Hacía ya unas semanas que no publicaba dibujos y eso que con el estrés de la última novela que tenía entre manos, he cogido varias veces los lápices para desahogarme. Estas son las últimas reflexiones:
Érase una mujer a su teléfono pegada
Cuando mi hermano compró el iPhone 4 y quedábamos para que me ignorara mientras usaba el whatsapp, se descargaba algo gratis porque le había hecho el jailbreak, se cambiaba el fondo con fotos de retina (a mí todo esto me sonaba a chino) o comprobaba si le habían escrito algo en Facebook, yo entraba en cólera. Luego lo tuve yo y empecé a hacer lo mismo y eso que la excusa para comprármelo era «tener acceso al correo electrónico para contestar de inmediato las ofertas de trabajo». ¡Ja!
Con un smartphone, de repente, sientes esa necesidad de estar al día de todo: no tienes suficiente con una vida real, necesitas controlar también tu alter ego virtual. El problema es que acaba consumiéndote no solo la batería (que tela) sino tus energías. No se puede estar al tanto de todo. Llega un momento que oyes un ¡ping! y no sabes si es un sms, un whatsapp, un RT de Twitter, un privado de Facebook o la vena de la frente que acaba de estallar por tantos estímulos.
Al final he llegado a la conclusión de que la vida es eso que pasa mientras miras el móvil y creo que somos muchos los que lo compartimos (o pecamos de esto, mejor dicho).
Mi cabeza y yo
Aunque con el paso de la edad uno debería estar bien asentado y arraigado, siento que me pasa lo contrario. Y es curioso porque exteriormente parece que tengo los pies bien puestecitos en el suelo, pero la cabeza se me va y sube cada vez más… O quizá sea precisamente por la edad, ¿quién sabe?
Sacando fuerzas
Somos humanos, obvio, ¿verdad? Pues a veces no lo parece cuando decimos que sí a todo y queremos abarcar más de lo que podemos (como este mes de agosto, que acabé traduciendo simultáneamente una novela erótica de 300 páginas, una programación académica de 100, una película y varios extras).
Sin embargo, dentro de las posibilidades humanas están la fuerza y la capacidad de lucha. Usémoslas para salir adelante porque, si eres traductor ya conoces algunas de las leyes de Murphy que se nos aplican, a saber:
Los encargos urgentísimos pero muy bien pagados solo llegan tras haber aceptado un encargo urgentísimo pero mal pagado.
Tendrá que entregar el mismo día todos los encargos urgentísimos.
Si ha planeado un viaje o unas pequeñas vacaciones, coincidirá con el día en que tenía que entregar todos los encargos urgentísimos.
El encargo urgentísimo en el que pasó la noche trabajando, no lo necesitarán hasta pasado mañana.
Music melts all the separate parts of our bodies together
Ya no puedo traducir sin escuchar música; hacerlo en silencio me cuesta. Prefiero trabajar de noche porque no se oye nada, todo está tranquilo y es más fácil tener la música de acompañante.
Algunos de los músicos o bandas que me ayudan (seleccionados según el momento) son Bon Iver, Florence and the Machine, John Mayer, Coldplay o Mumford & Sons entre muchos otros. Cuando la letra me molesta (básicamente porque me sé las canciones y no puedo concentrarme en el texto mientras canto) opto por música ambiental del tipo Café del Mar o, aún mejor, Hotel Costes.
¿Qué escucháis vosotros mientras trabajáis?
Muñeca rusa
En este mundillo se utiliza mucho la imagen de los sombreros para decir que el traductor tiene que adoptar varias personalidades. Ya sabéis, no solo llevamos el sombrero de traductor sino que también nos ponemos el de gestor cuando nos ocupamos del papeleo, de economista cuando calculamos costes, damos presupuestos y hacemos la facturación, etc.
A mí me gusta más la idea de las muñecas rusas. El traductor que llevamos dentro y que es el alma de nuestro oficio se protege con varias capas de madera; capas que también son necesarias para el ejercicio de nuestra profesión pero, como pasa muchas veces si no montamos bien las muñecas, nos quedan un poco grandes también.
VAT killed the translation star
Con lo mucho que se habló, se habla y se hablará del aumento del IVA, se me ocurrió plasmar en un dibujo (de forma humorística, claro está) lo que puede pasarnos como traductores. Si me leen los clientes, repito: es humor y espero que nadie se sienta ofendido y recalco algo que ya se sabe: el traductor profesional es la mejor opción, evidentemente.
Dejando a un lado la calidad, si ya antes del aumento teníamos que batallar con la (in)competencia de Google Translate (la manera más rápida de obtener una traducción chapucerilla) o la prima/sobrina/secretaria con nociones de inglés (que tarda algo más pero seguramente cobre menos o nada, incluso), ahora con la subida me temo que se nos regateará más el precio o bien se optará por no hacer facturas. A mí me da que se van a dar bastantes casos de esto último. ¿Qué pensáis vosotros?
Pero no Lecturas con L mayúscula. Me aparto un poco del tema, pero ¿os imagináis una revista Lecturas para traductores? Como si lo viera: fotos a todo color de los académicos de la RAE con sus modelitos en la playa, Chomsky posando en su casa de campo, Xosé Castro revelándonos sus trucos de belleza o una sección de moda con lo último en pijamas para traducir cómodamente en casa…
Evidentemente me refiero a otra cosa. A lo largo de la carrera, los distintos cursos y también el día a día de la práctica traductora, uno va adquiriendo un bagaje cultural y lingüístico importante, tanto literal como metafórico. Siempre he pensado que el saber sí ocupa lugar, sobre todo si vives en un pisito (con énfasis en el sufijo diminutivo). Pero no me quejo; estos libritos me han sacado de algún apuro en algún momento u otro. Esta, pues, es mi colección de libros sobre lengua y traducción. No es tan extensa como la de Mox pero dadme tiempo…
Empezamos con las herramientas de escritura. Si bien son dos libros distintos, los dos abordan las cuestiones de estilo y sobre todo ortotipográficas de la lengua española. El libro de Ramón Sol es más un manual de consulta (esencial en traducción literaria porque aporta ideas muy claras sobre la escritura de los diálogos, por ejemplo) y el segundo, Perdón, imposible, se centra más en la puntuación con ejemplos tomados de varias fuentes con una pizca de humor.
Paralelamente, otro clásico en cuestiones de estilo es el Manual de estilo de la lengua española de Martínez de Sousa por lo completo que es. Habla de normalización lingüística, de derechos de autor, de cómo citar referencias bibliográficas, de sintaxis, de ortotipografía… en fin, de todo.
En cuanto a traducción audiovisual, considero que estos cuatro libros son bastante buenos, aunque de decantarme por uno, escogería el libro de Miguel Duro,La traducción para el doblaje y la subtitulación. Recoge varios artículos de profesionales que tratan temas bastante diversos dentro de la TAV de los que se puede sacar mucho jugo. Algo parecido pasa con el libro de Chaume, también muy útil, si bien bastante teórico.
Los otros dos, de Ávila y Díaz Cintas, están más centrados en la práctica profesional del doblaje y del subtitulado respectivamente pero vale la pena echarles un ojo si es tu especialización o te interesa mucho el tema.
Otro pilar en TAV es Traducción y Doblaje: Palabras, Voces e Imágenes de Rosa Agost (Ariel) pero está descatalogado y me ha resultado imposible encontrarlo y eso que lo he buscado en librerías especializadas e Internet, pero nada. Diría que solo puede encontrarse en bibliotecas.
