Cuando leemos un libro traducido, pensamos en el autor, pero no solemos plantearnos tanto la función crucial que desempeña el traductor (salvo si somos del gremio, obvio). Nuestro trabajo va más allá de traducir palabras; queremos capturar la esencia de la obra y adaptarla a la cultura del nuevo público, como ya me habréis leído muchas veces por aquí. Por eso, y cada vez más, se está dando el paso de incluir el nombre del traductor en la cubierta del libro, una práctica que debería convertirse en la norma (#TranslatorsOnTheCover).
Pero ¿qué pasa con las reseñas en periódicos y revistas? Ay, aquí ya no es tan frecuente citar al traductor; al menos, no en aquellas publicaciones que no están estrechamente relacionadas con la literatura. Pienso, por ejemplo, en las secciones de libros que podemos encontrar en revistas de moda como Elle o Marie Claire.
Incluir al traductor en las reseñas no solo da un nivel más de transparencia, sino que también refleja este creciente reconocimiento. Al mencionar su nombre (#citaaltraductor), los lectores pueden investigar un poco la trayectoria y el estilo, lo que les permite formarse una opinión más informada sobre el libro. Esto no solo enriquece la experiencia de lectura, sino que también ayuda a crear un vínculo más profundo con la obra.
📸 Imagen de la revista Qué Leer de septiembre de 2024, con una reseña avistada por Lawrence Schimel. ¡Gracias, compañero! ♥
Dar visibilidad a los traductores también fomenta la diversidad en la literatura. Al reconocer este trabajo, abrimos la puerta a una variedad de voces y estilos que, de otro modo, podrían pasar desapercibidos. Cada traducción es una oportunidad para descubrir nuevas perspectivas y enriquecer nuestro panorama literario.
Por último (y no por eso menos importante, ¡al contrario!), mencionar a los traductores es una manera de valorar el esfuerzo que hay detrás de cada libro. La dedicación y el trabajo a menudo pasan desapercibidos, y es justo que se nos dé el reconocimiento que merecemos. Al hacerlo, no solo se da más empaque a la reseña, sino que también se celebra el valiosísimo trabajo de quienes hacen/hacemos posible el disfrute de la literatura de distintas culturas.
Y no olvidemos algo importante: si se cita, existimos, se valora el trabajo y, por ende, se reivindica también que se remunere de forma adecuada. Incluir los nombres en las cubiertas y en las críticas es un paso más hacia un mundo literario más inclusivo y justo, así que ¡a tope con la visibilización!
Hace un tiempo publiqué una entrada sobre cómo empezar en traducción literaria a través de las editoriales, que parece ser la vía más habitual. Sin embargo, hay otros caminos para traducir libros y hoy exploraremos uno no tan concurrido, pero igual de gratificante si nos lo montamos bien.
Te hablo de traducir directamente para un autor —autopublicado, en su mayoría— que sea consciente de las bondades de contar con un traductor para llevar sus libros al público hispanohablante. En mi caso, llevo años colaborando con una autora estadounidense, para la que he traducido varias sagas, y he trabajado con un par más a lo largo del tiempo, en proyectos puntuales. Sin embargo, quería conocer (y que conocieras) la experiencia de una compañera que solo trabaja con autoras autopublicadas, de modo que aquí tienes una entrevista com-ple-tí-si-ma a Virginia Cavanillas.
Si no la conoces, en su propio blog, Virginia se describe así: «Abogada de profesión —que no de vocación— y con amplia experiencia en traducción de textos legales, en abril de 2018 cambié toga por pluma y me lancé de cabeza al mundo literario, del que siempre he sido una apasionada». Y no le va nada mal, puesto que ahora se dedica solo a la traducción de libros para autores y autoras independientes. ¿Tienes curiosidad por saber cómo se lo guisa y cómo se lo come?
Para que puedas localizarlas mejor, aquí van las preguntas que le hice, que no son pocas.
1. Inicios en la traducción:
¿Cómo comenzaste a trabajar como traductora… y como traductora para autores/as directamente?
¿Qué te motivó a elegir trabajar con autores/as en lugar de con editoriales?
2. Proceso de trabajo:
¿Cuál es tu proceso típico al traducir una obra para un autor/a directo/a? ¿Es distinto a traducir para editoriales?
¿Cómo trabajas con los autores durante el proceso de traducción? ¿Tienes más relación con ellos a la hora de trabajar que cuando se traduce mediante una editorial? ¿Cómo manejas las diferencias creativas con los autores durante el proceso de traducción?
¿Tienes alguna anécdota interesante sobre una colaboración particularmente única o complicada?
3. Desafíos y gratificaciones:
¿Cuáles son los desafíos, retos, dificultades… más comunes a los que te enfrentas al traducir para autores directamente?
¿Qué aspectos encuentras más gratificantes en este tipo de trabajo?
4. Consideraciones culturales:
¿Cómo abordas las diferencias culturales al traducir obras literarias directamente para autores?
¿Has tenido que explicar ciertos elementos culturales a los autores para garantizar una traducción precisa?
5. Variedad de géneros:
¿Has trabajado en la traducción de diferentes géneros literarios? ¿Cómo abordas las particularidades de cada uno?
¿Prefieres traducir ciertos géneros sobre otros?
6. Herramientas y recursos:
¿Cuáles son las herramientas y recursos que consideras esenciales en tu trabajo como traductora literaria?
¿Cómo incorporas las nuevas tecnologías en tu proceso de traducción?
7. Consejos para autores:
¿Qué consejos les darías a los autores que están planteándose trabajar con un traductor directamente?
¿Cómo pueden los autores facilitar el proceso de traducción desde tu perspectiva?
8. Consejos para traductores:
¿Cómo lo haces/has hecho para encontrar a autores directos con los que trabajar?
¿Te es difícil hablar de tarifas, derechos, etc. con ellos/as? Cómo gestionas el trato con los clientes, vaya.
9. Desarrollo profesional:
¿Cómo te mantienes actualizada en cuanto a las tendencias literarias y lingüísticas en tus idiomas de trabajo?
¿Hay algún área específica en la que te gustaría seguir desarrollándote como traductora?
¿Qué? ¿Vamos allá? Pues prepárate un cafecito, un té o un mate y sigue leyendo.
1. INICIOS EN LA TRADUCCIÓN:
¿Cómo comenzaste a trabajar como traductora… y como traductora para autores/as directamente?
Yo vengo de la rama legal, empecé como traductora jurídica. El paso a literaria surgió por casualidad, no puedo negar que tuve un golpe de suerte que supe aprovechar. Sea como fuere, allá por 2015 colaboraba con varios blogs literarios anglosajones y empecé a hacer lecturas cero profesionales e informes de lectura (lo que viene siendo un lector editorial, pero por libre). Empezó como un hobby, digamos, una ocupación extra que encima me encantaba; pero entonces decidí tomarme una excedencia en el trabajo, empezar a escribir y, yo qué sé, encontrarme, y fue entonces cuando una autora indie con la que llevaba un tiempo trabajando me propuso traducir una de sus obras. Una cortita, para probar: Nota que estoy aquí, de Anyta Sunday. Ahí empezó todo. Descubrí que me encantaba y que se me daba bien (aunque de esa novelette cambiaría mil cosas; oh, la inexperiencia) y dejé mi trabajo del todo. A día de hoy llevo veinticuatro libros traducidos y no puedo estar más convencida de que el cambio de rumbo profesional (y de vida) era lo que tenía que hacer.
¿Qué te motivó a elegir trabajar con autores/as en lugar de con editoriales?
Por aquel entonces yo desconocía que la traducción freelance existiera como tal y que se llevara a cabo al margen de las editoriales. Desconocía muchas cosas (trámites legales, fiscales, tipo de contratos…). Cuando Anyta Sunday me propuso traducir su libro y me contó que sus historias ya se habían traducido al italiano, francés, alemán y tailandés, me sorprendí muchísimo, porque aun llevando un tiempo buceando las aguas literarias, era algo que desconocía por completo. Tengo cero experiencia con editoriales y eso que hay varias que podrían interesarme porque traducen obras y autores que me apasionan. De hecho, una vez cada varios meses, creo que ha llegado el momento de mandarles mi currículum, una propuesta de traducción, hacer por primera vez una prueba de traducción… Intentar tantear otro terreno, vaya; pero luego siempre se me pasa. Entre otras cosas, aunque la principal siga siendo que —por suerte— por ahora tengo trabajo suficiente y un tiempo finito, porque mi experiencia con autoras autopublicadas es una maravilla y supongo que me costaría mucho desprenderme de la libertad artística y creativa que me dan. O de la confianza, que, tras seis años trabajando con las mismas autoras, es bastante grande.
2. PROCESO DE TRABAJO:
¿Cuál es tu proceso típico al traducir una obra para un autor/a directo/a? ¿Es distinto a traducir para editoriales?
Soy una persona muy caótica que maneja el tiempo fatal, pero me ayuda que mis procesos tengan siempre las mismas pautas, aunque luego siempre tenga que ajustar tiempos y horarios; porque da igual que tenga dos meses, tres o cuatro, el deadline siempre me pilla por sorpresa y, cada vez (cada vez, en serio) juro —y perjuro— que jamás volveré a traducir y que me dedicaré a otra cosa.
Lo primero que hago es leerme el libro de principio a fin, subrayando los pasajes que sé que van a ser más complicados o los juegos de palabras más difíciles para irles dando una pensada. Los tres primeros días tras ponerme con un encargo los dedico exclusivamente a leer. A la mayoría de los libros que traduzco ya le he hecho una lectura cero (he dejado de hacer informes de lectura para autores, pero sigo siendo alpha reader de una de mis clientas) o los he leído por placer, por lo que no me llegan de nuevas.
Una vez leído, me fijo un plazo (que suele ser de dos meses, tres en algunos casos), hago el cálculo de palabras/día (unas dos mil, tres mil) y me pongo manos a la obra.
Cuando acabo de traducir (una versión muy limpita que voy revisando capítulo a capítulo), empiezo la primera corrección.
Paso el documento a lectura beta.
Le hago una segunda corrección y se lo entrego a la autora para que lo maquete.
Me lo devuelve editado y le hago una última corrección-revisión.
Lo entrego de forma definitiva en un correo junto a la factura (muy eficiente).
No suelo traducir más de un libro a la vez (solo lo he hecho en una ocasión y me desesperé) y traduzco una media de cuatro libros al año.
¿Cómo trabajas con los autores durante el proceso de traducción? ¿Tienes más relación con ellos a la hora de trabajar que cuando se traduce mediante una editorial? ¿Cómo manejas las diferencias creativas con los autores durante el proceso de traducción?
Trabajo principalmente con tres autoras y, por suerte, tenemos una relación bastante cercana (aunque no con todas igual) y estamos en contacto directo durante todo el proceso. Si tengo alguna duda intento reunir dos o tres cositas, para no ser un incordio y molestar cada vez que no entienda por qué algo es de una determinada manera, y les mando un correo con mis dudas. Suelen contestarme en el día. También tengo su número de teléfono, así que a veces huimos de formalidades y hablamos directamente o nos mandamos Whatsapp para resolver temas más o menos urgentes (nunca lo son, pero yo tiendo a pensar que son de vida o muerte).
Siempre que existe el más mínimo riesgo de que haya podido malinterpretar algo (por ejemplo, que sea confuso quién habla en un determinado diálogo), les pregunto. Prefiero ser pesada que equivocarme.
En cuanto al tema creativo: me dejan total libertad y después de tantos años de colaboración confían en mí lo suficiente como para no tener que consultarles cada decisión. Pero, aun así, en casos concretos en los que los cambios son destacables, lo hago. Por ejemplo, si le tengo que cambiar el nombre o apodo a algún personaje porque se va a jugar con ello en la narración. En Leo quiere a Aries (la primera novela larga que traduje) hay una secundaria que en inglés se llama Liz y en un punto de la novela juegan con Liz/lizard y hacen una broma con su lengua reptiliana. Antes de hacer la adaptación, dado que cambiar un nombre para mí es una modificación quizá no sustancial, pero sí una de la que la autora debería estar al tanto, lo consulté con ella y le hice saber que Liz/lizard pasaba a llamarse Camila/camaleón.
