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Por desgracia, una de las pesadillas más temidas del traductor autónomo es el cobro de impagos. Tú entregas el trabajo a tiempo, pasan las semanas y aquí no cobra ni el Tato. Así pues, hemos vuelto a hablar con una experta en el tema, Carmina Fernández, que en su momento compartió sus trucos para otra situación peliaguda: cómo gestionar las reclamaciones en traducción.

Evidentemente, para prevenir una situación de este tipo hay que investigar bien al cliente antes (listas negras, Blue Board en Proz, etc.) y pedir el pago por adelantado, pero no siempre es factible. O quizá llevas un tiempo colaborando con una empresa en cuestión sin problemas… hasta que un día se retrasa el pago. Después de unos años, las habrás visto (y leído) de todos los colores: se nos traspapeló la factura; el chico de contabilidad está de vacaciones; ahora mismo tenemos un problema de liquidez, pero se resolverá pronto… Sea como fuere, un retraso puede derivar en un impago. Y es aquí donde surge el problema que Carmina nos ayuda a resolver. ¡Vamos allá!

«Por lo menos a mí, la perspectiva de tener que recurrir a procedimientos legales se me hace muy cuesta arriba. Por eso, antes de llegar a ese extremo, en las ocasiones en las que he sufrido algún retraso en los pagos y unas simples llamadas de recordatorio por las buenas no han funcionado, he intentado quemar hasta el último cartucho antes de pasar a la vía jurídica.

Espero que la mayoría de vosotros no haya tenido que enfrentarse a esta situación ni llegue a tener que hacerlo. No obstante, llegado el caso, quizá podáis intentar alguna de las opciones siguientes:

1. Planifiquemos bien los recordatorios

Naturalmente, una primera llamada para informar al cliente de que no hemos recibido el pago y preguntar qué ha sucedido es lo básico. La respuesta más probable es que haya sido un error o que hayan tenido algún problema de caja, y seguramente nos dirán que nos pagan X día o en la remesa del mes que viene. Pregunta exactamente qué día van a efectuar el pago. Luego llama uno o dos días antes de esa fecha para recordarles que tienen pendiente esa factura y que si te pueden confirmar que tienen planificado abonarla ese día (que sepan que les estás esperando activamente).

Si pasa la fecha prometida y no has recibido la transferencia, toca hacer otra llamada para preguntar qué ha pasado. A partir de aquí, la manera de continuar dependerá de su respuesta y del tipo de cliente que sea (si es alguien con quien colaboraste una sola vez o un cliente con quien has trabajado en varias ocasiones y del que te vendría bien seguir recibiendo trabajo si este es su primer impago, o uno que te debe más facturas que aún no han vencido pero temes que tampoco te las pague…).

En cualquier caso, planifica las próximas llamadas calendario en mano y LLAMA. A veces nos da una pereza inmensa perseguir al cliente para que pague, pero no hay otro remedio. Una llamada a la semana, todos los días a la misma hora, unos días antes de la próxima fecha de pago prometida… Ponte una alarma en el móvil y decide lo pesada que quieres ponerte.

2. Propongamos una división de los pagos

En el caso de que se trate de un cliente de confianza y sepas que el impago se debe a un bache de liquidez y no es cuestión de mala fe, quizá accedan a ir pagándote poco a poco. A lo mejor se trata de una factura muy voluminosa y ellos no han recibido el pago de su cliente, etc. Si aprecian tu trabajo probablemente hagan un esfuerzo por pagarte un tercio o una cuarta parte e ir poniéndose al día mes a mes.

3. Pidamos ayuda al gestor de proyectos

Si el cliente que no te ha pagado es alguien para quien trabajas frecuentemente, quizá pueda ayudarte el gestor de proyectos o la persona de contacto que te envió el trabajo. Probablemente le guste trabajar contigo y no esté dispuesto a perder un colaborador por algún retraso administrativo. Habla con él y dile que estás teniendo problemas para cobrar y que, si esto no se soluciona, no podrás seguir aceptando sus encargos.

Si valora tu trabajo, seguramente podrá hablar con la administración y pedirles que solventen el retraso lo antes posible (que no esperen al próximo mes para pagarte si ha sido solo un “olvido”, o que den prioridad a tu factura en cuanto les sea posible si tienen un problema de liquidez…). Cuando los departamentos de administración son Mordor impenetrables o inflexibles, el gestor de proyectos puede ser tu mejor amigo.

4. Retengamos la entrega de un encargo

Este es un truco algo cuestionable, pero a mí me ha funcionado en un par de ocasiones y siempre es preferible a tener que recurrir a lo legal: acepta un encargo más de ese cliente. Si administración no te ha hecho caso y el gestor de proyectos no ha podido ayudarte, es el momento de presionar un poco más. Acepta un encargo (no muy voluminoso), tradúcelo y, poco antes de la entrega, diles que has recordado/te has dado cuenta/no has olvidado que te deben una factura y que, naturalmente, si no te la abonan no puedes entregarles un nuevo trabajo y arriesgarte a que también quede impagado. Si lo haces con la fecha de entrega suficientemente estrecha, para ellos será más complicado buscar a otro traductor que hacerte una transferencia bancaria rápidamente y enviarte el justificante (el justificante de la transferencia, importante, pídeselo antes de entregar la traducción).

Cuidado con la mala publicidad

No lo contamos como punto porque es una cuestión muy peliaguda y no recomendable. Es importante que haya siempre una denuncia previa (e idealmente ir de la mano de asociaciones para hacer más presión) antes de dar una mala publicidad que encima nos salpique a nosotros por mucha razón que tengamos. Asesorarse bien es esencial.

Es el sistema más mafioso desagradable y hay que cogerlo con pinzas. En la era de Internet, hacer pública su mala praxis puede complicarles la vida, desde luego. Si su fama de malos pagadores se extiende por ProZ o por foros de Facebook, pueden tener dificultades para encontrar proveedores, además de la mala imagen que darían a sus clientes. Pero conviene comprobar si ya existen precedentes con otros traductores y, por descontado, hay que medir mucho las palabras. En general, lo que decimos en las redes dice más de nosotros que de aquel de quien hablamos.

Un ejemplo reciente de esto es el flagrante caso de impagos de la editorial Malpaso (y sus diversos sellos, como Lince), que ha aparecido en prensa varias veces. Estamos hablando de un cliente que debe dinero a autores y traductores por igual ¡y sigue publicando y montando casetas en ferias como la del libro de Madrid!

En fin, estos son métodos que he empleado hasta ahora y, por el momento, he acabado cobrando todas las facturas y sin tener que pagar por cobrar. ¿Y vosotros? ¿Tenéis algún truco infalible para cobrar? ¿O preferís dejaros de subterfugios y pasar directamente al procedimiento monitorio?».

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