Hacía tiempo que tenía pensada esta entrada y estos días cobra más valor que nunca por el #HodorGate que, de repente, ha puesto de manifiesto la dificultad de traducir. No voy a extenderme en este tema puesto que seguramente ya lo conocéis; tanto interés ha suscitado que ha salido hasta en los periódicos.
Como resumen, hay un personaje en Juego de tronos (la serie de televisión) con afasia llamado Hodor que solo dice «hodor» y nada más. Hasta la sexta temporada no hemos conocido el porqué de ese apodo, de dónde venía su afasia y por qué repetía esa palabra en cuestión. Sin dar muchos detalles más (para los que no lo hayáis visto), viene de «Hold the door». En inglés puede explicarse la reducción, no así en castellano.
Pero ¿es intraducible? No hubiera sido tan difícil si se hubiera tenido esta información desde un principio, porque se podría haber usado un nombre creíble (dentro del mundo de fantasía) que encajara con la frase que aparecería temporadas/libros después. No tener este dato ha puesto al traductor de la serie (el libro aún no se ha publicado) en un buen brete porque, además, hay que tener en cuenta la sincronía labial.
Y no olvidemos que es imprescindible que el texto encaje en su contexto y resulte creíble porque, al fin y al cabo, la traducción debe conservar la magia de la narración, ya sea en un libro o en una película. Debemos creer en lo que está pasando. Por eso, una opción como la que se barajó en redes de «obstruye el corredor» hasta llegar a Hodor puede encajar como reducción del sintagma, pero no tanto como frase creíble en ese momento concreto. [Actualización: aquí veréis la solución al quebradero de cabeza]
Sea como sea, que se hable de este problema de traducción es una buena oportunidad para que se vea lo difícil de nuestra tarea y los muchos factores que hay en juego. Que traducción no solo hay una, que traducir significa escoger y que no basta con tener nociones de inglés o usar el Google Translate de marras. Que traducir es un trabajo complejo y no un pasatiempo.
Lo malo es que se habla tanto de lo que se pierde en una traducción (de una novela, en un doblaje, en los subtítulos de una película), que perdemos de vista lo que se gana. ¿Ganamos algo al traducir, más allá de hacer comprensible algo que en un principio sería únicamente para los hablantes de una lengua?
Cultura, idioma y traducción
En una entrevista publicada en Cuatro tramas: orientación para leer, escribir, traducir y revisar (Paula Grosman y Alejandra Rogante, 2009), la traductora María Cristina Pinto dice lo siguiente: «Hay que ser realistas y, por supuesto, yo no sostengo que todo se pueda traducir. Pero tampoco estoy de acuerdo con la idea tan difundida de que siempre se pierde en una traducción. Si se pierde, también se gana: se gana la posibilidad de acercarse a un material que de otra manera no se hubiera podido leer. Como decía Borges: «Qué sería de nosotros sin los traductores». Si solo leyéramos lo que está en nuestro propio idioma, nuestro conocimiento sería ínfimo».
Pinto, además, defiende que, desde sus orígenes, la función del traductor ha ido más allá del pasaje literal de una lengua a otra, con lo que siempre se aporta más: «Hoy en día, al concebir la traducción como mediación intercultural, no se tiene en cuenta solo lo erudito, sino también la cultura popular, los mitos, los sueños, los pensamientos, las costumbres de una cultura que están presentes en el texto de manera explícita o implícita. A veces la cultura a la que traducimos no tiene estos conceptos, no tiene esas vivencias, no sabe de estos mitos. El traductor debe darse cuenta de esa brecha y tratar de zanjarla».
La traducción como escritura
Que traducir es más que pasar del idioma X al idioma Y está muy claro, pero a veces conviene echar la vista atrás, hasta su raíz y sus orígenes, para darnos cuenta de que la traducción es mucho más y que, en efecto, se gana más de lo que se pierde. Sirva este fragmento de la entrevista a Pinto:
Edith Grossman recoge en Why Translation Matters el siguiente poema de Alastair Reid que habla de la cuestión que hoy nos ocupa. Reid escribió sobre este dilema inherente a escribir poesía, en su caso, y la problemática de traducirla. Su composición condensa muy bien el dilema de escribir y de escribir como traductor, y con ella nos despedimos hoy.
Lo que se pierde / What gets lost
I keep translating traduzco continuamente
entre palabras words que no son las mías
into other words which are mine de palabras a mis palabras.
Y, finalmente, de quién es el texto? Who has written it?
Del escritor o del traductor writer, translator
o de los idiomas or language itself?
Somos fantasmas, nosotros traductores, que viven
entre aquel mundo y el nuestro
between that world and our own.
Pero poco a poco me ocurre
que el problema the problem no es cuestión
de lo que se pierde en traducción
is not a question
of what gets lost in translation
sino but rather lo que se pierde
what gets lost
entre la ocurrencia —sea de amor o de desesperación
between love or desperation—
y el hecho de que llega a existir en palabras
and its coming into words.
Para nosotros todos, amantes, habladores
as lovers or users of words
el problema es éste this is the difficulty.
Lo que se pierde what gets lost
no es lo que se pierde en traducción sino
is not what gets lost in translation, but rather
what gets lost in language itself lo que se pierde
en el hecho, en la lengua,
en la palabra misma.
Alastair Reid y Jorge Luis Borges, en el centro.
*Alastair Reid (1936 – 2014) fue un académico y poeta escocés que tradujo, entre otros, a Pablo Neruda y Jorge Luis Borges.
Esta semana de letras que culmina con la celebración del Día del Libro y Sant Jordi para los catalanes, podríamos hablar de libros (como hemos hecho ya aquí y aquí) o bien de la importancia de la lectura y la visibilidad. Sin embargo, he creído más oportuno dar un repaso a algunas citas sobre traducción, pero no las más habituales y archiconocidas, sino aquellas que puedan dar pie a reflexión.
«Mas ¿qué diría yo de algunos, más dignos en verdad del nombre de traidores que del de traductores, puesto que traicionan a los que se proponen interpretar, privándoles de su gloria, y engañan a los lectores ignorantes al ofrecerles lo blanco por lo negro?». Joachim du Bellay, Defensa e ilustración de la lengua francesa, libro I, capítulo 3º (1549).
«Tan ladrón es el traductor que añade como el que sisa algo del texto original del autor». Andrew Marvell (1621-1678), en carta al Dr. Witty.
«Esta y otras traducciones desatinadas podrán servir de ejemplo, y de aviso, para que los incautos lectores no se dejen llevar de traducciones de libros cuando ignoraren los talentos del traductor. Tengo advertido que es muy común el error de creer que un sujeto que tuviere algunos principios de lengua extraña es ya capaz de traducir un libro. Error perniciosísimo, y que ocasiona se toleren en la República Literaria traducciones insulsas de libros excelentes. Presupuestas las prendas intelectuales en el que quiere ser traductor, no es suficiente con que se posean dos lenguas. Es indispensable que comprenda el asunto si no posee las dos lenguas con perfección. Si no concurren juntos estos prerrequisitos, no saldrá traducción, sino una desfiguración de la obra, que haga obra aparte». Martín Sarmiento, Demostración crítico-apologética, 1732.
«¡Ay de los hacedores de traducciones literales que, al traducir palabra por palabra, embotan los sentidos! Bien se puede decir aquí que la letra mata y que el espíritu vivifica». Voltaire, Cartas filosóficas (Carta 18, «Sobre la tragedia»), 1734.
«¡Cuántos pensarán que para traducir de lengua a lengua no se necesita más que la inteligencia de una y otra obra! ¡Qué error! Es necesaria tanta habilidad para traducir bien, que estoy por decir que más fácilmente se hallarán buenos autores originales que buenos traductores». Benito Jerónimo Feijóo, Cartas eruditas y curiosas, 1759.
«No hay sino un único medio de traducir con fidelidad un autor de una lengua extranjera a la nuestra: tener el alma bien empapada de las impresiones que de él se han recibido, y no quedar satisfecho de la traducción hasta que ésta despierte las mismas impresiones en el ánimo del lector. Los efectos del original y los de la versión son entonces idénticos; pero ¿siempre puede llegarse a esto?». Diderot, Elogio de Terencio, 1769.
«Hablábamos de la traducción. Yo comenté que no podía definirla, ni me venía tampoco a la mente una imagen esclarecedora; pero que, no obstante, toda traducción de poesía sólo podría ser una imitación. Johnson (dijo): “Se pueden traducir con exactitud los libros de ciencia. También se puede traducir la historia, en tanto en cuanto no esté decorada con la elocuencia, que sí es poesía; porque, ciertamente, la poesía no se puede traducir. Son, pues, los poetas los que conservan los idiomas. Si pudiésemos, en efecto, disponer en traducción de todo lo que se ha escrito en una lengua, no nos tomaríamos la molestia de aprenderla; en cambio la estudiamos porque la belleza de la poesía no se puede mantener sino en aquel idioma en que primeramente se ha compuesto»». James Boswell, Vida del Dr. Johnson (11 de abril de 1776).
«Los españoles del día parecen que han hecho asunto formal de humillar el lenguaje de sus padres. Los traductores e imitadores de los extranjeros son los que más han lucido en esta empresa. Como no saben su propia lengua, porque no se dignan de tomarse el trabajo de estudiarla, cuando se hallan con alguna hermosura en algún original francés, inglés o italiano, amontonan galicismos, italianismos y anglicismos…». José Cadalso, Cartas Marruecas 1789.
«Porque como enseña San Jerónimo, el que traduce no ha de mirar a la material significación de la voz, sino a la correspondencia que tiene en el idioma en cuya lengua traduce; precepto de cuya observancia se hallan tan lejos todas las traducciones que hoy publican los nuestros… que quedan tan ásperas, desabridas, obscuras, y en muchos lugares expresados los conceptos en muy contrario sentido al que se ofrece en los originales, que más parecen abortos de extranjeras plumas que partos de naturales ingenios». Mateo Ibáñez de Segovia, Prólogo a la traducción castellana de la Vida y acciones de Alejandro el Grande, de Quinto Curcio Rufo, 1794.
«Si la traducción es mala, no disculpa al traductor. Porque antes de acometer la empresa, debe ya conocer todas las dificultades que ofrece; y si no se siente con fuerzas para vencerlas, hasta cierto punto a lo menos, debe renunciar a ella. Además, publicar una traducción es someterla al juicio de los inteligentes; y si éstos la condenan, no hay apelación de su fallo. Es, pues, inútil anticipar su apología. Si es buena, no necesita de prólogo galeato: si es mala, cuanto se diga en su elogio, servirá para hacer ridículo al traductor». José Gómez Hermosilla, Discurso preliminar a la traducción castellana de la Ilíada, 1831.
«No hay duda; esta literatura de las traducciones poéticas de la antigüedad es ardua y arriesgada; casi me atrevo a decir imposible. Si la traducción es absolutamente fiel (filológicamente, se entiende), ni las palabras modernas alcanzan a dar a la poesía el color y la intención de las antiguas, ni el vulgo de los lectores puede comprender sentir y admirar. Si es libre y desembarazada, quedan desnaturalizados por fuerza el texto y el espíritu antiguo: la versión es entonces una temeridad o una caricatura o una calumnia literaria». Leopoldo Augusto de Cueto, Carta a D. Juan Valera, 1878.
«La misión del traductor es presentar el original que se propone verter a otro idioma revestido siquiera del modesto atavío de un lenguaje inteligible, ya que carezca de otras galas; y no le es lícito dejar confuso ni aun lo que, acaso, confusamente se escribiera en un principio». Guillermo Mac-Pherson, Prólogo a la traducción castellana de Hamlet, 1882.
«Una traducción normal no sobrevive mucho tiempo. O se trata de un simple, pálido reflejo, de una copia útil del original, sin estilo propio; o el estilo de la generación del autor se introduce en ella y la transforma momentáneamente en algo vivo, aunque por regla general poco satisfactorio después de veinte años. La alternativa del traductor es sofocar su personalidad y generar una tarea impecable y erudita, pero sin vida; o correr le casi seguro riesgo, si acepta la creatividad en su trabajo, de añadir elementos que la siguiente generación considerará como oscurecedores del espíritu del original» O. Matthiessen, Translation, An Elizabethan Art, 1931
«El asunto de la traducción a poco que lo persigamos, nos lleva hasta los arcanos más recónditos del maravilloso fenómeno que es el habla». Ortega y Gasset, Miseria y esplendor de la traducción, 1937.
«Las traducciones (como las esposas) rara vez son fieles». Roy Campbell, Poetry Review, junio-julio de 1949.
