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5 cosas que un traductor puede hacer en agosto

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La primera podría ser tomarte unos días libres. Las vacaciones son necesarias siempre, aunque impliquen unos pocos días alejado del escritorio. Sin embargo, como ser autónomo te permite coger las vacaciones cuando te apetezca, tal vez este mes no sea tu mes de descanso.

El verano es una época curiosa en traducción. Hay poco trabajo en algunas ramas y mucho en otras. En agencias hay trabajillo para los que no se van de vacaciones y en editorial se prepara la rentrée literaria, con lo que muchos traductores editoriales trabajamos a destajo en estas fechas.

Para mí, agosto es una especie de fin de año, supongo que por la influencia del curso escolar. Septiembre marca el inicio de un nuevo curso y es también un punto de inflexión. Si, como yo, combinas unos días de vacaciones con trabajo en casa, ¿qué puedes hacer en verano?

  1. Ponerte al día con lo último sobre la profesión

El día a día deja poco tiempo para muchas cosas, como seguir la pista a nuevos libros sobre traducción e interpretación o leer los artículos de algunos blogs que nos han llamado la atención y dejamos aparcados para leer más tarde, etc. Agosto es buena época para descubrirlos y ver qué se cuece en el mundillo.

Algunas lecturas recomendables, como las que os apunto de vez en cuando en forma de artículo o después de cada entrada:

Entrevistas refrescantes:

  1. Actualizarte

¿No te pasa que quieres responder a alguna oferta de trabajo y justo te das cuenta de que no has actualizado en CV en años? Estos días van muy bien para actualizar la información del currículum, de la página web, de los perfiles que tienes en redes (LinkedIn, por ejemplo)… De esta manera lo tendrás todo nuevecito y a mano cuando te apuntes o respondas a alguna oferta a la vuelta de las vacaciones.

En este mismo sentido y si no lo has hecho ya, crea una carpeta en tu ordenador con todo este material: CV en español, CV en otros idiomas, cartas/mails de presentación, listado de libros traducidos, etc.

  1. Invertir en formación o hacer algún curso que tengas aparcado

Confiesa: tienes algún cursillo a medias. O bien has pagado por él y ni lo has empezado (esa soy yo con los de Random House. ¿Los conocías?). Quizá le habías echado el ojo a alguno y aún no te habías lanzado. Si hay convocatorias de verano en las escuelas en línea, ahora es un buen momento para hacer estos cursos de descubrimiento o reciclaje.

  1. Revisar los balances del año y examinar tu estrategia profesional

Aunque sea una tarea que debe hacerse regularmente, aprovechemos también para ver qué facturas están por cobrar y qué balance hacemos de los últimos meses. Eso implica dar un repasito a los clientes que tenemos y ver a qué futuros clientes podemos dar un toque. Y, por supuesto, pensemos ya a qué nuevas puertas llamar y llevemos un registro de todos estos contactos. Nunca es mal momento para lanzarse a la caza de clientes.

  1. Planificar las jornadas de TeI que se ofrecen en otoño

En otoño empiezan a brotar las jornadas de TeI como setas. Si quieres hacer contactos y ponerte al día —como comentaba en el primer punto—, asistir a estos eventos es una grandísima idea. Aprovecha estos días para ver fechas e ir planificando el viaje.

Algunas jornadas que se avecinan:

Yo no me las perdería —de hecho, me habían invitado a las dos primeras—, pero el bollito que llevo en el horno me dice que me lo tome con calma en esas fechas. ¡Otra vez será! Pero tú que puedes, ni lo dudes.

Si te has quedado con ganas de más, aquí va el bonus track: si tienes blog, también es un buen momento para planificar futuras entradas y si eres de los que echas de menos los cuadernos de Vacaciones Santillana, los de Blackie Books te encantarán para mover esas neuronas aplatanadas por el calor. Para mí son una adicción.

Y hasta aquí la entrada de hoy. ¿Apuntarías algo más? ¿Qué haces en verano que te resulta la mar de útil? Ya sabes que puedes dejar todos los comentarios que quieras y ¡seguimos hablando!

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Entrevista a Carlos Fortea sobre el Informe del valor económico de la traducción editorial

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Hay novedades en el sector de la traducción editorial. El 30 de junio ACE Traductores presentaba en el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte el Informe del valor económico de la traducción editorial, elaborado por la consultora AFI y que podéis descargar aquí mismo.

El famoso informe

Mediante este Informe, como expone ACEtt en su página web, «se pretendía dar una respuesta a una pregunta que nos preocupaba desde hace mucho tiempo. Aunque sabíamos que el número de títulos que lanzábamos al mercado cada año oscilaba entre el 16 y el 27 %, nos preguntábamos cuánto representan esos porcentajes en términos de facturación o, en otras palabras, cuál es el auténtico valor económico de la traducción editorial.

El Informe elaborado por AFI señala, en primer lugar, que hay diez empresas o grupos de empresas que controlan cerca del 75 % del mercado editorial. Estas empresas concentran, por tanto, la mayor parte de nuestro trabajo y nos tienen acostumbrados a ofrecernos contratos en los que nuestra capacidad de negociación, dada precisamente la desproporción entre su capacidad de oferta y la nuestra, se reduce a cero.

El Informe revela también que existe una increíble opacidad en el mercado: los traductores seguimos teniendo que aceptar de buena fe liquidaciones de derechos que son meras declaraciones de una de las partes involucradas en el acto económico al que nos referimos. En muchas ocasiones, además, nos vemos obligados a requerirlas, porque incumpliendo lo que figura en nuestros contratos ni tan siquiera se nos hacen llegar.

Según los resultados del estudio que hemos presentado hoy, los traductores aportamos a las editoriales el 35 % de su facturación anual —es decir, en torno a 294 millones de euros—, aunque debido a la bajada de las tarifas nosotros acumulamos una enorme pérdida de poder adquisitivo».

Entrevista en Hoy empieza todo con Marta Echeverría

Con motivo de la publicación de dicho informe, el pasado 11 de julio entrevistaron a Carlos Fortea en el programa de radio Hoy empieza todo que presenta Marta Echeverría en Radio 3.

Carlos Fortea, a quien tuve el placer de conocer en 2015 en una mesa redonda sobre traducción editorial en Málaga, no es solo el presidente de ACEtt; es escritor, profesor en la Universidad de Salamanca y traductor literario con una labor de más de cien títulos, entre los que se cuentan obras de Thomas Bernhard, Günter Grass, Stefan Zweig, Alfred Döblin, E.T.A. Hoffmann y Eduard von Keyserling. Nadie mejor que él, pues, para hablar del informe y reivindicar nuestros derechos como traductores editoriales.

Aquí os dejo la entrevista, que también podéis escuchar en esta página, para entender qué se explica en el informe, qué se reivindica y cómo conseguir que se respeten nuestros derechos.

 

Marta: Seguimos con otro asunto que tiene que ver con el sector de la traducción, que facturó en España casi trescientos millones de euros en el 2016. Una cifra que supone el 35 % de los ingresos de las editoriales nacionales durante ese año. Sin embargo, en nuestro país siete de cada diez traductores profesionales se ven obligados a compaginar su actividad con otros trabajos. Son datos extraídos de «El valor económico de la traducción editorial», un estudio, el primero que se hace de este tipo que ha sido subvencionado por el Ministerio de Cultura y que se presentó hace unos días, Carola.

Carola: Sí, Marta, el informe también revela que más de un cuarto de los encuestados trabajó en negro en 2015, que uno de cada tres tan solo traduce uno o dos libros al año y que sus ingresos medios anuales rondan los cinco mil euros brutos; algo que contrasta con las cifras que genera el mercado editorial en el que, según datos de la consultora Nielsen, siempre hay entre cinco y seis obras traducidas en el top 10 de los libros más vendidos en España. Es por esto, Marta, que como ya hicimos en su momento como otros gremios precarizados como el de los actores y el de los figurantes nos hemos puesto en contacto con el de los traductores para que nos expliquen su situación. Ojo, no para lloriquear, y en eso me han insistido muchísimo, sino para exponer sus problemas y ofrecer soluciones porque las tienen. Habla Carlos Fortea, traductor y director de ACE Traductores. Vamos a escucharlo.

Marta: Sí, sí. Antes de eso, hemos tenido una maravillosa errata en nuestro Twitter. Decimos que siete de cada diez tractores en España tienen que pluriemplearse.

Carola: No, tractores no, por dios…

Marta: Los traductores. En un momento lo corregimos y ya ahora si escuchamos a Carlos Fortea.

Carola: Carlos, los traductores generáis un 35 % de los ingresos del sector editorial, pero la mayoría no podéis vivir de vuestro trabajo. ¿Qué tarifas se están manejando?

Carlos: Nosotros no podemos hablar de tarifas en público porque la Comisión de defensa de la competencia nos lo prohíbe. Por lo tanto, lo único que puedo dar es un dato que está publicado, que es el dato que se manejó en el Libro Blanco de la traducción editorial del 2010, es decir, ya es un poquito antiguo. En aquel momento el resultado del estudio de la encuesta de tarifas que se había hecho en aquel momento daba una tarifa media de 11,5 euros por página de dos mil cien pulsaciones, dos mil cien caracteres.

Carola: Eso significa —los datos de los que estábamos hablando— que en España más de la mitad de los traductores profesionales necesitan otro trabajo para vivir; lo tienen que compaginar con la docencia, por ejemplo, con el periodismo… Es evidente que esto os tiene que preocupar, al gremio de los traductores. ¿También debería preocupar a los lectores? ¿En qué nos afecta que las condiciones de los traductores se sigan depauperado?

Carlos: A quien más debería preocupar es a los lectores y también al sector editorial que nos contrata. Cuando un traductor tiene que hacer su trabajo en condiciones de… como tú has dicho muy bien, de depauperación, eso significa que inevitablemente que va a tener que trabajar muchas más horas para producir el mismo rendimiento económico. Es inevitable que la calidad se resienta. Con independencia de que nosotros tengamos un claro imperativo ético por que la calidad de las traducciones se mantenga, es decir, por que cada profesional se esfuerce en conseguir el mejor resultado en cada ocasión, ¿cómo puede conseguirlo si su trabajo se ve perjudicado por la necesidad duplicar las horas al día? Esto viene ocurriendo muy claramente desde la entrada en vigor del euro. Las tarifas nunca fueron altas, pero tenían una regularidad, digamos, hasta ese momento, cuando se produjo la entrada en vigor del euro se hizo la conversión automática de euros a pesetas y desde ese día en adelante las tarifas no han hecho otra cosa que bajar. Es decir, estamos en niveles del año 2001.

Carola: Entiendo que muchos traductores profesionales se plantearán tirar la toalla y dedicarse a otra cosa, directamente. Que está provocando quizás el éxodo de los profesionales y quizás el intrusismo, no sé si de aficionados, pero de gente quizás con menos formación. No lo sé.

Carlos: Hay una expulsión del mercado, por una parte, de traductores competentes y, por otra parte, hay una falta de entrada, es decir, los chicos que se licencian en las facultades de interpretación, sobre todo chicas —es una profesión crecientemente feminizada— se lo piensan. A la hora de decir «me voy a dedicar a la traducción literaria», dicen: ¿Esto es viable? ¿Es una forma de vida accesible? ¿Lo puedo mantener? Entonces al final hay gente que no entra al mercado, gente que tendría capacidad suficiente, gente que tendría calidad para irse formando, para ir mejorando sus capacidades y que, o abandona en los primeros estadios o ni siquiera entra. Eso es muy grave para el sector.

Carola: Carlos, hemos hablado de las consecuencias, vamos a abordar ahora las causas. ¿Cómo hemos llegado hasta aquí? Creo que el monopolio de los grupos editoriales tiene bastante que ver con vuestra situación.

Carlos: Claro, aquí hay varias causas fundamentales. La primera es esa congelación de tarifas de las que te hablaba antes. Y eso tiene mucho que ver con la concentración editorial. En este momento, según El informe sobre el valor económico de la traducción que acabamos de publicar, diez editoriales, o diez grupos editoriales, concentran el 73 % de la edición en España. Eso quiere decir que con esos grupos que te ofrecen un tipo de contrato cerrado, la negociación en realidad no existe, es un «lo tomas o lo dejas» creciente. Sobre todo en el apartado de tarifas, que, como te digo, nos preocupa de manera primordial.

En segundo lugar, y es muy importante, tenemos un problema muy grave respecto a la liquidación de derechos de autor. Los traductores cobramos nuestra tarifa como anticipo de los derechos de autor y luego se nos factura en función de las ventas de los libros. Eso implica que a estas alturas del siglo XXI se nos sigan haciendo liquidaciones que son declaraciones de parte, es decir, las editoriales envían una declaración en la que dicen cuánto han vendido y tú te lo tienes que creer sin más.

Eso hasta ahí ya es bastante serio. Es todavía más serio cuando esas liquidaciones no llegan y es todavía más serio cuando hay un sector como el de la lectura infantil y juvenil, el 40 % de cuyos títulos son traducciones, en los que muchas ocasiones se sigue trabajando sin contrato, se sigue trabajando sin liquidaciones y cuando son textos dedicados a un público infantil, es decir los textos cortitos, textos que no tienen mucho texto, las editoriales eluden directamente pagar derechos, ignorando que del libro no se pagan derechos en función del tamaño que tiene, sino en función de las ventas que tiene. En muchas ocasiones hay grandes títulos de literatura infantil que venden centenares de miles de ejemplares de los que el traductor no percibe nada.

Carola: Me sorprende, Carlos, la falta de sensibilidad que existe dentro del propio gremio editorial, es algo llamativo. Podría entender, no justificar, pero podría entender que a la mejor un gremio externo, ajeno absolutamente a vuestra labor, que no sea capaz de valorar el esfuerzo y la formación que supone traducir un libro se muestre así de implacable, pero que lo haga alguien del sector editorial, en fin, me parece llamativo.

Carlos: Coincido completamente con tus palabras. Si las personas que nos dedicamos al proceso del libro, a producir un producto cultural, realmente somos conscientes de que se trata de un producto cultural, ¿cómo es posible que se esté tratando así a los profesionales que lo hacen llegar desde otras lenguas al español? A un colectivo que, como digo, representa un 35 % de las ventas del mercado, mucho más en el sector de la literatura infantil y juvenil, y que es capital para la circulación de las ideas. ¿Con quién estamos hablando? O sea, ¿realmente estamos hablando de personas que se dedican al sector del libro exclusivamente para generar un beneficio económico o de gente que se dedica al sector del libro como lo hacemos nosotros para generar un producto cultural?

Carola: Carlos, tengo la impresión de que parte del problema es que, como sociedad, no estamos muy sensibilizados con la importancia de la traducción, que no es un trabajo valorado. Convendría explicar el tiempo y el esfuerzo que exige traducir una hora y, aunque entiendo que esto varía en función de la extensión, de las peculiaridades del texto, del género, no sé… Imagino, por ejemplo, que traducir poesía tiene que ser especialmente complejo, ya solo por cuestiones de métrica. ¿Cuánto tiempo, qué dedicación estimas que puede exigir la traducción de una novela, por poner un ejemplo?

Carlos: Yo le diría a un lector que se ponga en la circunstancia de un traductor que va a traducir, pongo por caso, un clásico, un clásico del siglo XIX. Un traductor que tiene que documentarse de cada uno de los objetos que aparecen en ese libro a los que tiene que dar el nombre exacto que tenían en castellano en ese momento; que tiene que documentarse acerca de las costumbres, porque en muchas ocasiones uno no va a saber por qué ocurren determinadas cosas.

Hay una maravillosa nota al pie de la página de la última versión de La señora Bovary que hizo María Teresa Gallego. No recuerdo la nota con exactitud en este momento, pero explicita por qué en un momento determinado, un personaje tapa una copa con la mano para indicar que no le sirvan. Eso es el resultado de un proceso de documentación muy largo. Todo eso requiere una cantidad de trabajo antes de escribir la primera línea absolutamente tremendo, más todo el tiempo que luego lleva la propia redacción del texto, que no es simplemente copiar lo que pone en una lengua y copiarlo en otra, es resolver constantemente los problemas que eso plantea, pasar de una sintaxis diferente, pasar de una mentalidad distinta.

Carola: De momento, el Ministerio de Cultura ha aprovechado la presentación de este informe para informar de una serie de medidas que pondrá en marcha con el objetivo de mejorar el reconocimiento público de los traductores. Hablaban de la creación de una beca para ellos en la residencia de estudiantes, de la celebración de un encuentro de traductores y de otras iniciativas, pero entiendo, Carlos, que, además de todo eso, lo que vosotros necesitáis es que el mercado se regule para garantizar unas tarifas de decentes, que era lo que reivindicabas antes, y la liquidación de vuestros derechos de propiedad intelectual. No sé si vosotros tenéis alguna propuesta al respecto.

Carlos: Por supuesto que sí. Nosotros estamos muy agradecidos a las políticas del Ministerio en este momento. Efectivamente, están mostrando gran sensibilidad hacia el colectivo y quiero dejarlo expresamente dicho aquí, pero la historia nos dice que los verdaderos saltos en esta profesión se han dado cuando se han tomado medidas legislativas. El gran salto de la traducción se dio en 1987 con la ley de la propiedad intelectual, de la que ahora se cumple 30 años. Se están haciendo actividades para celebrarlo y se ignora que esa ley no se cumple. Entonces tenemos que asegurar que se cumpla.

Tenemos que hacer que los contratos que firmamos sean contratos legales y para eso hemos propuesto en muchas ocasiones la creación de una instancia administrativa que vise los contratos. No sería tan complicado porque los grandes grupos tienen modelos. Sería simplemente decirle a un gran grupo: este modelo de contrato no se atiene a la ley y por tanto no vale. Sería tan sencillo como eso y eso es apenas una modificación de la ley de propiedad intelectual. Igualmente sería muy sencillo establecer en la ley la necesidad del seguimiento de las ventas por medios tecnológicos. Hoy en día son muy fáciles.