De los años universitarios conservo este manual de tres profesores de la Universitat Pompeu Fabra. Diría que es de los pocos o el único que aborda la traducción al catalán y además de aportar algunos trucos útiles es una buena herramienta de consulta en temas de estilo. Además, propone ejercicios muy interesantes.
No estoy especializada en traducción jurídica pero alguna vez he traducido algún documento y este librito me ha ido bastante bien. Contiene muchos ejemplos de textos y vocabulario que valen la pena. Podría ser un poco más exhaustivo pero cumple lo prometido.
En cuanto a libros sobre traducción en inglés, recomiendo fervientemente la colección de St. Jerome Publishing. Tienen un catálogo variado de libros sobre traducción a buen precio y los portes son gratuitos.
El libro de Díaz Cintas es una traducción al inglés de su libro en Ediciones Almar pero lleva un DVD muy útil con vídeos para practicar y el programa WinCAPS.
Siguiendo con el inglés, Thinking Spanish Translation es un buen manual para los interesados en traducción inversa. Está pensado para un angloparlante que quiera dedicarse a la traducción ES-EN pero tiene apartados muy interesantes como la traducción como producto, los aspectos culturales y la traslación de las estructuras pasivas e impersonales, por poner algunos ejemplos.
Is that a Fish in Your Ear? de David Bellos es una defensa del arte de la traducción en toda regla. Aborda todo tipo de temas tan diversos como el concepto que la gente tiene de la traducción, la traducción automática o la literalidad en las traducciones con anécdotas y con humor, que siempre se agradece.
En cuanto a libros acerca de la práctica traductora en sí están estos dos volúmenes que quizá os suenen de la red, como How to succeed as a freelance translator de Corinne McKay y su página TranslateWrite. Del libro de McKay destacaría las secciones acerca de cómo buscar, tratar y mantener a los clientes. Ya se sabe que, muchas veces, el sentido común es el menos común de todos y ofrece ejemplos muy útiles al respecto.
El de Samuelsson-Brown ofrece una visión más general y desde cero de la práctica y el día a día de un traductor: desde cómo hacerse traductor autónomo y tener el equipo adecuado hasta montar una agencia. De todo un poco. Ninguno de los dos son biblias de la traducción precisamente pero se pueden encontrar algunos datos interesantes.
Otro que también habla de la práctica traductora pero desde un punto de vista más irónico y en forma de cómic es Mox, el personaje creado por el traductor Alejandro Moreno-Ramos. Yo me he sentido bastante identificada con muchas de las viñetas.
En cuanto a lengua inglesa, estoy enamorada de este libro de Eric Partridge. Contiene muchas frases hechas y otras expresiones comunes en inglés británico, estadounidense, australiano, etc. que vale la pena conocer. Ofrece una explicación muy detallada así como su origen.
Por último, para los curiosos de la lengua inglesa recomiendo The Cambridge Encyclopedia of the English Language de David Crystal. Este volumen cubre la historia del idioma, sus dialectos, el uso sexista de la lengua, el inglés en los medios de comunicación… Todo (o casi todo) lo que hay que contar del inglés explicado de una forma muy amena.
Otros recursos en línea
Estas lecturas no os ocuparán espacio en casa, por suerte. Los siguientes enlaces son artículos y documentos que he utilizado en algún momento u otro y que creo que pueden resultar de interés.
Después de ver Ted (Seth MacFarlane, 2012) he creído oportuno hablar un poco de las adaptaciones culturales. Con esto no me refiero a la traducción de un único referente cultural sino al cambio prácticamente total de una película.
Pero para entender cómo funciona esto, repasemos primero qué es un referente cultural y qué importancia tiene.
Para ser un buen profesional, un buen traductor no sólo necesita una formación lingüística, sino también debe conocer muy bien la cultura de la lengua origen y la cultura de la lengua de llegada para poder trasvasar correctamente el mensaje y hacer bien su trabajo, de ahí la importancia que tiene el referente cultural o culturema en traducción.
Esta tarea no es fácil en ningún tipo de traducción, pero menos aún en traducción audiovisual, cuando hay veces que tenemos una imagen que complementa lo que estamos oyendo o incluso lo contradice. El referente cultural es, por tanto, esencial.
Para entender bien el concepto de referente / referencia cultural cito a Rosa Agost (1999), que entiende que los elementos culturales son aquellos «que hacen que una sociedad se diferencie de otra, que cada cultura tenga su idiosincrasia». Para la autora, elementos culturales son: lugares específicos de alguna ciudad o de algún país, aspectos relacionados con la historia, con el arte y con las costumbres de una sociedad y de una época determinada (canciones, literatura, conceptos estéticos); personajes muy conocidos, la mitología, la gastronomía, las instituciones, las unidades monetarias, de peso y medida, etc.
A la hora de traducir, ante un referente cultural podemos adoptar tres posturas:
a) Domesticación/naturalización: consiste en eliminar los elementos del texto origen (TO) que puedan resultar extraños para la cultura de llegada. Para ello, se sustituyen los elementos desconocidos por otros propios de la cultura del texto meta (TM). Como ejemplo de esta estrategia tenemos el mítico doblaje de Cosas de casa (Family Matters), donde una familia afroamericana de Chicago hablaba felizmente de personajes como Bertín Osborne.
b) Extranjerización: es la estrategia traductora opuesta a la anterior. Los elementos propios de la cultura del TM se mantienen en la traducción del TO, se dejan en ese idioma sin más.
c) Neutralización: consiste en trasladar un elemento de la cultura del TO en la cultura del TM sin marcas culturales, bien sea por desconocimiento del traductor o por conveniencia en la traducción. Un ejemplo puede ser el de una marca comercial de la cultura de origen que no encontramos en la nuestra. En este caso se suele sustituir marca comercial por su genérico. Una frase como «She put some Hunt’s on her meat» podríamos reformularla como «Le echó salsa barbacoa a la carne».
Para hablar de casos concretos, un ejemplo famoso es el de Regreso al futuro. En una de las entregas, la madre de Marty McFly se dirigía a él como «Calvin» porque en sus calzoncillos tenía escrito «Calvin Klein». En España, dado que por entonces no había llegado aún esa marca, se cambió a «Levi Strauss». Es un caso de referencia cultural adaptada que respeta también el idioma de partida, es decir, se ha optado por usar una marca americana que encaja en las dos lenguas y no provoca extrañeza en la versión española.
Lo que quizá sí podría provocar extrañeza es que por aquella época en España, Levi’s solo comercializaba vaqueros. Donde debería llevar escrito lo de Levi’s Strauss es en la etiqueta exterior del vaquero, no en la ropa interior.
Versión EN
Versión ES
La estrategia de naturalización se usó mucho en el doblaje de series norteamericanas de los ochenta y los noventa. En Cosas de casa y en El príncipe de Bel-Air se referían muchas veces a famosos españoles como Carmen Sevilla, María Teresa Campos, Julio Iglesias o Chiquito de la Calzada. Era una forma de no perder la gracia que en la lengua original tendría el hacer referencia a otro famoso como Oprah, por ejemplo.
En Sabrina, cosas de brujas, una serie más o menos reciente (sí, sé que ya han pasado unos añitos también), el gato Salem hacía muchas referencias a la comida española, famosos españoles y estereotipos de las diversas comunidades.
Últimamente este fenómeno se observa, sobre todo, en los largometrajes que nos llegan de Estados Unidos y las doblan aquí cómicos famosos. Es el caso de Ali G in da House, donde se hacían referencias a los maderos (en el original, feds) cuando podrían haber usado un genérico como polis, por ejemplo. Claro que aludir a nuestra realidad hace más gracia. Si queréis ver algunos ejemplos más, vale mucho la pena consultar este artículo de la compañera Carla Botella y esta entrada de su blog, Nobody is perfect.
Por cierto, ¿sabíais que según el doblaje español, Ali G viene de Lugo? Mirad, mirad (minuto 1:10): http://youtu.be/sn9zbLMWBDY
Shrek es otra película adaptada a nuestra realidad. ¿Quién puede olvidar el “Ahora vas y lo cascas” que José Mota ponía en boca del asno haciendo referencia a una coletilla suya? Pues bien, esta frase se aparta totalmente del texto original. En la película, la princesa Fiona lanzaba un eructo, semejante al que acababa de lanzar el personaje del ogro y el asno le decía a su amigo: «She’s as nasty as you are» (es tan desagradable como tú). Nada que ver con lo doblado.
También pasa en Austin Powers (doblaje con voces de Florentino Fernández), donde, además de las referencias, el personaje del Gordo Cabrón habla como Jesús Gil y Gil, y el malvado Miembro de Oro lo hace como Van Gaal.
Adaptación sí – Adaptación no
Para empezar, quien ve estas series o acude al cine a ver estas comedias espera reírse y que el humor le resulte cercano. La adaptación es la mejor opción en estos casos.
El marketing también tiene mucho que ver. Las frasecitas de «con doblaje de José Mota» (Shrek) o «con las voces de Andrés Iniesta y Piqué» (Piratas, 2012) tienen mucho gancho en la promoción. Y no solo porque le pongan las voces, sino porque le añadirán sus coletillas y frases célebres.
Por otro lado, una adaptación suele traer polémica. No todo el mundo (y seguramente menos aún la crítica) entenderá que se use esta opción. Y esto nos da pie a hablar de los subtítulos. ¿Es igual de aceptable una adaptación en los subtítulos? La discrepancia entre los referentes de la VO y la VS provocarán mucha extrañeza e incluso rechazo en el espectador.
Y, por último, ¿dónde está el límite? ¿Cuánto se puede cambiar sin que los personajes o la película, en definitiva, se pasen de ridículos?
El caso de Ted (achtung, spoilers)
En Ted veníamos avisados por el cartel promocional, que rezaba: «Una película que contiene juerga, pasotes, chonis y todas esas cosas que molan mogollón».
Pues, como siempre, los dichos tienen razón y quien avisa no es traidor. A mí ya me chocó que se hablara de chonis porque, para empezar, el término me remite a un tipo de chica española, que no americana, muy concreto.
En la película, por ejemplo, el personaje de Wahlberg trata de adivinar el nombre de la novia del oso y la retahíla de nombres es increíble (Vane, Yessy, Yoli, Chari…) pero no acierta. Al final cae en la cuenta y pregunta: «¿No será de esos nombres que empiezan por «la»?». Y efectivamente, la novia se llama «la Vane». No sé pero, dejando de lado que el doblaje es una ilusión y que sabemos que los protagonistas no hablan español, la historia transcurre en una ciudad norteamericana y a mí me cuesta pensar que haya chonis.
De todos modos, el fragmento original tiene tela:
Ted: I met a girl; she’s a cashier. John: No way! That’s awesome! We should fuckin’ double date or something, you, me and Lori and w-what’s her name? Ted: White trash name. Guess. John: Mandy. Ted: Nope. John: Marilyn. Ted: Nope. John: Brittany? Ted: Nope. John: Tiffany. Ted: Nope. John: Candace. Ted: Nope. John: Don’t fuck with me on this! I know this shit! Ted: Do you see me fuckin’ with you? I’m completely serious. John: Alright, speed round. I’m gonna rattle off some names, and when I hit it, you fuckin’ buzz it, okay? You got me? Ted: You do it. I will tell you. Yeah. John: Alright: Brandy, Heather, Channing, Brianna, Amber, Serena, Melody, Dakota, Sierra, Bambi, Crystal, Samantha, Autumn, Ruby, Taylor, Tara, Tammy, Lauren, Charlene, Chantelle, Courtney, Misty, Jenny, Krista, Mindy, Noel, Shelby, Trina, Reba, Cassandra, Nikki, Kelsey, Shawna, Jolene, Urleen, Claudia, Savannah, Casey, Dolly, Kendra, Kylie, Chloe, Devon, Emmalou, fuckin’ *Becky*? Ted: No. John: Wait; was it any of those names with a «Lynn» after it? Ted: *Yes*. John: Oh, I got you, motherfucker! I got you!
[Ted laughs] John: Okay. Brandi-Lynn, Heather-Lynn… Ted: Tami-Lynn. John: [Exasperated] *Fuck*!
Cómo no, también echan mano de famosos españoles. Por ejemplo, «la Vane» habla como Belén Esteban (pero igual, ¿eh?) e incluso dice aquello de «Por mi hija, ma-to», hacen referencia a los personajes de Verano Azul y a un niño regordete le llaman Falete. En este caso, en VO decían «Back off, Susan Boyle» y es un personaje que también conocemos aquí. Si se pensó que no haría gracia, quizá podrían haber optado por otra cosa en lugar de adaptarlo tanto. No sé, se me ocurre «tonelete» o mejor «gordito», si querían conservar las tres sílabas puesto que se dice muy rápido.
A mí todo estas estas referencias me dejaron sin palabras pero os juro, porque estaba ahí y doy fe, que la gente se partía de la risa.
Por la red ya se han hecho eco del doblaje y es alucinante ver el desconocimiento que impera en general. Para empezar, no es cosa del traductor y aún menos de los dobladores (sí, hay quién aún no ve la diferencia entre ambos). Por otro lado, está claro que si recibes la consigna de adaptar, adaptas, y las órdenes vienen de arriba. Me imagino que desde un principio quisieron trasladar la película a la cultura española.
Hay opiniones para todos los gustos. Hay quien piensa que españolizar tanto el doblaje es un signo de la poca confianza que se tiene en la inteligencia del espectador. Por el contrario, hay personas que defienden este tipo de doblajes porque si se hiciera otro tipo de traducción se perdería la gracia.
Otros comentan, con bastante acierto, que el problema añadido de este tipo de doblajes es su fecha de caducidad. Al utilizar bromas sobre famosos del momento, cuando vuelves a ver la película en pocos años ha perdido la gracia que tenía en su momento.
Sea como sea, lo que está claro es que la película en inglés y la doblada son dos cosas distintas. ¿A vosotros qué os parece?
Los traductores siempre hablamos de visibilidad en términos de consideración y respeto hacia la profesión más que de ver nuestros nombres escritos por ahí (que también, no lo negaremos) pero, a veces, la visibilidad viene dada por otros factores.
Hace tiempo que recopilo ejemplos (gráficos y en su mayoría divertidos) de cómo se nos ve a los traductores e intérpretes y nuestra profesióndesde otras disciplinas como el cómic y la novela. La verdad es que se recurre mucho a los tópicos. Muchas veces es por desconocimiento, otras porque es el recurso fácil y otras, sinceramente, porque es verdad. ¿Qué le vamos a hacer?
Intérpretes
Ejemplo clásico de reducción. Curiosamente es una idea bastante generalizada.
Otro tópico, que esta vez pasa por reinterpretar o simplificar el mensaje. No obstante, visto así, ojalá todos los políticos llevaran siempre a un intérprete que nos dijera las verdades sin eufemismos ni tapujos, ya que ellos no se atreven.
Un ejemplo más del intérprete, aunque en este caso se trata de un programa de televisión, es este fragmento de The Catherine Tate Show.
¿Se puede faltar más al respeto en siete idiomas? Lo dudo mucho.
Intérpretes de la lengua de signos
Algo que no se debe hacer nunca ni al traducir ni al interpretar, pero aquí está: verter nuestras opiniones en el texto, discurso, etc.
Es una buena máxima y muy cierta. Ojalá la aplicáramos más, aunque quizá no sea el motivo por el cual muchos intérpretes de la lengua de signos escogen esta profesión.
Bueno, en este caso quizá no haría falta interpretar nada, ¿no?
No está de más hacer este tipo de advertencias. Me imagino que interpretar programas tan «finos» como Sálvame (entre otros) y Jersey Shore sería todo un reto.
Traductores
Fragmento de La soledad de los números primos de Paolo Giordano. Me pareció precioso y tuve que hacerle una foto. Quizá no todos traduzcamos para llenar los vacíos que van dejando los años pero sí me parece muy apropiado lo de diseccionar las páginas o las frases, mejor dicho. Al fin y al cabo traducir un texto es la mejor manera de entenderlo y eso es porque lo examinamos muy a fondo.
Fragmento de Te dejo es jódete al revés de la Señorita Puri (@SenoritaPuri). En este caso los que reciben son los traductores de subtítulos y aquí se nos acusa de añadir más información de la que el espectador oye.
Quino es un maestro del lenguaje y aquí nos lo demuestra con un concepto bello pero sobre todo práctico de la traducción.
Dilbert y el perjuicio que una mala traducción puede causar en los procesos industriales.
Mingote nos presenta como una figura clave para la correcta comprensión en un matrimonio. ¿A que no habíais pensado nunca en esa salida profesional?
Estas dos imágenes pertenecen al cómic Pyongyang de Guy Delisle, en el que se relata en primera persona la vida en Corea del Norte y las situaciones surrealistas que el autor vivió allí.
Delisle, francocanadiense, tuvo que echar mano de un traductor/intérprete que le hizo de acompañante y cicerone. Las condiciones sociopolíticas del país hacen que la profesión se aparte un poco de nuestros cánones en cuanto a la figura del traductor en sí y la manera de presentar la realidad. A lo largo del cómic, el traductor le explica o le oculta lo que quiere, con lo que el autor (que no es ingenuo) se va empapando de la realidad manipulada del día a día en la capital.
La figura del intérprete también aparece en los cómics de Astérix de Goscinny y Uderzo. Aquí le vemos en una situación que pasa algunas veces cuando los interlocutores no se ponen de acuerdo. (¡Gracias, Irene, por la foto!)
Para terminar no podía faltar una mención especial para Liniers (@porliniers) y su serie de viñetas protagonizadas por El señor que traduce los títulos de las películas. Ya sabemos que los traductores no tenemos nada que ver con los títulos (ni de películas ni de libros), que es todo cuestión de los departamentos de márketing y publicidad, pero él lo puede todo. Además, nos enseña varias cosas:
1. Cómo nos gustan los nombres rimbombantes:
2. A veces el método de trabajo es algo particular:
3. Como buen traductor, es un gran defensor de nuestras neuronas y se encarga de eliminar cualquier inventiva en los títulos del cine. (En cuanto al uso recurrente de «mortal», hay un especial muy interesante en «La traducción del mal»)
Gracias a él podemos ir a cine tranquilos porque se ha encargado de eliminar cualquier complejidad lexicográfica, poder de sugerencia o poesía en las marquesinas:
(En España, «Superbad» fue «Supersalidos»)
Claro que, por suerte, no siempre se sale con la suya.
Aunque, cuidado: ¡dicen que el «traductor» se pasa a la literaria!
¿Y vosotros que opináis? ¿Se nos retrata de forma realista? ¿Recordáis algún otro fragmento en el que salgamos bien o mal parados?
De los productores de Anecdotario ilustrado, los realizadores del volumen II y los asistentes de iluminación del III, aquí tenéis la cuarta parte.
No te compares con nadie
Trabaja duro, esfuérzate y sé feliz con todo aquello que consigas. Siempre habrá quien tenga más volumen de trabajo que tú o le encarguen proyectos más interesantes, pero no vale la pena amargarse por eso.
Como decía Roosevelt: «Comparison is the thief of joy». Comparándote disfrutarás menos de lo que realmente has conseguido y las metas que alcanzas cada día y eso no puede ser.
Con la cabeza en las nubes
¿Qué queréis que os diga? A veces está bien pasar un tiempo ahí arriba. Aunque yo no sea un buen ejemplo en esta cuestión; va bien desconectar de vez en cuando y no solo me refiero al trabajo.
Soñemos un poco más. Seamos realistas: pidamos lo imposible.
Trados y ese momento de felicidad
Trados tiene sus cosas buenas y sus cosas malas. A mí me compensa, la verdad, y aunque parezca algo digno de estudio psicológico, me encanta ver cómo va bajando el porcentaje de segmentos por traducir y aumenta el de traducidos. Es como una especie de cuenta atrás. ¿Y qué decir del glorioso momento en que consigues llegar al 100%?
A veces, mis pensamientos se enredan más que mis auriculares
Muchas noches, después de una jornada intensa de traducción, ya no sé en qué idioma hablo. Mezclo cosas y se me forma un batiburrillo mental increíble. Tener un texto en inglés que traduces al español mientras le hablas al perro en catalán te deja medio lela.
Y ya no entremos en la cabeza de un intérprete, eso son palabras mayores en cuanto a enredo mental.
Nudos marineros
Seguramente ya os habrá pasado. Aceptáis un encargo gordo y a los pocos días os encargan un proyecto al que no podéis (o no queréis) decir que no.
En estos casos recuerdo siempre las palabras de mi madre, que siempre ha sido una gran refranera: «Dios aprieta pero no ahoga». Cierto, al principio no ves la luz al final del deadline, pero de todo se sale. Eso así, a veces se te quedan las marcas en el cuello.
We may come in different shapes and sizes but our light shines anyway, so shine on!
No me refiero a que tengamos muchas o pocas luces, ¿eh? En realidad, va un poco en relación al primer dibujo y no se aplica únicamente a la traducción o al trabajo de traductor.
Somos distintos, tenemos distintas metas pero todos tenemos nuestra propia luz interior. Mantenla siempre encendida: no dejes que nadie la apague. Suena un poco a Coelho, pero ya me entendéis 😉
¿Eres un mono? ¿No? Pues entonces no aceptes cacahuetes
Estamos en pleno verano y resulta difícil hablar de según que asuntos. ¡Estamos de vacaciones! Pero es un buen momento para detenerse y pensar en nuestra pequeña empresa, sobre todo en las tarifas que aplicamos, ese tema tan controvertido en el mundo de la traducción.
Seamos claros, la traducción para muchos no es más que un trámite molesto y, como tal, quieren sacárselo de encima de forma rápida y barata. Pero para un traductor es su sustento, sobre todo si se dedica únicamente a traducir.
Basta ya de desmerecernos. Es nuestra profesión y debemos cobrar dignamente. Además, como apunta Ricard Lozano en su Vademécum: «El montante total de la facturación no constituye en realidad un sueldo, sino una cantidad bruta de la que es preciso restar todos los gastos e impuestos relacionados con la actividad», ¡que no son pocos!
Incurrimos en bastantes gastos, hay que declararlo todo cada tres meses y si las tarifas no son dignas, las cuentas no salen. O quizá sí, pero eso será porque se trabaje frenéticamente y salgan las traducciones como churros (y quizá la calidad sea igual, es decir, un churro).
Recomendaciones prácticas:
Si tienes dudas sobre qué tarifas aplicar, habla con compañeros (sí, ya sé que es un tema delicado y a muchos no les gusta hablar de eso) o consúltalo con las asociaciones profesionales (a falta de Colegio). En fin, hay que investigar un poco el mercado.
A la hora de preparar un presupuesto, empieza por tarifas altas (sin pasarse, claro) porque ya tendrás tiempo de bajarlas. Si el cliente acepta tu primera propuesta, ¡fantástico! Si no, siempre se puede negociar.
Ten siempre un registro de las tarifas que aplicas a cada cliente (puede que sean distintas si trabajas para una agencia española o extranjera, un cliente directo nacional o extranjero). Yo tengo un PDF hecho con mis tarifas y se lo paso a cada nuevo cliente. Así, tú también tienes constancia de lo que cobras, al cliente no le das ningún susto cambiando súbitamente de precio y todo queda bien registrado.
Las agencias son empresas privadas y es cierto que ofrecen tarifas más bajas que los clientes directos, pero eso se debe a que hay traductores que las aceptan. Seguramente ya sabes qué tarifa es aceptable o no y si revientas precios es tu elección, pero con eso destruyes tus propias posibilidades de progresión profesional.
Aprende a decir «no» a todos aquellos proyectos que no cumplan los requisitos mínimos que hayas establecido. Puede quedar demasiado tajante y puede que tengas miedo al rechazo o a que no te vuelvan a llamar pero también es señal de profesionalidad.
Antes de aceptar un proyecto, infórmate del cliente y trata de averiguar su seriedad y solvencia. Ahora hay muchas maneras de hacerlo, por ejemplo a través de Proz u otras asociaciones y grupos.
Controla la contabilidad de cada cuenta de cliente y de los pagos pendientes de cada proyecto. Con el acceso virtual a las cuentas corrientes esto es más fácil que nunca. No hay que confiar simplemente en que ya llegará el pago. A veces a uno se le pasa pagar o se extravían las facturas… por correo electrónico.
Si un precio resulta insostenible, no comprometas la calidad para hacerlo rentable (no consultando todas las dudas que debieras, traduciendo a ritmo vertiginoso, no revisando tu trabajo las veces que sea preciso, etc). Conserva la calidad y mejórala siempre que puedas porque si trabajas mal puede que pierdas al cliente en un futuro.
Piensa que no solo cobras por tu tiempo sino por tus conocimientos. Has terminado una carrera, un postgrado, un máster o has asistido a algunos cursos (de corrección, de Trados o de gestión terminológica, por ejemplo). Todo esto vale dinero. Todo esto es un valor añadido para ti y tu trabajo: esto se cobra (no directamente, pero debería ser parte integrante de tu precio, ¿no crees?).
En relación a esto, y para terminar, no se me ocurre nada mejor que ilustrarlo con la Fábula del ingeniero y el tornillo:
“Había una vez un ingeniero al que llamaron para arreglar un ordenador del que dependía gran parte del proceso productivo de una importante fábrica.
Sentado frente a la pantalla, el hombre oprimió unas cuantas teclas, asintió con la cabeza, murmuró algo para sí mismo y apagó el aparato. Procedió a sacar un pequeño destornillador de su bolsillo y dio vuelta y media a un minúsculo tornillo.
Entonces encendió el ordenador de nuevo y comprobó que funcionaba a la perfección.
El presidente de la empresa se mostró encantado y se ofreció a pagar el servicio en el acto.
-¿Cuánto le debo? -preguntó.
-Son mil euros, si me hace el favor.
-¿Mil euros? ¿Mil euros por unos minutos de trabajo? ¿Mil euros por apretar un simple tornillito? Ya sé que el ordenador es una parte fundamental de mi proceso productivo, pero mil euros es una cantidad disparatada. Solo la pagaré si me manda una factura perfectamente detallada que la justifique.
El ingeniero asintió con la cabeza y se fue.
A la mañana siguiente, el presidente recibió la factura, la leyó con cuidado, sacudió la cabeza y procedió a pagarla en el acto.
La factura decía:
Detalle de los servicios prestados:
1. Apretar un tornillo: 1 euro
2. Saber qué tornillo apretar: 999 euros
Moraleja: aprende a hacer valer tus conocimientos y empieza a cobrar por lo que sabes, no solamente por lo que haces.
Cuando la gente piensa en un traductor automático piensa en esto, una especie de robot que traduce al momento una frase o un texto entero de una lengua a otra.
(De hecho, esto es una instalación llamada ‘bios [bible]’ (2007) de Robotlab que consiste en un robot industrial que escribe la Biblia en papel trazando las líneas caligráficas con una precisión excepcional.)
Pero en realidad se asemeja más a esto otro (y no solo por el error que ha producido al traducir del alemán al inglés):
Como todo, un traductor automático puede ser algo positivo si se usa bien, como un superhéroe hace con sus poderes. Por ejemplo, puede resultar de ayuda para cualquier persona que desee comprender rápidamente (y sin muchas pretensiones) un texto escrito en una lengua que desconoce. Ahora bien, y nunca me canso de recalcarlo: en caso de duda, consulte a un especialista.
Últimamente son muchos los traductores que, con miras a optimizar el trabajo de traducción, emplean también este tipo de programas. Por ejemplo, existen programas que se pueden usar conjuntamente con Trados, como el GT4T, que permite hacer una pretraducción del segmento con Google Translate.
No obstante, para entregar un producto de calidad, la interacción hombre-máquina debe seguir (idealmente) unos parámetros: preedición, edición interactiva y postedición. En la fase de preedición, el traductor revisa el texto que se va a traducir antes de que éste lo introduzca en la máquina con el fin de resolver ambigüedades que puedan existir en el texto. La edición interactiva consiste en realizar la traducción de manera que, durante el proceso, la máquina entregue opciones al traductor para que éste determine la mejor solución en cada caso. Finalmente, la postedición consiste en “corregir” el producto resultante del programa de TA, y es una de las fases más usadas en los diferentes programas que existen en el mercado. Esto último es esencial si no se quiere meter la pata hasta el corvejón.
Tipos de traductores automáticos
Hay que matizar que no todos los traductores automáticos son iguales. Según M. Isabel Diéguez (cuyos estudios sobre los errores y los aciertos de los sistemas de TA son dignos de leer y se han tomado de base para el post) hay que distinguir los tipos de programas:
Sistemas autónomos que requieren una edición posterior del texto traducido a cargo de un traductor humano;
Sistemas interactivos, ya sea de TA asistida por el usuario o traducción manual asistida por el computador, y
Sistemas más independientes, entre los cuales podemos destacar los sistemas de gestión de bases de datos terminológicos, los programas de vaciado automático de términos y los programas de TA dotados de un módulo de terminología.
La calidad en el punto de mira
En lo referente a la calidad, se han hecho estudios comparativos de diferentes programas de TA cuyos resultados no son del todo alentadores en comparación con la calidad que presentan las traducciones hechas por el traductor humano, evidentemente. Algunos investigadores reconocen que la calidad del producto de un programa de TA depende fundamentalmente de variables como la cantidad y grado de fiabilidad de la información terminológica que el programa contenga (básico). En otras palabras, reconocen que la calidad aumenta en la medida en que el programa cuente con un glosario general y con varios microglosarios especializados según áreas temáticas.
Además, está claro que no es lo mismo un traductor en línea como Babelfish, Bing, que el traductor de El Mundo (aprovecharon el software de Reverso), el de Google Translate o el de Systran.
Errores típicos
Algunos de los errores más típicos, según se recogen en este estudio de Esperanza Alarcón, son:
Imprecisiones terminológicas (estos programas suelen contener el vocabulario más general y no contemplan los términos más especializados que, además, pueden variar de una rama a otra)
Falsos sentidos
Sinsentidos
Palabras sin traducir (a veces se dejan en la lengua original aquellas palabras que no se encuentran recogidas en el programa o bien si contienen erratas)
Repeticiones
Alteración del orden de las palabras
Uso incorrecto de las preposiciones (pasa mucho con el «à» del francés)
Uso incorrecto de los tiempos verbales
Traducción incorrecta de la doble negación en francés y catalán
Calcos sintácticos y léxicos de la LO
Extranjerismos innecesarios
Alteración de la puntuación
Casos reales
Las mayores barbaridades que he observado se producen especialmente en lenguas muy cercanas, por ejemplo el castellano y el catalán. En estos casos me parece que el motivo principal son las prisas y la desidia porque no se entiende que se produzcan fallos garrafales como los que se recogen a continuación.
Veamos la siguiente fotografía. Es el escaparate de una panadería y entre los tipos de pan está el «pa engonals» que, en español sería «pan inglés». Por lo visto teclearon «pan ingles» (así, sin acento) en el traductor de Google y creyeron a pies juntillas en la propuesta del programa.
En el caso siguiente el error se debe a que el programa no distingue entre palabras polisémicas si no se da un contexto claro e incluso a veces a pesar de tenerlo. «Empeño» en castellano es (según la RAE) la «acción y efecto de empeñar un objeto» o bien «deseo vehemente de conseguir algo», entre otros significados. Pues bien, a la hora de trasvasar su sentido al catalán, este establecimiento ha optado por el segundo significado, que no tiene ningún sentido aquí. La palabra adecuada seria «empenyorament». Además, en el escaparate se mezcla el castellano y el catalán, pero eso es otro tema.
Ocurre tres cuartos de lo mismo en el siguiente adhesivo en un escaparate de una tienda de ropa. Se supone que regalan una bolsa para la playa pero al traducirlo literalmente (me niego a pensar que lo ha traducido una persona) ha quedado en «borsa», que en catalán equivale a «la Bolsa».
En las cartas de los restaurantes abundan este tipo de errores que huelen a traducción automática. Este es de juzgado de guardia:
Los callos (de vaca, ternera o carnero) han pasado a ser callos (de pies humanos) en esta carta. ¿Da miedo o no?
Para terminar os dejo unos pantallazos de la técnica «depurada» que tiene Microsoft en cuanto al uso del traductor automático en su página. Este es el original:
Y esta la versión castellana del Knowledge Base hecha con un TA:
Al menos tienen la decencia de avisar de que se trata de una traducción automática y que «no garantizan la calidad lingüística de las traducciones». Algo es algo, pero podrían contratar a un traductor de carne y hueso, ¡leñe!
Y, como no, veamos lo que hace Google:
¡Sin palabras! Google Translator sí es un buen bicho…
Y a los compañeros traductores os pregunto: en vuestro trabajo ¿TA sí o TA no?
En las redes se habla mucho de las diferencias entre doblaje y subtitulación, y está claro que es un debate muy acalorado. A grandes rasgos sabemos que:
El subtitulado es más auténtico pero rompe con la estructura de la película porque añade algo escrito. Está sujeto a las normas de lenguaje escrito. Suele complementar y condensar la información.
En el doblaje la traducción es más o menos natural porque sustituye lo oral por lo oral, pero nunca creará una impresión 100% auténtica (sabemos que Bruce Willis, por decir algo, no habla castellano).
Partiendo de la base que son estrategias diferentes, analizaremos estos aspectos en Ice Age (2002) y en dos idiomas: catalán y castellano. La película, además, presenta la complejidad añadida del humor, que también veremos y que influye enormemente a la hora de traducir, sea la versión que sea.
En general, al tratarse de una película de animación dirigida a un público más joven el humor es más obvio, directo y fácil; el lenguaje es más sencillo (en principio y eso tampoco significa que las películas de animación sean más fáciles de traducir) . Además de acústico, el humor es muy visual e intenta imitar las características propias de la oralidad, es decir, naturalidad, espontaneidad, frases inacabadas, interjecciones, onomatopeyas, estructuras sintácticas simples…
Analicemos un poquito esto del humor antes de hablar del doblaje y la subtitulación en sí.
Humor visual:
Personajes (de actitudes exageradas/desproporcionadas)
Cámara lenta (por ejemplo, en la escena en la que Sid persigue un melón)
Colores/ escenarios (especialmente pensados para llamar la atención de los niños)
Humor verbal/lingüístico:
Personajes (tono, forma de hablar)
Juegos de palabras:wormy – worm, big bad tigey-wigey, meany-weeny mammoth, knucklehead, bucktooth, Mr. Stinky Drool Face
Abreviaturas: helpin’, makin’, scarin’, need’em, name’s Diego, good lookin’…
Coloquialismos: whoa, jerk, in front of ya, jeez, gotcha, buddy, yuck…
Otras expresiones: zip the lip, impale me, this is cake…
El género de animación y los dibujos animados, además de atraer al público infantil/juvenil, debe atraer al público adulto. Esto se consigue recurriendo a métodos diversos: referencias culturales (visuales, texto hablado), efectos especiales, carga humorística, etc. Ice Age presenta una gran cantidad de recursos humorísticos que favorece la vinculación con el público adulto entre los que destacan, sobre todo:
– Anacronismos. Los anacronismos consisten en presentar un hecho como si ya hubiera ocurrido antes o después del tiempo en que sucedió y, por extensión, incongruencia que resulta de presentar algo como propio de una época a la que no corresponde. Aquí, no obstante, no se trata de errores sino que es una parte fundamental del humor de la película, una licencia poética de los creadores.
VO
VDE
‒ Come on, kids, let’s go. The traffic’s movin’.‒ But, but, but, Dad.‒ No buts. You can play extinction later.
‒ Nada de peros. Ya jugaréis a la extinción luego.
‒ So, where’s Eddie?‒ He said he was on the verge of an evolutionary breakthrough.‒ Really?‒ I’m flying.
‒ Oye, ¿dónde está Eddie?‒ No deja de repetir que está a punto de hacer no sé qué descubrimiento de la evolución.‒ ¿De veras?‒ ¡Vuelo!(tortuga: evolución a ave)
‒ Subarctic temperatures will force us underground for a billion years.
‒ Las temperaturas subárticas nos obligarán a estar bajo tierra billones de años.(pájaro dodo: lucha por la supervivencia)
‒ This whole Ice age thing is getting old.You know what I could go for? Global warming.
Toda esta historia de la edad de hielo está desfasada. ¿Sabéis lo que me gustaría a mí? ¡El calentamiento global!
– Referencias culturales y presentación de situaciones propias del mundo adulto.
‒ That south thing is way overrated. The heat, the crowds – who needs it?
‒ El tema del sur se ha exagerado. Mucho calor, mucha gente, ¿a quién le apetece?
Humor adulto (el sur como símbolo de calor, ajetreo, diversión…)
‒ If you find a mate, you should be loyal. In your case, grateful.
‒ Si encuentras pareja debes serle leal y en tu caso, además, estarle agradecido.
Se transparenta la moral americana. Valores.Nota: leal en vez de fiel.
‒ I think mating for life is stupid. There’s plenty of Sid to go around.
‒ Atarse de por vida es estúpido porque, bueno, hay Sid para todas…
Humor para adultos. Frase típica: despierta simpatía.
‒ Actually, that pink thing belongs to us.‒ «Us»? You two are a bit of an odd couple.‒ There is no «us».‒ I see. Can’t have one of your own, so you want to adopt.
‒ No, porque esa bolita es nuestra.‒¿Nuestra? Pues formáis una extraña pareja.‒ No hay un “nuestra”.‒ Entiendo, no tenéis crías y queréis adoptar.
Clara alusión a los matrimonios homosexuales. Me atrevería a decir que con poca simpatía por lo de “extraña pareja” y el tono sarcástico.
Dinner and a show.
Cena con espectáculo.
Referencia para adultos.
‒ Yeah, well, he needed me, and I only wish I had one of my own, too.‒ Really? I find that attractive in a male.‒ Alas. Who wouldn’t want a family, I always say.
‒ Él me necesitaba y yo siempre he deseado tener un hijito.‒¿En serio? Eso me resulta muy atractivo en un varón.‒ Sí, ya. ¿Quién no desearía tener su propia familia?
Clara alusión a la relación hombre-mujer, en el que las mujeres encuentran “adorables” a los hombres que tienen buena mano con los bebés y desean formar una familia.
‒ He’s not much to look at, but it’s so hard to find a family guy.‒ Tell me about it. All the sensitive ones get eaten.
‒ Es muy feúcho, pero ¡cuesta tanto encontrar un tipo familiar!‒ Dímelo a mí, los sensibles siempre acaban devorados.
Se gana la simpatía del público. Es un guiño a las relaciones adultas.
Versión doblada al castellano y al catalán
Como muestra de la buena salud de la que goza el doblaje en nuestro país, ambas versiones están muy bien hechas. La estrategia predominante en ambas ha sido la naturalización odomestication. Se ha optado por una equivalencia dinámica, es decir, se ha buscado causar el mismo efecto en TO y en TT, en detrimento de la forma. Los principales rasgos observados son:
Adaptación total a la cultura receptora y alejamiento del texto original.
Expresiones típicas castellanas y catalanas con el mismo sentido que la frase o expresión original.
Adaptación de los juegos de palabras y de las rimas en la lengua de llegada.
En general se consigue plasmar sin problemas el sentido y se produce la misma sensación en los espectadores.
Versiones subtituladas
Sin embargo, es en las versiones subtituladas donde encontramos mayor disparidad. De entrada, el canal es muy distinto y el enfoque de traducción deberá serlo también. No es lo mismo escuchar que leer y el destinatario tampoco lo es. Dudo que a un niño muy pequeño se le pongan los subtítulos, por ejemplo, y eso debería influir de algún modo a la hora de traducir.
Además, en subtitulación el mensaje debe ser más conciso por las limitaciones de tiempo y capacidad lectora de modo que, inevitablemente, puede haber pérdidas de información.
No obstante, si hablaba de disparidad era porque las dos versiones subtituladas, la castellana y la catalana, son muy distintas.
En la versión castellana se ha optado por la naturalización o domesticación de los elementos humorísticos, tales como los juegos de palabras, las expresiones, etc., aunque no siempre se consigue salvar el 100% de la carga humorística. En ciertas ocasiones no se mantiene la suficiente distancia lingüística con respecto al original y eso da como resultado ciertas fórmulas poco idiomáticas.
También es curioso observar que hay pocas diferencias entre la VDE y la VSE. Claramente la versión doblada influyó en la elaboración de los subtítulos. Eso puede haber pasado porque al traductor se le dio la versión doblada para hacer los subtítulos del DVD y se basó demasiado en ellos.
En la versión catalana de los subtítulos, no obstante, se ha optado por la extranjerización o foreignization. No es un enfoque erróneo de entrada, es simplemente distinto. El motivo es que el traductor tiene menos libertad porque el espectador tiene acceso al original a través del canal acústico y, al naturalizar contenidos, un espectador conocedor del idioma podría notar las diferencias entre lo que escucha y lo que lee. De aquí viene que muchas veces un espectador se queje de que los subtítulos están mal o que no se corresponden con lo que oye.
La lástima es que esta versión deja mucho que desear por lo siguiente:
Hay pérdida de la carga humorística en numerosas ocasiones.
Falta cohesión y coherencia.
Hay incorrecciones sintácticas y faltas de ortografía.
Hay muchas omisiones importantes.
Se emplean frases y expresiones poco naturales en catalán: demasiado formales o bien demasiado parecidas al inglés, calcos.
Pese a que en subtitulación se tiende más a la extranjerización y existen estas restricciones, no se pueden justificar los errores sintácticos y ortográficos (entre otros) como estos:
calentament (por escalfament)
muscles (por músculs)
estalviat (por estalvia’t)
apartat (por aparta’t)
En muchas ocasiones se podrían haber encontrado soluciones mucho más convincentes y adecuadas. Se observa una gran falta de originalidad; la traducción es demasiado literal. Todo eso hace que surjan las preguntas de siempre: ¿Fue un encargo muy limitado de tiempo? ¿No ha habido corrección posterior? Algo que demuestra que no siempre los subtítulos oficiales (no fansubs) son mejores.
Para terminar, veamos algunos ejemplos de todo lo dicho:
Traducción muy natural, muy “de la calle”
No cae en traducción literal de “get away” = alejarse/allunyar-se. Traducción muy bien lograda. La traducción de “junk food” por “porqueries” también está muy bien: en entorno infantil es una palabra que se utiliza muchísimo.
Traducción literal y muy poco lograda. “Escombraries” no se utiliza en ese contexto y se pierde connotación con “allunya’t de mi”.
Se podría haber utilizado: “A ver si es verdad eso de que más vale maña que fuerza”.
Idéntico a la versión doblada.
Se utiliza la expresión catalana que se conoce popularmente, con el mismo sentido que la expresión original.
Calco. / Error: no sería “muscles” sino “músculs”.
Dentro de lo que cabe está bien.
Rima sosa, pero adaptada.
Se ha adaptado la rima.
Se pierde la rima y el efecto del original.
No es literal però queda cariñoso y hace gracia.
Además de que va en contra de la brevedad del subtitulo, a mitad de la pel·lícula empiezan a llamarle “Pinky”, en inglés, con lo que se produce una falta de cohesión total.
***
Con las contribuciones de Juan Ruibérriz (@juanruiber), Myriam Zaragozí y Txell Mas.
En una reciente boda a la que asistí en Alemania lo más fotografiado por los invitados españoles (además de la feliz pareja) fue el champán que tomamos en el aperitivo. ¿Por qué? Digamos que no tenía un nombre muy elegante.
Más de uno le comentó al camarero, entre risas: «It means fucker in Spanish!». Como golpe de efecto está bien. Quizá tendría su gracia si se comercializara en España pero no quedaría muy fino. Dudo mucho que alguien como la Preysler, que agasaja a sus invitados con montañas de Ferrero Rocher, lo sirviera en sus fiestas.
Y es que la marca que en un idioma es aceptable, puede que no lo sea en otro.
Muchas agencias de traducción ofrecen actualmente servicios de consultoría para comprobar la idoneidad de un nombre comercial, asesorar con respecto al logotipo, el uso de color en el diseño, la transliteración del nombre de la marca, etc. Porque, en efecto, no solo cuenta el nombre, los colores también son importantes. Una marca de productos para lactantes tuvo que cambiar las etiquetas y envoltorios de sus fórmulas infantiles y ponerles tonos dorados para poder acceder al mercado oriental, en especial, el árabe.
