidad Autónoma de Madrid. Después de terminar el grado, decidí cursar el Máster en Interpretación de Conferencias de la Universidad de Granada. Ahora vivo en Edimburgo, donde compagino mi trabajo como Spanish Language Assistant en Heriot-Watt University con la traducción e interpretación freelance.

El primer consejo que les daría a mis compañeros y compañeras recién graduados, y creo que el más importante, es que no se rindan. Me temo que, a lo largo de nuestra formación, todas hemos oído más de una vez aquello de que de la traducción y de la interpretación no se vive y que lo mejor es buscar otras salidas. ¡No hagáis caso a esos pájaros de mal agüero! Los comienzos nunca son fáciles pero con determinación, paciencia y trabajo todo llega. Si yo hubiera hecho caso a esas voces que me desaconsejaban cursar un máster en interpretación de conferencias, nunca habría descubierto lo que me apasiona en la vida y tampoco tendría el trabajo que tengo ahora.

Mi segundo consejo está relacionado con esos comienzos difíciles que acabo de mencionar. ¿Cómo empezar a coger experiencia si me piden tener experiencia para empezar a trabajar? Una gran opción, sobre todo para el mundillo de la interpretación, es hacer voluntariado. Muchas asociaciones, ONG y festivales culturales buscan intérpretes para que les ayuden en sus eventos. Mis primeros encargos de interpretación (y traducción) fueron como voluntaria. Suelen las condiciones perfectas para empezar porque los temas no son muy especializados y el trato con los clientes es cercano y cuando las agencias te preguntes puedes decir que ya has trabajado como intérprete.

Aparte del voluntariado, aconsejaría socializar y hacer networking todo lo posible. Es fundamental conocer a compañeros y compañeras en conferencias, actos, eventos, etc. Es muy posible que conozcas a alguien con quien congenies y acabe siendo tu pareja en cabina, por ejemplo. Además, el boca a oreja me ha funcionado muy bien personalmente. A riesgo de parecer pesada y de que la gente de tu entorno te aborrezca, recuérdales a qué te dedicas, ¡nunca se sabe quién puede necesitar una traducción en el futuro!

El tercer consejo que me gustaría ofrecer tiene que ver con el síndrome de la impostora. Es muy posible que cuando os enfrentéis a vuestra primera entrevista de trabajo, prueba de traducción o encargo de interpretación os dé un ataque agudo del síndrome de la impostora: «¿pero cómo me van a dar este trabajo a mí si apenas tengo experiencia?»; «¿cómo voy a aceptar este encargo si no tengo ni idea del tema?»; «¿cómo me van a aceptar esta tarifa si soy novata?»; y un largo etc. No prestéis atención a esas vocecillas malignas y tirad para adelante. Si les hubiera hecho caso, no habría mandado el CV para mi actual puesto de trabajo, por ejemplo. Quizás no consigáis todo a la primera, yo tampoco lo hice. Lo importante es no desanimarse y seguir intentándolo, de todo se aprende. No tengáis miedo a preguntar, mil veces si hace falta, a otras compañeras, profesoras o cualquiera que os pueda ayudar. Por otra parte, una de las mejores formas de hacer callar a esas voces insolentes es documentándose y preparándose el tema a fondo; cuanto menos dejemos al azar, menos efecto tiene el dichoso síndrome de la impostora.

Por último, me gustaría animaros a seguir formándoos y a seguir siendo curiosas. Una de las mayores virtudes que una intérprete o traductora puede tener es la inquietud por aprender.

¡Mucha suerte en el futuro y a comerse el mundo (traductoril)!

*Podéis encontrar a Leyla en Twitter o en LinkedIn.

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Como siempre, grandes testimonios reales… y sentido común a raudales: no dejar de formarse y tener inquietudes, prestar atención al boca oreja, no desanimarse. Leyla también habla del síndrome del impostor, más frecuente de lo que nos creemos (y no por falsa modestia).

Una cosa es saber de forma fehaciente que no vamos a poder hacer determinado encargo (porque es evidente que no tenemos la formación adecuada) y otra muy distinta no lanzarse cuando sí está dentro de nuestras posibilidades. Lo decimos muy a menudo: el NO ya lo tenemos, así que hay que probar.

El síndrome del impostor visto por Gemma Correll: https://www.gemmacorrell.com/products/imposter

Y, por supuesto, no debemos desanimarnos cuando no pasamos una prueba o cuando recibimos una crítica negativa. A veces, y me incluyo, dejamos que lo negativo pese más que lo positivo y, a la larga, es contraproducente. Nos levantamos y lo volvemos a intentar. Siempre.

¡Hasta la próxima semana!

Acabo de terminar el grado. ¿Y ahora qué? (XIV) Brice Fajardo

El principio de mi carrera profesional como traductor especializado en videojuegos estuvo marcado principalmente por dos características: métodos que algunos podrían calificar como poco ortodoxos y suerte… mucha suerte.

Para empezar, se me podría considerar un intruso de la profesión ya que mi formación universitaria fue de psicología y no de traducción e interpretación, pero las circunstancias me llevaron hasta donde me encuentro actualmente. Y el elemento desencadenante fue la traducción como fan de un videojuego llamado Subnautica.

Al tiempo que realizaba mis estudios universitarios y, posteriormente, de máster, estuve dedicado a su traducción durante su desarrollo como el miembro más activo de la comunidad española y su administrador. Poco después de su lanzamiento, vi la luz del mismo modo que House tiene la revelación sobre el auténtico problema de sus pacientes y vi un futuro profesional donde antes no había nada.

