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Después de repasar en la anterior entrada el vocabulario y las expresiones propias del género, hoy abordaremos el proceso de traducción y las dificultades.

El proceso como tal y los problemas que pueden surgir no son en principio muy distintos de cualquier otro género o novela. Hay que tener en cuenta sobre todo la época y el contexto en que se sitúan. Normalmente las eróticas de nuevo cuño se ambientan en la actualidad y en ciudades grandes, con lo que no hay mucha dificultad terminológica, a diferencia de las históricas para las que es necesario conocer los estamentos sociales, las prendas de ropa de antaño, los tipos de carruajes, etc.

Como vimos en la entrada anterior, en una novela erótica actual encontramos mucho vocabulario sexual (juguetes, prendas) pero no me parece que sea lo más difícil de traducir. Al fin y al cabo está todo (o casi) en Internet. Lo malo es ponerte a investigar, entrar en páginas subidas de tono y que te sorprendan con las manos en la masa. Dices que es para la novela que traduces pero ya no te creen. Tal vez no haya siempre un término exacto pero puedes encontrar equivalencias o explicarlo un poco. Como toda traducción, el matiz que pierdes por un lado puedes compensarlo en otro.

Además, el tratamiento entre personajes es muy directo, de tú a tú, con lo que no hay problemas a la hora de decidir cuándo unos personajes dejan de hablarse de usted para tutearse y el lenguaje es actual, con lo que puedes inspirarte en lo que te rodea.

No obstante, algo esencial al traducir estas novelas es sentir respeto por el género y tener una especial sensibilidad para el tratamiento de ciertas emociones y situaciones, y no hablo solamente de las escenas más subidas de tono. Hay que respetar la historia de amor, placer o deseo y estar dispuesto a trasladar fielmente los sentimientos de un idioma a otro. Sé que es algo de cajón, pero tiene que gustarte lo que haces. Como decía una profesora de la universidad cuyo nombre no recuerdo (y tampoco recuerdo a santo de qué venía la frasecita): “para el sexo hay que estar enamorado aunque sea solo durante esos quince, veinte o treinta minutos”, y es totalmente cierto. Aunque no seas un gran seguidor de este tipo de libros, al menos tiene que gustarte en ese momento.

Siguiendo con el proceso de traducción, reconozco que no siempre me es posible leerme el libro antes pero sí que me leo el capítulo en cuestión, al menos, para ver con qué me voy a encontrar y con esto me refiero a si los personajes van a estar “intimando” en todo momento, algo que pasa con frecuencia y que es bastante pesado. También suelo hacerme un esquema con los personajes y las relaciones que se entretejen, así como de las palabras que pueden repetirse a lo largo de la novela y que son relevantes en el argumento: motes cariñosos (quizá él use un “cielo” y ella un “cariño”, por ejemplo).

Otra manía que tengo es que, por mucho que disponga del libro físico, o bien lo fotocopio o me imprimo la versión electrónica (pdf básicamente). Me gusta poder escribir y marcarlo y eso no lo haría nunca con un volumen real. Y a partir de aquí, a enfrentarse a la hoja en blanco, claro.

Bueno, veamos ahora algunas de las dificultades:

1. Repetición

Sin duda, una de las cuestiones más peliagudas. ¿Conservo o cambio? He observado que este tipo de novelas son bastante repetitivas.

Aquí lo ilustro con el término waves pero ocurre con muchos otros. Evidentemente no se puede cambiar todo porque ese es el estilo de la autora al fin y al cabo. En este caso concreto opté por conservarlo en varias ocasiones y añadir de vez en cuando algo distinto. Al final tenía “ola”, “oleada” y alguna “ráfaga” que, aunque no es exactamente la misma imagen, según el contexto quedaba bastante bien.

En algunos casos esta repetición de la que hablamos no solo se da en páginas distintas sino en una sola, como la palabra cock aquí:

Soy partidaria de llamar a las cosas por su nombre y si en el texto pone cock lo instintivo es poner “polla” pero, en este caso, para evitar el atragantamiento con tanto miembro (pun intended) varié con “polla”, “pene”, “miembro” y en algún punto de las novelas, también “verga”. Aquí la palabra se repetía demasiado en tan poco tiempo y espacio.