Cuando las lenguas son muy distintas, hay que llevar aún más cuidado si cabe. Pienso, por ejemplo, en los idiomas que tienen grafías y caracteres distintos como el chino y el japonés. Como explican en la web de China Briefing: «La conversión de un nombre al chino suele seguir dos protocolos. Típicamente, se logra una traducción literal del nombre original al chino para posteriormente escribirse en caracteres chinos. No es un asunto sencillo en la práctica, dada la existencia de caracteres chinos con idéntica pronunciación. Pronunciar la palabra “gao” en cantonés, por ejemplo, puede referirse a un perro, al número nueve, o al pene. Estos vocablos comparten el mismo sonido, si bien en la forma escrita no tienen nada en común». Hay que llevar cuidado, entonces, al utilizar el caracter apropiado para el sonido correcto porque este tipo de sensibilidad es importante.
Se conocen varios casos de marcas que tuvieron problemas al intentar lanzar al mercado internacional sus productos debido a sus nombres. Seguro que os suenan las siguientes anécdotas del mundo automovilístico:
Chevy Nova: en General Motors no tenían ni idea que en español significaba «no funciona»
Mitsubishi Pajero: aquí hubo que llamarle Montero porque, en nuestro argot, Pajero nos remite a otra cosa.
Toyota Fiera: especialmente controvertido en Puerto Rico, donde «fiera» puede referirse a una mujer vieja y fea.
Silver Mist, de Rolls Royce: aunque en inglés suena muy bucólico, en alemán «Mist» significa «excrementos» y «estiércol».
Honda quiso lanzar en 2001 el Honda Fit en el mercado asiático, Fitta en el europeo, pero en noruego y sueco «fitta» son los genitales femeninos y al final se decantaron por el nombre Honda Jazz.
Nissan Moco, cuyo prototipo, además, era de un color verde peculiar.
Mazda Laputa. ¿Imagináis la publicidad de este coche? «Laputa tiene el cuerpo diseñado para soportar impactos frontales» o, refiriéndose a la competencia, «Laputa mantiene el mismo precio». Feo. Muy feo.
En el mundo de la telefonía móvil también encontramos casos de este tipo. El más reciente es el del modelo Lumia, de Nokia, que en castellano significa prostituta o el del HTC Chacha, que tampoco es que suene muy bien.
En este vídeo nos lo resumen a la perfección. ¡Atentos!
También en el apasionante mundo del software informático y las aplicaciones para móviles se han dado casos parecidos. Pienso en, Memeo, por ejemplo, un software de almacenamiento de datos tipo Dropbox.
Veamos ahora otros ejemplos de productos de nombre controvertido en inglés:
Juntar «bum» y «banana» (junto con el gesto lascivo de la fruta) puede que no sea muy adecuado.
Esta marca recuerda vagamente a una palabra muy concreta.
Se puede jugar bastante con estos dos conceptos. «Nuts» es bastante polisémica en inglés.
Esta cerveza de Macedonia no se olvida fácilmente.
Unos panecillos muy cachondos.
Más de lo mismo. ¿Por qué los malos entendidos siempre tienen que ver con cosas sexuales?
Algo que pasa otra vez con estos minidickmann’s.
Patatas faltonas. ¡»Prick» lo serás tú!
Una bebida que esperamos que huela y tenga mejor sabor que el nombrecito que le han puesto.
Sopa de gallo con nombre indigesto por su doble sentido.
Apartándonos un poco del tema de los errores o de los nombres controvertidos, también debemos tener en cuenta las marcas que emplean nombres con doble sentido en su idioma. Es el caso los productos de maquillajes de Benefit. Todos contienen juegos de palabras en inglés o referencias al cine y a la literatura de difícil traducción si se quiere conservar el sentido. No obstante, sus nombres no se han traducido en España (y supongo que en ningún sitio).
Por ejemplo, el producto para tapar poros se llama The Pore fessional (por professional, este es fácil); el corrector, de tono amarillo, se llama Lemon Aid (por lemonade); el iluminador es Watt’s up! (por what’s up y watt, de vatio); el bronceador, Talk to the tan (guiño a la expresión talk to the hand) y los polvos para apagar los brillos del rostro, Matterial girl, juegan con la palabra matt y la popular canción de Madonna.
Puede parecer algo sin importancia, pero cuando hay que traducir los folletos, campañas de publicidad y otros materiales, se hace referencia explícita a los nombres de los productos y eso complica bastante el asunto. En sus campañas hay que ser el doble de creativo.
Tras la primera y segunda entrega de dibujos, hoy os traigo la tercera cucharadita de anécdotas y situaciones varias.
Se me va la pinza muy a menudo
Supongo que como a cualquier otro traductor, no es ninguna novedad. Matizo: a los canarios no se les va la pinza, en todo caso la «traba» o la olla 😉 (me encanta hablar el mismo idioma y que a pesar de todo existan estas disparidades: lo hace todo más divertido)
Somos especialistas en hacer conexiones raras a una velocidad de vértigo. Somos los reyes de la intertextualidad, aunque a veces vemos más cosas de las que realmente hay.
La primera regla del Club de la Hucha es no hablar del Club de la Hucha
Ay, cómo me gustan los varapalos de Hacienda. En lo que llevo de autónoma me ha pasado ya varias veces. ¿El consejo? Ahorra, aparta algo de dinero para pagar el IVA del trimestre y prepárate para otros gastos imprevistos. Nunca se sabe. El mal trago de pagar una suma importante no te lo quita nadie, pero al menos estarás preparado.
Siempre llego tarde a la Operación Bikini
No, en serio. ¿Cuándo es? ¿Quién está detrás de todo esto: los masones, los cienciólogos, la cúpula de Naturhouse…? Bueno, lo que quiero decir es que hay que moverse un poco. Pasarse el día entero frente al ordenador no es bueno. Yo intento suplirlo un poco con la bici y andando mucho (y rápido). Me gusta ir andando a los sitios, soy así de rara.
Come play with us forever and ever and ever
Así, a lo gemelas de El Resplandor, es como me imagino a estos dos elementos, ahora vintage (que mola más). Un traductor debe estar actualizado y conocer todos los medios disponibles a su alcance, ya sean programas de traducción, de procesamiento de textos o de almacenamiento de datos. ¿Os habéis dado cuenta de que los CD han pasado a mejor vida también? Y los DVD a punto están. Ahora lo más «in» es la nube.
Confieso, no obstante, que siento cierto apego por el disquete y el casete. No sé vosotros, pero durante los dos primeros años de Universidad aún guardaba datos en disquetes. El casete quizá lo dejé atrás hace más tiempo pero sigue teniendo ese toque romántico. ¿A quién no le han grabado nunca un casete con canciones variadas? ¿Un mixtape? Ay, qué recuerdos… Hoy estoy un poco abuela cebolleta.
El principio de incertidumbre
Vuelvo a encontrarme en uno de esos momentos en los que necesito algo, pero ¿qué? Tras unos años sin estudiar decidí reciclarme el año pasado con el Máster en traducción audiovisual de la UAB. Ahora lo echo de menos. Necesito algo más, marcarme otro reto. ¿Un curso? ¿Un postgrado? ¿Ahorro y hago otro máster? ¿Hay algo interesante por ahí? Ah, decisiones, decisiones…