Así comencé a formarme e informarme sobre la profesión especializada en el ámbito de los videojuegos. Las casualidades me llevaron a un curso online que me llevaría después hasta un curso presencial impartido por grandes profesionales de todos los ámbitos del sector. Eso por un lado.

Por el otro, dedicaba varias horas por semana para estudiar y analizar posibles fuentes de trabajo, estuviesen o no en mi especialidad. Grupos de Facebook, páginas web, foros, redes sociales… Todos los recursos valían para métodos de búsqueda activa (buscar activamente ofertas y oportunidades de traducción) y pasiva (establecer un sistema de notificaciones donde fuera posible para ver nuevas ofertas disponibles).

No voy a negar una realidad, más de una vez encontraba una pared en cada esquina. ¿Frustrante? Quizás. Alguna vez sentía que mis esfuerzos eran en vano, pero era algo que duraba apenas veinte minutos. Después reanudaba mi búsqueda. Otras (concretamente la primera), preguntabas de pasada y la siguiente pregunta que recibías era «¿Cuáles son tus tarifas?». Ay… la tarifa. Esa gran desconocida. No voy a extenderme en este asunto porque daría para una historia larga, así que me limitaré a decir que el desconocimiento me llevó a empezar con una tarifa baja… MUY baja. Puede que fuera un error, pero investigando y PREGUNTANDO fui aprendiendo y la tarifa fue aumentando y ajustándose a las necesidades de cada proyecto.

Además, dice el dicho que «quien la sigue, la consigue», y doy fe de ello. El esfuerzo y la perseverancia, por poco que parezcan funcionar, terminan dando sus frutos. La búsqueda pasiva dio como resultado la prueba para un proyecto de traducción, fuera de mi especialidad, para la que requerían marketing (de lo que tampoco tenía ni tengo formación) y de la que salí seleccionado. Fueron más de 90K palabras y fue uno de mis primeros proyectos.

La búsqueda activa, a la par que la más frustrante, es la que después resultaba más gratificante cuando daba resultados. Pero ¿a qué me refiero con búsqueda activa? Para describirlo de forma genérica, hay que buscar posibles clientes que estén desarrollando su producto y que pueda tener posibilidades de localización. Pero no solo eso. Hay que estudiar la viabilidad del producto, la propia empresa, buscar los métodos de contacto disponibles y sopesar cuál es el mejor acercamiento para cada situación, de modo que nos escuchen.

Sin embargo, puede que este método poco ortodoxo no pueda ser generalizado. No siempre sabemos qué producto o proyecto puede estar formándose entre las sombras porque no hay forma de verlo. En el campo de los videojuegos, esto resulta bastante transparente, pero en otros quizás no tanto.

Por eso no hay que tener miedo y hay que preguntar a otros profesionales que ya lleven tiempo asentados. Pero no me refiero a «¿Me podrías dar trabajo?» o «¿Qué tengo que hacer?». A veces puede ser tan sencillo como preguntar por sus comienzos para conseguir referencias. Ellos han pasado también por la casilla de salida y pueden ver en nosotros la dedicación que tenemos. No nos darán el trabajo ni nos allanarán el camino solo por nuestra cara bonita, pero pueden enseñarnos una POSIBLE dirección. El resto dependerá de nosotros.

Y por frustrante que pueda ser que el 90 % de las veces no contesten a nuestros mensajes y que el 9,9 % restante sean callejones sin salida, siempre queda un 0,1 % que llegará buen puerto. Yo me he estrellado, he podido no conseguir nada tras horas o días luchando, pero al final, siempre surge la oportunidad.

Y nunca hay que dejar de aprender, sea por nuestra cuenta o de los demás profesionales, porque, aunque parezca que no, están muy dispuestos a tendernos la mano para orientarnos.

Estudia el campo en el que quieres especializarte (si es que hay uno), identifica a los profesionales adecuados para aprender de ellos (pero sin ahogarles), no dejes de aprender y formarte por tu cuenta, acepta los fracasos y aprende de ellos, celebra tus éxitos, enfréntate a pruebas de traducción tantas veces como haga falta y, lo más importante, no te ahogues en un vaso de agua, usa ese tiempo para seguir avanzando o preparando el terreno por el que quieres pisar.

Sinceramente, creo que me he dispersado un poco, así que si queréis hacerme alguna pregunta en particular, no dudéis en contactarme.

*Encontraréis a Brice en Twitter y en LinkedIn.

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Poco puedo añadir a este testimonio. Brice nos demuestra que es posible reorientar tu futuro profesional para hacer algo que realmente te llene. Que con formación, tesón y llamando a las puertas adecuadas, es muy factible.

Remarca la importancia de relacionarse y de pedir ayuda a los más experimentados, pero sin pedir trabajo directamente, sino orientación; esa mano amiga que nos pueda echar un cable. No subestimemos nunca el factor humano, porque, por suerte, somos un gremio muy solidario en general.

Acabo de terminar el grado. ¿Y ahora qué? (XIII) Ana Compañy, Fabiana Q. Mendes e Irene Alcedo

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Esta semana son tres las traductoras que nos hablan de sus primeras veces después del grado. Ana, Fabiana e Irene, con contextos y experiencias muy distintas, nos ofrecen nuevas perspectivas. Conozcámoslas un poco más.

ANA COMPAÑY

Me llamo Ana y terminé la carrera de Traducción e Interpretación en la Universidad de Alicante en 2014. En 2017 acabé el máster de Traducción institucional de la misma universidad y el máster de Traducción literaria de la Universidad Complutense. He trabajado siempre en sitios relacionados con los idiomas y la redacción de textos: auxiliar administrativo con alemán, prácticas de traducción en la Comisión Europea, traductora técnica y jurídica para un abogado de propiedad intelectual y, ahora, redactora de actas.

