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Traducción editorial (I). La relación traductor-editor y cómo empezar en traducción editorial

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La relación entre el traductor y el editor puede parecer más compleja de lo que parece. Por eso, este año para el Día del Libro me he propuesto ahondar en este binomio, en qué espera el uno del otro y cómo ganarnos al editor.

EDITOR BUSCA TRADUCTOR

Carlos Fortea, actual presidente de ACE Traductores, a quien tuve el placer de conocer hace un par de años en la jornada sobre traducción editorial de la Universidad de Málaga, explicó esta relación paso a paso en la presentación que hizo precisamente en aquella ocasión. [Mis comentarios van entre corchetes]

  1. El editor adquiere los derechos (si procede).
  2. Busca el mejor traductor para el caso: contacto.
  3. Negociación de un contrato escrito entre editor y traductor.
  4. Acuerdo y firma del contrato (o los contratos).
  5. El traductor empieza a traducir.
  6. Posibilidad de entregas y pagos parciales.
  7. El traductor entrega en la fecha [o en caso contrario, si una vez empezado vemos que cumplir el plazo es difícil, avisamos con antelación porque la editorial tiene sus plazos y tenga una fecha en concreto para enviar la obra a imprenta, por ejemplo].
  8. El editor acepta la traducción.
  9. Correcciones y propuestas de cambios. Envío de pruebas al traductor [aunque no suele ser frecuente por mucho que se incluya en el contrato].
  10. Pago de la traducción en el plazo acordado en el contrato.
  11. El editor envía ejemplares justificativos y certificado tirada [esto último tampoco se cumple al 100 %. Es importante que estemos nosotros al quite y lo pidamos si no recibimos información al respecto].
  12. La relación del traductor y el editor se mantiene durante la vigencia del contrato (máximo de 15 años, según ley): liquidaciones anuales, cesiones, otras formas de explotación.

Pero antes de establecer esta relación falta lo esencial, ¿no? Conseguirla.

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EMPEZAR A TRABAJAR. ¿Cómo encontramos a las editoriales que nos interesan?

Seguro que conocemos a las más grandes, pero hay editoriales más pequeñas que vale la pena descubrir y para eso tenemos varias vías. Sin movernos de casa podemos consultar portales como escritores.org o ediciona.com, que tiene una extensa base de editores por temáticas. También vale la pena echarle un vistazo a la Base de datos del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte.

Otro recurso es acercarte a la biblioteca o a una librería y consultar las obras de la temática que te interesa en un principio. Como ya sabrás, en las primeras páginas suele constar la información básica de la editorial junto con correo electrónico o su dirección postal.

Una vez localizada conviene explorar su página web para empaparnos de las colecciones que editan, las temáticas, los autores a los que han publicado, etc. Y también para tratar de encontrar el responsable del departamento de traducción o edición. Si este no constara, siempre se puede hacer una búsqueda por LinkedIn. El objetivo es llegar hasta la persona responsable porque si enviamos un correo a una dirección genérica, hay menos oportunidades de que llegue a quien tiene que llegar.

¿Qué envío y cómo?

Personalmente no me limito al correo electrónico y también envío carta postal. Adjunto siempre el currículum centrado en la traducción literaria (sin incluir los meses de verano que pasé trabajando en el aeropuerto, ya me entendéis) en la que hago constar las lenguas de trabajo, mi experiencia con editoriales y los seminarios y cursos realizados con esa especialización en mente. También envío un documento con el listado actualizado de obras traducidas hasta el momento con todos los datos pertinentes: autor, editorial, año, ISBN.

Si es por correo electrónico, redacto un mensaje escueto pero completo centrándome en la temática de la editorial o la colección que me interesa. Hay que demostrar interés en la editorial; al fin y al cabo a todos nos gusta sentirnos especiales.

Si es una carta de presentación —en el caso de enviar los datos por correo postal—, más de lo mismo, pero un poco más extensa y tratando de suscitar interés. Lo cuento muchas veces, pero una editorial se fijó en mí porque esa carta de presentación estaba escrita como si fuera un cuento.

Durante este proceso me voy creando una base de datos con los correos que envío, a quién, cuándo y por qué medio. Así tengo constancia de las respuestas recibidas y los recordatorios que puedo hacer si no contestan a los X días. Hay que llevar un control de los pasos que vamos dando.

¿Y si propongo la traducción de un libro?

En algunas facultades se recomienda contactar con las editoriales proponiendo la traducción de un libro para generar una necesidad, por decirlo de algún modo. Si bien es cierto que puede ser una buena idea, sobre todo si es una novela que nos apasiona personalmente, hay que llevar cuidado porque se debe invertir bastante tiempo (y el tiempo es oro para todos).

Primero, hay que averiguar si está traducida o no o si se han adquirido ya los derechos, cosa que es difícil de saber a no ser que contactemos directamente con el autor o su agente, que es otra manera. Actualmente hay muchos autores se autopublican y suelen ser bastante accesibles. La mayoría suele manifestar interés en que se traduzca su obra sobre todo si, como traductores, accedemos a hacer las veces de agente o intermediario (caso verídico), entendiendo como tal el contacto con las editoriales españolas por nuestra parte.

Luego, el editor tiene que estar receptivo y dispuesto a pagar los derechos para publicar la traducción. Sin embargo, antes querrá saber de qué va la novela y qué viabilidad tiene, y aquí es donde entran los informes de lectura. Si queremos acceder por la vía de la recomendación de una novela, hagámoslo bien: no nos limitemos a proponer el libro sin más, enviemos un informe de lectura que contenga la información esencial:

  1. Datos de la obra: título, género, páginas, lector, etc.
  2. Aspectos literarios: sinopsis, trama, estructura, tiempo narrativo, temática, narrador, personajes, diálogos, etc.
  3. Aspectos lingüísticos: construcciones, lenguaje, estilo, ortografía y sintaxis, etc.
  4. Valoraciones y recomendaciones: calificación literaria y comercial.

Y para hacerlo ya más completo, podemos incluir la traducción de unas páginas de muestra (máximo 10 o un capitulillo; tampoco hagamos medio libro) en un formato atractivo. Por ejemplo, podemos confeccionar un documento apaisado con la parte en original a la izquierda y nuestra versión a la derecha, a modo de prueba de traducción. Por supuesto, revisadlo todo bien antes de enviar. Como veis, lleva bastante trabajo y no es garantía de que nos vayan a encargar la traducción, pero es otra forma de acceder al mercado y, además, es una buena forma de practicar.

Algunos compañeros han empezado siendo lectores editoriales para la editorial para la que más tarde han traducido. Esa es otra posibilidad que se puede explorar, no sin antes aprender a redactar esos informes de lectura, puesto que hay que tener un buen conocimiento del tema.

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CÓDIGO DEONTOLÓGICO: nuestros deberes y responsabilidades como traductores

No todo acaba aquí. Si el editor tiene su cometido y sus responsabilidades, nosotros debemos regirnos por un código deontológico, con una gran dosis de sentido común. Este es el código que propone el CEATL (Consejo Europeo de Asociaciones de Traductores Literarios):

  1. El hecho de ejercer la profesión de traductor equivale, para quien la ejerce, a afirmar que cuenta con un firmísimo conocimiento de la lengua que traduce (conocida como lengua de partida) y de la lengua en que se expresa (conocido como lengua de llegada). Esta debe ser su lengua materna u otra que domine tan bien como la materna, de la misma forma que todos los escritores dominan la lengua en que escriben.
  1. El traductor tiene la obligación de saber hasta dónde llega su competencia y se abstendrá de traducir un texto cuya redacción o ámbito de conocimiento no domine.
  1. El traductor se abstendrá de modificar de forma tendenciosa las ideas o la forma de expresarse del autor y suprimir algo de un texto o añadirlo a menos que cuente con el permiso expreso del autor o de sus derechohabientes.
  1. Cuando no sea posible realizar la traducción a partir del texto original y el traductor utilice una «traducción-puente», deberá contar con el permiso del autor y mencionar el nombre del traductor a cuyo trabajo recurra.
  1. El traductor se compromete al secreto profesional cuando deba usar, para su labor, documentos confidenciales.
  1. El traductor literario debe conocer a fondo la legislación acerca de los derechos de autor así como los usos de la profesión y debe velar por que se respeten en el contrato de traducción.
  1. El traductor se abstendrá de menoscabar la profesión al aceptar condiciones que no garanticen un trabajo de calidad o perjudiquen a un colega de forma deliberada.

 

Código deontológico aparte, la relación con el editor debe basarse en el sentido común. No deja de ser un cliente y, como tal, debemos tratarlo y trabajar con él de forma profesional. Aceptar el encargo si estamos preparados para eso y sabemos que podemos cumplir la fecha, cerciorarnos de cómo quiere que le presentemos la traducción, avisar de cualquier asunto que pudiera trastocar los planes editoriales (incumplimiento de plazo, problemas con el texto origen, etc.), entre muchos otros. Pero esto lo dejaremos para la próxima entrada, en la que descubriremos cómo ser el traductor favorito de un gestor de proyectos.

Y hasta aquí la entrada de hoy. Como siempre, si tenéis alguna aclaración o duda, os espero en los comentarios. Que paséis un gran Día del Libro. Feliç Sant Jordi!

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Para saber más:

N. de la T.: todas las imágenes del artículo son de @cirodelia para fotolia.

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Recursos web interesantes para traductores jurados

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La traducción jurada llega al blog. Como no es un tema muy habitual por estos lares, los amigos de Okodia-Grupo traductor nos dan una pincelada, acompañada de unos recursos la mar de apañados, para desempeñar esta labor. Como siempre, no dudéis en opinar o dejar vuestros recursos de cabecera en los comentarios.

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Un traductor jurado –que no jurídico– es un profesional muy preparado, pero eso no quita que necesite consultar distintas fuentes y echar mano de varios recursos interesantes como cualquier traductor hijo de vecino. ¿Cuáles son esos recursos web que pueden interesar a un traductor jurado para firmar y sellar traducciones juradas de auténtica calidad? Esa es la gran pregunta que nos hemos planteado y que intentamos responder brevemente en el artículo de hoy. A ver qué os parece nuestra selección.

Recursos web para traductores jurados: las asociaciones

Da igual que estés especializado en hacer traducciones juradas en Barcelona, en Madrid o en La Pola de Gordón. Un traductor jurado realmente profesional siempre necesitará estar al día de las novedades de su actividad profesional, de las nuevas publicaciones, de las herramientas online, de las publicaciones digitales, de lo que opinan sus colegas de profesión… Un excelente atajo para estar al día es pertenecer a una o varias asociaciones de traductores jurados. Algunos buenos ejemplos:

Recursos web para traductores jurados: los diccionarios jurídicos

Como bien sabéis, la mayoría de las traducciones oficiales manejan un vocabulario o argot profesional bastante complejo, un vocabulario que no cambia mucho… pero cambia. Así, un traductor jurado que se precie debe conocer aquellos diccionarios jurídicos que le ayuden a bordar sus proyectos. Algunos ejemplos de estas clásicas herramientas para el traductor llamadas diccionarios y que año tras año siguen siendo perfectas para revisar nuestras traducciones juradas:

Recursos web para traductores jurados: las revistas especializadas

Una excelente forma de mantener entrenada la mente y la destreza de un traductor jurado es practicar el vocabulario leyendo artículos y noticias de derecho. Antes, el traductor tenía que reservar algún día al mes para ir a la biblioteca, pero como los tiempos han cambiado, ahora se puede acceder a cientos de revistas especializadas online sin moverse del sillón. Algunos buenos ejemplos:

Asociaciones, diccionarios jurídicos y revistas especializadas son tres grandes grupos de recursos web interesantes para un traductor jurado que quiera seguir firmando traducciones juradas de calidad. ¿Quieres añadir algún recurso más? ¡Hazlo!

 

 

La importancia de una buena traducción en el sector turístico y gastronómico

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Escrito por Rosa Llopis

En los últimos días, en el sector de la traducción hemos vivido un gran revuelo a causa de la nueva web que ha publicado la concejalía de Turismo de Santander coincidiendo con FITUR. Lo anunciaron en Twitter llenos de orgullo, destacando que se tradujo a siete idiomas y deseando que todo el mundo quedara tan satisfecho como ellos. Los comentarios no se hicieron esperar, aunque es de suponer que no los que ellos esperaban:

«Menuda vergüenza de textos traducidos… ¡No hay por dónde cogerlos en ningún idioma! ¿Habéis usado Google Translate? ¿En serio habéis gastado dinero en esa chapuza, porque no tiene otro nombre?»

«La versión alemana de vuestra web no se entiende y parece un festival del humor […]».

«La lista es inagotable, un disparate tras otro […]».

«La traducción al italiano da lástima… no creo que consigáis muchos turistas […]».

Captura de pantalla de la web con el famoso «Loot Center»

Al revisar los textos traducidos, además de no tener sentido, se aprecia claramente que todos han sido traducidos desde el inglés, que es, a su vez, una mala traducción automática del español.

Esto, para los traductores, por desgracia, no es nuevo, sobre todo para los que trabajamos en traducción especializada en turismo y gastronomía. Es muy habitual encontrar webs con traducciones que son, claramente, fruto de un programa de traducción automática o del trabajo de alguien que sabe inglés, pero no es traductor y no sabe cómo afrontar una tarea así.

Dejando a un lado las burlas, los chistes, las críticas y las quejas que suelen recibir las empresas en estos casos, muchos se preguntan cómo es posible que no se pague a un traductor para traducir el contenido como es debido.

La respuesta a esta pregunta es muy sencilla: porque no se tiene en cuenta el trabajo de traducción al elaborar el presupuesto ni al calcular los plazos. Se entiende como algo fácil que cualquiera puede hacer en un momento. Así que se calcula cuánto costará el inmueble donde abrir el restaurante, hotel o negocio en cuestión, el mobiliario, la maquinaria, la web (dominio, diseño, fotografías…) y, sí, es posible que se piense en la traducción, pero suele ser algo que se piensa resolver sobre la marcha. «Ya lo haremos… ya lo iremos viendo».

¿Qué sucede cuando el negocio ya está listo y la web finalizada? Pues que se quiere abrir y publicar al momento, porque ya está «todo listo». Entonces, es cuando se piensa en la traducción y se pide un presupuesto. «¡Carísimo! ¿Cómo es posible?», se pregunta el empresario. En realidad, no lo es, pero al empresario se lo parece por estas tres razones:

  1. De entrada, en el presupuesto de la empresa no hay una partida asignada al trabajo de traducción; por lo tanto, si no hay dinero, va a parecer caro, cueste lo que cueste.
  2. La traducción gastronómica y turística, al contrario de lo que creen algunos ajenos al sector, es muy compleja, requiere que el traductor tenga conocimientos muy especializados, conozca muy bien ambas culturas y por eso escasean los profesionales especializados. En resumen: es una especialización elaborada y costosa.
  3. Los encargos, como decía antes, suelen llegar a última hora y con plazos de entrega ajustados o muy difíciles de cumplir. Son los recargos por urgencia los que encarecen el precio final.

El empresario, airado, lo rechaza y busca opciones más baratas: pedir que lo traduzca un conocido o empleado que habla inglés o recurre a un traductor automático gratuito de los que pueden encontrarse en internet.

Sin embargo, como ya he indicado, se trata de textos que requieren de una gran especialización: hay falta de equivalencias, falsos amigos, neologismos, culturemas, lenguaje especializado, interpretaciones personales del empresario o del chef y otros muchos factores que convierten este tipo de traducción en un trabajo laborioso y complejo. Si esto es así para un traductor con experiencia y especializado, ¿cómo podemos esperar que una máquina o alguien lego en la materia pueda hacerlo medianamente bien?

Y no, no lo hacen bien. Al final, se obtiene una traducción literal, sin sentido en el otro idioma, calcos, falsos amigos y conceptos substituidos por otros que más o menos se parecen, pero no son intercambiables. Con suerte, el cliente extranjero puede que se ría al leer el contenido que tiene ante sus ojos.

Sin embargo, el resultado es que se transmite al cliente una sensación de dejadez, de hacer las cosas de cualquier manera, y esto causa rechazo, desconfianza, quejas y reclamaciones. El empresario pone en peligro la imagen de su producto, servicio o negocio.

Si no se remedia y la mala imagen persiste en el tiempo, acabará afectando al prestigio y al nivel de ingreso del negocio. Un coste muy alto para muchas empresas que, por no haber previsto en el presupuesto el trabajo y tiempo de un traductor especializado, ven cómo esa mala traducción afecta al resto de la inversión.

Que una mala traducción no afecte a tu negocio: contrata profesionales

Pero el presupuesto y los plazos no son el único problema. Muchas empresas del sector, al estar centradas en el turismo, quieren sus páginas traducidas a muchos idiomas: ¡cuantos más, mejor! No obstante, si la traducción a un idioma ya parece cara al cliente desinformado, ¡traducir a seis o siete idiomas, más aún! Si alguno de ellos es uno de esos idiomas que consideramos «exótico», le podría parecer exorbitante.

De nuevo, para cubrir tanto idioma al menor coste posible se hace uso de traductores automáticos (sobre todo con los idiomas exóticos). «Total, con que se entienda…». Sin embargo, no es tan sencillo. No solo se tienen que entender las palabras, ni basta con que gramaticalmente el texto sea correcto (algo en lo que fallan estrepitosamente los traductores automáticos). No. Tiene que tener sentido y tiene que trasladar y adaptar conceptos propios de una cultura a la otra, e incluso introducir explicaciones y conceptos que no están en el texto original y son necesarios para la comprensión del lector foráneo.

En inglés, historical se entiende; helmet (‘casco para proteger la cabeza’), también. Si juntas ambas palabras, no tienen sentido, y menos aún si se pretende que un angloparlante entienda historical helmet como ‘casco antiguo/histórico’ de una ciudad (Old Town, en inglés).

En estos casos es más recomendable no querer abarcar demasiado y publicar una web bien traducida a uno o dos idiomas, si el presupuesto no da para más, en lugar de una web traducida a muchos idiomas, pero mal. Además, las traducciones que ahora no se puedan hacer por falta de presupuesto o tiempo se pueden dejar para más adelante. Es más, lo aconsejable en turismo y gastronomía es traducir al principio solo al inglés y, en el futuro, dependiendo del volumen de clientes por nacionalidad, traducir a sus correspondientes idiomas.

Por último, otro problema que se comete a menudo al trabajar con traductores: muchas empresas delegan la traducción en lugar de trabajar en equipo con el traductor. La idea de cooperar con el traductor puede parecer un poco absurdo, pero no lo es. A menudo hay conceptos (platos, por ejemplo) que varían según quién los prepare, o son interpretaciones propias del empresario o del chef, o no existen en la cultura de llegada.

Por poner un ejemplo muy simple relacionado con la gastronomía: no es lo mismo que el salmón se sirva acompañado de espinacas (un producto al lado del otro) que sobre un lecho de espinacas (el salmón está encima de las espinacas, los jugos de ambos productos se mezclan y el sabor final cambia). Sin una foto o una descripción es posible que la traducción no transmita al 100 % lo que se presenta en el plato. Por no hablar de las traducciones horrorosas en las que poco se corresponde con la realidad.

Ahora, imaginemos este problema con platos más complejos o que no existen en el otro idioma. La complejidad es aún mayor. Por eso, no es recomendable que el traductor trabaje sin ningún tipo de documentación gráfica, descripción o acceso a alguien para resolver dudas.

No podemos traducir bien lo que no vemos; en el caso de la gastronomía es esencial

Seguro que a estas alturas del texto muchos se preguntarán cuál es entonces la mejor forma de trabajar con un traductor. De nuevo, la respuesta es bien sencilla: cooperando desde el primer momento. Al elaborar un presupuesto y planificar un nuevo negocio, es bueno reunirse con el traductor, explicarle en qué consiste el proyecto, qué tipo de textos se van a publicar, qué estilo se desea y, si fuera posible, aportar muestras. De este modo, el traductor puede ofrecer una orientación del precio y de lo que se tardaría más o menos en tenerlo todo listo (siempre a confirmar una vez se tiene el material definitivo).

A medida que se avanza en el negocio (se hacen obras en el local, se contrata el personal, se negocia con proveedores…) se puede aprovechar para avanzar también en el trabajo de traducción: acordar normas de estilo, idiomas a los que traducir, formar un equipo de traductores, hacer pruebas o elaborar un glosario.

Una vez llega la fase de traducción, además del texto, lo ideal sería aportar toda la documentación posible (fotos, descripciones, referencias, etc.) y acceso a alguien de la empresa que pueda aclarar dudas o confirmar conceptos al traductor.

Por último, una vez se ha traducido todo el contenido, es aconsejable hacer una revisión conjunta que servirá para acabar de definir detalles y para asegurarse de que todo funciona correctamente.

El trabajo en equipo es lo mejor para traducir este tipo de textos

No olvidemos que las empresas del sector turístico y gastronómico renuevan sus contenidos constantemente; esta forma de trabajar, aunque parece una locura, en realidad es la más beneficiosa para ambas partes. Al principio supone mucho trabajo, sobre todo para el traductor, que dedica mucho tiempo a reuniones, llamadas y tareas previas; pero una vez pasan las primeras traducciones, el trabajo se vuelve fluido y la calidad de los contenidos es infinitamente mejor, lo que beneficia enormemente a la imagen del negocio.

A priori, a aquellos empresarios que no entienden la traducción como una inversión, esta forma de trabajar puede parecerles cara y laboriosa, pero, como ya hemos visto, una mala traducción puede salir mucho más cara y afectar negativamente a todo lo labrado hasta el momento. Sin embargo, trabajar con un profesional desde el principio es una apuesta segura para el negocio y su imagen final, y eso, a largo plazo, no tiene precio.

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Rosa Llopis es traductora e intérprete especializada en gastronomía, prensa y turismo. Además, ha sido intérprete en Le Cordon Bleu. Podéis seguirla también en twitter.

Fuentes:

Los artículos de 2017 en el blog

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El tiempo pasa volando y, a la que quieres darte cuenta, volvemos a la casilla de salida. En este artículo hacemos un repaso de lo que ha dado de sí este año en el blog y repasamos todas las entradas publicadas por si te has perdido alguna. ¡Empecemos!

Diez trucos típicos de un buen traductor audiovisual

Empezamos el año con los trucos que presentó Xosé Castro en la edición de 2016 del congreso SELM. Unos ingredientes de éxito para cualquier traductor que se precie. Entre los consejos destacan el hecho de llevar un proceso de producción eficiente, cerciorarse de que recibimos los materiales completos y que dominamos nuestras herramientas de trabajo, entre otros.

 

Lo que siempre quisiste saber sobre corrección editorial

Recibimos febrero con una entrevista a varios correctores editoriales que nos hablaron de su trabajo. Para entender mejor su labor, cómo trabajan y qué suelen corregir, no te pierdas esta entrada. Utilísima para aspirantes a correctores y también para traductores que deseen saber quién y cómo corrige sus textos.

Carta abierta al traductor principiante

Los inicios nunca son fáciles y en esta entrada os hablé de mi experiencia: los miedos, los aciertos y también los fracasos que puede conllevar este trabajo. De lo mas personal que he escrito en el blog. Si quieres saber qué meteduras de pata he tenido durante mi carrera y cómo he conseguido hacerme un hueco en esto, este es vuestro artículo.

 

3 consejos para que un traductor sea más productivo

Marzo llegó con unos consejillos para ser más productivo. Cada maestrillo tiene su librillo, pero creo que son aplicables a cualquiera, tenga la especialidad que tenga. Así podremos ser más eficientes y sacar más provecho de nuestras horas de trabajo.

 

Traducir para Netflix es fácil: ¡pregúntame cómo!

Al hilo de la plataforma Hermes para trabajar para Netflix y cómo se vendió en prensa, en esta entrada con clickbait expongo mi opinión y hablo de la concepción (errónea) que tiene la gente sobre la traducción, ya sea audiovisual o de otro tipo. Seguro que encuentras algunos de los típicos tópicos que has oído alguna vez. También se recogen las tarifas de Netflix, entre otra información.

Seguimos con las lecturas para traductores (III)

En abril recogimos algunas lecturas más para el traductor, obras útiles para nuestro oficio. Se incluyen libros de consulta sobre falsos amigos y frases hechas, libros para una mejor redacción en español, un estudio sobra la traducción para niños y muchos otros.

 

El universo en una palabra (y cómo traducirlo)

Con una anécdota de la película La llegada (Arrival) empezamos un artículo sobre las palabras intraducibles, pero no nos limitamos a la simple colección de expresiones, sino que tratamos las distintas maneras de abordarlas para traducirlas. Así pues, exploramos las estrategias típicas de traducción como el préstamo, el calco, la transposición y la compensación, entre otros.

 

Errores en traducción editorial y cómo erradicarlos

En mayo llega la entrada más completa del año. ¿Qué errores más frecuentes he observado en los alumnos que he tenido en prácticas y a lo largo de toda mi carrera? En este artículo vemos las distintas categorías de error con ejemplos prácticos y vemos cómo solucionarlos. Ideal para principiantes… y no tanto.

 

Translator Things: un vistazo a la subtitulación y al doblaje profesionales

Un artículo con las dos presentaciones que tuvieron lugar en febrero de este año en la universidad Pompeu Fabra con Begoña Ballester Olmos, de BBO, que habló de doblaje y servidora, sobre subtitulación. Si quieres saber qué temas tratamos, vernos en directo y descubrir mi presentación, aquí lo encontrarás todo.

 

Entrevista a Carlos Fortea sobre el Informe del valor económico de la traducción editorial

En julio Carlos Fortea fue entrevistado en la radio para hablar del Informe del valor económico de la traducción editorial y nos hicimos eco de su entrevista, que transcribimos en su totalidad. Condiciones, tarifas y contratos tipo fueron algunas de las cuestiones que se trataron.

 

5 cosas que un traductor puede hacer en agosto

Agosto suele ser un mes flojillo, pero eso no quiere decir que sea necesariamente menos productivo. En esta entrada hablamos de las cosas que podemos hacer durante este mes y también en los periodos de menos trabajo.

Traducción automática y TAV: poseditar subtítulos

Aprovechando varios encargos de posedición de subtítulos, en este artículo de septiembre se abordan los problemas habituales que nos encontramos al revisar (y a veces retraducir) el texto de un traductor automático. Además, se ilustra con ejemplos reales de estos encargos y se añaden las versiones más correctas.

 

¿Un mundo sin traducción?

En 2016 tuve la oportunidad de hablar sobre la importancia de la traducción en una jornada sobre comunicación social en San Sebastián. En este artículo recojo la presentación en vídeo y en PDF para que descubráis las múltiples facetas de la traducción y su importancia en el día a día.

 

Lecturas para el traductor. Especial principiantes (IV)

La última entrada del año, aprovechando que llegan las fiestas navideñas y los regalos, va sobre tres libros útiles, sobre todo, para los traductores que empiezan su andadura profesional. Los mejores regalos para un traductor e intérprete.

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¿Qué nos depara 2018? Hablaremos de los trabajos de fin de grado, de los juegos de palabras, seguiremos tratando cuestiones de corrección, abordaremos otros aspectos de la traducción editorial y muchas cosas más. ¿Te gustaría leer sobre algo en particular? Déjalo en comentarios y podemos incluirlo este año.

Como siempre, ¡gracias por leer y feliz entrada de año!

Lecturas para el traductor. Especial principiantes (IV)

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Volvemos a la carga con nuevas lecturas para traductores e intérpretes. En esta cuarta entrada sobre libros, traigo tres propuestas enfocadas a los traductores principiantes: Guía de supervivencia para traductores, Mamá, quiero ser intérprete y Confessions of a freelance translator. Secrets to success.

Empezamos con la Guía de supervivencia para traductores de Celia Rico, publicada por la editorial Pie de página, una breve pero completa obra para empezar como traductores. La guía es una ampliación del librito 9 días para empezar tu actividad como traductor autónomo, que la autora publicó hace ya un tiempo.

Da las pinceladas básicas para que los traductores noveles se inicien tras la carrera: desde dónde deben buscar clientes potenciales, cómo afrontar sus primeros encargos, qué trámites legales tienen que cumplimentar para ejercer como traductores hasta cómo aprovechar los últimos avances en el ámbito de la traducción automática.

¿Por qué me gusta? Es un libro muy práctico, ideal para saber qué trámites son necesarios para empezar nuestra actividad como autónomos. Incluye ejemplo de presupuesto, factura y plantilla para idear nuestra empresa, entre otros.

Aquí os dejo el índice y una página de ejemplo con una muestra de factura. Sé de buena tinta que no todos salimos sabiendo facturar y este tipo de recursos no van nada mal.

Podéis conseguirlo en Amazon o en la página web de la editorial, en la que me consta que —al menos hasta hace poco— regalaban tés con cada compra.

En la misma colección encontramos Mamá, quiero ser intérprete de Gabriel Cabrera. Al igual que el libro de Celia Rico, se nos presentan las bases de la profesión y, como interesante añadido, Gabriel nos explica mil y una anécdotas que le han pasado y que ofrecen una visión bastante completa de la interpretación.

A lo largo de quince años entre cabinas y escenarios, sus ponentes le han contado chistes en mitad de una conferencia, algún compañero se ha desmayado justo al encender el micrófono, ha tenido que lidiar con oradores que hablaban a la velocidad del rayo, le apagaron la luz que necesitaba para leer sus notas, interpretó en situaciones de dudosa legalidad, se enfrentó a la interpretación que jamás pudo llegar a hacer, se durmió en cabina y vivió un sinfín de anécdotas de las que siempre aprendió algo y que ahora comparte en este libro.

No contiene información detallada sobre la burocracia como sí incluye el de Rico, pero ilustra muy bien el día a día de un intérprete y todo lo que este puede encontrarse en el camino.

¿Por qué me gusta? Porque aborda el tema con mucha naturalidad y hay muchas anécdotas curiosas hasta para los que no somos intérpretes. Fantástico si lo tuyo es la interpretación y quieres dedicarte a ello profesionalmente.

También puede adquirirse en Amazon y en la misma editorial.

La tercera recomendación es Confessions of a freelance translator de Gary Smith, una obra más extensa que las anteriores (338 páginas) que abarca las múltiples facetas del mundo de la traducción. Nos ofrece consejos la mar de útiles para traductores principiantes y para los que no lo son tanto: desde los distintos tipos de clientes a las tarifas, pasando por el sempiterno asunto de la visibilidad y cómo organizarnos la vida como autónomos. Además, incluye varios ejercicios sobre terminología y un descacharrante capítulo final sobre los tipos de cliente.

Me harían falta varias entradas para hablar de todo lo que contiene el libro, de modo que os dejo el índice para que juzguéis vosotros mismos.

¿Por qué me gusta? Porque es el libro que me hubiera gustado escribir si tuviera bastantes años más de experiencia. Es completo, contiene muchos consejos útiles y está explicado de una forma muy personal.

Para saber algo más del libro, podéis leer aquí una entrevista al autor. Confessions of a freelance translator se puede comprar en Amazon.

Si os habéis quedado con ganas de más, aquí van dos sugerencias descargables y útiles para aquellos que empiezanBecoming a translator, de Douglas Robinson, nos explica cómo funciona el mercado, ayuda a los traductores a aprender a traducir más rápido y con mayor exactitud, y da consejos para abordar ciertos problemas y gestionar el estrés. Y, por último, una guía práctica de la Asati (Asociación aragonesa de traductores e intérpretes) sobre la calidad en traducción. ¡Espero que os resulten útiles!

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Si os han gustado estas propuestas, no os perdáis las que se recogen en otras entradas:

¿Un mundo sin traducción?

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Los traductores te acompañamos desde que te acuestas con ese libro tan jugoso hasta que te levantas. Estamos contigo en tu día a día: en las etiquetas de tu champú, en los ingredientes que llevan las galletas del desayuno o el manual de instrucciones de esa máquina que solo lees cuando te da problemas. Estamos en la sombra detrás de las series que consumes compulsivamente, los documentales de la 2 y los peliculones de sábado tarde en Antena 3. Estamos ahí aunque no se nos vea.

En días como hoy, 30 de septiembre y Día Internacional de la Traducción, salimos todos a pedir no solo que se nos vea más, sino tener unas mejores condiciones, unas tarifas más dignas y el reconocimiento de nuestro trabajo (y no solo cuando erramos, que nos conocemos).

Sin embargo, con esta pasión por nuestro trabajo, a veces nos dejamos llevar por opiniones encendidas y por un ensalzamiento casi exacerbado de nuestra profesión. Por eso, en noviembre pasado y con motivo de mi invitación al Euskarabildua en San Sebastián, decidí abordar esta cuestión: ¿Es posible un mundo sin traducción?

Aquí tenéis el vídeo de la ponencia (empieza en el minuto 1:00) y la presentación. ¡Espero que os guste y, por supuesto, que paséis un día estupendo!

Os podéis descargar la presentación aquí: Un mundo sin traducción.

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Por cierto, por si aún hay algún despistado, sorteamos 3 bolsas traductoriles la mar de majas. Solo hay que seguir este enlace.

Y para acabar de tirar la casa por la ventana, que hoy es un día de fiesta, los cinco primeros que dejen un comentario en esta entrada, se llevan unas pegatinas de las traductoras pin up.

 

 

 

Traducción automática y TAV: poseditar subtítulos

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Estas semanas ha vuelto a salir el tema en redes de si las máquinas nos van a quitar el trabajo. Es la historia interminable, sí. Al parecer hay dos corrientes de pensamiento entre traductores: los que se niegan en rotundo a pensar que algo así pueda suceder y los que opinan que es una realidad a medio/largo plazo que hay que empezar a asumir. Y por asumir me refiero a que debemos mejorar nuestras habilidades en posedición porque puede que ahí esté parte de nuestro sustento.

Hace unos años, con ese afán juvenil y amor traductoril, me hubiera decantado por la primera, pero ahora me incluyo en el segundo grupo. Avanzo ya que con matices, claro. Se están desarrollando muy buenas herramientas de traducción automática (hay que dejar de pensar únicamente en Google translate y sus meteduras de pata habituales) que pueden ser incluso ventajosas para nosotros, pero no sirven para todo tipo de textos.

La revolución de las redes neuronales artificiales

En twitter hablamos del tema algunos compañeros a raíz de una serie de artículos (me atrevería a decir publicitarios) de DeepL que han aparecido en prensa, como este. Frases como «Los traductores profesionales conservarán sus trabajos durante, al menos, 20 años más» hicieron arquear las cejas a más de uno y no es para menos. Detrás de esta herramienta está la misma empresa que desarrolla Linguee, que supongo que muchos conocéis, con sus luces y sombras.

Estas nuevas herramientas están basadas en redes neuronales, según cuenta Gereon Frahling, director general de DeepL y exempleado de Google: «El servicio, al igual que sucede con otras tecnologías similares, encuentran su motor de crecimiento en el “machine learning” o “aprendizaje automático” basadas en redes neuronales artificiales. Es, pues, una de las revoluciones más recientes y que aplicadas en el campo de la robótica está logrando, junto a los modelos de “deep learning” o “aprendizaje profundo” que la Inteligencia Artificial sea capaz de mejorar rápidamente y “aprender” en función de los supuestos introducidos».

Sin embargo, está por ver que el traductor automático supere la calidad de una traducción humana. Esto dice Frahling: «Esperamos que suceda en unos años, pero no podemos apoyarnos en ninguna base sólida. A veces, ni siquiera el contexto basta: los traductores profesionales traducen según el cliente, el público al que va destinada la traducción, el ámbito de especialidad, el objetivo de la traducción o un producto, el registro deseado, la edad del destinatario, etc. Todos estos son datos que una red neuronal no tiene».

Algunos compañeros que lo han probado en textos periodísticos y generalistas, como Jota o Jordi Balcells, se muestran sorprendidos con la calidad de la traducción, que, en efecto, es mejor que el resultado que ofrece el traductor de Google.

Otros, como Traducción jurídica siguen recelando dada la sinonimia y tecnicidad de los textos jurídicos, como mostraban en esta imagen: 

Quise probar con un texto literario y el resultado era de esperar. Como bien dijo Jordi, estas máquinas no están pensadas para la ficción escrita y menos todavía para la audiovisual. Juzgad vosotros mismos:

Y observad la poca diferencia con Google Translate en este caso:

Como vemos, ni tiene el formato de diálogo adecuado ni el contenido acaba de fluir, por decirlo suavemente.

La posedición en TAV

Acabamos de comentar que este tipo de programas no acaban de funcionar bien con ficción y, sin embargo, precisamente esta semana me ha tocado participar en una especie de experimento para un cliente para ver si se puede aplicar la posedición en subtitulación. Para eso, el traductor debía controlar el tiempo con una aplicación como Toggl en dos etapas distintas: la primera, la traducción de un capítulo de una hora de una serie; la segunda, la posedición de la traducción automática de otro capítulo de la misma serie y con la misma duración. En ningún momento se nos ha dicho qué programa o herramienta han usado para traducir automáticamente el texto. Sí nos avisaron que podía haber discrepancias con el tiempo de entrada y salida de los subtítulos y con la segmentación. ¡Y vaya si las había!

En cualquier caso, la consigna era —en posedición— que tratáramos de tocar lo mínimo necesario y evitáramos retraducir siempre que se pudiera. ¿Se consiguió? Solo en parte. He querido recopilar aquí los resultados de esta tarea y algunos ejemplos de lo más llamativo.

Empecemos con los números y la ortotipografía. Por ejemplo, en la traducción automática se dan bastantes errores en medidas y cantidades. En un subtítulo en el que un personaje hablaba de cavar un agujero 5 feet deep, era de 5 metros en la traducción y no de metro y medio. Y en cuanto a ortotipografía, algo parecido: la traducción automática copiaba directamente el formato. En todos los casos de precios, la TA conservaba el orden anglosajón: $80 y no 80$ (no le he puesto el espacio entre número y símbolo porque no suele usarse en subtitulación: se perdería un espacio precioso).

Otros fallos recurrentes se observan en el tratamiento «tú» y «usted», que se pierde completamente, al igual que en número. Sin tener en cuenta la imagen, ese you puede ser tú o vosotros, usted o ustedes. Como sabéis, la imagen manda en TAV y es imprescindible fijarse en la imagen.

Un dato curioso más —que ignoro a qué es debido— es que muchos nombres propios, sobre todo topónimos, se escriben en minúscula. Por ejemplo, sucedía con la ciudad de Boulder, que pasaba a boulder en varios subtítulos. Afortunadamente no lo tradujo como «roca» o «peñasco» en ningún caso. Tampoco me hubiera extrañado.

Ya que hablamos de nombres propios, a veces se traducen literalmente. Barb aparece traducido como «diente» y «barbilla» en varias ocasiones. Un personaje llamado Salty pasaba a ser «salado» en tantas otras.

Al contrario de lo que se pueda pensar, sí se cometen errores ortográficos; por ejemplo, escribe aún así cuando debe ser «aun así» No distingue entre como y cómo y, curiosamente, no tildó casi ningún pronombre interrogativo. Y también lo observé en algunos pronombres personales: He loves me. ☛ El me ama.

También se observó arbitrariedad en los signos ortográficos: a veces usaba correctamente los dos y en otras, desaparecía el de apertura.

Por último, también bailaron algunas preposiciones: I want to see Albert. ☛ Quiero ver Albert. ☛ Quiero ver a Albert.

Sección especial merecen algunas frases y expresiones que sufrieron cambios bastante significativos. Veámoslas:

Original Traducción automática Traducción propuesta
Are we done? Casa patas arriba. ¿Hemos acabado?
As if I didn’t feed you. Como si no te metiera Como si no os hubiera dado de comer.
Don’t see him much anymore No lo veo mucho más. Ya no lo veo tanto.
Don’t you dare tell another soul No te atrevas a otra alma No te atrevas a decir ni mu / a abrir la boca / Como le digas a alguien…
He’s good. Es bueno. Está bien.
No. No hay. No.
Power-hungry husband Marido traga-energía Ávido de poder
Should there be? ¿Si se realiza? ¿Debería?
So help me if… Entonces ayúdame Juro que…
There’s a Little buzz going up here… Hay un ligero zumbido por ahí arriba… Se rumorea / Hay ciertos rumores…
This is just so incredibly effed up Esto está tan fuera lastimado La cosa está muy jodida
…trying to ask me… …tratando de invitarme… …quería pedirme…
What’s the hurry? ¿No puedo controlar mis deseos? ¿Qué prisa tienes?

Ahora os preguntaréis si hace algo bien. ¿Qué se traduce correctamente? Pues sobre todo las frases más sencillas sin juegos de palabras:

And I… I said I wasn’t sure. Y yo… dije que no estaba segura.
Don’t you want a life like mine? ¿No quieres una vida como la mía?
Go sit. Where’d your mom go? Ve a sentarte. ¿Dónde ha ido tu madre?
I changed my mind. I’m sorry. Cambié de opinión. Lo siento.
I have told you all this. Ya te he contado todo esto.
It’s about Marge. I need you to talk to her. Se trata de Marge.

Necesito que hables con ella.

It’s cold. Hace frío.
Just hold tight. Aguanta.
Listen to me. Escúchame.
They’re cowards. You know that. Son cobardes. Tú lo sabes.
This isn’t North Korea. Esto no es Corea del Norte.

Con las frases subordinadas se pierde un poco más:

I didn’t hear Lee say

he thought it was preposterous.

Lee no oí decir que le pareciera

absurdo.

Pero a veces sorprende con algún referente que otro:

You’d better hide the Drano, Bill,

‘cause I might drink it.

Ya puedes esconder la lejía, Bill,

‘ porque puede que me la beba.

En total, un capítulo anterior de la misma duración —1 hora, recordemos— se tradujo partiendo de cero en 9 horas 43 minutos, incluyendo las diversas revisiones que requiere este cliente. La posedición supuso 7 horas 6 minutos. Nos hemos ahorrado alrededor de 2 horas 30 minutos. ¿Vale la pena? Pues por dos horas yo creo que no, sinceramente (el cliente, ya no sé).  Hay que estar mucho más pendiente que si fuera una revisión normal. Piden que no se toque en exceso y que se evite retraducir, pero muchas veces no queda otra.

En general, sí me parece que hay que ser algo recelosos con el desarrollo y perfeccionamiento de estos programas, pero de momento no debe quitarnos el sueño. Por lo que sí deberíamos luchar ahora es por unas tarifas de posedición dignas (repetimos: no son simples revisiones) y pensar que nada es la panacea.

De algún modo pienso que un sistema de TA es como un(a) Roomba. No puedes encenderla sin más y esperar que te lo deje todo completamente limpio. Primero debes procurar que no haya nada que obstaculice su paso, recoger un poco y luego seguramente veas que ha quedado un rinconcito por aspirar. ¿Que por qué os hablo de esto? Pues porque para que un sistema de traducción automática funcione realmente bien tiene que haber un buen trabajo previo en el texto: hay que escribir para la máquina, de algún modo, y se debe comprobar que el texto esté bien escrito, que no haya errores, etc. Me pregunto si añadiendo todo esto en la ecuación (primera revisión completa del texto + traducción automática + posedición) nos ahorramos tiempo realmente, pero eso ya es otro debate.

Para resumir un poco todo esto, me quedo con las palabras de Ben Screen en este artículo: «Today, machine translation can create rough drafts of relatively simple language, and research shows that correcting this draft is usually more efficient than translation from scratch by a human. But machines do not now – and it is questionable whether they ever will be able to – replace a translator’s brain. No matter how complex the code behind it, an automated system would struggle to get the same sense of the words».

Y a vosotros, ¿qué os parece todo esto?

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Algunos artículos más para reflexionar:

5 cosas que un traductor puede hacer en agosto

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La primera podría ser tomarte unos días libres. Las vacaciones son necesarias siempre, aunque impliquen unos pocos días alejado del escritorio. Sin embargo, como ser autónomo te permite coger las vacaciones cuando te apetezca, tal vez este mes no sea tu mes de descanso.

El verano es una época curiosa en traducción. Hay poco trabajo en algunas ramas y mucho en otras. En agencias hay trabajillo para los que no se van de vacaciones y en editorial se prepara la rentrée literaria, con lo que muchos traductores editoriales trabajamos a destajo en estas fechas.

Para mí, agosto es una especie de fin de año, supongo que por la influencia del curso escolar. Septiembre marca el inicio de un nuevo curso y es también un punto de inflexión. Si, como yo, combinas unos días de vacaciones con trabajo en casa, ¿qué puedes hacer en verano?

  1. Ponerte al día con lo último sobre la profesión

El día a día deja poco tiempo para muchas cosas, como seguir la pista a nuevos libros sobre traducción e interpretación o leer los artículos de algunos blogs que nos han llamado la atención y dejamos aparcados para leer más tarde, etc. Agosto es buena época para descubrirlos y ver qué se cuece en el mundillo.

Algunas lecturas recomendables, como las que os apunto de vez en cuando en forma de artículo o después de cada entrada:

Entrevistas refrescantes:

  1. Actualizarte

¿No te pasa que quieres responder a alguna oferta de trabajo y justo te das cuenta de que no has actualizado en CV en años? Estos días van muy bien para actualizar la información del currículum, de la página web, de los perfiles que tienes en redes (LinkedIn, por ejemplo)… De esta manera lo tendrás todo nuevecito y a mano cuando te apuntes o respondas a alguna oferta a la vuelta de las vacaciones.

En este mismo sentido y si no lo has hecho ya, crea una carpeta en tu ordenador con todo este material: CV en español, CV en otros idiomas, cartas/mails de presentación, listado de libros traducidos, etc.

  1. Invertir en formación o hacer algún curso que tengas aparcado

Confiesa: tienes algún cursillo a medias. O bien has pagado por él y ni lo has empezado (esa soy yo con los de Random House. ¿Los conocías?). Quizá le habías echado el ojo a alguno y aún no te habías lanzado. Si hay convocatorias de verano en las escuelas en línea, ahora es un buen momento para hacer estos cursos de descubrimiento o reciclaje.

  1. Revisar los balances del año y examinar tu estrategia profesional

Aunque sea una tarea que debe hacerse regularmente, aprovechemos también para ver qué facturas están por cobrar y qué balance hacemos de los últimos meses. Eso implica dar un repasito a los clientes que tenemos y ver a qué futuros clientes podemos dar un toque. Y, por supuesto, pensemos ya a qué nuevas puertas llamar y llevemos un registro de todos estos contactos. Nunca es mal momento para lanzarse a la caza de clientes.

  1. Planificar las jornadas de TeI que se ofrecen en otoño

En otoño empiezan a brotar las jornadas de TeI como setas. Si quieres hacer contactos y ponerte al día —como comentaba en el primer punto—, asistir a estos eventos es una grandísima idea. Aprovecha estos días para ver fechas e ir planificando el viaje.

Algunas jornadas que se avecinan:

Yo no me las perdería —de hecho, me habían invitado a las dos primeras—, pero el bollito que llevo en el horno me dice que me lo tome con calma en esas fechas. ¡Otra vez será! Pero tú que puedes, ni lo dudes.

Si te has quedado con ganas de más, aquí va el bonus track: si tienes blog, también es un buen momento para planificar futuras entradas y si eres de los que echas de menos los cuadernos de Vacaciones Santillana, los de Blackie Books te encantarán para mover esas neuronas aplatanadas por el calor. Para mí son una adicción.

Y hasta aquí la entrada de hoy. ¿Apuntarías algo más? ¿Qué haces en verano que te resulta la mar de útil? Ya sabes que puedes dejar todos los comentarios que quieras y ¡seguimos hablando!

Entrevista a Carlos Fortea sobre el Informe del valor económico de la traducción editorial

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Hay novedades en el sector de la traducción editorial. El 30 de junio ACE Traductores presentaba en el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte el Informe del valor económico de la traducción editorial, elaborado por la consultora AFI y que podéis descargar aquí mismo.

El famoso informe

Mediante este Informe, como expone ACEtt en su página web, «se pretendía dar una respuesta a una pregunta que nos preocupaba desde hace mucho tiempo. Aunque sabíamos que el número de títulos que lanzábamos al mercado cada año oscilaba entre el 16 y el 27 %, nos preguntábamos cuánto representan esos porcentajes en términos de facturación o, en otras palabras, cuál es el auténtico valor económico de la traducción editorial.

El Informe elaborado por AFI señala, en primer lugar, que hay diez empresas o grupos de empresas que controlan cerca del 75 % del mercado editorial. Estas empresas concentran, por tanto, la mayor parte de nuestro trabajo y nos tienen acostumbrados a ofrecernos contratos en los que nuestra capacidad de negociación, dada precisamente la desproporción entre su capacidad de oferta y la nuestra, se reduce a cero.

El Informe revela también que existe una increíble opacidad en el mercado: los traductores seguimos teniendo que aceptar de buena fe liquidaciones de derechos que son meras declaraciones de una de las partes involucradas en el acto económico al que nos referimos. En muchas ocasiones, además, nos vemos obligados a requerirlas, porque incumpliendo lo que figura en nuestros contratos ni tan siquiera se nos hacen llegar.

Según los resultados del estudio que hemos presentado hoy, los traductores aportamos a las editoriales el 35 % de su facturación anual —es decir, en torno a 294 millones de euros—, aunque debido a la bajada de las tarifas nosotros acumulamos una enorme pérdida de poder adquisitivo».

Entrevista en Hoy empieza todo con Marta Echeverría

Con motivo de la publicación de dicho informe, el pasado 11 de julio entrevistaron a Carlos Fortea en el programa de radio Hoy empieza todo que presenta Marta Echeverría en Radio 3.

Carlos Fortea, a quien tuve el placer de conocer en 2015 en una mesa redonda sobre traducción editorial en Málaga, no es solo el presidente de ACEtt; es escritor, profesor en la Universidad de Salamanca y traductor literario con una labor de más de cien títulos, entre los que se cuentan obras de Thomas Bernhard, Günter Grass, Stefan Zweig, Alfred Döblin, E.T.A. Hoffmann y Eduard von Keyserling. Nadie mejor que él, pues, para hablar del informe y reivindicar nuestros derechos como traductores editoriales.

Aquí os dejo la entrevista, que también podéis escuchar en esta página, para entender qué se explica en el informe, qué se reivindica y cómo conseguir que se respeten nuestros derechos.

 

Marta: Seguimos con otro asunto que tiene que ver con el sector de la traducción, que facturó en España casi trescientos millones de euros en el 2016. Una cifra que supone el 35 % de los ingresos de las editoriales nacionales durante ese año. Sin embargo, en nuestro país siete de cada diez traductores profesionales se ven obligados a compaginar su actividad con otros trabajos. Son datos extraídos de «El valor económico de la traducción editorial», un estudio, el primero que se hace de este tipo que ha sido subvencionado por el Ministerio de Cultura y que se presentó hace unos días, Carola.

Carola: Sí, Marta, el informe también revela que más de un cuarto de los encuestados trabajó en negro en 2015, que uno de cada tres tan solo traduce uno o dos libros al año y que sus ingresos medios anuales rondan los cinco mil euros brutos; algo que contrasta con las cifras que genera el mercado editorial en el que, según datos de la consultora Nielsen, siempre hay entre cinco y seis obras traducidas en el top 10 de los libros más vendidos en España. Es por esto, Marta, que como ya hicimos en su momento como otros gremios precarizados como el de los actores y el de los figurantes nos hemos puesto en contacto con el de los traductores para que nos expliquen su situación. Ojo, no para lloriquear, y en eso me han insistido muchísimo, sino para exponer sus problemas y ofrecer soluciones porque las tienen. Habla Carlos Fortea, traductor y director de ACE Traductores. Vamos a escucharlo.

Marta: Sí, sí. Antes de eso, hemos tenido una maravillosa errata en nuestro Twitter. Decimos que siete de cada diez tractores en España tienen que pluriemplearse.

Carola: No, tractores no, por dios…

Marta: Los traductores. En un momento lo corregimos y ya ahora si escuchamos a Carlos Fortea.

Carola: Carlos, los traductores generáis un 35 % de los ingresos del sector editorial, pero la mayoría no podéis vivir de vuestro trabajo. ¿Qué tarifas se están manejando?

Carlos: Nosotros no podemos hablar de tarifas en público porque la Comisión de defensa de la competencia nos lo prohíbe. Por lo tanto, lo único que puedo dar es un dato que está publicado, que es el dato que se manejó en el Libro Blanco de la traducción editorial del 2010, es decir, ya es un poquito antiguo. En aquel momento el resultado del estudio de la encuesta de tarifas que se había hecho en aquel momento daba una tarifa media de 11,5 euros por página de dos mil cien pulsaciones, dos mil cien caracteres.

Carola: Eso significa —los datos de los que estábamos hablando— que en España más de la mitad de los traductores profesionales necesitan otro trabajo para vivir; lo tienen que compaginar con la docencia, por ejemplo, con el periodismo… Es evidente que esto os tiene que preocupar, al gremio de los traductores. ¿También debería preocupar a los lectores? ¿En qué nos afecta que las condiciones de los traductores se sigan depauperado?

Carlos: A quien más debería preocupar es a los lectores y también al sector editorial que nos contrata. Cuando un traductor tiene que hacer su trabajo en condiciones de… como tú has dicho muy bien, de depauperación, eso significa que inevitablemente que va a tener que trabajar muchas más horas para producir el mismo rendimiento económico. Es inevitable que la calidad se resienta. Con independencia de que nosotros tengamos un claro imperativo ético por que la calidad de las traducciones se mantenga, es decir, por que cada profesional se esfuerce en conseguir el mejor resultado en cada ocasión, ¿cómo puede conseguirlo si su trabajo se ve perjudicado por la necesidad duplicar las horas al día? Esto viene ocurriendo muy claramente desde la entrada en vigor del euro. Las tarifas nunca fueron altas, pero tenían una regularidad, digamos, hasta ese momento, cuando se produjo la entrada en vigor del euro se hizo la conversión automática de euros a pesetas y desde ese día en adelante las tarifas no han hecho otra cosa que bajar. Es decir, estamos en niveles del año 2001.

Carola: Entiendo que muchos traductores profesionales se plantearán tirar la toalla y dedicarse a otra cosa, directamente. Que está provocando quizás el éxodo de los profesionales y quizás el intrusismo, no sé si de aficionados, pero de gente quizás con menos formación. No lo sé.

Carlos: Hay una expulsión del mercado, por una parte, de traductores competentes y, por otra parte, hay una falta de entrada, es decir, los chicos que se licencian en las facultades de interpretación, sobre todo chicas —es una profesión crecientemente feminizada— se lo piensan. A la hora de decir «me voy a dedicar a la traducción literaria», dicen: ¿Esto es viable? ¿Es una forma de vida accesible? ¿Lo puedo mantener? Entonces al final hay gente que no entra al mercado, gente que tendría capacidad suficiente, gente que tendría calidad para irse formando, para ir mejorando sus capacidades y que, o abandona en los primeros estadios o ni siquiera entra. Eso es muy grave para el sector.

Carola: Carlos, hemos hablado de las consecuencias, vamos a abordar ahora las causas. ¿Cómo hemos llegado hasta aquí? Creo que el monopolio de los grupos editoriales tiene bastante que ver con vuestra situación.

Carlos: Claro, aquí hay varias causas fundamentales. La primera es esa congelación de tarifas de las que te hablaba antes. Y eso tiene mucho que ver con la concentración editorial. En este momento, según El informe sobre el valor económico de la traducción que acabamos de publicar, diez editoriales, o diez grupos editoriales, concentran el 73 % de la edición en España. Eso quiere decir que con esos grupos que te ofrecen un tipo de contrato cerrado, la negociación en realidad no existe, es un «lo tomas o lo dejas» creciente. Sobre todo en el apartado de tarifas, que, como te digo, nos preocupa de manera primordial.

En segundo lugar, y es muy importante, tenemos un problema muy grave respecto a la liquidación de derechos de autor. Los traductores cobramos nuestra tarifa como anticipo de los derechos de autor y luego se nos factura en función de las ventas de los libros. Eso implica que a estas alturas del siglo XXI se nos sigan haciendo liquidaciones que son declaraciones de parte, es decir, las editoriales envían una declaración en la que dicen cuánto han vendido y tú te lo tienes que creer sin más.

Eso hasta ahí ya es bastante serio. Es todavía más serio cuando esas liquidaciones no llegan y es todavía más serio cuando hay un sector como el de la lectura infantil y juvenil, el 40 % de cuyos títulos son traducciones, en los que muchas ocasiones se sigue trabajando sin contrato, se sigue trabajando sin liquidaciones y cuando son textos dedicados a un público infantil, es decir los textos cortitos, textos que no tienen mucho texto, las editoriales eluden directamente pagar derechos, ignorando que del libro no se pagan derechos en función del tamaño que tiene, sino en función de las ventas que tiene. En muchas ocasiones hay grandes títulos de literatura infantil que venden centenares de miles de ejemplares de los que el traductor no percibe nada.

Carola: Me sorprende, Carlos, la falta de sensibilidad que existe dentro del propio gremio editorial, es algo llamativo. Podría entender, no justificar, pero podría entender que a la mejor un gremio externo, ajeno absolutamente a vuestra labor, que no sea capaz de valorar el esfuerzo y la formación que supone traducir un libro se muestre así de implacable, pero que lo haga alguien del sector editorial, en fin, me parece llamativo.

Carlos: Coincido completamente con tus palabras. Si las personas que nos dedicamos al proceso del libro, a producir un producto cultural, realmente somos conscientes de que se trata de un producto cultural, ¿cómo es posible que se esté tratando así a los profesionales que lo hacen llegar desde otras lenguas al español? A un colectivo que, como digo, representa un 35 % de las ventas del mercado, mucho más en el sector de la literatura infantil y juvenil, y que es capital para la circulación de las ideas. ¿Con quién estamos hablando? O sea, ¿realmente estamos hablando de personas que se dedican al sector del libro exclusivamente para generar un beneficio económico o de gente que se dedica al sector del libro como lo hacemos nosotros para generar un producto cultural?

Carola: Carlos, tengo la impresión de que parte del problema es que, como sociedad, no estamos muy sensibilizados con la importancia de la traducción, que no es un trabajo valorado. Convendría explicar el tiempo y el esfuerzo que exige traducir una hora y, aunque entiendo que esto varía en función de la extensión, de las peculiaridades del texto, del género, no sé… Imagino, por ejemplo, que traducir poesía tiene que ser especialmente complejo, ya solo por cuestiones de métrica. ¿Cuánto tiempo, qué dedicación estimas que puede exigir la traducción de una novela, por poner un ejemplo?

Carlos: Yo le diría a un lector que se ponga en la circunstancia de un traductor que va a traducir, pongo por caso, un clásico, un clásico del siglo XIX. Un traductor que tiene que documentarse de cada uno de los objetos que aparecen en ese libro a los que tiene que dar el nombre exacto que tenían en castellano en ese momento; que tiene que documentarse acerca de las costumbres, porque en muchas ocasiones uno no va a saber por qué ocurren determinadas cosas.

Hay una maravillosa nota al pie de la página de la última versión de La señora Bovary que hizo María Teresa Gallego. No recuerdo la nota con exactitud en este momento, pero explicita por qué en un momento determinado, un personaje tapa una copa con la mano para indicar que no le sirvan. Eso es el resultado de un proceso de documentación muy largo. Todo eso requiere una cantidad de trabajo antes de escribir la primera línea absolutamente tremendo, más todo el tiempo que luego lleva la propia redacción del texto, que no es simplemente copiar lo que pone en una lengua y copiarlo en otra, es resolver constantemente los problemas que eso plantea, pasar de una sintaxis diferente, pasar de una mentalidad distinta.

Carola: De momento, el Ministerio de Cultura ha aprovechado la presentación de este informe para informar de una serie de medidas que pondrá en marcha con el objetivo de mejorar el reconocimiento público de los traductores. Hablaban de la creación de una beca para ellos en la residencia de estudiantes, de la celebración de un encuentro de traductores y de otras iniciativas, pero entiendo, Carlos, que, además de todo eso, lo que vosotros necesitáis es que el mercado se regule para garantizar unas tarifas de decentes, que era lo que reivindicabas antes, y la liquidación de vuestros derechos de propiedad intelectual. No sé si vosotros tenéis alguna propuesta al respecto.

Carlos: Por supuesto que sí. Nosotros estamos muy agradecidos a las políticas del Ministerio en este momento. Efectivamente, están mostrando gran sensibilidad hacia el colectivo y quiero dejarlo expresamente dicho aquí, pero la historia nos dice que los verdaderos saltos en esta profesión se han dado cuando se han tomado medidas legislativas. El gran salto de la traducción se dio en 1987 con la ley de la propiedad intelectual, de la que ahora se cumple 30 años. Se están haciendo actividades para celebrarlo y se ignora que esa ley no se cumple. Entonces tenemos que asegurar que se cumpla.

Tenemos que hacer que los contratos que firmamos sean contratos legales y para eso hemos propuesto en muchas ocasiones la creación de una instancia administrativa que vise los contratos. No sería tan complicado porque los grandes grupos tienen modelos. Sería simplemente decirle a un gran grupo: este modelo de contrato no se atiene a la ley y por tanto no vale. Sería tan sencillo como eso y eso es apenas una modificación de la ley de propiedad intelectual. Igualmente sería muy sencillo establecer en la ley la necesidad del seguimiento de las ventas por medios tecnológicos. Hoy en día son muy fáciles.

Decía en una ocasión, o mencionaba el otro día en una presentación del informe Manuel Marín que, si somos capaces de seguir la pista de un huevo desde que lo ponen en una granja en Bélgica hasta que lo compramos en un supermercado de Cuenca, seguramente no debe de ser muy difícil seguir la pista de un libro cuando se vende en una librería. Simplemente pasarlo por un código de barras, que ese código de barras vaya a una base de datos a la que tengamos acceso los autores y los editores en tiempo real, y sepamos a la vez los dos que hemos vendido un libro. Y que el editor sepa que de ese libro le corresponde su 30 % y a nosotros nuestro 1 %. Simplemente eso y eso no puede ser muy difícil. Eso es una modificación que lleva un párrafo en una ley, no pedimos más. Es mucho lo que obtendríamos por muy poco trabajo legislativo.

Carola: Pues, Carlos Fortea, traductor y director de ACE Traductores, muchísimas gracias por atendernos.

Carlos: Muchas gracias a ti.

Carola: Y mucha suerte.

***

¿Os ha sorprendido algo? ¿Habéis sufrido condiciones similares a las que comenta Carlos Fortea? Podéis dejar más abajo vuestros comentarios con anécdotas y experiencias.

Espero que os haya resultado interesante y ¡nos leemos en la próxima entrada!

Translator Things: un vistazo a la subtitulación y al doblaje profesionales

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Estaba nublado y soplaba un viento desagradable, un viento que me recordaba que la primavera aún estaba lejos. Me dirigí al sótano del Campus y entendí que no era la única en haber recibido aquella extraña llamada. La puerta estaba entreabierta y, encima de una mesa que había en la entrada, observé unos pequeños folletos con una inscripción en código binario que interpreté como AETI. No cogí ninguno porque me dio miedo alterar el espacio-tiempo, así que avancé dos pasos para dejarlos atrás. Respiré hondo. Nadie estaba aguantando el portón, pero permanecía abierto por una extraña fuerza. “¿Qué es lo que me ATRAE?”, me pregunté. Conté hasta diez, di un paso más largo que los anteriores y, de pronto, estaba allí. Aterrorizada, me di cuenta de algo verdaderamente insólito. Unos centímetros más abajo de los rostros de todos los humanos que allí se encontraban, aparecían una especie de caracteres en apariencia indescifrables. Entonces lo comprendí: ¡estaban subtitulados!

Así empieza la original reseña de Anna Varela Griñena para la AETI de la conferencia sobre traducción audiovisual organizada por Guillermo Parra en la Universitat Pompeu Fabra. Guillermo, profesor y subtitulador profesional, invitó a Begoña Ballester-Olmos (de BBO Subtitulado) y a servidora para que habláramos de los entresijos (y tejemanejes) de la subtitulación y el doblaje.

Tuvimos la suerte de que la conferencia, que tuvo lugar el 28 de febrero de 2017, pudiera grabarse, así que aquí la tenéis para todos aquellos que os la perdisteis. Además, disfrutamos de la participación estelar de Quico Rovira-Beleta, traductor de Star Wars, entre muchísimos otros, y Paula Mariani, profesora de traducción, expresidenta de ATRAE, vocal de DAMA y traductora de Modern Family, también entre muchos otros.

El objetivo era dar una pincelada a los aspectos profesionales de ambas modalidades de traducción audiovisual. En el caso de la subtitulación, ¿cómo se trabaja? ¿Qué se cobra? ¿Dónde están los clientes? En el caso del doblaje, Begoña nos contó de qué tipos de materiales dispone, nos enseñó algunos fragmentos de películas traducidas en su empresa y nos habló de algunas dificultades específicas. Todo la mar de instructivo (y no lo digo porque yo participara, ¿eh?).

También hubo un buen coloquio posterior a raíz de las preguntas de los asistentes. No os perdáis tampoco esta parte. Aquí os la dejo:

 

Por si queréis echarle un vistazo a mi presentación, os la dejo también mediante enlace para que podáis ir siguiendo mi intervención o, simplemente, la tengáis de referencia.

INICIARSE Y AHONDAR EN TAV

No quiero terminar sin dejar algunos consejos y recursos para traducción audiovisual. Sois muchos los que preguntáis cómo iniciarse y moverse en este mundillo, así que aquí van algunos enlaces útiles.

Másteres y cursos especializados en TAV

Libros interesantes

Artículos

Varios

Además de todos los profesionales mencionados en este artículo, también recomiendo seguir a aquellos especialistas en TAV que comparten sus vivencias y experiencias laborales (dificultades, gestión de trabajo, juegos de palabras, etc.) y de los que siempre se puede aprender: Javier Pérez, Alberto Fernández, Herminia Páez, Álvaro Méndez, Sara HernándezFernando CastilloAle Durán, Marta Baonza y tantos otros que sería imposible recopilar en una sola entrada.

Y ya para terminar, un breve apunte: acordémonos más de las buenas soluciones en traducción (audiovisual o no). Tendemos a criticar traducciones por las redes, pero tampoco cuesta nada elogiar aquellas soluciones que nos llamen la atención por lo creativas e ingeniosas que son, ¿verdad?

¡Hasta la próxima!

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