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En la luna de Babel

~ Blog sobre lenguas y traducción

En la luna de Babel

Publicaciones de la categoría: Productividad

El valor de una traducción: tarifas y conocimientos

03 viernes Ago 2012

Posted by enlalunadebabel in Productividad, Traducción, Vida traductoril

≈ 11 comentarios

Etiquetas

cliente, conocimientos, precios, presupuesto, tarifas, traductor

¿Eres un mono? ¿No? Pues entonces no aceptes cacahuetes

Estamos en pleno verano y resulta difícil hablar de según que asuntos. ¡Estamos de vacaciones! Pero es un buen momento para detenerse y pensar en nuestra pequeña empresa, sobre todo en las tarifas que aplicamos, ese tema tan controvertido en el mundo de la traducción.

Seamos claros, la traducción para muchos no es más que un trámite molesto y, como tal, quieren sacárselo de encima de forma rápida y barata. Pero para un traductor es su sustento, sobre todo si se dedica únicamente a traducir.

Basta ya de desmerecernos. Es nuestra profesión y debemos cobrar dignamente. Además, como apunta Ricard Lozano en su Vademécum: «El montante total de la facturación no constituye en realidad un sueldo, sino una cantidad bruta de la que es preciso restar todos los gastos e impuestos relacionados con la actividad», ¡que no son pocos!

Incurrimos en bastantes gastos, hay que declararlo todo cada tres meses y si las tarifas no son dignas, las cuentas no salen. O quizá sí, pero eso será porque se trabaje frenéticamente y salgan las traducciones como churros (y quizá la calidad sea igual, es decir, un churro).

Recomendaciones prácticas:

  • Si tienes dudas sobre qué tarifas aplicar, habla con compañeros (sí, ya sé que es un tema delicado y a muchos no les gusta hablar de eso) o consúltalo con las asociaciones profesionales (a falta de Colegio). En fin, hay que investigar un poco el mercado.
  • A la hora de preparar un presupuesto, empieza por tarifas altas (sin pasarse, claro) porque ya tendrás tiempo de bajarlas. Si el cliente acepta tu primera propuesta, ¡fantástico! Si no, siempre se puede negociar.
  • Ten siempre un registro de las tarifas que aplicas a cada cliente (puede que sean distintas si trabajas para una agencia española o extranjera, un cliente directo nacional o extranjero). Yo tengo un PDF hecho con mis tarifas y se lo paso a cada nuevo cliente. Así, tú también tienes constancia de lo que cobras, al cliente no le das ningún susto cambiando súbitamente de precio y todo queda bien registrado.
  • Las agencias son empresas privadas y es cierto que ofrecen tarifas más bajas que los clientes directos, pero eso se debe a que hay traductores que las aceptan. Seguramente ya sabes qué tarifa es aceptable o no y si revientas precios es tu elección, pero con eso destruyes tus propias posibilidades de progresión profesional.
  • Aprende a decir «no» a todos aquellos proyectos que no cumplan los requisitos mínimos que hayas establecido. Puede quedar demasiado tajante y puede que tengas miedo al rechazo o a que no te vuelvan a llamar pero también es señal de profesionalidad.
  • Antes de aceptar un proyecto, infórmate del cliente y trata de averiguar su seriedad y solvencia. Ahora hay muchas maneras de hacerlo, por ejemplo a través de Proz u otras asociaciones y grupos.
  • Controla la contabilidad de cada cuenta de cliente y de los pagos pendientes de cada proyecto. Con el acceso virtual a las cuentas corrientes esto es más fácil que nunca. No hay que confiar simplemente en que ya llegará el pago. A veces a uno se le pasa pagar o se extravían las facturas… por correo electrónico.
  • Si un precio resulta insostenible, no comprometas la calidad para hacerlo rentable (no consultando todas las dudas que debieras, traduciendo a ritmo vertiginoso, no revisando tu trabajo las veces que sea preciso, etc). Conserva la calidad y mejórala siempre que puedas porque si trabajas mal puede que pierdas al cliente en un futuro.

Piensa que no solo cobras por tu tiempo sino por tus conocimientos. Has terminado una carrera, un postgrado, un máster o has asistido a algunos cursos (de corrección, de Trados o de gestión terminológica, por ejemplo). Todo esto vale dinero. Todo esto es un valor añadido para ti y tu trabajo: esto se cobra (no directamente, pero debería ser parte integrante de tu precio, ¿no crees?).