Decía en una ocasión, o mencionaba el otro día en una presentación del informe Manuel Marín que, si somos capaces de seguir la pista de un huevo desde que lo ponen en una granja en Bélgica hasta que lo compramos en un supermercado de Cuenca, seguramente no debe de ser muy difícil seguir la pista de un libro cuando se vende en una librería. Simplemente pasarlo por un código de barras, que ese código de barras vaya a una base de datos a la que tengamos acceso los autores y los editores en tiempo real, y sepamos a la vez los dos que hemos vendido un libro. Y que el editor sepa que de ese libro le corresponde su 30 % y a nosotros nuestro 1 %. Simplemente eso y eso no puede ser muy difícil. Eso es una modificación que lleva un párrafo en una ley, no pedimos más. Es mucho lo que obtendríamos por muy poco trabajo legislativo.

Carola: Pues, Carlos Fortea, traductor y director de ACE Traductores, muchísimas gracias por atendernos.

Carlos: Muchas gracias a ti.

Carola: Y mucha suerte.

***

¿Os ha sorprendido algo? ¿Habéis sufrido condiciones similares a las que comenta Carlos Fortea? Podéis dejar más abajo vuestros comentarios con anécdotas y experiencias.

Espero que os haya resultado interesante y ¡nos leemos en la próxima entrada!

Translator Things: un vistazo a la subtitulación y al doblaje profesionales

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Estaba nublado y soplaba un viento desagradable, un viento que me recordaba que la primavera aún estaba lejos. Me dirigí al sótano del Campus y entendí que no era la única en haber recibido aquella extraña llamada. La puerta estaba entreabierta y, encima de una mesa que había en la entrada, observé unos pequeños folletos con una inscripción en código binario que interpreté como AETI. No cogí ninguno porque me dio miedo alterar el espacio-tiempo, así que avancé dos pasos para dejarlos atrás. Respiré hondo. Nadie estaba aguantando el portón, pero permanecía abierto por una extraña fuerza. “¿Qué es lo que me ATRAE?”, me pregunté. Conté hasta diez, di un paso más largo que los anteriores y, de pronto, estaba allí. Aterrorizada, me di cuenta de algo verdaderamente insólito. Unos centímetros más abajo de los rostros de todos los humanos que allí se encontraban, aparecían una especie de caracteres en apariencia indescifrables. Entonces lo comprendí: ¡estaban subtitulados!

Así empieza la original reseña de Anna Varela Griñena para la AETI de la conferencia sobre traducción audiovisual organizada por Guillermo Parra en la Universitat Pompeu Fabra. Guillermo, profesor y subtitulador profesional, invitó a Begoña Ballester-Olmos (de BBO Subtitulado) y a servidora para que habláramos de los entresijos (y tejemanejes) de la subtitulación y el doblaje.

Tuvimos la suerte de que la conferencia, que tuvo lugar el 28 de febrero de 2017, pudiera grabarse, así que aquí la tenéis para todos aquellos que os la perdisteis. Además, disfrutamos de la participación estelar de Quico Rovira-Beleta, traductor de Star Wars, entre muchísimos otros, y Paula Mariani, profesora de traducción, expresidenta de ATRAE, vocal de DAMA y traductora de Modern Family, también entre muchos otros.

El objetivo era dar una pincelada a los aspectos profesionales de ambas modalidades de traducción audiovisual. En el caso de la subtitulación, ¿cómo se trabaja? ¿Qué se cobra? ¿Dónde están los clientes? En el caso del doblaje, Begoña nos contó de qué tipos de materiales dispone, nos enseñó algunos fragmentos de películas traducidas en su empresa y nos habló de algunas dificultades específicas. Todo la mar de instructivo (y no lo digo porque yo participara, ¿eh?).

También hubo un buen coloquio posterior a raíz de las preguntas de los asistentes. No os perdáis tampoco esta parte. Aquí os la dejo:

 

Por si queréis echarle un vistazo a mi presentación, os la dejo también mediante enlace para que podáis ir siguiendo mi intervención o, simplemente, la tengáis de referencia.

INICIARSE Y AHONDAR EN TAV

No quiero terminar sin dejar algunos consejos y recursos para traducción audiovisual. Sois muchos los que preguntáis cómo iniciarse y moverse en este mundillo, así que aquí van algunos enlaces útiles.

Másteres y cursos especializados en TAV

Libros interesantes

Artículos

Varios

Además de todos los profesionales mencionados en este artículo, también recomiendo seguir a aquellos especialistas en TAV que comparten sus vivencias y experiencias laborales (dificultades, gestión de trabajo, juegos de palabras, etc.) y de los que siempre se puede aprender: Javier Pérez, Alberto Fernández, Herminia Páez, Álvaro Méndez, Sara HernándezFernando CastilloAle Durán, Marta Baonza y tantos otros que sería imposible recopilar en una sola entrada.

Y ya para terminar, un breve apunte: acordémonos más de las buenas soluciones en traducción (audiovisual o no). Tendemos a criticar traducciones por las redes, pero tampoco cuesta nada elogiar aquellas soluciones que nos llamen la atención por lo creativas e ingeniosas que son, ¿verdad?

¡Hasta la próxima!

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Errores en traducción editorial y cómo erradicarlos

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Hace tres años tuve la oportunidad de tener a mi primer alumno en prácticas. Recuerdo lo perdidos que íbamos los dos, pero también las ganas de aprender mutuas. Desde ese 2014 he tenido a varios alumnos más y juntos hemos descubierto muchas cosas. De alguna manera, con ellos he rememorado la etapa universitaria y he entendido sus miedos y frustraciones, su incertidumbre ante el futuro que les espera, pero también he aprendido con ellos y he visto otras formas de pensar y de enfocar un texto.

El trabajo de un tutor empresarial de prácticas va mucho más allá de pasar traducciones. Me gusta pensar que puede establecerse una relación personal y profesional duradera; en mi caso, hay alumnos con los que sigo contando para algunos encargos. Al final somos una mano amiga que les ayuda a la hora de dar el salto profesional.

Sin embargo, durante estos años también me he dado cuenta de que hay errores recurrentes que se cometen al principio de la andadura profesional y por eso he decidido recopilarlos en esta entrada. Y como ya sabéis que no me gusta que mi experiencia sea única o vaya a misa, he contado con la colaboración de Devadip Rivero y Gorinkai Rivas, ambos correctores, que le han echado un vistazo a estos errores y sus recomendaciones. Todos los ejemplos que encontraréis aquí son reales y para que no caigan en saco roto, también veréis enlaces para cotejar la información. Los encargos han sido principalmente de traducción editorial de novela juvenil y también de romántica contemporánea.

Así pues, ¡empecemos! Y espero que os sea útil a los que estáis empezando.

1. ERRORES DE FORMATO Y ORTOTIPOGRAFÍA

Cuando planteo una práctica, suelo redactar un pequeño texto con la información de la obra y los requisitos formales. Igual que sucedería con una traducción que nos encarga una editorial, es importante seguir las directrices que nos marcan sobre todo en cuanto al formato (tipo y cuerpo de letra, interlineado, sangrado, separación de escenas dentro de un capítulo) y al tono, estilo, etc. Y siempre les digo que, si la editorial no nos las marca, hay que preguntar: así lo hacemos bien desde un principio y no hay que retocarlo todo al final.

Muchas veces los alumnos pasan por alto estas directrices y luego hay que hacer un repaso doble para dejarlo como conviene. Sin embargo, este punto en sí no es tan problemático como lo es la ortotipografía y la traducción de los diálogos.

Un error recurrente es calcar siempre la aparición de la cursiva inglesa. Dependerá del contexto, evidentemente, pero muchas veces podemos optar por el entrecomillado con comillas angulares («»), que no inglesas (“ ”), que también es un error clásico. Hay que tener en cuenta que la cursiva enfática del inglés no es tan frecuente en nuestro idioma, sobre todo al marcar los pronombres personales: She did it.

Como comenta Gorinkai, en un texto literario es incorrección. En científicos, técnicos, libros de texto, etc. tiene su utilidad porque se trata de transmitir información claramente o recalcar puntos clave; en literaria tiene usos muy específicos y el énfasis no es uno de ellos. Hay que buscar otras fórmulas de énfasis. No es pecado alterar levemente el texto con ese fin (convertir un «what?» en «¿pero qué dices?» y trucos así).

No vale pensar «eso ya lo arreglará el revisor o el corrector de pruebas». No dominar esas cosas es un buen sistema para que no te encarguen más trabajo. Si se carga a los correctores con una montaña de minucias se les pueden escapar cosas más gordas por saturación, cuanto más correcto ortotipográficamente salga el texto de manos del traductor, mejor (y más imagen de profesionalidad se da).

Como decía antes, los diálogos son otro gran escollo. Yo me aprendí las directrices fijándome bien en novelas escritas en español y con manuales como el de Ramón Sol (Manual práctico de estilo. Urano, 1992).

No hace mucho, hice esta infografía con los usos principales con verbos dicendi, los verbos de habla, comparándolos con una versión original en inglés. Os la podéis descargar en PDF si queréis.

Aquí falta añadir el caso en el que el inciso no empiece por un dicendi. En estos casos lo mejor es cerrar con un punto la intervención y luego escribir el inciso empezando con mayúscula:

—Ven. —Me hace un gesto con la mano—. No tengas miedo.

Otra opción, si queremos que la primera intervención siga después del inciso (no con punto final sino con una coma, que irá detrás de la raya):

—Ven —me hace un gesto con la mano—, no tengas miedo.

No obstante, Gorinkai dice «yo intento evitar construcciones así porque estéticamente me resulta poco agradable ese “me hace” en minúscula no siendo un dicendi y habría usado la primera opción (al hacer una pausa con el inciso podemos considerar que separa dos oraciones independientes separadas con punto), o una reordenación». Esta opción quedaría así:

Me hace un gesto con la mano.

—Ven, no tengas miedo.

En cuestión de diálogo es importante recalcar que se escriben en líneas distintas. No van pegados al texto:

EN: He looked at me. “You must be starving.”

No reproduciríamos así:

Me miró. —Tienes que estar muerta de hambre.

Sino así:

Me miró.

—Tienes que estar muerta de hambre.

Y cuando una misma persona habla sin parar en varios párrafos, solo ponemos la raya en la primera intervención. Luego marcamos los otros párrafos con la comilla angular (»). De lo contrario parecerá que es otra persona la que habla, con lo que transformaremos un monólogo en diálogo. Lo explica muy bien Jimena Licitra en este artículo del blog de Cálamo y Cran.

La raya también se usa mucho en literaria con otro valor y no solo el de marcar un diálogo. Inglés y español coinciden en usarla cuando se hace un inciso en medio de una frase. En español, con las rayas pegadas siempre al inciso.

En cuanto a usos divergentes está el siguiente: en inglés acota incisos que son explicaciones, recapitulaciones o enfatizaciones y no se cierran si la frase termina con un punto. Para este uso, el español usa otras marcas: dos puntos, coma, punto y coma o puntos suspensivos. Reproduzco ejemplo de López Guix y Minett, autores del Manual de traducción inglés-castellano:

Ej. 1

EN: Ives, Stravinsky, and Bártok these were the composers he most admired.

ES:  Ives, Stravinsky y Bártok: estos eran sus compositores más admirados.

Ej. 2

EN: “I ‘rite terribly little about three poems a year,” Mr Larkin says.

ES: —Escribo poquísimo unos tres libros al año —afirma Larkin.

Y también se usa en inglés para marcar la interrupción del discurso o la omisión de parte de una palabra. En español, esta omisión suele marcarse con puntos suspensivos. Otro ejemplo de López Guix y Minett:

EN: “Hello, Tim. It’s Dr. Thompson calling you back. If you’d

ES: —Hola, Tim. Soy la doctora Thompson. He recibido su llamada. Si quiere

En general, pues, no se copian los signos de puntuación del TO. El español tiene reglas propias y hay que saber usarlas. Se dan errores como el de colocar la coma antes de «y» en oraciones coordinadas que comparten sujeto. Ej.: Fui con Paloma, y estuve encantado todo el rato.

La Oxford comma también es un error frecuente en enumeraciones. Lo que en inglés es «one, two, and  three»  debe quedar «uno, dos y tres». Muchos calcan esa coma y es fallo gordo.

 

2. EXCESO DE POSESIVOS

Cierto es que en inglés siempre queda clarísimo quién hace qué —algo especialmente útil en erótica cuando estás traduciendo una postura en especial— y que los posesivos y las partes del cuerpo son un binomio imprescindible. En castellano no sucede lo mismo. Hay momentos en que echamos de menos esa versatilidad que no nos da el «su», sí, pero evitemos emplear los posesivos cuando traduzcamos algo así:

EN: “Give me your hand.”

ES1: —Dame tu mano.

ES2: —Dame la mano.

López Guix y Minett lo dejan claro en su manual: el inglés hace un uso inflacionario de posesivos (The woman, in fact, holds her hands by her sides and tilts her head at an angle of five and a half degrees. Her hair falls just to her shoulders). En español hacemos un uso más reducido, solo cuando es necesario denotar posesión (En realidad, la mujer tiene las manos junto al cuerpo y ladea la cabeza en un ángulo de cinco grados y medio. El pelo le llega a los hombros).

 

3. REPETICIÓN DE NOMBRES PROPIOS 

En general, el inglés tolera mejor las repeticiones. Es preferible usar pronombres cuando se pueda u omitirlos si fuera suficiente con la adjetivación.

En los diálogos hay que pasar la podadora abundantemente, dice Gorinkai, y coincido plenamente. Siempre digo que es donde convergen la traducción editorial y la audiovisual. Los diálogos tienen que sonar naturales y creíbles.

EN: “Look, Frank, maybe…”

ES: —Mira, quizá… (Frank ya sabe que le están hablando a él; nosotros no tenemos la costumbre de estar repitiendo todo el rato el nombre de nuestro interlocutor, así que trasladar los nombres crea diálogos nada naturales).

Y lo mismo sucede con los pronombres personales. En inglés la presencia del pronombre personal es obligatoria en función de sujeto, pero en español suele ser innecesario gracias al morfema que indica persona en el verbo. Lo explicitamos para deshacer ambigüedades o dar un valor enfático o expresivo.

 

4. ERRORES ORTOGRÁFICOS, GRAMATICALES O DE SINTAXIS

Veamos en este primer cajón de sastre algunos de los errores comunes en cuanto a gramática, sintaxis y ortografía:

  • Muchas traducciones abusan de las oraciones pasivas tan típicas del inglés. «Fue diagnosticado de cáncer» será más natural expresado así: «Le diagnosticaron cáncer». Gorinkai añade en este punto: «el uso de la pasiva es un buen recurso para dar tono arcaizante en novelas de ambiente medievaloide, pero que se quede en esas».
  • Aún así en la mayor parte de los casos es «aun así».
  • Las comas del vocativo son las grandes olvidadas.
  • Hay confusión con la coma antes y después de «pero» y «sino».
  • Y también hay confusiones con las comas antes de las subordinadas: ya que, puesto que, aunque, etc.
  • «Quizá» y otras oraciones que indiquen supuestos, ruegos, deseos, posibilidades van con subjuntivo. Ej.: Quizá es buena idea. Quizá sea buena idea.
  • OR en inglés con valor de negación es NI en español. Ej.: No fui al cine, ni al teatro ni a playa. Ojo a un detalle importante de intercambio de conjunciones. Muchas veces, lo que en inglés es «A and B», en español debe ser «A o B», y un «A or B» debe ser «A y B». Hay que vigilar bien los contextos.
  • No abusemos de adverbios terminados en -mente: rápidamente y lentamente, p. ej., pueden ser deprisa y despacio. En inglés suele haber profusión de adverbios terminados en -ly, pero en español hacemos un uso más moderado de los adverbios terminados en -mente.
  • Evitemos también las redundancias del tipo: ¿Qué es lo que te pasa? ¿Qué es lo que quieres? ¿Qué es lo que te dijo? Podemos ser más directos con: ¿Qué quieres? ¿Qué te pasa?

 

5. CALCOS, FALSOS AMIGOS Y AUTOMATISMOS VARIOS  

¿Por qué eso de automatismos? Aunque es cierto que los errores siguientes pueden deberse a un desconocimiento del idioma del TO, creo que también pueden darse casos motivados por las prisas, por no cotejar y por dejarnos llevar por lo que nos sale primero (tal vez porque se parece al inglés, en este caso).