Cuando acabé la carrera estaba un poco perdida, así que lo que hice fue pedir la beca de auxiliar de conversación en Alemania para trabajar mi lengua C y además tener algo más de tiempo para pensar sobre el camino que quería seguir. ¡Hoy en día tampoco lo tengo muy claro! Pero no he dejado de trabajar en el ámbito. 

Tengo tres consejos que a mí me habría gustado escuchar cuando estaba acabando: 

  • Antes de acabar la carrera, informaros bien de qué opciones tiene vuestra universidad para estudiantes y egresados. Suele haber cursos para preparar bien el currículo y bolsas de trabajo o prácticas. Así encontré yo prácticas remuneradas y después trabajo.  
  • No descartéis la opción de hacer otros trabajos relacionados con la lengua. Nuestro perfil sirve para muchos otros puestos que darán experiencia y pueden abrir puertas después, en tareas como la redacción o la corrección.
  • No os quedéis quietos. Siempre hay opciones para mejorar y seguir aprendiendo. Hay cursos online, charlas, becas en el extranjero, másteres y mil cosas más para continuar con la formación en traducción, corrección o idiomas. Eso sí, no hace falta hacer un máster o hacerlo enseguida; podéis tomaros vuestro tiempo para pensarlo, pero sin parar de hacer cosas.

Sobre todo, mucho ánimo. Nunca es fácil empezar, pero opciones siempre hay. Estoy disponible en Twitter o LinkedIn para ayudar en lo que sea. 🙂

FABIANA Q. MENDES

Para mí, lo más difícil ha sido cambiar la estructura mental de «trabajador en relación de dependencia» a la de «autónomo».

A lo largo de la carrera te dicen y enseñan muchas cosas, pero pensar como autónomo no es una de ellas. Es difícil trabajar sin tener quien te diga qué y cómo hacer las cosas, hay mucho en lo que pensar: a quiénes me gustaría tener como cliente, cómo darme a conocer, cómo usar las redes sociales, qué cursos hacer, especializarme o no, cómo tener una tarifa competitiva, acepto cobrar menos y tengo un cliente directo o trabajo con una agencia, qué hago con los plazos, qué herramientas uso, cómo optimizar mi tiempo…

Y podría seguir con muchas otras cosas que como autónomo hay que hacer para ser proactivo y no esperar a que el trabajo caiga del cielo.

* Podéis conectar con Fabiana en LinkedIn.

IRENE ALCEDO

Yo soy uno de esos casos unicornio: soy una traductora que solo ha trabajado en plantilla. No obstante, comparto muchas cosas con los compañeros autónomos. Cuando acabé la licenciatura y mis prácticas como terminóloga en una empresa, me encontré ante el abismo del «¿y ahora qué?». Da mucho miedo, todos hemos pasado por eso. No obstante, decidí seguir estudiando a distancia y aprovechar el tiempo mejorando mi francés como au pair donde, además, me vi «obligada» a aprender italiano. Maté dos pájaros de un tiro. Cuando no corría detrás de tres diablillos, aprovechaba para conocer el mercado francosuizo en cuanto a la traducción. Aprendí muchísimo de todas las entrevistas que hice, además de tácticas de búsqueda de empleo que pude poner en práctica cuando volví a España. Sí, volví a casa, sin trabajo y después de pasar un tiempo fuera. En esa época recibí una de las lecciones más importantes: «volver» no significa «dar un paso atrás» sino «coger impulso».

Gracias a todo eso y a la formación constante, me contrataron en la primera empresa a la que mandé mi CV. Empecé con ganas, motivación y dedicación, tres factores que me permitieron hacer bien mi trabajo y estar en esa empresa durante casi tres años. No obstante, llegó el momento en el que decidí cambiar de empleo. ¿Qué podía hacer además de ver miles de ofertas? Sencillo, me dejé ver por los #tradusaraos, lo que me permitió conocer de cerca a muchas empresas e incluso acabé como ponente en el VIII Congreso de la SELM. Aunque no lo creáis, eso influye positivamente cuando se trata de buscar trabajo.

Actualmente sigo trabajando en plantilla, pero en una empresa que me ofrece oportunidades más acordes a mi personalidad. Seguramente muchos de vosotros me habéis visto en el ENETI 2019 como la chica del estand de las chapas y los caramelos.

La fórmula secreta de mi poción de Panorámix es sencilla: pasión, formación y dedicación. Cuando ponemos el corazón en nuestros actos, el resultado suele ser el óptimo. Y lo más importante: el que la sigue la consigue.

* Encontraréis a Irene en Twitter, LinkedIn y podéis poneros en contacto con ella también por correo.

***

¿Trabajar en plantilla o como autónoma desde casa? ¿Seguir formándome nada más acabar la carrera o entrar de lleno en el mundo profesional? Cuando el grado termina todo son incertidumbres. Yo siempre digo que primero hay que ir a por lo que más te gusta porque siempre hay tiempo para cambiar de rumbo después.

¿Quieres especializarte en TAV? Busca estudios de doblaje e intermediarias para empezar a adquirir experiencia desde ya o haz algún curso si quieres ganar algo más de confianza. ¿Prefieres la seguridad (en términos de flujo de trabajo) que te puede ofrecer una agencia? Busca por Internet y envía tus datos; hay muchísimas agencias de traducción en la actualidad. ¿Te gustaría meter la cabecita en editorial? Escribe a las editoriales directamente (sé de buena tinta por un par de casos recientes que pesa más la prueba de traducción que la experiencia en sí) o mírate algún curso o taller para pulir destrezas, por ejemplo.

Escribid, llamad, sed pacientes pero insistid. El no ya lo tenéis.

Acabo de terminar el grado. ¿Y ahora qué? (XII) Martín Díaz y Yasmina Casado

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Tras el descanso estival, volvemos a la carga con más testimonios y más contenidos. Esta semana contamos con las experiencias de Martín Díaz y Yasmina Casado.

MARTÍN DÍAZ MORENO

Cuando terminé el Grado en Traducción e Interpretación en 2017 (Universidad de Valladolid), si algo tenía claro, era que quería continuar ejerciendo esta profesión. Puede sonar algo obvio, pero mi propia experiencia (más bien la de mis compañeros de carrera) me ha hecho darme cuenta de que una gran parte de los estudiantes de TeI, al terminar su grado, no continúan con su profesión de traductores o intérpretes, sino que cursan másteres para trabajar de profesores, diplomáticos, etc.

No obstante, yo no me dejé llevar por los cantos de sirena: «no vas a tener trabajo estable de traductor», «es muy inseguro», etc. Como decía una profesora mía de la carrera: That is all bla bla bla. Yo lo tenía claro, quería al menos intentarlo y, sobre todo, especializarme en la rama que más me llamaba la atención, la traducción audiovisual.

Así pues, decidí cursar el Máster en Doblaje, Traducción y Subtitulación de la Universidad Europea de Madrid (sí, es privada). Si bien no me arrepiento de haberlo hecho, puesto que he tenido grandes oportunidades con profesionales del sector, es cierto que no sé hasta que punto hay diferencias con los másteres públicos en otras universidades como Cádiz o Barcelona. Lo que está claro es que yo quedé muy satisfecho con mi año en Madrid.

De la mano de mi máster tuve la oportunidad de hacer prácticas en algunos de los mejores estudios del país, lo que me abrió un poco la puerta al finalizar los estudios.

Lo que nadie me dijo fue que esto de ser autónomo es mucho más que sentarte en pijama a traducir delante del ordenador. Al principio puedes sentirte abrumado, pero si consigues contactar con alguien que pueda aconsejarte bien acerca del tema «autónomos» (yo he tenido la suerte de que mi padre también lo es y me ha podido ayudar) y pagas una cuota a un gestor para que te lleve las cuentas, todo resulta un poquito más fácil.

En cuanto al propio trabajo de traductor, al principio es complicado. Aún me encuentro en esta etapa temprana yo también. Han pasado 10 meses desde que terminé el Máster y he tenido bastante suerte con algunos encargos y proyectos, pero sigue sin ser un volumen de trabajo que dé para vivir. Sigo sin desistir, eso sí. La clave creo que es no desfallecer: me levanto todas las mañanas entre semana tenga o no encargos para hacer y busco agencias o estudios audiovisuales a las que no haya echado mi CV. Y si no contestan, a picarles a la puerta a las que estén aquí en Madrid. Será por tiempo…

A veces se hace duro levantarse y no tener nada que hacer, pero por lo que tengo entendido de muchas otros profesionales, los primeros meses (incluso años) son muy difíciles hasta que llega la oportunidad de oro. Yo aún sigo esperando la mía para asentarme en un mundo difícil pero ilusionante para los que amamos esta profesión. ¡Ojalá tengamos suerte!

*Martín tiene blog, perfil en LinkedIn y podéis escribirle un correo.

YASMINA CASADO

Desde que era una cría siempre me han fascinado los idiomas.

En 2012 me metí a Estudios Ingleses (aquí donde me veis, venía de hacer un bachillerato de ciencias puro, así que me era imposible acceder a TeI) y ahí no solo profundicé en mis conocimientos del inglés y descubrí otros maravillosos idiomas, sino que también tuve mi primera toma de contacto con la traducción… y me enamoré.           

Al acabar la carrera decidí hacer el Máster de Traducción Audiovisual: Localización, Subtitulación y Doblaje del ISTRAD. ¿Y por qué me decidí por este? Pues en parte porque tenía muy buena pinta y el precio era asequible, pero principalmente porque me ofrecían algo que considero vital para hacerse un hueco en el mundo de la traducción: prácticas de empresa. Fueron tres meses intensos en los que aprendí muchísimo y pude poner en práctica todo lo que había aprendido, y la recompensa a mi esfuerzo fue que dicha empresa se convirtió en mi primer cliente. A partir de ahí, para seguir creciendo, eché mano de una sencilla fórmula: investigar el mercado laboral, echar currículum como si no hubiera un mañana (con cabeza, eso sí) y seguir formándome y especializándome. Y esto lo hago siempre que tengo un ratito libre. Al margen de eso, procuro tener mi perfil de Linkedln organizado, actualizado y bien clarito (aunque esta asignatura está algo pendiente), sigo por redes sociales a varios compañeros e intento aprender todo lo que puedo de ellos a la vez disfruto de su trabajo, me hice socia de ATRAE, una asociación que ofrece cursos profesionales, una bolsa de trabajo y que vela por los intereses y derechos de los traductores audiovisuales…

Es cierto que apenas llevo un año y medio trabajando en este sector y no tengo ni la experiencia ni la cartera de clientes que muchos otros compañeros ya veteranos, pero creo que precisamente por eso puedo empatizar algo mejor: porque hasta hace nada estaba en vuestra piel y estaba igual de cagada que vosotros.

Y no voy a mentiros, meter un pie en el mundillo cuesta lo suyo y quedarse en él otro tanto. Hay épocas de sequía y épocas en las que tengo que rechazar trabajo porque no doy abasto, épocas en las que las empresas ignoran mi existencia y épocas en las que pasas una prueba de traducción y parece que te vas a comer el mundo, épocas en las que las tarifas son más bajas de lo que me gustaría pero hay que pagar las facturas… Es un camino difícil, pero no es imposible.

