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En la luna de Babel

~ Blog sobre lenguas y traducción

En la luna de Babel

Archivos mensuales: junio 2019

Acabo de terminar el grado. ¿Y ahora qué? (VII) Estíbaliz Montero, Juan Rivera y Elisa Manzanal

18 martes Jun 2019

Posted by enlalunadebabel in Testimonios, Traducción, Vida traductoril

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cómo traducir, después de la carrera, empezar a traducir, encontrar clientes, encontrar trabajo de traductor, traductor autónomo, traductor novel, traductor principiante

¿Pensábais que esta semana no tocaban testimonios? Meeeec, ¡error! Pero recuperarse de la Feria del Libro cuando llevas meses sin salir de la traducueva cuesta lo suyo. Bueno, al grano, hoy nos acompañan Estíbaliz Montero, Juan Rivera y Elisa Manzanal, que nos cuentan de todo un poco. ¡Al lío!

ESTÍBALIZ MONTERO

Durante los meses finales de mis posgrado en Traducción Audiovisual, empecé a ponerme nerviosa. Mi periodo como estudiante llegaba a su fin, y por extensión, mis prácticas extracurriculares también. Sabía que estaba haciendo un buen trabajo en las prácticas, pero, como en muchos sitios, concedían pocos recursos a la traducción y solo contrataban becarios. De modo que entré en pánico y empecé a enviar correos como una loca, principalmente a editoriales y a academias de inglés o de ELE. Pocos me contestaron. Y todas las respuestas fueron negativas. Amables, pero suponían un rechazo tras otro. De momento no necesitaban a nadie. Eso los que contestaban. ¿Por qué el resto no lo hacía? Me había tomado el tiempo de investigar las empresas a las que había enviado el currículo. La mayoría de los correos los había dirigido a una persona en concreto y había personalizado al máximo mi solicitud con la información recopilada. ¿No era eso lo que se suponía que debía hacer? Pero ya me había topado de lleno con aquello de lo que llevaban advirtiéndome muchas voces más experimentadas que yo: en el mundo de la traducción, hacerse un hueco es difícil. Solo quedaba una opción: insistir, insistir e insistir. Hice un Excel kilométrico con editoriales y direcciones de contacto. Pregunté por Twitter a algunas editoriales a que correo de contacto podía dirigirme. Solo una me contestó. Pero bastó con esa.

Tras una prueba de traducción, antes de terminar el año ya había traducido dos novelas. Y no solo eso, con el paso del tiempo, gente a la que había enviado el currículo hacía meses me llamaba para ofrecerme algún que otro puesto como profesora a tiempo parcial. Aquello me ayudaría a ganar cierta estabilidad mientras seguía buscando clientes de forma autónoma, de modo que acepté uno de los empleos y tuve que ir rechazando las llamadas siguientes, algo que nunca me había imaginado que haría.

Pero la conclusión que saqué fue que no había sido en vano enviar todos aquellos correos. Lo ideal habría sido que me contestaran de forma más o menos inmediata, pero por lo menos parecía que la gente guardaba mi currículo.

Ese conocimiento me mantuvo enviando más correos y correos, comunicándome por redes sociales y plataformas de trabajo hasta que al final, seis meses después de finalizar mis estudios, logré algo relativamente difícil: un puesto fijo de traductora en una gran empresa. Es un puesto que me está permitiendo formarme en el manejo de herramientas que en la carrera no me habían enseñado, pero que son prácticas en la realidad, como por ejemplo InDesign. Con la seguridad y estabilidad que me da un puesto fijo, sigo investigando empresas y editoriales y mandando tantos correos como puedo. Al final, alguno dará sus frutos.

Y eso es lo que he aprendido de momento: hay que tener ganas, insistir, emplear con inteligencia las redes sociales, crearse una web propia si es posible, no rendirse, mantener el entusiasmo por la profesión que amas e insistir, insistir y volver a insistir. Es duro, y tengo claro que seguirá siéndolo, pero el sueño de mi vida siempre había sido traducir libros y cuando veo mi nombre impreso en mis ejemplares justificativos, sé que merece y merecerá la pena. ¡Ánimos a todos! 

Encontraréis a Estíbaliz en su web o en su perfil de LinkedIn.

JUAN RIVERA

Me gradué en Traducción e Interpretación en 2017, por la Universidad Pontificia de Comillas. En la carrera tuve la suerte de poder hacer prácticas dos años (en 3.º y en 4.º) en empresas diferentes. Esto me enseñó mucho de los distintos campos de la traducción, sobre todo jurídica y económica, aunque mis intereses estaban más enfocados a traducción literaria, audiovisual y publicitaria. Desde antes de graduarme ya estaba buscando trabajo en el campo de la traducción, aunque sin mucho éxito.

Poco después de egresar, uno de los profesores que nos dio clase nos envió dos ofertas de trabajo, a las que presenté currículum sin dudarlo. De esas dos, solo recibí una respuesta: una empresa de traducción de Guadalajara buscaba formar un equipo de trabajo ad hoc para un proyecto de posedición muy grande. Me enviaron la prueba y la superé, y estuve trabajando con ellos durante el verano bajo contrato, en sus oficinas de Guadalajara. Después del verano continué trabajando con ellos, pero esta vez como colaborador autónomo y desde casa. La tarifa era muy baja, pero con el volumen de trabajo que nos mandaban cada semana se lograban unas cifras decentes al final del mes. Mi principal dificultad fue conciliar el trabajo (que me quitaba muchas horas a la semana) con el Máster en Traducción Literaria que acababa de empezar. Estuve colaborando con esta empresa (en unas condiciones cada vez peores) hasta marzo de 2018.