Veamos algunos de estas palabras o expresiones que nos dan algún quebradero de cabeza que otro:

  • Able to: no siempre es «ser capaz de» sino simplemente «poder».
  • At the end of the day: no es al final del día, sino «al fin y al cabo».
  • Builders: no es «constructores». En inglés, builders suelen ser los albañiles. En castellano reservamos «constructor» para el dueño de la empresa que rara vez se ensuciará las manos.
  • Can feel, can hear, can see…:En lugar de «poder sentir, etc.» bastaría con «oír, sentir, etc.». Muy importante a la hora de dar naturalidad a los diálogos. «Can you hear me?» jamás será «¿Puedes oírme?» sino «¿Me oyes?».
  • Collapse: no es colapsar sino derrumbarse, desmoronarse, caer, etc.
  • Devastating: en español se dice devastador para una catástrofe normalmente relacionada con la naturaleza: «El terremoto tuvo efectos devastadores». No se usa para sentimientos, aunque en inglés utilicen devastating o devastated. Ej.: «Me dijo unas palabras devastadoras» o «Me sentí devastado/Fue devastador». MEJOR: «Me dijo unas palabras muy duras» y «Me derrumbé. Me sentaron muy mal/Estaba desolada».
  • Dramatic: solo en ciertos contextos es «dramático». Más a menudo suele tener el sentido de «espectacular» o algo igual de superlativo.
  • Emotions: vamos directos a «emociones» y nos olvidamos de «sentimientos», que seguramente refleja mejor el sentido. Y este caso nos lleva a un clásico: Sense and Sensibility, que no es Sentido y sensibilidad, sino Sensatez y sentimiento.
  • Expresiones de tiempo: in a minute, [I haven’t seen him] in a year y similares. Seamos específicos con: desde hace, durante, dentro de.
  • Give me a minute, wait a minute, etc.: en español esperamos un momento, un rato.
  • Hear/listen y oír/escuchar. Aquí le cedo la palabra a Xosé Castro: «Cada vez se usa más el segundo verbo con el sentido del primero. Como dice el lexicógrafo Martínez de Sousa, para oír sólo es necesario tener oídos sanos, pero para escuchar, debe prestarse atención, debe “querer oírse”. García Yebra lo resuelve al recordar una anécdota que le sucedió mientras daba una conferencia: “En cierto momento, se levantó una señora que estaba al fondo del aula y dijo ‘Señor García, aquí atrás no se le escucha’.” García respondió: “Si han venido a la conferencia es porque me escuchan, lo que ocurre es que no me oyen”. Estos son unos ejemplos de mal uso extraídos de la prensa española de esta semana: Se escucharon unos disparos. / Podían escucharse voces supuestamente fantasmales».
  • Ironically: muchas veces se traduce automáticamente como «irónicamente» cuando es «paradójicamente». Diferencia entre ambos. Paradójico = algo que parece no tener lógica; irónico = dicho con burla, sorna, sarcasmo. Que nieve en primavera es paradójico, pero no irónico (no hay sarcasmo).
  • Need: no siempre es necesitar. De hecho, suele referirse a «tener que». We need to talk = tenemos que hablar. *Necesitamos hablar.
  • Office: cuando se refiere a toda la planta de la empresa o a toda la empresa es «oficina», pero cuando se refiere a la habitación de uno de los empleados es «despacho». Ej.: Hoy fui a trabajar a la oficina y al llegar vi que me habían cambiado a un despacho más pequeño.
  • Once, como en once I got his attention, que en lugar de «una vez tuve su atención», muy calcada, es mejor usar un «cuando» o «en cuanto».
  • Realize: no siempre es «darse cuenta de que». Esta expresión se usa muchísimo en estas novelas, conque conviene buscar sinónimos e incluso fijarse mejor, ya que a veces ni siquiera significa «darse cuenta de que». Observar, fijarse en, percatarse de que, etc.
  • Share: se calca con «compartir» cuando muchas veces nos referimos a «contar», «explicar», etc.
  • Slide: mejor no traducirlo por «deslizar» (o no constantemente). Ej.: *Deslizó su mano por debajo de mi ropa interior. Mejor: Introdujo/metió la mano por debajo de la ropa interior.
  • The fact that: la traducción literal es «el hecho de que», pero este circunloquio sobra la mayor parte de las veces. Ej.: El hecho de que= Que Juan apareciera en mi casa…

Y ya que antes hablábamos de cosas superlativas, ¿no os parece que los diminutivos y superlativos han desaparecido de las traducciones? Se tiende muchas veces a calcar directamente y usar «pequeño» o «grande», cuando podemos encontrar soluciones mucho más creativas.

EN: I’ve got a big problem

ES1: Tengo un gran problema.

ES2: Tengo un problema gordo. / Tengo un problemón.

 

6. REFERENCIAS CULTURALES

Cuidado con falta de documentación. Sé que es una asignatura que no suele hacer gracia en la carrera, pero es muy útil al trabajar. Hay que buscar todo lo que nos chirría. La única solución a largo plazo para este tipo de errores es culturizarse mucho, leer (por vicio) en inglés, ver las películas y las series en V.O… Cuanto más conozcamos la cultura fuente menos caeremos en esos fallos (a veces es cierto que no se puede uno documentar si ni siquiera sabe que hace falta documentarse).

Ej. 1

Aquí tenemos una referencia clara a la universidad de Brown. La mayúscula nos tendría que haber dado una pista:

EN: “I have this old Brown T-shirt that was stuffed in my gym bag.”

ES1: —Tenía esta camisa marrón y vieja en la mochila del gimnasio

ES2: —Tenía esta vieja camiseta de Brown en la mochila/bolsa del gimnasio.

Ej. 2

Los alimentos, productos de higiene y similares también pueden suponer un problema. Siempre dependerá del contexto, claro, pero debemos evitar traducirlos por una marca española que nos pueda sacar de la novela. ¿Sería creíble hablar del arroz La Fallera o de la harina Hacendado en un supermercado de Boston? Pues eso. Lo esencial, no obstante, es saber qué son para evitar meteduras de pata.

Veámoslo en este fragmento original:

El refresco (soda) del que hablan es una lata de Dr. Pepper que sirve de tema de conversación entre los protagonistas. La estudiante lo resolvió de esta manera:

Traducido así, parece que la protagonista ha comprado una Coca Cola y una barrita energética de marca Dr. Pepper. En un principio no parece que afecte mucho a la historia, pero es un error de interpretación del original. Una sencilla búsqueda en Google nos dice que Dr. Pepper es un refresco.

 

7. PROBLEMAS CON LA FRASEOLOGÍA

Veamos algunos errores al trasvasar ciertas expresiones, frases hechas o modismos:

1. With a vengeance: no es «con venganza» sino «con ganas, con fuerza, a lo grande». Por ejemplo, una frase que no tiene nada que ver con la venganza: I thought I’d lost that cold, but it came back with a vengeance! I feel terrible!

2. Hand it to someone: otro gran desconocido. Y fijaos también en el uso de esa raya en inglés.

EN: I had to hand it to her, though—she gave a good sales pitch.

ES1: Tuve que darle la mano —dio un buen discurso sobre ventas.

ES2: Tenía que reconocerlo: había dado un buen discurso de ventas.

3. Get the best of someone no es recibir lo mejor de alguien. Veamos el siguiente ejemplo real con un poco de contexto: el protagonista va hecho unos zorros.

EN: “It was a bear,” Kol says. “I guess it got the best of me.”

ES1: —Ha sido un oso —dice Kol—. Supongo que se ha llevado lo mejor de mí.

ES2: —Ha sido un oso —dice Kol—. No he podido con él // Ha sido más fuerte que yo.

4. Otras expresiones que a veces se calcan son las de can’t…, que no se pueden traducir literalmente:

  • Can’t be bothered: no molestarse, no dar la gana.
  • Can’t help: no puedo evitar/es superior a mí.
  • Can’t get enough: no me canso de.
  • Can’t tell the difference: no distingo, no veo en qué difieren.

 

8. PROBLEMAS CON LA INTERPRETACIÓN GENERAL DEL ORIGINAL

A veces entra en juego el desconocimiento del inglés, ya sea porque no hemos visto jamás una palabra o giro determinado, o porque esa expresión se parece mucho a otra que sí conocemos o porque se trata de una palabra polisémica y tal vez tiene un sentido distinto al más habitual. Ante algo así, para empezar, hay que leer mucho en inglés (o en alemán o francés o el idioma desde el que traduzcáis) para ir ampliando el vocabulario. Y, una vez más, es necesario fijarse siempre en el contexto.

Si dudamos, recurramos a un buen diccionario, sea monolingüe o bilingüe, pero sabiendo buscar bien. No nos podemos quedar con la primera acepción. Un buen monolingüe nos dará toda la información relativa al término y un buen bilingüe ofrecerá buenos ejemplos que nos ilustren las diferentes traducciones de la palabra.

Veamos algunos ejemplos reales de errores de traducción por polisemia:

Ej. 1 

Draw no es solo dibujar, tiene muchas acepciones. En el siguiente ejemplo, además, va acompañado de preposición. Puede significar sacar, extraer, suscitar y hasta desenfundar si es un arma.

EN: His kiss is searching; it holds a question and hi slips move over mine as if he intends to draw out my answer.

ES1: Su beso es minucioso, contiene una pregunta y sus labios se mueven por los míos como si intentara dibujar una respuesta.

ES2: …como si quisiera sonsacarme/obtener una respuesta.

Ej. 2

EN: But fear hovers over me, like a shag that won’t fly far away from its young.

ES1: Pero el miedo se cierne sobre mí, como un cormorán que no vuela lejos de su juventud.

ES2: …como un cormorán que no vuela lejos de sus crías.

Ej. 3 

Pants pueden ser pantalones, braguitas y también jadeos.

EN: Eventually, my pants became breaths, and the rise and fall of Chase’s chest

ES1: Al final, las bragas estaban empapadas, y Chase redujo el ritmo al mismo tiempo que…

ES2: Al final, mis jadeos volvieron a ser respiraciones más sosegadas…

Ej. 4 

Pet puede ser una mascota o el verbo acariciar.

EN: She got closer to the horse and pet him over the fence.

ES1: Se acercó al caballo y le dio de comer un animalito por encima de la zanja.

ES2: Se acercó a la valla y acarició al caballo. / Se acercó al caballo y lo acarició por encima de la valla.

Ej. 5

EN: “You’re right.” He lies back down. “They need me, and I need them, too.

ES1: —Tienes razón. —Miente echándose atrás—. Me necesitan y yo a ellos también.

ES2: —Tienes razón. —Vuelve a tumbarse—. Me necesitan y yo a ellos también.

Ej. 6

EN: […] to give him a comfortable hut beside a hunting ground rich with game.

ES1: […]para darle un refugio agradable junto a una buena zona de caza con juego.

ES2: […] para darle una cabaña junto a una buena zona de caza con animales de presa/presas abundantes.

Ej. 7

EN: He pushes through the bear hide that drapes across the doorway to his hut, pulling me in behind him.

ES1: Empuja al oso oculto que adorna la puerta hacia su cabaña, poniéndome detrás de él.

ES2: Empuja la piel de oso que hace las veces de puerta de la cabaña y me hace entrar tras él.

Ej. 8

Aquí ha habido confusión por la polisemia de tear. Tear es «lágrima» y como verbo es «rasgar», «desgarrar», etc.

EN:  I notice her knee protruding through a tear in her pants.

ES1: Por una lágrima que le cae en los pantalones, me doy cuenta de que sobresale una rodilla.

ES2: La rodilla le sobresale por el roto que lleva en el pantalón.

Ej. 9

EN: I hear the laughing sound of running water—the spring must not be far.

ES1: Empiezo a pensar en volver cuando oigo el sonido alegre del agua que corre —la primavera debe de llegar pronto.

ES2: Empiezo a pensar en volver cuando oigo el sonido alegre del agua; el manantial no debe de andar muy lejos.

Otras veces el error viene dado por una similitud. Imagino que, con el turbo puesto, uno no se fija como debiera en el sentido de la frase. Aquí van un par de muestras:

Ej. 1: Imagino que ese timers despistó al traductor en este caso.

EN: A few old timers had straggled in and staggered out throughout the day.

ES1: Los relojes de arena habían empezado y acabado varias veces.

ES2: Unos ancianos habían entrado y salido/habían ido y venido a lo largo del día.

Ej. 2: ¿Tal vez confundió flat con «flato»?

EN: Flat on my stomach, I extend my arms. Kol takes my hands.

ES1: Con pinchazos en el estómago, extiendo los brazos. Kol me coge las manos.

ES2: Tumbada bocabajo, extiendo los brazos y Kol me coge las manos.

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9. CUESTIONES ANATÓMICAS

9.1. Errores básicos de traducción: me gustaría pensar que se deben a las prisas o a un lapsus, porque no es infrecuente encontrar errores básicos de traducción de partes del cuerpo.

Ej. 1

EN: to pull the sling from around my waist and load it with the rock she just threw at me.

ES1: Sea lo que sea, no se imagina que me voy a sacar una honda de la muñeca y la voy a cargar con la piedra que me acaba de lanzar.

ES2: …me sacaré una honda de la cintura y usaré la piedra que me acaba de lanzar.

Ej. 2

EN: All my focus is on my toes pressing into the rock, finding a foothold. Then another. The climbing gets easier.

ES1: Dirijo toda mi atención al tobillo buscando un punto de apoyo. Luego otro. Se hace más fácil escalar.

ES2: Me centro en los dedos del pie/la punta del pie y busco un punto de apoyo. Luego otro. Así se hace más fácil escalar.

9.2. Errores por imprecisión (y por calcar el inglés):

  • Back of the hand: mejor «dorso» y no parte trasera de la mano, opuesta a la palma. Y, volviendo a los modismos, ojo a lo siguiente: los anglos conocen algo «como the back of his hand» y nosotros «como la palma de la mano».
  • Back of the head: la gran mayoría de las veces se refiere a «nuca» y no solo parte trasera de la cabeza.
  • Back of the leg: muchas veces son las «corvas», las «pantorrillas», depende.
  • «Poner las manos en jarra» por She put her hands on her waist en lugar de «poner los brazos en jarra».
  • Knot in my stomach: en español el nudo suele ser en la garganta.
  • Skip a beat (del corazón): Ni siquiera es anatómico, muchas veces puede ser llevarse un sobresalto, quedarse helado…

Marco aquí también el uso inadecuado de «mesarse la barba/el cabello». Mesarse es arrancarse o tirarse del pelo. La gran mayoría de las veces el texto se refiere a «atusarse», «tocarse», «acariciarse» o simplemente «pasarse la mano por el pelo».

9.3. Alargamientos:

  • Tenía las manos apretadas formando puños, cerró los dedos en un puño, etc. ☛ cerrar los puños o apretar los puños
  • Sus ojos se dirigieron hacia la puerta y luego se bajaron hasta los zapatos ☛ Miró… y luego bajó la vista a/se fijó en…
  • Paseó los ojos por la presencia del hombre que acababa de entrar  Miró al hombre que acababa de entrar.

9.4. Cuando las partes del cuerpo tienen vida propia:

  • Sus rodillas cayeron sobre la alfombra ☛ Se arrodilló…
  • Su rostro se endureció y sus labios se apretaron ☛ Se le endurecieron las facciones/la expresión y apretó los labios.

 

10. MOVIMIENTOS Y ACCIONES

A veces parece que, por querer ser muy literales (tenemos miedo a despegarnos del texto) o porque nos parece que un verbo más sencillo no queda lo bastante «literario», usamos expresiones y circunloquios innecesarios para muchas acciones. Veamos algunos:

  • Rodeos innecesarios para no usar «acercar»: «Atravesó la habitación hasta llegar a la mesa», «Eliminó la distancia que los separaba y la besó».
  • Para «negar con la cabeza» y «asentir» se observan formas tan dispares como «sacudir la cabeza», «zarandear la cabeza», «mover la cabeza de modo afirmativo».
  • Parece que desaparecen verbos tan concisos como «meter», «sacar» y «quitar» y aparecen «extraer», con lo que se redactan frases como: «Se extrajo la cartera» o «Se extrajo los pantalones».
  • Los «subir», «bajar», «entrar» y «salir» se calcan también del inglés: «Fue arriba a buscar una camiseta», «Ascendió al dormitorio», «Se despidió y se fue dentro».

 

11. EDIFICIOS Y MOBILIARIO

Otro punto en el que encontramos confusión es al hablar de edificios. Por ejemplo, ojo con despistarse con story, que según el contexto puede ser «planta» (de un edificio). También en el caso de first floor. Si el texto es británico, será «primer piso»; si es estadounidense será «planta baja». (Y de ahí correlativamente con second, third…). La planta baja en textos de RU es ground floor.

Y como error recurrente, no me olvido del caos que suele haber en las puertas. No nos podemos «detener bajo el umbral» o «apoyarnos en el umbral» porque «umbral» es la parte inferior (igual que «dintel» es la superior), sino que nos apoyamos en el marco de la puerta, por ejemplo.

Y, por último, no sé si por confusión misma de sofa, couch y armchair, hay confusión con sofá y sillón: el sillón es de una plaza y el sofá, de dos o más. Sería incorrecto decir «Me acosté en el sillón a su lado para leer un rato», a no ser que se trate de personas diminutas.

 

LA PREGUNTA DEL MILLÓN

Elvira Cámara, en Hacia una traducción de calidad, dice: «De poco o nada sirve toda la teoría escrita o por escribir sobre traducción [y para establecer qué es y en qué consiste una buena traducción] si nos olvidamos de lo que, quizá por demasiado evidente, es fácil dejarse atrás: el fin último de la traducción es trasladar el texto a aquellos que no pueden acceder a él en su forma original». Y al final eso es a lo que debemos aspirar, a que nuestro texto sea bueno, correcto y que el lector meta lo reciba de la misma forma que el lector origen.

«La calidad de una traducción depende directamente de la persona que la realiza. Para llevar a cabo una buena labor, el traductor debe tener un buen conocimiento de ambas lenguas y culturas. […] En opinión de García Yebra, dominar dos idiomas es imposible, pues ya es difícil conocer absolutamente la propia lengua debido a que está siempre evolucionando. Suponiendo que fuera posible, el bilingüismo cuenta con el agravante de que la mezcla de estructuras y las interferencias lingüísticas son prácticamente inevitables. Estas limitaciones no son un inconveniente para que se pueda dar la figura de un buen profesional. El único requisito que debe reunir es que sea un “maestro de su propia lengua”».

Entonces, la pregunta del millón: ¿Cómo mejorar? ¿Cómo evitar estos errores en nuestras traducciones? No hay una receta milagrosa y, como se ha dicho alguna vez, los traductores somos como el vino porque mejoramos con los años. Y así es. El tiempo y la práctica nos va dando herramientas y bagaje para crecer como profesionales, aunque no seamos perfectos y podamos meter la pata.