Ocurrió algo similar con uno de los protagonistas de Quédate conmigo, al que llamaban Mr. Woodpecker tanto por el pájaro como por su connotación sexual y tuve que adaptarlo y llamarlo profesor Pito negro, ya que, tras analizar ciento veintisiete mil especies de aves, era el que más se adaptaba a las características del pájaro original y cumplía a la vez con la connotación sexual. Pero, claro, el nombre era mucho más feo, había que consultar. Pues como esas, una cuantas; pero siempre tengo luz verde y lo agradezco infinito, la verdad.
¿Tienes alguna anécdota interesante sobre una colaboración particularmente única o complicada?
Una de las autoras con las que más trabajo es conocida por sus juegos de palabras y dobles sentidos, y me vuelve muy loca con cada libro, así que anécdotas tengo unas cuantas. He tenido que traducir una canción escrita al más puro estilo Shakespeare, adaptando número de versos y rimas; un libro entero en el que se jugaba con acrónimos y aliteraciones, y hasta hacían duelos de sinónimos (una de las traducciones de las que estoy más orgullosa, por cierto) y en uno de los últimos libros que he traducido (un retelling gay de La abadía de Nothanger) estuve una semana (¡una semana!) atascada en un diálogo de una página y cada día de esa semana mandé un mensaje a la autora diciéndole: «Te odio y admiro a partes iguales».
Creo que fue de las cosas más difíciles con las que me he encontrado en mi carrera. Resumiéndote mucho, porque ya me estoy pasando, te diré que era un diálogo entre los protagonistas en el que opinaban, muy eruditos ellos, sobre los puns que contenían las obras de Shakespeare y Dickens; y mencionaban primero un pasaje de Romeo y Julieta y luego hacían referencia a Oliver Twist (por lo visto, se rumorea que el autor llamó Master Bates a un personaje a propósito porque en inglés sonaba como «masturbates», pero descubrí que la mayoría de los dobles sentidos de los que hablaban mis protagonistas se habían perdido en las traducciones al español y tuve que romperme la cabeza para dar con algo sin marearme del vértigo que me daba «reinventar» a tremendos autores. Al final quedó fenomenal. Y recuerdo que lo comenté en Instagram (y creo que en el blog) porque yo soy muy de comentar estas cosas públicamente; me gusta que la gente sepa el trabajazo que hacemos. Las cosas como son.
3. DESAFÍOS Y GRATIFICACIONES:
¿Cuáles son los desafíos, retos, dificultades… más comunes a los que te enfrentas al traducir para autores directamente?
Creo que mis respuestas anteriores contestan a esta pregunta mejor que cualquier otra cosa que pueda decir. Contestan incluso a la siguiente; porque, aunque me queje y mande mensajes «amenazantes» a clientas que con los años se han convertido en amigas (y no por ello me pagan menos. Ni más tarde, ja, ja, ja, puede que sea, incluso, al contrario) me encanta enfrentarme a los retos que me ponen, tirar de ingenio, inventar, crear, transcrear, enorgullecerme del resultado.
Una dificultad, que quizá casi siempre se vea como un pro (porque en realidad lo es), es que, al tener flexibilidad de horarios y ser yo quien fija los plazos de entrega (más o menos, pero tengo un margen de decisión-adaptación muy amplio), el día a día puede dar lugar a mucha procrastinación. Y más en mi caso, que me distraigo con una facilidad abrumadora, soy caótica por naturaleza y además vivo buscando huecos para escribir mis propias historias. Es un peligro, porque a veces cedes y te tomas un día libre porque puedes, a veces dos, y luego tienes que recuperar el fin de semana y te agobias. O al menos, yo me agobio, porque procrastinadora, sí; pero ansiosa también.
¿Qué aspectos encuentras más gratificantes en este tipo de trabajo?
Dar con la solución perfecta a un determinado juego de palabras. Leer el resultado (por encima, no suelo releer mis traducciones una vez publicadas, que ahí es cuando encuentras esa errata que se te había pasado) y que ese resultado guste. Porque, sí, me gusta gustar, como a todo el mundo. Me gusta que me digan que el libro parece escrito en español, me gusta que la gente empiece a mencionar a quien traduce en sus reseñas y me gusta que las opiniones sobre mi trabajo sean buenas. Me gusta levantarme y no odiar lo que tengo que hacer como me ha pasado en otros momentos de mi vida. Soy una privilegiada y lo sé, doy gracias cada día por ello.
4. CONSIDERACIONES CULTURALES:
¿Cómo abordas las diferencias culturales al traducir obras literarias directamente para autores?
Mi prioridad siempre es adaptar todo lo que se pueda de la mejor forma posible, aunque lingüísticamente me aleje del original, y cerrar la brecha cultural que pueda existir. Al menos, esa es mi forma de traducir. Intento separarme de lo que sé como conocedora del inglés, de la autora y de la obra, para intentar verlo con los ojos de alguien que no sabe nada al respecto ni tiene por qué. Tengo la suerte de contar con unas amigas (cada una de su padre, madre, tierra y profesión) que echan un vistazo a lo que traduzco antes de que lo entregue y me asesoran sobre si hay algo que no se entienda.
Mi máxima: que mi público meta lo entienda todo y bien sin tener que recurrir (a ser posible) a notas al pie; así, aparte de una perfecta comprensión, garantizo (o intento garantizar) la mayor fluidez posible. Ya me empapo yo de la cultura origen, de sus costumbres o marcas comerciales para que lo que le llegue a los lectores sea el equivalente más preciso posible.
Antes que a las notas al pie, recurro a la traducción explicativa. Lo he hecho en cuatro ocasiones (creo) en estos siete años. Lo he metido de forma concisa y natural en la narración y ha quedado bien. No me he visto en ninguna encrucijada especialmente complicada. Diferencias típicas como marcas de chocolatinas (Almond Joy pasa a ser chocolatina rellena de coco), de cereales (aunque más evidentes, los Honey Puffs o Honey Comb pasan a ser cereales de o con miel directamente), juegos como el Snap se convierten en el burro o en un juego de cartas sin más si no es importante en la trama.
En dos de mis próximas traducciones tengo un personaje no binario y otro que pide que, mientras encuentra su identidad, lo traten como they/them. En ambos libros usaré lenguaje no binario, tanto directo como indirecto, respetando la intención de la autora y siendo fiel al original.
¿Has tenido que explicar ciertos elementos culturales a los autores para garantizar una traducción precisa?
Hace un par años hice una traducción inversa; la única (y la última, con toda probabilidad). Fue un trabajazo a cuatro manos con una compañera neozelandesa que me iba corrigiendo capítulo a capítulo. Una de las experiencias más enriquecedoras en lo profesional y que me consta que quedó impecable, pero que no volvería a repetir por la inseguridad y el nivel de estrés que me generó. El caso es que ese libro tenía una banda sonora muy específica y muy española. Se hablaba mucho de música, ciertas canciones se entretejían con la trama y protagonizaban momentos estelares en la narración. Pero eran canciones totalmente desconocidas en el mundo anglosajón. Así que hablé con la autora y le cambié la banda sonora que afectaba a los personajes y a la historia. El resto de canciones que sonaba en el libro se quedó, porque no hacían más que eso: sonar de fondo; y si alguien en Minnesota tenía curiosidad por saber quiénes eran Duncan Dhu podía buscarlos y escucharlos. Lo que hice fue buscar canciones que, por el tono, la letra y la época se amoldaran a los momentos culmen en los que salían. Porque la letra era comentada por los personajes y tenía que ver con su relación. A la autora le encantaron las opciones. Le ofrecí varias y creo que entre las dos elegimos las que más encajaban. Si se trataba de que el público meta (en este caso, en anglosajón) entendiera el sentimiento, el peso de una canción concreta en un momento determinado, no podíamos dejarlo tal cual. Se perdía el mensaje y la emoción, y se trataba de eso, de traducir emociones.
5. VARIEDAD DE GÉNEROS:
¿Has trabajado en la traducción de diferentes géneros literarios? ¿Cómo abordas las particularidades de cada uno? Me dedico en exclusiva a la ficción LGBT. Al romance M/M (male-male) y dentro del nicho (porque es un nicho de proporciones épicas) tanto a la comedia romántica, como al romance contemporáneo, Dark Romance o fantasía; pero dentro siempre del mismo género.
¿Prefieres traducir ciertos géneros sobre otros? Te diré que, a pesar de mi especialización, no me cierro a nada.
6. HERRAMIENTAS Y RECURSOS:
¿Cuáles son las herramientas y recursos que consideras esenciales en tu trabajo como traductora literaria? No uso ninguna TAO (quizá me equivoco y me harían el trabajo más fácil, no sé). Soy muy clásica y tengo unos básicos inseparables: el DLE, el Panhispánico, el combinatorio práctico del español contemporáneo, el diccionario español de construcciones preposicionales, el diccionario de dudas y dificultades de la lengua española, la nueva gramática de la lengua española… Recurro mucho a la Fundéu (me deben de tener en spam de lo pesada que soy) y al instituto Cervantes; mis diccionarios monolingües favoritos son el Merriam y el Collins y tengo siempre a mano el libro de estilo de la lengua española y los apuntes de un curso de corrección que me fue especialmente útil.
¿Cómo incorporas las nuevas tecnologías en tu proceso de traducción? Mal. Ja, ja, ja. Tengo una mente extraña que procrastina hasta el extremo para no tener que aprender a manejar X cosa. Sé que el tiempo que pierda en aprender no será tiempo perdido, que es una superinversión de futuro. Pero aún no he llegado a ese punto. Y encima estoy embarcada en una batalla (perdida, me temo) contra las traducciones con IA que creo que están petando el mercado de historias sin alma ni gracia, y mi odio me nubla el juicio y no me deja ver lo útiles que pueden ser en algunos casos. Ojalá una máquina nos ayudara en nuestro curro diario, de verdad, ojalá. Pero hoy por hoy, y tal y como están las cosas con la posedición, no lo veo, la verdad.
7. CONSEJOS PARA AUTORES:
¿Qué consejos les darías a los autores que están planteándose trabajar con un traductor directamente?
Que no tengan miedo, que entrar en un mercado nuevo siempre da pavor, pero que sí pueden invertir en un traductor profesional autónomo o de una editorial pequeñita, que lo hagan. Es cierto que es un riesgo muy grande, que buscar a quien adapte su bebé a otro idioma no es fácil, sobre todo si no conoces ese idioma. Porque, y este es un miedo muy común (y muy comprensible): ¿quién te garantiza que el resultado vaya a ser el deseado? Por desgracia, he visto traducciones al español malísimas (en el género que traduzco proliferan mucho las posediciones mediocres; algunas de ellas, muy malas) y también me ha llegado alguna traducción del español al inglés muy poco natural y cero idiomática.
Trucos:
Recurrir a alguien de confianza que sí conozca el idioma y que pueda tantear otras obras de quien se pretende contratar o recurrir a algún compañero (traductor, escritor, filólogo o entendido en general) y encargarle (por una tarifa asequible) la lectura de X libro. Se puede pedir un informe de lectura detallado o un simple feedback que le ayude a aclarar sus dudas.
A la hora de buscar un traductor también recomendaría echar un vistazo a sus redes sociales, buscar reseñas sobre sus traducciones en Goodreads, buscar opiniones de clientes en Amazon u otras plataformas de libros.
Y muy importante (aunque suene rastrerillo llegados a este punto): que digan siempre y pronto cuánto pueden pagar. Y digo «pueden» y no «están dispuestos a» de forma intencionada. Porque tras siete años en esto soy más que consciente de que la mayoría de autores pequeños no se puede permitir un traductor. Y es importante ir de frente y que ninguna de las partes pierda el tiempo. A mí me llegaron a ofrecer pagarme con royalties, pero sin tarifa alguna de por medio. Lo hicieron de forma muy educada y en el primer correo que intercambiamos, lo cual agradecí mucho; me negué también muy educadamente y le dije que, cuando pudiera invertir en mi trabajo, estaría encantada de traducir su obra (que, además, me gustaba).
Los traductores freelance podemos ser tan buenos como los editoriales (no es dónde trabajas, sino cómo) y esto es algo que todo autor tiene que tener claro.
Hay un contra bastante grande a la hora de elegir un traductor independiente en lugar de una editorial y es la labor de promoción. La editorial te da visibilidad y el pobre freelance no tanta. Esto es así, y no vamos a ocultarlo. Por mucho que al traductor se le pague un extra por hacer algún tipo de marketing (y es un concepto que existe) su alcance no es el mismo y se nota. Ese es el único contra que puedo encontrar. La calidad no debería depender del tipo de traductor que seas.
¿Cómo pueden los autores facilitar el proceso de traducción desde tu perspectiva?
Accesibilidad. Pero yo creo que, en general, con los indies no es un problema. A ver, habrá de todo, yo solo he trabajado con cinco autoras autopublicadas, pero suelen estar muy dispuestas, dado que saben que amortizar su inversión no va a ser sencillo y ayudan en la medida de lo posible.
Quizá suene un poco pesimista en cuanto a los riesgos de entrar en un mercado nuevo; no lo soy, soy realista. Cualquier historia puede dar un pelotazo por cualquier motivo (la calidad, por desgracia, no es el más importante de ellos), pero, en general, cuesta abrirse camino.
8. CONSEJOS PARA TRADUCTORES:
¿Cómo lo haces/has hecho para encontrar a autores directos con los que trabajar? Seguro que es lo que más les interesa a los compañeros que empiezan o quieren iniciarse en editorial.
Lo primero es saber si te diriges a un autor autopublicado o a uno editorial. Porque, en el segundo supuesto, ya se trate de una editorial pequeña e independiente —supermajos ellos y superaccesibles— o de una de las grandes, los derechos de las obras del autor estarán cedidos y, por lo tanto, no va a poder negociar las condiciones.
Una vez sabes a qué tipo de autor te vas a dirigir, yo recomiendo contactar por correo electrónico; o, al menos, es lo que yo hago, aunque alguna vez he escrito un mensaje privado en redes sociales porque por lo que sea me ha resultado más sencillo (porque la autora que me interesaba me seguía, por ejemplo).
A la hora de contactar hay que intentar personalizar lo máximo posible. ¿Qué motivos hay para querer traducir a X Autor? El principal suele ser que has leído uno de sus libros y te ha gustado; y eso es precisamente lo que hay que decirles. Yo busco su información de contacto en su web o, si no tienen, en redes; y parto de ahí.
Cuando me presento por correo, aparte del motivo por el que quiero traducirlos, adjunto un enlace a mis traducciones en Amazon; o las enumero y añado el link para que echen un vistazo ellos mismos. Aunque no conozcan nuestro idioma, pueden ver la puntuación y la opinión de los clientes.
Si el autor es indie, puede contestarte o no. Muchos no lo hacen, ni se plantean la posibilidad de traducir a otro idioma. Otros, los que no son autopublicados, pero pertenecen a un grupo editorial independiente, te pueden dar el contacto de su editor y decirte que le hagas a él la propuesta. Mismo proceder. O el correo de su agente literario. E igual, esa primera toma de contacto es más o menos similar.
La opción de hablar de tarifas en el primer mail depende ya de cada uno. Yo lo he hecho en alguna ocasión, con mejor o peor resultado. Por desgracia, y aquí voy a sonar pesimista de nuevo, la mayoría no quiere un traductor independiente; quieren llamar la atención de una editorial y que alguien le ofrezca algo jugoso, no humo (aunque no lo sea, pero ofrecer garantías es complicado y en los tiempos que corren, más).
Y hay otro problema añadido, quizá el más grave: en el mercado anglosajón (en mi nicho, al menos) está proliferando de forma aterradora la posedición. Los primeros puestos de los rankings de Amazon están petados de traducciones automáticas más o menos poseditadas que te dan ganas de llorar mientras te sangran los ojos (aunque eso suponga que te escuezan más). Y, claro, si esto es así y los autores se están acostumbrando a pagar cacahuetes por una traducción que sorprendentemente sí que vende en nuestro mercado: ¿por qué invertir en calidad y profesionalidad? Pero esto ya para otro día.
Como verás, hablo en todo momento de Amazon porque es el mercado en el que me muevo y el que tengo que conocer: superventas, movimientos en los rankings, categorías, lectores…
Quizá el consejo más importante que pueda dar a los compañeros que quieran embarcarse en la aventura de la traducción literaria independiente es que puede resultar difícil y frustrante al principio. Que no desesperen, que no se rindan si de verdad les interesa, pero que se preparen para currar y moverse mucho. Es un momento de mucha incertidumbre en el sector, el efecto llamada de los autores que están triunfando con traducciones (o posediciones) mediocres es preocupante, pero quiero creer que no todo está perdido y que siempre habrá alguien que valore el trabajo de profesionales que además de ilusión y muchas ganas, entreguen resultados de calidad y con alma.
¿Te es difícil hablar de tarifas, derechos, etc. con ellos/as? Cómo gestionas el trato con los clientes, vaya.
Creo que hay que hablarlo directamente y cuanto antes mejor, porque si no puede que estés perdiendo el tiempo. Puedes decirlo o no en un primer mail de contacto, pero si no es ahí, yo creo que el segundo tiene que estipular tu tarifa. O el marco en el que te mueves. No está mal hacer ofertas (o yo no lo veo mal) y ceder un poco a cambio de un par de encargos más. En plan: «yo cobro X, pero puedo cobrarte Y si me encargas toda la serie». Eso ya depende de cada uno. Pero creo que hay que ir de frente, porque en el mercado en el que yo me muevo, al menos, no todos se lo van a poder permitir y saber a qué atenerse es bueno para dejar de romantizar el traducir un libro que leíste y te llegó al alma, porque si su autor no puede pagarte, es mejor saberlo cuanto antes y no hacerte ilusiones, que luego el rechazo o la caída duelen más.
Los contratos (insisto una vez más: los que yo conozco) suelen ser precisos en cuanto a las tarifas, plazos, titularidad de los derechos, temas fiscales, dónde figurará tu nombre… Si alguien tiene dudas, siempre es mejor consultar con un compañero con más experiencia y preguntar lo que sea antes de firmar.
9. DESARROLLO PROFESIONAL:
¿Cómo te mantienes actualizada en cuanto a las tendencias literarias y lingüísticas en tus idiomas de trabajo?
Hago todos los cursos que me resultan interesantes y me puedo permitir, pero como no siempre tengo posibilidad (dinero, tiempo…) recurro mucho a libros de lingüística, escritura y estilo. Leo mucho, en español y en inglés; novedades y clásicos. Y, muy a mi pesar, porque no me gustan especialmente, me empapo del mundo literario en redes: qué se lee, qué se opina. Suelo leer opiniones en Amazon o en Goodreads (no de lo que escribo o traduzco, aunque a veces sea necesario) y ver qué se opina de una determinada traducción o forma de escribir. La gente no siempre valora lo mismo que yo y es interesante saber por qué.
¿Hay algún área específica en la que te gustaría seguir desarrollándote como traductora?
En la medida de lo posible, me quedo en mi nicho que mientras no se lo coma la IA es un lugar tranquilo, que conozco y que me da seguridad.
¿Qué te ha parecido? Si quieres dejar alguna duda, pregunta o consulta, puedes hacerlo en los comentarios. Mientras tanto, si quieres saber más sobre Virginia, puedes encontrarla por aquí:
Muchas gracias por leer(nos) y nos vemos en la próxima entrada. En esta ocasión, seguiremos la estela de la traducción de libros y nos centraremos en una plataforma reciente. ¡Aquí te espero!
Esta semana de letras que culmina con la celebración del Día del Libro y Sant Jordi para los catalanes, podríamos hablar de libros (como hemos hecho ya aquí y aquí) o bien de la importancia de la lectura y la visibilidad. Sin embargo, he creído más oportuno dar un repaso a algunas citas sobre traducción, pero no las más habituales y archiconocidas, sino aquellas que puedan dar pie a reflexión.
«Mas ¿qué diría yo de algunos, más dignos en verdad del nombre de traidores que del de traductores, puesto que traicionan a los que se proponen interpretar, privándoles de su gloria, y engañan a los lectores ignorantes al ofrecerles lo blanco por lo negro?». Joachim du Bellay, Defensa e ilustración de la lengua francesa, libro I, capítulo 3º (1549).
«Tan ladrón es el traductor que añade como el que sisa algo del texto original del autor». Andrew Marvell (1621-1678), en carta al Dr. Witty.
«Esta y otras traducciones desatinadas podrán servir de ejemplo, y de aviso, para que los incautos lectores no se dejen llevar de traducciones de libros cuando ignoraren los talentos del traductor. Tengo advertido que es muy común el error de creer que un sujeto que tuviere algunos principios de lengua extraña es ya capaz de traducir un libro. Error perniciosísimo, y que ocasiona se toleren en la República Literaria traducciones insulsas de libros excelentes. Presupuestas las prendas intelectuales en el que quiere ser traductor, no es suficiente con que se posean dos lenguas. Es indispensable que comprenda el asunto si no posee las dos lenguas con perfección. Si no concurren juntos estos prerrequisitos, no saldrá traducción, sino una desfiguración de la obra, que haga obra aparte». Martín Sarmiento, Demostración crítico-apologética, 1732.
«¡Ay de los hacedores de traducciones literales que, al traducir palabra por palabra, embotan los sentidos! Bien se puede decir aquí que la letra mata y que el espíritu vivifica». Voltaire, Cartas filosóficas (Carta 18, «Sobre la tragedia»), 1734.
«¡Cuántos pensarán que para traducir de lengua a lengua no se necesita más que la inteligencia de una y otra obra! ¡Qué error! Es necesaria tanta habilidad para traducir bien, que estoy por decir que más fácilmente se hallarán buenos autores originales que buenos traductores». Benito Jerónimo Feijóo, Cartas eruditas y curiosas, 1759.
«No hay sino un único medio de traducir con fidelidad un autor de una lengua extranjera a la nuestra: tener el alma bien empapada de las impresiones que de él se han recibido, y no quedar satisfecho de la traducción hasta que ésta despierte las mismas impresiones en el ánimo del lector. Los efectos del original y los de la versión son entonces idénticos; pero ¿siempre puede llegarse a esto?». Diderot, Elogio de Terencio, 1769.
«Hablábamos de la traducción. Yo comenté que no podía definirla, ni me venía tampoco a la mente una imagen esclarecedora; pero que, no obstante, toda traducción de poesía sólo podría ser una imitación. Johnson (dijo): “Se pueden traducir con exactitud los libros de ciencia. También se puede traducir la historia, en tanto en cuanto no esté decorada con la elocuencia, que sí es poesía; porque, ciertamente, la poesía no se puede traducir. Son, pues, los poetas los que conservan los idiomas. Si pudiésemos, en efecto, disponer en traducción de todo lo que se ha escrito en una lengua, no nos tomaríamos la molestia de aprenderla; en cambio la estudiamos porque la belleza de la poesía no se puede mantener sino en aquel idioma en que primeramente se ha compuesto»». James Boswell, Vida del Dr. Johnson (11 de abril de 1776).
«Los españoles del día parecen que han hecho asunto formal de humillar el lenguaje de sus padres. Los traductores e imitadores de los extranjeros son los que más han lucido en esta empresa. Como no saben su propia lengua, porque no se dignan de tomarse el trabajo de estudiarla, cuando se hallan con alguna hermosura en algún original francés, inglés o italiano, amontonan galicismos, italianismos y anglicismos…». José Cadalso, Cartas Marruecas 1789.
