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Acabo de terminar el grado. ¿Y ahora qué? (VII) Estíbaliz Montero, Juan Rivera y Elisa Manzanal

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¿Pensábais que esta semana no tocaban testimonios? Meeeec, ¡error! Pero recuperarse de la Feria del Libro cuando llevas meses sin salir de la traducueva cuesta lo suyo. Bueno, al grano, hoy nos acompañan Estíbaliz Montero, Juan Rivera y Elisa Manzanal, que nos cuentan de todo un poco. ¡Al lío!

ESTÍBALIZ MONTERO

Durante los meses finales de mis posgrado en Traducción Audiovisual, empecé a ponerme nerviosa. Mi periodo como estudiante llegaba a su fin, y por extensión, mis prácticas extracurriculares también. Sabía que estaba haciendo un buen trabajo en las prácticas, pero, como en muchos sitios, concedían pocos recursos a la traducción y solo contrataban becarios. De modo que entré en pánico y empecé a enviar correos como una loca, principalmente a editoriales y a academias de inglés o de ELE. Pocos me contestaron. Y todas las respuestas fueron negativas. Amables, pero suponían un rechazo tras otro. De momento no necesitaban a nadie. Eso los que contestaban. ¿Por qué el resto no lo hacía? Me había tomado el tiempo de investigar las empresas a las que había enviado el currículo. La mayoría de los correos los había dirigido a una persona en concreto y había personalizado al máximo mi solicitud con la información recopilada. ¿No era eso lo que se suponía que debía hacer? Pero ya me había topado de lleno con aquello de lo que llevaban advirtiéndome muchas voces más experimentadas que yo: en el mundo de la traducción, hacerse un hueco es difícil. Solo quedaba una opción: insistir, insistir e insistir. Hice un Excel kilométrico con editoriales y direcciones de contacto. Pregunté por Twitter a algunas editoriales a que correo de contacto podía dirigirme. Solo una me contestó. Pero bastó con esa.

Tras una prueba de traducción, antes de terminar el año ya había traducido dos novelas. Y no solo eso, con el paso del tiempo, gente a la que había enviado el currículo hacía meses me llamaba para ofrecerme algún que otro puesto como profesora a tiempo parcial. Aquello me ayudaría a ganar cierta estabilidad mientras seguía buscando clientes de forma autónoma, de modo que acepté uno de los empleos y tuve que ir rechazando las llamadas siguientes, algo que nunca me había imaginado que haría.

Pero la conclusión que saqué fue que no había sido en vano enviar todos aquellos correos. Lo ideal habría sido que me contestaran de forma más o menos inmediata, pero por lo menos parecía que la gente guardaba mi currículo.

Ese conocimiento me mantuvo enviando más correos y correos, comunicándome por redes sociales y plataformas de trabajo hasta que al final, seis meses después de finalizar mis estudios, logré algo relativamente difícil: un puesto fijo de traductora en una gran empresa. Es un puesto que me está permitiendo formarme en el manejo de herramientas que en la carrera no me habían enseñado, pero que son prácticas en la realidad, como por ejemplo InDesign. Con la seguridad y estabilidad que me da un puesto fijo, sigo investigando empresas y editoriales y mandando tantos correos como puedo. Al final, alguno dará sus frutos.

Y eso es lo que he aprendido de momento: hay que tener ganas, insistir, emplear con inteligencia las redes sociales, crearse una web propia si es posible, no rendirse, mantener el entusiasmo por la profesión que amas e insistir, insistir y volver a insistir. Es duro, y tengo claro que seguirá siéndolo, pero el sueño de mi vida siempre había sido traducir libros y cuando veo mi nombre impreso en mis ejemplares justificativos, sé que merece y merecerá la pena. ¡Ánimos a todos! 

Encontraréis a Estíbaliz en su web o en su perfil de LinkedIn.

JUAN RIVERA

Me gradué en Traducción e Interpretación en 2017, por la Universidad Pontificia de Comillas. En la carrera tuve la suerte de poder hacer prácticas dos años (en 3.º y en 4.º) en empresas diferentes. Esto me enseñó mucho de los distintos campos de la traducción, sobre todo jurídica y económica, aunque mis intereses estaban más enfocados a traducción literaria, audiovisual y publicitaria. Desde antes de graduarme ya estaba buscando trabajo en el campo de la traducción, aunque sin mucho éxito.

Poco después de egresar, uno de los profesores que nos dio clase nos envió dos ofertas de trabajo, a las que presenté currículum sin dudarlo. De esas dos, solo recibí una respuesta: una empresa de traducción de Guadalajara buscaba formar un equipo de trabajo ad hoc para un proyecto de posedición muy grande. Me enviaron la prueba y la superé, y estuve trabajando con ellos durante el verano bajo contrato, en sus oficinas de Guadalajara. Después del verano continué trabajando con ellos, pero esta vez como colaborador autónomo y desde casa. La tarifa era muy baja, pero con el volumen de trabajo que nos mandaban cada semana se lograban unas cifras decentes al final del mes. Mi principal dificultad fue conciliar el trabajo (que me quitaba muchas horas a la semana) con el Máster en Traducción Literaria que acababa de empezar. Estuve colaborando con esta empresa (en unas condiciones cada vez peores) hasta marzo de 2018.

Mis siguientes trabajos me llegaron a través de conocidos o de recomendaciones; sin embargo, no he dejado de enviar currículos a todas las ofertas que puedo (siempre y cuando sean decentes). En 2018 se publicó mi primera traducción editorial: la introducción de un libro de historia del pensamiento económico, para cuyo autor (un catedrático de dicha materia) había traducido otros textos también.

Mi último trabajo ha sido una prueba de traducción en un estudio de doblaje en el que he estado de prácticas este curso, durante el Máster en Traducción Audiovisual y Localización.

Hoy en día estoy más centrado en mi máster, pero sigo buscando trabajo en traducción y posedición. Aunque mis intereses principales siguen siendo la traducción audiovisual y la literaria, hoy por hoy solicito trabajo para traducir cualquier tipo de texto, siempre y cuando me vea capacitado para ello.

Juan os atenderá por correo o por Twitter.

ELISA MANZANAL

Voy a hablar un poco sobre la importancia de hacer prácticas en una agencia de traducción. Estudié Lenguas Modernas y Traducción y, posteriormente, hice el Máster en Traducción Profesional en la especialidad de Traducción Jurídica. Una de las cosas buenas que tuvo el máster fue que era obligatorio realizar prácticas externas en una agencia de traducción. Supuse que me iban a asignar una empresa dedicada a la especialidad que yo había elegido, pero no fue así. Me asignaron una empresa dedicada, principalmente, al sector de la traducción especializada científico-técnica. En un primer momento pensé: «¿Cómo voy a hacer prácticas en una empresa de este ámbito si no he traducido apenas nada de medicina ni de automoción?».

Bueno, pues lo hice y fui capaz. Gracias a la ayuda de mi tutora de prácticas de la empresa, Sonia Tirado Gómez, y a todo el proceso de documentación relacionado con esta área especializada, he podido superar barreras y retos que veía imposibles. Tanto fue así, que hoy en día sigo trabajando en plantilla en la misma empresa en la que comencé las prácticas y el área de traducción que más me gusta es la traducción del ámbito biosanitario. ¿Quién me lo iba a decir cuando salí de la carrera pensando que me iba a dedicar a la traducción jurídica?

Desde mi experiencia, considero que hacer prácticas en una agencia de traducción tiene un gran impacto en nuestra formación como traductores profesionales. Con esto no digo que no hacer prácticas signifique que un traductor no sea profesional o no sea bueno. Conozco a muchos traductores que no hicieron prácticas y que hoy son unos traductores excelentes. Pero, al ver mi situación, es algo que considero muy recomendable e importante, puesto que salimos de la carrera o del máster como «pollos sin cabeza» con mucha teoría, pero sin saber muy bien cómo aplicarla.

Cuando terminé la carrera y el máster no sabía cómo se utilizaban correctamente las herramientas de traducción asistida (TAO), cómo elaborar glosarios en herramientas de gestión terminológica, cómo desarrollar medias reales palabras-calidad-productividad, etc. Y gracias a estas prácticas, he podido obtener una gran cantidad de conocimientos nuevos que me han dado la posibilidad de continuar formándome y crecer como traductora profesional. También he podido aprender cómo es el proceso de la gestión de proyectos (qué hace el gestor de proyectos, cómo debemos comunicarnos con los clientes, cómo calcular el coste de un proyecto…), así como aprender de otros compañeros traductores y revisores que contaban con más experiencia que yo.

Conclusión: recomiendo hacer prácticas externas, estén o no incluidas en el plan académico de la carrera o máster. Y aunque las prácticas que vayamos a hacer no estén particularmente relacionadas con la especialidad que nos gusta, no debemos rechazarlas en absoluto. SIEMPRE vamos a aprender cosas nuevas que nos van a aportar aspectos positivos para nuestra carrera profesional. Incluso a la larga, si les gustas, pueden contactar contigo para mandarte trabajo si eres autónomo. Nunca sabemos cómo ni dónde vamos a acabar trabajando, por lo que si se nos presenta una oportunidad, no debemos dejarla escapar.

Elisa, un amor de compañera (lo sé de buena tinta porque la conocí en la feria), os atenderá encantada por correo o LinkedIn.

¿Qué os han parecido? Me han gustado estas tres porque inciden en cosas distintas pero esenciales. Estíbaliz tiene muchísima razón al recordarnos que hay que insistir. A veces es descorazonador no recibir respuesta, pero hay que seguir al pie del cañón. Llevar un registro de los clientes a los que enviamos nuestros datos es imprescindible. Pasado un tiempo, si no ha habido respuesta y, por ejemplo, tenemos una línea de experiencia más o hemos terminado un curso, podemos volver a escribir con nuevos datos. Como se suele decir, el no ya lo tenemos, ¿verdad?

Además de enviar CV, Juan habla de los encargos que llegan a través de conocidos y compañeros. ¡Qué importante es hacerse una buena red de contactos! Decimos muchas veces que todo el mundo debe saber que somos traductores y así es. Tal cual. Con el paso de los años, muchas de las ofertas de trabajo me han llegado por conocidos que saben a lo que me dedico, por compañeras de la facultad que ahora son gestoras de proyecto, por editores de mesa que han pasado mis datos a otros, por compañeros que no pueden ocuparse de un encargo y me lo pasan, etc. En fin, si trabajas bien, el boca-oreja es bueno y eso funciona mucho mejor que una llamada a puerta fría, desde luego.

De Elisa me quedo con su reflexión final: «Nunca sabemos cómo ni dónde vamos a acabar trabajando, por lo que si se nos presenta una oportunidad, no debemos dejarla escapar». Efectivamente. Y creo recordar que en la feria lo comenté a varios estudiantes. Es verdad que se insiste mucho en que nos especialicemos, pero debemos estar abiertos a otras posibilidades. Podemos acabar en una rama que no teníamos contemplada pero en la que somos muy buenos… y nos gusta. Así pues, ¡no os cerréis puertas!

Y hasta aquí los testimonios de hoy. Espero que os hayan gustado. Como siempre, gracias por participar, por leer y, ya sabéis, si queréis dejar la vuestra: los comentarios o mi correo os esperan. ¡Hasta la próxima!

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Acabo de terminar el grado. ¿Y ahora qué? (VI) Karla Toledo e Iván Fraile

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Esta semana nos esperan dos testimonios muy completos. Preparaos un cafelito o un té o un zumo y acompañad a Karla Toledo e Iván Fraile en sus primeros pasos en el mundo de la traducción.

KARLA TOLEDO

Estudié Traducción e Interpretación en la Universidad de Salamanca (USAL). Cuando yo entré en la carrera, aún era una licenciatura, o sea, duraba cuatro años, pero, en mi caso, se convirtieron en cinco por una razón muy sencilla: en cuarto me fui de intercambio a Japón con una beca; a la vuelta me quedaban todavía asignaturas troncales y optativas por cursar. En aquella época, la USAL no tenía aún japonés en la combinación lingüística de TeI. Aproveché los créditos de libre elección para matricularme en las asignaturas de lengua japonesa que ofrecían en la Facultad de Filología, con la idea de aprender un idioma «exótico» que pudiera ser un as en la manga el día de mañana. Además, nuestros estudios no existen en Japón, de ahí que mi año de intercambio lo pudiera convalidar únicamente por libre elección.

Recuerdo que, en aquel entonces, ya había profesores que recitaban el famoso discurso de que es difícil vivir únicamente de la traducción o la interpretación, por no decir imposible. Lamentablemente, quienes estudiáis TeI ahora sabéis perfectamente de lo que hablo, pero también podéis ver, gracias a este blog y las redes sociales (entre otros medios), que eso no es del todo cierto ;).

En 2008, cuando terminé la carrera, tenía muy claro cuál sería mi siguiente paso: volver a Japón. Llevaba cinco años estudiando japonés, pero, después de haber estado de intercambio en Tokio, sabía que aún me quedaba mucho camino por recorrer si realmente quería trabajar con el japonés, y no solo con el inglés y el francés, mis lenguas B y C en la licenciatura, respectivamente. Aprovecho para comentar que yo había decidido estudiar TeI porque quería ser intérprete de conferencias, principalmente (en la USAL tenían un itinerario específico de interpretación); sin embargo, el japonés cambió completamente mis planes. Con esto lo que quiero decir es, básicamente, que podéis cambiar de opinión, tanto durante la carrera como después. No todo el mundo tiene por qué seguir el mismo camino, ya sea por cuestiones personales o profesionales. Yo iba para intérprete, pero ahora trabajo como traductora de artículos divulgativos sobre Japón; de manga y de novela; de audiovisual… De vez en cuando, interpreto, pero en cabina inglés-español-inglés (es una combinación con poca demanda en Japón, pero suele haber trabajo varias veces al año). Además, hago cosas que no están tan relacionadas con la traducción, como locutar en radio y hacer narraciones para libros de texto, por ejemplo.

El caso es que volví a Japón, donde compaginé mis estudios de lengua y cultura japonesas con la enseñanza del español durante cuatro años. En ese tiempo, también pude trabajar como traductora y revisora de inglés a español, y como correctora de traducciones del japonés al español hechas por traductores no nativos (japoneses). En 2011, un amigo me recomendó para una empresa con la que él colaboraba, así que decidí lanzarme a la piscina y hacer la prueba de japonés-español; la pasé. De hecho, sigo trabajando con esa empresa a día de hoy. Un año más tarde, hice el examen para ser traductora y locutora en la sección de español del servicio internacional de la radiotelevisión japonesa, un trabajo que, dicho sea de paso, me llegó gracias a otro contacto. Y esto me lleva a otra de las cosas que me gustaría contaros: los contactos son muy importantes. Eso que se dice en nuestro gremio de que hay que hacerle saber a todo el mundo a qué os dedicáis es totalmente cierto. A lo largo de estos años, el 80 % del trabajo me ha llegado por mediación de otros traductores e intérpretes (¡GRACIAS!), e incluso de personas que no tienen nada que ver con la profesión pero que se han acordado de mí cuando alguien buscaba traductor. Por eso, siempre que me ofrecen algún encargo que yo no puedo coger, por el motivo que sea, procuro pasárselo a alguien; también les envío ofertas de trabajo a compañeros cuyo perfil considero que se puede adecuar a lo que una determinada empresa o particular esté buscando.

Por último, me gustaría comentaros que ahora mismo estoy redactando el TFM de mi primer —y puede que último— máster, el de Traducción Audiovisual de la Universidad Autónoma de Barcelona. Como veis, no todo el mundo cursa uno nada más terminar la carrera. Yo, por ejemplo, lo empecé en 2017, casi diez años después de licenciarme. Tenía tiempo y dinero para permitírmelo, algo que, modestia aparte, me llena de orgullo (y satisfacción). En su momento, decidí especializarme en una combinación lingüística «rara»; creo que fue una de las mejores decisiones que he tomado en mi vida… y de las más aleatorias (con 17 años, realmente no tenía ni idea de a dónde me llevaría todo esto). Si hay alguien al que le interese orientar su carrera de esta forma, estaré encantada de darle más detalles y consejos.

Karla os atenderá por Twitter y por LinkedIn, si os apetece.

IVÁN FRAILE

¡Hola a todos!

Mi historia se remonta a hace relativamente poco. En 2015 finalicé mis estudios del grado en Estudios Ingleses. Al contrario que gran parte de profesionales, mi formación universitaria fue de Filología inglesa, y no de Traducción e interpretación, y aprovecho para recalcar que sí: cualquiera que se gradúe en alguna filología puede acabar dedicándose a la traducción, siempre y cuando siga formándose y especializándose, por supuesto. Así que mi caso en concreto tal vez pueda servir de cierta ayuda y guía a aquellos graduados o universitarios que estén cursando un grado diferente al de Traducción e interpretación. O, como mínimo, puedan sentirse más identificados.

Terminé el grado con ilusión, todo lo contrario de lo que había sido en años anteriores, puesto que había ocasiones en las que se me hizo muy cuesta arriba en lo que a motivación se refería; en ocasiones sentía que no avanzaba, que no aprendía mucho, e incluso llegaba a dudar de si hice bien en escoger esta carrera, pese a que hubo bastantes asignaturas que disfruté mucho. Por ello, tardé más de la cuenta en finalizar el grado, pero todo ocurre por una razón y no todos debemos llevar el mismo ritmo, claro está. Sin embargo, al final la cosa fue a mejor; sobre todo en el último año, cada vez tenía más ganas de comerme el mundo, de meterme en el mundo de la traducción de lleno, ya que mi único contacto con la traducción hasta 2015, quitando mi práctica personal por mi cuenta, solo había sido una asignatura del grado, de traducción y lingüística contrastiva, y el TFG, en el que investigué y analicé varias traducciones audiovisuales.

Sin embargo, tardé un poco en decidir qué hacer a continuación. Y esto no es malo; es importante saber qué se quiere hacer, y más si se opta por posgrados o un máster. Estuve un año sin estudiar, pero, además de no dejar de lado la práctica de traducción para estar aún más preparado para mi siguiente paso académico, hice una investigación a fondo de lo que tenía a mi disposición y, frente a cualquier duda, escribí a varios traductores profesionales en busca de cierta orientación y consejo. Busqué, busqué y busqué, hasta que encontré muchas opciones diferentes: varios másteres en traducción audiovisual, dos a distancia y uno presencial, muchos cursos sobre traducción, especializados en diferentes modalidades, algún que otro máster en traducción editorial, literaria… Barajé las opciones que tenía, todo esto durante meses, y finalmente me decidí por el máster en traducción audiovisual de ISTRAD. ¿Cómo lo decidí? Leyendo los programas de cada máster y curso y barajando lo que yo consideraba que me convenía más. El resto, cuestión de preguntar, nuevamente, qué opinión había sobre los másteres que más dudaba. Personalmente, recurrí a este porque su programa me gustaba ligeramente más que el de otros. Y no podría estar más contento con el resultado a día de hoy. ¡Ah! Y no dudéis de la eficacia de unos estudios a distancia; son igual de eficaces. A veces incluso más.

Finalicé el máster hace casi dos años y fue el año que más disfruté de toda mi formación académica. Su formación me pareció muy completa, aprendí muchísimo y su amplia oferta de prácticas con empresas resulta de lo más útil e inspirador a la hora de entrar en contacto con el mundo profesional. Durante el máster, realicé dos periodos de prácticas; uno, en una agencia de subtitulado, durante tres meses, en plantilla; otro, con una agencia de traducción audiovisual a distancia durante un mes. Ambas experiencias fueron diferentes y muy enriquecedoras; nuevamente, aprendí aún más. No cabe duda de que las prácticas son un paso esencial en la formación de un profesional de la traducción, ya que es con trabajo real con lo que más se aprende al fin y al cabo, y puede ser la clave para empezar a trabajar, ya sea como autónomo o en plantilla.

Incluso antes de finalizar el máster, empecé a recibir encargos de una de estas agencias y comenzó oficialmente mi etapa profesional como traductor autónomo y desde entonces no he parado de traducir, revisar y pautar subtítulos de películas, series, programas y documentales para diferentes ciclos de cine de Madrid, televisión y plataformas VOD (Netflix y Amazon Prime Video, principalmente). Como anécdota curiosa que puede motivar a los demás en cierto modo, justo en mi primer mes de autónomo recibí un encargo de traducción de una parte de mi serie de anime favorita; por supuesto, es el típico caso de llegar al lugar adecuado en el momento oportuno, pero para que veáis las vueltas que puede dar la vida. Con esta misma agencia tuve también la suerte de trabajar durante varios meses en plantilla como gestor de proyectos, subtitulador y revisor, etapa durante la que también aprendí muchísimo de mis compañeros, todos un encanto, y de todo el proceso que hay detrás de las traducciones. Volviendo al trabajo de traductor desde casa, afortunadamente, con sus más y sus menos, ningún mes he dejado de recibir trabajo, aunque es inevitable que haya meses de menos actividad, sobre todo al principio. Pero con ganas, perseverancia, mimo y pasión, se puede con todo. Y por supuesto, se nota. Al principio recibía menos encargos; no había hecho más que empezar, pero conforme pasaban los meses, cada vez recibía más trabajo, hasta que llegó un punto en el que tenía un flujo de trabajo de no parar semana tras semana. Se acaba formando un vínculo de confianza mutua entre traductor y agencia. Aun así, sigue habiendo meses que, inevitablemente, hay menos trabajo. Esto a veces puede generar bastante preocupación si a finales de mes notamos una disminución destacable de ingresos, pero al final, siempre acaban llegando meses de más curro.

Y claro, ojo. No todo es coser y cantar en cuanto uno se da de alta de autónomo y recibe encargos de algún cliente. Es una profesión que consiste en no parar de moverse. Hay que estar en una constante búsqueda de clientes, de agencias con las que colaborar. Dentro de un mes hago dos años como traductor autónomo y esto, para mí, sigue siendo así; he pasado de recibir trabajo de un solo cliente a recibirlo de dos. Pero, de nuevo, no hay que desistir. La búsqueda de clientes es dura y frustrante; no es fácil. La mayoría de veces no recibimos respuesta a ese correo electrónico que tan bien hemos redactado y en el que tan bien nos hemos vendido; otras veces, aunque obtengamos respuesta, la cosa no da más de sí y no volvemos a saber más; y a veces, incluso tenemos la suerte de que la agencia en cuestión acepta colaborar con nosotros y nos introduce en su base de datos, pero de ahí a que podamos recibir algún encargo puede pasar mucho tiempo. En este sentido, de la mano de la perseverancia, hace falta mucha paciencia, puesto que es un proceso largo mediante el que no se ven resultados inmediatos, pero poco a poco, todo trabajo da sus frutos, y el de la búsqueda de clientes no es menos. Por desgracia, no hay ninguna fórmula mágica para conseguir más clientes una vez que se está metido en el mundillo, más allá de insistir, insistir e insistir, además de presentarse debidamente y destacar los puntos en los que podrías llamar la atención de las agencias para que se interesen en ti, así que os animo a todos a no rendiros nunca en vuestra búsqueda de clientes. Y es que, a pesar de sus dificultades, una cosa está clara: es una profesión preciosa.

En lo de moverse también entra la formación: el saber no ocupa lugar. Siempre podemos aprender más, siempre podemos especializarnos aún más en algo, por mucho que hayamos hecho un grado, un máster y varios cursos, siempre quedará algo en lo que podamos meternos de lleno para, en algún momento, recibir más trabajo, que de esto va todo al final. En lo personal, hace poco he comenzado un curso de Trágora, el de traducción para plataformas VOD, impartido por la tutora Alba Mas, con el que aspiro a profundizar en mis conocimientos ya asentados de la traducción audiovisual y practicar la traducción para doblaje y voz superpuesta, especializándome también en estas modalidades, ya que, hasta ahora, mi experiencia profesional en estos años se ha centrado sobre todo en el subtitulado.

Otro aspecto que considero importante son los contactos y moverse por círculos de traductores. En mi caso, desde que lo hago mediante redes sociales y correo electrónico, no me he sentido tan solo profesionalmente hablando. He podido hablar con compañeros de profesión de dudas, inquietudes, opiniones, experiencias… e incluso leer artículos o ver vídeos muy interesantes e instructivos. También va de la mano unirse a asociaciones, como ATRAE, de la que soy socio, en la que se intensifica aún más ese contacto interprofesional, así como asistir a charlas, reuniones, etc. Además, matas dos pájaros de un tiro: conoces a gente de tu misma profesión de quienes puedes aprender mucho y te abres frente al mundo; porque, oye, quién sabe dónde puedes encontrar a tu próximo cliente. Por lo tanto, otro punto importante en esta profesión es socializar.

En definitiva, nada es fácil, y esto se oye en nuestra profesión y en cualquiera, pero la clave está en seguir adelante, en no rendirse. ¿Que antes necesitas dedicarte a otra cosa por cualquier motivo? ¡Adelante! No te cierres puertas a nada. Si tu pasión y tu sueño es dedicarte a la traducción, ese día llegará si no te rindes y no lo dejas de lado, incluso aunque antes tengas que pasar por otras etapas. Es importante, además, no tener prisa, ya que cada uno avanza a su propio ritmo, y evitar las comparaciones con los demás, que pueden dar lugar a ligeras desmotivaciones: no, no y no. No sois menos que nadie por tardar más en formaros o en empezar como traductor ni en encontrar los suficientes clientes como para poder ser totalmente independientes. Así que, de verdad, os animo a todos a luchar por lo que queréis y a anteponeros ante cualquier situación. Tanto para los que sigáis formándoos o hayáis acabado el grado como para los que ya han puesto un pie en la traducción profesional: no perdáis nunca la esperanza y curráoslo siempre al máximo, porque todo llega y, al final, el resultado hará que todo por lo que pasamos previamente merezca la pena, ¡y con creces!

Además de Twitter, podéis encontrar a Iván por correo.

Menudos dos perfiles, ¿verdad? Son un ejemplo buenísimo de lo que se consigue con mucho trabajo y tesón… y con unos ritmos personales, un camino que no tiene que ser el que recorre todo el mundo. Me siento muy identificada con Karla en cuanto al máster. Siempre digo que aproveché bastante más mi máster de TAV tras unos años trabajando en esto; la experiencia que te dan los años hace que lo absorbas de otro modo. Con esto no quiero decir que no sirva de nada si se hace al terminar al grado, ¿eh?, pero que unos años de parón estudiantil no os impidan disfrutar de una formación reglada más adelante. Se aprovecha muchísimo.

En cuanto a Iván, ¿qué puedo añadir que no haya dicho ya? Sus reflexiones me parecen acertadísimas y son cosas que tanto desde este blog como en charlas y en foros varios se insiste mucho: formarse es importante, así como no tirar la toalla cuando no recibimos respuesta, asistir a jornadas de traducción, etc. Paso a paso y con buena letra se llega lejos.

Hasta aquí los testimonios de hoy, pues. Espero que os hayan gustado y os animen a seguir adelante. ¡Gracias, como siempre, a todos los que participáis y los que nos leéis!

¿Nos vemos en la Feria del Libro?*

*N. de la T.: Si estáis en Madrid este domingo día 16 de junio y os queréis pasar por la Feria del Libro, estaré en la caseta de ASETRAD, la número 15, de 12:00 a 14:00. ¡Pasad a saludar y hablamos un ratito de traducción!

Trucos alternativos para cobrar deudas

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Por desgracia, una de las pesadillas más temidas del traductor autónomo es el cobro de impagos. Tú entregas el trabajo a tiempo, pasan las semanas y aquí no cobra ni el Tato. Así pues, hemos vuelto a hablar con una experta en el tema, Carmina Fernández, que en su momento compartió sus trucos para otra situación peliaguda: cómo gestionar las reclamaciones en traducción.

Evidentemente, para prevenir una situación de este tipo hay que investigar bien al cliente antes (listas negras, Blue Board en Proz, etc.) y pedir el pago por adelantado, pero no siempre es factible. O quizá llevas un tiempo colaborando con una empresa en cuestión sin problemas… hasta que un día se retrasa el pago. Después de unos años, las habrás visto (y leído) de todos los colores: se nos traspapeló la factura; el chico de contabilidad está de vacaciones; ahora mismo tenemos un problema de liquidez, pero se resolverá pronto… Sea como fuere, un retraso puede derivar en un impago. Y es aquí donde surge el problema que Carmina nos ayuda a resolver. ¡Vamos allá!

«Por lo menos a mí, la perspectiva de tener que recurrir a procedimientos legales se me hace muy cuesta arriba. Por eso, antes de llegar a ese extremo, en las ocasiones en las que he sufrido algún retraso en los pagos y unas simples llamadas de recordatorio por las buenas no han funcionado, he intentado quemar hasta el último cartucho antes de pasar a la vía jurídica.

Espero que la mayoría de vosotros no haya tenido que enfrentarse a esta situación ni llegue a tener que hacerlo. No obstante, llegado el caso, quizá podáis intentar alguna de las opciones siguientes:

1. Planifiquemos bien los recordatorios

Naturalmente, una primera llamada para informar al cliente de que no hemos recibido el pago y preguntar qué ha sucedido es lo básico. La respuesta más probable es que haya sido un error o que hayan tenido algún problema de caja, y seguramente nos dirán que nos pagan X día o en la remesa del mes que viene. Pregunta exactamente qué día van a efectuar el pago. Luego llama uno o dos días antes de esa fecha para recordarles que tienen pendiente esa factura y que si te pueden confirmar que tienen planificado abonarla ese día (que sepan que les estás esperando activamente).

Si pasa la fecha prometida y no has recibido la transferencia, toca hacer otra llamada para preguntar qué ha pasado. A partir de aquí, la manera de continuar dependerá de su respuesta y del tipo de cliente que sea (si es alguien con quien colaboraste una sola vez o un cliente con quien has trabajado en varias ocasiones y del que te vendría bien seguir recibiendo trabajo si este es su primer impago, o uno que te debe más facturas que aún no han vencido pero temes que tampoco te las pague…).

En cualquier caso, planifica las próximas llamadas calendario en mano y LLAMA. A veces nos da una pereza inmensa perseguir al cliente para que pague, pero no hay otro remedio. Una llamada a la semana, todos los días a la misma hora, unos días antes de la próxima fecha de pago prometida… Ponte una alarma en el móvil y decide lo pesada que quieres ponerte.

2. Propongamos una división de los pagos

En el caso de que se trate de un cliente de confianza y sepas que el impago se debe a un bache de liquidez y no es cuestión de mala fe, quizá accedan a ir pagándote poco a poco. A lo mejor se trata de una factura muy voluminosa y ellos no han recibido el pago de su cliente, etc. Si aprecian tu trabajo probablemente hagan un esfuerzo por pagarte un tercio o una cuarta parte e ir poniéndose al día mes a mes.

3. Pidamos ayuda al gestor de proyectos

Si el cliente que no te ha pagado es alguien para quien trabajas frecuentemente, quizá pueda ayudarte el gestor de proyectos o la persona de contacto que te envió el trabajo. Probablemente le guste trabajar contigo y no esté dispuesto a perder un colaborador por algún retraso administrativo. Habla con él y dile que estás teniendo problemas para cobrar y que, si esto no se soluciona, no podrás seguir aceptando sus encargos.

Si valora tu trabajo, seguramente podrá hablar con la administración y pedirles que solventen el retraso lo antes posible (que no esperen al próximo mes para pagarte si ha sido solo un “olvido”, o que den prioridad a tu factura en cuanto les sea posible si tienen un problema de liquidez…). Cuando los departamentos de administración son Mordor impenetrables o inflexibles, el gestor de proyectos puede ser tu mejor amigo.

4. Retengamos la entrega de un encargo

Este es un truco algo cuestionable, pero a mí me ha funcionado en un par de ocasiones y siempre es preferible a tener que recurrir a lo legal: acepta un encargo más de ese cliente. Si administración no te ha hecho caso y el gestor de proyectos no ha podido ayudarte, es el momento de presionar un poco más. Acepta un encargo (no muy voluminoso), tradúcelo y, poco antes de la entrega, diles que has recordado/te has dado cuenta/no has olvidado que te deben una factura y que, naturalmente, si no te la abonan no puedes entregarles un nuevo trabajo y arriesgarte a que también quede impagado. Si lo haces con la fecha de entrega suficientemente estrecha, para ellos será más complicado buscar a otro traductor que hacerte una transferencia bancaria rápidamente y enviarte el justificante (el justificante de la transferencia, importante, pídeselo antes de entregar la traducción).

Cuidado con la mala publicidad

No lo contamos como punto porque es una cuestión muy peliaguda y no recomendable. Es importante que haya siempre una denuncia previa (e idealmente ir de la mano de asociaciones para hacer más presión) antes de dar una mala publicidad que encima nos salpique a nosotros por mucha razón que tengamos. Asesorarse bien es esencial.

Es el sistema más mafioso desagradable y hay que cogerlo con pinzas. En la era de Internet, hacer pública su mala praxis puede complicarles la vida, desde luego. Si su fama de malos pagadores se extiende por ProZ o por foros de Facebook, pueden tener dificultades para encontrar proveedores, además de la mala imagen que darían a sus clientes. Pero conviene comprobar si ya existen precedentes con otros traductores y, por descontado, hay que medir mucho las palabras. En general, lo que decimos en las redes dice más de nosotros que de aquel de quien hablamos.

Un ejemplo reciente de esto es el flagrante caso de impagos de la editorial Malpaso (y sus diversos sellos, como Lince), que ha aparecido en prensa varias veces. Estamos hablando de un cliente que debe dinero a autores y traductores por igual ¡y sigue publicando y montando casetas en ferias como la del libro de Madrid!

En fin, estos son métodos que he empleado hasta ahora y, por el momento, he acabado cobrando todas las facturas y sin tener que pagar por cobrar. ¿Y vosotros? ¿Tenéis algún truco infalible para cobrar? ¿O preferís dejaros de subterfugios y pasar directamente al procedimiento monitorio?».

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Otros artículos interesantes:

Acabo de terminar el grado. ¿Y ahora qué? (V) Arturo Pérez, Marta Llopis y Sara Castro

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Una semana más, volvemos con los testimonios de profesionales que llevan en esto unos pocos años. Arturo Pérez, Marta Llopis y Sara Castro nos cuentan hoy sus primeras veces en el apasionante mundo de TeI.

ARTURO PÉREZ ORTEGA

Mis andaduras en el mundo de la traducción comenzaron en el grado de Lenguas Modernas y Traducción de la universidad de Alcalá. Cuando comencé no tenía muy claro el camino que quería seguir. Interpretación me llamaba la atención, pero también la traducción literaria y audiovisual. Fue el tercer año lo que decidió la dirección que seguiría, al descubrir lo que era la localización.

Siempre me ha gustado trabajar con ordenadores, trastear con programas y archivos, y escogí la optativa de localización de software. Allí descubrí que muchos de los conocimientos que ya tenía sobre informática eran útiles y compatibles con lo que estaba aprendiendo de traducción. También aprendí que la localización era indispensable a la hora de trabajar en la industria de los videojuegos, lo que me interesaba particularmente. Esa fue la meta que me propuse por entonces.

En cuarto curso comencé a preparar mi TFG centrado en la traducción de videojuegos y a buscar como especializarme en estos temas. Encontré varios cursos de posgrado entre los que se encontraba el máster en Informática Multilingüe y Localización de la Universidad de Limerick, en Irlanda. Este me lo había recomendado en su día mi profesora de localización, y nada más presentar mi TFG y recibir mis notas me inscribí en él.

El máster duró un año y fue muy intenso, tanto los profesores como los compañeros eran gente brillante y aprendí muchísimo de localización, herramientas TAO y gestión de proyectos. Días antes de acabar mi TFM recibí una oferta de trabajo en una agencia de traducción como técnico de localización y herramientas de traducción. Para aceptarlo, me mude a Málaga. De esto hace ya tres años. Mis labores diarias en la empresa incluyen la gestión de proyectos, soporte, formar a los traductores…

Al trabajar en traducción, como todos los compañeros saben, formarse es una necesidad constante, y durante mi tiempo en la empresa aproveché para realizar cursos, estudiar idiomas y traducir para no perder la costumbre. Actualmente estoy estudiando el máster de Especialista en Traducción para la Industria del Videojuego en la Universidad de Vigo, gracias a que mi empresa me permite el teletrabajo. De este modo, sigo explorando los campos que me interesan de cara a posibles oportunidades futuras.

En mi caso, tuve mucha suerte y no hubo una pausa entre acabar mis estudios y encontrar mi primer trabajo (lo cual tiene su lado positivo y su lado negativo). Sin embargo, según mi experiencia, esto parece estar justificado. Hay vacantes de gestores de proyecto y empresas buscando a personas con la formación adecuada para ello.

No os voy a mentir: si os gusta traducir, lo echaréis de menos. Además el teletrabajo no es común en esta clase de puestos. Podríais tener que mudaros para aceptar un puesto. Por otro lado, en la gestión de proyectos tendréis la oportunidad de aprender sobre el funcionamiento de la industria desde otra perspectiva más amplia. Fundamentalmente lo considero un trabajo menos solitario, lo cual para algunos es otro punto a favor. Trataréis con clientes y traductores y desarrollaréis otras habilidades distintas que os pueden ser muy útiles también.

Desde aquí, me gustaría animaros a considerar esta alternativa a la hora de formaros. El gestor de proyectos, como el técnico de localización y otros trabajos similares siguen siendo puestos dentro de la industria de la traducción. Con esto, quiero decir que la experiencia que obtengáis seguirá siendo relevante para vosotros. Siempre podéis volver a la traducción habiendo trabajado como gestores, del mismo modo que nunca es tarde para redirigir vuestra carrera si ya sois traductores y os gustaría probar.

Creo que ya me he extendido demasiado con mi experiencia, espero que os pueda ser de utilidad a la hora de valorar vuestras alternativas. Si tenéis cualquier pregunta, podéis mandármela sin ningún problema a arturoenactivo@gmail.com o contactar conmigo a través de mi LinkedIn.

MARTA LLOPIS

¿Y ahora qué? Acabas la carrera y no sabes qué hacer con tu vida. ¿Trabajo? ¿Y si me meto a un máster? ¿Y cuál? La sensación de triunfo al entregar el último examen se entremezcla con el miedo a la incertidumbre.

En mi caso, la incertidumbre era peor, porque mi lengua A era lengua de signos catalana (me va lo exótico) y la segunda el inglés, así que yo iba para intérprete. Pero como la vida es caprichosa, en 3.º me di cuenta de que a mí lo que me gustaba era traducir. Como ya sabía que a traducir se aprende traduciendo y aprovechando que la bolsa de la universidad aún era gratis para mí, me apunté a una oferta de prácticas y mira por dónde ¡me cogieron! Tres meses como revisora de textos jurídicos que me sirvieron para reforzar mi decisión de ser traductora.

Llega cuarto de carrera y termino los estudios sin saber qué hacer: ¿máster? ¿trabajar? Personalmente, no me sobraba el dinero para meterme a un máster al tuntún, por lo que me puse a trabajar de lo que me salía. De mientras que cogía experiencia, cada día, literal, miraba InfoJobs, LinkedIn y derivados, hasta tal punto que me aprendí las horas a las que se subían nuevas ofertas.  Me planteé ser autónoma, y como tal, empecé a mirar también portales con ofertas de trabajo de #xl8 como TranslatorsCafé, ProZ, pero decidí que no era para mí. Por último, pagué por apuntarme como alumni a la bolsa de empleo de la universidad; tampoco era una barbaridad de dinero y pensé que igual algún día la inversión me rendiría al encontrar trabajo, y así fue. Allí encontré el puesto en una agencia de traducción en el que ya llevo tres años trabajando como traductora en plantilla.

Para finalizar, te diré que no hay un solo camino para ser traductor, trabajos tendrás muchos durante tu vida y todos te enseñarán algo que te servirá, por ejemplo, con la gestión y el contacto con clientes que suele ir asociada con nuestro oficio.

Si quieres hablar con Marta, la encontrarás en Linkedin  y también puedes enviarle un correo a: m.llopis.19@gmail.com.

SARA CASTRO

Cuarto de carrera es el año de las dudas en todas las facultades de TeI. Así estaba yo, empezando el último año y sin saber muy bien qué hacer después de una experiencia agridulce con algunas asignaturas y las expectativas deprimentes del sector que nos pintaba algún docente cenizo.

Una de las profesoras que sí estaba al pie del cañón invitó a una exalumna a hablarnos de las salidas después de terminar la ardua época en la que nos encontrábamos. Os destripo el final: esa exalumna ahora es mi jefa y una de las personas de las que más he aprendido a lo largo de mi trayectoria.

Unos meses después de esa charla, ahí estaba yo, delante de un ordenador en una oficina del centro de Madrid, acompañada por tres profesionales del sector y tecleando mi primera traducción fuera de las aulas. Mi primer día de prácticas también fue mi primer día en el mundo de la traducción. Empecé a gestionar proyectos, a hacer presupuestos, a buscar clientes, a traducir textos diferentes a diario (algunos resueltos mejor que otros) y, lo más importante, descubrí mi especialidad: la traducción audiovisual.

Ahora, dos años después y terminando el Máster de Traducción Audiovisual de la UAB, hago encaje de bolillos para compaginar el trabajo en plantilla con otras prácticas profesionales, esta vez en localización de videojuegos, con otra gran maestra del sector.

Como dice mi madre, a nosotros no nos regalan nada, así que no hay que quedarse de brazos cruzados y, sobre todo, no debemos conformarnos con lo que nos dan masticado en las aulas. En mi facultad, la TAV era la gran ausente — ¿qué es eso, se come? — y las prácticas tenías que buscártelas por tu cuenta, así que, si no hubiera tenido la iniciativa de buscar fuera, no habría llegado hasta aquí.

¡Sed inconformistas y luchad por lo que os apasiona, pequeños traductores!

Sara os atenderá en LinkedIn y en su perfil de Twitter.

Esta semana vemos unos caminos distintos. Arturo, por ejemplo, es ahora gestor de proyectos, algo que no se había planteado pero que surgió y le encanta. TeI tiene muchísimas salidas y no necesariamente nos vamos a dedicar a traducir. Abrirse a las muchas opciones que nos ofrece la carrera es muy importante: nunca sabes al final lo que te va a apasionar si no lo pruebas.

Por su parte, Marta incide en la importancia de buscar no solo donde siempre (ProZ, TranslatorsCafé), sino también apuntarse a las bolsas de empleo para exalumnos que ofrecen las universidades. ¿Os lo habíais planteado?

Y en cuanto a Sara, una palabra: iniciativa. No, no nos lo dan todo hecho y hay que empezar a moverse cuanto antes. Creo que es algo que muchos decimos a menudo, pero es imprescindible.

Y hasta aquí los testimonios de la semana. ¡Nos vemos muy pronto! Como siempre, si queréis dejar el vuestro, podéis hacerlo en comentarios o escribiendo a info@las1001traducciones.com. Gracias por participar y por leernos.

Acabo de terminar el grado. ¿Y ahora qué? (IV) Manuel Crespo, Cristina Esteban y Paula Barbero

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Esta semana son tres los compañeros que nos cuentan sus vivencias después del grado: Manuel Crespo, Cristina Esteban y Paula Barbero. ¿Queréis saber qué opinan de cursar un máster o hacer prácticas en agencia? ¡Seguid leyendo!

MANUEL CRESPO

Quizá mi camino no sirva para ilustrar cuestiones concretas acerca de cómo buscar clientes o qué hacer con el pago atrasado de una factura en los primeros meses, pero creo que sirve para dar luz a un recorrido algo diferente.

Cuando sales de la carrera, te asedian con la idea del máster, un asedio constante que te acaba por hacer creer que todo el tiempo que tardes en elegir un máster es tiempo que pierdes y que tus compañeros ya están aprovechando para formarse por delante de ti. En absoluto.

Al terminar el Grado, no tenía ni repajolera idea de qué hacer con mi vida. Y, mientras tanto, lo mejor era trabajar, de lo que fuera, ganar dinero, ahorrar y conseguir experiencia. Encontré, gracias a una compañera de la carrera, trabajo en un hotel como recepcionista. No era mi trabajo soñado, ni siquiera era algo que me había planteado, pero acabó gustándome y quién sabe, no me habría importado seguir ahí hoy en día. Gracias a ese trabajo, pasé un año ya en el mercado laboral y pude organizar mis ideas y decidir que querría probar suerte en la TAV. Por eso decidí hacer el máster en el ISTRAD, en Sevilla.

Hice las prácticas de manera presencial en Valencia, mi ciudad, y lo que pasó a continuación os sorprenderá, y mucho, pues tuve suerte de que una compañera dejó su plaza y me la ofrecieron a mí. El resto es historia y aquí sigo. Evidentemente, la suerte ha tenido una importancia determinante en mi trayectoria, sin embargo, creo que sí que es importante saber que, cuando acabas la carrera y todo te parece un mundo, el empezar a andar ya forma parte del camino. No hay que agobiarse ni pensar que no se va a poder vivir de ello. Se puede.

En resumen: No te preocupes si has acabado la carrera y no sabes qué hacer con tu vida, te deberías preocupar si no estuvieras sintiendo eso. Tampoco tengas prisa en elegir qué máster hacer, (si es que quieres hacer) mira bien la oferta y date tiempo para saber cuál es la especialidad que quieres hacer. Si yo me hubiera lanzado nada más acabar la carrera, habría ido al Máster de Traducción en los Servicios Públicos de Alcalá o al Máster de Traducción de videojuegos del ISTRAD… Nunca se sabe si en esas especialidades me habría ido bien o mejor que ahora, pero sí que sé que habría sido una decisión fruto de la ansiedad por ponerme a estudiar un máster cuanto antes.

Manu os atenderá encantado en Twitter y en su correo electrónico.

CRISTINA ESTEBAN

Mi nombre es Cristina, y en 2015 me gradué en Traducción e Interpretación por la Universidad de Granada. Como casi todos mis compañeros, en el último curso estaba bastante asustada y nerviosa por no saber qué iba a ser de mi vida después de la carrera. Había algunos que tenían claro que iban a coger la vía del profesorado, otras muchas compañeras se metieron a azafata de vuelos, pero los que de verdad queríamos ser traductores o intérpretes veíamos el futuro bastante negro. 

En mi caso, tengo que decir que tuve bastante suerte. Un día ya casi al final de curso, durante una clase de no me acuerdo qué asignatura (una que no me interesaba mucho, claro está), me decidí a redactar una carta de presentación y a actualizar mi CV para mandárselo a todas las empresas de traducción que hubiese en Marbella, que es de donde soy. Antes de que la clase terminase, una de las empresas me contestó al email diciéndome que justamente estaban buscando a alguien para que se incorporase en verano a su oficina. Fui a Marbella a hacer la entrevista, y al día siguiente de terminar la carrera ya estaba trabajando como traductora en plantilla.

Hacía traducciones de todo tipo, pero ya que la mayoría de los clientes de la agencia eran despachos de abogados, me especialicé en la traducción jurídica, que además era la especialidad que había elegido en la carrera. A los tres meses de empezar, dejé la empresa para irme 6 meses a China, y cuando volví llamé a la que era mi jefa y me volvieron a dar el puesto. 

Un tiempo más tarde decidí trasladarme a Madrid por motivos personales, pero como estaban muy contentos con mi trabajo me siguieron (y siguen) mandando trabajo. En Madrid empecé trabajando de secretaria para mantenerme, y lo que hice fue mandar mi CV a agencias de traducción y despachos de abogados (insistiendo mucho), y poco a poco me fui haciendo con una cartera de clientes. Me hice unas tarjetas de visita y aprovecho cada oportunidad que tengo para repartirlas. Al final todo es insistir mucho y tener un poco de suerte, aunque haya momentos que todo se vea muy negro.

Podéis encontrar a Cristina en Twitter, en su correo y en su web.

PAULA BARBERO

Considero que mis primeros pasos en el mundo profesional los di poco antes de graduarme. En cuarto quise realizar unas prácticas en alguna agencia para poder tener una idea del mundillo más allá de la burbuja universitaria y, tras enviar decenas de correos —muchos de ellos sin respuesta y otros con respuesta negativa, así que no os desmoralicéis—, conseguí entrar a una agencia pequeñita de Madrid. Estuve muy contenta con la decisión porque allí pude adquirir no solo práctica traduciendo, sino que también tuve la oportunidad de experimentar cómo funcionaba una empresa de traducción «entre bambalinas».

Después de esas prácticas, como me dejaron tan buen sabor de boca, quise probar con las prácticas Erasmus+, pero en el último momento surgieron problemas con la beca y me vi huérfana de planes en pleno verano. Ahí fue cuando tuve esa crisis existencial que seguramente hayas tenido (o tengas ahora mismo) sobre qué hacer al terminar la carrera: máster, cursos, más prácticas, echar CV a todo lo que se me pusiera por delante, lanzarse como autónomo… Afortunadamente esa crisis me duró solo una semana, pues dio la casualidad de que quedó un puesto libre de gestión de proyectos y traducción en la agencia donde hice esas prácticas de las que hablaba al principio. En un visto y no visto, me vi con mi primer contrato de traductora; feliz de poder estar trabajando en lo que había estado estudiando durante cuatro años y sin haber sufrido demasiados quebraderos de cabeza.

Además, desde entonces he hecho un curso de traducción jurídica y sigo estudiando alemán. Me caló el mensaje que leo siempre en blogs de que en esta profesión nunca se deja de aprender. ¡Y no se sabe lo que deparará el futuro!

Soy consciente de la suerte que he tenido, pero por testimonios de otros compañeros veo que más gente ha tenido esa suerte. Eso me hace pensar que las oportunidades van surgiendo si facilitamos el camino. Creo que es muy importante que se lleven una buena imagen profesional de ti en todo lugar que trabajes, y no desistir por muchas negativas que te lleguen. Tal vez la siguiente puerta a la que llames sea la que se abra.

Paula estará encantada de aconsejaros en Twitter y también en LinkedIn.

Como veis, las experiencias son muy distintas, igual que el punto de partida, pero los tres están trabajando ahora en lo que querían. Suerte, constancia, paciencia… Se hace camino al andar.

Recordad que podéis encontrar todas estas experiencias cada lunes en el blog, leer las entradas pasadas con la etiqueta «testimonio» en el buscador o, simplemente, clicar aquí: primera, segunda, tercera. Y recordad que aún podéis enviarme vuestra historia a info@las1001traducciones.com. ¡Gracias!

Acabo de terminar el grado. ¿Y ahora qué? (III) Cristian Marcote y Laura López

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Por tercera semana consecutiva, tras la primera y segunda entregas, abrimos el blog a los testimonios de dos compañeros, Cristian y Laura, que nos contarán cómo se han abierto paso en este mundillo. ¡Vamos allá!

CRISTIAN MARCOTE

Terminé TeI en el curso 2014/2015. Me quedaban por cursar unas pocas asignaturas del 2.º cuatrimestre así que, para aprovechar el tiempo libre que tenía el cuatrimestre anterior, me puse a buscar prácticas en Alemania, Austria y Suiza. Uno de mis objetivos era ampliar y consolidar los conocimientos que tenía de mi segunda lengua de trabajo. Entré en contacto con una empresa con sede en Suiza con la que trabajé 8 meses en prácticas.

Tras regresar y terminar la carrera, inicié la búsqueda de empleo. No fue fácil; la opción más obvia era trabajar como traductor en plantilla en una empresa de traducción, donde los puestos de traductor son limitados. Así pues, al no conseguir respuesta en las puertas a las que llamaba, seguí buscando alternativas que al menos estuviesen relacionadas con los idiomas. Vi un anuncio para trabajar captando clientes internacionales para ofrecer servicios turísticos. Trabajé con mis compañeras unos meses que para mí fueron muy enriquecedores y me permitieron poner en práctica mis lenguas de trabajo, pero también desarrollar habilidades interpersonales.

No obstante, mi verdadera aventura laboral empezó a finales de ese 2015, cuando llegaron a mí por distintas vías varias ofertas de empleo como traductor en plantilla y estuve inmerso en pruebas de traducción, entrevistas, nervios y emoción. Los procesos de selección avanzaron de manera muy satisfactoria hasta el punto de que tuve que hacer balance y apostar por una empresa.

Y así es como durante dos años estuve trabajando como traductor en plantilla. Tengo que decir que, aunque uno tenga claro que quiere hacerse traductor por cuenta propia, pasar por una empresa de traducción y conocer los procesos implicados en la cadena de producción ayuda a ampliar horizontes y entender mejor cómo funciona por dentro, qué valoran los gestores de proyectos, cómo puedes facilitar su trabajo, conocer los ratios de producción que se manejan en el sector, etc. No solo eso, sino que lo considero un comienzo más llevadero; a mí me fue de gran ayuda ir más «acompañado»: al trabajar con compañeros con más experiencia que yo recibía correcciones, comentarios de forma continuada y aprendí de diversos errores «por las buenas».

A principios de 2018 decidí cambiar y empecé por mi cuenta. Con algo de experiencia de los dos años anteriores, sería más fácil arrancar desde cero. Tuve la fortuna de empezar con unos poquitos clientes gracias a mis trabajos anteriores. Aun así, sin duda una de las dificultades a día de hoy sigue siendo ampliar mi cartera de clientes. Para superarlas intento acudir de vez en cuando a eventos, formales o informales (congresos, cursos o formaciones, encuentros de traductores…) siempre que la agenda lo permite, además de valorar otras acciones que puedan ser de ayuda, como contactar con agencias y otros potenciales clientes… Sobre todo, buscar y hacerse ver; así es como te van a encontrar; tener una web y ya no es suficiente. ¡Y que tu círculo de amistades sepa qué haces! Nunca se sabe si en sus empresas alguna vez necesitarán una traducción profesional y te podrán recomendar.

Esta dificultad para encontrar clientes no va ligada necesariamente a no «conocerse», sino que a veces la colaboración no es posible por cuestión de tarifas. Aunque es difícil empezar y es muy tentador conseguir cuántos más clientes mejor, recomiendo valorar si compensa. A corto plazo desde luego que no es interesante, pues se contribuye a bajar los precios del mercado. A la larga, además, vas a tener que trabajar el doble o el triple para llegar a fin de mes y ganarte el pan, en detrimento de tu salud. Por eso, yo intento siempre encontrar un punto medio con potenciales clientes y tengo un límite que me he definido a partir del cual no bajo. Solo he hecho alguna excepción de manera puntual, por algún proyecto que me interesaba hacer por un motivo u otro. Si no llego a un acuerdo con algún posible cliente, sigo buscando. Caminante, no hay camino…

Los comienzos son difíciles, pero al final uno recoge lo que siembra 🙂 ¡Muchos ánimos!

Podéis poneros en contacto con él al correo electrónico o en su web.

LAURA LÓPEZ ARMAS

Voy a contarles un poquito cómo empecé. Prometo que esta historia tiene un final feliz, aunque al principio no parezca tan positiva.

Mi historia comenzó en 2006, cuando entré en la Licenciatura de Traducción e Interpretación. Empecé bien la carrera, aprobando todo a la primera, pero los dos últimos años ya iba arrastrando asignaturas. Acabé muy desganada y desmotivada y toda mi ansiedad me afectaba muchísimo (insomnio y colon irritable). Me fui de Erasmus a Dublín y cuando volví decidí dejar la carrera. Fue una etapa muy mala, no tenía ganas de nada, no me sentía tan inteligente como me decía mi familia (de hecho, sentía que era tonta y que no valía) y me puse a trabajar de azafata de vuelo.

Después de unos años, cuando ya estaba cansada del trabajo de azafata y sus horarios, gracias a la motivación de mi familia, en especial de mi marido (gracias, Dani), saqué fuerzas y me metí en el Grado. Fue una de las mejores decisiones que he tomado en mi vida. Todo esto lo cuento porque no todos tenemos que seguir el mismo ritmo, ni el mismo camino que los demás. Yo NECESITABA ese descanso para coger fuerzas y volver a la carga con más ganas que nunca. Y así lo hice.

Terminé el Grado en Traducción e Interpretación inglés/alemán en junio de 2018, con buenas notas, y sin ansiedad (de hecho, más feliz que nunca).  Al igual que muchos compañeros, durante el Grado no tenía ni idea de lo que quería hacer al terminar. Sabía que me gustaban la docencia y la interpretación simultánea, pero la traducción me aburría bastante. Esto fue hasta que llegué a 4º y cursé la asignatura de Traducción Audiovisual. Y, casualidades de la vida, ese mismo año fue el II Tradican (las Jornadas de Traducción e Interpretación de Canarias), y vino el gran Quico Rovira-Beleta (traductor de películas como: Star Wars, Star Trek y casi todas las de Marvel). Después de su ponencia, tuve la oportunidad de entrevistarlo para mi blog (que, por cierto, creé para una asignatura y he seguido con él hasta ahora) y al final de la entrevista, le pregunté si creía que era posible conseguir dedicarme a eso (traducción audiovisual), y me dijo: «Hazlo. Inténtalo. Inténtalo porque lo conseguirás». Siempre me había gustado esa traducción, desde pequeña, cada vez que veía una película o serie, trataba de inventar alternativas si una frase no me convencía. Pero siempre creí que los traductores de películas eran «dioses», no creía que una novata como yo podía empezar en ese mundillo así como así.

Como dije, asistí, durante los dos últimos cursos, al Tradican, y en el primero tuvimos la enorme suerte de contar con Scheherezade Surià (<3), que nos habló de la traducción editorial. Así que el último año de carrera, mientras hacía el temido TFG («Traducción Audiovisual de canciones Disney: Moana»), fui enviando currículums a estudios de doblaje y editoriales. Me di cuenta de que la traducción que me gustaba era la creativa, la que me permitía dejar volar la imaginación y la que no seguía unas pautas estrictas. Por cierto, recomiendo muchísimo asistir a este tipo de jornadas ya que, además de aprender mucho, conoces a profesionales que te ayudan e informan. Yo he tenido la suerte de poder contar con muchos de ellos [i]que me han ayudado y aconsejado, y a los que ahora puedo llamar compañeros.

Finalmente, tras graduarme en junio de 2018, recibí mi primer trabajo para traducir un documental. Ese trabajo me llegó al mes siguiente de graduarme, en julio, y era un documental para el Canal Odisea. No me lo podía creer. Mi primer documental. Se llamaba Norteamérica desde el cielo: Ciudades 24 h. y era de San Francisco. Después de ese, hice algunos más de esa serie. Luego me llamaron para traducir los subtítulos de una película que iba a estrenarse en el Festival de Cine de San Sebastián (Y en cada lenteja, un Dios). Me llamaron diciendo que el estudio de los documentales me había recomendado. Así que imagínense lo importante que es hacer un buen trabajo, por muy pequeño que parezca. Y a partir de ahí empecé a trabajar con estudios para la BBC, HBO (para el que hice el documental de Axios) o Netflix. No quiero decir que fuera fácil, porque me rompí los cuernos buscando, enviando, informándome (y aún sigo), pero al final vale la pena. Tengo muchísima suerte de trabajar en lo que me apasiona (o de que me apasione mi trabajo) y estoy viendo que, con esfuerzo y pasión, todo se consigue.

Me gustaría volver a resaltar la importancia (al menos para mí) de asistir a jornadas, congresos, eventos, #Traducafés (que ahora hay en muchísimas ciudades de España) y otros tradusaraos. Lean muchos blogs de traducción (a mi me ayudó mucho el de Scheherezade) para que aprendan de los expertos. Y no se desanimen, porque el camino puede ser duro, pero es una carrera de fondo, y poco a poco se va consiguiendo.

Y esta es mi historia. Como conclusión, quiero que se queden con el mensaje positivo, con que sí se puede, con que cada uno tiene su ritmo y no hay que cerrarse a nada. Con que de todo se sale. Y con que este es un gremio precioso, con compañeros que se ayudan y apoyan, que no son de poner zancadillas a otros. Espero que esto les sirva de algo, y que les motive para hacer lo que de verdad les apasione.  

Cualquier duda que tengan, pueden escribirme sin problema a través de mis redes sociales o correo electrónico. Si puedo resolver sus dudas, lo haré encantada.

Keep calm and translate!


[i] Gracias, Quico, Scheherezade, Tenesor, Xosé, Fernando, Reyes, Carlos y muchos más.

Laura es muy activa en Twitter, pero la podéis encontrar también en su web y por correo electrónico.

Perseverancia y tesón. Si no sale a la primera, sigues intentándolo. Laura y Cristian empezaron trabajando de otra cosa hasta que consiguieron el trabajo que ahora les llena. Laura incluso dejó la carrera y la retomó años después. Estos dos testimonios ilustran que no todo sale a la primera y que no pasa absolutamente nada. Dicen que lo bueno se hace esperar, ¿no?

Coincido con Cristian en que trabajar en plantilla es una buena forma de aprender y de ver lo que hay al otro lado del tapiz. Y también que no basta con una web (¡muy buen apunte!): tienes que moverte, trabajártelo mucho y ser receptivo. Y de Laura ¿qué puedo decir? No la conozco en persona, pero la veo con ganas de comerse el mundo… Como hemos visto en anteriores testimonios, todo es cuestión de trabajo y de una pizca de suerte, pero también hace falta una gran dosis de pasión.

Y hasta aquí llegamos hoy. ¡Os espero en el próximo artículo!

Acabo de terminar el grado. ¿Y ahora qué? (II) Iago Álvarez y María Cárcamo

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Volvemos a la carga esta semana con dos compañeros más que nos contarán cómo han llegado hasta aquí, lo que les ha funcionado… y lo que no. María Cárcamo es traductora audiovisual y hace también sus pinitos en literaria; Iago se dedica sobre todo al testeo lingüístico de videojuegos. Veamos qué se cuentan.

MARÍA CÁRCAMO

Estudié Filología Francesa y luego hice el Máster de Traducción Audiovisual del ISTRAD y la Universidad de Cádiz. Durante el Máster, cometí el error de pagar —sí, pagar— a una empresa que se dedicó a enviar mi CV a diestro y siniestro a un montón de agencias de traducción de todo el mundo, con correos electrónicos genéricos y repetidos y sin ningún tipo de valor, claro. Fue un fracaso absoluto y no lo recomiendo en absoluto.

Una de las empresas que recibió mi CV de esa forma —una de más de 500, creo recordar—, se puso en contacto conmigo, hice una prueba y empecé a trabajar con ellos mientras aún estaba en el Máster. Eran poquillas cosas, pero me sirvió para seguir aprendiendo de otros campos, ya que era una empresa de localización de apps y páginas web.

Al finalizar el Máster, hice las prácticas en BBO Subtitulado, donde aprendí muchísimo y pude conocer el mundo real de la TAV. Pero cuando se acabaron, volví a no saber qué hacer con mi vida. La empresa de localización seguía contando conmigo, pero no era suficiente para darme de alta, ni para vivir. Así que empecé a enviar el CV a más empresas, esta vez con correos personalizados a la persona encargada —cuando sabía quién era la persona encargada— y explicando qué es lo que me había llamado la atención de ellos y por qué quería que colaborásemos. Tampoco obtuve grandes resultados.

Hasta hace un par de años, cuando alguien en Facebook comentó que en el estudio de doblaje en el que trabajaba, necesitaban traductores. Empecé a colaborar con ellos en seguida y, hoy en día, son el cliente que más trabajo me envía, prácticamente a diario.

Twitter también fue bastante importante para mí porque, aparte de conocer a muchísimos colegas traductores con los que compartir penurias y alegrías, una editorial contactó conmigo tras haber leído el famoso hilo que escribí. Me dijeron que habían leído mi Twitter más a fondo y que mi forma de expresarme y de ser les había gustado mucho y que creían que encajaba perfectamente con un libro que tenían pendiente de traducir. Y me lancé a la piscina, por supuesto. Fue toda una responsabilidad y tuve momentos de mucha ansiedad, pero disfruté muchísimo y espero que este dé pie a muchos otros libros más.

El enviar el CV, en mi caso, no ha sido de gran ayuda. En definitiva, creo que lo que mejor funciona en el momento que vivimos ahora, es el boca a boca y el networking. Es mucho más fácil que contacten contigo porque alguien ha hablado de ti, o porque te han leído en redes, que por enviar un CV que se perderá en una bandeja de entrada, por muy personalizado que hagas el correo. No digo que no haya que hacerlo, ojo. De hecho, lo sigo haciendo. Pero hay que tener la suerte y la puntería de que sea tu correo el que deciden leer, y no otro. ¡Ay, la suerte! Es muy importante en esta profesión, aunque no más que la perseverancia y el trabajo duro. Hay que insistir muchísimo, atreverse a dar el primer paso, aunque sepas que no buscan traductores en ese momento, y echarle cara, por qué no decirlo. Hay que saber venderse muy bien, yo aún estoy aprendiendo.

En definitiva: hay que estar en continuo movimiento y conocer a toda la gente que puedas; hay que insistir y no tener miedo a ser pesado y, por último, creo que la presencia en redes, actualmente, es muy importante. Aunque no hables exclusivamente de traducción, nunca sabes quién te está leyendo y cuándo puede necesitar que traduzcas algo de que tú eres experto porque es una de tus mayores aficiones.

¡Mucha suerte!

*Podéis encontrar a María en su web o en LinkedIn*

IAGO ÁLVAREZ

Al momento de terminar la carrera, ya tenía claro que me quería especializar en el ámbito de la localización de videojuegos. De hecho, mi trabajo de fin de grado consistió en traducir un pequeño juego y mis prácticas de empresa fueron con un traductor de videojuegos. Tras la carrera, estudié un máster donde impartían materias relacionadas con este ámbito y, a un mes de terminarlo, el profesor que llevaba mi TFG me habló de una oferta de trabajo como tester lingüístico (LQA) de videojuegos en una empresa de Dublín. Decidí intentarlo, hice la prueba y entrevista correspondientes, me contrataron y me mudé a Irlanda para mi primera oportunidad laboral.

Al principio todo era un poco raro, muchas cosas nuevas y muchas tareas a las que no estaba habituado, pero con tiempo y práctica acabé cogiendo ritmo y adaptándome a todo. Cuando finalizó mi contrato a los 4 meses, decidí quedarme un mes en la ciudad buscando otra empresa en la que trabajar, fuese de lo mismo o de traductor. A las 3 semanas, y tras enviar varios currículums a diversas empresas repetidas veces, ya fuese a través de portales de búsqueda de trabajo o en las propias webs de las empresas, me contactaron de una compañía para trabajar de tester LQA de videojuegos. De nuevo, hice la prueba y entrevista pertinentes y me acabaron contratando.

Al tener ya cierta experiencia, la adaptación fue mucho más sencilla. En esta empresa estuve algo más de año y medio, una etapa en la que aprendí muchísimo, hasta que decidí dar el salto a la traducción de videojuegos de forma autónoma, momento en que me volví a mi tierra natal. No obstante, poco antes de volver, se había puesto en contacto conmigo una empresa de revisión de software a través de LinkedIn para trabajar de forma autónoma. Tras una exhaustiva prueba, tal vez la más difícil de mi vida hasta ahora, conseguí el trabajo, algo que compaginé durante unos meses con mi trabajo de oficina como tester.

Una vez había vuelto a mi tierra y me había dado de alta de autónomo, comencé a buscar clientes peinando la red. No obstante, a mayores de los clientes que encontré de esa manera, hubo uno que fue recomendado a través de un antiguo compañero italiano de mi época como tester, al cual le había comentado mi idea de hacerme traductor. A este le gustó mi idea y siguió el mismo camino que yo, y me comentó que uno de los clientes que había encontrado buscaba traductores de español, por lo que contacté con ellos y conseguí el trabajo tras pasar la prueba correspondiente. Del mismo modo, otro amigo traductor, esta vez español, me comentó que estaba en un proyecto donde necesitaban a un traductor más, por lo que contacté con ellos para hacer la prueba y conseguir el trabajo.

Por estas cosas, es importante llevarse bien con los compañeros de profesión y ser sociables, así como mantener actualizado vuestro currículum y vuestro LinkedIn, ya que nunca sabes dónde puede surgir una oportunidad laboral o quién puede necesitar vuestros servicios. Por último, quiero destacar que es importante confiar en uno mismo y darlo todo. Es la mejor forma de afianzar clientes y oportunidades, tanto en el trabajo como en la vida personal.

*Podéis hablar con Iago por correo o en LinkedIn*

Algo que comentan estos dos compañeros y que me parece esencial es el factor más humano del llamado networking. Quizá es algo que al principio cuesta más crear, pero doy fe de que, a la larga, muchos trabajos os pueden llegar de los compañeros. Alguien oye que buscan a un traductor; un amigo no puede hacerse cargo de una traducción determinada y pasa vuestro contacto; una colega se va de vacaciones y os deriva trabajo, etc. En definitiva, ser proactivos y fomentar el compañerismo solo tiene ventajas.

María habla también de su hilo que se hizo viral y que le abrió las puertas de una editorial. Twitter (o las redes en general) es un escaparate más. Hay quienes lo utilizan solo para cuestiones profesionales, para otros es un desahogo puramente personal y un tercer grupo combina ambas cosas. No hay un método infalible y creo que, en el fondo, hay que ser auténtico y conectar con la gente. Yo también he conseguido trabajo gracias a las redes sociales y sin buscarlo activamente (otras veces sí, claro). Como todo, no son la panacea y sin un buen trabajo detrás solo serás fachada, pero si puedes meter la patita por tu forma de explicar las cosas, por tus tuits o tu blog, aprovéchalo.

Espero que os hayan gustado estas experiencias. Si os apetece, podéis dejar un comentario aquí mismo o enviar vuestro testimonio a info@las1001traducciones.com.

Acabo de terminar el grado. ¿Y ahora qué? Hablan Carla Bataller y Javier Rebollo

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De entre todas las consultas que pueden llegar durante la semana de compañeros, las más habituales son: «¿Qué hago al acabar el grado?», «¿Cómo capto clientes?», «¿Por dónde empiezo?». Es normal. Sales del grado con ilusión y caes en los brazos de la incertidumbre y la inseguridad, pero créeme que esa sensación de ir como pollo sin cabeza la hemos tenido absolutamente todos en algún momento.

Y en realidad no hay una fórmula mágica —¡ojalá!—, pero cada uno intenta apañarse como puede con los consejos que le dan, los libros que lee (la semana pasada os recomendaba uno coordinado por profesoras de la Universidad de Murcia) y como buenamente puede, vaya. Por eso, aunque desde este blog he hablado muchas veces de encontrar trabajo, al final todo tiene un matiz personal y he pensado que sería buena idea dar voz a los recién egresados para que nos cuenten cómo llevaron ellos los primeros meses de actividad y cómo se las han apañado para ganarse las habichuelas.

Este es vuestro blog también y espero que a lo largo de estas semanas encontréis trucos e ideas que os ayuden si ahora mismo os encontráis en esta situación. Hoy empezamos con dos testimonios bastante distintos, los de Carla Bataller y Javier Rebollo. ¡Vamos allá!

CARLA BATALLER

Salí del máster llena de ilusión y energía: quería comerme el mundo, empezar a traducir libros y vivir de la traducción literaria. Pero aquello duró poco, porque mi impaciencia me obligaba a conseguir resultados inmediatos, y eso es complicado. Hay que currárselo mucho y persistir. Así que empecé a enviar currículos a todas partes. Y cuando digo todas, es todas: desde agencias de traducción hasta empresas de cualquier sector. Al final, conseguí mi primer encargo de traducción unos nueve meses después de salir del máster: localizar una página web sobre reproducción asistida al inglés y al francés.

Aquello salió todo lo mal que podía salir. Pero aprendí muchísimas cosas de esa mala experiencia y, sobre todo, me dio fuerzas para seguir. Ese verano conseguí trabajo como subtituladora en una empresa grande y estuve trabajando sin parar. Una cosa llevó a la otra y, de repente, en cuestión de un año tenía un currículo decente en subtitulado. Pero no estaba traduciendo libros, que era lo que yo quería.

Después de idear mil y una formas de llamar la atención de algún editor, había desistido. Mi presencia en redes se centraba en hablar de subtitulado y de autoras. Por esa época, organicé un proyecto para dar mayor visibilidad a las mujeres que escriben. No ganaba dinero con aquello, pero me permitió conocer a muchas personas que acabarían siendo amigas mías y a muchas autoras de las que disfrutaría durante mis ratos libres. Y, de repente, llegó el correo.

Ese correo me cambió la vida. Provenía de una editorial independiente que aún no se había dado a conocer y en él me pedían presupuesto para traducir la obra de una escritora que a mí me gustaba mucho. No me conocían de nada, pero habían visto en las redes que era feminista, hablaba de autoras y me dedicaba a la traducción. Me hicieron una prueba y hala, contratada. «¡Ya tengo mi primer encargo editorial! Y ahora, ¿qué hago?». Pues envié más y más currículos, hasta que tuve otro golpe de suerte y una editorial me contrató. Y así hasta ahora.

¿Qué conclusiones podemos sacar de todo esto? La primera: que os lo curréis, siempre, aunque tropecéis. La segunda: que no todo depende de vosotros, porque la suerte también juega un papel importante en esto. La tercera: haced y hablad de lo que os apasione.

*Podéis encontrar a Carla y hablar con ella —es un encanto— en su blog, enviarle un correo o seguirla en twitter.*

JAVIER REBOLLO

Si bien se suele decir que la profesión del traductor autónomo es una carrera de fondo —de hecho, lo es y hay momentos en los que se precisa de mucha paciencia—, tuve suerte y me fueron surgiendo oportunidades y clientes poco a poco pero pronto.

Mi primer año de autónomo, en realidad, comienza antes de darme de alta. Si había que hablar con alguien, me acercaba o le mandaba un mensaje. No tiene sentido el miedo a preguntar y a charlar. Todos la cagamos, pero, gracias a la solidaridad de este gremio, aprendes a no caer en los mismos errores.

Las prácticas con Fernando Castillo me sirvieron para aprender muchísimo, pero lo más importante fue conformarme un porfolio interesante con el que presentarme a los estudios de doblaje y las agencias de traducción. Aproveché el tironcillo del TFG para presentar los resultados en el SELM, lo que me valió algo de visibilidad, y pude hablar con un montón de profesionales de la traducción. La ponencia luego me brindó la oportunidad fortuita de impartir clases en el máster del ISTRAD con la Universidad de Cádiz. Ahora cumplo mi primer año de autónomo cofundando AMPERSOUND con unos compañeros bastante más experimentados que yo y a los que admiro profundamente.

Como veis, una cosa ha terminado llevando a otra. Nada de lo que uno hace es en vano aunque pueda parecerlo a corto plazo; todo cuenta.

En definitiva, mis ingredientes para sobrevivir han sido hacer prácticas profesionales, ser consciente de mis fortalezas y mis carencias, compartir desde el respeto, asistir a congresos, preguntar sin miedo y aprender cada día de los mejores.

*Podéis preguntarle más cosas a Javier en su perfil de Twitter o por LinkedIn.*

¿Qué os han parecido? A mí me han llamado mucho la atención las ganas y el empeño de estos dos primeros testimonios. Empezar a moverse antes de acabar el grado y no desfallecer ante las negativas o los silencios es esencial.

Y, como veis, aunque algunos puedan pensar que las redes sociales no sirven de mucho, la buena visibilidad (en el caso de Carla en cuanto a feminismo y cuestiones afines) y el contacto con compañeros del gremio del que hablaba Javi siempre tienen cosas buenas. Al fin y al cabo todos deben saber a qué nos dedicamos y no está de más empezar a tejer una red de contactos cuanto antes.

Nos despedimos por hoy. Volvemos la semana que viene con más testimonios. Si quieres contar el tuyo y explicar tu experiencia, escribe a: info@las1001traducciones.com. ¡Gracias!

Lecturas para traductores. Especial Día del Libro

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Sin duda, hoy es uno de los días más bonitos del año. Las calles se llenan de libros y de rosas. Pero sobre todo de libros. Y este blog no iba a ser una excepción. Llevamos ya varias entregas de recomendaciones para traductores y hoy volvemos a la carga.

Si os las perdisteis en su momento, aquí van:

  1. https://enlalunadebabel.com/2012/09/10/lecturas-para-el-traductor/
  2. https://enlalunadebabel.com/2014/08/11/mas-lecturas-para-el-traductor/
  3. https://enlalunadebabel.com/2017/04/10/seguimos-con-las-lecturas-para-traductores/
  4. https://enlalunadebabel.com/2017/11/27/lecturas-para-el-traductor-especial-principiantes-iv/
  5. https://enlalunadebabel.com/2019/02/13/lecturas-para-traductores-clasicos-basicos-con-sorpresa-v/

La primera recomendación no es un libro en sí, sino una revista trimestral que es ya de lectura obligada para todos los que trabajamos con la lengua: Archiletras. Como se presentan en su web: «Archiletras es un medio de comunicación global y panhispánico, impreso y digital, en torno a la lengua española. Un medio de comunicación para todos aquellos que tienen la lengua como su materia profesional o como una de sus principales herramientas profesionales». Y no defrauda. Detrás hay firmas como las de Elena Álvarez Mellado, Alberto Gómez Font, Álex Grijelmo, Isaías Lafuente, Rosalía Lloret, Antonio Martín, Estrella Montolío, Rafael del Moral y muchas más.

Los tres números de Archiletras publicados hasta la fecha

Ya van por el tercer número y hasta ahora han tratado temas tan distintos como el léxico de la publicidad, el lenguaje inclusivo o la norma lingüística (primer número); la lingüística forense, los términos económicos que nos ha dejado la crisis o las olvidadas mujeres lingüistas hispano-americanas (segundo número); la enseñanza del español, el auge de la caligrafía o el sesquipedalismo (tercer número). En definitiva, temas para todos los gustos que harán las delicias de todo aquel amante de la lengua que se precie.

En la web puedes adquirirlos por separado por 10 € cada uno o suscribirte. Chivatazo: hoy, Día del Libro, tienes cuatro números por ese precio.

La segunda recomendación es el delicioso libro de Amelia Pérez de Vilar, Los enemigos del traductor. Elogio y vituperio del oficio, editado por Fórcola. Su misma solapa es toda una declaración de intenciones:

«Los traductores han sido históricamente acusados de ser unos traidores. Si a los editores Goethe los enviaba directamente al averno, por ser hijos del diablo, aquellos siguen siendo condenados a un infierno peor: el del olvido.

Amelia Pérez de Villar, escritora y traductora, aborda en este apasionado e intenso ensayo una reflexión lúcida y comprometida con un oficio que, sin renunciar al rigor y la profesionalidad, considera artesano. No es una profesión apta para simples titulados en traductología —“el diccionario se queda siempre corto”—, sino para iniciados con horas de vuelo, para los que la vocación no deja de ser aliada de la experiencia, la sabiduría, el instinto y la cultura. Un trabajo oscuro, solitario y discreto, que hoy más que nunca, tras su reconocimiento legislativo, exige respeto y un pago justo. Soldados de fortuna, los traductores se enfrentan a múltiples enemigos: la invisibilidad; el permanente silencio de la crítica —apenas ocupa una línea citar al traductor—; la falta de reconocimiento, tanto profesional como social; el intrusismo; la inseguridad laboral; los ingresos exiguos; y hasta la tendencia al “aplanamiento” de ciertos editores.

El proceso de traducción nunca es recto, liso ni unívoco. En tiempos de velocidad desquiciada, el trabajo de traductor requiere tiempo, arqueología lingüística, y hasta investigación anticuaria. Con todo, aunque el traductor todavía sea en muchos casos un mal necesario, para muchos editores contar con un buen profesional es una inversión y una garantía de calidad. Estas páginas son un intento de dignificar esta profesión que tan dura es de aprender y de ejercer —reservada sólo a quienes le profesan amor y respeto, quienes sienten pasión por el lenguaje—, y sin la cual Babel nos ganaría la partida».

Con mucho sentido común, Amelia nos desgrana las bondades de este oficio, y las que no lo son, en un retrato fidedigno de nuestra profesión. Si queréis saber algo más, podéis leer aquí una reseña muy completa.

Podéis adquirirlo en la web del editor, pedirlo en vuestra librería de confianza o hasta en Amazon.

Por último, pero me he dejado lo mejor para el final, La profesión del traductor e intérprete: claves para dar el salto al mundo laboral, que edita Ediciones Trea con la coordinación de Purificación Meseguer Cutillas y Ana María Rojo López, de la Universidad de Murcia, y que firman también otros compañeros de la profesión. Un manual completo, sincero y muy directo para los traductores noveles que se enfrentan al dilema de «¿Y ahora qué?» al acabar los estudios de Traducción e Interpretación.

¿Qué vamos a encontrar en él? En el primer bloque, Marta Navarro y Juan Goberna nos hablan de los posgrados y másteres que se pueden cursar al terminar TeI y los congresos, seminarios y demás actividades que puedan complementar la formación recibida durante el grado y puedan preparar al recién licenciado para su entrada al mundo laboral.

En el segundo bloque, enfocado en el perfil profesional, Laeticia Abihissira nos habla de cómo presentarnos como traductores en internet para empezar a buscar clientes. Itziar Hernández hace hincapié en las bondades de las asociaciones de traductores e intérpretes, lo que estas pueden hacer por nosotros y, sobre todo, lo que nosotros podemos hacer por ellas.

El tercer bloque aborda los primeros pasos que podemos dar como profesionales: cómo iniciarnos en el sector privado (Inmaculada Vicente), cómo acceder a la traducción editorial (Miguel Ros) y cómo conseguir los primeros encargos en las industrias creativas como la subtitulación, la audiodescripción y la transcreación (Marina Ramos, María Olalla y María Monje). En este bloque podemos encontrar trámites para ser autónomos, consejos para hacer facturas, métodos para buscar clientes y trucos para abordar las pruebas de traducción.

Por último, en el cuarto bloque encontramos consejos variados para ejercer la profesión. Ana I. Foulquié aborda el uso eficaz de las memorias de traducción y nos explica los diversos tipos que podemos usar, tanto gratis como de pago. Nieves Flutet nos habla de la ortotipografía y la corrección de estilo y hasta nos incluye una chuleta con atajos de teclado útiles. María Ángeles Orts trata las fuentes y los recursos para documentarse y nos da algunos enlaces útiles. Paula Cifuentes pone el broche final con la productividad escribiendo sobre aquellas técnicas y herramientas que nos pueden facilitar la tarea.

En definitiva, si estáis a punto de terminar la carrera o hace poco que salisteis al mundo laboral y no termináis de tener las cosas claras, este es vuestro libro.

Igual que en el libro de Pérez de Villar, podéis encontrar este libro en la web del editor, pedirlo a vuestro librero o encontrarlo en Amazon.

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Espero que os hayan gustado las recomendaciones de hoy y para terminar con buen sabor de boca, ¿qué os parece un sorteo*? Entre todos los comentarios que dejéis en esta entrada hasta el domingo 28 con vuestra recomendación literaria (sea la que sea), elegiremos uno al azar que ganará este estupendo lote de libreta, libretilla de pósits, bolsa de tela, broche de madera reciclada con el típico panot de Barcelona y el librazo de Meseguer y Rojo. ¡Comentad, compartid la entrada y mucha suerte!

*Válido solo para España. Los resultados se comunicarán el lunes mediante respuesta en el mismo comentario. ¡Estad atentos! 🙂

Cómo gestionar reclamaciones en traducción

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Sí, todos somos extraordinarios profesionales y estas cosas no nos pasan, o preferimos no hablar de ellas, pero en el fondo sabemos que errar es humano (y herrar también) y que alguna vez vamos a meter la pata.

Regla número 1 al recibir una no conformidad: que no cunda el pánico. Respira profundamente, puede que el cliente no tenga razón… o puede que sí. ¿Y ahora qué hacemos? ¿Abandonamos la traducción y nos flagelamos con Gran Hermano VIP en modo bucle?

Carmina Fernández nos da algunos consejos útiles. En su época de gestora de proyectos en una agencia de traducción aprendió a seguir los siguientes pasos, que secundo totalmente:

1. Escuchar o leer BIEN la reclamación exacta del cliente. No metamos más el dedo en la llaga respondiendo en caliente a un mensaje airado. Aplaquemos los nervios iniciales y veamos cuál es la queja para poder solucionarla. ¿No se ha respetado el plazo de entrega? ¿No se ha utilizado el glosario del proyecto? ¿Hemos traducido erróneamente porque no hemos comprendido el texto?

2. Analizar la situación para comprobar hasta qué punto es cierto. ¿Tenemos su mensaje de encargo y realmente hemos entregado más tarde? ¿O se equivocó al indicar la fecha en el pedido? ¿De verdad nos adjuntó el glosario y nos hemos despistado? ¿O este nunca llegó a nuestras manos? (Por eso es tan importante revisar bien lo que nos envían) En el caso de que sea extranjero, ¿cree que conoce bien nuestro idioma y nos está modificando expresiones que son correctas? (No es infrecuente que alguien que no hable castellano tenga dudas acerca del estilo, por surrealista que parezca) ¿O bien la hemos cag… hemos cometido errores graves?

3. Actuar en consecuencia.

Si el cliente no tiene razón: habrá que demostrárselo, reenviarle el mensaje que recibimos sin el glosario adjunto o pasarle enlaces a diccionarios especializados donde vea que nuestras traducciones son acertadas. OJO: Algunas quejas pueden proceder de clientes cuyo revisor cree que añadir más rojo es sinónimo de trabajar mejor y habrá introducido cambios por cuestión de gusto y no para reparar verdaderos errores.

Bajo ningún concepto conviene enzarzarse en un «cuerpo a cuerpo» con el revisor. Puede que goce de la total confianza del cliente y enfrentarnos a él nos deje en peor posición. Bastará con confirmar que la opción del revisor es buena, pero que la nuestra también lo era y que el cambio ha sido cuestión de preferencia. Ahora bien, si el cliente aprovechara para hacernos cambiar más cosas o añadir tantas otras (algo que puede pasar tras una primera revisión), tal vez convendría cobrar ese tiempo.

Gestionar una queja de forma virtual no siempre es fácil.

Si tiene razón: le puede pasar a cualquiera, no somos máquinas, pero eso puede haber causado algún perjuicio al cliente. Por eso lo primero es disculparse sinceramente por las molestias. Quizá no ha podido colgar en su web una noticia que debía salir hoy o no ha llegado a imprenta un folleto que debería estar mañana en una feria. Lo mínimo que podemos hacer es aceptar nuestra responsabilidad.

Lo siguiente será buscar el modo de compensarle. Si aún estamos a tiempo, podemos modificar el vocabulario de acuerdo con ese glosario que habíamos olvidado. Volver a revisar nuestro texto si lo tradujimos con prisas o incluso pasarlo a un compañero si vemos que no dimos la talla para el grado de especialización que requería. Por supuesto, sin coste para el cliente. Si ya es tarde para enmiendas, dependiendo del alcance del error y del tamaño del proyecto, podemos ofrecer algún tipo de compensación.

Asumir las responsabilidades buscando una solución al problema es un buen ejercicio que nos sirve para tomar conciencia de nuestro error y, a la vez, demuestra al cliente un trato profesional. Si el problema causado ha sido realmente grave, habrá que recurrir al seguro de responsabilidad civil. Algunas asociaciones tienen convenios con aseguradoras que los ofrecen, como por ejemplo APTIC.

4. Tomar medidas para que no vuelva a suceder. Será útil analizar por qué ha pasado y cómo evitarlo la próxima vez: ¿Aceptamos el encargo sin mirar bien la agenda, se nos solaparon los proyectos y hubo que traducirlos muy rápido? ¿Nos encontramos ante un texto demasiado especializado porque no lo leímos antes de aceptarlo? Puede que esta vez ya sea demasiado tarde y hayamos perdido al cliente, pero ya sabemos qué NO hacer en el futuro.

¿Y vosotros? ¿Alguna vez habéis recibido quejas de un cliente? ¿Supisteis reaccionar y salir bien parados?

¡Gracias por leer y hasta la próxima!