«El grado de complejidad de la traducción literaria es alto, ya que las obras literarias entremezclan en su estructura interna elementos como el lenguaje de uso de las comunidades, el estilo del autor y su postura política y filosófica, además de cosmovisiones disímiles. En este sentido, la tarea del traductor literario representa muy bien la dialéctica de la exploración de mundos imaginarios en la lengua extranjera como un trabajo metodológico y científico, una realidad que nos hace reflexionar sobre el autor como representante de una cultura heterogénea, sobre el lenguaje utilizado en determinado periodo de la historia y, más aún, sobre el mensaje que se transmite y a quién. Por ello, la tarea del traductor en cuanto mediador lingüístico y cultural entre dos pueblos distintos se perfila como crucial en el desarrollo de la cultura y la transmisión del conocimiento». Francisca Eugênia dos Santos y Esteban Alvarado, Traducción literaria y sus implicancias en la construcción de la cultura, 2012.
«La tarea del traductor es mucho más dificultosa que la del autor original. Cuando este último busca una palabra con la que manifestar un pensamiento o describir una experiencia, tiene al alcance muchas palabras en su propio idioma y puede elegir sin excesiva dificultad y tardanza la que más le conviene o más le agrada. El traductor del vocablo así escogido tiene que determinar cuál es su equivalencia más inmediata, teniendo en cuenta al mismo tiempo las ideas probables del autor, las probables ideas de los lectores del autor y de sus propios lectores, y la época histórica en que el autor vivió». Theodore Savory, The Art of Translation, 1968.
«Yo pienso que el traductor tiene que ser, por lo menos, un hermano —si no gemelo, muy parecido— del autor original. A un poeta lo tiene que traducir otro poeta. A un científico, otro científico. A un novelista, otro novelista. Porque, evidentemente, un escritor que sea novelista está en mejores condiciones de entender a un compañero suyo que ha escrito una novela en otro idioma que si tiene que traducir un libro científico». Domingo Manfredi Cano, en el coloquio «Los problemas de la traducción de obras literarias», La Estafa Literaria, nº 498, 15 de agosto de 1972.
«Como fenómeno y como problema diferenciado del lenguaje, la traducción es algo que los tratados de lingüística ignoran por completo. (Consecuencia: muchas grandes bibliotecas carecen en sus catálogos de fichas sobre la traducción.) El hecho es tanto más peculiar cuanto que muchos tratados de lingüística estudian, y a fondo, problemas menos concretos: por ejemplo, el de la perfección de las lenguas. Por su parte, ni la Encyclopaedia Britannica ni la Grande Encyclopédie ni la Encyclopedia Treccani (que consagran las tres un artículo a la minúscula herejía teológica del traducianismo) dedican una sola línea a la traducción, su historia, sus técnicas y sus problemas». Georges Mounin, Lingüística y traducción, 1976.
«La traducción de poesía ofrece unas dificultades muy especiales, especialmente si se traduce a su vez en verso, y cuanto mayor sea la calidad del poema original, más dificultosa es la tarea del traductor… Los recursos disponibles difieren de una lengua a otra; el inglés y el alemán cuentan con versos de acento tónico, pero el latín y el griego utilizaron versos cuantitativos, con contraste de sílabas breves y largas, mientras que el francés sitúa sobre la última sílaba una intensidad de acento y de duración aproximadamente iguales. El traductor ha de tratar de suplir la utilización estilística de los recursos particulares del idioma original con técnicas semejantes en el suyo. Y como en la poesía los elementos léxicos, gramaticales y métricos están todos relacionados y entrelazados, una traducción literaria que satisfaga está en general muy lejos de las versiones palabra por palabra. Cuanto más depende el poeta de las formas del lenguaje, más hundidos se encuentran sus versos en esa lengua particular, y más difícil resulta traducirlos de forma adecuada. Esto es especialmente cierto tratándose de la poesía lírica de varios idiomas, con sus juegos de palabras, rimas complicadas y frecuentes asonancias». The Encyclopaedia Britannica, volumen X, p. 657 (1974).
«¿Se está convirtiendo la traducción en un problema de primera importancia? Más bien tendríamos la impresión contraria: las discusiones fueron vivas en otro momento, desde Cicerón a Leconte de Lisle. Hoy todo el mundo parece de acuerdo. Y cuando vuelve a nacer la guerrilla, como a propósito de las traducciones de Shakespeare, del Club Francés del Libro, se nos antoja ya un anacronismo o un malentendido. Profesores y escritores (son los dos campos) condenan las versiones literarias, que asesinan el sentido y el idioma; por otro lado, quieren ser fieles al texto, aunque sin traicionar al mismo tiempo la lengua, la poesía y el genio». Georges Mounin, Lingüística y traducción, 1976.
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Fuentes:
Dos Santos, Francisca Eugênia y Alvarado, Esteban. Traducción literaria y sus implicancias en la construcción de la cultura, 2012.
Santoyo, J. C. El delito de traducir. Universidad de León. Secretariado de Publicaciones, 1996. Tercera edición.
Hace unos días compartía en redes esta imagen de un libro de Claudia Ulloa Donoso. Es un fragmento literario sin ánimo de sentar cátedra en cuestiones lingüísticas y, sin embargo, suscitó reacciones diversas.
Entre los retuits y favoritos, llegaron muchas respuestas de este tipo: «Aguardar, esperar y anhelar. Cuestión de profundizar en nuestro idioma», «Esperar, aguardar, permanecer, acechar», «Aspirar, anhelar, creer, confiar, aguardar… Y la lista sigue, ojo». Algunos se sintieron algo ofendidos, como si fuera una afrenta a nuestro idioma, que dudo que sea la intención del texto.
Pero ¿de verdad todos esos sinónimos se corresponden con los verbos del noruego o del inglés? No todos lo vieron así, como el escritor Lorenzo Silva:
Algún que otro lector lo advirtió también: «No se corresponden con lo arriba dicho. Como mucho, «aguardar» sería un «wait» muy formal».
Para mí, ahí está la clave: hay que fijarse en el uso y en el contexto. No pondría las manos en el fuego por el noruego, pero sí en el inglés porque esos tres verbos son muy comunes. El castellano es muy fértil en vocabulario y tenemos muchos sinónimos, es cierto, pero ¿usamos de forma habitual estos verbos?
Wait! I’ll be there in a second. = Aguarda, que ahora vengo.
I hope to see you tonight! = Anhelo verte esta noche.
Que existan y se usen en determinados contextos no significa que sean aplicables siempre y en cualquier situación. Como comenté, «esperar» es mucho más general, y más aplicable a los usos del inglés en ese fragmento, y añado que me parece precioso que un verbo encierre tanto. Está hecho como de plastilina, que puedes aplicar de diversas formas.
En el fondo, es una muestra más de que el lenguaje no es un ente que va por libre, sino que está muy ligado a la forma de pensar y de ser, como explica Miguel A. Román en un artículo de Libro de Notas:
¿Qué es la sinonimia exactamente?
Para empezar, refresquemos algunos conceptos de forma sintética:
La sinonimia es una relación semántica de identidad o semejanza de significados entre determinadas expresiones o palabras (llamadas sinónimos). Por lo tanto, sinónimos son expresiones o palabras que tienen un significado similar o idéntico entre sí, y pertenecen a la misma categoría gramatical. Por ejemplo, sinónimos de desastre son calamidad, devastación, ruina, catástrofe y cataclismo.
La sinonimia total se da cuando dos términos son totalmente intercambiables en un mismo contexto. Dicha sinonimia total es muy poco frecuente (esposo/marido). La sinonimia estricta es muy rara en las lenguas, y suele darse por la existencia de formas dialectales coexistentes, o en formas léxicas del mismo significado pero usadas en contextos diferentes.
La sinonimia parcial es mucho más frecuente. Esta se da cuando dos términos son intercambiables en un determinado contexto pero no en otros:
Hoy Pedro ha venido alterado del trabajo. (En este contexto, alterado tiene sinonimia parcial con nervioso).
Hemos alterado el orden de los ejercicios. (En este contexto, alterado puede ser cambiado por modificado, sinonimia parcial).
Como se puede observar, nervioso y modificado son sinónimos parciales de alterado, pues cada uno es válido para determinados contextos. Sin embargo, en el primer ejemplo no es posible sustituir alterado por modificado (sin cambio de significado) ni en el segundo alterado por nervioso.
Específicamente las clases de sinonimia reconocida son:
Sinonimia conceptual. Los términos relacionados remiten al mismo referente y significan exactamente lo mismo (a veces puede haber una cierta preferencia de un dialecto por una forma y la preferencia opuesta en otro dialecto). Por ejemplo: asno/borrico, marido/esposo, alberca/piscina, odontólogo/dentista.
Sinonimia referencial. Los términos relacionados remiten al mismo referente pero no significan lo mismo, no presentan exactamente los mismos rasgos significativos. Por ejemplo: limonada/bebida, mesa/mueble.
Sinonimia contextual. Los términos relacionados pueden conmutarse únicamente en determinados contextos. Por ejemplo: Las legumbres son pesadas (indigestas), Tu amigo es muy pesado (cansino), Este trabajo es pesado (duro, arduo).
Sinonimia de connotación. Los términos relacionados están cargados de valoraciones subjetivas, tanto que se pierde el significado objetivo. Por ejemplo: Miguel es un monstruo de la informática (genio, hábil).
Fantástico. Si una cosa queda clara es que no todos se corresponden al cien por cien, que hay que entender plenamente su significado e intención, y que el contexto importa… y mucho [cosa que venimos diciendo los traductores desde tiempos inmemoriales, como lo de «depende». Vale, esto último también lo dice mucho Pau Donés].
Traducir con sinónimos
Que cada idioma tiene sus reglas es de sobra conocido y es lo que, al fin y al cabo, nos da vidilla como traductores, pero estas reglas siempre dependen de un contexto determinado y es lo que nos diferencia de las máquinas. No obstante, a veces nos emperramos tanto con un término, que tal vez no entendemos o no sabemos reexpresar, que olvidamos que las palabras no van sueltas.
Las palabras se enmarcan en un contexto y se ayudan de otras para tener sentido, en definitiva, hay que prestar atención a la coherencia y la cohesión. Para crear un mismo efecto en el lector, cada lengua usa sus mecanismos, que hay que saber detectar y no solo a nivel de palabra.
En este sentido se dice mucho que el inglés tolera mucho mejor la repetición que el castellano. Ya lo comentábamos en otro artículo, en el que hablábamos de algunos consejos de traducción y Marina Orellana decía lo siguiente:
El traductor debe llevar una maleta repleta de palabras y frases que puedan no solo sacarle de un apuro, sino también evitar que se repita como el ajo. […] En castellano, la repetición constituye por norma general un defecto estilístico, a diferencia del inglés que lo tolera mejor.
Repetir una y otra vez lo mismo acaba haciendo que el texto sea pesado y que, evidentemente, el lector lo achaque al traductor. El problema radica en que hay que respetar el estilo del escritor en la medida de lo posible y, claro está, si el original es como es, tampoco podemos dedicarnos a embellecerlo.
Veamos un ejemplo práctico extraído de una novela erótica que traduje hace un tiempo; una tipología, dicho sea de paso, de cuyas dificultades hablo aquí.
Evidentemente es un fragmento en el que se describe el acto sexual en sí. Usar «polla» todo el rato sería demasiado en tan poco espacio, pero cambiar automáticamente los demás casos con «pene», «verga», «miembro» en esos mismos párrafos tal vez también lo sería. Como todo, es cuestión de encontrar el equilibrio. En muchos momentos, el término puede desaparecer.
Por otro lado, no todas las tipologías textuales permiten el uso de sinónimos. En las traducciones técnicas, médicas y jurídicas, por ejemplo, la terminología suele ser más precisa y no podemos cambiar las palabras tan alegremente.
El caso de los dicendi
Donde más se puede observar el fenómeno repetición/sinonimia es en los llamados dicendi. Echo mano a la explicación de Miguel Ortiz para esto: «Llamamos verba dicendi (o verbum dicendi) a las formas verbales que designan acciones de comunicación lingüística (dijo, respondió, contestó) o que expresan creencia, reflexión o emoción (pensó, lamentó, protestó) que sirven para introducir la voz del personaje. En algunos estudios lingüísticos también son conocidos como verbos declarativos».
Said is dead!se decía hace un tiempo por redes, donde aún pueden encontrarse extensos listados de verbos de habla para no repetir said hasta la saciedad. Los partidarios de la sinonimia en los diálogos decían/explicaban/comentaban/defendían que así las interacciones quedaban más naturales y menos repetitivas.
