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¿La censura como estrategia de traducción? No lo es o no debería serlo, por supuesto, pero ahí está en mayor o menor medida. Algunas veces será por desconocimiento pleno del original —algo que a estas alturas me extraña, puesto que lo más censurable, como los tacos, es lo primero que uno aprende en un idioma—, pero muchas veces se debe a factores externos que pueden resumirse en uno: exigencias de quien nos encarga la traducción.

Bolkins. Getty Images

Bolkins. Getty Images

He observado este fenómeno en traducción editorial, sobre todo en novelas eróticas, cuyo lenguaje no puede ser extremadamente soez, aunque el original sí lo sea, o en traducción audiovisual. Pienso, por ejemplo, en esos realities que por la flexibilidad de su emisión no pueden ser demasiado soeces si se emiten en horario protegido, si bien es cierto que muchos —especialmente los programas con voces superpuestas— van ya censurados de serie con un pitido que indica la omisión de lo malsonante. También es algo que debe tenerse en cuenta en la traducción de videojuegos, que se rigen por el PEGI, el sistema europeo para clasificar el contenido de los mismos en cuanto a violencia, sexo, lenguaje soez, etc.

Personalmente, es un tema que me apasiona, como ya sabréis si seguís el blog porque he hablado de estos temas en multitud de ocasiones, ya fuera la censura en el cine y en la literatura o la traducción del lenguaje soez.

Hoy veremos algunos ejemplos de omisión o neutralización de fragmentos obscenos y soeces para ver qué implicaciones tiene manipular una obra y cómo afecta a la comprensión del texto. La mayoría de estos casos están extraídos de El delito de traducir, de J. C. Santoyo, cuyo capítulo sobre la censura de lo soez no podría empezar de mejor manera:

Fragmento de El delito de traducir

Fragmento de El delito de traducir

Traducciones suavizadas en el doblaje

En su libro, Santoyo nos ilustra con multitud de ejemplos de películas dobladas y subtituladas, cómo se modifican las palabras más delicadas o cómo se llegaron a eliminar totalmente del guion original los términos y expresiones más soeces. Claro está, la mayoría de estos casos son de películas antiguas que coinciden con la etapa franquista. Ahora mismo, no imagino qué hubiera pasado con Pulp Fiction si le hubieran quitado todos los fuck o, más recientemente, si se hubieran eliminado todas las referencias sexuales y escatológicas en Deadpool.

  • En los diálogos de Un tranvía llamado deseo (Elia Kazan, 1951) la palabra «prostituta» se tradujo por «extravagante».
  • En Soldado Azul (Ralph Nielson, 1970), la palabrota repetida a lo largo de toda la película por la protagonista, Candice Bergen, es  «fuck!», que aquí se tradujo como  «¡puñeta!».
  • En la comedia Juventud sin esperanza (Milos Forman, 1971), había una canción en la que solo se hablaba de «fucking» y se tradujo por «besar».

Al final, como dice Ramón Berenguer en una Fotogramas de 1977, «el doblaje nos ha acostumbrado al “hijo de perra”, a la “cualquiera”, al “fornicar” o al “afeminado” cuando la censura ha intentado suavizar los términos más contundentes que se utilizan en la vida cotidiana». Y eso por no hablar de los tijeretazos que se llevaron muchas otras películas directamente en el metraje.

Como anécdota reveladora del poder traductor de la censura en la España de Franco, Luis Alonso Tejada explica que «en los diálogos había que sustituir las enérgicas y raciales interjecciones de connotación sexual como “coño”, “carajo” y “joder” por eufemismos ñoños como “córcholis”, “caray” y “jolín”. En el colmo de la estupidez, los censores tomaron durante un tiempo la costumbre de tachar la palabra “moño”, por entender que su fonética era equívoca y podía dar lugar a peligrosas erratas involuntarias».

Precisamente en cuanto a la fonética acabo de descubrir una anécdota: durante un tiempo se prohibió pronunciar la palabra «pizza» porque se prestaba a equívoco. Supongo que por aquel entonces muchos lo pronunciarían como aún hoy hace mi abuela de Alicante: picha.

A ver por dónde corto

A ver por dónde corto

La censura en las traducciones literarias

En literatura abundan los ejemplos de censura y no siempre se conoce el origen de dicha transgresión, si fue por mojigatería del traductor, exigencias del editor o del censor. Carmen Toledano, en La traducción de la obscenidad (La página ediciones, 2003) apunta a los distintos métodos de censurar. En general, en muchas obras antiguas, se refleja de forma léxica omitiendo o atenuando términos, o bien transformando la pragmática de estas maneras:

  1. Mediante la eliminación de pasajes.
  2. Mediante la eliminación de episodios, que suele implicar una transformación semántica para hacer más aceptable el texto.
  3. Mediante la incorporación de comentarios puestos en boca del traductor a acciones u opiniones que, sin ellos, resultarían transgresoras para el nuevo lector.