En relación a esto, y para terminar, no se me ocurre nada mejor que ilustrarlo con la Fábula del ingeniero y el tornillo:

“Había una vez un ingeniero al que llamaron para arreglar un ordenador del que dependía gran parte del proceso productivo de una importante fábrica.

Sentado frente a la pantalla, el hombre oprimió unas cuantas teclas, asintió con la cabeza, murmuró algo para sí mismo y apagó el aparato. Procedió a sacar un pequeño destornillador de su bolsillo y dio vuelta y media a un minúsculo tornillo.

Entonces encendió el ordenador de nuevo y comprobó que funcionaba a la perfección.

El presidente de la empresa se mostró encantado y se ofreció a pagar el servicio en el acto.

-¿Cuánto le debo? -preguntó.

-Son mil euros, si me hace el favor.

-¿Mil euros? ¿Mil euros por unos minutos de trabajo? ¿Mil euros por apretar un simple tornillito? Ya sé que el ordenador es una parte fundamental de mi proceso productivo, pero mil euros es una cantidad disparatada. Solo la pagaré si me manda una factura perfectamente detallada que la justifique.

El ingeniero asintió con la cabeza y se fue.

A la mañana siguiente, el presidente recibió la factura, la leyó con cuidado, sacudió la cabeza y procedió a pagarla en el acto.

La factura decía:

Detalle de los servicios prestados:

1. Apretar un tornillo: 1 euro

2. Saber qué tornillo apretar: 999 euros

Moraleja: aprende a hacer valer tus conocimientos y empieza a cobrar por lo que sabes, no solamente por lo que haces.

¡Ah! Y por encima de todo:

***

Algunos artículos de interés:

  • Tarifas, tarifas, tarifas en el blog Algo más que traducir.
  • Cinco estrategias para establecer tarifas como traductor autónomo en el blog El taller del traductor.
  • How to raise your rates without losing clients de Lea Woordward.
  • The cost of peanuts en el blog The liaison Interpreter.

Máximas del traductor

09 miércoles May 2012

Posted by enlalunadebabel in Productividad, Traducción, Vida traductoril

≈ 11 comentarios

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carteles, máximas, traducción

No son universales, son las mías, las que he ido observando estos siete años que llevo traduciendo. Por no mencionar las cosas buenas y malas del día a día traductoril, de las que ya hablé aquí y aquí.

Seguro que con el paso del tiempo estas máximas irán aumentando o incluso tendré que corregir alguna que otra, pero a día de hoy (y sin ánimo de pontificar) mi visión de nuestro bello oficio es esta:

1. Do what you love… and love what you do.

Esencial. Especialmente si trabajas en casa, solo (con o sin mascota/cactus), la soledad y el aislamiento a la hora de traducir pueden legar a desgastar. Sucede también en otros trabajos, pero creo que la traducción es vocacional y para mí no hay nada más importante que amar lo que haces.

2. Trabajo y constancia

Nadie regala nada y en este mundillo te lo tienes que currar. Tu valía se demuestra andando: buscando posibles clientes (y no desesperando si tardan en contestar o no lo hacen), haciendo buenas pruebas de traducción y fidelizar al cliente con un buen trabajo. La gente quiere buenos textos y personas resolutivas que les salven la papeleta porque, al fin y al cabo, para muchos, la traducción de un texto no es más que un mero trámite que hay que cumplir.

3. Flujo de trabajo

Sí, sé que «con la que está cayendo» todo trabajo es bienvenido. No sé si a los demás traductores os pasará, pero me ilusiona bastante recibir nuevos encargos y no me importa dedicarle según qué momentos a según que traducciones. Y esto tiene que ver con lo siguiente:

4. Under pressure

Hay que saber gestionarse bien el tiempo para no pillarse los dedos pero en ocasiones no se puede. Y ahí empieza la presión. Pero no siempre es algo negativo; en ocasiones nos ayuda a ser más eficientes y a concentrarnos más. Nos ayuda a sentirnos más vivos y productivos, además, hace la vida más interesante. De hecho, muchos de nosotros crecemos bajo presión. Como dijo alguien, refiriéndose a su trabajo, «… lo que me gusta es la acción». Es el estrés lo que debe ser evitado y éste se da cuando hay demasiada -o muy poca- presión en nuestras vidas.

5. No todo lo que reluce…

No me refiero a clientes (de todas formas y colores), tarifas (son para volverse loco) y a los demás compañeros del mundillo o al sector en sí. Me refiero, sobre todo, a cómo nos enfrentamos a un texto. El traductor tiene que dudar por sistema. Desconfiemos de lo sencillo e informémonos siempre.

6. Aprendizaje continuo

Ya comenté un poquito este tema en la entrada El vendedor de enciclopedias y va naturalmente ligado a lo anterior. No hace falta que un traductor sea una enciclopedia andante o un diccionario parlante pero sí debe saber buscar dónde encontrar el conocimiento. Por ejemplo, esta página de Cristina Fernández puede ser un buen sitio donde empezar.

7. Ensayo y error

Ojalá la vida viniera con un teclado y pudiéramos pulsar Ctrl Z cuando nos viéramos en un apuro. Claro que, por otro lado, no aprenderíamos de nuestros errores de la misma forma. Truman Capote decía lo siguiente: “Failure is the condiment that gives success its flavor”.

He cometido errores, he tenido que retractarme de cosas o rehacer traducciones pero todo esto a la larga ayuda a aprender. Una vez sales de la Universidad no tienes a nadie ahí que te corrija con esmero y te dé una nota. El silencio al entregar un trabajo y que te confíen otro después significa que lo has hecho bien pero a veces se echa de menos más feedback.

8. Mente abierta y receptiva

Lo bonito e interesante de traducir es la variedad de textos que caen en tus manos. Claro que, puede que termines traduciendo algo con lo que no estás de acuerdo, no vaya contigo o te horrorice. Considero que es part and parcel de lo que supone traducir y que hay que tratar con el mismo respeto todos los textos. Ya me gustaría a mí traducir solo películas y libros, pero en mi caso no basta…

9. Sin límites

Lo bueno de trabajar por cuenta ajena es que uno decide. A no ser que haya algo apremiante y dejando a un lado la economía, uno se organiza como quiere y puede decir que no a lo que desee. Nuestro límite lo ponemos nosotros.

10. Adicciones varias

Eso sí: ¡café que no falte!

Bonus track (psst, psst… un chivatazo)

¿Qué os parece a vosotros? ¿Qué máximas añadiríais? ¿Qué aconsejaríais?

El vendedor de enciclopedias

20 viernes Abr 2012

Posted by enlalunadebabel in Lengua española, Productividad, Vida traductoril

≈ 2 comentarios

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conocimiento, enciclopedia

Aún recuerdo las visitas del vendedor de enciclopedias a casa. Repeinado y con traje te traía la última novedad —los últimos volúmenes de las que ya tenías— o te presentaba algo nuevo porque, “como usted ya sabe, es lo mejor para la educación de sus hijos”.

¿Quién no ha tenido la Larousse o la Océano en casa? Nosotros teníamos un par en catalán de literatura e historia y varias temáticas, entre las cuales destacaba la de la Segunda Guerra Mundial, que a mi padre le gustaba leer tranquilamente en el trono, ya me entendéis.

Afortunadamente para el bolsillo de mis padres las consultaba bastante —me encantaba especialmente devorar las ilustraciones— y no tuve que pisar mucho la biblioteca para hacer los trabajos del colegio y el instituto.

Con el tiempo, las visitas del señor de la enciclopedia se hicieron más escasas. Los volúmenes en papel empezaban a estar en declive. La última que compramos era una de Historia, algo futurista, digámoslo así, porque venía con un lector/reproductor especial llamado Sonobox (futurista entre comillas, fijaos en la foto). Algunas páginas estaban hechas de plástico duro con varios mini CD grabados en su superficie y al ponerle la maquinita encima te leía el artículo en cuestión. Muy bonito sí, pero no demasiado útil.

Al final, el hombre dejó de venir. Claro que ya éramos mayores, Internet estaba en auge y la información era más accesible en general, además de que quedaba obsoleta rápidamente. Tuve alguna que otra en CD y DVD pero ya nunca fue lo mismo.

«¿Y todo este rollo a qué viene?», pensaréis. Para un traductor, el conocimiento es esencial o, por lo menos, saber dónde encontrarlo. Internet nos brinda grandes oportunidades desde ya hace un tiempo con la enciclopedia Britannica y con Wikipedia, aunque ya se sabe hay que llevar mucho cuidado con la información que contiene esta última. De factura nacional, Santillana nos trae también la Kalipedia. Y de última aparición encontramos Khan Academy, con videos muy interesantes que explican de manera sencilla los conceptos más complicados.

Claro que si se navega un poco por la web se pueden encontrar muchas más (lo que decíamos, saber dónde buscar). Aquí van, pues, otros enlaces de interés:

  • http://www.trovator.com/buscador_enciclopedias/
  • http://www.booksfactory.com/enciclop.html
  • http://www.fisterra.com/salud/5enlaces/diccionarios.asp
  • http://www.conocimientosweb.net/portal/encyclopedia.html

A mi parecer, y para terminar, lo más importante es no dejar de aprender nunca; no perder esa curiosidad infantil y seguir adquiriendo conocimientos. No solo para la profesión de traductor sino también para el traductor como persona.

Emprender en tiempos de guerra

31 sábado Mar 2012

Posted by enlalunadebabel in Productividad, Traducción

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crisis, emprendedor, emprender, inventar, originalidad

Con la que está cayendo cada vez está más claro que hay que buscarse la vida por uno mismo. Como traductor, ahora más que nunca, hay que buscar la novedad e intentar encontrar todos los clientes que se pueda y fidelizarlos, claro está. Sin embargo, se ha escrito tanto sobre este tema que me ha parecido muy interesante el artículo que dedica la revista Emprendedores del mes de enero de 2012 a los mitos sobre los emprendedores y las nuevas empresas.

“Hay muchas ideas equivocadas acerca de los creadores de empresas”, declara Luck Johnson, en su libro Adiós al jefe (Conecta), con el que intenta desmontar algunos de los mitos erróneos que no ayudan nada a fomentar el espíritu emprendedor. Son fantasías que desalientan a algunos posibles emprendedores a seguir adelante e incluso ejercen influencia sobre los responsables de la formulación de políticas”, afirma Johnson. Algunos de estos mitos son los siguientes:

  • Lo que importa es la idea. De hecho, la ejecución lo es todo. Casi todos tenemos ideas brillantes, pero hacer que funcionen es lo que realmente cuenta.
  • Los emprendedores nacen, no se hacen. Las investigaciones demuestran que los dueños de las empresas con más éxito adquirieron experiencia trabajando para otros y aprendieron a dirigir una empresa antes de aventurarse a crear una propia.
  • Las empresas de nuevo cuño son organismos unipersonales. La mayoría de las que salen adelante tiene al frente a equipos cualificados más que a personas individuales.
  • Los emprendedores son genios de la inventiva. Son muy pocos los auténticos inventores que consiguen triunfar como empresarios. Antes bien, es el individuo dotado para los negocios que reproduce un producto original y lo abarata, o lo vende mejor, el que acaba triunfando.
  • Los emprendedores son personas solitarias. Sacar adelante una empresa exige emplearse a fondo y la mayoría de los empresarios son personas extrovertidas que disfrutan con la compañía de los demás.
  • Los emprendedores son jugadores. Efectivamente, asumen riesgos, pero casi todos tienen capacidad para evaluar las situaciones de riesgo y son cautelosos.

Y tú, ¿eres emprendedor?

*Artículo adaptado de «Emprendedores», edición de enero.

Inicios

03 sábado Mar 2012

Posted by enlalunadebabel in Off topic, Productividad, Traducción

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catalán, español, inglés, traducción, traductor

Cuando trabajas con una lengua, te expresas en otra y escribes con una tercera acabas con un batiburrillo del que a veces te es difícil salir. Supongo que forma parte de la deformación profesional de una traductora.

Y a veces también, y por el mismo motivo, te hace falta un rincón para expresar lo que te pasa por la cabeza, lingüísticamente hablando. Por eso abro este blog que abordará cuestiones relacionadas con la traducción y lenguas, ya sea la española, la catalana o bien la inglesa.

Quizá vaya bien para reorganizar la información que tenemos de ellas y resolver algunas dudas. ¡Que así sea!

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