Sin embargo, sí podemos hacer algo desde ya para mejorar:

  1. Leer mucho en nuestra lengua materna. Aunque dominemos la lengua extranjera, ¿de qué nos va a servir si no sabemos escribir o trasvasar esa información correctamente a nuestra lengua?
  2. Leer mucho y ver material audiovisual en inglés (o en vuestra lengua de trabajo). Es la forma de aprender vocabulario y familiarizarnos con aspectos culturales que luego puedan aparecer en nuestras traducciones.
  3. Saber utilizar los diccionarios, tanto monolingües como bilingües, y no quedarnos nunca con la primera acepción que aparezca. Fijémonos bien en los ejemplos de uso.
  4. No olvidar que el contexto manda. Siempre. Esto es especialmente útil en casos de polisemia, como hemos visto en los ejemplos, pero también para determinar el lenguaje que debe usarse si se trata de textos de otra época o saber darle el tono apropiado al conjunto de la traducción.
  5. Asistir a seminarios y charlas, leer artículos de traducción y, en definitiva, estar al día en cuestión de idioma.

Y con esto me despido hoy. Espero que la entrada os haya parecido útil. No olvidéis escribir si queréis dejar algún comentario al respecto o queréis proponer algún consejillo más.

¡Ah! Os recuerdo que Bab.la organiza el concurso con las 100 mejores cuentas de twitter, páginas de facebook y blogs sobre idiomas y estoy nominada en dos categorías. Si queréis votarme, podéis dejar aquí vuestro voto para mi cuenta de Twitter (@Scheherezade_SL) y aquí para la página de Facebook, Las 1001 traducciones.

¡Hasta la próxima!

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Bibliografía útil:

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El universo en una palabra (y cómo traducirlo)

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La Doctora Louise Banks, el personaje de Amy Adams en Arrival, le pedía al coronel Weber que le preguntara al otro experto en lingüística la palabra y significado de «guerra» en sánscrito y así valorar su idoneidad para el trabajo. El otro experto respondió que la palabra era gavisti y significaba «discusión». En realidad, gavisti significaba «el deseo de más vacas».

Pues sí, al parecer, en sánscrito védico, la palabra designada para el concepto «guerra» era gavisti, que literalmente significa «la búsqueda de las vacas» o, con la misma idea, el «deseo de tener más vacas».

Cuentan las referencias históricas que la casta guerrera (Kshatriyas) de cada tribu tenía la función de no solo promover y llevar a cabo la adquisición de bovinos criados por otras tribus, sino también debían velar por la protección de los animales que pertenecían a su propia tribu. De hecho, los Kshatriyas se conocen también como «los protectores de las vacas». Esa protección significaba desarrollar estrategias de ataque y defensa, así como el entrenamiento y equipamiento de lo que hoy denominaríamos un ejército o equipo de personas debidamente preparadas para ese fin.

Queda claro así por qué la palabra védica para la guerra fuera gavisti, que literalmente significa «la búsqueda de las vacas», dado que esta acción en sí misma significaba una guerra por su posesión y cuidado.

¿Es gavisti una palabra llena de significado? Lo es y encierra un concepto maravilloso (lo de querer más vacas, no la guerra en sí). ¿Y es intraducible? No, queda patente que no, que hemos encontrado la forma de traducirla literal y metafóricamente. Y de eso hablamos hoy:

Las palabras y sus secretos ¿indescifrables?

¡Ah, palabras!  Ese conjunto de letras que dan vida a una idea o una imagen que se proyecta en el telón de nuestra mente. Una palabra es un universo mismo, con su sonoridad y su belleza (o no) que evoca una realidad al pensamiento y que, en ocasiones, nos resultará difícil reconocer si viene encriptada en otro idioma. Dicen que si Dios no hubiese derribado la Torre de Babel, hoy hablaríamos una lengua universal y no existirían fronteras gramaticales y literarias.

Lo cierto es que el universo que encierra cada palabra es único para cada lengua y por lo mismo existen palabras que parecen intraducibles para otros idiomas. ¿Por qué digo «parecen»? Pues porque, paradójicamente, todas estas palabras que parecen intraducibles —en los innumerables artículos que se escriben sobre el tema, para empezar—, acaban teniendo traducción cuando, por ejemplo, se da una explicación de su significado o se escribe una paráfrasis.

Entonces, ¿qué es y qué supone la intraducibilidad? Según recoge la Wikipedia, la intraducibilidad es una propiedad de un texto, o de cualquier otro acto de habla, en un idioma, para el cual no existe un texto o acto de habla equivalente a su traducción en otra lengua.

«Los términos no son ni exclusivamente traducibles ni exclusivamente no traducibles; sería más acertado decir que el grado de dificultad de su traducción depende de su naturaleza, así como del conocimiento del traductor de las lenguas origen y meta en cuestión. A menudo un texto o un acto de habla que se considera “intraducible” es en realidad una “laguna léxica”, es decir, no hay una equivalencia unívoca entre la palabra, expresión o giro en la lengua origen y otra palabra, expresión o giro en la lengua meta. No obstante, un traductor puede recurrir a un gran número de estrategias de traducción para solventar este problema.»

Por eso, diría que la gran mayoría de las veces, estos artículos sobre palabras intraducibles recogen términos que no tienen una correspondencia 1 a 1 (a una palabra en idioma X, una sola palabra en idioma Y) y que tienen un significado tan preciso, tan exacto, que parece imposible reproducirlo sin perder ningún matiz. Pero eso no siempre es verdad. Por ejemplo, la palabra pålegg en noruego significa «cualquier cosa que le puedes poner al pan». Eso ya es una traducción y, además, me pregunto: ¿no sería muy parecida a nuestro «companaje»?

Imagen de Lost in translation, libro de Ella Frances Sanders

He aquí algunas de estas palabras, que seguro que os suenan de haberlas visto en tantos de estos artículos:

  • Schilderwald (alemán): representa una calle en la que hay tantas señales y letreros que, lo más seguro, es que puedas perderte.
  • Utepils (noruego): es la actividad de sentarse bajo la luz del sol y degustar una cerveza fresquita.
  • Culaccino (italiano): ¿Sabes cuando levantas una copa o un vaso y debajo queda la marca? Pues eso es precisamente lo que significa culaccino, la marca que queda de la base de una copa.
  • Kyoiku mama (japonés): se trata de la madre exigente con sus hijos para que sean eficientes en el estudio y saquen las mejores notas.
  • Chai-pani (hindi): consiste en entregar dinero, por lo general a un burócrata o funcionario, para agilizar el papeleo y conseguir que algo se haga pronto.
  • Fernweh (alemán): sensación que experimentas al añorar un lugar que nunca has visitado.
  • Pochemuchka (ruso): si eres de los que les encanta hacer muchas preguntas, esta sería la palabra que te definiría. En español sería algo así como preguntón (¿veis?, otra que sí tiene correspondencia 1 a 1).
  • Shlimazl (yiddish): se refiere a las personas que tienen mala suerte siempre.
  • Backpfeifengesicht (alemán): una de esas caras que, al verlas, te entran ganas de abofetear.
  • Waldeinsamkeit (alemán): atravesar un bosque en solitario y experimentar esa profunda sensación de paz con la naturaleza.
  • Won (coreano): insistencia de una persona a perseverar en algo que no es más que una ilusión y le llevará a la frustración.
  • Mamihlapinatapei (yagan): una mirada entre dos personas; las dos esperan que la otra comience una acción que ambas desean, pero que ninguna se anima a iniciar.
  • Gattara (italiano): ¿Te acuerdas de la vieja loca de los gatos de los Simpson? Esta es precisamente la palabra adecuada para definir a este tipo de mujer, que vive sola y a su avanzada edad, solo encuentra la compañía de gatos callejeros.
  • Schadenfreude (alemán): el placer que puedes llegar a experimentar ante la situación miserable de otras personas.
  • Age-otori (japonés): si después de ir a una peluquería ves que te ha quedado el pelo mucho peor de lo que estaba antes del corte, esta será la palabra idónea para describir tu frustración.
  • Ilunga (tshiluba): se trata de la persona que tiene el corazón lo suficientemente noble para perdonar los abusos o humillaciones de alguien por primera o segunda vez, pero para negarse por completo a una tercera agresión.
  • Gökotta (sueco): si te levantas muy temprano por la mañana para empezar el día cargado con la energía suave del canto de los pájaros, esta será la palabra adecuada para describir tu sensación.
  • Rire dans sa barbe (francés): aunque es un grupo de palabras más extenso, su significando es único, ya que implica el acariciarse la barba mientras se reflexiona sobre algo vivido en el pasado.

Si, además de su significado tan preciso y alegórico, acompañamos las palabras de unas ilustraciones tan bonitas como las de Marija Tiurina, entendemos algo más el éxito de estas llamadas palabras y expresiones intraducibles, ¿verdad?

En realidad, me atrevería a decir que el supuesto problema que tenemos ante estas palabras ocurre al traducir en general. Al pensar en qué palabra va mejor en qué frase y cómo trasvasar correctamente el sentido de un texto en otro idioma.

¿Cómo nos enfrentamos a la intraducibilidad en un texto?

Si todo o casi todo se puede traducir, ¿qué estrategias podemos usar? Veamos las más importantes. Para no hacerlo demasiado teórico, recurro a varias fuentes y daré simplemente una pincelada para que se entienda. El blog tiene sus limitaciones y la teoría de la traducción es muy extensa, aviso.

1. Adaptación 

Uso de palabras o expresiones totalmente distintas entre una lengua y la otra, para que resulten más familiares al lector. Por ejemplo, en Las aventuras de Tintín, el nombre del perro de Tintín, Milou, se traduce como Snowy en inglés, Bobbie en neerlandés, Kuttus en bengalí y Struppi en alemán; de la misma manera, los detectives Dupont et Dupond se convierten en Thomson and Thompson en inglés, Jansen y Janssen en neerlandés, Jonson y Ronson en bengalí, Schultze und Schulze en alemán, Hernández y Fernández en español, 杜本 y 杜朋 (Dùběn y Dùpéng) en chino, Dyupon y Dyuponn en ruso y Skafti y Skapti en islandés.

La adaptación se usa a menudo para traducir poesía, obras de teatro y publicidad.

2. Préstamo

Un préstamo consiste básicamente en la no-traducción y utilización exacta del término en la lengua meta. Un ejemplo sería: «Los hackers atacaron el sitio de la empresa». Normalmente, los préstamos que no están adaptados en la lengua meta se suelen escribir en cursiva.

3. Calco

El calco o calco léxico consiste en la creación de neologismos a partir de un término extranjero. Un calco léxico es el chilenismo «cachar», derivado de la palabra to catch, comprender, con el mismo significado.

Este calco es un tipo especial de préstamo que no imita la entidad fonética material (significante) del modelo extranjero, sino otros dos aspectos más internos: el esquema o construcción morfológica (ej.: inglés sky-scraper → rascacielos) y la significación (ej.: el francés mirage → espejismo, a partir del significado del francés miroir, «espejo»).

4. Transposición

La transposición consiste en traducir una palabra cambiando su categoría gramatical:

  • Comme nous racontions à Paul, en riant, la haine du propriétaire et le raout des Marin, il nous proposa, mis en verve, sa garçonnière de Paris. → Cuando le referimos, risueños, el odio del propietario y el convite de los Marin, nos ofreció, entusiasmado, su garçonnière en París.

5. Compensación

La compensación es un procedimiento de traducción que consiste en solucionar los problemas de traducción del texto origen que no pueden trasvasarse con la misma forma a la lengua meta sustituyéndolos por otros elementos o formas en el texto meta.

Por ejemplo, muchas lenguas poseen dos formas pronominales, tanto en singular como en plural, para expresar la segunda persona, una informal y otra formal. Esto se conoce como fórmulas de tratamiento, y se encuentra por ejemplo en lenguas como el francés (tu vs. vous), el español (tú/vosotros vs. usted/ustedes), el alemán (du/ihr vs. Sie) o el italiano (tu/voi vs. lei), pero no en el inglés contemporáneo. De ahí que al traducir un texto de una de estas lenguas al inglés el traductor probablemente tenga que compensar esta carencia utilizando un nombre de pila o un apodo, utilizando contracciones propias del inglés informal (I’m, you’re, gonna, etc.) o utilizando vocabulario de un registro lingüístico más o menos formal.

6. Paráfrasis

La paráfrasis o perífrasis es un procedimiento de traducción en el que el traductor reemplaza una palabra del texto origen por un conjunto de palabras o una expresión en el texto meta. Por ejemplo, la palabra portuguesa saudade frecuentemente se traduce al inglés como the feeling of missing someone who is not in a place: sentimiento de echar de menos a alguien que no está. Otro ejemplo, similar al saudade es dor en rumano, que se traduce al inglés como the feeling of missing someone who is gone or the needing of something which is not available in that moment: echar de menos a alguien que se ha ido o necesitar algo que no se encuentra disponible en un momento determinado.

Un ejemplo de intraducibilidad en este caso es la palabra holandesa gezelligheid, que no tiene un equivalente en inglés ni en español, aunque a veces se utiliza la palabra alemana Gemütlichkeit (comodidad). Literalmente es un ambiente acogedor, amigable y agradable, pero también puede connotar un tiempo pasado con los seres queridos, el hecho de ver a un amigo después de mucho tiempo, la amigabilidad y extroversión de una persona o un sentimiento general de unidad.

Este tipo de vacío en una lengua puede llevar a introducir préstamos de la lengua de partida (emisora) en la de llegada (receptora).

7. Nota del traductor

Una nota del traductor (N. del/de la T.) es una nota, por lo general al pie o a final de página, añadida por el traductor en el texto meta para proporcionar información adicional sobre la traducción, sobre un referente cultural o cualquier otra explicación.

En algunos exámenes de traducción se permiten o incluso se piden estas notas. Algunos traductores consideran que tener que recurrir a ellas supone un fracaso en la traducción. En traducción editorial, por ejemplo, poder usar o no notas de traducción viene determinado por la editorial misma.

8. Neologismo

Otra posibilidad ante una palabra que no tenga traducción directa es recurrir a un neologismo. Pasa muy a menudo en el caso de palabras inventadas por un autor en una novela de género fantástico, por ejemplo. En este caso habrá que inventar algo en nuestra lengua.

Sirva de ejemplo el caso de los pajarillos que aparecen en Los juegos del hambre de  Suzanne Collins y que recogía hace un tiempo un artículo de El Periódico: «…dos aves imaginarias, que en el inglés original tendrían el nombre de jabberjay (creada por ingeniería genética y capaz de espiar y reproducir las voces de los humanos) y mockingjay (el cruce entre la primera y el famoso, y ese sí real, mockingbird)».

Pilar Ramírez Tello, la traductora al castellano, decidió seguir la pista al origen de los dos términos para encontrar el término. «Collins imaginó que el perverso Capitolio había creado un arrendajo charlatán (jabberjay), que describe oscuro y con cresta, más parecido al de Steller que al azul como se ve en una lámina que el perverso líder del Capitolio tiene en su despacho, en la que sin embargo aparece con un nombre más parecido a la denominación científica del arrendajo azul, y que la traductora convirtió en”charlajo”.

Y aquí entra el mockingbird. Este pájaro, el pájaro burlón, de colorido discreto y con capacidad de imitar unas 200 voces, sí existe, y es conocido en América Latina como sinsonte […]. Así que, si a la hora de cruzar un mockingbird y un jabberjay, Collins inventó el mockingjay, en la traducción al castellano del sinsonte y el arrendajo nació el sinsajo, el pájaro híbrido que ya no podía imitar voces humanas, solo cantos, que dejó de ser utilizable como espía y que por lo tanto es elegido como símbolo por la resistencia».

¿Qué se hizo en catalán? «El nombre del sinsonte en catalán es “mim”. Y el del arrendajo, “gaig”. Así que si el traductor, Armand Carabén, hubiese seguido la misma senda que su colega, el resultado habría sido un “Mimgaig”. Terribe (sic). Así que decidieron inventar un nombre desde cero. Y el elegido fue “muntagarlaire”».

Este caso es particular porque la saga de libros y películas ha tenido mucho éxito y el nombre del pájaro daba nombre a una de las películas, pero no es infrecuente tener que recurrir a la inventiva cuando traducimos. Recuerdo una novela en la que la mejor amiga de la protagonista se inventaba insultos para el novio de la prota jugando con su nombre, Dillon (sí, se llevaban fatal). Tuve que darle bastantes vueltas para encontrar palabras que sirvieran, como por ejemplo Dillipollas.

Conceptos y pensamientos únicos

Más allá de la (in)traducibilidad, algo que me encanta de los idiomas es que cada uno tiene su particular manera de ver el mundo por su cultura, su contexto social, su historia, etc. Por ejemplo, ¿habéis pensado alguna vez en la gran cantidad de refranes en español que tienen que ver con la religión? Un «no es santo de mi devoción» que, al traducirlo al inglés, habrá que echar mano de algo muy típico de su cultura: it’s not my cup of tea o «A quien madruga, Dios le ayuda», que sería the early bird catches de worm. O todas las expresiones relacionadas con el toreo que forzosamente deben traducirse de forma muy distinta a otros idiomas: torear a alguien, entrar por la puerta grande, echar un capote, entre muchas otras.

Y es que cada idioma tiene su forma de entender el mundo y se fija en un determinado aspecto para crear palabras y expresiones. Si os gustan estas cuestiones, no las llamadas palabras intraducibles, sino las palabras peculiares que existen en los demás idiomas, os recomiendo el delicioso librito The meaning of tingo, de Adam Jacot de Boinod (Penguin, 2005).

El autor recoge palabras de cientos de idiomas y las agrupa por temas. Por ejemplo, resulta curioso cómo deseamos suerte en varias lenguas. Hay expresiones tan dispares como mucha mierda, break a leg (rómpete una pierna, en inglés), Hals und Beinbruch en alemán (literalmente: rómpete el cuello y la pierna) o in bocca al lupo (un destino más funesto en italiano: entrar en la boca del lobo).

También podemos descubrir que, en persa, no tener descendencia es ser un fracasado, un abtar, que, literalmente, significa ser un cubo sin asa. Aunque, si tiene un hijo y le sale revoltoso, luego tenga que recurrir al gosh-pech, un castigo que consiste en retorcerle las orejas al chaval.

Y si nos pasamos con la bebida, descubrimos que nuestra resaca es at have tømmermænd en danés, que es como tener a los carpinteros en casa, por eso de escuchar un martilleo o un taladro, etc. En alemán es Katzenjammer, otro idioma que se centra en el sonido, en este caso, el de unos gatos pendencieros. En francés es avoir la gueule de bois, tener la boca de madera por lo seca que queda, algo parecido a cuando Ernesto Sevilla, vestido de Bocasecaman, decía lo de «tengo la lengua como un gatete».

En definitiva, cada idioma tiene su idiosincrasia y es algo que me chifla. Igual que los esquimales tienen un buen puñado de palabras para la nieve, los albaneses tienen muchas otras para hablar de sus bigotes y, en la Isla de Pascua, tienen varias para hablar del progreso y las etapas de un bebé: kaukau es cuando el recién nacido empieza a mover las manitas y los piececitos; puepue es cuando empieza a distinguir a las personas y los objetos; tahuri es cuando ya se mueve de un lado a otro; totoro es cuando empieza a gatear; mahaga es cuando puede tenerse en pie.

¿No son maravillosas las lenguas?

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Fuentes:

Seguimos con las lecturas para traductores

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Ya ha pasado un tiempo desde las últimas recomendaciones de lecturas para traductores, lingüistas y frikis de la lengua en general que recogí en este primer artículo y en el segundo. Ahora que se acerca Sant Jordi, día del libro, es el momento ideal para recomendar algunos más.

En esta entrada, como siempre, te contaré de qué van (o cómo lo describe su autor o editor) y por qué me gustan. Y, además, te pondré algunos enlaces para comprarlos por internet si te es imposible acercarte a la librería del barrio.

Quiero empezar con una mención especial a Larousse, que de un tiempo a esta parte ha publicado libros de lo más variopinto sobre cuestiones lingüísticas y de traducción. Creo que hasta ahora no lo había publicado en este blog, pero hace un año salieron a la venta un par de deliciosos libritos sobre idioms y frases hechas en inglés y su traducción al castellano, y sobre falsos amigos.

  • When pigs fly es un libro escrito por Carmen G. Aragón y recoge un buen montón de frases hechas del inglés con su correspondencia en nuestro idioma. Como ya sabes, conocer estas frases y expresiones y saberlas usar en la forma y contexto adecuados nos dará una mayor naturalidad y fluidez en inglés y nos ayudará a traducirlas correctamente. Los dichos se dividen por temas (alimentos, animales, acciones, etc.) y se incluye un glosario con todos los idioms y sus traducciones.

Una de las expresiones típicas que se recogen.

  • Falsos amigos/False friends está escrito por servidora. ¡Siempre estaré en deuda con mi fantástica editora, M. José Simón, por la gran oportunidad! Igual que su hermanito, recoge las típicas expresiones, esta vez falsos amigos, que pueden torpedear nuestros textos, explica la etimología de dichas palabras y el posible porqué de los errores.

Ambos libros están ilustrados e incluyen ejercicios al final para practicar las expresiones aprendidas o repasadas en los libros.

¿Por qué me gustan? Obviando que uno lo haya escrito la menda, son libros muy amenos con los que siempre (y eso te lo garantizo) vas a aprender algo. Las ilustraciones son graciosísimas y poder practicar lo aprendido siempre es un buen extra.

Podéis adquirirlos en Amazon, en Casa del Libro, etc.

  • Palabras Mayores, de Alberto Gómez Font, Xosé Castro, Antonio Martín Fernández y Jorge de Buen (Vox/Larousse, 2015)

Según la descripción de los autores, es una reflexión sobre curiosidades de la lengua o fenómenos lingüísticos, organizada a partir de casos concretos que permiten ampliar el comentario a otras expresiones o palabras. Estas líneas de reflexión son:

• la relación entre norma y uso (atendiendo especialmente a usos que resultan genuinos aunque la norma no los contemple),
• la distorsión provocada por el permanente contacto con el inglés,
• los errores más frecuentes al escribir en papel y en soporte digital (siglas, símbolos, puntos suspensivos, etc.), y
• las variedades geográficas (desde geosinónimos, hasta uso de preposiciones).

Los cuatro autores nos acompañan a lo largo del libro.

¿Por qué me gusta? Porque la información es muy variada y se expone de una forma clara y amena. Y porque tiene los ingredientes necesarios para ayudar en la labor de cualquier traductor. De hecho, lo regalo siempre a los alumnos que tengo en prácticas.

Puedes encontrarlo en Amazon, Casa del Libro, etc.

Un libro muy entretenido en torno a las curiosidades de la lengua, o mejor dicho, de las lenguas. Elaborado por los integrantes del colectivo Molino de ideas, responsables, entre otras muchas iniciativas, de los encuentros Lenguando; este volumen es una caja de sorpresas y una fuente de sabiduría acerca de cuestiones tan variadas como las siguientes: los orígenes y la historia de la lingüística, la etimología, las palabras de otras lenguas, etc.

¿Por qué me gusta? Porque Elena es una todoterreno y te cuenta las cosas como nadie. Es un libro que puedes leerte en el orden que quieras y gracias al que siempre aprenderás algo nuevo.

Puedes encontrarlo en Amazon, Casa del Libro, etc.

El libro se estructura en seis capítulos que proponen un entrenamiento para mejorar las capacidades comunicativas tanto en el ámbito escrito como en el oral, partiendo de la reflexión sobre qué queremos comunicar, a quién y cómo para llegar a producir discursos y textos eficaces. Incluye también gráficos y esquemas para ilustrar o ejemplificar las diferentes situaciones que se plantean, así como ejemplos de malas y buenas prácticas.

Es un manual práctico y muy visual repleto de ejemplos recientes extraídos de los medios de comunicación, de internet, de la publicidad; y es interactivo porque con un solo clic ofrece enlaces a ejemplos prácticos así como una particular «caja de herramientas» con recursos varios.

Dilo bien y dilo claro da herramientas muy útiles para escribir y exponer lo escrito y ofrece trucos básicos pero eficaces como: «Una buena manera de armar tu discurso es comenzar a hablar de lo que más tarde pasarás a detallar. Ni más ni menos que eso» o «Una idea no debe extenderse más de un párrafo, y un párrafo no debe albergar más de una idea».

¿Por qué me gusta? Por todos los trucos que ofrece para redactar un texto (con algunos secretos de Word), escribir una presentación y hasta dar una charla. Todo lo que hay que saber para encandilar con nuestro atractivo textual. Ah, y lleva códigos QR para poder ver vídeos sobre las cuestiones de las que se habla.

Puedes encontrarlo a partir de esta misma semana en Amazon.

Otra manera de aprender Lengua, con respuestas a preguntas como estas: ¿Qué palabras parecen olvidadas, pero aún quedan como restos? ¿Cuáles hemos olvidado? ¿Cómo influyen otras lenguas en el español? ¿Cómo es el español alrededor del mundo? ¿Qué diferencias hay entre el español que hablamos cuando estamos en confianza y el español formal? ¿Qué relación existe entre el español hablado y el escrito? ¿Es verdad que hay palabras que se pueden pronunciar, pero no escribir? ¿Se pueden establecer reglas ortográficas para WhatsApp o Twitter?

Como si lo tuvieras delante, Juan Romeu te cuenta las cosas como (imagino) te las contaría con unas cervecitas y unas patatuelas. Además, te da trucos como los siguientes: «Para saber si a gusto se escribe junto o separado a mí me sirvió pensar que jamas escribiría a disgusto junto» o para diferenciar de parte y aparte «si se puede meter algo entre dos palabras (sin que cambie el significado), es que se escriben separadas. Según esto, como, al decir de parte de Juan, se podría decir de su parte, se puede saber que de parte se escribe separado. En cambio, como, al decir aparte de Juan, no se podría decir *a su parte (con el mismo significado), se sabría que aparte se escribe junto».

¿Por qué me gusta? Porque me encanta la etimología y descubrir palabras nuevas. Es ideal para curiosos de la lengua, vaya.

Puedes encontrarlo a partir de esta misma semana en Amazon, Casa del Libro, etc.

  • Guía práctica de neoespañol. Enigmas y curiosidades del nuevo idioma, Ana Durante (Debate, 2015)

El editor lo describe como una guía práctica, escrita con humor, que señala y corrige los malos usos instalados en nuestra lengua.

Desde hace unos años, el neoespañol se ha ido propagando a una velocidad inusitada. Es una lengua nueva y extraña que nace de la distorsión y el empobrecimiento de un español cada vez más olvidado. Su triunfo es imparable. Se cuela en nuestras casas a través de los libros y los medios de comunicación, la radio, la televisión o la prensa escrita, hasta que los hablantes, ignorantes del peligro, nos contagiamos y caemos atrapados en él. Palabras que sustituyen a otras fonéticamente similares, omisión o intercambio de preposiciones, abuso de los verbos comodín o sustitución de estos por otros absurdos…, y al final nace un idioma incomprensible para quienes todavía hacen uso del español.

Ana Durante, con mucho humor y otro tanto de resignación, ofrece una guía práctica de este nuevo idioma, da las claves para su comprensión y nos advierte del futuro al que nos condena. Documentado con multitud de ejemplos y ejercicios que nos invitan a pensar en la lengua y nos enseñan a estar alerta y a mejorarla, Guía práctica de neoespañol, enigmas y curiosidades del nuevo idioma es un tratado a la vez divertidísimo y sobrecogedor sobre el uso y la delirante transformación de la lengua en nuestros días.

¿Por qué me gusta? Porque recoge muchos errores de traducción tan arraigados que casi no sorprenden, pero que vale mucho la pena revisar para erradicar. Ofrece, además, unos ejercicios después de cada apartado para practicar lo expuesto. Es otro de los libros que suelo regalar a compañeros traductores y alumnos en prácticas.

Se vende en Amazon, Casa del Libro, etc.

  • La duda, el sentido común y otras herramientas para escribir bien, de Ramón Alemán (Libros.com, 2017)

La duda, el sentido común y otras herramientas para escribir bien es una recopilación de artículos, rigurosos pero también divertidos, sobre el buen uso del idioma español. Es el mejor lugar para encontrar soluciones a los problemas con los ex (y con cualquier otro prefijo), para aprender a escribir una carcajada, conocer los secretos de la bohemia coma o acertar con las mayúsculas. Es también el escenario ideal para citarse con «los guardianes de la lengua» y poner en práctica nuestra capacidad de dudar.

¿Por qué me gusta? Porque me gusta cómo escribe Ramón, tras haber leído su libro Lavadora de textos —también el nombre de su blog—, y cómo explica los puntos ortográficos más relevantes.

Disponible en Amazon, Casa del Libro, etc.

  • Manual de escritura académica y profesional (Vol. I). Estrategias gramaticales y Manual de escritura académica y profesional (Vol. II) Estrategias discursivas (Estrella Montolío, Ariel letras, 2014)

Un curso completo de escritura al alcance de todos. El primer volumen está dedicado a las estrategias gramaticales y centra su atención en materias como acentuación, la corrección de textos, el léxico, la planificación, una nueva versión adaptativa del párrafo, la puntuación, la cohesión textual y las estrategias para mantener un estilo de escritura objetivo en los textos académicos y profesionales. En el segundo volumen se hace una propuesta orientada hacia las estrategias discursivas que expanden y enriquecen nuestra concepción de la escritura y de sus usos actuales.

¿Por qué me gusta? Porque son dos manuales completísimos que, como traductores, pueden ayudarnos a escribir mejor. Podemos repasar locuciones preposicionales y aprender a evitar queísmos y dequeísmos y a llevar cuidado con los parónimos, entre muchos otros. Además, viene repleto de ejercicios para practicar.

Puedes comprarlos en Amazon, Casa del libro, etc.

  • Traducir para niños, de Riita Oittinen y traducido por I. Pascua y G. Marcelo (Servicio de publicaciones de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, 2004)

Este volumen se centra principalmente en cuestiones teóricas relacionadas con la traducción de libro para niños. Es una magnifica fuente de referencia puesto que, además de tratar sobre la propia cuestión de traducción, da a conocer temas relacionados con la filosofa de la literatura infantil.

¿Por qué me gusta? Porque es novedoso en cuanto a enfoque y aborda un tema que se ha tratado relativamente poco.

Disponible en Amazon, Casa del Libro, etc.

  • Anécdotakes, de Salvador Aldeguer (Editorial Círculo Rojo, 2017)

Por fin alguien aclara y desvela aspectos, trucos, secretos, anécdotas y curiosidades de la siempre controvertida profesión del doblaje cinematográfico y de series de televisión. Un libro escrito para el espectador que no se ha planteado qué hay y quiénes están detrás del doblaje de una película. Un homenaje a todos los profesionales implicados en el apasionante proceso de poner voces y compartir emociones a través de los personajes de la pantalla.

Una guía imprescindible para todas esas futuras estrellas del atril que se encuentran en su periodo de aprendizaje. Y, lo más importante, escrito en su totalidad en versión original y sin subtitular.

¿Por qué me gusta? Porque me encanta descubrir lo que pasa entre bastidores de cualquier profesión y la del doblaje me parece muy atractiva. Aldeguer empieza con la historia del doblaje y también aborda la traducción para doblaje y la censura, un tema apasionante.

Disponible en Amazon, Casa del Libro, Editorial Círculo Rojo.

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¡PRIMICIA!

El 27 de abril sale mi nuevo libro con Larousse/VOX, Flash Grammar, y ya puedes encargarlo por aquí. Si eres traductor o filólogo inglés tal vez no te cuente nada nuevo (no te voy a mentir), pero sí es un libro recomendable para estudiantes y todos los que deseen repasar la gramática básica, intermedia y un poquito más avanzada.

Mi nuevo pequeñín es un manual muy práctico para entender de un vistazo las dificultades gramaticales más típicas del inglés. Cada página responde a una duda, que se muestra mediante una infografía clara y sencilla con las cuestiones principales, a toda página; ejercicios y pasatiempos para practicar el tema de forma amena; las soluciones a pie de página, volteadas; y notas con explicaciones adicionales, cuando es necesario.

Los temas se presentan con un orden progresivo, que van desde el nivel A1 hasta el B2. Al final de cada nivel se ofrecen unas cuantas páginas de ejercicios y pasatiempos, con las soluciones en cada página, para repasar lo aprendido hasta ese momento.

Y ahora sí, termino por hoy. Sea como sea y elijas el libro que elijas, ¡feliz lectura y hasta la próxima!

PD: ¡Sorpresa! Si lees esto y eres uno de los cuatro primeros en dejar un comentario, te llevas un ejemplar de False friends/Falsos amigos gratis. Sí, así de fácil.

Traducir para Netflix es fácil: ¡pregúntame cómo!

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Si no habéis leído u oído hablar sobre la prueba para trabajar para Netflix, no sé dónde habéis estado todos estos días. Dicen que hay traductores que hasta tienen pesadillas con el número Hermes.

Sin embargo, sucede que, a pesar de lo bueno de la iniciativa, la forma con que se ha abordado esta prueba —sobre todo en los medios— deja bastante que desear. Parece que trabajar para Netflix y, en definitiva, traducir sea lo más fácil del mundo, que baste con tener nociones de inglés. Para muestra, este botón:

Imagino que cuando la empresa tuvo esta idea sabía lo que se le venía encima, ¿no? O eso espero, porque la avalancha de solicitudes los va a dejar sepultados… si no los ha sepultado ya. Para empezar, me parece bien que sea una oferta abierta a todo el público, que quieran dar la oportunidad a cuantos más profesionales posibles, mejor. Yo misma trabajo ya para Netflix, pero a través de intermediarias, con lo que, de conseguir el trabajo, me ahorraría ese paso y seguramente cobraría más (estas son sus tarifas directas) y ganaría también con un trato más directo. Y hablo con conocimiento de causa, tras diez años trabajando para estas empresas intermediarias (Deluxe, Technicolor) con unas tarifas más bajas que trabajando con la productora directamente. Para más información sobre condiciones laborales y tarifas, podéis echarle un vistazo a esta presentación.

También hay muchos traductores profesionales que prueban suerte ahora para iniciarse en otra especialidad, ¡fantástico! Pero ¿todos los que soliciten el trabajo y realicen la prueba serán profesionales? Y aquí vale la pena detenerse un momento a hablar de intrusismo. Para empezar, os diré que, para mí, un intruso no es ni un estudiante de TeI que aún no se ha graduado ni un filólogo, por poner un par de ejemplos. Al fin y al cabo, la carrera de Traducción e Interpretación es relativamente nueva. Hay grandes profesionales que han acabado como traductores por casualidad y no porque lo hubieran estudiado. Sin embargo, trabajan bien, han hecho algún curso que otro, conocen las tarifas y no van a reventar mercado.

Para mí, el intruso es aquel que pertenece a un ámbito completamente distinto y que escudándose en que sabe inglés, se ofrece a traducir por dos duros y sin facturar, así, a lo loco. Como si fuera un pasatiempo. Y no: traducir es una profesión, no un hobby. De nuevo, no lo digo por decir: hace un tiempo, me escribió un graduado de económicas que se ofrecía a traducir (sin facturar porque tampoco era autónomo) textos técnicos por 0,03 porque tenía un buen nivel de inglés (First Certificate) y solía traducir de forma amateur. Bravo.

La prueba de marras

A lo que iba, ¿que qué me parece la idea de una prueba de este tipo? Me parece bien que ofrezcan una forma sencilla de demostrar lo que sabes hacer. Tampoco me importa que no sea remunerada; hablo por mí, repito, pero dedicarle una hora de mi tiempo no me saca de pobre y si luego consigo el trabajo, pues mejor, además de que el resultado de ese trabajo no lo van a poder aprovechar más que para evaluar al candidato. Aun así, reconozco que debería haber algún paso previo más, que pidieran alguna referencia o prueba fehaciente de que se es traductor.

Según defiende la empresa, el principal objetivo de esta nueva plataforma es localizar e identificar a buenos traductores para su contenido. Si el candidato obtiene 80 puntos sobre 100, contemplarán su candidatura para formar parte de su plantilla de traductores. También comentan que la herramienta ha sido creada con la ayuda de expertos en lingüística que han tenido en cuenta muchos factores.

Las primeras pruebas se centran más en la fraseología tanto en inglés como en la lengua a la que vayas a traducir. Si bien me parece un buen punto en el que centrarse —se dan muchos errores por no detectar una expresión o frase hecha—, esta primera parte puede hacerse consultando rápidamente cualquier página web, con lo que no le acabo de ver el qué. Hay otra parte en la que el candidato debe aguzar el oído y detectar los problemas en varios subtítulos, sección que me parece bastante más interesante porque hay que saber de subtitulado. En la última parte de la prueba, el candidato debe traducir dos clips con textos que, si bien no son dificilísimos, sí tienen alguna particularidad, como referencias culturales o juegos de palabras (me permitiréis que no dé detalles, por motivos obvios).

Entonces, ¿dónde está el problema?

Dejando a un lado que se presente quien quiera, al fin y al cabo están en su derecho y no seré yo quien les pregunte si se ven capacitados (eso debería preguntárselo cada uno y responderlo también con toda sinceridad), entiendo que traducir películas y series tiene un atractivo innegable y es un trabajo agradecido. Es normal que le salgan tantas novias.

El problema, para mí, es que se subestime y desprestigie nuestro trabajo. Así de simple y, sí, soy consciente de que con este artículo estoy abriendo un buen melón. No hace falta ir muy lejos para ver todo lo que genera un anuncio de este tipo, la esencia misma de Internet: hablar de lo que se desconoce sin ningún pudor y criticar a diestro y siniestro el trabajo de los demás.

Me refiero a las opiniones que veréis a continuación. Aprovecho para decir que me centro en lo que se dice (que muchas veces es opinión generalizada) y no en quién. No aporto estos pantallazos para hacer escarnio de nadie, por eso no aparece ningún nombre.

  1. No, no traducimos con Google translate. Un traductor profesional no lo usa como herramienta de trabajo habitual; revisar una traducción automática es un trabajo distinto, recibe otro nombre y, en cualquier caso, no es lo que hace un traductor audiovisual. ¿Puede haber algún error? Pues es posible, igual que aparecen las erratas en los libros, a pesar de que haya habido una revisión posterior. Porque sí, se revisa. Últimamente he revisado mucho para Netflix. ¿Que se nos escapa algo? Pues puede ocurrir, como ese VÍ con tilde, ¿no?

2. No vamos todos en el mismo saco ni es tan fiero el león como lo pintan. Esto me ha desalineado los chakras y eso que ayer fui a yoga: «Pues voy a pedir trabajo, que todos los traductores son malísimos y yo lo voy a hacer mucho mejor». Oye, pues a lo mejor esta prueba descubrirá grandes talentos ocultos, ¡ojalá! También estaría bien que las quejas se hicieran con conocimiento de causa y llegaran al departamento que tengan que llegar para que al final se valore el trabajo bien hecho y, con eso, la labor del traductor y lo importante de una buena remuneración.

3. No basta con conocer el idioma extranjero y ya. Hay que saber expresarse bien en el materno también y sin faltas de ortografía.

En serio, no es la cantidad: hablamos de calidad. 

4. El debate de siempre. Siempre que se habla de traducción audiovisual, se acaba llegando a la supuesta guerra entre doblaje y subtitulación… y lo malos que somos por doblar cosas. Es como un reductio ad Hitlerum (reducción a Hitler, falacia ad hominem) aplicado a la TAV.

Hay tanto que analizar aquí. Para empezar, porque me ha dejado patitiesa: los traductores no metemos las risas enlatadas. De nada. Y, por favor, pensemos que el doblaje y la subtitulación dan como resultado productos distintos, cada uno tiene sus ventajas e inconvenientes.

Por suerte, ahora es mucho más fácil ver una película o una serie de la forma que queramos, gracias a la televisión a la carta y todas las plataformas. Ah, y relacionado con esto último, una cosita más: las pelis y series no están pensadas para que aprendamos idiomas. ¿Que verlo todo en original ayuda? Claro, pero seguro que ni el guionista ni el director tienen en mente a los estudiantes del idioma X para hacer su serie, película, etc. No mezclemos conceptos.

5. Traducir es una profesión, no una afición. Lo repetiré las veces que haga falta. Llamadme cansina si queréis.

Si fuera una afición, no llevaría varios proyectos a la vez tratando de llegar a fin de mes; compaginar una novela que me lleva tres meses de trabajo y los episodios de una serie que deben traducirse en fin de semana para su estreno en jueves (y que me suponen 90 euros por dedicarles día y medio). Que no, que yo me lo tomo muy en serio porque es mi trabajo y no entiendo que se trate con tanta ligereza.

En definitiva, Netflix: bien por la plataforma, pero espero que valoréis el trabajo de un buen traductor. Y en cuanto a los demás comentarios, sé que es una batalla perdida, pero si poco a poco nos vamos dando cuenta de que traducir no es tan fácil, que no, no puede hacerlo todo el mundo y que no es un pasatiempo para ganarse dos perras, acabaremos disfrutando mucho más del entretenimiento, sea doblado o subtitulado.

Y por mi parte, nada más. No me preguntéis cómo traducir para Netflix, solo quería probar esto del clickbait como los artículos que se llevan ahora, a ver qué tal se me da. Ahora en serio, yo lo dejo aquí, pero ardo en deseos de leer vuestros comentarios. ¡Hasta la próxima!

3 consejos para que un traductor sea más productivo

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¿Una tarifa/hora de 50 € es cara o es barata? La respuesta es… depende de cuánto trabajo «saques» en esa hora de tu tiempo. Que una agencia de traducción o un traductor autónomo sepa aprovechar cada minuto de una hora facturable es importante para todos: para la inversión de la empresa cliente, para la contabilidad de la empresa de traducción y, por supuesto, para el bolsillo del traductor.  Así que hoy los chicos y chicas de Okodia-Grupo traductor —agencia con la que suelo colaborar— comparten contigo tres de los secretos, trucos o consejos para mejorar tu productividad personal. A ver qué te parecen…

Consejo 1: encuentra tu mejor horario

En casi todos los artículos sobre productividad personal que hay en Internet verás que se anota como primera regla de oro una frase tan típica como tópica: hay que madrugar. En nuestra amplia experiencia como agencia de traducción y como traductores independientes podemos decir alto y claro que este consejo es una perogrullada. Cada persona, cada profesional tiene sus propios ritmos circadianos que debe conocer para encontrar los mejores momentos productivos del día o de la noche.

Si trabajas por tu cuenta y no tienes que someterte al reloj de fichar, encontrar tu mejor horario de trabajo será la primera clave para mejorar tu productividad personal.

Por cierto, si quieres saber sobre los ritmos circadianos pulsa aquí y echa un vistazo a un interesante documento publicado por el NIH (National Institute of General Medical Sciences).

Consejo 2: no procrastines

Otra palabra que se ha puesto de moda últimamente en el ámbito empresarial y profesional es «procrastinación». Ya sabes lo que es: dejar para mañana lo que puedas hacer hoy.

En este caso, los gurús de la productividad tienen razón: ponernos mil y una excusas para no empezar, seguir o acabar un proyecto de traducción afecta a nuestra productividad personal no solo porque no acabaremos nunca jamás ese trabajo, sino porque consciente e inconscientemente estaremos pensando en el dichoso proyecto por acabar y dispersaremos nuestro nivel de atención.

Además, nos hace sentir mal a corto plazo y hasta nos acecha en sueños. ¿No te ha pasado nunca que al acostarte y relajarte te vienen a la cabeza todas las cosas pendientes?

Consejo 3: céntrate en el aquí y ahora

Cuántas veces los directivos de una agencia de traducción o los traductores independientes se agobian pensando en el futuro, ¿verdad? Y, a veces, ese agobio no se queda en la mente del CEO de la empresa de traducción, sino que se trasmite al resto del equipo en forma de reuniones interminables o, peor todavía, se contagia el mal rollo al buen ambiente de trabajo que tiene que existir en un grupo de profesionales para que se sientan seguros, motivados y productivos.

Cruzar los puentes uno a uno, centrarnos en el aquí y ahora y no adelantarnos a esos problemas que quizá aparezcan o quizá no son claves para mejorar nuestra productividad personal y profesional. Ojito que no estamos diciendo que no haya que planificar el futuro a corto y medio plazo, prever las posibles dificultades que puedan aparecer y prepararnos para capear los temporales de la mejor manera posible. Lo que afirmo es que preocuparnos por lo que todavía no ha pasado es uno de los mejores ladrones de productividad personal que pululan por el mundo.

Y ya que hablamos de ladrones de tiempo, es importante detectar los nuestros. ¿En qué se nos va la mañana? ¿Perdemos demasiado tiempo pendientes del correo? ¿Dedicamos más esfuerzos en organizarnos el trabajo que en ponernos manos a la obra? ¿Se nos va la mano con las redes sociales? Si conocemos a estos truhanes, sabremos también cómo combatirlos.

En fin, ¿qué te han parecido estos tres consejos para mejorar la productividad? A los miembros de la agencia de traducción Okodia-Grupo traductor y a servidora nos encantaría leer tu opinión.

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Enlaces útiles (para cuando tengas un ratito, ¿eh? Si tienes que trabajar, ¡ponte ya!)

Podéis sacar algunas ideas más de los numerosos blogs que tratan de la organización de tiempo (en general, no sobre traducción):

Algunos programas y aplicaciones útiles:

Carta abierta al traductor principiante

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Hace tiempo que tenía pensado escribir algo así, pero esperaba algún motivo. ¿Comienzo de año? ¿Cumpleaños del blog? Parece que, si no hay un motivo, es escribir por escribir, igual que hablar por hablar. Como si escribiera porque me ha pasado algo en concreto. Y no.

Escribo esto porque, en ocasiones, las redes pueden ser nocivas, porque nos llevan a engaño o nos hacen sentir mal. Escribo para ti, alumno que me lees habitualmente y que, quizá ya en cuarto, no sabes qué hacer con tu vida cuando termines la uni. Pero también escribo para mí, que en ocasiones va bien echar la vista atrás para ver qué ha funcionado, qué no, y ver por dónde va bien seguir.

Sobre todo escribo porque hace tiempo que observo cierta amargura o frustración en algunos casos: «En el grado nos lo pintan todo negro», «Nunca me habían explicado esto y no sé qué hacer», «No encuentro trabajo», «Qué suerte que tú llevas X libros traducidos y a mí no me hace caso nadie». No hace mucho, un chico dejaba un comentario en este blog quejándose de lo poco solidario que era el gremio, que nadie le había ayudado ni dado una oportunidad para empezar a trabajar, para seguir aprendiendo. Sé que no es el único.

Muchas veces, desde las redes, parece que todo es facilísimo y de color de rosa: «Anda, a Fulanito le han asignado esta serie tan molona», «A Menganita le sale el trabajo por las orejas», «Zutano está de intérprete en Nueva York, qué bien vive». Pero no muchos cuentan lo que hay detrás, los rechazos, las meteduras de pata, las horas intempestivas de traducción, los días sin nada de trabajo, mano sobre mano, mirando la pared. Aunque ¿por qué deberían? Cada uno es libre de contar en redes lo que le plazca, ¿verdad?  Al fin y al cabo ¿no son blogs y cuentas de redes sociales personales? Sí, algunos intentamos proponer ideas y compartir experiencias que, en el fondo son eso: personales. Sin embargo, e inconscientemente, muchas veces nos comparamos con los demás y acabamos saboteándonos a nosotros mismos.

Pero no estás solo. Todos hemos pasado por lo que estás pasando tú. Cuando leí el comentario de este chico que te contaba antes, pensé en cómo fueron mis inicios y me vi muy identificada. Si no tienes mucha prisa, hazte un té o un café y te lo cuento.

En cuarto de carrera me fui un semestre a Saint Andrews, Escocia. No era un Erasmus, puesto que el primero lo hice en Dinamarca (y ahí no hice nada de nada, solo teníamos que escribir un «diario lingüístico» sobre nuestras experiencias en el país). En cuarto quise estudiar fuera y hacerlo de verdad. Al volver, quedaba poco ya para acabar el curso, tuve que ponerme al día con alguna asignatura no convalidable y, a la vez, empezar a pensar en qué haría cuando terminara la licenciatura. Así pues, empecé a buscar editoriales y agencias de traducción porque, a diferencia de algunos compañeros, yo sí tenía claro que quería dedicarme a esto. Recibí algunas negativas, muchos «ahora no tenemos nada, pero te incluimos en nuestra base de datos» y muchos más silencios por respuesta. Pero no podía quedarme ahí. Empecé a colaborar con S.O.S. Racisme traduciendo documentación del inglés y el castellano al catalán; quería tener experiencia demostrable y si encima ayudaba en algo, mejor que mejor.

Inicios

Recuerdo que, al terminar la carrera, estaba perdida. Lo fácil, por llamarlo de algún modo, era seguir estudiando para especializarme (seguir estudiando te envuelve en ese papel de burbujitas), de modo que me matriculé en el posgrado de traducción literaria de la Universitat Pompeu Fabra. Corría el año 2004 —sí, «corría» porque el tiempo vuela— e iba a clase, impartía clases de inglés (fue de lo primero que busqué también para ir subsistiendo) y empezaba a traducir. Como no recibía encargos con regularidad, el gestor me aconsejó que me diera de alta y de baja en un mismo mes; en ese mes facturaría todo lo que hubiera trabajado hasta entonces.

A partir de entonces, como una hormiguita. Y es que todo hay que currárselo. Conozco otros compañeros que tampoco empezaron directamente con muchos clientes en la cartera. Mandaron muchísimos currículos, llamaron a muchas puertas, empezaron de gestores de proyectos en agencias muy pequeñas o volvieron a la traducción de rebote. Cuesta hacerse con una buena cartera de clientes, es algo que lleva su tiempo, como cualquiera podrá decirte.

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A lo que iba, al terminar el posgrado, Olivia de Miguel, directora y profesora de este, que había visto mi interés y le gustaba cómo trabajaba, me pasó el contacto de una editora de mesa de Planeta que se ocupaba de los sellos empresariales Deusto y Gestión 2000. Para ellos traduje algunos manuales y libros sobre innovación en la empresa y similares.

Ahora pensarás: «¡Aja! Tenía enchufe». Bueno, prefiero llamarlo contacto. Piensa que nadie va a darte trabajo si no lo haces bien solo porque alguien te recomiende. Pero, y esto es importante, sí que la suerte puede ser un factor. Reconozcámoslo, el trabajo es importantísimo —hay que estar al pie del cañón y estar motivado, querer hacer lo que haces—, pero tampoco podemos descartar el factor suerte; ya sabes, eso de estar en el momento justo en el lugar indicado. A lo mejor ese currículum que envías en marzo no lo tienen en cuenta hasta pasado un año (sí, también me ha pasado), pero justo entonces necesitan a alguien y… ¡pam! O quizá conoces a alguien que resulta que conoce a alguien que… Y de ahí también que sea tan importante que todo el mundo sepa a qué te dedicas.

De calidad y otras criaturas

No, yo tampoco salí de la carrera traduciendo fantásticamente. Pasaba algunas pruebas, otras no, pero algunas agencias me mandaban encargos de forma más o menos regular, con lo cual, tampoco debía de hacerlo tan mal. La práctica, como en cualquier otro trabajo, es esencial. También lo es leer mucho, tanto texto en lengua original (para seguir puliendo nuestra lengua B), como en lengua meta (para expresarnos mejor en nuestro idioma) y traducciones. Sí, creo firmemente en que podemos aprender de los demás compañeros. A veces leo traducciones e incluso comparo con el original y me apunto (mentalmente o no) las buenas soluciones que un compañero ha encontrado. De todo se aprende, créeme.

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Y hablando de que de todo se aprende, encontrarás chinitas en tu camino. O piedras más grandes. Hasta rocas. Todo forma parte del proceso. El primer año de autónoma tuve un encargo un 23 de diciembre —me acordaré toda la vida—; un volumen pequeño para una agencia de traducción de Granada: la traducción de un folleto del castellano al catalán para una cadena de centros de belleza. En total, el trabajo ascendía a 30 euros. Eran fechas señaladas, parecía un texto fácil y quizá no puse todo el esmero que debía. Se me colaron dos faltas de ortografía y me equivoqué al traducir una planta medicinal, aunque eso lo supe el día D. El día D fue cuando la agencia me contó que el cliente se había quejado de que el texto se había imprimido con faltas y que debían tirar todos esos folletos. Miré el texto, les expliqué lo que estaba mal y lo que no y les pregunté si había habido corrección posterior. No, no la hubo, pero la responsable única era yo, según la agencia.

Contacté con una asociación de traductores para preguntarles y no obtuve respuesta. Hablé con una abogada, que —no te miento— me tuvo una hora en su despacho buscando jurisprudencia en internet para determinar mi grado de responsabilidad. Alucinaba. Solo se le ocurrió que, amparándome en la poca gravedad de los errores y que ellos habían reconocido que no habían revisado el texto, me ofreciera a pagar parte. Y así fue como conocí a vuestra madre como acabé pagando 400 euros. Lo mejor fue que, poco después esa misma agencia me escribió para que siguiera colaborando con ellos. Vaya, y yo que pensaba que lo hacía fatal. Evidentemente les dije que no. Y eso también es importante: decide con quién te compensa más trabajar, mi joven padawan. Luego seguimos hablando de este tema.

Después de eso estuve una semana sin aceptar nada, pensaba ¿y si meto la pata con algo más grave? Por aquel entonces traducía para otra agencia partes de accidentes, informes médicos y documentos de siniestros del alemán al castellano. Mi confianza estaba por los suelos. Pero the show must go on, como dicen, ¿no?

Pasarán muchas más cosas durante tu trayectoria profesional. Habrá malos momentos, claro, y cosas que tal vez no publiquemos en redes sociales. Seguramente no decimos que no hemos pasado la prueba de traducción de una editorial o que no hemos entregado a tiempo una traducción y el cliente se ha enfadado o la agencia nos ha reprendido. Que se nos ha olvidado una entrega y estamos la noche anterior dándole que te pego a la tecla para subsanar nuestro error. Que entregamos un documento a medias porque no vimos que había más pestañitas en el Excel o que en el zip había más documentos. Y no son casos aislados, nos pasa a todos.

Y este proceso de aprendizaje no acaba nunca. Después de doce años, me sigo pillando los dedos con algún proyecto, meto la pata o me despisto. Digo que sí aun yendo saturada por miedo al «no» o no peleo lo suficiente por subir una tarifa en un caso concreto, con mucha urgencia o que aceptas casi por compromiso. Créeme, sigo trabajando en esto.

Por eso cuando doy consejos a estudiantes en las charlas o en este mismo blog, no es porque sepa más que nadie, sino porque me ha pasado a mí y lo he solucionado de esta forma o esta otra. Claro que, muchas veces, no podemos controlar la idea que se hace alguien de nosotros y hay quien pensará que voy de estrellita. Y eso me lleva al siguiente punto, el blog y las redes, de lo que sé que te han hablado en la universidad.

Redes y telarañas

No te lleves a engaño: un blog no es la panacea. Hazlo si realmente te apetece, pero no es garantía de nada. Tenerlo abandonado o sentirte obligado a escribir constantemente es una pérdida de tiempo y motivo de frustración. Hace tiempo decidí que escribiría cuando me apeteciera o tuviera algo que decir. Publicar por publicar, tener la obligación de escribir solo por tener una entrada o dos al mes no va conmigo. No quiero acabar teniendo una colección de entradas con enlaces a cosas que luego nadie (ni yo misma) va a consultar.

Pero, una vez más, nada es flor de un día. En mi caso, abrí el blog y la cuenta de Twitter casi a la vez. Era 2011 y estaba acabando el Máster en Traducción Audiovisual de la UAB. Tuvimos una asignatura de orientación laboral y la profesora nos recomendó salir al mundo… de las redes. Nos habló de algunos blogs de traducción (creo recordar que el de Pablo Muñoz, el de Curri, el de Eugenia Arrés y el de Eva Martínez) y me pareció una idea estupenda para hablar de lo que sabía o de lo que aprendía. Como todo hay que probarlo al menos una vez —sobre todo si no es nocivo—, allá que me fui. Para entonces ya llevaba seis años de autónoma y pensé que tenía cosas que contar.

Al principio no conocía a nadie, ni me leía nadie, evidentemente, pero sí vi que era una manera fantástica de aprender de los demás. En general, puedo decir que estar presente en las redes ha sido muy positivo para mí. He conocido a profesionales fantásticos y mejores personas, me han invitado a congresos muy chulos y me han ofrecido proyectos interesantes gracias a la visibilidad, sí, pero también porque creo que hay algo más. No creo en las fachadas sin un buen trabajo de construcción por dentro. Una vez más, hay años de trabajo detrás.

Porque, y esta es la otra, ser visible tiene sus cosas malas. Están las habladurías («Pero si esa solo traduce novela rosa», «Pues repitió charla el otro día», «No sé por qué se jacta de traducir erótica») y sus momentos de frustración, de compartir algo y que se pueda tergiversar el fin con que se ha compartido o que no he expresado con suficiente claridad lo que quería decir. Bueno, y por qué no decirlo, que me equivoco, claro está. Siempre existe la posibilidad de que la gente se forme una idea equivocada de ti, pero tengas que aguantarlo porque «eres visible» y esas cosas pasan.

Pero ¿sabes qué? Si lo que escribo hoy puede ayudarte en algo, solo te diré que seas tú, que publiques lo que te apetezca, que compartas tus logros en redes si te apetece o te quejes de lo que sea menester si así te nace.

Y te diré que trabajes, que estés activo, pero que no te compares con nadie. Tú eres tú y tus circunstancias. Que una prueba de traducción no superada no te desanime. Como en los «rasca y gana»: sigue jugando. Que hay momentos buenos y malos, días tranquilos y noches casi sin dormir para llegar a una entrega. Que no traduces peor por facturar menos que Fulano.

Aun así, convendría tener en cuenta que la traducción es una amante exigente, sobre todo si eres autónomo. Que debes ser traductor, gestor de proyectos y contable a la vez. Que ser dueño de tu tiempo como autónomo es una trampa y que, muchas veces, al final le acabas dedicando más tiempo del que deberías.

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Y, si me permites un consejo —un consejo de madre—: sé buen compañero. Sé amable con los que te rodean, aunque sea virtualmente. Conocerás a mucha gente en el camino y al final aprenderás a separar a los compañeros de los conocidos. Hazte con gente que sume y no que reste. Compañeros en los que puedas confiar. Tengo suerte de tener un buen grupito, un grupo de amigos traductores y revisores a mi lado (no voy a dar nombres, ya sabéis quiénes sois) que me echan una mano de vez en cuando y con los que comparto traducción, una copita y algo de frustración en ocasiones.

¿Por qué te digo esto? Pues porque otra manera de empezar es haciendo piña con otros compañeros de tu promoción (o de otras promociones) o incluso buscando a un mentor, un profesional en activo que pueda aconsejarte (como el sistema que ofrece Asetrad). En mi caso, trabajo ahora mismo con una traductora que me lo pidió y, de momento, está siendo una buena experiencia para ambas.

Clientes

Antes te comentaba que ser autónomo es un arma de doble filo. Eso de que no tenemos jefes es mentira: somos nuestro propio jefe y, en ocasiones, llegamos a ser demasiado duros con nosotros mismos. Aunque nos cueste organizarnos y le dediquemos más horas de las necesarias, podemos elegir con quién trabajamos. Al principio quizá te resulte más difícil porque quieres tener la oportunidad de traducir y adquirir experiencia, pero con el tiempo no está de más revisar con quién te interesa más seguir colaborando.

También empecé traduciendo por cuatro céntimos la palabra; por eso cuando algunos decimos en charlas, blogs o donde sea que empieces con una tarifa más alta porque luego cuesta más subirla es cierto. Para una de las primeras agencias que me ofreció encargos periódicamente al principio de ser autónoma cobraba esta tarifa y te prometo que casi todo eran faxes escaneados guardados en pdf no editables. Una joyita, sí. Sin embargo, me dije que era una manera de empezar y me lie la manta a la cabeza. Cuando hace unos meses volvieron a ponerse en contacto conmigo para un proyecto similar y la misma tarifa les dije que, si no era un importe superior, no lo haría porque el precio era muy bajo y el trabajo, considerable. Me contestaron que no podía ser, así que… good riddance! Entiendo que cuando empiezas no tengas tantas opciones para escoger, pero merece la pena planteárselo.

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En el caso de las editoriales, más de lo mismo. Hace ya unos años —parece la prehistoria, hará unos diez ya—, tras una de las batidas que hago enviando currículos, hice una prueba de traducción para la editorial VM (con iniciales, como en los programas de cotilleo, por si acaso), ahora extinta, y me «reclutaron». Con la promesa de trabajo con regularidad, las tarifas que ofrecían eran irrisorias: 5,5 € los 2100 caracteres. Pero bueno, pensé, empecemos y luego ya habrá tiempo de pedir más. Craso error. Y no solo por las tarifas, sino porque su gestión era nefasta, no enviaban nunca ejemplares justificativos al traductor y porque acabaron cerrando debiéndoles dinero a muchos colaboradores externos. Tuve la suerte de que a mí me lo pagaron todo, pero otros no pueden decir lo mismo, por desgracia. También dejaron sin publicar muchas traducciones, como una novela la mar de maja de Brandon Sanderson que traduje y se quedó en el olvido.

Tarifas y condiciones aparte, el trato —una vez más— también es importante. Trabajamos y somos personas, no robots sin alma. Recuerdo lo comprensivos que fueron conmigo la mayoría de mis clientes cuando mi padre estuvo a punto de morir hace unos años. Fueron un par de meses de incertidumbre, de correr al hospital en el momento más inoportuno y de noches sin dormir. Tenía proyectos a medias que quedaron en el aire o que tuvieron que ser reasignados. Hubo quien lo entendió y quien no, como una empresa para la que hacía audiodescripciones.

Como pasa con los amigos, es en los malos momentos donde ves la calidad humana y te das cuenta de si vale la pena o no trabajar para según qué clientes. Y con el tiempo te darás cuenta de que priorizar es ventajoso. Trabajas más tranquilo y, por ende, mucho mejor, sabiendo que el cliente tal o cual paga bien y a tiempo, que es flexible si tienes algún imprevisto.

En definitiva, querido lector principiante, que te entiendo y que casi todos —por lo menos yo— hemos empezado así, con incertidumbre, inseguridades y miedos. Que no, que no todo es de color de rosa, pero tampoco te lo pinten negro como la pez. Que, como todo en la vida, si realmente quieres dedicarte a traducir, inténtalo, trabájatelo y procura no desanimarte. Porque esta profesión vale la pena.

Lo que siempre quisiste saber sobre corrección editorial

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…y no te atreviste a preguntar. Pues bien, yo lo he preguntado.

Hace unos tres años di mi primera charla sobre traducción editorial. Como no quería hablar únicamente de mi experiencia, hice una encuesta a traductores editoriales y también a correctores editoriales, que, al final, son quienes revisan nuestro trabajo. Pretendía entender un poco más la profesión, ver de qué manera complementa a la del traductor y cómo es el proceso de edición de un libro en general.

Como la encuesta a los traductores fue anónima, la de los correctores también, así que me permitiréis que no os los presente por nombre. Salvo en algún caso, sus respuestas siguen vigentes tres años después.

Aquí van, pues, las opiniones de seis correctores profesionales sobre su trabajo: cómo trabajan, qué piden las editoriales y cómo se cobra, entre muchas otras. Por supuesto, queridos lectores, os animo a contribuir con vuestros comentarios tanto si tenéis experiencias similares como si son totalmente opuestas.

Recordad para más información sobre corrección o si estáis buscando a un corrector profesional, UniCo es vuestra página (también en twitter) y Deleátur, vuestra revista.

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¡Allá vamos!

1. ¿Te dedicas solamente a la corrección editorial, o lo complementas con otro trabajo?

N: Me dediqué exclusivamente, o casi, durante un decenio. Recientemente he vuelto a la traducción técnica porque, aunque es infinitamente más fácil y hay más competencia, está mucho mejor pagada.

G: Lo complemento con la traducción editorial y la traducción y corrección técnica.

J: También edito y traduzco, además algunas veces doy talleres literarios.

L: Complemento con edición y redacción por encargo.

A: Me dedico principalmente a la traducción audiovisual y editorial, aunque ocasionalmente me encargan correcciones.

T: No considero que la complemente con otro trabajo. También traduzco, pero para mí ambas actividades son mi profesión, de modo que no considero a ninguna de las dos «superior» a la otra, o a una «principal» y a la otra «secundaria».

(Añadido tres años después) En estos momentos, tristemente, corrijo más bien poco. Las tarifas son de vergüenza y me niego a trabajar con las editoriales. Últimamente, he corregido principalmente tesis doctorales para particulares. No compensa económicamente, pero disfruto haciéndolo y el trato es humano y satisfactorio.

2. ¿Te dedicas a la corrección de galeradas, o a la de estilo? ¿Qué esperan tus clientes al encargarte lo uno o lo otro? 

G: Ambas, según el cliente. En el caso de las galeradas esperan textos libres de erratas y errores ortotipográficos. En el caso de estilo me piden más implicación, desde el arreglo de expresiones que suenen mal a señalar incoherencias y fallos en la trama (esto último en el caso de corrección de textos originales en español; es menos normal que me lo pidan en corrección de traducciones, donde a cambio me piden cotejo con el original para encontrar errores de traducción). Es raro que me pidan exclusivamente corrección de estilo, suele ir unida a la corrección ortotipográfica del texto, y al cotejo con el original, si procede.

J: Ambas: en la de galeradas lo que se solicita es que el libro quede perfectamente conforme al estilo editorial del cliente (diseño, etc.), además de eliminar erratas que hayan quedado después de una corrección de estilo.

En la de estilo el objetivo es dejar un texto limpio: dependiendo del cliente, a veces eso sólo es una revisión ortográfica, a veces incluye la reescritura de algunos pasajes (cuando están fatalmente escritos).

L: Corrección de estilo. Textos fluidos, legibles y elegantes.

A: Lo más habitual es la corrección ortotipográfica, pero dispongo de libertad a la hora de retocar algo del estilo si es necesario.

T: De momento, he corregido un libro que ya está publicado y estoy con el segundo. Ambos están escritos por un autor español que digamos… escribe cuando le llega la inspiración, con lo cual no atiende a normas (¡a ninguna!), de modo que la corrección que hago es ¿integral? Es decir, que debo trabajar con lupa tanto la ortografía como la ortotipografía, el estilo… TODO, ya que de mis manos va directamente a la imprenta, sin que pase por ningún otro corrector o revisor. Eso es algo que me da mucho miedo, pero la gente no está dispuesta a gastarse más, así que hay que intentar que el libro vaya con la máxima calidad posible.

(Añadido tres años después) Desde que escribí esta respuesta, he corregido dos libros más para este autor. Puedo decir, con cariño, que es un poco «desastre», pero me gustan sus historias y nuestra relación profesional.

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3. ¿Qué preparación tienes/qué estudios hay que tener? ¿Qué piden las editoriales?

N: Depende. Hay editoriales que esperan que se cambie cuanto menos mejor, sobre todo si son galeradas (no les apetece que les descoloquen la maqueta), y se conforman con un cursillo. Otras exigen estudios de filología o traducción, dominio de la lengua de origen para pillar deslices del traductor, dominio de la gramática y la ortotipografía de la lengua de destino para corregir fallos y una redacción natural y fluida para mejorar la legibilidad a base de cambiar todo lo que haga falta, hasta el punto de dejar irreconocible el trabajo del traductor o el «traductor». Curiosamente, no hay gran variación de tarifas.

G: Ante todo hay que dominar la ortotipografía y estar al día de los cambios de normativas que dicte la RAE. Algún tipo de formación reglada en materias lingüísticas puede ser de ayuda, pero no es mi caso (soy de ciencias, y en materia de lenguaje tengo una formación muy extensa pero la he adquirido por mi cuenta). Las editoriales pueden pedir formación reglada y/o experiencia, y a veces requieren pasar una prueba de corrección (sobre todo si van a pedir corrección de estilo). Para la corrección de estilo, además de los conocimientos teóricos hay que saber redactar, y desde luego, conviene haber leído mucho.

J: Estudié la licenciatura en Letras Hispánicas.

L: Autodidacta. Nada, prueba previa.

A: Soy Licenciada en TeI, tengo un Master en TAV y estudios complementarios en traducción editorial. Supongo que los estudios de especialización son fundamentales a la hora de trabajar en algo tan concreto.

T: Soy licenciada en Traducción, pero creo que no es suficiente, por eso hice el curso de Corrección profesional con Cálamo & Cran, y ahora estoy haciendo el de Corrección de estilo. No sé qué piden las editoriales porque no trabajo con ninguna (aunque me gustaría, claro está), pero, aparte de tener algún curso (que ya sabemos lo que nos gusta un título en este país), creo que es importante contar buenas obras de referencia para poder no solo consultar dudas, sino comparar, ya que muchas veces se contradicen unas a otras.

Es importante también tener un criterio propio y saber tomar decisiones que luego se puedan argumentar. Además, me parece que es fundamental tener una buena base cultural. Es imposible saber de todo, claro está, pero al menos nos deben «sonar» las cosas. Como digo siempre, está muy bien leer los titulares de los periódicos digitales, llámense elpais.com, elmundo.es, abc.es, etc., pero a mí no se me escapa quiénes son Lourdes Montes o Blanca Suárez, o qué famosa actriz acaba de romper con su prometido. (Espero haberme explicado bien y que no se me malinterprete ^_^)

De hecho, en mi primer libro se sucedían hechos históricos reales con datos actuales, y hubo cosas que me chocaban porque me sonaban de algo y que, al documentarme, confirmé que estaban mal y tuve que cambiar. A eso me refiero, a que es bueno que nos suene «todo» un poco, más o menos.