«Porque como enseña San Jerónimo, el que traduce no ha de mirar a la material significación de la voz, sino a la correspondencia que tiene en el idioma en cuya lengua traduce; precepto de cuya observancia se hallan tan lejos todas las traducciones que hoy publican los nuestros… que quedan tan ásperas, desabridas, obscuras, y en muchos lugares expresados los conceptos en muy contrario sentido al que se ofrece en los originales, que más parecen abortos de extranjeras plumas que partos de naturales ingenios». Mateo Ibáñez de Segovia, Prólogo a la traducción castellana de la Vida y acciones de Alejandro el Grande, de Quinto Curcio Rufo, 1794.
«Si la traducción es mala, no disculpa al traductor. Porque antes de acometer la empresa, debe ya conocer todas las dificultades que ofrece; y si no se siente con fuerzas para vencerlas, hasta cierto punto a lo menos, debe renunciar a ella. Además, publicar una traducción es someterla al juicio de los inteligentes; y si éstos la condenan, no hay apelación de su fallo. Es, pues, inútil anticipar su apología. Si es buena, no necesita de prólogo galeato: si es mala, cuanto se diga en su elogio, servirá para hacer ridículo al traductor». José Gómez Hermosilla, Discurso preliminar a la traducción castellana de la Ilíada, 1831.
«No hay duda; esta literatura de las traducciones poéticas de la antigüedad es ardua y arriesgada; casi me atrevo a decir imposible. Si la traducción es absolutamente fiel (filológicamente, se entiende), ni las palabras modernas alcanzan a dar a la poesía el color y la intención de las antiguas, ni el vulgo de los lectores puede comprender sentir y admirar. Si es libre y desembarazada, quedan desnaturalizados por fuerza el texto y el espíritu antiguo: la versión es entonces una temeridad o una caricatura o una calumnia literaria». Leopoldo Augusto de Cueto, Carta a D. Juan Valera, 1878.
«La misión del traductor es presentar el original que se propone verter a otro idioma revestido siquiera del modesto atavío de un lenguaje inteligible, ya que carezca de otras galas; y no le es lícito dejar confuso ni aun lo que, acaso, confusamente se escribiera en un principio». Guillermo Mac-Pherson, Prólogo a la traducción castellana de Hamlet, 1882.
«Una traducción normal no sobrevive mucho tiempo. O se trata de un simple, pálido reflejo, de una copia útil del original, sin estilo propio; o el estilo de la generación del autor se introduce en ella y la transforma momentáneamente en algo vivo, aunque por regla general poco satisfactorio después de veinte años. La alternativa del traductor es sofocar su personalidad y generar una tarea impecable y erudita, pero sin vida; o correr le casi seguro riesgo, si acepta la creatividad en su trabajo, de añadir elementos que la siguiente generación considerará como oscurecedores del espíritu del original» O. Matthiessen, Translation, An Elizabethan Art, 1931
«El asunto de la traducción a poco que lo persigamos, nos lleva hasta los arcanos más recónditos del maravilloso fenómeno que es el habla». Ortega y Gasset, Miseria y esplendor de la traducción, 1937.
«Las traducciones (como las esposas) rara vez son fieles». Roy Campbell, Poetry Review, junio-julio de 1949.
«El grado de complejidad de la traducción literaria es alto, ya que las obras literarias entremezclan en su estructura interna elementos como el lenguaje de uso de las comunidades, el estilo del autor y su postura política y filosófica, además de cosmovisiones disímiles. En este sentido, la tarea del traductor literario representa muy bien la dialéctica de la exploración de mundos imaginarios en la lengua extranjera como un trabajo metodológico y científico, una realidad que nos hace reflexionar sobre el autor como representante de una cultura heterogénea, sobre el lenguaje utilizado en determinado periodo de la historia y, más aún, sobre el mensaje que se transmite y a quién. Por ello, la tarea del traductor en cuanto mediador lingüístico y cultural entre dos pueblos distintos se perfila como crucial en el desarrollo de la cultura y la transmisión del conocimiento». Francisca Eugênia dos Santos y Esteban Alvarado, Traducción literaria y sus implicancias en la construcción de la cultura, 2012.
«La tarea del traductor es mucho más dificultosa que la del autor original. Cuando este último busca una palabra con la que manifestar un pensamiento o describir una experiencia, tiene al alcance muchas palabras en su propio idioma y puede elegir sin excesiva dificultad y tardanza la que más le conviene o más le agrada. El traductor del vocablo así escogido tiene que determinar cuál es su equivalencia más inmediata, teniendo en cuenta al mismo tiempo las ideas probables del autor, las probables ideas de los lectores del autor y de sus propios lectores, y la época histórica en que el autor vivió». Theodore Savory, The Art of Translation, 1968.
«Yo pienso que el traductor tiene que ser, por lo menos, un hermano —si no gemelo, muy parecido— del autor original. A un poeta lo tiene que traducir otro poeta. A un científico, otro científico. A un novelista, otro novelista. Porque, evidentemente, un escritor que sea novelista está en mejores condiciones de entender a un compañero suyo que ha escrito una novela en otro idioma que si tiene que traducir un libro científico». Domingo Manfredi Cano, en el coloquio «Los problemas de la traducción de obras literarias», La Estafa Literaria, nº 498, 15 de agosto de 1972.
«Como fenómeno y como problema diferenciado del lenguaje, la traducción es algo que los tratados de lingüística ignoran por completo. (Consecuencia: muchas grandes bibliotecas carecen en sus catálogos de fichas sobre la traducción.) El hecho es tanto más peculiar cuanto que muchos tratados de lingüística estudian, y a fondo, problemas menos concretos: por ejemplo, el de la perfección de las lenguas. Por su parte, ni la Encyclopaedia Britannica ni la Grande Encyclopédie ni la Encyclopedia Treccani (que consagran las tres un artículo a la minúscula herejía teológica del traducianismo) dedican una sola línea a la traducción, su historia, sus técnicas y sus problemas». Georges Mounin, Lingüística y traducción, 1976.
«La traducción de poesía ofrece unas dificultades muy especiales, especialmente si se traduce a su vez en verso, y cuanto mayor sea la calidad del poema original, más dificultosa es la tarea del traductor… Los recursos disponibles difieren de una lengua a otra; el inglés y el alemán cuentan con versos de acento tónico, pero el latín y el griego utilizaron versos cuantitativos, con contraste de sílabas breves y largas, mientras que el francés sitúa sobre la última sílaba una intensidad de acento y de duración aproximadamente iguales. El traductor ha de tratar de suplir la utilización estilística de los recursos particulares del idioma original con técnicas semejantes en el suyo. Y como en la poesía los elementos léxicos, gramaticales y métricos están todos relacionados y entrelazados, una traducción literaria que satisfaga está en general muy lejos de las versiones palabra por palabra. Cuanto más depende el poeta de las formas del lenguaje, más hundidos se encuentran sus versos en esa lengua particular, y más difícil resulta traducirlos de forma adecuada. Esto es especialmente cierto tratándose de la poesía lírica de varios idiomas, con sus juegos de palabras, rimas complicadas y frecuentes asonancias». The Encyclopaedia Britannica, volumen X, p. 657 (1974).
«¿Se está convirtiendo la traducción en un problema de primera importancia? Más bien tendríamos la impresión contraria: las discusiones fueron vivas en otro momento, desde Cicerón a Leconte de Lisle. Hoy todo el mundo parece de acuerdo. Y cuando vuelve a nacer la guerrilla, como a propósito de las traducciones de Shakespeare, del Club Francés del Libro, se nos antoja ya un anacronismo o un malentendido. Profesores y escritores (son los dos campos) condenan las versiones literarias, que asesinan el sentido y el idioma; por otro lado, quieren ser fieles al texto, aunque sin traicionar al mismo tiempo la lengua, la poesía y el genio». Georges Mounin, Lingüística y traducción, 1976.
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Fuentes:
Dos Santos, Francisca Eugênia y Alvarado, Esteban. Traducción literaria y sus implicancias en la construcción de la cultura, 2012.
Santoyo, J. C. El delito de traducir. Universidad de León. Secretariado de Publicaciones, 1996. Tercera edición.
…en este blog. Pasa un año más y va bien hacer balance de lo que han dejado estos doce meses. En 2014 hablé de lo que había representado para mí profesionalmente y este año he creído conveniente hacer un repaso de todos los artículos publicados desde enero.
A veces escribo tras darle muchas vueltas a un tema, otras veces ocurre de forma casi espontánea por algo que sucede o que encuentro por ahí (una imagen, una noticia…), pero siempre acabo dejándome mucho tiempo en ellas y, bueno, por si os perdisteis alguna, aquí las rescato por temas:
EJERCICIO PROFESIONAL
Empezamos el año con tres entradas completas sobre el ejercicio profesional. Enlaces, trucos y consejos sobre cuestiones tan diversas como fiscalidad, ergonomía, trato con clientes, etc.
Cada maestrillo… Consejos para el traductor autónomo I:Ser traductor en muchas de sus facetas como la especialización, saber abordar una traducción (tipos de texto, léxico, formato, revisión) y lo positivo de trabajar con otros compañeros.
Como último artículo sobre el ejercicio profesional, pero en clave de (más) humor esta vez, encontramos Life as a translator, con un compendio de viñetas de estilo retro que ilustran las vivencias del traductor en su día a día.
Un día cualquiera en la vida de una traductora
TRADUCCIÓN EDITORIAL Y LITERATURA
Este año he publicado en el blog artículos muy variopintos dentro de la traducción editorial, la literatura y las letras en general.
Ana Frank y la «pornografía»: La noticia de una madre estadounidense que se llevó las manos a la cabeza por los fragmentos supuestamente pornográficos del Diario de Ana Frank me inspiró para escribir esta entrada sobre la censura en la literatura y en la traducción de este tipo de pasajes. Al investigar un poco y tras un chivatazo de otro compañero traductor, Javi Mallo, vi que hay mucha más tela que cortar en cuanto a la traducción del diario, pero esto será tema de otro artículo.
Pasión prehistórica: Siguiendo con el tono erótico del artículo anterior, hablé de las novelas eróticas con dinosaurios que triunfan en Internet y traduje algunos fragmentos para el ¿deleite? de los lectores.
La relación entre lector y traductor:¿Alguna vez habéis hablado con los lectores de vuestras traducciones? Tuve el placer de hacerlo en noviembre al participar en una mesa redonda sobre traducción con motivo de las Jornadas Ándalus Románticas. En este artículo incluyo más de una hora de audio de la mesa redonda y una entrevista con escritores y lectores de novelas románticas que nos dan su punto de vista sobre el mundo de la traducción.
El traductor creativo: Aunque no hace falta ser Lord Byron para traducir, sí hay que saber escribir y expresarse bien por escrito, de modo que en este artículo expliqué las bondades de los ejercicios de escritura para traductores con el fin también de cultivar la creatividad. No os perdáis los juegos, pasatiempos y un buen puñado de recursos para traducir.
TRADUCCIÓN AUDIOVISUAL
Aprovechando la exposición de Pixar en el CaixaForum de Barcelona, escribí Traducir películas de animaciónen la que hablo de este tipo de largometrajes de forma exhaustiva, desde su proceso de creación (guion, storyboard, colorscript, etc.) a cómo he traducido algunas de ellas. Encontrareis ejemplos de guías de estilo y materiales de referencia, así como del proceso de traducción y las características y dificultades que presenta el lenguaje en este tipo de películas.
Brócoli, pimientos y otras adaptaciones de cine: Con motivo del estreno de Del revés (Inside out, 2015) y del fenómeno de la adaptación, hablamos de cómo solventar algunos escollos culturales en varias películas.
Por último, aunque no es una cuestión puramente audiovisual, encontramos Traduciendo insultos por ahí, que incluye la charla que di en el ENETI 2015 sobre la traducción del lenguaje soez, con muchos ejemplos del mundo del cine, ya fuera en doblaje y subtitulación.
IDIOMAS
Este año pensé en tratar temas más generales en el blog, cuestiones que fueran más allá del mundo de la traducción y de ahí:
Aprender idiomas leyendo: artículo sobre los beneficios de la lectura para aprender un idioma y algunos consejos útiles para no aburrirse en el intento.
