Etiquetas

,

Aún recuerdo las visitas del vendedor de enciclopedias a casa. Repeinado y con traje te traía la última novedad —los últimos volúmenes de las que ya tenías— o te presentaba algo nuevo porque, “como usted ya sabe, es lo mejor para la educación de sus hijos”.

¿Quién no ha tenido la Larousse o la Océano en casa? Nosotros teníamos un par en catalán de literatura e historia y varias temáticas, entre las cuales destacaba la de la Segunda Guerra Mundial, que a mi padre le gustaba leer tranquilamente en el trono, ya me entendéis.

Afortunadamente para el bolsillo de mis padres las consultaba bastante —me encantaba especialmente devorar las ilustraciones— y no tuve que pisar mucho la biblioteca para hacer los trabajos del colegio y el instituto.

Con el tiempo, las visitas del señor de la enciclopedia se hicieron más escasas. Los volúmenes en papel empezaban a estar en declive. La última que compramos era una de Historia, algo futurista, digámoslo así, porque venía con un lector/reproductor especial llamado Sonobox (futurista entre comillas, fijaos en la foto). Algunas páginas estaban hechas de plástico duro con varios mini CD grabados en su superficie y al ponerle la maquinita encima te leía el artículo en cuestión. Muy bonito sí, pero no demasiado útil.

Al final, el hombre dejó de venir. Claro que ya éramos mayores, Internet estaba en auge y la información era más accesible en general, además de que quedaba obsoleta rápidamente. Tuve alguna que otra en CD y DVD pero ya nunca fue lo mismo.

“¿Y todo este rollo a qué viene?”, pensaréis. Para un traductor, el conocimiento es esencial o, por lo menos, saber dónde encontrarlo. Internet nos brinda grandes oportunidades desde ya hace un tiempo con la enciclopedia Britannica y con Wikipedia, aunque ya se sabe hay que llevar mucho cuidado con la información que contiene esta última. De factura nacional, Santillana nos trae también la Kalipedia. Y de última aparición encontramos Khan Academycon videos muy interesantes que explican de manera sencilla los conceptos más complicados.

Claro que si se navega un poco por la web se pueden encontrar muchas más (lo que decíamos, saber dónde buscar). Aquí van, pues, otros enlaces de interés:

A mi parecer, y para terminar, lo más importante es no dejar de aprender nunca; no perder esa curiosidad infantil y seguir adquiriendo conocimientos. No solo para la profesión de traductor sino también para el traductor como persona.