En castellano también se ha hablado de este fenómeno y desde muchos foros también se aboga por la variación. He aquí un listado de alternativas para el «dijo» redactado por Grisel R. Núñez, de Cafetera de Letras, que reproduzco literalmente:
Es cierto que hay mil y una alternativas para el «dijo» según la situación comunicativa que exprese el diálogo, pero, me pregunto yo: ¿no debería bastar el diálogo en sí para que quedara clara la intención?
Como me vuelvas a tocar, te rajo el cuello —dijo ella.
¿Sería necesario aquí cambiar el «dijo» por un «amenazó»? ¿No queda claro así? De cambiarlo, ¿no sería demasiado?
El mismo Ortiz comenta: «Los «verba dicendi'» aparecen reiterativamente en los discursos de estilo directo e indirecto, pero a estas alturas de la historia literaria los lectores curiosos entendemos, de manera inconsciente, que tales marcadores son indispensables formalmente, por lo que no nos producen una sensación de redundancia».
En una línea parecida, Eric Deckers critica este furor por la sinonimia en los verbos declarativos. Según Deckers, reemplazar siempre el said no significa escribir mejor, solo demuestra que se tiene un diccionario de sinónimos y que tanta variedad acaba distrayendo de la narración. E incluye la siguiente cita de Jim Ruland: «A tag on a line of dialog is like a tag on a garment: you’re not supposed to notice it and it’s slightly embarrassing when you do». Una buena forma de verlo.
En definitiva, siempre que el tipo de texto nos lo permita y no traicionemos excesivamente el estilo del autor, va bien usar sinónimos para que el texto no quede plano o muy repetitivo. Es importante que tengamos una buena base de vocabulario y que sepamos introducir variedad en un texto, pero con mesura.
Al final, nuestros textos tienen que ser correctos y fieles al sentido, e idealmente deben provocar en el receptor el mismo efecto. Excedernos con los sinónimos puede tener el efecto contrario y provocar extrañeza en el lector. Como todo, en traducción y en la vida misma, la clave está en el equilibrio.
Que hay que releer la traducción cuando la terminamos es vital. Que hay que tener el corrector activado o pasarlo después, también. Que cuatro ojos ven más que dos es de sobra conocido. Sin embargo, siempre se nos escapa un gazapo o acabamos en las garras de Titivillus.
Por si no lo conocéis, Titivillus era un demonio que trabajaba bajo las órdenes de Lucifer y se le atribuían los errores en el trabajo de los escribas: ortográficos, gramaticales, de redacción, etc.
¿La solución para que Titivillus no nos la dé con queso? Releer, releer y releer antes de enviar el texto. Como ya he dicho en alguna ocasión, hay que dudar de todo por principio: de la colocación correcta de una coma, de lo que puedas creer que es un anglicismo, de la posición adecuada de las palabras dentro de una frase, etc.
Si no tenemos la opción del comodín del compañero, va bien imprimir el texto (no sé en el caso de los nativos digitales, pero yo reviso mejor los textos impresos) y tener claros los posibles errores que podemos cometer (sé en qué cosas fallo normalmente). No caigamos en la soberbia del traductor como conocedor absoluto de la lengua. Es mejor dudar de todo por sistema y revisar. Si no dudamos de nosotros mismos podemos meter la pata… hasta el corvejón.
Para esto es útil tener una lista de elementos esenciales (para antes de empezar) y de sospechosos habituales (para revisar a posteriori), como ya comenté en el primer artículo de consejos para traductores. Preparar bien el texto asegura un trabajo más fácil y una mejor revisión posterior.
Algunos trucos antes de empezar o mientras se trabaja:
Escribid siempre con la función «Mostrar todo» habilitada, te permitirá evitar la mayoría de errores de formato. Se activa pulsando el calderón (¶).
Memorizad los atajos de teclado más útiles. Podéis incluso configurar el teclado para asignar números sencillos a ciertos símbolos frecuentes.
Automatizad las palabras que siempre (o casi siempre) escribimos mal. Me pasa con «tambine» o «entocnes», por ejemplo. Si sabéis con qué palabras falláis más, utilizad el autocorrector para memorizar estas formas erróneas y que las cambie automáticamente por la forma correcta.
Controlad el uso de las comillas. La secuencia es la siguiente: «…“…‘…’…”…».
También, aunque parezca una obviedad, aseguraos de tener controlado todo lo que hay que traducir: ¿La presentación en Powerpoint lleva notas? ¿Te has fijado en todas las pestañas del Excel y las columnas escondidas? ¿El Word lleva notas al pie?
Trucos para después:
Buscad y reemplazad los dobles espacios por uno solo.
Aseguraos de haber escrito bien las cifras y los espacios antes de símbolos como el %.
En traducción editorial, sed coherentes con los nombres de los personajes y que el autocorrector no haga de las suyas. Para eso va bien guardarlos en el diccionario de Word.
Comprobad que el uso de la raya en los diálogos sea correcto.
También relacionado con la revisión, va muy bien leer en voz alta lo que traducimos. Como no trabajamos con palabras sin contexto, cada texto tiene su ritmo y su música, y la mejor manera de comprobarlo es leerlo en voz alta. De este modo nos daremos cuenta de las expresiones cacofónicas y las repeticiones que tanto empobrecen el texto.
En cuanto a la repetición de vocabulario, gracias a Merche, de TraducirCo, descubrí hace nada Repetition Detector. Esta herramienta, disponible en varios idiomas, nos permite cazar las palabras que se repiten a lo largo del texto, ya sean formas totalmente coincidentes o bien de la misma familia léxica. Sin duda, todo un hallazgo.
ALGUNAS HERRAMIENTAS ÚTILES
Aunque parezca obvio, por lo que observo con algunos alumnos que he tenido en prácticas, es que falla algo tan básico como no pasar el corrector o fiarse a pie juntillas del que tenemos en Word. Una buena revisión necesita algo más.
Por supuesto, la mejor revisión y corrección es la que puede hacer otro profesional, pero en nuestro día a día no solemos tener esta opción, a menos que trabajemos en equipo o dispongamos de alguien que pueda revisar algún proyecto en especial. Después de traducir, y aunque haya alguien que corrija nuestro texto posteriormente, la relectura y primera revisión es cosa nuestra y parte de nuestro trabajo.
¿Qué recursos tenemos a nuestro alcance? Una de mis páginas preferidas es la de UniCo (La Unión de Correctores), no solo por su base de datos de profesionales, que también, sino por su página de recursos.
Como comentaba antes, además de pasar el corrector que viene por defecto en el procesador de texto, es bueno echar mano de otras herramientas. A mí me gusta mucho MyStilus porque es muy completa y nos permite seleccionar múltiples variables para repasar.
Con MyStilus puedes revisar tu texto de forma interactiva directamente desde su página o bien descargar el programa que funciona como un complemento o como macro en Word, de modo que puedes tenerlo completamente integrado en el procesador de textos.
Para mí, lo mejor de esta herramienta es que no se limita a la corrección ortográfica y gramatical, sino que se puede corregir también el estilo e incluye las recomendaciones de la RAE y la Fundéu. Aquí tenéis un ejemplo de revisión de estilo con esta herramienta como complemento para Microsoft Word:
Podéis encontrar más información sobre cómo funciona en este documento. Como complemento simpático, añado que en su web también hay un presupuestador para calcular el precio de un texto, amén de otras aplicaciones útiles como un diccionario inverso, un analizador morfosintáctico y un conjugador verbal.
También tenemos Language Tool, una herramienta de código abierto que permite verificar la gramática, ortografía y el estilo de un texto. Se puede utilizar desde la misma página o bien descargarla gratuitamente. Además de castellano, permite revisar textos escritos en más de 20 idiomas.
Para resolver dudas puntuales:
Si en el momento de traducir, y no solo de revisar, nos asalta alguna duda, podemos consultar las direcciones siguientes:
Por último, pero no menos importante, recordad que hay vida más allá de los recursos online para resolver dudas y revisar traducciones. Como alguna vez he comentado, especialmente en los dos artículos sobre lecturas para el traductor —primera y segunda parte (de momento)—, hay muchas obras no digitalizadas que son de consulta obligada, como por ejemplo:
…en este blog. Pasa un año más y va bien hacer balance de lo que han dejado estos doce meses. En 2014 hablé de lo que había representado para mí profesionalmente y este año he creído conveniente hacer un repaso de todos los artículos publicados desde enero.
A veces escribo tras darle muchas vueltas a un tema, otras veces ocurre de forma casi espontánea por algo que sucede o que encuentro por ahí (una imagen, una noticia…), pero siempre acabo dejándome mucho tiempo en ellas y, bueno, por si os perdisteis alguna, aquí las rescato por temas:
EJERCICIO PROFESIONAL
Empezamos el año con tres entradas completas sobre el ejercicio profesional. Enlaces, trucos y consejos sobre cuestiones tan diversas como fiscalidad, ergonomía, trato con clientes, etc.
Cada maestrillo… Consejos para el traductor autónomo I:Ser traductor en muchas de sus facetas como la especialización, saber abordar una traducción (tipos de texto, léxico, formato, revisión) y lo positivo de trabajar con otros compañeros.
Como último artículo sobre el ejercicio profesional, pero en clave de (más) humor esta vez, encontramos Life as a translator, con un compendio de viñetas de estilo retro que ilustran las vivencias del traductor en su día a día.
Un día cualquiera en la vida de una traductora
TRADUCCIÓN EDITORIAL Y LITERATURA
Este año he publicado en el blog artículos muy variopintos dentro de la traducción editorial, la literatura y las letras en general.
Ana Frank y la «pornografía»: La noticia de una madre estadounidense que se llevó las manos a la cabeza por los fragmentos supuestamente pornográficos del Diario de Ana Frank me inspiró para escribir esta entrada sobre la censura en la literatura y en la traducción de este tipo de pasajes. Al investigar un poco y tras un chivatazo de otro compañero traductor, Javi Mallo, vi que hay mucha más tela que cortar en cuanto a la traducción del diario, pero esto será tema de otro artículo.
Pasión prehistórica: Siguiendo con el tono erótico del artículo anterior, hablé de las novelas eróticas con dinosaurios que triunfan en Internet y traduje algunos fragmentos para el ¿deleite? de los lectores.
La relación entre lector y traductor:¿Alguna vez habéis hablado con los lectores de vuestras traducciones? Tuve el placer de hacerlo en noviembre al participar en una mesa redonda sobre traducción con motivo de las Jornadas Ándalus Románticas. En este artículo incluyo más de una hora de audio de la mesa redonda y una entrevista con escritores y lectores de novelas románticas que nos dan su punto de vista sobre el mundo de la traducción.
El traductor creativo: Aunque no hace falta ser Lord Byron para traducir, sí hay que saber escribir y expresarse bien por escrito, de modo que en este artículo expliqué las bondades de los ejercicios de escritura para traductores con el fin también de cultivar la creatividad. No os perdáis los juegos, pasatiempos y un buen puñado de recursos para traducir.
TRADUCCIÓN AUDIOVISUAL
Aprovechando la exposición de Pixar en el CaixaForum de Barcelona, escribí Traducir películas de animaciónen la que hablo de este tipo de largometrajes de forma exhaustiva, desde su proceso de creación (guion, storyboard, colorscript, etc.) a cómo he traducido algunas de ellas. Encontrareis ejemplos de guías de estilo y materiales de referencia, así como del proceso de traducción y las características y dificultades que presenta el lenguaje en este tipo de películas.
Brócoli, pimientos y otras adaptaciones de cine: Con motivo del estreno de Del revés (Inside out, 2015) y del fenómeno de la adaptación, hablamos de cómo solventar algunos escollos culturales en varias películas.
Por último, aunque no es una cuestión puramente audiovisual, encontramos Traduciendo insultos por ahí, que incluye la charla que di en el ENETI 2015 sobre la traducción del lenguaje soez, con muchos ejemplos del mundo del cine, ya fuera en doblaje y subtitulación.
IDIOMAS
Este año pensé en tratar temas más generales en el blog, cuestiones que fueran más allá del mundo de la traducción y de ahí:
Aprender idiomas leyendo: artículo sobre los beneficios de la lectura para aprender un idioma y algunos consejos útiles para no aburrirse en el intento.
1001 recursos para aprender idiomas: como su nombre indica… bueno, tal vez no eran 1001, pero sí fueron un buen montón de enlaces los que recopilé para esta entrada con recursos para aprender y mejorar muchos idiomas: inglés, alemán, francés, italiano, portugués, noruego y un largo etcétera.
