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A veces nos repetimos tanto algo que acabamos creyendo que es cierto. Pasa continuamente en nuestra vida cotidiana y, claro está, también es un fenómeno que se aplica a la lengua.

Si a esta ecuación le añadimos el poder de creación y propagación que tiene Internet, preparémonos para encontrarnos de todo. Recuerdo, por ejemplo, el caso del supuesto bando del ayuntamiento de Sa Pobla, Mallorca, de 1987.

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Desmontar textos de este tipo es bastante sencillo también, claro que preferimos creerlo o seguir difundiéndolo por aquello de se non è vero, è ben trovato.

Algo parecido sucede con la creencia de que en la tumba de Groucho Marx hay un «Disculpe que no me levante». Es cierto que una vez comentó en una entrevista que le gustaría que grabaran esa frase en su epitafio, pero al final solo consta su nombre y apellido, la fecha de nacimiento y muerte y una estrella de David.

Epitafio de Groucho

Epitafio de Groucho

En definitiva, con esto, como con tantas otras cosas, lo mejor es recordar lo que dijo Abraham Lincoln: «No os creáis todo lo que leéis en Internet».

Etimologías curiosas… ¿y falsas?

El campo de la etimología es terreno abonado para la inventiva. El origen de algunas palabras es muy curioso y nos llama la atención, por ejemplo los relacionados con el mundo laboral y que alguna vez hemos comentado en twitter o facebook: «salario» deriva del latín salarium, que significa «pago de sal» o «por sal» y proviene del antiguo imperio romano, donde muchas veces se pagaba a los soldados con sal, que era muy valiosa ya que en la antigüedad era una de las pocas maneras que se tenía de conservar la carne.

Otra etimología que gusta mucho es la de «trabajo», por su simbología y el juego que da. Trabajo viene del latín tripalium, que significaba literalmente «tres palos» y era un instrumento de tortura formado por tres estacas a las que se amarraba al reo. Curioso origen, ¿verdad?

Sin embargo, hay otras palabras cuya etimología cambiamos por error o porque comparte raíz con otra palabra que da más juego. Es el caso de «testificar», que parece compartir raíz con «testículo», pero, en realidad, su raíz es la de tres y la de stare: el testigo es la tercera persona que hay en una situación delicada. Y no me extraña, nos encanta encontrarle sentido sexual a todo.

Al César lo que es del César

Otro caso curioso de falsas etimologías son las que se atribuyen a Julio César, que además de gran conquistador, dio pie a muchas palabras y construcciones. Como no tenía suficiente con las batallas, se ve que al hombre le dio por inventar ensaladas. En realidad la ensalada César, aunque se habla de varios orígenes, generalmente se le atribuye al cocinero italoamericano César Cardini.

Se dice que la «cesárea» también es por él, que nació gracias a esta intervención y el procedimiento lleva su nombre en su honor. Sin embargo, su origen es la Lex cesarea, que ordenaba operar a toda mujer que estuviese a punto de morir en las últimas semanas del embarazo, con la intención de salvar al hijo. En este caso el nombre procedería del verbo caedere, «cortar» en latín.

Y de forma tangencial al tema de hoy, se dice que lo del Ave César tampoco era para tanto. Resulta que la célebre frase «Ave Caesar Morituri te Salutant». Esta aciaga frase, popularizada por los cómics de Astérix y las muchas películas ambientadas en la Antigua Roma como Gladiator, es más frecuente en la ficción que en la realidad. Según recogen en un artículo sobre leyendas urbanas en la Vanguardia, algunos historiadores como Suetonio la recogen en sus libros con un inicio distinto: «Ave Imperator» en lugar de «Ave Caesar».

Ave César en Astérix

Leyendas urbanas etimológicas

Cuenta la leyenda que el nombre de «canguro» habría surgido al preguntar los occidentales el nombre de aquel animal y que los aborígenes australianos respondieran: Kan Ghu Ru. Los occidentales creyeron que ese era el nombre, pero resulta que lo que decían era «no entiendo la pregunta».

Sin embargo es más aceptable otro origen. Joan Corominas, experto en etimología, dice que entre los aborígenes australianos significaba «cuadrúpedo en general» y que también deriva de gangurru, una palabra de los indígenes Guugu Yimidhirr (una lengua aborigen australiana), que hace referencia al canguro gris o de mayor tamaño. El nombre fue escrito por primera vez, en su versión inglesa kangaroo, por James Cook el 4 de agosto de 1770 y al castellano nos llegó muy probablemente por el francés.

Algo muy parecido encontramos en la zona de México conocida como Yucatán. Dicen que viene de la conquista, cuando un español le preguntó a un indígena cómo llamaban ellos al lugar y este el indígena le contestó yucatán: no te entiendo. Otros dicen que la respuesta uh yu ka t’ann significa en maya «oye cómo hablan». Y hay una tercera versión que dice que, ante la pregunta de los exploradores foráneos, los nativos, que casualmente tenían en sus manos las gargantillas de sus mujeres, contestaron: U Yu c-atan, «son los collares de nuestras esposas».

Al parecer, la versión que tiene más adeptos es la que dice que viene de Yuk’al-tan mayab, que era la designación lingüista de su nación, y que quiere decir literalmente: todos los que hablan la lengua maya.

Pero llevarse a engaño no es infrecuente ni es algo nuevo, como bien explica Mª Ángeles Sastre en un artículo de El Norte de Castilla:

«Entre 1726 y 1739 la RAE sacó a la luz el Diccionario de Autoridades, el primer diccionario de factura académica, que intentaba ofrecer la etimología de los vocablos registrados, aunque bajo la entrada “etymología” dice que “muchos reciben engaño en las etymologías”.

Hoy los especialistas, y en general quienes tengan deseos de averiguar la procedencia de las palabras, tienen a su disposición el monumental Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico (1980), de Joan Corominas y José Antonio Pascual. Los autores, además de ofrecer la etimología de los vocablos registrados, establecen la cronología de la aparición de dichos vocablos en la historia de los textos.

Pero hay muchas etimologías que carecen de fundamento lingüístico porque atribuyen de manera espontánea determinado origen a una palabra relacionándola fundamentalmente con otra de distinto origen o asociándola a una raíz a la que no pertenece. Se producen de este modo cambios fonéticos, morfológicos o semánticos que normalmente no tendrían lugar. Este tipo de etimología se conoce con el nombre de etimología popular.»

Veamos algunas de estas etimologías en castellano. No están todas, pero sí algunas de las más curiosas. (Haced clic en la imagen para verla mejor)

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¿Quién quiere al badulaque? ♫♪♫♪

Otro fenómeno digno de mención es el de aquellas palabras que acabamos usando de una forma completamente distinta a la original y cambian de significado. Un caso destacable es el de badulaque.

En origen, badulaque no tiene nada que ver con los comercios regentados por paquistaníes, que es el significado que se le da ahora gracias a Los Simpson. Según Alfred López, proviene del mozárabe y hace referencia a un condimento compuesto de varios ingredientes, afeite según la RAE.

Posteriormente pasó a designar un guiso conocido como chanfaina. Este guiso inconsistente, con vísceras y desperdicios, hizo que el nombre pasara a definir a un tonto, a un necio, y así fue como badulaque se empezó a usar como insulto por allá el siglo XIX.

Y ya en esta última etapa —o no, quién sabe lo que le depara a este término—, un badulaque es una tiendecita donde puede encontrarse casi de todo. Al parecer, la idea de llamar así al Kwik-E-Mart fue de Carlos Revilla, director del doblaje de la serie Los Simpson y voz de Homer hasta su defunción en el año 2000.

Según López, «todo parece indicar que se inclinó por este nombre debido a la variedad de ingredientes del afeite (la primera acepción que da el diccionario) respecto a la palabra y la diversidad de productos que se vende en el comercio de Apu».

En todas partes cuecen habas

La curiosidad por el origen de las palabras se extiende a todos los idiomas y todos ellos tienen etimologías de lo más curioso. Como una de mis lenguas de trabajo es el inglés, que no el italiano o el griego o el danés, veremos algunos ejemplos de esta lengua.

Una palabra que me encanta por su historia y porque, de alguna forma, tiene un recorrido parecido al de badulaque es spam. En origen, la palabra surgió como abreviatura de spiced ham, jamón condimentado, que usó la empresa Hormel Foods en 1957 y que abastecía especialmente a los soldados durante la Segunda Guerra Mundial.

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¡Al rico spam!

Sin embargo, el grupo de humoristas británicos Monty Python se burló de este producto en una famosa escena en el que unos clientes acuden a un restaurante y, ¡sorpresa!, todos los platos llevan spam. Este gag le dio la fama definitiva a la palabra, que entonces pasó a designar algo abundante que nadie quiere, precisamente como los correos basura.

E igual que el origen de las palabras suscita interés, también se dan casos de etimología popular, especialmente en términos soeces o sexuales (¡cómo no!) como fuck o shit, pero no solo. Veamos algunos ejemplos:

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Entre siglas anda el juego

Con este repaso a las etimologías populares, lo que es evidente es que los acrónimos y las siglas dan muchísimo juego para inventarnos los orígenes de las palabras o encontrarles un doble sentido. Según dicen en etimologías.dechile.net, algunos filólogos aseguran que los acrónimos (creación de nuevas palabras mediante siglas) empezaron a popularizarse en el siglo XX y ponen como ejemplo la palabra «láser» (light amplification by stimulated emission of radiation) y «radar» (radio detecting and ranging), pero no está del todo claro.

Es de sobra conocido que tanto el castellano como el inglés —y los demás idiomas europeos—, tienen una gran influencia del latín y se sabe también que los romanos solían usar siglas, como atestiguan INRI, Iesus Nazarens Rex Iudaeorum (Jesús de Nazaret, rey de los judíos) y SPQR, Senatus Populusque Romanus (Senado y pueblo romano).

Sin embargo, es tan fácil dar a las siglas el sentido que uno quiere que son todo un caramelito. Aún recuerdo algunas de cuando iba al colegio: SEAT (Siempre estarás apretando tornillos), RENFE (Rogamos empujen nuestros ferrocarriles estropeados), o ADIDAS (Asociación de idiotas dispuestos a superarse).

Y lo mismo en inglés. Cuando muy desafortunadamente se desintegró el Challenger con siete astronautas a bordo, se popularizaron las siglas de la NASA como Need Another Seven Astronauts.

¿Coincidencia o nombre buscado?

¿Coincidencia o nombre buscado?

Sea como sea, hay etimologías reales muy curiosas y etimologías tan graciosas que por fuerza tienen que ser falsas, pero esto no lo vamos a cambiar ahora. Siempre nos ha gustado mucho el juego del teléfono escacharrado.

Para terminar, y aunque más abajo encontraréis bibliografía sobre el tema, si os gusta la etimología y aún más explicada con humor, os recomiendo el canal de YouTube de Vanfunfun y las entradas etimológicas de Alfred López de su blog Ya está el listo que todo lo sabe.

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Fuentes:

Bibliografía sobre etimología:

  • Recopilatorio: http://etimologias.dechile.net/general/?Bibliografia
  • Beekes, Robert Stephen Paul, Etymological dictionary of Greek, Brill, Leiden, 2010, 2 Vol.
  • Corominas, J., Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico, Editorial Gredos, Madrid, 1980.
  • Navarro, Fernando, Parentescos insólitos del lenguaje, El Prado, 2002.
  • Ortega, V., Palabralogía, Ed. Planeta, col. Ares y Mares, Madrid, 2014.
  • Vaan, Michiel de, Etymological dictionary of Latin and the other Italic languages, Brill, Leiden, 2008.
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