A nivel léxico, Buendía da algunos ejemplos de obras clásicas como Tom Jones o el Exposito (M. Enrique Fielding, traducida del francés por Don Ignacio de Ordejón en 1796), Pamela Andrews o la virtud premiada (Tomas Richardson, 1799) o Aventuras de Robinson Crusoe (Danel Defoe, 1849, traducida por Don José Alegret de Mesa):

  • Are you frightened by the word rape? ☛ ¿Os espanta la palabra sola de rapto*? (Tom Jones)
  • …should not a gentleman prefer an honest servant to a guilty harlot? ☛ ¿No debería un caballero preferir a una criada honrada a una que no lo fuese? (Pamela)
  • And then, in a sweet and easy accent, with his arms about me as we walked, he sung me the following verses… ☛ …é inmediatamente empezó á decir los versos sin dexar de continuar el paseo… (Pamela)

*Acerca de esta palabra, la traductora Itziar Hernández comenta con acierto que no se trata de ninguna atenuación, sino que en la época en que se escribió la obra, ese era el sentido de la palabra original y, por lo tanto, la traducción es la correcta. En efecto, algunas palabras no conservan el mismo significado con el paso del tiempo y este es un buen ejemplo.

En Pamela, por ejemplo, se eliminaron todas las referencias a gestos de afecto: «Give me your hand», «He clasped me to him with ardour» y los apelativos cariñosos con los que el hombre se dirige a su amada: «dear, good girl», «my charming girl», «My angel!», etc. Y hasta se omitieron episodios enteros.

Y no solo por puro decoro; por cuestiones religiosas también se han dado ejemplos de censura. En Robinson Crusoe se omitieron o suavizaron todas las referencias negativas que Robinson expresaba sobre la religión católica.

También tenemos ejemplos con obras algo más recientes. Tal es el caso de la traducción del Diario de Ana Frank al alemán, según relata André Lefevere en Traducción, reescritura y la manipulación del canon literario (Ediciones Colegio de España, 1997). Además de la edición previa —por no hablar de retoques o directamente censura— que hizo el padre de Anne antes de publicarlo, la traducción al alemán presenta problemas de comprensión del original y cambios voluntarios de reescritura.

Anneliese Schütz, periodista alemana amiga de la familia, suavizó términos y expresiones no solo sexuales, sino también connotaciones políticas que podían molestar al lector alemán. La traductora misma lo dijo en una ocasión: «Un libro que se quiere vender bien en Alemania no debería contener insultos dirigidos a los alemanes».

Por ejemplo, en un pasaje en el que Anne habla de la persona que podría descubrir su escondite, se lo imagina como «een reus en hij was zo’n fascist als er geen bestaat» [un gigante, y era tan fascista, no existe nada peor]. En alemán, se convirtió en «einen unüberwindlichen Riesen [un gigante invencible]. Y así con otros cambios para hacerlo más cómodo para el lector alemán y que no disminuyeran las ventas.

Desde luego, la política es un tema espinoso y si no, que se lo digan a la escritora italiana Elisa Morante, que denunció que habían amputado varios fragmentos de su novela, La Storia, en la traducción al español. Y aquí va un fragmento muy claro:

Censura política en La Storia

Censura política en La Storia

Santoyo da algunos casos más de censura en literatura, esta vez en cuanto a sexo y funciones corporales. En Matadero Cinco de Kurt Vonnegut (Editorial Bruguera, 1977), reparó en el siguiente fragmento:

«¡Cielos! El reloj ha sonado…  / ¡Maldición!, y mi suerte se ha truncado.

Billy encontró el verso tan cómico que…»

¿Qué hay de cómico en ese verso? Pues en la traducción poca cosa, pero el original era otro cantar:

«Goodness me, the clock has struck  / Alackaday, and fuck my luck.

Billy found the couplet so comical that…»

Y lo mismo con un limerick del mismo volumen:

«Había en Estambul un joven

que así interpelaba a su herramienta:

Me quitaste la salud

y mi hacienda arruinaste,

y ahora todo es poco para ti, vieja loca»

En efecto, algo cojo queda y más tratándose de unos versos humorísticos. El original rezaba:

«There was a young man from Stamboul,

Who soliloquized thus to his tool,

You took all my wealth,

And ruined my health,

And now you won’t pee, you old fool!»

Unos versos que Santoyo reproduce de esta manera para conservar el tono:

«Había un joven de Estambul

que así hablaba a su herramienta:

Te llevaste toda mi riqueza,

y echaste a perder mi salud,

y ahora no quieres mear, vieja loca».