ETIMOLOGÍA
Echando la vista atrás, me doy cuenta que otros años he hablado más de etimología. Este año solo ha habido un artículo en el blog sobre este tema: Leyendas lingüísticas y falsas etimologías. En él, traté los orígenes falsos de algunos términos, esas etimologías que con el paso del tiempo o simplemente porque quedan bien se han dado como válidas. Repasamos algunos de los casos más sonados tanto en inglés como en castellano.
Sea como sea, espero que os gustaran en su momento o las disfrutéis ahora. Gracias por estar ahí y por vuestros comentarios. Como novedad para 2016, si queréis sugerir temas o incluso participar en el blog, no tenéis más que escribirme. Estaré encantada de leeros.
Pocas veces tienes contacto con los lectores de lo que traduces y cuando se da esta oportunidad, hay que aprovecharla. Así sucedió en noviembre de este año en las Jornadas Ándalus Románticas 2015 que tuvieron lugar en Málaga. Dos días de charlas y mesas redondas relacionadas con el género romántico y erótico al que me invitaron, junto a otros tres traductores, para hablar de la traducción de este tipo de novelas.
Denostado como pocos, el género romántico y erótico tiene una legión de fans muy fiel y muy crítica con el producto. Debo reconocer que en un primer momento el encuentro me daba respeto. Al principio de traducir novela romántica, que por aquel entonces era sobre todo histórica (con todas las dificultades terminológicas que eso implica), recuerdo descubrir un blog famoso, Autoras en la sombra, en el que había un apartado en el que ponían bastante a caldo a algunas traducciones y traductores.
Son lectores con contacto muy directo con las editoriales y con bastante poder de decisión, amén de bastante exigentes, cosa que en un principio no me parece mal, ojo. Lo mejor de este encuentro, al menos para mí, fue que estos lectores supieran qué supone traducir exactamente, a qué dificultades nos enfrentamos y que vieran que somos un eslabón más en la creación de un libro. Y parece ser que gustó.
Los traductores que estuvimos en la mesa venimos de contextos muy dispares y tenemos experiencias (traductológicas) de todo tipo. Yuliss M. Priego, traductora de la trilogía «Sin aliento», ha empezado no hace mucho en el mundo de la traducción tras acabar el máster de traducción editorial de la Universidad de Málaga y conoce el género como pocas ya que es una gran fan de las novelas románticas. Juan Pascual, traductor de «Confesiones de una sumisa» y la serie «Los ángeles sangrientos», entre muchos otros libros, ha traducido de todo, especialmente novela fantástica, pero también tiene una dilatada experiencia, no pun intended, en el género erótico. Puerto Barruetabeña es la traductora de uno de los libros de «50 sombras de Grey», pero ha traducido muchísimos más y ha tocado muchos palos, como la novela negra. De hecho, si queréis conocerla más a fondo, os recomiendo la entrevista que le hicieron en Nóvalo.
Y a mí ya me conocéis, así que tampoco me voy a extender ahora. Lo curioso es que comparto muchas experiencias con Juan y Puerto; a los tres nos llegaron los primeros encargos de novela romántica y erótica por casualidad y hemos terminado casi especializándonos. Al final si el editor ve que trabajas bien y te sientes cómodo con lo que te traduces, es normal que acabe enviando novelas de un mismo estilo.
El vídeo con la presentación:
Aquí tenéis al completo el audio de la mesa redonda:
LA VISIÓN DE LOS LECTORES
Como comentaba, tuvimos la suerte de hablar con los lectores directamente, no solo durante la mesa redonda sino también a lo largo del día. Y si tener a los lectores del texto en mente cuando traducimos es esencial, hablar con ellos es una buena oportunidad de ver cómo reciben estas novelas y qué opinan ellos de la traducción.
Así pues, os dejo una entrevista a tres lectores con perfiles distintos, pero experiencias similares: Carmen Cano, bloguera y lectora apasionada; Carla Crespo, traductora, lectora y escritora de novela romántica, y Cosmin Stircescu, lector, bloguero y escritor.
Cuéntame un poco sobre ti y tu blog o tu carrera literaria. Cuándo empezaste, qué te motivó…
CARMEN: En primer lugar, gracias por pensar en mí para la entrevista. Me licencié en Historia del Arte y también en Ciencias de la Documentación. Siempre tuve preferencia por las letras puras así que los libros han formado parte de mi vida desde que tengo uso de razón. Empecé leyendo novela histórica y fantasía épica, pero cuando estaba en la universidad descubrí la novela romántica y desde entonces leo mayormente este género en todas sus variantes.
Al principio subía reseñas a un foro, pero decidí abrirme el blog,Libros escondidos, como un modo de recopilar todas las reseñas que hacía y también para realizar además de reseñas otro tipo de contenido. El blog tiene ya unos seis años y desde entonces acumula unas 200 reseñas aproximadamente. Me motiva reseñar para expresar lo que me ha parecido una novela, pero sobre todo pienso que una buena reseña puede ayudar a un lector indeciso. O también una buena reseña constructiva puede ayudar a dar a conocer una novela que no tiene mucho público o a desmitificar novelas que pueden estar sobrevaloradas.
CARLA: Siempre me ha gustado leer y escribir, de hecho, estudié Traducción e Interpretación porque quería convertirme en traductora literaria, pero no fue hasta hace unos años que me lancé a escribir mi primera novela. Me apunté a los cursos de José de la Rosa como hobby y, a partir de ahí, empecé a tomármelo en serio: terminé mi primera historia, «No reclames al amor», la envié al I Premio HQÑ y, aunque no gané, la publicaron. Desde entonces he publicado cuatro novelas, todas con Harlequin.
COSMIN: Bueno yo nací en Rumanía, pero vivo en España desde el 2003. Tengo 25 años, me encanta el cine, el deporte y disfruto muchísimo con la literatura, sobre todo la fantasía épica, ciencia ficción y la novela histórica. Llevo escribiendo desde muy joven. El año pasado publiqué mi primera novela, «Leyendas de Erodhar 01. La Vara de Argoroth», que es una novela de fantasía épica medieval, la primera de una saga de un total de 5 libros; y este año salió a la venta mi segunda novela, una de ciencia ficción con toques distópicos, denominada «Orfus: el ocaso de los Or´Uka».
En cuanto a mi blog, La Forja de Leyendas, surgió para tener un espacio de encuentro con los lectores y compañeros de letras, donde poder publicar todo lo relacionado con mis novelas, proyectos literarios, firmas, presentaciones, talleres, artículos de opinión y breves entradas con información adicional sobre determinados personajes e historias de mis novelas. Al ser Erodhar un mundo de fantasía que he creado desde cero, tiene una complejidad y un trasfondo que es imposible abarcar de manera detallada en las novelas, así que el blog es una buena manera de desarrollar mediante apéndices, artículos, ensayos, etc., todos esos elementos que pueden ser de interés para los muy fans a los que les gusta conocer todo con detalle.
Como lector del género romántico y erótico, ¿qué valoras más en una novela de este tipo?
CARMEN: Valoro sobre todo la trama, que sea coherente, que esté bien construida, que no haya incoherencias sobre por ejemplo la edad de los personajes. También valoro la personalidad de los personajes: que no sean planos y que muestren una evolución. Sobre todo, que sean novelas con una trama original no tanto en lo que cuentan sino en cómo tratan el argumento y cómo están contadas. Dependiendo del género, también valoro el lenguaje empleado, no es lo mismo el lenguaje en una novela histórica que en una contemporánea. En cuanto al final feliz, no importa tanto como el camino para llegar a él. Siempre he pensado que lo importante no es el final sino el desarrollo de la novela, el desarrollo de los personajes, los conflictos que haya entre ellos. Estos detalles enriquecen las novelas y hacen que no sean aburridas ni tediosas.
CARLA: Yo no me considero lectora de romántica (aunque sí autora :P), leo de todo, aunque la romántica es uno de mis géneros favoritos. Lo que yo más valoro en cualquier novela (de este u otro tipo) es que tenga calidad literaria, una trama original y unos personajes que enganchen. Creo que todo es igual de importante a la hora de valorar una obra.
Lo que yo más valoro en cualquier novela (de este u otro tipo) es que tenga calidad literaria, una trama original y unos personajes que enganchen.
COSMIN: Bueno yo no he leído novelas románticas o eróticas puras, al menos hasta ahora. Mi género ha sido el fantástico, después la ciencia ficción y me gusta mucho las novelas históricas; no obstante, considero que tanto lo romántico como lo erótico debe formar parte de una buena historia, así que estoy muy a favor de la mezcla de géneros. Por eso en mi novela de fantasía se juntan varios géneros, de modo que no todo son guerras de espadas, orcos, elfos y enanos, sino que también hay intriga, hay historias de amor, hay escenas de sexo, hay escenas de misterio, de aventura…
¿Sueles prestar atención a quién ha traducido el libro o a la traducción en sí?
CARMEN: La verdad es que no. No le presto una atención excesiva, quizás porque siempre he leído en castellano y como no leo apenas en inglés pues no puedo comparar si el trabajo del traductor está bien o mal hecho. Sé que la mayoría de las novelas que he leído son de autoras anglosajonas, pero no he leído sus originales así que no puedo decir que las novelas que he leído hayan estado mal traducidas. No soy una lectora que se fije en quien ha traducido la novela. Conozco a lectoras que sí, porque tienen más preferencia por un traductor que por otro, pero no es mi caso; quizás porque nunca me he puesto a comparar si la traducción es fiel o no al original.
En las JAR de Málaga de 2015, dije que era una ignorante en este tema de la traducción y en mis reseñas prefiero no opinar sobre este tema porque no queda bien opinar de un tema que desconozco. Es más, fue en Málaga donde puse cara a traductores que había leído pero que no era consciente de ello. Los había leído porque habían traducido novelas anglosajonas que me gustan, pero la verdad es que no los conocía de nada. Quizás suene fatal, pero cuando busco novedades para leer dentro del género romántico, me fijo más en el nombre de la autora, en la sinopsis y en la portada que en el nombre de la persona que traduce la novela.
CARLA: Sí, pero claro, es deformación profesional. Soy de las que voy leyendo un texto y piensa «si aquí pone esto es porque en el original pondría…» o cosas así.
Le doy mucha importancia a una buena traducción y algunas de mis novelas favoritas las tengo en el idioma original y en un par de ediciones con diferentes traducciones. Por ejemplo, tengo una edición de Jane Eyre traducida por Carmen Martín Gaite que guardo como un tesoro.
COSMIN: Lo cierto es que no suelo fijarme quién ha traducido el libro y tampoco me pongo a comparar la versión inglesa con la versión en castellano para ver si está bien o no. En mi opinión, si la editorial ha decidido apostar por un determinado traductor para traducir una obra, es que tienen razones para hacerlo y ese profesional ha hecho méritos para ello.
En mi opinión, si la editorial ha decidido apostar por un determinado traductor para traducir una obra, es que tienen razones para hacerlo y ese profesional ha hecho méritos para ello.
Se suele decir que las lectoras de romántica pueden ser muy críticas con las traducciones. ¿Es cierto? ¿Tienes alguna anécdota o comentario al respecto?
CARMEN: Sí, es totalmente cierto. Sucede con muchas lectoras, y algunas blogueras que leen más en inglés que en castellano. Debido a esto, cuando la novela en cuestión que se han leído en inglés la traen a España, suelen compararla con el texto original y suelen comentar en redes sociales el resultado. Como he dicho anteriormente no es mi caso. Leo en inglés, ahora más que antes, pero sigo leyendo más en castellano.
Una anécdota sobre este tema fue cuando llego a España «Cada vez que llueve» de Lisa de Jong, una novela new adult que esta traducida por una lectora y traductora que conozco. Tenía muchas ganas de leerla, leí reseñas en Goodreads y allí vi que ciertas lectoras la criticaban no porque la novela fuera mala, sino porque había partes de la traducción que no gustaron. Llegaron a decirme que mejor leyera la novela en inglés porque la traducción era pésima.
Lo mismo sucedió con «Calle Londres» de Samantha Young, donde también comenté en redes sociales que me llamaba la atención y me hicieron la misma recomendación acusando al traductor de un mal trabajo, así como de que se había comido párrafos enteros y que eso desvirtuaba la lectura. Fue en estos dos casos cuándo me movió la curiosidad y busque quien era el traductor, además de buscar comentarios de otros lectores y blogueros para ver otras opiniones.
He de decir que en el caso de «Calle Londres», sí que me pareció que había párrafos que faltaban o incluso que se habían comido palabras, pero me pregunté si era más cosa del corrector que del propio traductor. En el caso de «Cada vez que llueve» no entendí las críticas porque creo que estaba bastante bien y, desde mi ignorancia del texto original, no vi que hubiera ningún error garrafal que impidiera entender el texto. En ambas, disfruté bastante de la lectura.
CARLA: No creo que las lectoras de romántica sean más críticas con las traducciones que el resto, pienso que cualquier lector es crítico con una mala traducción. Quizás sea que muchas novelas románticas no se han traducido en las mejores condiciones (traductores inexpertos, plazos de entrega muy cortos, etc.) y eso ha generado quejas entre las lectoras, no porque sean más críticas, sino porque les han llegado textos de peor calidad.
Quizás sea que muchas novelas románticas no se han traducido en las mejores condiciones (traductores inexpertos, plazos de entrega muy cortos, etc.) y eso ha generado quejas entre las lectoras.
COSMIN: Creo que los lectores en general quieren que las obras por las que pagan un dinero para poder leer, estén bien traducidas, bien corregidas, bien maquetadas, etc. En mi caso, como he dicho antes, confío en el trabajo de los profesionales y sé que, aunque puedan albergar errores, pues son humanos, en general no serán más que cosas puntuales.
¿Te has quejado alguna vez a una editorial por la mala calidad (¡o has alabado un buena!) de una traducción? ¿Suele hacerse?
CARMEN: No, no me he quejado nunca. Aunque debería escribir a alguna editorial para felicitar por el trabajo. Siempre tenemos tendencia a criticar lo malo y poner el grito en el cielo, pero nunca llamamos o nos comunicamos cuando la gente hace un buen trabajo. Debería corregir eso, porque los buenos trabajos también deben aplaudirse.
Quejarse suele hacerse mucho, pero no vía privado a una editorial. Los lectores románticos somos muy fieles, pero eso es un arma de doble filo, porque cuando algo no nos gusta lo aireamos mucho, pero por las redes sociales. Se condena a todos por igual, hacemos mucho ruido en las redes sociales, pero a veces pagan justos por pecadores. No creo que sea justo, pero creo a veces los lectores somos demasiado vehementes y criticamos sin saber y sin informarnos primero. Esto es algo que todos deberíamos corregir.
Siempre tenemos tendencia a criticar lo malo y poner el grito en el cielo, pero nunca llamamos o nos comunicamos cuando la gente hace un buen trabajo. Debería corregir eso, porque los buenos trabajos también deben aplaudirse.
CARLA: Yo no lo he hecho, pero creo que debe hacerse, igual que nos quejamos cuando se nos presta un mal servicio en cualquier otro ámbito o se devuelve algo que no está en las mejores condiciones. Es necesario para que las editoriales se conciencien de lo importante que es ofrecer una traducción de calidad y se terminen las tarifas abusivas, los plazos de entrega abusivos y esas condiciones que propician que no traduzcan esos textos las personas más cualificadas para ello.
Es necesario para que las editoriales se conciencien de lo importante que es ofrecer una traducción de calidad y se terminen las tarifas abusivas, los plazos de entrega abusivos y esas condiciones que propician que no traduzcan esos textos las personas más cualificadas para ello.
COSMIN: Yo no. Creo que sé el suficiente inglés para tener una conversación con otra persona, pero no como para poder opinar si una traducción, que más allá del traducir un texto requiere una adaptación al castellano, es buena o mala. Quizás tendría que toparme con algo muy grave, que la traducción cambie completamente el contexto y el sentido de una frase un párrafo o una página del idioma original, como para llegar a quejarme por ello. Por tanto, yo no me he quejado nunca.
En una de las intervenciones en la mesa redonda del JAR decían que el sexto libro de Harry Potter, si no recuerdo mal, en castellano perdía ese contexto oscuro que tenía en inglés. Eso fue algo con lo que yo no estuve de acuerdo, porque en mi opinión sí que se consiguió otorgar esa misma sensación que siente uno al leer la historia en el idioma original. Por tanto, como en todo, hay opiniones y opiniones.
Estuviste en nuestra mesa redonda. Además de lo que comentamos, ¿conoces el trabajo de los traductores? ¿Qué te parece?
CARMEN: Sí, estuve en la mesa redonda, de hecho, fue una de las mesas que más disfruté. Creo que fue divertida, amena y donde todos los lectores aprendimos mucho. No sabía que conocía el trabajo de los traductores que acudían hasta que vi el programa y vi los trabajos que habían realizado. Es cierto que había leído novelas suyas, y que había escuchado hablar de alguno de los ponentes, pero como no me suelo fijar en los nombres de los traductores pues no les ponía cara.
De las novelas que puedo opinar, creo que el trabajo está bien hecho. No creo que las novelas estén mal traducidas. Creo que muchas veces se achaca a la traducción que la novela sea mala y muchos de los lectores no se dan cuenta de que, si la novela es mala, no es porque el traductor haga mal su trabajo, sino porque el texto original es malo. Si algo me quedo claro en la mesa redonda fue que los traductores no son correctores de estilo y que no pueden convertir un texto malo en el premio nobel. De hecho, doy fe de ello. De los trabajos de los ponentes, la única novela de la que había leído el original es «50 Sombras de Grey», por eso doy fe que el texto original no era bueno de ahí que el texto traducido sea igual. El texto en inglés me pareció repetitivo y pobre, así que nunca he podido criticar la traducción cuando de la novela original ya tengo esa opinión.
Creo que muchas veces se achaca a la traducción que la novela sea mala y muchos de los lectores no se dan cuenta de que, si la novela es mala, no es porque el traductor haga mal su trabajo, sino porque el texto original es malo.
CARLA: Como ya he comentado antes, yo estudié Traducción e Interpretación y durante unos años trabajé como traductora literaria (entre otras novelas, traduje «El lado bueno de las cosas»), por lo que ya conocía el mercado editorial antes de sumergirme en él como escritora.
La vida me ha llevado a trabajar en el departamento de RR. HH. de una compañía aérea, porque la vida del traductor autónomo a veces es muy incierta, pero en un futuro me gustaría poder dedicarme de lleno a la traducción y a la escritura y es algo que no descarto en absoluto, así que, si hay alguna editorial que me lee y está interesada, ¡que no dude en llamarme! 😉
COSMIN: Sé que es un trabajo muy difícil, que no basta con conocer los dos idiomas, hay que saber narrar, hay que saber adaptar, hay que saber dar el mismo sentido y mantener, en la medida de lo posible, el estilo original del escritor. Todo eso es muy difícil y creo que no todo el mundo puede hacerlo.
Yo he intentado, simplemente por curiosidad, meterme una vez en la piel del traductor, y me puse a traducir la primera página de mi novela (de español a inglés). Solo la primera. Tardé cerca de 8 horas hacerlo y el resultado fue algo bastante regular, lo cual me ha hecho darme cuenta de lo difícil y complejo que es este trabajo. Ya lo sabía, pero ahora lo sé todavía más, y por tanto tengo mucho respeto hacia los que se dedican a ello. Ya sea traducción inglés-castellano, como castellano-inglés, o ambas.
Sé que es un trabajo muy difícil, que no basta con conocer los dos idiomas, hay que saber narrar, hay que saber adaptar, hay que saber dar el mismo sentido y mantener, en la medida de lo posible, el estilo original del escritor.
¿Quieres apuntar algo más?
CARMEN: Apuntar como último comentario que los lectores de romántica somos muy críticos, pero muchas veces lo hacemos desde la ignorancia. Al menos es mi opinión. Creo que en general el mundo editorial es un gran desconocido. Es un negocio, una empresa como otra cualquiera, pero desconocemos su funcionamiento, su forma de trabajar y ese desconocimiento perjudica. Creo que muchas veces el mundo de la edición en general, y de la traducción en particular es un gran desconocido.
La mayoría de los lectores nos centramos en el producto final y no en el trabajo que lleva. Ese es el motivo de que se opine, a veces, sin saber. Por este motivo, a mí en particular, la mesa de traducción me pareció pertinente y muy enriquecedora. Aprendí mucho y me gustó debatir sobre este tema y conocer de primera mano cómo es el trabajo de los traductores y las dificultades que se encuentran a la hora de traducir la novela en inglés al castellano o a otro idioma peninsular. Gracias a ti por ofrecerme esta entrevista. Ha sido un placer.
Creo que en general el mundo editorial es un gran desconocido. Es un negocio, una empresa como otra cualquiera, pero desconocemos su funcionamiento, su forma de trabajar y ese desconocimiento perjudica.
CARLA: Para los que no me conozcáis, escribo romántica contemporánea y chick lit. En octubre salió en digital mi última historia «Un amor entre las dunas» y dio el salto al papel «Una chica de asfalto». Os animo a leerlas y a darme vuestra sincera opinión. Podéis seguirme a través de las redes sociales en facebook, twitter, instagram y el blog.
COSMIN: Pues la verdad es que una de las cosas que más me ha llamado la atención ha sido el hecho de que una traducción de español a inglés suele costar más que de inglés a español; en algunos casos mucho más. Entonces mi duda sobre esto es si el precio superior viene por el hecho de que es más difícil adaptar un texto narrado de español al inglés, o si es algo que pasa porque para un traductor es más fácil traducir y adaptar de un idioma extranjero a su idioma materno.
Y esto es todo por hoy. Espero que os haya gustado comprobar el otro lado del tapiz, cómo se nos ve y se nos lee. Gracias a los entrevistados por vuestro tiempo y suerte en vuestras andaduras.
Cierto es que hay personas más creativas que otras y hay un componente innato, pero la creatividad es una buena cualidad para el traductor y se puede mejorar. Como todo, es cuestión de regularidad y paciencia, como al aprender un idioma nuevo o al hacer dieta.
Ser creativo va más allá de estos listados, que no están mal, pero a veces rozan los textos de autoayuda.
Sin embargo, me gustaría abordar la creatividad desde un punto de vista más centrado en el traductor y este bello oficio.
La creatividad en traducción
Seguramente hablar de creatividad en traducción nos remite a la traducción de publicidad, la transcreación o traducción de textos de marketing. Y es cierto, estos textos requieren una mayor creatividad, una mayor adaptación si se prefiere.
No obstante, para mí la creatividad es una destreza que el traductor debe poseer, sea el texto que sea. No todos los textos exigen el mismo nivel de creatividad, es verdad, pero el acto mismo de traducir es un ejercicio creativo.
En su artículo Fomentando la creatividad: una propuesta didáctica para el aula de traducción (que recomiendo fervientemente), Ana Rojo y Purificación Meseguer hablan —a través de Bayer-Hohenwarter (2009, 2010) y Guildford (1950)— de «las características de una personalidad creativa: sensibilidad ante los problemas, fluidez, originalidad, flexibilidad, capacidad de síntesis, capacidad de análisis, capacidad para reorganizar y redefinir, complejidad del sistema de ideas, y evaluación».
En traducción, estas características se resumen de este modo (y cito textualmente):
La aceptabilidad está relacionada con la evaluación y la capacidad para resolver problemas y establecer asociaciones. En su modelo, esta dimensión se define como la capacidad para juzgar o evaluar la adecuación de los diferentes equivalentes posibles al skopos o finalidad de la traducción.
La flexibilidad se concibe como la habilidad para producir giros de traducción. Dichos giros consisten básicamente en la capacidad para añadir al mensaje transmitido por las unidades meta un nivel mayor de abstracción (usando soluciones más vagas, generales o abstractas) o de concreción (evocando una idea o imagen más explícita, detallada o precisa), o simplemente para modificarlo de algún otro modo (usando giros que mantienen el mismo nivel de abstracción, pero cambian la idea o imagen).
La originalidad se refiere al carácter único de las versiones de traducción producidas.
La fluidez se concibe como la serie de características que apuntan a la capacidad del traductor para producir diferentes versiones de una unidad del texto origen de forma automática y con rapidez.
Unas características deseables en cualquier proyecto de traducción, ¿no os parece?
Por su lado, Sara Barrena, en su artículoLa traducción: una actividad creativa dice que para traducir bien hacen falta «en primer lugar, habilidades: un buen conocimiento de las lenguas, especialmente de aquella a la que se traduce. Es necesario saber redactar bien, ser capaz de expresar con claridad la idea que se tiene en la cabeza al leer el texto en el idioma original», pero eso no basta y añade la capacidad de trabajo, porque «no todo es cuestión de inspiración. Se requiere mucha dedicación y constancia. Para que la idea surja aparentemente sin esfuerzo hace falta una mente disciplinada y fértil».