Y si tenéis dudas, miedos o queréis algún consejo, preguntad, preguntadme a mí, preguntadle a Scheherezade, preguntadles a otros compañeros, que es un gremio fantástico y con gente maravillosa dispuesta a ayudaros.

Y creedme, si os apasiona tanto este trabajo como a mí, todo habrá merecido la pena.

*Si queréis saber algo más de Yasmina, podéis encontrarla en LinkedIn.

***

Martín dice algo muy interesante en su testimonio: «ser autónomo es mucho más que sentarte en pijama a traducir delante del ordenador». Así es. Como autónomos, no solo realizamos las tareas propias lingüísticas de la profesión (documentación, traducción, revisión, transcripción, etc.), sino que además debemos gestionar bien el apartado profesional (búsqueda de clientes, preparación de presupuestos, gestión de reclamaciones) y el financiero (facturas, declaraciones trimestrales, posible cobro de deudas, etc.).

También da en el clavo cuando dice que al principio es complicado y que la clave es no desfallecer. Es algo que ya se ha mencionado en este blog y en otros testimonios. Sí, cuesta abrirse camino, que te den esa primera oportunidad que se convierta en una línea más de experiencia demostrable, pero eso no significa que sea imposible. ¿Frustrante? Mucho. Al poco de graduarme me sentía fatal por no encontrar nada de trabajo. Por enviar correos electrónicos a diestro y siniestro, apuntarme a todas las ofertas de ProZ que podía… y nada. Hasta que ese nada es un «venga, te hacemos una prueba» y sigues llamando a más y más puertas, y alguna más se va abriendo con el tiempo.

Esto una carrera de fondo, también lo decimos mucho, pero es así. Se dice que se tarda un par de años en conseguir cierta estabilidad, pero tampoco os fieis, cada persona es un mundo y la suerte y las circunstancias personales influyen mucho. Eso sí, marcaos un rumbo, poneos objetivos y aprovechad estas mañanas de silencio para retocar el currículo, revisar los perfiles profesionales que tenéis en las distintas redes, buscar clientes que os interesen y presentaos de forma individual. Poco a poco se hace camino.

Yasmina, por su parte, hace hincapié en la formación y el reciclaje profesional. Es importante estar al día en este sector, no solo por las nuevas herramientas que pueden hacernos la vida un poco más fácil, sino también por cómo se están moviendo las tarifas y en qué dirección va la profesión. Por eso, como ella dice, es tan importante asociarse y hacer piña como traductores.  

La traducción es una auténtica montaña rusa (como cualquier otra profesión, vaya, llena de altibajos). Puedes tener una temporada sin parar en la que los encargos llegan sin buscarlos y luego otra de sequía en la que parece que tienes que ir llamando e insistiendo. Yo misma he tenido un agosto demasiado tranquilo y un principio de septiembre de trabajo excesivo. Y estos altibajos no se dan solo en cuanto carga de trabajo. Puede que un día te feliciten por una traducción brillante y al otro te den un toque de atención. Y no pasa nada. Atesoramos lo bueno y aprendemos de lo malo. No somos maquinitas; no todos los días nos cunden igual ni estamos igual de inspirados. Lo importante es no bajarse de la atracción y seguir adelante.

¡Hasta la próxima semana!

Un traductor en agosto (y en los periodos de menos trabajo)

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Llega agosto y, con él, el descanso del blog, lo que significa que retomaremos los testimonios a partir de septiembre. (Breve inciso para decir que estoy muy contenta con la acogida que ha tenido esta iniciativa y os doy las gracias a todos los que habéis querido participar.) Pero no puedo marcharme sin una entrada para aprovechar estas semanas estivales.

Para algunos, agosto es un mes muy tranquilo; otros, sin embargo, van a tope. Ya sabéis que esto va como va. Aun así, este mes, igual que los momentos de poco trabajo, suele darnos la oportunidad de parar un poco, ver cómo va todo y actualizarnos.

Empecemos por descansar. Si llevas semanas a destajo, lo primero que puedes hacer es invertir un poco en ti y darte un descansito. La máquina funciona mejor cuando todas las piezas están en buen estado. Otra cosilla que también va bien en momentos de tranquilidad es organizar el escritorio. Sí, has leído bien. No sé si te pasa a ti, pero con el fragor de la batalla voy acumulando cosas sin darme cuenta y luego no hay quien encuentre nada entre el montón de libros o papeles. Poner un poco de orden en tu vida te hará sentir mejor.

Después de descansar y ordenar un poco, y ya pensando en la productividad, podemos hacer varias cosas más.

1. Actualizar currículum y perfiles varios. Seguro que lo has ido dejando. Pues ahora es una buena ocasión de retocar tu currículum si has hecho un nuevo curso, tienes otra experiencia para apuntar, usas un programa de traducción que antes no manejabas, etc. También puedes aprovechar y traducirlo a tus otros idiomas. En LinkedIn o Proz.com, tres cuartos de lo mismo. Aunque sean una forma pasiva de encontrar trabajo, no está de más darles un poco de amor. Y de chapa y pintura.

También puedes preparar cartas/correos de presentación —que luego puedas personalizar según el cliente— para tenerlo todo listo cuando haya alguna oferta interesante.

2. Hacer balance de tu empresa y tus clientes. ¿Quién te envía más trabajo ahora y quién te envía menos o ha dejado de hacerlo? Tal vez quieras darles un toque ahora o dejarlo apuntado para escribirles en septiembre cuando vuelva a reactivarse todo un poco más.