(Añadido tres años después) Bueno, pues de entonces a ahora, sí he trabajado para editoriales. En temas de corrección, no creo que vuelva a colaborar con ellas. Como he dicho antes, las tarifas son una vergüenza y no estoy dispuesta a pasar por ahí. Además, parece que te están haciendo un favor y te tratan con poco respeto. No sé, me esperaba otra cosa, así que, de momento, prefiero seguir con lo que me llegue de clientes directos (en temas de corrección).

Young attractive female fashion designer leaning on office desk, working with a laptop at home

4. ¿En qué formato sueles recibir el trabajo?

N: Electrónico desde hace bastantes años. Si es una corrección de estilo estándar (detección de fallos de redacción o incoherencias sin mirar el original) o una revisión a fondo, suele ser un documento de procesador de textos; si es de galeradas suele ser un archivo de Quark o InDesign.

G: Casi siempre como documentos de Word o similar.

J: Word e InDesign.

L: Word. Esa mierda.

A: Normalmente en Word.

T: Siempre en Word, lo que me facilita bastante la tarea.

5. ¿De cuánto tiempo dispones para la corrección de un libro? Pongamos un libro medio de unas 200 páginas o lo habitual que tú te hayas encontrado.

N: Los plazos suelen ser bastante amplios, y hasta hay editoriales que no dan plazo.

G: Unos 15 días. Puede ser más que suficiente (galeradas, simple corrección de ortotipografía) o demasiado justo (cotejo con originales de traducciones, estilo), aunque en este segundo caso y según la editorial, el plazo puede llegar a un mes.

J: Varía mucho, pero un libro con 200 puede durar dos o tres semanas.

L: Mes, mes y medio. Salvo que esté nefastamente traducido o escrito.

A: Para la corrección de 200 páginas (o su equivalente en palabras) suelo disponer de una semana más o menos, pero no hay ninguna regla establecida. También va un poco en función de la necesidad o la urgencia.

T: Normalmente, un mes. Es lo que tardé con el primero y lo que estimo que tardaré con este. Y sí, suelen ser de unas 200 o 250 páginas en Word.

6. ¿Entregas el trabajo con las marcas y ya está? ¿Implementas los cambios directamente y entregas un texto limpio de marcas? 

N: Realizo el trabajo con marcas y comentarios. Prefiero tener contacto directo con el traductor y corregir sobre la marcha para ir avisando de los fallos recurrentes y no tener que corregir lo mismo miles de veces, pero no siempre se puede. A la editorial, según a qué acuerdo haya llegado, puedo entregarle el texto con marcas o limpio después de haber acordado los cambios con el traductor.

G: Según la editorial. Lo más normal es que me pidan un texto con marcas de revisión, sobre todo en los casos en que el texto corregido vuelve a las manos del traductor.

J: Entrego el trabajo ya con las correcciones hechas, y si el cliente lo pide puede revisar las pruebas (corrijo en papel).

L: Depende del cliente. Si hay que comentar cada corrección subo el precio.

A: Suelen pedirme un texto limpio de marcas.

T: Le mando al cliente el texto listo para que lo envíe a la editorial, prácticamente. A lo que le envío, él le añade los agradecimientos, el índice, algún dibujo que inserte entre las páginas…

Muestra de los signos de corrección en el blog de TsEdi: http://blog.tsedi.com/como-se-usan-los-signos-de-correccion-editorial/

Muestra de los signos de corrección en el blog de TsEdi: http://blog.tsedi.com/como-se-usan-los-signos-de-correccion-editorial/

 

7. ¿La editorial suele pedirte feedback (ya sean impresiones o un breve informe) sobre la calidad del traductor?

N: No, y tampoco lo haría. Si la traducción me parece inarreglable, rechazo el trabajo y menciono el motivo, pero no presento ningún informe, más allá de las primeras páginas corregidas con marcas para que vean la densidad y el calibre. Si la traducción me parece decente, acepto el trabajo.

G: También depende de la editorial, aunque lo más normal es que no me lo pidan. Sí que avisen (o lo hago yo mismo si no me lo han pedido) si la calidad de la traducción es tal que mi trabajo acabe siendo más retraducción que corrección. Esto último es poco frecuente, por suerte.

J: No.

L: En ocasiones.

A: Normalmente no.

T: Pues no puedo contestar a esta pregunta porque, como ya he comentado, no trabajo con editoriales (aunque me encantaría) y, además, no he corregido obras traducidas, sino escritas directamente en español.

(Añadido tres años después) Absolutamente nada. Es más, detecté algún que otro error, que subsané, y ni un comentario al respecto.

8. ¿Existen errores habituales en las traducciones que revisas? Es decir, ¿te parece que los traductores pecan en determinadas cuestiones y que hay alguna especie de patrón? 

N: Sí. Me gusta trabajar con los mismos traductores porque, aparte de que voy «educándolos» (ver 6), ya sé de qué pie cojea cada uno y qué tengo que buscar. En general, con los mejores traductores, son construcciones calcadas (el pastel que Pepe se comió por el pastel que se comió Pepe) o regionales (vete a pastar; me lo comí esta mañana), así como falsos amigos de frecuencia. Con los aceptables pero no tan buenos añade posesivos, anglicismos, falsos amigos, interpretaciones incorrectas del original, construcciones sintácticas surrealistas, fallos de concordancia del calibre de la gente son y, sobre todo, cosas que se entienden y son correctas gramaticalmente pero me dejan con cara de «no me puedo creer que sea nativo». Esto último nos pasa a todos cuando traducimos; lo que cambia, y mucho, es la densidad.

G: No puedo generalizar en esto: hay traductores que no caen en ese tipo de errores y otros que tropiezan en todos. Diría que hay dos “casos malos”: traductores que entienden bien el original pero que redactan pobremente (casi siempre calcan las estructuras del idioma de partida y caen en calcos), y “traductores” (tengo que entrecomillarlo) que al margen de que redacten mejor o peor en español tienen una comprensión del idioma original algo discutible. Que me lleguen más o menos trabajos de traductores así depende mucho de la editorial y de los filtros que tenga a la hora de asignar encargos.

J: En pocas ocasiones. También he encontrado casos en los que no son propiamente errores de traducción, sino errores típicos de redacción (y estilo), que tiene el traductor como hispanohablante.

L: Se nota mucho a un traductor del inglés al castellano cuya lengua materna es catalán u otra.

A: Es bastante habitual el uso de la voz pasiva, los posesivos y el abuso de los pronombres personales.

T: El caso que comentaba antes era sobre un libro de temática médica. Había errores de terminología. Entiendo que el traductor no era especialista en este campo o que no se había documentado bien.

9. ¿Tu trabajo tiene que ser validado por el traductor del texto y vuelto a revisar, o ya no vuelves a trabajar en el texto una vez entregado? 

N: Exijo que lo valide el traductor y me niego a volver a trabajar con los que se niegan a mirar mis cambios, pero porque soy rara. Curiosamente, las editoriales aceptan. Por supuesto, eso no procede cuando tengo que arreglar una traducción antiquísima de una obra libre de derechos.

G: Depende de la editorial: he estado en ambos casos.

J: No tiene que ser validado por el traductor. Por lo regular sí vuelvo a trabajar con un texto después de entregado (las correcciones que hago muchas veces van acompañadas de edición, por lo tanto trabajamos el texto hasta antes de la impresión, en caso de libros).

L: No vuelvo a tocarlo.

A: Ya no vuelvo a trabajar en una corrección entregada.

T: Nunca me comentaron nada. 

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10. ¿Crees que resulta interesante trabajar estrechamente con el traductor o consideras que son cosas independientes?

G: Prefiero poder trabajar con el traductor, con mucha diferencia. Es la única forma de evitar ciertos errores, como cambiar (“corregir”) algo que el traductor haya puesto de cierta manera con toda intención y por un motivo válido que el corrector pueda no ver. Desde el otro lado (cuando trabajo como traductor) me ha servido para corregir problemas recurrentes, especialmente cuando empecé en el oficio y tenía menos rodaje. En general no solo se aprende mucho en ambos sentidos, sino que la calidad del texto final es mucho mejor. Por eso me molesta que en muchas editoriales no se contemple un tiempo para feedback o, simplemente, los plazos sean tan justos que no sea posible realizarlo (a veces, incluso, ni siquiera hay contacto entre traductor y revisor y ni sabe uno quién es el otro).

J: Poder consultarlo es lo ideal.

L: Así debería ser. Se ahorraría tiempo editorial.

A: Supongo que trabajar con el traductor retrasaría la entrega. A nadie suele gustarle que le cambien su trabajo. Hay ocasiones en las que no habría discusión, pero otras veces es algo muy subjetivo y personal.

T: A estas alturas de la encuesta, ya sabes que no puedo contestar, pero sí diré que, en mi caso, la comunicación con el autor es fundamental. Yo necesito saber exactamente qué ha querido decir en cada frase. Por ello, por la falta de puntuación en el texto, me veo obligada a estar conectada constantemente con él para que me confirme qué quiere decir o quién dice qué cosa en según qué momento. Es un trabajo bastante penoso porque te quita mucho tiempo, ya que dependes mucho de lo que tarden en contestarte, aunque no he tenido grandes problemas al respecto, todo sea dicho. Tanta comunicación hace que el cliente valore mucho tu trabajo porque ve cuánto te implicas y sabe muy bien el grado de minuciosidad con el que estás trabajando.

Aunque sea autobombo (como esto es anónimo y nadie se va a enterar…), en el libro anterior me incluyó en el apartado de agradecimientos. Yo no lo sabía ni, por supuesto, me lo esperaba, pero es muy de agradecer que valoren públicamente tu trabajo, que si el del traductor no está reconocido, parece que el del corrector mucho menos.

(Añadido tres años después) No sé qué decir. No tengo constancia de que le comentaran mis correcciones terminológicas al traductor, pero si así hubiera sido, me habría gustado comentar con él el porqué de mis cambios.

11. ¿Trabajas siempre con contrato?

N: No. Es la excepcionalísima excepción.

G: Casi nunca.

J: Sí.

L: Nunca.

A: No.

T: Nada de contratos porque ni me los han pedido ni yo los he ofrecido. Confío en la buena fe de la gente y parece que la gente confía en mí. Hasta la presente, no he tenido ningún problema ni con la traducción ni con la corrección. ¡Y espero que siga así!

12. ¿Cómo se cobra un trabajo de corrección? Es decir, ¿por plantilla, por matriz, por hora?

N: Por matriz o por palabra. Esto último no es habitual en el gremio, pero sí en mi experiencia.

G: Depende de la editorial. En mi caso, en las traducciones de estilo he cobrado por palabras del texto antes de corrección. También ha sido lo más normal en correcciones de galeradas.

J: Yo lo hago por contrato de planta (no sé si el término se utilice fuera de México: es decir, tengo prestaciones, horario, etc.). En muchos casos (freelance) es por cuartilla.

L: Yo por matriz, pero el precio oscila en función de la calidad y complejidad del texto a revisar.

A: Por matriz supongo que es lo más común en editorial. Yo tengo más experiencia en la corrección audiovisual y en ese caso lo hacemos por capítulos/película, etc.

T: Si la traducción está mal pagada, ¡qué decir de la corrección! Yo trabajo con un precio cerrado. Si cobrara por horas, me haría rica, sin duda.

(Añadido tres años después) Mantengo lo del precio cerrado con los clientes particulares. Con las editoriales cobraba por matrices… ¡para carcajearse, en serio!

13. ¿Qué tarifas son las más habituales? 

N: De 1,5 a 3 euros por matriz (los de 1,5, que los hagan los que estudiaron un cursillo) y 1,2 céntimos por palabra en el único caso que conozco.

G: Esto es muy variable según la editorial y el tipo de corrección. En las de estilo y cotejo de original, he llegado a 0,01 €/palabra en el mejor de los casos (poco).

J: Cuando lo hago como freelance varía, según las circunstancias, pero va de 80 a 150 o 200 pesos por cuartilla. Calculo que eso es aproximadamente 10 o 15 euros. La referencia que podría dar es que el salario mínimo ronda los 60 pesos por día (de ocho horas [en las ciudades nadie gana eso, me parece]).

Se dan casos en que “correctores amateurs” trabajan a destajo y cobran muy barato (cierta cantidad por proyecto, por ejemplo): por lo regular es gente que no ha tenido una formación dentro del oficio.

L: 1,49€/matriz – 2,09€/matriz.

A: He tenido que hacer un pequeño sondeo entre algunos compañeros para tener una horquilla de precios y, junto con mi experiencia, me sale un rango de unos 3-5€ por cada 2.500 matrices o página. Pero es algo aproximado.

T: Varía muchísimo de un corrector a otro, y también varía según si la corrección es ortotipográfica, de estilo, una combinación… Yo diría que un precio «razonable» sería 1,50 euros por página en Word con una letra Times New Roman 11 a 1,5. Eso sería más o menos lo deseable, pero creo que no se cumple. (Cuento una anécdota en el último apartado.)

(Tres años después) Uf, creo que escribiré una entrada de blog sobre esto. 😛 Bueno, no… A ver, es que he tenido hasta un cliente de Venezuela que creía que yo estaba en Argentina. Cobrar fue una odisea porque yo le pasé mi presupuesto en euros, él no me podía pagar en bolívares, sino en dólares americanos, pero como eran «ilegales», no me los podía mandar más que en un sobre por correo ordinario. Le dije que no, así que no sé cómo se las apañó por Western Union… Bueno, ni te cuento lo que liamos. Al final, entre la rebaja que te piden, el cambio de moneda, los gastos del envío… pues se quedó casi en la mitad, pero bueno… De las tarifas por matrices prefiero no hablar porque me va a subir la tensión.

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14. ¿Te parece un trabajo bien remunerado y valorado?

N: No. En muchas ocasiones lleva tanto tiempo como traducir, por una tercera parte de la tarifa cuando hay suerte. No está valorado profesionalmente, cosa que me daría bastante igual si no fuera porque repercute en la valoración económica. Aunque haya tenido que rehacer una traducción, el cliente considera que el grueso del trabajo lo ha hecho el traductor y merece royalties, mientras que yo no. La única editorial a la que conseguí sacar royalties, porque me exigía que cambiara al menos un 25% de la traducción, me pagaba un 10% de los royalties que cobra el traductor.

G: No. Para algunas editoriales parece ser un mero trámite, y me consta que hay algunas que incluso se lo saltan directamente, y eso se nota en los libros que salen a la calle.

J: Bien remunerado, sí; valorado, no: muchas veces los clientes se sorprenden al ver una cotización, la consideran muy cara y prefieren publicar el texto sin corrección (a veces lectores ocasionales les señalan errores y entonces sí, se dan cuenta de que el trabajo de corrección era necesario, y en casos de reedición lo solicitan).

L: No y no. Si pudiera me dedicaría a tomar el sol en la playa y escribir novelas de humor. Pero es lo que sé hacer bien.

A: No. En general, a los profesionales de la traducción/corrección no se nos valora demasiado.

T: Bien remunerado, no; valorado, tampoco. No considero que esté bien remunerado porque hay que dedicarle muchísimas horas. Hay que mirar con lupa cada palabra, cada expresión, preposición, coma, punto… Un día me dediqué a anotar las horas que le dediqué durante esa jornada y me salían unos 2,30 euros la hora. ¡Nunca más! Mejor no saberlo porque te dan ganas de irte a servir hamburguesas al Burger King (un trabajo tan digno como cualquier otro, claro está, pero mejor pagado, muchas veces, que este).

Tampoco me parece que esté valorado porque parece que con que te sepas las reglas de acentuación es suficiente. O que no tengas faltas de ortografía. Y no… ¡ES MUCHÍSIMO MÁS QUE ESO! Además, si eres perfeccionista, se sufre muchísimo.

Otros comentarios que te parezca interesante añadir: 

G: Dedico a este trabajo menos tiempo del que me gustaría por la sencilla razón de que solo con ello no llegaría a fin de mes. Debo complementarlo con traducción literaria y, sobre todo, con traducción y corrección técnicas, ligeramente mejor pagadas. La poca remuneración y valoración de este trabajo hace que en vez de que exista una buena base de correctores literarios con dedicación exclusiva, estos tengan que dedicarse parcialmente a otras cosas (cuando no abandonar directamente), con malas consecuencias para la calidad en general de los libros que se publican.

T: Aquí voy a contar una anécdota: Me llamaron de una editorial para que colaborara con ellos. Me ofrecían 0,70 euros por página corregida. Les dije que era menos de la mitad del precio de mercado. Me comentaron que, si la cosa iba bien, me mandarían entre diez y doce libros al año. Pensé que podría empezar a trabajar por ese precio y que, cuando vieran cómo trabajo (que yo creo que bien), les podría pedir una subida.

Me enviaron directamente el primer encargo, que constaba de 405 páginas. Me extrañó que no me hicieran una prueba, pero se la mandé igualmente por mi cuenta. Les pareció genial y seguí trabajando en ese primer encargo.

Al cabo de una semana, me enviaron una ficha con los datos del encargo en la que aparecía que el libro tenía 236 páginas. Les escribí y les comenté el error. La sorpresa mayúscula fue que me dijeron que, aunque el libro tenía 405 páginas, para hacer el presupuesto cambiaban el tamaño de la letra…

Soy muy buena gente, de verdad, pero no te imaginas lo que salió por mi boca ese día. ¡¡UN TIMO!! Les escribí indignada, pero lo más educada que pude. Su respuesta fue: «Es una pena». Y yo pensé que la pena era que seguramente alguien aceptaría ese trabajo. En fin… ahí empieza y acaba mi experiencia con las editoriales, aunque sé que no todas son así y espero tener pronto la oportunidad de trabajar con alguna seria.

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Para conocer algo más la profesión del corrector: