A veces, ser autónomo tiene estas cosas… En ocasiones te encargan trabajos interesantes (traducción de un libro, de los subtítulos de una serie o una película) y, en otras, textos que no lo son tanto (contratos de arrendamiento, instrucciones de cigarrillos electrónicos…).
Dejando a un lado el tema del interés traductológico porque, al fin y al cabo hay que comer, lo que suele suceder es que lo coges todo por el miedo de «¿Y si dejan de encargarme cosas?».
A mí, personalmente, me cuesta horrores decir que no a no ser que realmente vaya muy apurada y me sea imposible… En la Universidad deberían enseñar también estas cosas, aunque fuera en una optativa.
El dibujante Alex Noriega lo expone de una manera muy gráfica en su genial blog Stuff No One Told Me:
Con la que está cayendo cada vez está más claro que hay que buscarse la vida por uno mismo. Como traductor, ahora más que nunca, hay que buscar la novedad e intentar encontrar todos los clientes que se pueda y fidelizarlos, claro está. Sin embargo, se ha escrito tanto sobre este tema que me ha parecido muy interesante el artículo que dedica la revista Emprendedores del mes de enero de 2012 a los mitos sobre los emprendedores y las nuevas empresas.
“Hay muchas ideas equivocadas acerca de los creadores de empresas”, declara Luck Johnson, en su libro Adiós al jefe (Conecta), con el que intenta desmontar algunos de los mitos erróneos que no ayudan nada a fomentar el espíritu emprendedor. Son fantasías que desalientan a algunos posibles emprendedores a seguir adelante e incluso ejercen influencia sobre los responsables de la formulación de políticas”, afirma Johnson. Algunos de estos mitos son los siguientes:
Lo que importa es la idea. De hecho, la ejecución lo es todo. Casi todos tenemos ideas brillantes, pero hacer que funcionen es lo que realmente cuenta.
Los emprendedores nacen, no se hacen. Las investigaciones demuestran que los dueños de las empresas con más éxito adquirieron experiencia trabajando para otros y aprendieron a dirigir una empresa antes de aventurarse a crear una propia.
Las empresas de nuevo cuño son organismos unipersonales. La mayoría de las que salen adelante tiene al frente a equipos cualificados más que a personas individuales.
Los emprendedores son genios de la inventiva. Son muy pocos los auténticos inventores que consiguen triunfar como empresarios. Antes bien, es el individuo dotado para los negocios que reproduce un producto original y lo abarata, o lo vende mejor, el que acaba triunfando.
Los emprendedores son personas solitarias. Sacar adelante una empresa exige emplearse a fondo y la mayoría de los empresarios son personas extrovertidas que disfrutan con la compañía de los demás.
Los emprendedores son jugadores. Efectivamente, asumen riesgos, pero casi todos tienen capacidad para evaluar las situaciones de riesgo y son cautelosos.
Y tú, ¿eres emprendedor?
*Artículo adaptado de «Emprendedores», edición de enero.
Al descubrir el cortometraje de A Ciegas, que ganó el Goya en 2007, he recordado lo afortunados que somos al poder ver. Es la misma sensación que cuando estás enfermo, que es cuando realmente valoras la salud… La asignatura en audiodescripción que descubrí en el Máster de traducción audiovisual me abrió los ojos en este sentido y me gustó hasta tal punto de trabajar en eso también.
¿Qué sucede cuando todo el mundo habla de esa película tan buena pero que tú no puedes ver? Afortunadamente existe el perfil del audiodescriptor que, valga la redundancia, describe lo que no se ve. Porque una película es mucho más que los diálogos y lo que se escucha.
Aunque pueda parecer sencillo describir lo que pasa en una película, no lo es. ¿Dónde termina la descripción y empieza la opinión personal? ¿Cómo describir un gesto o una mirada? ¿Cómo explicar todo lo que quieres, y hacerlo de forma comprensible, entre los diálogos de los personajes?