Y ya que hablamos de genitales, me resultó curioso, por otro lado, que para los femeninos hubiera dos referencias y fueran tan distintas entre sí: sex y pussy.

En la traducción encontraréis “sexo”, “coño” y “vagina”. Este último, sobre todo, en los fragmentos con descripciones más asépticas, más puramente físicas y nada pasionales.

“Sexo” (sex) se emplea mucho en las descripciones que el personaje femenino hace cuando se masturba, por ejemplo, y “coño” (pussy, que no el fortísimo cunt) cuando habla o piensa el personaje masculino o bien cuando ambos personajes interactúan, especialmente en las escenas de sexo.

2. Sinonimia

Si antes hablábamos de las repeticiones como un punto difícil, también lo es lo contrario, la multitud de sinónimos para casi todo. Después de estas traducciones soy experta en estremecimientos en inglés: tremble, shudder, shiver, shake, quiver, frisson. Pero, ¿y en castellano? Nos estremecemos, temblamos, tiritamos si tenemos frío, notamos el vello de punta o se nos pone la carne de gallina, pero no todos son siempre aplicables.

En este breve fragmento, por ejemplo, hay tres. En este caso opté por “…yacía entre temblores, como pequeños escalofríos de placer”.

3. Naturalidad en el erotismo

La naturalidad es un rasgo que debe conseguirse en toda traducción, lo sé, pero lo remarco aquí para destacar algo que me ha llamado siempre la atención y es que muchas veces los diálogos no suenan como deberían. Para mí es el punto donde convergen la traducción literaria y la audiovisual.

Al empezar con el género me chocó sobre todo el uso de Christ, God y Jesus en los momentos álgidos. Supongo que, como a muchos, no me gusta mezclar sexo y religión, y es algo que he cambiado por completo en estas novelas. Es inevitable ponerte en la piel de los personajes cuando traduces, inspirarte también un poco en tu sexualidad y ver que las referencias cambian totalmente en estos momentos.

Depende del momento, pero he cambiado a “joder” u “hostia”, en momentos muy puntuales. El español tiene muchos recursos en este campo. No sé a vosotros pero, a mí, un “Jesucristo” en pleno éxtasis me bajaría la libido al instante, ¿y lo de “Oh, Dios” no os suena mucho a calco?

Y hablando de “Oh, Dios” se me ocurre también que las onomatopeyas pueden ser un apartado dificultoso, aunque a decir verdad siempre son las mismas, onomatopeya arriba, onomatopeya abajo: “ah”, “oh”, “mmm”. La cuestión es leerlo en voz alta y ver si funciona, lo que nos lleva al último punto.

4. Tono

Encontrar el tono adecuado es una de las mayores dificultades. Puede que tengas un fragmento muy descriptivo sobre el ambiente con matices poéticos y, acto seguido, un diálogo más soez. Es decir, hay que ir con cuidado y evitar los dos extremos: la cursilería y la chabacanería. Sin embargo, el texto original es como es. Tampoco podemos cambiarlo por completo.

Algo que me funciona es leer en voz alta algunos fragmentos para ver cómo suenan:

Quien me oiga pensará que hablo sola pero a mí me funciona. Todavía más cuando se trata de diálogos, que procuro que queden lo más naturales posible. En estos casos me aseguro antes de que las ventanas estén bien cerradas.

Y poco más puedo añadir. Para cerrar la temática erótico-festiva, solo comentar que generalmente se encarga la traducción de las obras de una escritora a un mismo traductor, sobre todo en caso de sagas. Estas últimas novelas eróticas de cuyos casos os he hablado pertenecían a una trilogía, por ejemplo. Es la mejor manera de mantener el tono de la serie. Además, conociendo de antemano a los personajes y la historia se trabaja mucho mejor, ¿no creéis?

Y colorín, colorado, el erotismo ha terminado 😉

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