El anuncio de que las Majors volverán a doblar al catalán, me ha recordado un par de pifias de doblaje que me hacen bastante gracia.

La verdad es que, hasta que no lo estudié en el Master de traducción audiovisual no fui realmente consciente de lo que supone doblar. Piensas que es traducir tal cual, adaptar un poco y poco más. Sin embargo, tiene mucha miga porque si quieres conservar la magia del cine, que el espectador realmente crea que ve la película en su idioma, tienes que prestar mucha atención a la sincronía y a la vocalización.

Una de las cosas más difíciles, al menos para mí, es la “traducción” de las temidas labiales y bilabiales. Cuando los labios del actor se cierran para pronunciar una “m”, una “b” o una “p”, por ejemplo, debes encontrar palabras o expresiones en español que también las contengan. A veces, ambas lenguas coinciden, como en “apple” y “manzana” (“p” y “m”) pero no siempre sucede así.

Otra dificultad es el gesto. No en todas las culturas hay los mismos gestos y aún menos para expresar lo mismo. Solo hay que pensar en la cultura italiana, y otras mediterráneas, en las que la gestualidad está muy arraigada. Estos gestos visuales también dan información y hay que trasladarlos a la traducción.

Un ejemplo es el consabido gesto de la “L” de los angloparlantes (su ridiculizante loser). Si un actor hace esto en pantalla y, no contento con eso, además también lo dice, habrá que buscar una palabra en español que sea un insulto y empiece por “l”, ¿obvio, no? Pues en Papá canguro (Daddy Day Care, 2003) no lo fue tanto. Se dobló como “fracasados” y canta como una almeja. Lo veréis a partir del 01:20.

No sé, a mí se me ocurren por lo menos dos insultos con “l”: lerdo lelo, aunque con las prisas a los que nos vemos los traductores muchas veces, tendría un pase.

Además no hay que olvidarse que, muchas veces, el espectador “culpa” al traductor cuando algo chirría aunque, en realidad, son muchas las personas que intervienen en el proceso de doblaje:

Distribuidora – Estudio – Traductor – Ajustador – Director de sala – Actores

El texto que entrega el traductor de doblaje luego pasa a un adaptador (a veces son la misma persona, pero no es lo más habitual) y al director de doblaje. En estos dos pasos es posible que haya cambios de los que el traductor no sea consciente.

A pesar de todo esto, a veces se dan pifias como la de St. Elmo, punto de encuentro (St Elmo’s Fire, 1985), a la que aún no le encuentro explicación. Quería subir el vídeo pero lo han retirado de Youtube (¡una lástima!). En una escena, un adolescente habla del amor y dice que “love sucks”. En el doblaje quedó así: “El amor chupa”. En todo caso, “el amor es un asco”, “el amor es una mierda”… pero lo de chupar, mejor dejarlo para otra ocasión.

También son notables las pifias que se recogen en este breve vídeo emitido en La Sexta 3 sobre los gazapos en las películas e inestimable la intervención de Quico Rovira, que explica los posibles motivos detrás de estas meteduras de pata (o no).

Evidentemente el proceso de traducción y doblaje es mucho más complejo que lo que he esbozado aquí pero tampoco pretendo hacer un simposio. Para simposio o mesa redonda, mejor dicho, os dejo con una del Centro Virtual Cervantes con tres pesos pesados de la traducción de películas: http://cervantestv.es/2010/05/24/traduccion-de-peliculas-el-traductor-desconocido/