Es una lástima que tareas tan importantes como estas no salgan a la luz. ¿Quién se entera de los avances para la accesibilidad para ciegos y sordos? Y, no obstante, hay centros como el CESyAque se preocupan por hacer accesibles los productos audiovisuales.
¿Ha salido publicado en algún sitio que las cadenas tienen que hacer accesibles el 90% de sus contenidos? Creo que no y, a pesar de todo, esa es la realidad. Ojalá, poco a poco, todos seamos un poco más conscientes de los demás…
El anuncio de que las Majors volverán a doblar al catalán, me ha recordado un par de pifias de doblaje que me hacen bastante gracia.
La verdad es que, hasta que no lo estudié en el Master de traducción audiovisual no fui realmente consciente de lo que supone doblar. Piensas que es traducir tal cual, adaptar un poco y poco más. Sin embargo, tiene mucha miga porque si quieres conservar la magia del cine, que el espectador realmente crea que ve la película en su idioma, tienes que prestar mucha atención a la sincronía y a la vocalización.
Una de las cosas más difíciles, al menos para mí, es la «traducción» de las temidas labiales y bilabiales. Cuando los labios del actor se cierran para pronunciar una «m», una «b» o una «p», por ejemplo, debes encontrar palabras o expresiones en español que también las contengan. A veces, ambas lenguas coinciden, como en «apple» y «manzana» («p» y «m») pero no siempre sucede así.
Otra dificultad es el gesto. No en todas las culturas hay los mismos gestos y aún menos para expresar lo mismo. Solo hay que pensar en la cultura italiana, y otras mediterráneas, en las que la gestualidad está muy arraigada. Estos gestos visuales también dan información y hay que trasladarlos a la traducción.
Un ejemplo es el consabido gesto de la «L» de los angloparlantes (su ridiculizante loser). Si un actor hace esto en pantalla y, no contento con eso, además también lo dice, habrá que buscar una palabra en español que sea un insulto y empiece por «l», ¿obvio, no? Pues en Papá canguro (Daddy Day Care, 2003) no lo fue tanto. Se dobló como «fracasados» y canta como una almeja. Lo veréis a partir del 01:20.
No sé, a mí se me ocurren por lo menos dos insultos con «l»: lerdo y lelo, aunque con las prisas a los que nos vemos los traductores muchas veces, tendría un pase.
Además no hay que olvidarse que, muchas veces, el espectador «culpa» al traductor cuando algo chirría aunque, en realidad, son muchas las personas que intervienen en el proceso de doblaje:
Distribuidora – Estudio – Traductor – Ajustador – Director de sala – Actores
El texto que entrega el traductor de doblaje luego pasa a un adaptador (a veces son la misma persona, pero no es lo más habitual) y al director de doblaje. En estos dos pasos es posible que haya cambios de los que el traductor no sea consciente.
A pesar de todo esto, a veces se dan pifias como la de St. Elmo, punto de encuentro (St Elmo’s Fire, 1985), a la que aún no le encuentro explicación. Quería subir el vídeo pero lo han retirado de Youtube (¡una lástima!). En una escena, un adolescente habla del amor y dice que «love sucks». En el doblaje quedó así: «El amor chupa». En todo caso, «el amor es un asco», «el amor es una mierda»… pero lo de chupar, mejor dejarlo para otra ocasión.
También son notables las pifias que se recogen en este breve vídeo emitido en La Sexta 3 sobre los gazapos en las películas e inestimable la intervención de Quico Rovira, que explica los posibles motivos detrás de estas meteduras de pata (o no).
Evidentemente el proceso de traducción y doblaje es mucho más complejo que lo que he esbozado aquí pero tampoco pretendo hacer un simposio. Para simposio o mesa redonda, mejor dicho, os dejo con una del Centro Virtual Cervantes con tres pesos pesados de la traducción de películas: http://cervantestv.es/2010/05/24/traduccion-de-peliculas-el-traductor-desconocido/
Cerrad los ojos. Ahora escuchad a Robert de Niro en versión original. Es decir, el Robert de Niro de verdad. Seguid con los ojos cerrados. Ahora escuchad a Robert de Niro en castellano con la voz de Ricardo Solans. No es Robert de Niro, pero el personaje se expresa con una musicalidad conocida y un léxico y una gramática que nos resultan familiares.