Aquí entran también los objetivos. ¿Estás satisfecho/a con lo que has conseguido? ¿Quieres acceder a otra rama de traducción? Valora en qué momento estás y traza tu plan de acción: ¿Necesitas más clientes para los ingresos que quieres conseguir? ¿Deberías hacer algún cursillo? ¿Podrías subir la tarifa para ese servicio o tipo de traducción?

3. Buscar clientes nuevos. Es verdad que todo se ralentiza en verano, pero sacar a pasear el CV que has actualizado es muy buena idea. Busca nuevos clientes y lleva un buen registro de todos estos contactos. Nunca es mal momento para lanzarse a la caza.

4. Ponerte al día con lecturas recomendadas. Tal vez tengas artículos de traducción por leer, de esos que marcas como favoritos y luego quedan relegados a un segundo o tercer plano. O ha salido un libro nuevo sobre lingüística o traducción que pinta muy bien y no has tenido tiempo ni de comprarlo o leerlo siquiera si ya te lo compraste. Yo acabo de recibir los últimos números de Archiletras, por ejemplo, así que tengo lectura para rato.

Para más ideas, aquí encontraréis las que queráis:

5. Planificar las salidas de la traducueva. Octubre y noviembre suelen ser meses fértiles en jornadas y conferencias. Podemos aprovechar los momentos de menos trabajo, y aquí entraría también agosto, para ver qué se organiza y dónde y empezar a hacer los preparativos del viaje (comprar billetes, planificar los días de parón si tenemos encargos a largo plazo, etc.).

6. Aprender a usar o perfeccionar una herramienta. Si hace tiempo que querías trastear el Aegisub para subtitular, te apetece probar MemoQ o entrenar a fondo tu dragón, ahora es un momento ideal. Podrás echarles un buen vistazo sin interrupciones o sin la presión de tener que acabar otros encargos más urgentes.

¿Y tú? ¿Qué haces en estos momentos de menos trabajo? Si me dejas un comentario con tus trucos entrarás en el sorteo* de 5 lotes con cositas de traducción (libreta, pósits, pegatinas…).

***

*Para entrar en el sorteo solo es necesario dejar un comentario sobre el tema de hoy. Podéis participar hasta el domingo 11 de agosto de 2019 a las 23:59. El sorteo se hará el lunes 12 y los artículos se enviarán a toda Europa.

Acabo de terminar el grado. ¿Y ahora qué? (XI) Shaila Mélmed

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Shaila Mélmed nos trae esta semana un testimonio tan extenso y completo que merecía un artículo único. Consejos y sentido común a raudales. Le cedo la palabra:

Aún recuerdo la primera vez que nos dijeron durante la carrera que podíamos empezar a trabajar ya. ¿Trabajar? ¿Nosotros, estudiantes? Llevábamos dos años estudiando y parecía que el tema laboral era algo tabú. Mucha teoría y poca práctica y, de repente, una profesora de una asignatura optativa había entrado en el aula pisando fuerte y nos había enseñado una factura, una lista de tarifas (¡por fin se había desentrañado el gran misterio de cuánto cobraba un traductor!), un ejemplo de una carta de presentación y primeros contactos, un presupuesto… Nuestros ojos y nuestras mentes se abrieron de golpe.

Pero su ayuda no se limitó a enseñarnos y darnos plantillas (las cuales aún conservo y sigo utilizando), sino que también nos orientó para que empezáramos a darles uso. Nos dio unos pasos simples pero importantes:  

  1. Redacción de documentación
  2. Seleccionar el mercado y especialización al que nos queremos dirigir
  3. Hacernos visibles en internet
  4. Especialización
  5. Envío de CV

1. Redacción de documentación: aquí, obviamente, lo primero que nos viene a la mente es el currículum. Lo que yo hice fue prepararlo en mis idiomas de trabajo. Hay muchas páginas, blogs y vídeos de profesionales de la traducción donde podréis encontrar plantillas, ejemplos, consejos y errores más frecuentes. También sería interesante tener preparado de antemano una lista de tarifas en varios idiomas, modelos de facturas… estos pasos nos ahorrarán tiempo en un futuro.

2. Seleccionar el mercado y especialización al que nos queremos dirigir: es importante tener claro el mercado que va a ser nuestro objetivo, porque esto nos ayuda a saber cómo acercarnos a él. Dependiendo de tu área de especialización, puedes empezar a colaborar en proyectos sin ánimo de lucro donde puedes adquirir mucha experiencia. Yo, por ejemplo, estuve un tiempo traduciendo anuncios para ONGs o aplicaciones para móviles financiadas con crowdfunding donde gané confianza y trabajos que añadir a mi CV. Hace poco vi un proyecto muy interesante de varias chicas que estaban a punto de acabar la carrera y habían creado una antología de traducciones de relatos como forma de salir al mundo laboral, para mostrar un ejemplo de su trabajo.