1001 recursos para aprender idiomas: como su nombre indica… bueno, tal vez no eran 1001, pero sí fueron un buen montón de enlaces los que recopilé para esta entrada con recursos para aprender y mejorar muchos idiomas: inglés, alemán, francés, italiano, portugués, noruego y un largo etcétera.
ETIMOLOGÍA
Echando la vista atrás, me doy cuenta que otros años he hablado más de etimología. Este año solo ha habido un artículo en el blog sobre este tema: Leyendas lingüísticas y falsas etimologías. En él, traté los orígenes falsos de algunos términos, esas etimologías que con el paso del tiempo o simplemente porque quedan bien se han dado como válidas. Repasamos algunos de los casos más sonados tanto en inglés como en castellano.
Sea como sea, espero que os gustaran en su momento o las disfrutéis ahora. Gracias por estar ahí y por vuestros comentarios. Como novedad para 2016, si queréis sugerir temas o incluso participar en el blog, no tenéis más que escribirme. Estaré encantada de leeros.
El diario de Ana Frank* es un clásico de lectura obligatoria en las escuelas, una obra inolvidable por muchos motivos. Por encima de todo, por el contexto histórico en el que se inscribe, pero también porque Ana es una adolescente muy normal. Es un diario en el que cuenta de forma natural lo que vive y lo que siente, su relación con los que la rodean y sus deseos… truncados al final.
Una de las primeras ediciones con el título original. Después se cambió a El diario de Ana Frank (Wikipedia)
Sin embargo, en 2013 y con la edición de una versión íntegra con motivo del 50 aniversario, descubrimos también su curiosidad por la anatomía femenina. Aquí va un pequeño fragmento (traducido del inglés):
Hasta que tuve unos once o doce años no me di cuenta de que teníamos otros labios dentro porque no se ven a simple vista. Lo más curioso es que pensaba que la orina salía del clítoris… Cuando estás de pie, lo único que se ve por delante es pelo. Entre las piernas hay dos cositas suaves y esponjosas, también cubiertas de pelo, que se juntan, de modo que no puedes ver lo que hay dentro. Al sentarte se separan; son rojizas y bastante carnosas por dentro. Por la parte superior, entre los labios mayores, hay un pliegue de piel que, si lo piensas detenidamente, parece una especie de botón. Eso es el clítoris.
Sí, fue muy descriptiva, y al parecer eso molestó a una madre de Michigan que interpuso una queja formal en el distrito escolar (y no fue la única). Como si más que el holocausto, fuera la autoexploración femenina lo que pudiera dejar traumatizada a su hija.
Gail Horek, la madre de la niña que en aquel momento estaba en séptimo curso, defendía que el diario era pornográfico y no debería enseñarse en la escuela. Se quejaba especialmente de este fragmento en el que Ana explora sus genitales, unos párrafos que su padre, Otto Frank, omitió cuando preparó el manuscrito para su publicación a finales de los años 40.
Otro fragmento de moralidad cuestionable, en su opinión:
Hay pliegues por todos sitios; es difícil de encontrar. El agujerito que hay debajo es tan pequeñito que no imagino cómo un hombre puede entrar ahí, ¡y menos aún cómo puede salir un bebé!
Pero dejando a un lado la censura, es importante tener en cuenta que estos fragmentos no son pornográficos. La pornografía es material que pretende excitar sexualmente y esa no era la intención de Ana cuando escribió a su confidente imaginaria, Kitty, para contarle este descubrimiento. Sin embargo, el motivo que da esta madre para quejarse en primer lugar es que estos pasajes incomodaron a su hija. Hasta cierto punto es comprensible, porque a esa edad todos somos impresionables y nos escandaliza hablar de sexo y de genitales, pero no es algo que nos traumatice.
Además, estoy segura de que hay chicas mayores que la autora en su momento que tampoco conocen sus genitales. Un ejemplo de esto se ve en Orange Is The New Black, donde le han dedicado al asunto varios fragmentos, como este: https://www.youtube.com/watch?v=Pk1A-0RsAiY y hasta una clase de anatomía: https://www.youtube.com/watch?v=SChcTUtyDR0.
¿No es mejor utilizar todos estos recursos que tenemos a nuestro alcance, la literatura en este caso, ya sea en forma de novela, diario, cómic, etc. para abordar estas cuestiones con naturalidad? Porque no hay mejor arma que estar informado, sobre todo cuando se trata de temas de salud. Ponerse las manos a la cabeza por cuestiones así no lleva a ningún lugar. De hecho, fragmentos como estos están escritos con gusto y describen algo que la mayoría de las niñas experimentan en algún momento u otro.
No obstante, en el trasfondo de todo esto hay algo más: a las mujeres se nos enseña de algún modo a avergonzarnos de los cambios por los que pasan nuestros cuerpos en la pubertad, a hablar de ellos en secreto e incluso a fingir que no existen. Sucede con mucha frecuencia en el caso de la menstruación, ese cambio de niña a mujer que tan en secreto se lleva. Una menstruación, además, que tiene que ser agradable y hasta… bonita. De ahí el hermoso y aséptico líquido azul en los anuncios de tampones y compresas, y la cantidad de eufemismos que tenemos para la regla o el periodo: tener la cosa, estar en esos días del mes, estar con el tomate (vale, este sería casi un disfemismo), etc.
En definitiva —porque tampoco quiero entrar en estos asuntos—, solo recalcar la importancia de la naturalidad cuando se habla de sexo y de anatomía. Y la importancia de no censurar al editar o traducir, de no mutilar las obras como se ha hecho en el pasado o bien prohibir su circulación.
Cándido, de Voltaire: confiscado en 1930 por la Aduana estadounidense por obscenidad.
Un mundo feliz, de Aldous Huxley: prohibido en Irlanda en 1932 por incluir referencias a la promiscuidad sexual.
Lolita, de Vladimir Nabokov: prohibido en Francia, Reino Unido, Argentina, Nueva Zelanda y Sudáfrica por su presunta obscenidad. Luego se hizo famosa la edición en cuya portada la niña chupaba una piruleta.
Madame Bovary, de Gustave Flaubert: a pesar de ser un clásico de la literatura, acusaron al autor de ofensa a la moral pública.
Ulises, de James Joyce: prohibido en Gran Bretaña y Estados Unidos durante los años treinta por su contenido sexual.
Alicia en el país de las maravillas, de Lewis Carroll: prohibida en un instituto estadounidense por contener referencias a la masturbación y las fantasías sexuales. Y prohibido en China en 1931 por el don del habla que tenían los animales.
En el caso de Ana Frank, este año se cumplen 70 años de su muerte y su diario sigue publicándose para que no olvidemos nunca su historia y el horror del que es capaz el ser humano, y eso es con lo que debemos quedarnos.
***
*El diario de Ana Frank se publicó por primera vez en España en 1955 con el título de Las habitaciones de atrás (Ed. Garbo, trad. María Isabel Iglesias).
El pasado 22 de noviembre se celebró TraduEmprende, la segunda jornada sobre traducción y emprendimiento, en la que tuve la suerte de compartir cartel con grandes profesionales del sector: Juan Yborra, que abría la jornada con el crowdsourcing; Javier Pérez, que nos explicó qué es la intertextualidad de una forma muy amena; Amaia Gómez nos contó el valor empresarial de las ideas y la importancia de sacar adelante los proyectos en los que cree; Irene Vidal trató el enfoque empresarial del traductor freelance; Gabriel Cabrera nos trajo una divertida ponencia sobre la fiscalidad del traductor contribuyente (¡y galletas!); Alessio Demartis habló de la vida del traductor autónomo y Lloyd Bingham nos animó a hacernos un nombre en el sector.
Mi charla trató la traducción editorial, que es de lo que os quiero hablar hoy, así que si no estuvisteis en la jornada ni la visteis por streaming, esta es la ocasión perfecta para saber de qué se habló.
En mi caso, quise abordar el ciclo de vida del libro para un traductor: desde cómo buscar trabajo en editoriales hasta cómo facturar una traducción literaria. Con esta charla pretendía que el traductor que empieza pudiera emprender en esta especialidad, una rama que no goza de todo el reconocimiento que merece. ¿No os parece que cuando decimos que somos traductores, la mayoría piensa que traducimos libros y, sin embargo, no se sabe tanto de esta especialidad?
Me centré en los siguientes apartados, que vosotros podréis ver también en el powerpoint y en el vídeo de la ponencia.
¿Cómo dirigirse a las editoriales? Cómo se puede buscar trabajo —al menos lo que yo suelo hacer—, cómo presentarse y qué información aportar.
¿Qué tarifas se barajan en este mundo? Hablar de tarifas siempre es controvertido, pero es interesante saber qué se paga y cómo se paga. ¿Se cobra por palabra, por página, por plantilla?
¿Cómo es un contrato de traducción? Se ven algunas cláusulas típicas que conviene conocer para no llevarse a engaño. Veremos que muchas de las cuestiones importantes ya se hablan con el editor antes de recibir el contrato, pero muchas otras (penalización por retraso, devolución para corrección, etc.) hay que leerlas bien y comentarlas con la editorial si es necesario.
¡Manos a la obra! Ya sea al enfrentarse a una prueba de traducción o al empezar un libro, ¿qué formato es el más habitual? ¿Qué estructuras se siguen? Muchas veces, las editoriales dan por supuesto que el traductor conoce al dedillo cómo se redactan los diálogos, por ejemplo, y no suele ser el caso. A grandes rasgos, veremos en qué forma debemos entregar nuestra traducción, qué debemos tener en cuenta y qué trucos se pueden usar para agilizar nuestro trabajo.
¿Qué pasa a continuación? Una vez hemos entregado la traducción, ¿qué le sucede a nuestro texto? Conoceremos la etapa de corrección, los cambios que puede sufrir la novela y en qué errores solemos caer los traductores, con el fin de evitarlos.
En definitiva, aunque haya mucho de qué hablar y algunos aspectos deban tratarse de manera algo superficial, puede ser de gran utilidad para los traductores que empiezan y que quieran probar suerte en este campo y no sepan cómo.
La unión hace la fuerza
Para la preparación de esta ponencia quise realizar una encuesta a otros compañeros. No quería hablar solo de mi experiencia porque de algún modo puede ser sesgada, de modo que preparé algunas preguntas y cincuenta traductores editoriales tuvieron a bien contestarlas, con lo que la información presentada era mucho más veraz. ¿Queréis saber qué me contaron?
Los resultados van en la línea de lo que presentaba el Libro Blanco de la traducción editorial en España de 2010. En general, los traductores editoriales no se dedican exclusivamente a ello sino que lo compaginan con otros tipos de traducción (la técnica parece ser la más habitual), suelen trabajar con contrato, cumplen los plazos religiosamente y no suelen percibir royalties por su trabajo salvo en contadas ocasiones. La mayoría expresa su insatisfacción con las tarifas actuales y se queja de lo mal pagada que está la traducción editorial. En este sentido, nada sorprendente, puesto que la traducción editorial es preciosa, pero mal retribuida.
En efecto, observé disparidades en cuanto a tarifas. La plantilla más utilizada para el recuento de caracteres es la holandesa (2100 caracteres con espacios) y los precios más habituales están entre 10 € y 12 €. No obstante, pueden encontrarse 7 € por plantilla (y yo diría que menos en algunos casos recientes) y llegar a los 14 €, incluso.
Además, son tarifas negociables en su mayoría. Muchos traductores pueden negociar el porcentaje de compensación con el editor, que oscila entre el 10 % y el 20 %, según lo observado. Para más información acerca de este porcentaje, os dejo aquí este brillante artículo de David Paradela.
La plantilla de 1800 caracteres también es otra de las más usadas, cuyos precios más habituales rondan los 10 € y 11 €. Y en cuanto a cobrar por palabra, que es muy poco usual, los precios difieren muchísimo, ya que hay compañeros que han cobrado 3 céntimos/palabra y otros que han llegado a los 5 e incluso 7. De todos modos, los precios varían según la editorial.
En cuanto a los ejemplares que el traductor recibe de su obra también hay bastante diferencia. La media está en unos tres ejemplares, si bien hay quien solo recibe uno y quien llega a recibir cinco e incluso diez.
Otros comentarios que me hicieron llegar:
La traducción editorial es, cada año que pasa, más desagradecida.
Que en X (oculto nombre de la editorial por si acaso) son unos piratas garrapata y han bajado las tarifas un 20%. Y en Z siempre han intentado chulearme con los contratos con cláusulas abusivas, etc.
A ver si los colegas se tiran al rollo y son sinceros y vemos cuánto se paga realmente, al menos entre los más jóvenes. (¡Lo hicieron y les estoy muy agradecida!)
Dedico a este tipo de traducción entre el 25% y el 50% de mi actividad. Lo hago porque me gusta, y preferiría dedicarme al 100%, pero con las tarifas actuales no llegaría a fin de mes (o, para llegar, tendría que aceptar más encargos de los que puedo cumplir con la mejor calidad). Por eso debo complementarlo con la traducción técnica, que es la que realmente paga mis facturas.
Me parece muy complicado «entrar en el circuito» de la traducción literaria.
Me dediqué a ella cuatro años sin parar y después pasé dos y pico sin tocarla y la vuelta fue relámpago porque llevo otro año sin hacer literaria, y no es por falta de ganas o de calidad del trabajo.
Las tarifas aún son considerablemente bajas en algunas editoriales y lo más triste es que algunas pertenecen a grupos grandes que se podrían permitir subirlas.
También surgen editoriales pequeñas que no hacen contrato, o te hacen pagar por trabajar, y considero que no deberíamos aceptar tales condiciones.
Aquí van todos los gráficos con los resultadosde la encuesta:
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Una vez dicho todo esto, os dejo con la presentación en slideshare y el vídeo de la charla.
(el formato ha cambiado al subirlo a slideshare, pero la calidad es bastante aceptable)
Vídeo de las ponencias. La charla sobre traducción editorial empieza en 8:26:13 (aunque recomiendo que le echéis un vistazo a las demás también):
Por último, ¿qué se dijo en twitter? La etiqueta #traduemprende recogió los tuits sobre el evento y aquí os dejo lo que se tuiteó acerca de mi charla:
Y, por hoy, me despido con imágenes del evento. Por mi parte puedo decir que fue un honor compartir este día con todos los ponentes y los asistentes, que la organización fue impecable y que acabé con muy buen sabor de boca. Espero que los compañeros que asistieran al evento saquen provecho de todo lo que se dijo, que no fue poco 🙂
¡Gracias por leerme y hasta la próxima!
Algunos ponentes el día antes de la jornada
Foto de familia en el cóctel
Pasándolo pipa en el cóctel
El delicioso pastel del cóctel
Almuerzo previo a mi charla
Absortos
En un momento de la charla
La imagen motivadora
Respondiendo las preguntas de los asistentes
Con una bella compañera
Cena posterior a las charlas
Celebrando el éxito de la jornada
Pegatina que repartí
Segundo diseño
Tercer diseño
Tarjetas nuevas para la ocasión
***
Más información:
1. ¿Qué se dijo del TraduEmprende? Leon Hunter, el organizador, recopila en esta entrada todos los artículos relacionados con la jornada.
Hablo de «sensualidad» pero en esta entrada la temperatura va a subir unos grados. Si alguien es propenso a las arritmias, le aconsejo que deje de leer. Tampoco es apta para los que se escandalizan con facilidad.
Además de dar un repaso a la traducción de la literatura romántica (la rosa, vamos, no la de Victor Hugo) y la erótica, al final veremos un poco el trasvase (EN-ES) de las expresiones sobre amor y sexo que suelen encontrarse en estos libros. [En realidad tenía ganas de hablar de este tipo de vocabulario; lo de las novelas rosas era una excusa.]
Tipología
Para empezar, existen varios tipos de novela rosa o romántica, dependiendo de la época en la que esté ambientado o el tipo de historias o tramas que se desarrollen.
En primer lugar tenemos la novela romántica histórica, que si bien abarca varios tiempos y lugares, en general suele estar ambientada en la edad media, la Regencia británica y la Época victoriana (Inglaterra y Escocia del siglo XIX). En este apartado situaríamos también las famosas novelas que tienen como escenario las Highlands y unos cachas con kilt en las portadas.
Las protagonistas suelen ser jovencitas vírgenes o inexpertas sexualmente, en ocasiones abandonadas a su suerte, cuyo arroz está a punto de pasarse. Pero, no temáis, encontrarán al mozo de buena familia que caiga rendido a sus pies y las salve de una vida solitaria rodeadas de libros, gatos o flores que regar (no, no lo digo en broma).
La redacción de estas novelas suele ser más ligera en cuanto a contenido sexual. No hay referencias explícitas al sexo y sí muchas metáforas e imágenes. Por ejemplo, no pierden la virginidad, las desfloran, así como tampoco existe el «clitoris» ni «clit», sino «a delicate nub». Lo mismo pasa con los labios menores, que pasan a ser «folds of flesh». Las pobres no llegan al orgasmo pero sí a «la petite mort«, así, en francés, que queda más fino.
Además suelen tener un vocabulario propio que le dé la pátina histórica que necesita. He aquí un diccionario romántico donde poder entender muchas de estas palabras. La primera novela que traduje fue de este tipo y os aseguro que me costó sudor, lágrimas y no sangre pero sí muchas consultas en los foros de Proz. Abundan las descripciones de paisajes, edificios (caserones con salones de distinta denominación) y, sobre todo, de la ropa que se llevaba entonces. (No veáis la de capas que se ponían encima… Así duraban los preliminares lo que duraban, entre quitar refajos, ligueros, enaguas, corsés…)
Otra dificultad en estas novelas es el tratamiento de los personajes debido a las marcadas clases sociales. Algo tan nimio como puede parecer el «you» en inglés tiene enjundia en la traducción. Si a veces ya cuesta saber si es mejor traducirlo por tú o por usted, aún es más difícil cuando hablan dos jóvenes del siglo XIX. ¿En qué momento empiezan a tutearse? En general yo opto por hacerlo cuando ya han intimado pero, claro, delante de otros personajes que no lo saben hay que conservar el usted. ¡Imaginad el revuelo que provocaría que se supiera que la damisela de buena familia se ha revolcado en el pajar con el mozo de cuadra! En definitiva, que no es tan fácil como parece aunque sí muy divertido.
En segundo lugar tenemos la novela romántica contemporánea, que cuenta con varios subgéneros. Está el juvenil (saga Crepúsculo, aunque este se mezcla con el género sobrenatural y con mucha contención sexual, sobre todo porque la señorita Meyer es mormona), el suspense (que encabeza Nora Roberts, con libros cuyas historias parecen tramas de una película dominguera de esas que tanto gustan en Telecinco o Antena 3) y las novelas llamadas chick lit en el mundo anglosajón («chick» por chica en inglés estadounidense y «lit» por literatura).
Estas se centran en los problemas de pareja y de sexo. Las protagonistas son mujeres liberadas, jóvenes profesionales en su mayoría, que suelen tener dificultades para encontrar pareja o un novio que les sea fiel y viven en una gran ciudad: Nueva York (novelas de Candace Bushnell), Londres y Dublín (libros de Marian Keyes), entre otras.
Aquí prima la naturalidad y el lenguaje suele ser más fresco y desenfadado. Hay mucho argot y, según la autora, es posible que haya también palabras malsonantes (lo veréis al final de la entrada). Al fin y al cabo lo que se pretende es reflejar la vida cotidiana.
Por último está el romance fantástico o paranormal, con historias de todo tipo. Las hay cuyas protagonistas viajan por el tiempo o bien están ambientadas en la época actual pero existen mundos paralelos, o submundos, con criaturas de lo más variopinto. El año pasado traduje un par de novelas de este tipo en los que la heroína luchaba contra unos seres deformes adictos al sexo.
Apartándonos un poco del romanticismo en sí, encontramos las novelas eróticas, a las que pertenece la célebre serie de E. L. James (Cincuenta sombras de Grey o Fifty Shades of Grey; título, por cierto, con un juego de palabras difícil de adaptar). Bueno, romance hay pero no nos engañemos: aquí hay tomate.
Foto del gran éxito de ventas con otra novela del estilo con portada parecida y exacta publicidad en el adhesivo (aunque la editorial es distinta). ¿Coincidencia? No lo creo.
En esta nueva ola literaria, las protagonistas experimentan con juegos sexuales, bondage, sadomasoquismo, etc., y tanto el sexo como las referencias anatómicas son mucho más explícitas. Aquí ya no «se introducen en…» sino que «penetran», por poner un ejemplo básico. Sin embargo, es curioso que a la hora de traducir muchas editoriales piden rebajar o suavizar el tono.
Mi última traducción ha sido Pleasure’s Edge (Eve Berlin), un libro precisamente de este tipo en el que la protagonista quiere explorar el mundo del BDSM para su próxima novela. Podéis imaginar el grado de investigación para algo así y la cara que se te queda cuando te sorprenden buscando imágenes en Google de los juguetitos en cuestión. Porque, no sé vosotros, pero yo no suelo encontrar en mis textos términos como «paddle», «cane», «flogger», «cuffs» y menos aún juntos. Lo bueno es la riqueza de vocabulario que adquieres; aprendes a distinguir bien los látigos de las fustas y las palmetas, por ejemplo.
Un flogger o látigo
También descubres cosas que ni imaginabas que existían, como los «vampire gloves»: unos guantes de cuero con unos pinchitos para que la experiencia del azote sea más gratificante. Y, claro, esa es otra. La de prácticas y posturitas que uno aprende con un libro así…
Con todo, por muy macarras que parezcan algunas escenas, el texto tiene que resultar elegante (si lo es el original también, claro) y eso es complicado. Para mí, las escenas de sexo son las que cuestan más de traducir. No es un manual de instrucciones donde debas introducir la clavija en el enchufe; el acto en sí debe fluir (no pun intended) y resultar natural.
Las lectoras
Siempre ha habido una gran demanda de novela romántica y erótica, y las lectoras (sí, la mayor parte son mujeres) se reúnen, forman clubes y foros. De hecho son casi un lobby y, dicho por una editora, suelen ejercer bastante presión.
Cuando empecé a traducir libros de este tipo descubrí la página de Autoras en la sombra. Es una especie de foro de lectoras muy profesional donde escriben artículos y se mantienen al día en cuanto a las novedades editoriales tanto nacionales como extranjeras. ¡Ah! Y tienen un apartado con reseñas y críticas en la que a veces se despachan a gusto con el traductor.
Y lo mejor, igual que pasa con los fansubs, aquí también hay traducciones pirata. Muchas de estas novelas no llegan a ver nunca la luz en nuestro país, o tardan en hacerlo, y ellas se encargan de traducirlas. Como son novelas de grosor considerable la mayoría de las veces las hacen entre varias, con el consiguiente batiburrillo de estilos (y de errores).
Las famosas cubiertas
Seguramente hayáis visto a alguien leer un libro en el metro con las tapas forradas (con papel de regalo, de periódico o, las más profesionales, con fundas de plástico). Lo más seguro es que debajo se esconda una novela romántica y no es que el lector quiera protegerla del sudor de las manos, sino de las miradas indiscretas.
Reconozcámoslo, llaman mucho la atención porque las hay que son muy kitsch. Las imágenes más recurrentes son torsos embadurnados de aceite, parejas que no pueden dejar de tocarse o, como decía antes, el hombretón escocés con la espada desenvainada (literal). Si queréis reír un rato, en esta página encontraréis los diez elementos clave a tener en cuenta para una cubierta de lo más cursi.
Análisis gráfico de una cubierta
Afortunadamente la tendencia está cambiando. Hace tiempo que las lectoras piden cubiertas más elegantes o, al menos, más discretitas. En este sentido, muchas editoriales norteamericanas han optado ahora por una doble cubierta: una más seria en la que consta únicamente el título y la autora, y otra debajo con la imagen tórrida (y el hombre con el torso desnudo otra vez).
Aunque parece que en esto de las cubiertas, los videojuegos no se quedan atrás y muchas veces el modelo ha hecho doblete, como Fabio Latanzi en Ironsword y luego en incontables cubiertas del género.
El lenguaje
Como todo, el lenguaje empleado depende mucho de la tipología de la que estemos hablando. Una novela histórica suele estar redactada con expresiones más contenidas y referencias sexuales veladas mientras las más contemporáneas no tienen tapujos para hablar de posturas y juguetes sexuales, por ejemplo.
Veamos una pequeña colección de vocabulario que abunda en estas novelas y que vale la pena conocer (no solo para traducir). Muchas de las expresiones aquí recogidas son malsonantes, así que recomiendo prudencia.
Si queréis descargarlas, las tenéis en este documento: Glosario sensual.
1. Descripciones físicas
Para ambos sexos:
He’s / she’s cute
Es mono/a
He’s / she’s hot
Está bueno/a
He’s / she’s sexy
Es sexy
He’s / she’s fit
Está bueno/a; tiene un buen tipo…
He’s / she’s stunning
Es impresionante
He’s / she’s tasty
Está para comérselo/a
He’s / she’s a hottie (AE)
Está muy bueno/a
He’s / she’s got it going on (AE)
Está cañón; está como un tren…
Para ellas:
She’s a babe
Está buena
She’s smokin’ hot (AE)
Está como un tren
She’s bangin’(AE)
Está cañón
She’s phat (AE)
Está buenísima (phat son las siglas de “pretty hot and tempting”)
She’s got a nice rack (AE)
Tiene pechonalidad
She’s got great jugs
Tiene unas tetas enormes
She’s got great pups (BE)
Tiene unos buenos melones
She’s got eggcups (BE)
Tiene dos peritas
She’s got a nice ass (AE)
Tiene buen culo
She’s flat
Está plana
She’s flat as a pancake
Está más plana que una plancha
She’s got saddlebags
Tiene cartucheras
She’s a butter-face
Está buena pero es fea/es un callo (butter-face viene de “everything’s fine but her face”)
Y no olvidemos:
She’s got great…
Tiene unas… espectaculares
…tits, knockers, hooters (AE), jugs, boobs, puppies (BE)
…tetas, peras, brevas, melones, domingas, lolas.
En cuestión de genitales encontramos de todo. En las novelas históricas (o románticas más suaves) lo más normal es que hablen de «cleft» (hendidura) como eufemismo para la vagina. En las más modernas se lee más «pussy» y en mucha menor medida «cunt» (este término puede resultar muy ofensivo y en general se usa para insultar a alguien).
En contextos informales y humorísticos puede encontrarse también «va-jay-jay«. De hecho, si buscáis por Internet descubriréis que quien popularizó la expresión fue la mismísima Oprah Winfrey.
En español tenemos muchos nombres también, claro. Tenemos el clásico, «vagina», que se usa bastante si no se quiere ser soez y también «vulva», pero este último lo reservaría para textos más divulgativos, no para los literarios. Otros sinónimos informales (y de tinte soez) son: «chocho», «coño», «conejo», «chumino», «almeja», «potorro», «chirri» y «concha» (más latinoamericano). Claro que, en pos de la corrección y la elegancia, muchas veces opto por hablar de «su sexo».
Para ellos:
He’s well hung
Está bien dotado
He’s got a nice package
Tiene un buen paquete
He’s got great pecs
Tiene un pectoral para comérselo
He’s totally ripped
Está cachas
He’s bluff / a hunk / a beefcake
Está muy cachas
He’s got a six-pack
Tiene tableta de chocolate
He’s got man boobs
Tiene tetas (porque está rollizo, vamos)
He has a beer gut/belly
Tiene tripa cervecera
He has love handles
Tiene michelines (pero a la inglesa suena tan bien…)
He has rolls (AE) / tyres (BE)
Tiene michelines
Y sus genitales:
…dick, cock, shlong (AE), willie (AE)
…polla, nabo, rabo, cimbrel (y un «largo» etcétera)
testicles
testículos
balls
huevos, cojones, pelotas, bolas, saco de nueces…
En romántica, muchas veces se le denomina «shaft».
2. Las actitudes
En el caso de las féminas:
She’s a…
Es una…
bitch
puta, guarra
skank (AE)
puta de mierda
hoebag
golfa, puta
slapper (BE)
zorra, puta
tart (BE)
puta, putilla
slut
guarra, puta putilla
dog (BE)
zorrón / fea, un callo
prude/frigid
muy mojigata/frígida
flirt
ligona
(cock)tease
calientapollas/calientabraguetas
easy
fácil
ho
golfa
hoochie (AE)
zorra
stuck-up
creída, estúpida…
tight-ass
estrecha
Y en el caso de los varones (y barones si se trata de romance histórico, aunque el vocabulario no suele ser tan crudo):
He’s…
a gentleman
es un caballero
all talk
habla mucho
a flirt
es un ligón
a tease
es un golfo
a player
es un ligón
a womanizer
es mujeriego
a creep
es asqueroso
a scumbag
es un cabrón
a slaze
es un cerdo
an arsehole (BE) / asshole (AE)
es un hijo de puta, mamonazo…
a dick
es un gilipollas, imbécil (literalmente: polla)
a wanker (BE)
es un gilipollas, imbécil (literalmente: pajillero)
a freak
es un friqui
a dumb jock
está cachas pero es tonto
a prick
es gilipollas
Y cuando los personajes se enfadan, hay para todos:
You’re such…
Eres…
a numpty (BE)
lelo, cortito
a moron
subnormal
an airhead (AE)
un cabeza hueca, panoli
a nitwit
un papanatas
a dumbass
imbécil
a numbnuts (AE)
gilipollas
Si se quiere atacar a un hombre por su cornamenta se le puede llamar «cuckold«, un término que en inglés también puede usarse como verbo transitivo.
3. Las relaciones
Los momentos buenos:
We’re just fooling around / messing around (AE) / It’s just a bit of fun
No tenemos nada serio. / Nos lo pasamos bien y listos.
Solo follamos / Somos follamigos. (dudando con el término, quizá no lo pondría por escrito aún)
We got together. / We’re going out.
Estamos saliendo.
Los no tan buenos:
Let’s just be friends.
Podemos ser amigos.
Let’s take a break.
Démonos un tiempo.
I need some space.
Necesito más espacio.
We should see other people.
Deberíamos quedar/salir con otras personas.
I’m not ready for this.
No estoy preparado/a para una relación.
It’s not you, it’s me.
No es culpa tuya; es solo mía.
It’s over. / We’re through.
Se acabó.
I’ve met somebody else.
He conocido a alguien…
4. Los tratamientos
La verdad es que hay de todo, como en castellano, y depende de la relación que se tenga en la pareja. Aquí están los más habituales:
baby, babe
cariño
sweetie
cielo
my love
amor, cariño
honey / honey bunch
cielo
dear
querido/a
sweetums
churri
gorgeous
guapo/a
sexpot
bombón
boo (AE)
mi niña, cariño
5. La acción
Bésame, bésame muuuuuucho…
Give me a smooch.
Dame un besito.
We made out.
Nos hemos liado.
They got off with each other.
Se morrearon.
He kisses like a washing machine / like a wet fish.
Besa como una lavadora en pleno centrifugado… (más o menos ya os lo imagináis)
He fished for my tonsils.
Me besuqueó (y no convenció, vamos)
There was a bit of tonsil action / tonsil hockey going on.
Me dio unos besos impresionantes, de tornillo, de infarto… / Nos liamos…
They were snogging at the party
Se estaban liando en la fiesta.
Si la cosa empieza a calentarse…
Can we go somewhere quieter?
¿Buscamos un sitio más tranquilo?
Do you want to come in for a coffee / for a drink?
¿Subes a tomar un café, una copa…? (buena excusa)
I’m horny, baby.
Estoy cachondo/a.
Do me.
Fóllame.
Cuando la cosa está que arde hay varias opciones. Tenemos el típico «make love» para hacer el amor, pero en muchas de las novelas de romance contemporáneo o las eróticas muchas veces se emplean otras expresiones, como:
We fucked, screwed, banged (AE), shagged (AE)
Hemos follado, echado un polvo, echado un quiqui/kiki…
En las de romance juvenil o cuando las referencias son más veladas suele recurrirse a un «we did it» (lo hicimos) o a algo que deje la duda en el aire como «we hooked up» (AE) o «we shacked up» (BE) que puede entenderse también como liarse.
Otras formas:
We slept together.
Nos hemos acostado.
We spent the night together.
Hemos pasado la noche juntos.
I went home with him/her.
Me fui a su casa (y no jugasteis al parchís, seguramente)
Aunque si se quiere alardear un poquito, siempre es mejor usar fórmulas como «he pulled last night» (BE) o «he scored last night», vamos, que el machote pilló cacho.
Si el sexo con otra persona no basta, siempre se puede recurrir a un «threesome» (trío) o un «foursome» (sexo con cuatro personas) o incluso a un «moresome» (me imagino que aquí ya equivale a orgía, «orgy«). Si la chica es la última fémina dentro de un grupo de hombres, lo más seguro es que estemos delante de un «gangbang«. En fin, que hay nombres para todo tipo de realidades.
En cuanto a otras prácticas, tampoco podemos entrar al detalle porque son innumerables y muchas son trasladables al 100% («French kiss«, «Greek kiss«, «golden rain/shower«…) pero sí hago una breve mención a algo que me resultó curioso: una «cubana» en inglés es «Dutch fuck«. ¿A qué se deberá el cambio de nacionalidad?
Y hasta aquí el repaso más textualmente encendido de las novelas romántico-eróticas y su vocabulario. ¿Hay algo que os haya sorprendido?
Hoy hablamos de algunas curiosidades de la traducción literaria. No quiero ser paliza ni dar mucho la vara con el tema histórico pero sí creo que hay muchos aspectos desconocidos que vale la pena refrescar de vez en cuando.
Por ejemplo, ¿sabíais que un traductor británico simplificó y recortó Guerra y paz? ¿Y que los lectores de Murakami al inglés se debaten entre los traductores de este escritor japonés? ¿Y sabíais que ser traductor puede ser una profesión de riesgo? ¿No? Pues seguid leyendo.
La traducción como literatura
Una de las mejores partes de Los cuentos de Canterbury de Chaucer es «El cuento del caballero», considerado un punto álgido de la literatura medieval inglesa. Sin embargo, este cuento es una traducción de la Teseida de Boccaccio. Esto no quiere decir que el poeta inglés tradujera el poema italiano verso por verso. De hecho, solamente un centenar de versos del poema de Chaucer son traducciones aproximadas del de Boccaccio, que tiene unos 10 000 versos. Hay otros 400 versos de «El cuento del caballero» que guardan cierto parecido verbal. La mayor parte del poema de Chaucer, de 2 250 versos, es original. Pero ahí no acaba todo. A su vez, la Teseida de Boccaccio se basa de una forma parecida en la Tebaida de Estacio.
Hubo una época en que la originalidad en literatura no estaba bien vista del todo y los escritores basaban sus historias en aquellas que ya se habían escrito antes. A lo que voy con todo esto es que el abismo que vemos entre escritura y traducción (que muchos consideran un proceso más mecánico que creativo) es algo mucho más imaginario que real.
Esto mismo podría haber esgrimido Ana Rosa Quintana cuando el escándalo de «su» novela Sabor a hiel, que contenía párrafos de obras de autoras conocidas por el gran público como la norteamericana Danielle Steel y la mexicana Angeles Mastretta. Primero dijo que había sido un «error informático» y luego culpó a un familiar, que le había hecho las veces de negro.
Sensibilidades culturales
Traducir literatura no es lo mismo que traducir informes de empresa. No voy a entrar en cuestiones de mérito ni de qué es mejor ni nada por el estilo, porque cada texto y cada traducción son distintos. Me refiero a que no es una mera cuestión de exactitud. Los traductores literarios deben tener en cuenta la musicalidad y el ritmo de lo que se escribe en el idioma de llegada. También deben facilitar la transferencia cultural de una mentalidad a otra.
Sin embargo, esto puede llegar demasiado lejos, como es el caso de la traducción al inglés de los grandes nombres de la literatura rusa. Constance Garnett tradujo 70 grandes obras rusas de grosor considerable. Para conseguir tal hazaña, Garnett traducía muy deprisa, se saltaba los fragmentos más difíciles y cometía muchos errores. Pero lo peor fue que introdujo sensibilidad victoriana en las obras de Tolstoy, Gogol y Dostoyevsky. Tuvo que pasar un siglo hasta que Richard Pevear y Larissa Volokhonsky elaboraran unas versiones más fidedignas de la sobras rusas, ya en la década de los noventa.
En octubre de 2007, la edición de Guerra y paz del traductor británico Andrew Blomfield volvió a abrir la caja de los truenos y a avivar el debate. Este acortó la novela de 1267 a 886 páginas y le dio un final feliz. Su editor, Ecco, estaba encantado con la versión de Bromsfield y defendía que «era el doble de corta y cuatro veces más interesante… Más paz y menos guerra».
Traducciones de Nobel
Animo a los traductores de mis libros a tomarse todas las licencias que consideren necesarias. No es un gesto heroico aunque pueda parecerlo ya que, al trabajar con traductores todo este tiempo, he aprendido que la novela original es, de una forma u otra, una traducción en sí misma. No se ha traducido de otro idioma pero sí se traducen las imágenes en la mente del escritor a otras imágenes que se puedan plasmar en el papel.
Como dice Michael Cunningham, autor de Las horas, en esta cita extraída de una entrevista en The New York Times (2 de octubre de 2010), los escritores traducen sus imágenes mentales a palabras y los lectores las traducen a su vez y obtienen sus propias imágenes. Pero el traductor en este proceso no es un elemento más; es esencial.
De hecho, se dice que fue gracias a las traducciones al inglés que hizo Gregory Rabassa de la obra de Gabriel García Márquez lo que hizo que preseleccionaran al novelista colombiano para el premio Nobel, que al final consiguió.
Espaguetis al dente
De momento, a modo de resumen, tenemos claro que una buena traducción no debería dar la impresión de ser una traducción sino de estar escrita originariamente en la lengua de llegada, que debería reflejar el estilo y el etos del escritor original y, al mismo tiempo, adaptar aquellos elementos culturales que dificultarían sobremanera la experiencia lectora.
No obstante, en última instancia, siempre hay una dosis de subjetividad. Alfred Birnbaum, profesor inglés, tradujo las primeras obras del japonés Haruki Murakami. El primer fragmento de la Crónica del pájaro que da cuerda al mundo (1997) se redactó así:
«I’m in the kitchen cooking spaghetti when the woman calls. Another moment until the spaghetti is done; there I am, whistling the prelude to Rossini’s La Gazza Ladra along with the FM radio. Perfect spaghetti-cooking music. «I hear the telephone ring but tell myself, Ignore it. Let the spaghetti finish cooking. It’s almost done, and besides, Claudio Abbado and the London Symphony Orchestra are coming to a crescendo.»
Cuando la fama de Murakami se extendió, Jay Rubin fue escogido como su traductor oficial. El mismo fragmento quedó así:
«When the phone rang I was in the kitchen, boiling a potful of spaghetti and whistling along with an FM broadcast of the overture to Rossini’s The Thieving Magpie, which has to be the perfect music for cooking pasta. «I wanted to ignore the phone, not only because the spaghetti was nearly done, but because Claudio Abbado was bringing the London Symphony to its musical climax.»
Jay Rubin y Haruki Murakami
El estilo de Rubin es más elegante y fácil de leer. Sin embargo, muchos de los primeros adeptos de Murakami en lengua inglesa ya se habían acostumbrado al estilo más brusco y directo de Birnbaum y le consideraban la voz auténtica del novelista japonés. Y la «controversia» aún sigue viva hoy. Parece que, como en tantos otros aspectos de la vida, no se puede complacer a todo el mundo.
Una profesión de riesgo
Un apunte curioso para terminar; algo que quizá nunca nos habíamos planteado sobre los traductores literarios. Los servicios secretos británicos consiguieron proteger la vida de Salman Rushdie cuando Los versos satánicos (1988) ofendieron al mundo árabe. No obstante, algunos de sus traductores no gozaron de dicha protección y corrieron menos suerte. Asesinaron a su traductor al japonés, Hitoshi Igarashi, golpearon y apuñalaron al traductor italiano, Ettore Capriolo, en Milán y también atentaron contra la vida del editor noruego, William Nygaard, a quien tirotearon frente a su casa en Oslo y quedó gravemente herido.
Rushdie, al enterarse de la muerte del traductor japonés escribió: «La traducción es una especie de intimidad, una especie de amistad, y por eso lloro su muerte como lloraría la de un amigo».
Y es que el papel de los traductores en el mundo de la literatura (y en general, evidentemente) debería valorarse mucho más. Son los que nos permiten vislumbrar las vidas de las personas cuya experiencia cultural dista mucho de la nuestra. A través de los traductores literarios vivimos otras vidas. O, en palabras del traductor de Stieg Larsson, Reg Keeland: «Let’s face it, reading good fiction from other countries is a fantastic way to learn about other cultures without leaving your armchair”.
Sant Jordi, el Día del Libro, me ha parecido siempre un día muy especial. Es un día de celebración de la lectura y, por extensión, de la originalidad y la imaginación. Al fin y al cabo, leer nos abre las puertas a otras realidades, a nuevos mundos. Como dice George R.R. Martin en A Game of Thrones: «A mind needs books as a sword needs a whetstone, if it is to keep its edge».
A modo de inciso, aprovecho para comentar que no creo que deba verse la lectura como algo a lo que obligar, sino como un acto motivado por la curiosidad y por el afán de saber, comunicarse. Para mí la lectura es como escuchar a una persona que de otra manera no podría comunicarse conmigo.
Además, el dominio del lenguaje no se adquiere solamente con el estudio exhaustivo de las normas gramaticales. Existe un camino más rico, más sugerente y, por supuesto, mucho más divertido: la lectura de obras literarias ya sea en nuestro idioma, en otro o a través de una traducción.
La traducción literaria
El libro no es más que uno de los soportes que sirven para cualquier tipo de traducción. La traducción literaria se refiere a la de aquellas obras o textos que sirven generalmente en su lengua original para crear o reflejar una experiencia estética o artística, en lugar de estrictamente recoger y transmitir información o conocimientos, ámbito propio de la traducción técnica.
La traducción literaria requiere habilidades en estilo, una buena imaginación y una gran base cultural porque las obras suelen estar fuertemente impregnadas de la cultura de la lengua en la que están escritas. Este tipo de traducción requiere que el traductor posea el mismo conocimiento y dominio de la lengua de partida que de la lengua de llegada (como en cualquier otro tipo de traducción, evidentemente), pero sobre todo de los contextos culturales e históricos propios del texto literario correspondiente en ambas lenguas.
El traductor literario, además de enfrentarse a las dificultades que presenta toda traducción, ha de atender a la belleza del texto, a su estilo y sus marcas (léxicas, gramaticales o fonológicas), teniendo en cuenta que las marcas estilísticas en una lengua pueden no serlo en otra. Debe tratar de reproducir el efecto completo del texto original en el lector de lengua de destino, por lo que debe recoger el significado adecuado de las palabras y evocar las mismas emociones que el original. En este sentido traducir poesía, por ejemplo, ofrece un doble desafío ya que hay que respetar tanto el sentido como la métrica.
Por último, la traducción literaria es también una forma de crear: una obra traducida es siempre otra obra distinta, adquiere significados diferentes, ritmos diferentes, contenidos diferentes, el éxito al traducirla está sobre todo en el placer estético que provoca.
La visibilidad del traductor literario
Como en las demás áreas de traducción, el traductor es ese ser que trasvasa la información de un texto de una lengua a otra pero pocas veces tiene rostro. En este sentido, la ACEC lanzaba hace unas semanas la campaña “¿Quién ha traducido el libro?” en pro de la visibilidad de la traducción literaria. De esta manera se pretende luchar contra la práctica periodística que consiste en no mencionar el nombre del traductor o traductora cuando se comenta un libro traducido de otra lengua. Al fin y al cabo, cuando alguien cita un párrafo de una novela traducida o comenta lo bien escrito que estaba el libro X o Y, en realidad está hablando de la traducción, no del original.
Por su lado, el grupo Tibónidas realizó una encuesta acerca de esta misma cuestión en la Feria del libro de Granada en 2011, que concluyó que la gran mayoría de la gente si bien reconocía la importancia de la calidad de las traducciones, admitía no comprobar el nombre del traductor de las obras que leían. ¿Lo más positivo? Muchos aseguraron que a partir de entonces se fijarían más.
Sin embargo, a mi parecer, la responsabilidad primera recae en los editores, porque es la editorial quien decide cómo se menciona al traductor del libro en cuestión. La mayoría de las veces, el nombre aparece en la página del título interior y en la de los créditos. Por poner un ejemplo, barro para casa:
En el caso de otras editoriales, como Acantilado, el traductor aparece en la misma portada e incluso en internet se recoge el nombre justo debajo del título:
Es cierto que el traductor cobra; es cierto que no en todos los trabajos los empleados tienen el reconocimiento que se merecen; es cierto que los traductores nos hacemos muy pesados con este tema, pero hay que darse cuenta de que es un trabajo duro, arduo, que muchas veces se prolonga varios meses y, en definitiva, si nosotros no luchamos por esto, nadie lo hará.
En Abacus y en Fnac deberían hacerme un bono especial. Cada vez que entro una vórtice espaciotemporal me engulle y me acabo dejando medio sueldo…
Esta vez no ha sido diferente y he salido con tres novelas gráficas la mar de apetitosas: Las calles de arena, de Paco Roca (genial autor de Arrugas), Píldoras Azulesde Frederik Peeters y El arte de volar, de Antonio Altarriba, que recibió el Premio Nacional de Cómic de Cataluña. Y no puedo esperar a hincarles el diente.
Y a todo esto, ¿qué es una novela gráfica? ¿Es un cómic? ¿Una novela ilustrada? Pues un poco de todo. Incluso hay quien defiende que, en sí, es un movimiento que tiene su propio manifiesto. A mí empezaron a gustarme desde que leí la monumental Maus de Art Spiegelman en inglés.
Si queréis ver una pincelada, aquí tenéis un interesante tráiler:
De hecho, fue esta obra la que dio a conocer más el género, mereció una atención más respetuosa por la “alta cultura” en EE.UU. (los cómics son por definición un entretenimiento infantil), vendió medio millón de ejemplares en librerías y ganó un premio Pulitzer especial en 1992. ¿Y de qué va? Pues es una historia del Holocausto con protagonistas nada convencionales (gatos y ratones, seguro que adivináis quién es quién) y de origen autobiográfico. Una joya.
Poco después cayó en mis manos Blankets de Craig Thompson, que narra la atribulada adolescencia del autor. No es un novelón pero me gusta cómo nos deja ver parte de su vida como si le estuviéramos espiando, por decirlo de algún modo.
Luego han venido muchas otras de las que necesitaría varios posts para hablar, así que os dejo con mi top five con algunas reseñas:
Narra las vivencias de unos ancianos en una residencia. Una historia conmovedora sobre el Alzheimer. Quizá sea una opinión muy parcial (aunque todas lo son) porque lo leí poco después de la muerte de mi abuelo, pero es de los cómics que dejan huella. http://www.guiadelcomic.com/autores/paco-roca/arrugas.htm
La historia autobiográfica de la autora iraní, de cómo creció en un régimen fundamentalista islámico que la acabaría llevando a abandonar su país. http://www.guiadelcomic.com/comics/persepolis.htm
5. KIKI DE MONTPARNASSE. Jose-Louis Bocquet. Editorial Sinsentido.