Se ha escrito mucho a favor y en contra de una cosa tan inmaterial como el doblaje. De hecho, ahora está en boca de todos (valga la redundancia) por la políticamente correcta pero poco práctica ley del doblaje de películas en catalán.
En contra se argumenta que el doblaje entró en España (desde Barcelona) en época de Franco, que era un instrumento más de la censura (un comentario que ya huele, señores) y que estupidiza al personal porque no aprende idiomas a la vez que disfruta de la versión original, con todos los matices interpretativos de los actores. A favor, el hecho que no todo el mundo puede leer subtítulos a una velocidad bastante rápida para disfrutar de la película (ancianos y niños, por no hablar de personas ciegas que no dominan el coreano). Otros países también doblan (Francia, Alemania, Inglaterra…), pero, claro, solamente nos fijamos en los otros países cuando más nos interesa.
Como todo, unos y otros tienen razón. Todo el mundo tiene derecho a escoger si quiere ver (y escuchar) una película en versión original o en versión doblada. Pero… ¿alguien ha pensado que ver películas dobladas al catalán puede ayudar a la supervivencia de este idioma? El «control de calidad» del doblaje en catalán es muy estricto (no tanto como el doblaje en castellano, por cierto). Por lo tanto, se supone que el doblaje también puede servir para «practicar» idiomas, nuestro propio idioma. Pero, claro está, este es otro debate. ¿O no?
Se busca un traductor que sepa coser,
que separe los hilos del texto, que lo desgarre amorosamente en trapos,
que sepa bordar,
que descubra los colores, los relieves, que cambie las agujas si hay hilos gruesos y los hay finos, que recame, que enhebre, que deshebre y pesebre, que dé pespuntes, encuentre el grado cero y en un pronto se enardezca y vuelva a la calma cuando el tejido del texto lo exija.
Se busca un traductor que no sólo borde sino también aborde lenguajes, códigos, señales, guiños, cuerdas, broches, corchetes y pendientes.
Se busca un traductor que haya probado todos los transbordadores del
mundo incluso sin haberse movido de su casa.
Se busca un traductor que sepa abrir la puerta.
Se busca un traductor que confunda la palabra con el paladar.
Se busca un traductor que no se paralice y se mueva al ritmo de la lengua
que se mueve, que se mueve se mueve sin embargo se mueve, que sea capaz
de revolcarse y revolverse en las inmensas sábanas del lenguaje.
Se busca, ante todo, un traductor que reniegue de los dogmas, de los policías
del idioma.
Se busca un traductor, un errabundo. Se busca a Penélope o a Ulises.
En Abacus y en Fnac deberían hacerme un bono especial. Cada vez que entro una vórtice espaciotemporal me engulle y me acabo dejando medio sueldo…
Esta vez no ha sido diferente y he salido con tres novelas gráficas la mar de apetitosas: Las calles de arena, de Paco Roca (genial autor de Arrugas), Píldoras Azulesde Frederik Peeters y El arte de volar, de Antonio Altarriba, que recibió el Premio Nacional de Cómic de Cataluña. Y no puedo esperar a hincarles el diente.
Y a todo esto, ¿qué es una novela gráfica? ¿Es un cómic? ¿Una novela ilustrada? Pues un poco de todo. Incluso hay quien defiende que, en sí, es un movimiento que tiene su propio manifiesto. A mí empezaron a gustarme desde que leí la monumental Maus de Art Spiegelman en inglés.
Si queréis ver una pincelada, aquí tenéis un interesante tráiler:
De hecho, fue esta obra la que dio a conocer más el género, mereció una atención más respetuosa por la “alta cultura” en EE.UU. (los cómics son por definición un entretenimiento infantil), vendió medio millón de ejemplares en librerías y ganó un premio Pulitzer especial en 1992. ¿Y de qué va? Pues es una historia del Holocausto con protagonistas nada convencionales (gatos y ratones, seguro que adivináis quién es quién) y de origen autobiográfico. Una joya.
Poco después cayó en mis manos Blankets de Craig Thompson, que narra la atribulada adolescencia del autor. No es un novelón pero me gusta cómo nos deja ver parte de su vida como si le estuviéramos espiando, por decirlo de algún modo.
Luego han venido muchas otras de las que necesitaría varios posts para hablar, así que os dejo con mi top five con algunas reseñas:
Narra las vivencias de unos ancianos en una residencia. Una historia conmovedora sobre el Alzheimer. Quizá sea una opinión muy parcial (aunque todas lo son) porque lo leí poco después de la muerte de mi abuelo, pero es de los cómics que dejan huella. http://www.guiadelcomic.com/autores/paco-roca/arrugas.htm
La historia autobiográfica de la autora iraní, de cómo creció en un régimen fundamentalista islámico que la acabaría llevando a abandonar su país. http://www.guiadelcomic.com/comics/persepolis.htm
5. KIKI DE MONTPARNASSE. Jose-Louis Bocquet. Editorial Sinsentido.
Aprovechando el pedido de Amazon que me llegó la semana pasada, estos días vuelvo a constatar que para mí, el libro digital no llegará a ser nunca como uno de papel.
¿Cómo se puede, en un libro electrónico, examinar detenidamente la portada y contraportada, acariciar las páginas y notar la ligera rugosidad del papel, dejarse llevar por el olor a nuevo, descubrir esas pequeñas imperfecciones en forma de dobleces…? ¿Y cómo se puede disfrutar de una novela gráfica o un cómic electrónico? No me parece que esto último tenga sentido.
¿Y cómo dejamos rastro de los libros que leemos? Me gusta dejar el punto que usé entre las páginas del libro; me gusta firmarlo y dejar constancia de la fecha en que terminé de leerlo; me gusta incluso dejar alguna doblez, algún rastro de la vida que ha tenido ese volumen entre mis manos..
No me opongo a lo nuevo pero, a mi parecer, hay cosas que un libro electrónico no podrá dar ni sugerir nunca…
No es nada nuevo, lo sé… pero creo que últimamente va a peor. Soy amante de la lengua inglesa, leo en inglés siempre que puedo y hago lo propio con las películas pero de ahí a salpimentar el español con él, no.
Estos días nos inundan los leggings, que no las mallas (las que llevábamos de peques las de mi generación junto con camisetas de algodón de propaganda), llevamos stilettos o pumps y no zapatos de tacón, en verano nos atrevemos con los shorts y si la camiseta lleva sequins (lentejuelas no, que queda anticuado), mejor que mejor.
Y no solo la ropa es la víctima, si no que empieza a extenderse a la comida también. Lo japonés vende y ahora podemos encontrar en diversos restaurantes platos de noodles (que no udon, curiosamente). Y, a los que nos gustan los dulces, nos da por comer cupcakes, cookies o muffins, que no pastelitos, galletas o madalenas… al parecer si son inglesas o americanas saben mucho mejor.
Enriquezcamos la lengua, sí, que vivan los neologismos también, pero no con palabras que ya existen en nuestra lengua.
Cuando trabajas con una lengua, te expresas en otra y escribes con una tercera acabas con un batiburrillo del que a veces te es difícil salir. Supongo que forma parte de la deformación profesional de una traductora.
Y a veces también, y por el mismo motivo, te hace falta un rincón para expresar lo que te pasa por la cabeza, lingüísticamente hablando. Por eso abro este blog que abordará cuestiones relacionadas con la traducción y lenguas, ya sea la española, la catalana o bien la inglesa.
Quizá vaya bien para reorganizar la información que tenemos de ellas y resolver algunas dudas. ¡Que así sea!