Mis siguientes trabajos me llegaron a través de conocidos o de recomendaciones; sin embargo, no he dejado de enviar currículos a todas las ofertas que puedo (siempre y cuando sean decentes). En 2018 se publicó mi primera traducción editorial: la introducción de un libro de historia del pensamiento económico, para cuyo autor (un catedrático de dicha materia) había traducido otros textos también.

Mi último trabajo ha sido una prueba de traducción en un estudio de doblaje en el que he estado de prácticas este curso, durante el Máster en Traducción Audiovisual y Localización.

Hoy en día estoy más centrado en mi máster, pero sigo buscando trabajo en traducción y posedición. Aunque mis intereses principales siguen siendo la traducción audiovisual y la literaria, hoy por hoy solicito trabajo para traducir cualquier tipo de texto, siempre y cuando me vea capacitado para ello.

Juan os atenderá por correo o por Twitter.

ELISA MANZANAL

Voy a hablar un poco sobre la importancia de hacer prácticas en una agencia de traducción. Estudié Lenguas Modernas y Traducción y, posteriormente, hice el Máster en Traducción Profesional en la especialidad de Traducción Jurídica. Una de las cosas buenas que tuvo el máster fue que era obligatorio realizar prácticas externas en una agencia de traducción. Supuse que me iban a asignar una empresa dedicada a la especialidad que yo había elegido, pero no fue así. Me asignaron una empresa dedicada, principalmente, al sector de la traducción especializada científico-técnica. En un primer momento pensé: «¿Cómo voy a hacer prácticas en una empresa de este ámbito si no he traducido apenas nada de medicina ni de automoción?».

Bueno, pues lo hice y fui capaz. Gracias a la ayuda de mi tutora de prácticas de la empresa, Sonia Tirado Gómez, y a todo el proceso de documentación relacionado con esta área especializada, he podido superar barreras y retos que veía imposibles. Tanto fue así, que hoy en día sigo trabajando en plantilla en la misma empresa en la que comencé las prácticas y el área de traducción que más me gusta es la traducción del ámbito biosanitario. ¿Quién me lo iba a decir cuando salí de la carrera pensando que me iba a dedicar a la traducción jurídica?

Desde mi experiencia, considero que hacer prácticas en una agencia de traducción tiene un gran impacto en nuestra formación como traductores profesionales. Con esto no digo que no hacer prácticas signifique que un traductor no sea profesional o no sea bueno. Conozco a muchos traductores que no hicieron prácticas y que hoy son unos traductores excelentes. Pero, al ver mi situación, es algo que considero muy recomendable e importante, puesto que salimos de la carrera o del máster como «pollos sin cabeza» con mucha teoría, pero sin saber muy bien cómo aplicarla.

Cuando terminé la carrera y el máster no sabía cómo se utilizaban correctamente las herramientas de traducción asistida (TAO), cómo elaborar glosarios en herramientas de gestión terminológica, cómo desarrollar medias reales palabras-calidad-productividad, etc. Y gracias a estas prácticas, he podido obtener una gran cantidad de conocimientos nuevos que me han dado la posibilidad de continuar formándome y crecer como traductora profesional. También he podido aprender cómo es el proceso de la gestión de proyectos (qué hace el gestor de proyectos, cómo debemos comunicarnos con los clientes, cómo calcular el coste de un proyecto…), así como aprender de otros compañeros traductores y revisores que contaban con más experiencia que yo.

Conclusión: recomiendo hacer prácticas externas, estén o no incluidas en el plan académico de la carrera o máster. Y aunque las prácticas que vayamos a hacer no estén particularmente relacionadas con la especialidad que nos gusta, no debemos rechazarlas en absoluto. SIEMPRE vamos a aprender cosas nuevas que nos van a aportar aspectos positivos para nuestra carrera profesional. Incluso a la larga, si les gustas, pueden contactar contigo para mandarte trabajo si eres autónomo. Nunca sabemos cómo ni dónde vamos a acabar trabajando, por lo que si se nos presenta una oportunidad, no debemos dejarla escapar.

Elisa, un amor de compañera (lo sé de buena tinta porque la conocí en la feria), os atenderá encantada por correo o LinkedIn.

¿Qué os han parecido? Me han gustado estas tres porque inciden en cosas distintas pero esenciales. Estíbaliz tiene muchísima razón al recordarnos que hay que insistir. A veces es descorazonador no recibir respuesta, pero hay que seguir al pie del cañón. Llevar un registro de los clientes a los que enviamos nuestros datos es imprescindible. Pasado un tiempo, si no ha habido respuesta y, por ejemplo, tenemos una línea de experiencia más o hemos terminado un curso, podemos volver a escribir con nuevos datos. Como se suele decir, el no ya lo tenemos, ¿verdad?

Además de enviar CV, Juan habla de los encargos que llegan a través de conocidos y compañeros. ¡Qué importante es hacerse una buena red de contactos! Decimos muchas veces que todo el mundo debe saber que somos traductores y así es. Tal cual. Con el paso de los años, muchas de las ofertas de trabajo me han llegado por conocidos que saben a lo que me dedico, por compañeras de la facultad que ahora son gestoras de proyecto, por editores de mesa que han pasado mis datos a otros, por compañeros que no pueden ocuparse de un encargo y me lo pasan, etc. En fin, si trabajas bien, el boca-oreja es bueno y eso funciona mucho mejor que una llamada a puerta fría, desde luego.

De Elisa me quedo con su reflexión final: «Nunca sabemos cómo ni dónde vamos a acabar trabajando, por lo que si se nos presenta una oportunidad, no debemos dejarla escapar». Efectivamente. Y creo recordar que en la feria lo comenté a varios estudiantes. Es verdad que se insiste mucho en que nos especialicemos, pero debemos estar abiertos a otras posibilidades. Podemos acabar en una rama que no teníamos contemplada pero en la que somos muy buenos… y nos gusta. Así pues, ¡no os cerréis puertas!

Y hasta aquí los testimonios de hoy. Espero que os hayan gustado. Como siempre, gracias por participar, por leer y, ya sabéis, si queréis dejar la vuestra: los comentarios o mi correo os esperan. ¡Hasta la próxima!

Acabo de terminar el grado. ¿Y ahora qué? (VI) Karla Toledo e Iván Fraile

10 lunes Jun 2019

Posted by enlalunadebabel in Aprendizaje, Testimonios, Traducción, Vida traductoril

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ASETRAD, ATRAE, empezar a traducir, encontrar trabajo de traductor, traducción audiovisual, traductor principiante, Trágora

Esta semana nos esperan dos testimonios muy completos. Preparaos un cafelito o un té o un zumo y acompañad a Karla Toledo e Iván Fraile en sus primeros pasos en el mundo de la traducción.

KARLA TOLEDO

Estudié Traducción e Interpretación en la Universidad de Salamanca (USAL). Cuando yo entré en la carrera, aún era una licenciatura, o sea, duraba cuatro años, pero, en mi caso, se convirtieron en cinco por una razón muy sencilla: en cuarto me fui de intercambio a Japón con una beca; a la vuelta me quedaban todavía asignaturas troncales y optativas por cursar. En aquella época, la USAL no tenía aún japonés en la combinación lingüística de TeI. Aproveché los créditos de libre elección para matricularme en las asignaturas de lengua japonesa que ofrecían en la Facultad de Filología, con la idea de aprender un idioma «exótico» que pudiera ser un as en la manga el día de mañana. Además, nuestros estudios no existen en Japón, de ahí que mi año de intercambio lo pudiera convalidar únicamente por libre elección.

Recuerdo que, en aquel entonces, ya había profesores que recitaban el famoso discurso de que es difícil vivir únicamente de la traducción o la interpretación, por no decir imposible. Lamentablemente, quienes estudiáis TeI ahora sabéis perfectamente de lo que hablo, pero también podéis ver, gracias a este blog y las redes sociales (entre otros medios), que eso no es del todo cierto ;).

En 2008, cuando terminé la carrera, tenía muy claro cuál sería mi siguiente paso: volver a Japón. Llevaba cinco años estudiando japonés, pero, después de haber estado de intercambio en Tokio, sabía que aún me quedaba mucho camino por recorrer si realmente quería trabajar con el japonés, y no solo con el inglés y el francés, mis lenguas B y C en la licenciatura, respectivamente. Aprovecho para comentar que yo había decidido estudiar TeI porque quería ser intérprete de conferencias, principalmente (en la USAL tenían un itinerario específico de interpretación); sin embargo, el japonés cambió completamente mis planes. Con esto lo que quiero decir es, básicamente, que podéis cambiar de opinión, tanto durante la carrera como después. No todo el mundo tiene por qué seguir el mismo camino, ya sea por cuestiones personales o profesionales. Yo iba para intérprete, pero ahora trabajo como traductora de artículos divulgativos sobre Japón; de manga y de novela; de audiovisual… De vez en cuando, interpreto, pero en cabina inglés-español-inglés (es una combinación con poca demanda en Japón, pero suele haber trabajo varias veces al año). Además, hago cosas que no están tan relacionadas con la traducción, como locutar en radio y hacer narraciones para libros de texto, por ejemplo.

El caso es que volví a Japón, donde compaginé mis estudios de lengua y cultura japonesas con la enseñanza del español durante cuatro años. En ese tiempo, también pude trabajar como traductora y revisora de inglés a español, y como correctora de traducciones del japonés al español hechas por traductores no nativos (japoneses). En 2011, un amigo me recomendó para una empresa con la que él colaboraba, así que decidí lanzarme a la piscina y hacer la prueba de japonés-español; la pasé. De hecho, sigo trabajando con esa empresa a día de hoy. Un año más tarde, hice el examen para ser traductora y locutora en la sección de español del servicio internacional de la radiotelevisión japonesa, un trabajo que, dicho sea de paso, me llegó gracias a otro contacto. Y esto me lleva a otra de las cosas que me gustaría contaros: los contactos son muy importantes. Eso que se dice en nuestro gremio de que hay que hacerle saber a todo el mundo a qué os dedicáis es totalmente cierto. A lo largo de estos años, el 80 % del trabajo me ha llegado por mediación de otros traductores e intérpretes (¡GRACIAS!), e incluso de personas que no tienen nada que ver con la profesión pero que se han acordado de mí cuando alguien buscaba traductor. Por eso, siempre que me ofrecen algún encargo que yo no puedo coger, por el motivo que sea, procuro pasárselo a alguien; también les envío ofertas de trabajo a compañeros cuyo perfil considero que se puede adecuar a lo que una determinada empresa o particular esté buscando.

Por último, me gustaría comentaros que ahora mismo estoy redactando el TFM de mi primer —y puede que último— máster, el de Traducción Audiovisual de la Universidad Autónoma de Barcelona. Como veis, no todo el mundo cursa uno nada más terminar la carrera. Yo, por ejemplo, lo empecé en 2017, casi diez años después de licenciarme. Tenía tiempo y dinero para permitírmelo, algo que, modestia aparte, me llena de orgullo (y satisfacción). En su momento, decidí especializarme en una combinación lingüística «rara»; creo que fue una de las mejores decisiones que he tomado en mi vida… y de las más aleatorias (con 17 años, realmente no tenía ni idea de a dónde me llevaría todo esto). Si hay alguien al que le interese orientar su carrera de esta forma, estaré encantada de darle más detalles y consejos.

Karla os atenderá por Twitter y por LinkedIn, si os apetece.

IVÁN FRAILE

¡Hola a todos!

Mi historia se remonta a hace relativamente poco. En 2015 finalicé mis estudios del grado en Estudios Ingleses. Al contrario que gran parte de profesionales, mi formación universitaria fue de Filología inglesa, y no de Traducción e interpretación, y aprovecho para recalcar que sí: cualquiera que se gradúe en alguna filología puede acabar dedicándose a la traducción, siempre y cuando siga formándose y especializándose, por supuesto. Así que mi caso en concreto tal vez pueda servir de cierta ayuda y guía a aquellos graduados o universitarios que estén cursando un grado diferente al de Traducción e interpretación. O, como mínimo, puedan sentirse más identificados.

Terminé el grado con ilusión, todo lo contrario de lo que había sido en años anteriores, puesto que había ocasiones en las que se me hizo muy cuesta arriba en lo que a motivación se refería; en ocasiones sentía que no avanzaba, que no aprendía mucho, e incluso llegaba a dudar de si hice bien en escoger esta carrera, pese a que hubo bastantes asignaturas que disfruté mucho. Por ello, tardé más de la cuenta en finalizar el grado, pero todo ocurre por una razón y no todos debemos llevar el mismo ritmo, claro está. Sin embargo, al final la cosa fue a mejor; sobre todo en el último año, cada vez tenía más ganas de comerme el mundo, de meterme en el mundo de la traducción de lleno, ya que mi único contacto con la traducción hasta 2015, quitando mi práctica personal por mi cuenta, solo había sido una asignatura del grado, de traducción y lingüística contrastiva, y el TFG, en el que investigué y analicé varias traducciones audiovisuales.

Sin embargo, tardé un poco en decidir qué hacer a continuación. Y esto no es malo; es importante saber qué se quiere hacer, y más si se opta por posgrados o un máster. Estuve un año sin estudiar, pero, además de no dejar de lado la práctica de traducción para estar aún más preparado para mi siguiente paso académico, hice una investigación a fondo de lo que tenía a mi disposición y, frente a cualquier duda, escribí a varios traductores profesionales en busca de cierta orientación y consejo. Busqué, busqué y busqué, hasta que encontré muchas opciones diferentes: varios másteres en traducción audiovisual, dos a distancia y uno presencial, muchos cursos sobre traducción, especializados en diferentes modalidades, algún que otro máster en traducción editorial, literaria… Barajé las opciones que tenía, todo esto durante meses, y finalmente me decidí por el máster en traducción audiovisual de ISTRAD. ¿Cómo lo decidí? Leyendo los programas de cada máster y curso y barajando lo que yo consideraba que me convenía más. El resto, cuestión de preguntar, nuevamente, qué opinión había sobre los másteres que más dudaba. Personalmente, recurrí a este porque su programa me gustaba ligeramente más que el de otros. Y no podría estar más contento con el resultado a día de hoy. ¡Ah! Y no dudéis de la eficacia de unos estudios a distancia; son igual de eficaces. A veces incluso más.

Finalicé el máster hace casi dos años y fue el año que más disfruté de toda mi formación académica. Su formación me pareció muy completa, aprendí muchísimo y su amplia oferta de prácticas con empresas resulta de lo más útil e inspirador a la hora de entrar en contacto con el mundo profesional. Durante el máster, realicé dos periodos de prácticas; uno, en una agencia de subtitulado, durante tres meses, en plantilla; otro, con una agencia de traducción audiovisual a distancia durante un mes. Ambas experiencias fueron diferentes y muy enriquecedoras; nuevamente, aprendí aún más. No cabe duda de que las prácticas son un paso esencial en la formación de un profesional de la traducción, ya que es con trabajo real con lo que más se aprende al fin y al cabo, y puede ser la clave para empezar a trabajar, ya sea como autónomo o en plantilla.

Incluso antes de finalizar el máster, empecé a recibir encargos de una de estas agencias y comenzó oficialmente mi etapa profesional como traductor autónomo y desde entonces no he parado de traducir, revisar y pautar subtítulos de películas, series, programas y documentales para diferentes ciclos de cine de Madrid, televisión y plataformas VOD (Netflix y Amazon Prime Video, principalmente). Como anécdota curiosa que puede motivar a los demás en cierto modo, justo en mi primer mes de autónomo recibí un encargo de traducción de una parte de mi serie de anime favorita; por supuesto, es el típico caso de llegar al lugar adecuado en el momento oportuno, pero para que veáis las vueltas que puede dar la vida. Con esta misma agencia tuve también la suerte de trabajar durante varios meses en plantilla como gestor de proyectos, subtitulador y revisor, etapa durante la que también aprendí muchísimo de mis compañeros, todos un encanto, y de todo el proceso que hay detrás de las traducciones. Volviendo al trabajo de traductor desde casa, afortunadamente, con sus más y sus menos, ningún mes he dejado de recibir trabajo, aunque es inevitable que haya meses de menos actividad, sobre todo al principio. Pero con ganas, perseverancia, mimo y pasión, se puede con todo. Y por supuesto, se nota. Al principio recibía menos encargos; no había hecho más que empezar, pero conforme pasaban los meses, cada vez recibía más trabajo, hasta que llegó un punto en el que tenía un flujo de trabajo de no parar semana tras semana. Se acaba formando un vínculo de confianza mutua entre traductor y agencia. Aun así, sigue habiendo meses que, inevitablemente, hay menos trabajo. Esto a veces puede generar bastante preocupación si a finales de mes notamos una disminución destacable de ingresos, pero al final, siempre acaban llegando meses de más curro.