3. Hacernos visibles en internet: este es el modo de decir que estás en el mercado, de conectar con colegas de profesión y de contactar con futuros clientes. Si estás leyendo esto ahora mismo y no tienes, como mínimo, un correo profesional, ve corriendo a hacértelo. Personalmente, te recomiendo uno de gran capacidad y que tenga herramientas adicionales como Gmail, donde también sería interesante añadir una firma con tus datos cada vez que envíes un correo laboral. También he leído a otros compañeros que dicen que, aunque el currículum sigue siendo muy importante para el traductor, hoy en día es más producente mantener actualizado y completo el perfil de LinkedIn o crearse una página web sencilla. Siendo honesta, mi experiencia con LinkedIn no ha sido muy fructífera, seguramente porque no he invertido el tiempo suficiente en él. En cambio, sí puedo recomendarte con propiedad que te crees una página que te respalde cuando un cliente quiera informarse sobre tu trabajo y que sirva de tarjeta de presentación online, sobre todo si eres autónomo. Si en un principio no cuentas con medios económicos suficientes para conseguirlo, existen algunos gratuitos como WordPress, Blogger, Wix… Yo también tengo cuenta en Twitter donde sigo a otros compañeros, ya sean de mi rama de especialidad o no, y compartimos anécdotas de trabajo, consejos, búsquedas de trabajo, dudas, noticias que afectan a nuestro sector… es importante este intercambio que también puedes encontrar en bases de datos de traductores, foros de traducción, asociaciones y revistas especializadas. Compartir con los colegas de profesión, te ayudará a sentirte menos solo ante el gran gigante que puede parecer a veces el mundo laboral. Pero también puede convertirse en una recopilación de recursos y experiencia. Recuerdo que mis primeros pasos más serios los di después de leer en blogs y páginas personales cómo otros los habían dado antes que yo.

4. Especialización: una de las primeras cosas que aprendí y de las que fui consciente es que los idiomas son algo que está en constante cambio, por lo que no podemos quedarnos atrás si queremos que sigan contando con nosotros. Nuestra carrera es una de formación continua. Existen másteres, postgrados o cursos en modalidad presencial u online que pueden ayudarnos a especializarnos y seguir aumentando nuestros conocimientos. También tengo que añadir que existen cursos, charlas y clases magistrales gratuitas en internet o, por ejemplo, tutoriales sobre herramientas de traducción a los que podemos acceder con un solo clic. Hacerte un hueco en un nicho particular es conseguir que los clientes se interesen por ti porque ofreces algo que nadie, o pocos más, pueden ofrecer.

5. Envío de CV: resulta casi imprescindible diferenciar el destinatario de nuestro currículum entre clientes directos o empresas de traducción, porque dependiendo de si se trata de unos u otros, será más útil usar según qué métodos para aproximarnos a ellos. Según mi experiencia, el CV es lo que suelen pedir las agencias de traducción junto a alguna prueba, mientras que con los clientes directos me ha funcionado el ponerme yo en contacto exponiéndoles por qué iban a necesitar mis servicios para un proyecto concreto; mandar un correo personalizado, por ejemplo, a una editorial cuya línea de publicación hubiera revisado antes y adjuntara ejemplos de traducciones similares, sin necesidad de que me pidan el CV. En algunas ocasiones, aunque no te cojan en un primer momento, se quedan con tu propuesta por si les interesa más adelante.

Tres consejos de propina:

1. Existe una leyenda urbana de que si buscas todo el tiempo palabras en diccionarios mientras trabajas, no tienes ni idea de traducir, o no sirves para ello. Nos acostumbran en los exámenes a no tener material de apoyo a mano pero, a medida que leas experiencias de traductores pro, verás que esto es falso, que todos buscamos palabras y definiciones todo el tiempo porque esto significa que quieres el término más adecuado para ese contexto. No sientas que sabes menos por eso, ¡recuerda que no somos diccionarios andantes!

2. Que no te dé miedo trabajar en campos similares y no en trabajos estrictamente de traducción. Yo, por ejemplo, he estado bastantes años dando clases de inglés que me ayudaban a pagar.

3. Una buena inversión inicial que puede resultar complicada al principio, pero que agradeceremos a la larga, es la que hagamos en hardware (equipo informático adecuado) y software (ofimática y herramientas de traducción). En cuanto a las TAO, no olvides que hay algunas gratuitas e igual de profesionales que pueden servirte de ayuda según tu especialización.

Espero que mi humilde experiencia te haya servido de ayuda, igual que leer el punto de vista de otros compañeros me ha ayudado siempre a mí. Si me permites un último consejo, es que practiques; nunca dejes de traducir, después de todo, a traducir se aprende traduciendo.

Podéis hablar con Shaila por Twitter, consultar su web o enviarle un correo.

Acabo de terminar el grado. ¿Y ahora qué? (X) Alba Valle, Valentí Martí y Francisco J. Muñoz

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Diez artículos llevamos ya y cada vez está claro que cada uno se forja el destino a su manera. Hoy tenemos tres testimonios muy distintos que nos ayudarán a seguir explorando esta búsqueda de oportunidades desde otras perspectivas.

La firma de correo de Alba me tiene enamorada

ALBA VALLE

Me llamo Alba Valle, tengo 25 años y en 2016 terminé el grado de Traducción e Interpretación en la universidad Pablo de Olavide. En aquel entonces, recuerdo que me sentía muy perdida y desorientada de cara al mundo laboral, los comentarios de los compañeros de otras promociones no eran del todo alentadores y me daba la sensación de que en la universidad no nos contaban del todo lo difícil que sería el camino, a veces incluso se insinuaba lo contrario.

Mi sueño siempre ha sido trabajar en el mundo de la localización y la TAV, por lo que decidí inscribirme al Experto en Traducción y Localización de Videojuegos del ISTRAD para reforzar y ampliar conocimientos, además de comenzar a meter la cabeza en el mundillo laboral. Recuerdo que a mitad de curso Todas Gamers llegó a mi vida. Me registré y comencé a hablar con diferentes compañeras de gremio, y de casualidad, di con Eugenia Arrés, le comenté que no tenía prácticas obligatorias en el Experto de Traducción y me ofreció unas prácticas remuneradas centradas sobre todo en traducción y localización de videojuegos y TAV.

Comencé las prácticas en verano de 2017 y al finalizar estas, me di de alta como autónoma, ya tenía un par de clientes y quería seguir creciendo en el ámbito. Además de trabajar como autónoma, decidí matricularme en el Máster en Traducción y Nuevas Tecnologías, también del ISTRAD.

A lo largo de este año y medio, he enviado cientos de CV a diferentes empresas, a veces con respuesta y otras con el silencio más absoluto. Mentiría si dijera que no he pensado que me equivoco de profesión o que no sirvo para esto. Darse de bruces contra el silencio al enviar una carta de presentación y tu CV cargados de ilusión y ganas siempre duele, aunque se aprende a sobrellevarlo.

A día de hoy, continúo como autónoma, con más clientes y cada vez más ganas de hacerme visible, aunque me cueste horrores socializar y crear vínculos.

No puedo decir que la entrada en el mundo de la traducción sea sencilla, es complicado y hay que invertir esfuerzo y tiempo para ver resultados a largo plazo, pero siempre hay que tener en cuenta que no todo depende de uno mismo, también hace falta suerte y conocer a la gente adecuada para conseguir avanzar.

Si tienes alguna duda o quieres escuchar un consejo, puedes ponerte en contacto conmigo a través de mi correo electrónico, Twitter o LinkedIn. ¡Estaré encantada de ayudarte!

VALENTÍ MARTÍ

En Valentí ens deixa el seu testimoni en clau de decàleg:

10 consells per a començar a traduir

1. Trobeu unes bones pràctiques en empreses que vos agraden.

2. No defalliu mai: seguiu enviant correus i CV, encara que no conteste ningú.

3. Atents a les xarxes socials i als grups de Facebook de traducció.

4. Atreviu-vos amb tot: no penseu que no podeu, sou capaços de més del que penseu.

5. Envieu ofertes que no vos interessen a companys als quals sí que els interessen (i ells vos les enviaran a vosaltres).

6. Seguiu formant-vos: sempre hi ha cursets, articles i xarrades que ajudaran.

7. Networking a les xarrades: com més gent coneixeu, millor.

8. Tots hem entropessat amb els primers encàrrecs: la qüestió és aprendre dels errors.

9. No depeneu d’un sol client i trieu una bona gestoria.

10. Com canta Zoo: «No tot en la vida és faena». Teniu un horari de treball i vida social més enllà de la traducció.

Em podreu trobar a LinkedIn i a Twitter.

FRANCISCO J. MUÑOZ

Mis aventuras en el mundo de la traducción profesional empezaron cuando terminé de cursar un máster de traducción audiovisual hace ya dos años. ¿Por qué hice un máster después de la carrera? Pues porque creo que en esta profesión hay que especializarse en algún ámbito, sea el que sea, ya que lo normal es que una persona que quiere traducir, por ejemplo, un videojuego, buscará a algún profesional especializado en eso antes que a alguien que dice que traduce de todo. Y ojo, esto no quiere decir que no se pueda probar a colaborar con agencias o empresas que se dediquen a otro ámbito diferente al de nuestra especialización.

A los pocos meses de terminar este máster, elaboré mi primer currículum y empecé a enviarlo a empresas especializadas en localización de videojuegos para tantear un poco el terreno y ver cómo funciona lo de buscar clientes. Muchas empresas ni siquiera van a contestar, muchas otras te incluyen en su base de datos y no vuelves a saber más de ellas y algunas hasta pueden llegar a hacerte una prueba de traducción y, aunque la apruebes, tampoco te ofrecerán trabajo. Sin embargo, puede que más tarde o más temprano, una de estas empresas te ofrezca proyectos o te contacte para hacer una prueba. Una práctica que me resultó muy útil es crear un documento donde voy apuntando el nombre de las empresas o agencias con las que contacto, la dirección de correo, la forma en la que les he enviado mi CV (por correo o algunas tienen formularios en sus páginas web), la fecha y cómo me han respondido. Así puedo ver si me interesa contactar de nuevo en el futuro con esas empresas para volver a intentar colaborar con ellas.

Otra buena forma de encontrar clientes es LinkedIn. Yo me creé un perfil y por ahí aparecen muchas ofertas de trabajo e incluso puedes crear alertas de las búsquedas que más te interesen y contactar directamente con las empresas o clientes. A veces, puede que algunos te hablen directamente por ahí sin que tú ni siquiera les hayas enviado tu CV (aunque tampoco hay que confiar en esto).

Por último, también es interesante crear un perfil en páginas como ProZ, ya que continuamente surgen ofertas para traducir todo tipo de textos de todo tipo de empresas y sectores. Y hasta puedes hacer que las ofertas te lleguen al correo.

Y de estas tres formas conseguí a mis tres únicos clientes por ahora, que por suerte me envían encargos a menudo exceptuando dos o tres meses en los que no he recibido ningún proyecto. En mi caso, tuve que hacerme autónomo nada más empezar porque me ofrecieron formar parte de un proyecto muy grande y difícil de rechazar, pero mi intención era buscar trabajo en plantilla en alguna agencia. Y sí es verdad que hay oportunidades que no se pueden dejar pasar, aunque luego cueste más.

Creo que el mejor consejo que puedo dar es que hay que ser perseverante e intentar no caer en el desánimo, porque si no paras de intentarlo (¡pero con cabeza!), se puede vivir de esta maravillosa profesión. Además, es muy importante formarse continuamente, ya sea con talleres, cursos o eventos de traducción, por ejemplo. Seguro que me he dejado muchas cosas más en el tintero, pero mi correo y mi LinkedIn están abiertos a cualquier duda. ¡Mucha suerte!

Una semana más, gracias a todos por participar y por leernos. Hasta la próxima.