Pero destaca también que se necesita «una cierta capacidad creativa. Para traducir es importante la actitud, la mente debe estar desbloqueada y la imaginación estimulada. Esa actitud es importante para poder sentir y escuchar el significado del texto, no sólo con la mente, sino también con el corazón y la imaginación, como debería hacerse cada vez que uno intenta escribir algo».
Y es que la base para la creatividad, aunque pueda parecer lo contrario puesto que parecería que uno solo se fija en los demás, es leer. Leer de todo y no solo en nuestra lengua B sino también en nuestra lengua materna, tanto originales como traducciones. Leer en lengua B nos ayuda a seguir mejorando el idioma de partida y leer en nuestro propio idioma enriquece nuestro vocabulario y nos ayuda a mejorar la redacción.
¿Y las traducciones? Pienso que leer las traducciones de los demás te brinda ciertas técnicas que pueden servirte en tus propios textos. Seguro que no soy la única que leyendo un original en inglés ha pensado «¿Y cómo habrán traducido eso al español?» o bien leía una traducción y ante una frase realmente bien construida, una palabra o un giro especial, ha consultado el original. Y sí, también descubrimos errores en algún texto traducido, pero ¿no va bien detectarlos para saber cómo evitarlos en un futuro? Pues eso, ¡a leer se ha dicho!
No obstante, en este sentido, también creo que el traductor debe ejercitarse como lo haría un escritor, y por eso esta entrada va dedicada a los juegos, aplicaciones y recursos para escribir más novedosos.
Juegos de mesa y aplicaciones lúdico-didácticas
No es necesario estudiar para ser creativo. A veces basta con descansar la mente en nuestro tiempo libre y dedicarnos a los pasatiempos que más nos gustan, ya sean la jardinería, la repostería, el dibujo, etc. Los juegos también son una manera estupenda de entrenar la mente y divertirnos a la vez. Además, van muy bien para enseñar un idioma, como por ejemplo este juego de la oca para practicar las preposiciones.
Tenemos juegos clásicos como el Tabú o el Scrabble, y sus imitaciones, como el Apalabrados para el móvil, del que me declaro adicta. ¿Qué nos aportan estos juegos? Para empezar, el Scrabble/Apalabrados puede servirnos para aprender vocabulario nuevo. En el caso de la aplicación, tienes la opción de ver la definición de la palabra con la que juegas. Seguro que más de uno (me incluyo) ha aprendido gracias a este juego qué significa oxearpor tener una x que no sabía dónde colocar.
Letras, letras y más letras. Fotografía de Taro Taylor.
Pero hay vida más allá de los juegos que se basan en palabras únicamente (como Verbalia o Mixmo) y creo que como traductores, sobre todo si nos enfrentamos a textos literarios o más creativos, no está de más practicar la expresión escrita en forma de historias, haikus, microcuentos, etc.
En Literautas—si os gusta escribir y no conocíais el blog, ¡ya tardáis!— nos traen las reseñas de algunos juegos de mesa para narrar historias, como por ejemplo Black Stories, para amantes de la novela negra y de intriga o Érase una vez, para los que prefieren los cuentos de hadas.
Sin embargo, uno que me encanta y que he usado para escribir algunas historias y para hacer ejercicios de narrativa en mis clases de inglés es Rory’s Story Cubes. La mecánica es facilísima, tan sencilla como tirar los dados e imaginar una historia con las imágenes que nos han salido. En las instrucciones hay algunas reglas, pero cuantas menos uses, mejor y más libre eres para crear la historia.
El set naranja, el original Rory’s Story Cubes, que contiene los nueve dados básicos con 54 pictógrafos que te brindan miles de millones de posibilidades en cada tirada.
El set azul, la expansión Acciones (actions), que se puede usar en solitario o en combinación con los otros sets y contiene verbos o acciones estándar.
El set verde, la expansión Viajes (voyages), que también se puede usar en solitario o en combinación con los demás sets y que contiene 54 pictógrafos para crear aventuras, fantasía, épica narrativa y ficción especulativa.
Luego están los sets más pequeños y especiales que solo llevan tres dados: la miniexpansión rosa para historias fantásticas (magia, hechizos, etc.), la miniexpansión verde centrada en la prehistoria (dinosaurios, fósiles, meteoritos) y la miniexpansión lila se centra en pistas para crear historias de misterio (investigaciones, asesinatos, venenos, fichas de ajedrez…).
La colección completa de los Story Cubes
Si aún no estáis convencidos, podéis echarle un vistazo a sus aplicaciones didácticas, aunque como ya he comentado anteriormente, ¡la creatividad al poder! Cuantas menos reglas y restricciones, mejor.
Microcuentos: el buen perfume se vende en frasco pequeño
Con los dados que acabamos de ver se pueden escribir historias y cuentos con la longitud que queramos, pero si nos falta tiempo para escribir textos medios-largos, ¿por qué no empezar con algo mucho más corto?
Sin duda, el más célebre es el de Augusto Monterroso: «Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí», pero hay muchos más y de escritores conocidos:
«Hay novelas que aun sin ser largas no logran comenzar de verdad hasta la página 50 o la 60. A algunas vidas les sucede lo mismo. Por eso no me he matado antes, señor juez». Juan José Millás
«No se enamoró de ella, sino de su sombra. La iba a visitar al alba, cuando su amada era más larga». Alejandro Jodorowski
«No sabemos si fue a causa de su corazón de oro, de su salud de hierro, de su temple de acero o de sus cabellos de plata. El hecho es que finalmente lo expropió el gobierno y lo está explotando. Como a todos nosotros». Luisa Valenzuela
«Mi hermano Alberto cayó al pozo cuando tenía cinco años. Fue una de esas tragedias familiares que sólo alivian el tiempo y la circunstancia de la familia numerosa. Veinte años después mi hermano Eloy sacaba agua un día de aquel pozo al que nadie jamás había vuelto a asomarse. En el caldero descubrió una pequeña botella con un papel en el interior. «Este es un mundo como otro cualquiera», decía el mensaje». Luis Mateo Díaz
De hecho, en un estudio que podemos encontrar en el Centro Virtual Cervantes, nos dan algunas pistas de por qué el microcuento de Monterroso nos sorprende tanto y, por ende, qué elementos contribuyen al éxito de una historia tan breve: la elección de un tiempo gramatical impecable, una equilibrada estructura sintáctica (alternando tres adverbios y dos verbos), el valor metafórico, subtextual, alegórico, de una especie real pero extinguida (los dinosaurios) y la fuerza evocativa del sueño (elidido), la ambigüedad semántica (¿quién despertó?, ¿dónde es allí?), la pertenencia simultánea al género fantástico (uno de los más imaginativos), al género de terror (uno de los más ancestrales) y al género policíaco (a la manera de una adivinanza), entre otros.
Si os apetece saber más, echadle un vistazo a este artículo de Meritxell Terrón, Los secretos de los microrrelatos, en el que explica qué es un microcuento y da algunas claves para su redacción.
Si queremos más brevedad aún, siempre nos queda la maravillosa iniciativa de las Six word stories. Aunque no lo parezca, en tan pocas palabras se pueden decir muchas cosas, como la tragedia que cuenta una de las historias breves más famosas, atribuida a Hemingway: «For sale: baby shoes. Never worn» o esta otra de autor desconocido: «Goodbye, mission control. Thanks for trying».
En esencia, estas historias de seis palabras deben condensar una vida, no son meras frases como «Esa mañana fui a la peluquería» o lemas inspiradores del tipo «Vive a tope, nada de arrepentimientos», por decir algo. También pueden ser frases que tengan un gran carga emotiva.
Ya para terminar, si os ha entrado el gusanillo de escribir o jugar con la lengua, aquí van algunos enlaces útiles:
1. Páginas o diccionarios especiales: porque no todo es el DRAE ni el diccionario bilingüe de Wordreference.
Dirae. Además de definición, también pueden encontrarse palabras a partir de su definición, de su origen etimológico o de su categoría gramatical. http://dirae.es/
Ikonet, diccionario visual. Compilación de imágenes organizada por temas y con la terminología relacionada en diferentes idiomas: http://www.ikonet.com/es/diccionariovisual/
Context. Diccionario contextual para ayudar a entender y traducir los significados de las palabras dentro de un contexto en varios idiomas. http://context.reverso.net/traduccion/
Ideas afines. Permite llegar a diferentes conceptos relacionados a partir de una idea principal. Muy útil como generador de ideas. http://www.ideasafines.com.ar/
Buscapalabras. Se pueden buscar palabras que empiecen o acaben por una letra determinada, tiene un conjugador verbal, un separador por sílabas, un rimador y un diccionario de antónimos y sinónimos. http://www.buscapalabra.com/
Palabras que. Parecido al anterior, un laboratorio para diseccionar las palabras. http://www.palabrasque.com/
2. Sinónimos y antónimos: todos los días gallina amarga la cocina, dicen. ¿Tú cueces o enriqueces? Pues eso, en la variedad está el gusto y debemos aprender a evitar repeticiones y verbos comodín.
También os recomiendo echarle un vistazo a todo lo que hacen en Molino de Ideas. Nunca sabes con qué te van a sorprender, pero seguro que algo aprendes.
Con esto terminamos por hoy. ¿Qué? ¿Escribimos algo? ¿Os atrevéis a dejar algún microcuento o historia en seis palabras en los comentarios? ¡Animaos!
El estreno de la película de Pixar Del revés (Inside Out, 2015), además de la polémica con los personajes (Tristeza es rellenita y poco agraciada —dicen— y Alegría es delgada y atractiva) ha sacado a la luz un aspecto curioso, que no nuevo, del cine: las adaptaciones culturales.
Si la intención primordial de un producto audiovisual es que llegue al espectador y que este lo reciba con naturalidad y no le cause extrañeza, hay que tener en cuenta muchos factores y no solo lo que se oye, sino también lo que se ve. Y aunque muchos lo llamen «localización», es en realidad un ejemplo de adaptación cultural.
En esta película se dan dos buenos ejemplos. El primero, y del que se ha hablado más, es el cambio del brócoli por el pimiento verde para la versión japonesa. ¿El motivo? Parece ser que lo que más asquea a los niños japoneses es el pimiento verde (como quizá muchos recuerden por Shin Chan) y con una modificación de este tipo los espectadores se sienten mejor identificados, la situación les resulta más cercana.
No es el único cambio ni hay que irse a países tan lejanos como Japón. Hay otro momento de la película en el que somos testigos de un cambio de imagen. En la versión original los sentimientos ven un partido de hockey y en otros países (como Gran Bretaña, que comparte idioma con los Estados Unidos pero no cultura), un partido de fútbol.
Y es que traducir una película con el fin de proyectarla en otros países va mucho más allá del trasvase del guion de un idioma a otro. Barriendo para casa, como explica Adela Martínez en su artículo para La traducción para el doblaje y la subtitulación (Miguel Duro, Ediciones Cátedra, 2001): «En la actualidad está muy extendida la idea de considerar la traducción como un acto de comunicación intercultural y de que el texto fílmico comparte con otros textos la finalidad de comunicar algo a otro. La traducción tiene la finalidad de comunicarse con el espectador. Pero, a diferencia de otros textos susceptibles de traducción, el texto fílmico cuenta con varios canales de información: la imagen, el sonido, el ruido y el lenguaje hablado».
Pues sí, como si traducir no fuera ya lo bastante complejo, abordar la traducción de una película lo es más por todos estos factores a los que hay que prestar atención porque, como comenta Martínez: «El guion hablado de una película se coordina con los otros canales informativos con los que cuenta el lenguaje cinematográfico. Desde esta perspectiva, resulta lógico sostener que la traducción —el doblaje o la subtitulación— de ese guion hablado se considere subordinada a la imagen, al sonido, a los gestos de los actores, e incluso a la coincidencia del mayor número posible de consonantes labiales, etc.».
Pero, como vemos, hay mucho más y la cultura pesa mucho. Para hablar de casos concretos, un ejemplo famoso es el de Regreso al futuro del que ya hablé en un artículo anterior sobre adaptaciones culturales. En una de las entregas de la trilogía, la madre de Marty McFly se dirigía a él como Calvin porque en sus calzoncillos tenía escrito Calvin Klein. En España, dado que por entonces no había llegado aún esa marca, se cambió a Levi Strauss. Es un caso de referencia cultural adaptada que respeta también el idioma de partida, es decir, se opta por usar una marca americana que encaja en las dos lenguas y no provoca extrañeza en la versión española.
Podemos encontrar más ejemplos de adaptaciones y cambios por diferencias entre culturas (y no solo idiomas) en muchas más películas, sobre todo en las dirigidas a un público más joven. Por ejemplo, en Monstruos University (Monsters University, 2013) las notas cambian según el país, los textos en pantalla se traducen todos y se producen modificaciones curiosas como la siguiente.
En un momento del largometraje, Randall, el monstruo que más tarde sería el villano de Monstruos S.A., quería que los demás compañeros le aceptaran y preparaba unas magdalenas con el texto «Be my pal» (seamos amigos). Pues bien, en otras versiones, como la española y la británica, estas magdalenas perdieron las letras y pasaron a estar decoradas con caritas sonrientes.
¿El problema? Se perdía la gracia cuando en plena persecución de la mascota de la universidad rival, Sully y Mike le tiraban la bandeja y Randall terminaba con un «lame» (soso, bobo, tontaina) en la cara porque las letras se habían desordenado.
Y ya que estamos con textos…
Textos en pantalla
En el caso de la película de Pixar, el quid estaba en las imágenes en movimiento, pero pueden darse cambios también en los textos que aparecen en pantalla. La mayoría de las veces lo que se lee, sea un texto escrito, una carta, un cartel, etc., se ve en un subtítulo. Es la solución más rápida y barata porque no implica cambiar la imagen.
Sin embargo, por cuestiones culturales puede que este texto cambie también en la imagen. Un buen ejemplo lo encontramos en Capitán América: El soldado de invierno (2014). El protagonista elabora una lista de cosas que se ha perdido al estar congelado y que debe repasar para estar al corriente de todo. Lo curioso es que la lista cambia según el país. Solo se mantienen la comida tailandesa, Star Wars, Star Trek, Nirvana, Rocky y la canción de Marvin Gaye; lo demás va variando.
Versión original
En la versión española, por ejemplo, añaden a Rafa Nadal, Héroes del Silencio, Camino José Cela, la Constitución de 1978 y el Chupa Chups. Claro, de todos es sabido que el caramelo marcaría un antes y un después en nuestras vidas.
Versión española
En Francia, por ejemplo, Daft Punk toma el relevo de Héroes del Silencio (a ver si son los mismos bajo ese casco…).
Versión francesa
En el Reino Unido no podían faltar los Beatles.
Versión inglesa
Y en México… ahí está Shakira, aunque sea colombiana.
Versión mexicana
Mucho más que palabras
Los dos ejemplos que veíamos al principio del artículo llaman mucho la atención porque son cambios completos de imagen, pero en una película pueden darse muchos momentos complejos para la traducción que no tengan que ver con elementos verbales. Un ejemplo de esto sería el gesto de Uma Thurman en Pulp Fiction (1994):
En este caso, como comenta Patrick Zabalbeascoa en su artículo La traducción del humor en textos audiovisuales (recogido en el libro anteriormente mencionado), se da un chiste paralingüístico, aquel que depende de una combinación de elementos verbales y no verbales. Es decir, lo que se diga va a estar supeditado a lo que se vea (un gesto, una caída, una aparición, el sonido de un disparo etc.).
En este momento de la película, Vincent Vega, personaje interpretado por John Travolta, le pide a Mia Wallace, Thurman, que lo lleve a otro restaurante para cenar, a lo que ella le responde «You can get a steak here, Daddio. Don’t be a…» y dibuja en el aire un rectángulo (aunque más bien debería ser un cuadrado porque la expresión en inglés es don’t be square).
Explica Zabalbeascoa que el sentido en inglés de «no seas antiguo» dista mucho de una traducción literal de «no seas» y luego ver el cuadrado en la pantalla, que encima va reforzado por unas líneas de puntos. Una solución puramente verbal, dice, «sería buscar una expresión en castellano que acabara con «cuadrado» y encajara en el contexto (tipo «no seas un cabeza… cuadrada» o quizás «no seas tan… cuadrado», aunque las dos son mejorables). Una solución más tecnológica consistiría en borrar la línea de puntos de la imagen para dar cabida a versiones menos literales («abre tu mente», «rompe tus esquemas» que dieran otra interpretación al gesto de la actriz)».
¡Arguméntame esta!
Ahora bien, como adaptaciones que se llevan la palma, porque más que adaptaciones son cambios de argumento y de guion integrales, están los ejemplos de los que se hacía eco la agencia EFE esta misma semana.
Esto va más allá de cuestiones lingüísticas y se aparta de la traducción, que es lo que nos ocupa en este blog, pero según filtraciones de Wikileaks, los productores de la película Píxels (2015) «cambiaron el guion para evitar que en él hubiera menciones a China, con el fin de no herir sensibilidades en ese país y que la cinta pudiera ser estrenada en sus cines».
Dan más ejemplos, como el deWorld War Z, en la que se cambió ligeramente el argumento y se quitó la sugerencia de que el virus que volvía zombi a los seres humanos se había originado en China. O de Skyfall, de la que retiraron escenas en las que un soldado chino era asesinado, así como referencias a que el villano de la película parte de su maldad al hecho de haber sido torturado en una prisión asiática.
Según el artículo, «estos y muchos otros cambios de guion se justifican en un momento en el que el mercado chino, aún con mucho potencial de crecimiento, se está convirtiendo en el más importante de Hollywood en el exterior, y en ocasiones en tabla de salvación de grandes superproducciones que fracasan en Occidente pero no en Oriente».
Y, sin llegar a estos extremos, cambiar el contenido de los tráileres es algo bastante común. Seguramente os habréis dado cuenta de que, en ocasiones, lo que habíais visto en el avance no aparece en la película. Pues bien, dependiendo del país, se hace hincapié en ciertos contenidos para hacer que la película resulte más atractiva y llame la atención de los espectadores. Algunos ejemplos de esto lo encontramos en Los Vengadores, Lincoln, ¡Rompe Ralph!, Prometheus o Godzilla.
En definitiva, ya sea por motivos económicos, políticos, lingüísticos o culturales, muchas películas pueden sufrir cambios sustanciales y no siempre son cosa del traductor, que os veo venir. Aunque pueda haber consultas (me ha pasado en subtitulación), nos compete lo lingüístico. El lenguaje es la base de la cultura y deben verse las estrategias que se utilizan en el texto fílmico para determinar el entorno cultural. El texto es parte de la cultura y la unidad de traducción es la cultura misma, pero nosotros no decidimos estos cambios tan grandes de imagen.
¿A vosotros qué os parece? ¿Todas las modificaciones son aceptables? ¿Debería respetarse más el original en lugar de adaptarlo tanto al espectador meta? El debate —¿o la polémica?— está servido.
Buen ambiente, público atento, grandes profesionales y una organización de lujo. Si me pidieran resumir el ENETI (Encuentro Nacional de Estudiantes de Traducción e Interpretación) de este año, lo haría con estas palabras.
Después de acudir a la edición anterior en Soria, donde hablé de traducción erótica, y ver lo que allí se cocía y vivía, no pude resistirme esta vez. Y menos aún conociendo el emplazamiento de este año y los organizadores, unas auténticas bestias pardas: Jairo Lara, Carlota Lifante y Vicent Torres.
Organizadores, ayudantes e intérpretes del ENETI 2015
Gracias a estas jornadas, los estudiantes tienen la oportunidad de ver diferentes aspectos profesionales de la traducción y la interpretación, echarle un vistazo a la realidad del oficio y, cómo no, relacionarse con alumnos de otras universidades. Para los profesionales es igualmente beneficioso pues permite el intercambio de pareceres y opiniones, aprender de otros ámbitos de la traducción y, evidentemente, salir de la traducueva un par de días.
ENETI 2015
Este año ha habido de todo un poco, como podéis ver en el programa: traducción biosanitaria, con el gran Fernando Navarro; traducción de videojuegos, con traductores de la talla de Curri Barceló, Ramón Méndez, Alba C. Porrúa, Belén Agulló y Francisco Molina; traducción del manga con Marc Bernabé, que recogió un premio a su carrera (¡grande!), etc. Más allá del oficio de traducir, Marta Stelmaszak y Valeria Aliperta abordaron cuestiones económicas y de marca.
También hubo mesas redondas prácticas y amenas como la de Carla Botella, Marián Morón y Beatriz Benítez sobre salidas profesionales molonas, y la de traducción de franquicias (#frikicias) con Josep Llurba, Quico Rovira-Beleta, Javier P. Alarcon y Fran Molina. Y no me olvido de la mesa sobre interpretación con María Abad, Aida González, Maider Armentia y Alessandra Vita, que hablaron de todo un poco y dieron consejos muy útiles, sobre todo porque me descubrieron datos que ignoraba al no conocer bien este sector.
Si queréis verlas todas, cosa que recomiendo, podéis acceder desde aquí:
Como ya anunciaba en el título, en esta edición hablé de los insultos y las expresiones malsonantes, los rasgos principales que tienen en nuestro idioma y cómo se pueden traducir. Todo con un único fin: demostrar que el castellano es tremendamente fértil y podemos realizar traducciones la mar de naturales sin caer en los jodidos y putos de siempre. Ahora bien, sin pasarse, porque un inspector del Bronx no va a hablar como un señor de Murcia, por decir algo. Como decimos siempre, el contexto es básico, así como conocer el tono del texto original, el personaje en sí y lo que nos pide el cliente, claro.
Para encarrilar la charla usé como base algunas ideas de El traductor insolente, que complementé con un breve marco teórico y ejemplos variados tanto de traducción editorial como audiovisual, principalmente fansubs.
Foto de Isabel Ramón para la entrevista en el periódico Información
Como no os quiero aburrir con más detalles, podéis acceder al vídeo aquí: http://vertice.cpd.ua.es/142806 (a partir de 4:10:35) y ver la presentación íntegra.
Si lo hacéis, vale la pena fijarse en la buenísima labor que realizaron los intérpretes de lengua de signos, que no lo tuvieron nada fácil al interpretar algunos momentos de la charla, sobre todo por la complejidad de los sinónimos y algunos de los términos. De paso, quiero agradecer también el trabajo de los intérpretes en cabina, que seguramente se vieron apurados al principio con mi velocidad. ¡Perdonad, chicos!
Si también queréis echarle un vistazo a la presentación en sí, podéis encontrarla a continuación y en la misma plataforma de Scribd. Disculpad la calidad de la presentación, pero al subirla ha cambiado el tipo y el tamaño de la fuente.
Paralelamente, me hicieron una entrevista para el periódico Información acerca de esta ponencia. Si bien hay algunas cuestiones que no son del todo exactas (hablé de cunt como ejemplo de insulto realmente fuerte en inglés, pero no dije que no se pudiera traducir, entre otros), es un resumen de la charla en sí y de cómo va la traducción de lo soez. Se lee bastante bien al hacer clic en la imagen.
Termino este apunte con algunos tuits sobre la presentación. Los demás pueden seguirse con el hashtag #TraduSoez y #Eneti2015.
PD: Gracias de nuevo a la organización, ayudantes, intérpretes, ponentes y asistentes. Entre todos habéis conseguido algo muy grande. ¡Ah! Y felicidades a Manu Crespo y Fernando Carrero, que organizarán el ENETI 2016 en la Universidad de Valencia.
Este fin de semana he conseguido visitar (¡por fin!) una exposición a la que tenía muchas ganas: Pixar. 25 años de animación (CaixaForum, Barcelona, hasta el 3 de mayo). Todo un lujazo para los interesados en la animación, ya sea por las historias o el virtuosismo técnico de las películas.
Al salir de la exposición caí en la cuenta de que no había hablado todavía de la traducción de este tipo de películas, al menos las que yo he traducido de DreamWorks, puesto que sí hablé del doblaje y la subtitulación de Ice Age hará un tiempo.
Como han pasado ya unos años y estas películas están más que estrenadas en cine, televisión y DVD, que es el formato para el que realicé los subtítulos al catalán, supongo que puedo hablar de ellas sin problemas (ya sabéis cómo va esto de los NDA o contratos de confidencialidad). Así pues, os contaré el proceso, las dificultades y algunos detalles más.
Algunas de las películas de animación que he subtitulado
1. LAS PELÍCULAS DE ANIMACIÓN: El proceso de creación
Lo primero es lo primero: la película de animación en sí. No entraré en detalles porque sabéis de sobra de qué se trata, aunque si queréis conocer los distintos tipos que existen, echadle un vistazo a esta página de la Universidad de Huelva: El cine de animación.
¿Por qué es importante conocer el proceso? Bueno, por curiosidad traductora y para conocer el producto, lo primero. Pero, sobre todo, porque cuando encargan una película suelen venir después otros encargos más pequeños: los comentarios del director y los actores, el tráiler (o avance, para evitar el anglicismo), el anuncio del videojuego o el juguete, las tomas falsas y el making of (el cómo se hizo, vaya), y hay que estar preparado para traducir de todo.
A continuación veremos el ejemplo de Pixar, pero las demás empresas de animación suelen trabajar de una forma muy parecida. Encontrareis más detalles sobre cómo trabaja Pixar aquí.
a. La propuesta
Un creativo prepara una idea y la presenta al equipo de desarrollo y animación, donde su mayor reto es lograr que el equipo se interese y vea las posibilidades de llevar adelante el proyecto.
b. El guion
Todo empieza con el guion. Las ideas se plasman en el papel de una forma concreta: qué sucede, cuándo sucede y a quién. Suele ser muy completo y consta de descripciones detalladas del ambiente y de las emociones de los personajes. En eso no se diferencia mucho de un guion para una película no animada.
c. El storyboard
El guion pasa a la secuencia visual gracias a unos dibujantes encargados de crear el storyboard o guion ilustrado, que se compone de bocetos basados en el diálogo y las acciones que se detallan en el guion. Estos dibujos se cuelgan en un tablero y se organizan para formar las escenas y mostrar cómo se suceden las acciones.
Guion ilustrado de Toy Story
d. El storyboard digital
Los dibujantes que se han encargado del guion ilustrado entregan sus dibujos a los editores, que los pasan a un formato de vídeo llamado reel o animática. En este punto prestan atención al ritmo dramático y añaden diálogos, efectos sonoros y música provisionales para que la historia se vea en un formato más parecido al de una película.
Como traductor, es posible que traduzcas escenas no incluidas en la película como material adicional de la misma. Estas escenas suelen estar hechas de esta manera, con un storyboard digital y voces superpuestas.
e. El colorscript
El colorscript, o paleta de colores, es un mapa de la evolución emocional de la película, a diferencia del storyboard, que se centra en la acción. En este paso se representa la historia con grandes pinceladas y sin tanto detalle como en el guion ilustrado, en el que, además, los dibujos están en blanco y negro. Se presta atención a la gama, los tonos y la saturación para captar la atmósfera y las emociones que quieren transmitirse en cada secuencia.
Por ejemplo, aunque lo siguiente no es un colorscript, sí da una idea de cómo el color ayuda a transmitir emociones. La alegría y la felicidad se representan con tonos cálidos; los colores fríos se emplean para el miedo y la tristeza.
Para plasmar los personajes y los decorados, el director trabaja con el diseñador y con un equipo de ilustradores que dibujan muchas versiones de los personajes y sus entornos; exploran distintas ideas de diseño y se fijan en todos los detalles. El diseño definitivo se decide entre las propuestas que reflejan el entorno más verosímil en el que pueden habitar esos personajes.
g. Los estudios de modelo
Cuando el director aprueba el modelo, el artista crea blueprints o guías que los técnicos deben seguir para construir el modelo digital. Los estudios de modelo convierten los detalles del diseño del personaje en pautas de construcción específicas para formas tridimensionales más complejas.
h. Las maquetas
Los escultores se basan en los dibujos de desarrollo para crear maquetas, una escultura de arcilla muy útil porque permite ver al personaje desde cualquier ángulo. Los modeladores en 3D usan estas maquetas como referencia para ver cómo funcionan los distintos elementos del cuerpo de un personaje.
Un modelo de Sully, de Monstruos S.A., en la exposición de Pixar
i. La grabación de los diálogos
Antes de que los animadores puedan empezar a trabajar en la película hay que grabar los diálogos definitivos. El equipo editorial graba las voces de los actores de doblaje en un estudio y, después, los animadores trabajan a partir de las palabras y el tono de los intérpretes para sincronizar los movimientos y las emociones.
j. La modelización y el rigging
Los modeladores en 3D construyen los personajes y los escenarios por ordenador a partir de dibujos, estudios de modelo y maquetas. Los modeladores digitales deciden entonces cómo y por dónde se dobla y mueve un personaje, su flexibilidad, etc. En un proceso llamado rigging se incorporan al modelo miles de controles llamados avars (variables de animación). El rigging es el proceso de preparación previo a la animación de objetos o personajes y consiste en trabajar un esqueleto que permita articular los movimientos que se van a animar.
El layout. Este departamento se ocupa de la colocación de la cámara y la ubicación de los personajes.
La animación: el blocking o bloqueo. Se trabaja en los primeros movimientos. Se escuchan los diálogos y se buscan los gestos y las posturas adecuadas.
La animación: el polish o pulido. En este punto se añaden los detalles: respiración, movimiento de pies y la complicada expresión facial que debe corresponder al diálogo.
El shading y la texturización. Se aplica color, textura, sombras, etc. a las superficies.
El pelo. Un apartado aparte para conseguir que el pelo parezca natural tanto en reposo como, sobre todo, en movimiento.
La iluminación. Para que sea verosímil, se añaden unos focos virtuales que iluminen todo lo que hay en el escenario digital. Luego se van añadiendo otros toques de luz para dirigir la mirada del espectador a lo importante.
k. La renderización
Es el proceso informático mediante el cual se comprimen las imágenes en unas bidimensionales que puedan pasarse a la película o exhibirse con un proyector digital. La matriz informática que lo realiza se llama «granja de render».
En cuanto a números, en una película hay 24 fotogramas por segundo y como hay 60 segundos en un minuto y la cinta suele durar 90 minutos, se necesitan 129 600 fotogramas o imágenes individuales para completarla.
Para terminar, se compone la música y se añade la banda sonora que acompañará algunas de las escenas. Y, bueno, el resto es historia.
2.EL ENCARGO: Cuestiones laborales y material de referencia
Estas películas, de una hora y media de duración, suelen tener unos 1 000 subtítulos. El tiempo para realizar la traducción es de unos tres o cuatro días. Si bien es más holgado que en el caso de las series de dibujos —que hay que traducir de un día para otro—, siempre es poco tiempo para pensar en todas las soluciones.
Por suerte, el material que el cliente da es abundante y va muy bien para trabajar el texto. En mi caso, suelo disponer de la guía de estilo de la empresa o del cliente, Paramount, DreamWorks, etc. Suelen variar de unos a otros porque no todos aplican las mismas convenciones.
Aquí va una tabla con algunas de las cuestiones que recogen estas guías, por lo menos las que he recibido de mis clientes. Evidentemente puede variar.
Además de esta guía, hay documentos con los nombres oficiales de los personajes (sobre todo cuando estos tienen un significado) y la traducción de sus coletillas. Esto es especialmente útil cuando toca trabajar en una segunda o tercera parte (estoy pensando en Shrek, de las que hice la segunda y cuarta entrega) o cuando no has visto la película.
A veces, incluso, puede que dispongas del archivo de audio con el doblaje. Por ejemplo, cuando traduje Cómo entrenar a tu dragón al catalán, tuve acceso al audio del doblaje en castellano. Desde luego, no vale el «escucha y pega», pero puede ir bien cuando te atascas en algún juego de palabras.
Contexto e información de apoyo para Kung Fu Panda
Frases y coletillas de los personajes de El gato con botas
3. EL PROCESO DE TRADUCCIÓN
Cuando llega el proyecto, el cliente te da acceso a un FTP con todo lo que necesitas: película, plantilla de subtítulos en inglés y material de referencia. La película puede ser en color o en blanco y negro y suele llevar siempre una marca de agua o una franja con el nombre del traductor para evitar filtraciones.
La plantilla de subtítulos es un documento RTF y, por suerte, el pautado (también llamado spotting, el marcado del tiempo de inicio y salida del subtítulo) ya está hecho. Es una suerte porque así puedes centrarte en la traducción en sí. Para este cliente no trabajo con ningún programa específico. Por ejemplo, puedo trabajar con los dos documentos en paralelo y el vídeo a un lado.
Otra opción, que encuentro más cómoda, es trabajar con Trados, puesto que así me aseguro de no tocar los códigos de tiempo. Una vez lo tengo listo, vuelco la traducción y lo repaso todo de nuevo en el RTF, asegurándome también de no haberme excedido de caracteres. Eso es lo malo de no trabajar con programas de subtitulación, que suelen marcar al momento si te excedes de caracteres.
Documento abierto en Trados para no tocar los tiempos
4. EL LENGUAJE: Características y dificultades
Como comentaba en el artículo comparativo de las versiones de Ice Age, la animación suele ir dirigida a un público más joven, de modo lo que el humor es un ingrediente básico con todo lo que ello supone para el lenguaje: chistes, juegos de palabras, exageraciones, comparaciones jocosas, etc.
Además de acústico, este humor es muy visual e intenta imitar las características propias de la oralidad, es decir, naturalidad, espontaneidad, frases inacabadas, interjecciones, onomatopeyas…
Un ejemplo de gag. Po, el panda, descubre que su padre oca no es el biológico
El lenguaje es bastante sencillo en general: las estructuras sintácticas son simples, las frases son relativamente cortas y el tono es distendido, aunque eso no significa que las películas de animación sean más fáciles de traducir. No es infrecuente encontrar frases en el original que son ligeramente formales y que hay que adaptar en la traducción.
Por ejemplo, Kung Fu Panda 2 empieza con una especie de relato en plan fábula o leyenda y había que darle un toque más formal, en este caso con los tiempos verbales:
Además, estamos hablando de subtitulación, de modo que lo más frecuente es tener que acortar frases. Esto dificulta y hasta imposibilita recoger completamente todos los significados de la frase original. En este caso debemos seleccionar los significados prioritarios, los que garantizan que el espectador no pierda el hilo. En este sentido, prescindimos de repeticiones, interjecciones y elementos que ya se vean en pantalla, por ejemplo. Por suerte, en mi caso siempre trabajo con los subtítulos en inglés, por lo que gran parte de esa reducción ya está hecha.
Otra característica de este tipo de películas son los referentes culturales, que muchas veces son guiños a los adultos, que al fin y al cabo son los que acompañan a los niños a ver las películas. Se pueden encontrar referencias a películas, series, canciones, etc.
El club de la lucha en El gato con botas
También podemos encontrarnos otros idiomas en el original, que hay que ver cómo trasvasar. Por ejemplo, cuando traduje El gato con botas (Puss in Boots) al catalán, en el original había muchas palabras en castellano como guiño al personaje en sí, de origen latinoamericano y doblado por Antonio Banderas en la versión americana. En mi caso fue fácil dejarlas en castellano en mi versión al catalán, pero ese rasgo no pudo conservarse en los subtítulos al castellano.
Los extranjerismos en Puss in Boots (El gat amb botes)
Las canciones son otro elemento recurrente en estas películas. En general, si una canción aparece como adorno no hay necesidad de traducirla. Sin embargo, si la misma canción cumple una función narrativa porque las letras están directamente relacionadas con el argumento, sí hay que traducirla. En este caso hay que emplearse a fondo y traducir letras, ritmos y rimas. Es lo que suele pasar con las películas de la factoría Disney y también con algunas de Pixar y DreamWorks.
En subtitulación, los clientes suelen partir de la misma base: si es pertinente para la trama, se traduce. Recuerdo algunas cancioncillas de Madagascar y de Shrek en las que tuve que emplearme a fondo para que sonaran bien, aunque fueran para leerse. Contar las sílabas es esencial, así como conservar la rima (aunque hay quien defiende que da igual porque no se oye) y, evidentemente, el sentido. Todo un reto.
Por último, otra de las dificultades en este tipo de películas la encontramos al traducir los comentarios del director y el cómo se hizo, ya que abundan los conceptos técnicos. Si bien muchas veces se dejan en inglés, hay que asegurarse de entender bien el proceso (de ahí la importancia de saber cómo se hace una película de animación) y traducirlos correctamente.
Para este vocabulario más técnico y especializado, aquí van algunos enlaces útiles:
Seguro que me dejo algo en el tintero, pero con suerte tendréis una buena idea de cómo van estos proyectos de subtitulación, al menos por lo que yo he visto, traducido y revisado.
Por supuesto, hay muchas variables en este proceso: el cliente, que puede que tenga programa propio o pida al traductor que trabaje con el suyo, además de exigir ciertos requisitos; el tiempo, porque no es lo mismo subtitular para el cine o la televisión que para el DVD; el tipo de encargo, porque si piden traducción y pautado, esto último requiere más tiempo y, por consiguiente, cobrarlo extra; y muchos elementos más.
Espero que os haya gustado y nos vemos muy pronto.