Y claro, ojo. No todo es coser y cantar en cuanto uno se da de alta de autónomo y recibe encargos de algún cliente. Es una profesión que consiste en no parar de moverse. Hay que estar en una constante búsqueda de clientes, de agencias con las que colaborar. Dentro de un mes hago dos años como traductor autónomo y esto, para mí, sigue siendo así; he pasado de recibir trabajo de un solo cliente a recibirlo de dos. Pero, de nuevo, no hay que desistir. La búsqueda de clientes es dura y frustrante; no es fácil. La mayoría de veces no recibimos respuesta a ese correo electrónico que tan bien hemos redactado y en el que tan bien nos hemos vendido; otras veces, aunque obtengamos respuesta, la cosa no da más de sí y no volvemos a saber más; y a veces, incluso tenemos la suerte de que la agencia en cuestión acepta colaborar con nosotros y nos introduce en su base de datos, pero de ahí a que podamos recibir algún encargo puede pasar mucho tiempo. En este sentido, de la mano de la perseverancia, hace falta mucha paciencia, puesto que es un proceso largo mediante el que no se ven resultados inmediatos, pero poco a poco, todo trabajo da sus frutos, y el de la búsqueda de clientes no es menos. Por desgracia, no hay ninguna fórmula mágica para conseguir más clientes una vez que se está metido en el mundillo, más allá de insistir, insistir e insistir, además de presentarse debidamente y destacar los puntos en los que podrías llamar la atención de las agencias para que se interesen en ti, así que os animo a todos a no rendiros nunca en vuestra búsqueda de clientes. Y es que, a pesar de sus dificultades, una cosa está clara: es una profesión preciosa.

En lo de moverse también entra la formación: el saber no ocupa lugar. Siempre podemos aprender más, siempre podemos especializarnos aún más en algo, por mucho que hayamos hecho un grado, un máster y varios cursos, siempre quedará algo en lo que podamos meternos de lleno para, en algún momento, recibir más trabajo, que de esto va todo al final. En lo personal, hace poco he comenzado un curso de Trágora, el de traducción para plataformas VOD, impartido por la tutora Alba Mas, con el que aspiro a profundizar en mis conocimientos ya asentados de la traducción audiovisual y practicar la traducción para doblaje y voz superpuesta, especializándome también en estas modalidades, ya que, hasta ahora, mi experiencia profesional en estos años se ha centrado sobre todo en el subtitulado.

Otro aspecto que considero importante son los contactos y moverse por círculos de traductores. En mi caso, desde que lo hago mediante redes sociales y correo electrónico, no me he sentido tan solo profesionalmente hablando. He podido hablar con compañeros de profesión de dudas, inquietudes, opiniones, experiencias… e incluso leer artículos o ver vídeos muy interesantes e instructivos. También va de la mano unirse a asociaciones, como ATRAE, de la que soy socio, en la que se intensifica aún más ese contacto interprofesional, así como asistir a charlas, reuniones, etc. Además, matas dos pájaros de un tiro: conoces a gente de tu misma profesión de quienes puedes aprender mucho y te abres frente al mundo; porque, oye, quién sabe dónde puedes encontrar a tu próximo cliente. Por lo tanto, otro punto importante en esta profesión es socializar.

En definitiva, nada es fácil, y esto se oye en nuestra profesión y en cualquiera, pero la clave está en seguir adelante, en no rendirse. ¿Que antes necesitas dedicarte a otra cosa por cualquier motivo? ¡Adelante! No te cierres puertas a nada. Si tu pasión y tu sueño es dedicarte a la traducción, ese día llegará si no te rindes y no lo dejas de lado, incluso aunque antes tengas que pasar por otras etapas. Es importante, además, no tener prisa, ya que cada uno avanza a su propio ritmo, y evitar las comparaciones con los demás, que pueden dar lugar a ligeras desmotivaciones: no, no y no. No sois menos que nadie por tardar más en formaros o en empezar como traductor ni en encontrar los suficientes clientes como para poder ser totalmente independientes. Así que, de verdad, os animo a todos a luchar por lo que queréis y a anteponeros ante cualquier situación. Tanto para los que sigáis formándoos o hayáis acabado el grado como para los que ya han puesto un pie en la traducción profesional: no perdáis nunca la esperanza y curráoslo siempre al máximo, porque todo llega y, al final, el resultado hará que todo por lo que pasamos previamente merezca la pena, ¡y con creces!

Además de Twitter, podéis encontrar a Iván por correo.

Menudos dos perfiles, ¿verdad? Son un ejemplo buenísimo de lo que se consigue con mucho trabajo y tesón… y con unos ritmos personales, un camino que no tiene que ser el que recorre todo el mundo. Me siento muy identificada con Karla en cuanto al máster. Siempre digo que aproveché bastante más mi máster de TAV tras unos años trabajando en esto; la experiencia que te dan los años hace que lo absorbas de otro modo. Con esto no quiero decir que no sirva de nada si se hace al terminar al grado, ¿eh?, pero que unos años de parón estudiantil no os impidan disfrutar de una formación reglada más adelante. Se aprovecha muchísimo.

En cuanto a Iván, ¿qué puedo añadir que no haya dicho ya? Sus reflexiones me parecen acertadísimas y son cosas que tanto desde este blog como en charlas y en foros varios se insiste mucho: formarse es importante, así como no tirar la toalla cuando no recibimos respuesta, asistir a jornadas de traducción, etc. Paso a paso y con buena letra se llega lejos.

Hasta aquí los testimonios de hoy, pues. Espero que os hayan gustado y os animen a seguir adelante. ¡Gracias, como siempre, a todos los que participáis y los que nos leéis!

¿Nos vemos en la Feria del Libro?*

*N. de la T.: Si estáis en Madrid este domingo día 16 de junio y os queréis pasar por la Feria del Libro, estaré en la caseta de ASETRAD, la número 15, de 12:00 a 14:00. ¡Pasad a saludar y hablamos un ratito de traducción!

Trucos alternativos para cobrar deudas

05 miércoles Jun 2019

Posted by enlalunadebabel in Cuestiones laborales, Vida traductoril

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cliente moroso, facturas sin cobrar, gestionar impagos en traducción, impago

Por desgracia, una de las pesadillas más temidas del traductor autónomo es el cobro de impagos. Tú entregas el trabajo a tiempo, pasan las semanas y aquí no cobra ni el Tato. Así pues, hemos vuelto a hablar con una experta en el tema, Carmina Fernández, que en su momento compartió sus trucos para otra situación peliaguda: cómo gestionar las reclamaciones en traducción.

Evidentemente, para prevenir una situación de este tipo hay que investigar bien al cliente antes (listas negras, Blue Board en Proz, etc.) y pedir el pago por adelantado, pero no siempre es factible. O quizá llevas un tiempo colaborando con una empresa en cuestión sin problemas… hasta que un día se retrasa el pago. Después de unos años, las habrás visto (y leído) de todos los colores: se nos traspapeló la factura; el chico de contabilidad está de vacaciones; ahora mismo tenemos un problema de liquidez, pero se resolverá pronto… Sea como fuere, un retraso puede derivar en un impago. Y es aquí donde surge el problema que Carmina nos ayuda a resolver. ¡Vamos allá!

«Por lo menos a mí, la perspectiva de tener que recurrir a procedimientos legales se me hace muy cuesta arriba. Por eso, antes de llegar a ese extremo, en las ocasiones en las que he sufrido algún retraso en los pagos y unas simples llamadas de recordatorio por las buenas no han funcionado, he intentado quemar hasta el último cartucho antes de pasar a la vía jurídica.

Espero que la mayoría de vosotros no haya tenido que enfrentarse a esta situación ni llegue a tener que hacerlo. No obstante, llegado el caso, quizá podáis intentar alguna de las opciones siguientes:

1. Planifiquemos bien los recordatorios

Naturalmente, una primera llamada para informar al cliente de que no hemos recibido el pago y preguntar qué ha sucedido es lo básico. La respuesta más probable es que haya sido un error o que hayan tenido algún problema de caja, y seguramente nos dirán que nos pagan X día o en la remesa del mes que viene. Pregunta exactamente qué día van a efectuar el pago. Luego llama uno o dos días antes de esa fecha para recordarles que tienen pendiente esa factura y que si te pueden confirmar que tienen planificado abonarla ese día (que sepan que les estás esperando activamente).

Si pasa la fecha prometida y no has recibido la transferencia, toca hacer otra llamada para preguntar qué ha pasado. A partir de aquí, la manera de continuar dependerá de su respuesta y del tipo de cliente que sea (si es alguien con quien colaboraste una sola vez o un cliente con quien has trabajado en varias ocasiones y del que te vendría bien seguir recibiendo trabajo si este es su primer impago, o uno que te debe más facturas que aún no han vencido pero temes que tampoco te las pague…).

En cualquier caso, planifica las próximas llamadas calendario en mano y LLAMA. A veces nos da una pereza inmensa perseguir al cliente para que pague, pero no hay otro remedio. Una llamada a la semana, todos los días a la misma hora, unos días antes de la próxima fecha de pago prometida… Ponte una alarma en el móvil y decide lo pesada que quieres ponerte.

2. Propongamos una división de los pagos

En el caso de que se trate de un cliente de confianza y sepas que el impago se debe a un bache de liquidez y no es cuestión de mala fe, quizá accedan a ir pagándote poco a poco. A lo mejor se trata de una factura muy voluminosa y ellos no han recibido el pago de su cliente, etc. Si aprecian tu trabajo probablemente hagan un esfuerzo por pagarte un tercio o una cuarta parte e ir poniéndose al día mes a mes.

3. Pidamos ayuda al gestor de proyectos

Si el cliente que no te ha pagado es alguien para quien trabajas frecuentemente, quizá pueda ayudarte el gestor de proyectos o la persona de contacto que te envió el trabajo. Probablemente le guste trabajar contigo y no esté dispuesto a perder un colaborador por algún retraso administrativo. Habla con él y dile que estás teniendo problemas para cobrar y que, si esto no se soluciona, no podrás seguir aceptando sus encargos.

Si valora tu trabajo, seguramente podrá hablar con la administración y pedirles que solventen el retraso lo antes posible (que no esperen al próximo mes para pagarte si ha sido solo un “olvido”, o que den prioridad a tu factura en cuanto les sea posible si tienen un problema de liquidez…). Cuando los departamentos de administración son Mordor impenetrables o inflexibles, el gestor de proyectos puede ser tu mejor amigo.

4. Retengamos la entrega de un encargo

Este es un truco algo cuestionable, pero a mí me ha funcionado en un par de ocasiones y siempre es preferible a tener que recurrir a lo legal: acepta un encargo más de ese cliente. Si administración no te ha hecho caso y el gestor de proyectos no ha podido ayudarte, es el momento de presionar un poco más. Acepta un encargo (no muy voluminoso), tradúcelo y, poco antes de la entrega, diles que has recordado/te has dado cuenta/no has olvidado que te deben una factura y que, naturalmente, si no te la abonan no puedes entregarles un nuevo trabajo y arriesgarte a que también quede impagado. Si lo haces con la fecha de entrega suficientemente estrecha, para ellos será más complicado buscar a otro traductor que hacerte una transferencia bancaria rápidamente y enviarte el justificante (el justificante de la transferencia, importante, pídeselo antes de entregar la traducción).

Cuidado con la mala publicidad

No lo contamos como punto porque es una cuestión muy peliaguda y no recomendable. Es importante que haya siempre una denuncia previa (e idealmente ir de la mano de asociaciones para hacer más presión) antes de dar una mala publicidad que encima nos salpique a nosotros por mucha razón que tengamos. Asesorarse bien es esencial.

Es el sistema más mafioso desagradable y hay que cogerlo con pinzas. En la era de Internet, hacer pública su mala praxis puede complicarles la vida, desde luego. Si su fama de malos pagadores se extiende por ProZ o por foros de Facebook, pueden tener dificultades para encontrar proveedores, además de la mala imagen que darían a sus clientes. Pero conviene comprobar si ya existen precedentes con otros traductores y, por descontado, hay que medir mucho las palabras. En general, lo que decimos en las redes dice más de nosotros que de aquel de quien hablamos.

Un ejemplo reciente de esto es el flagrante caso de impagos de la editorial Malpaso (y sus diversos sellos, como Lince), que ha aparecido en prensa varias veces. Estamos hablando de un cliente que debe dinero a autores y traductores por igual ¡y sigue publicando y montando casetas en ferias como la del libro de Madrid!

En fin, estos son métodos que he empleado hasta ahora y, por el momento, he acabado cobrando todas las facturas y sin tener que pagar por cobrar. ¿Y vosotros? ¿Tenéis algún truco infalible para cobrar? ¿O preferís dejaros de subterfugios y pasar directamente al procedimiento monitorio?».

***

Otros artículos interesantes:

  • Cómo evitar impagos y estafas a traductores, en El taller del traductor.
  • 9 consejos para que te paguen siendo traductor, de Rodrigo Mencía.
  • Procedimiento monitorio por impago de facturas, en Debitoor.

Acabo de terminar el grado. ¿Y ahora qué? (V) Arturo Pérez, Marta Llopis y Sara Castro

03 lunes Jun 2019

Posted by enlalunadebabel in Testimonios, Traducción, Vida traductoril

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Etiquetas

bolsas de empleo, cómo ser traductor autónomo, empezar a traducir, empezar en TeI, gestor de proyectos, trabajar en plantilla, traductor principiante

Una semana más, volvemos con los testimonios de profesionales que llevan en esto unos pocos años. Arturo Pérez, Marta Llopis y Sara Castro nos cuentan hoy sus primeras veces en el apasionante mundo de TeI.

ARTURO PÉREZ ORTEGA

Mis andaduras en el mundo de la traducción comenzaron en el grado de Lenguas Modernas y Traducción de la universidad de Alcalá. Cuando comencé no tenía muy claro el camino que quería seguir. Interpretación me llamaba la atención, pero también la traducción literaria y audiovisual. Fue el tercer año lo que decidió la dirección que seguiría, al descubrir lo que era la localización.

Siempre me ha gustado trabajar con ordenadores, trastear con programas y archivos, y escogí la optativa de localización de software. Allí descubrí que muchos de los conocimientos que ya tenía sobre informática eran útiles y compatibles con lo que estaba aprendiendo de traducción. También aprendí que la localización era indispensable a la hora de trabajar en la industria de los videojuegos, lo que me interesaba particularmente. Esa fue la meta que me propuse por entonces.

En cuarto curso comencé a preparar mi TFG centrado en la traducción de videojuegos y a buscar como especializarme en estos temas. Encontré varios cursos de posgrado entre los que se encontraba el máster en Informática Multilingüe y Localización de la Universidad de Limerick, en Irlanda. Este me lo había recomendado en su día mi profesora de localización, y nada más presentar mi TFG y recibir mis notas me inscribí en él.

El máster duró un año y fue muy intenso, tanto los profesores como los compañeros eran gente brillante y aprendí muchísimo de localización, herramientas TAO y gestión de proyectos. Días antes de acabar mi TFM recibí una oferta de trabajo en una agencia de traducción como técnico de localización y herramientas de traducción. Para aceptarlo, me mude a Málaga. De esto hace ya tres años. Mis labores diarias en la empresa incluyen la gestión de proyectos, soporte, formar a los traductores…

Al trabajar en traducción, como todos los compañeros saben, formarse es una necesidad constante, y durante mi tiempo en la empresa aproveché para realizar cursos, estudiar idiomas y traducir para no perder la costumbre. Actualmente estoy estudiando el máster de Especialista en Traducción para la Industria del Videojuego en la Universidad de Vigo, gracias a que mi empresa me permite el teletrabajo. De este modo, sigo explorando los campos que me interesan de cara a posibles oportunidades futuras.

En mi caso, tuve mucha suerte y no hubo una pausa entre acabar mis estudios y encontrar mi primer trabajo (lo cual tiene su lado positivo y su lado negativo). Sin embargo, según mi experiencia, esto parece estar justificado. Hay vacantes de gestores de proyecto y empresas buscando a personas con la formación adecuada para ello.

No os voy a mentir: si os gusta traducir, lo echaréis de menos. Además el teletrabajo no es común en esta clase de puestos. Podríais tener que mudaros para aceptar un puesto. Por otro lado, en la gestión de proyectos tendréis la oportunidad de aprender sobre el funcionamiento de la industria desde otra perspectiva más amplia. Fundamentalmente lo considero un trabajo menos solitario, lo cual para algunos es otro punto a favor. Trataréis con clientes y traductores y desarrollaréis otras habilidades distintas que os pueden ser muy útiles también.

Desde aquí, me gustaría animaros a considerar esta alternativa a la hora de formaros. El gestor de proyectos, como el técnico de localización y otros trabajos similares siguen siendo puestos dentro de la industria de la traducción. Con esto, quiero decir que la experiencia que obtengáis seguirá siendo relevante para vosotros. Siempre podéis volver a la traducción habiendo trabajado como gestores, del mismo modo que nunca es tarde para redirigir vuestra carrera si ya sois traductores y os gustaría probar.

Creo que ya me he extendido demasiado con mi experiencia, espero que os pueda ser de utilidad a la hora de valorar vuestras alternativas. Si tenéis cualquier pregunta, podéis mandármela sin ningún problema a arturoenactivo@gmail.com o contactar conmigo a través de mi LinkedIn.

MARTA LLOPIS

¿Y ahora qué? Acabas la carrera y no sabes qué hacer con tu vida. ¿Trabajo? ¿Y si me meto a un máster? ¿Y cuál? La sensación de triunfo al entregar el último examen se entremezcla con el miedo a la incertidumbre.

En mi caso, la incertidumbre era peor, porque mi lengua A era lengua de signos catalana (me va lo exótico) y la segunda el inglés, así que yo iba para intérprete. Pero como la vida es caprichosa, en 3.º me di cuenta de que a mí lo que me gustaba era traducir. Como ya sabía que a traducir se aprende traduciendo y aprovechando que la bolsa de la universidad aún era gratis para mí, me apunté a una oferta de prácticas y mira por dónde ¡me cogieron! Tres meses como revisora de textos jurídicos que me sirvieron para reforzar mi decisión de ser traductora.

Llega cuarto de carrera y termino los estudios sin saber qué hacer: ¿máster? ¿trabajar? Personalmente, no me sobraba el dinero para meterme a un máster al tuntún, por lo que me puse a trabajar de lo que me salía. De mientras que cogía experiencia, cada día, literal, miraba InfoJobs, LinkedIn y derivados, hasta tal punto que me aprendí las horas a las que se subían nuevas ofertas.  Me planteé ser autónoma, y como tal, empecé a mirar también portales con ofertas de trabajo de #xl8 como TranslatorsCafé, ProZ, pero decidí que no era para mí. Por último, pagué por apuntarme como alumni a la bolsa de empleo de la universidad; tampoco era una barbaridad de dinero y pensé que igual algún día la inversión me rendiría al encontrar trabajo, y así fue. Allí encontré el puesto en una agencia de traducción en el que ya llevo tres años trabajando como traductora en plantilla.

Para finalizar, te diré que no hay un solo camino para ser traductor, trabajos tendrás muchos durante tu vida y todos te enseñarán algo que te servirá, por ejemplo, con la gestión y el contacto con clientes que suele ir asociada con nuestro oficio.

Si quieres hablar con Marta, la encontrarás en Linkedin  y también puedes enviarle un correo a: m.llopis.19@gmail.com.

SARA CASTRO

Cuarto de carrera es el año de las dudas en todas las facultades de TeI. Así estaba yo, empezando el último año y sin saber muy bien qué hacer después de una experiencia agridulce con algunas asignaturas y las expectativas deprimentes del sector que nos pintaba algún docente cenizo.

Una de las profesoras que sí estaba al pie del cañón invitó a una exalumna a hablarnos de las salidas después de terminar la ardua época en la que nos encontrábamos. Os destripo el final: esa exalumna ahora es mi jefa y una de las personas de las que más he aprendido a lo largo de mi trayectoria.

Unos meses después de esa charla, ahí estaba yo, delante de un ordenador en una oficina del centro de Madrid, acompañada por tres profesionales del sector y tecleando mi primera traducción fuera de las aulas. Mi primer día de prácticas también fue mi primer día en el mundo de la traducción. Empecé a gestionar proyectos, a hacer presupuestos, a buscar clientes, a traducir textos diferentes a diario (algunos resueltos mejor que otros) y, lo más importante, descubrí mi especialidad: la traducción audiovisual.

Ahora, dos años después y terminando el Máster de Traducción Audiovisual de la UAB, hago encaje de bolillos para compaginar el trabajo en plantilla con otras prácticas profesionales, esta vez en localización de videojuegos, con otra gran maestra del sector.

Como dice mi madre, a nosotros no nos regalan nada, así que no hay que quedarse de brazos cruzados y, sobre todo, no debemos conformarnos con lo que nos dan masticado en las aulas. En mi facultad, la TAV era la gran ausente — ¿qué es eso, se come? — y las prácticas tenías que buscártelas por tu cuenta, así que, si no hubiera tenido la iniciativa de buscar fuera, no habría llegado hasta aquí.

¡Sed inconformistas y luchad por lo que os apasiona, pequeños traductores!

Sara os atenderá en LinkedIn y en su perfil de Twitter.

Esta semana vemos unos caminos distintos. Arturo, por ejemplo, es ahora gestor de proyectos, algo que no se había planteado pero que surgió y le encanta. TeI tiene muchísimas salidas y no necesariamente nos vamos a dedicar a traducir. Abrirse a las muchas opciones que nos ofrece la carrera es muy importante: nunca sabes al final lo que te va a apasionar si no lo pruebas.

Por su parte, Marta incide en la importancia de buscar no solo donde siempre (ProZ, TranslatorsCafé), sino también apuntarse a las bolsas de empleo para exalumnos que ofrecen las universidades. ¿Os lo habíais planteado?

Y en cuanto a Sara, una palabra: iniciativa. No, no nos lo dan todo hecho y hay que empezar a moverse cuanto antes. Creo que es algo que muchos decimos a menudo, pero es imprescindible.

Y hasta aquí los testimonios de la semana. ¡Nos vemos muy pronto! Como siempre, si queréis dejar el vuestro, podéis hacerlo en comentarios o escribiendo a info@las1001traducciones.com. Gracias por participar y por leernos.

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