Como él mismo comenta, en estos casos es muy difícil saber a quién atribuir estos cambios, si al traductor o a la censura, que tachó con lápiz rojo una traducción buena y obligó a suavizar las palabras.

Censúrate con Clean Reader

Al hilo de las omisiones o planchado de expresiones soeces o sexuales, es conveniente hablar de una aplicación que dio que hablar en Estados Unidos hace ya un tiempo: Clean Reader. Actualmente ya no hace falta un señor que subraye en rojo: lo puede hacer uno mismo.

Clean Reader es una aplicación que, cual madre protectora que te tapa los ojos cuando sale una escena de sexo en pantalla, te permite no ver o ver una versión suavizada de los términos más soeces. A modo de ejemplo, aquí van algunas de las palabras malsonantes y los equivalentes que muestra en pantalla en su lugar.

Palabra malsonante Sustitución
shit crap
ass butt
asshole jerk
sex love
sexy lovely
vagina bottom
pussy bottom
cunt bottom
penis groin
bastard jerk
hell heck
fucking freaking
damn darn
fucker idiot
badass tough
breast chest
piss pee
bitch witch
oh my God oh my goodness
wiener groin
Jesus gee
boobies chest
cum juice
whore hussy
Christ gosh
bullshit crap
pissed angry
Jesus christ geez
fucking hell freaking heck
fuck freak
prick groin
slut hussy
goddamn dang
blowjob pleasure
fucked screwed
damnit darnit

En una disparidad digna de estudio, las siguientes palabras no se consideran profanas (aún): squirt, spurt, orgasm, goddamnit, horniness, semen, suck, condom, manhood, clit, nipple, Good Lord, God, erotic, half-assed, naked, sensual y sexual. ¿Por qué sexy y sex son malas palabras, pero sexual no? Quién sabe.

Sin embargo, las modificaciones cambian mucho más de lo que se piensa en un principio. Si os habéis fijado, para los genitales femeninos usan bottom, que es anatómicamente incorrecto y al final ofrece resultados tan surrealistas (y verídicos) como este:

“Where shall I [freak] you, Victoria? Where do you want my [groin]?”

“I want it in . . . my [bottom].”

Al final, lo que en un principio era un acto sexual de penetración vaginal, ha pasado a ser anal… y dudo que fuera esa la intención de los castos creadores de la aplicación.

Sin embargo, los desarrolladores están en todo e incluyen tres modos según los niveles de profanidad: el modo clean bloquea las palabras más fuertes que, sobre todo, incluyen todas las F-words (fuck, fucking, fucker, etc.), el cleaner va un paso más allá y limpia un poco más (que dé esplendor ya lo dudamos) y, por último, el squeaky clean, que es el nivel más restrictivo y elimina casi todas las palabras malsonantes y términos raciales hirientes.

Como muchos otros, no entiendo que se pueda jugar tan alegremente con la obra de los demás, pero los creadores de la aplicación dicen que no violan los derechos de autor porque no se realizan cambios en el archivo que contiene el libro.

Según dicen, la aplicación:

  • no elimina ninguna palabra del libro,
  • no cambia ninguna palabra del libro ni la sustituye por alternativas,
  • no censura ninguna obra, ni limita la capacidad del usuario de leer el libro de la forma en que la proporcionó el autor o editor,
  • no cambia el significado de ninguna frase o texto.

Hemos recorrido un largo camino desde la publicación de algunas obras editadas, como la colección Family Shakespeare del siglo XIX para la que se «limpiaron» los clásicos de Shakespeare para hacerlos más apropiados para niños (y no tan niños). Actualmente parece que para suavizar textos obscenos basta con descargarse una aplicación.

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¿Y qué opinan los escritores? Pues que sí es una intromisión en su obra y muchos han pedido que eliminen sus libros del catálogo que incluye la aplicación. Una de ellas es Joanne Harris, autora de Chocolat, que lo deja muy claro: «Todos aquellos que trabajan con las palabras son conscientes del poder que tienen estas. Si se saben usar las palabras correctamente, se puede conseguir casi cualquier cosa. Alterar lo que está escrito, por mucho que no nos gusten ciertas palabras y frases, es censurar. […] Ya hemos pasado por esto antes y debemos saber a dónde nos va a llevar esto ahora. Se empieza borrando algunas palabras y se acaba pegando hojas parra en las estatuas».

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Estoy muy de acuerdo con Joanne Harris: al pan, pan y al vino, vino. Si el autor quiere decir X, ¿quién es nadie para tocar nada? Y en el caso de las traducciones, si lo que se pretende es crear un efecto análogo en el destinatario de la traducción, que reciba la obra (película, novela, cómic, etc.) como lo haría el destinatario del original, ¿por qué vamos a suavizar lo que no es suave de serie?

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Fuentes: