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Hay novedades en el sector de la traducción editorial. El 30 de junio ACE Traductores presentaba en el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte el Informe del valor económico de la traducción editorial, elaborado por la consultora AFI y que podéis descargar aquí mismo.

El famoso informe

Mediante este Informe, como expone ACEtt en su página web, «se pretendía dar una respuesta a una pregunta que nos preocupaba desde hace mucho tiempo. Aunque sabíamos que el número de títulos que lanzábamos al mercado cada año oscilaba entre el 16 y el 27 %, nos preguntábamos cuánto representan esos porcentajes en términos de facturación o, en otras palabras, cuál es el auténtico valor económico de la traducción editorial.

El Informe elaborado por AFI señala, en primer lugar, que hay diez empresas o grupos de empresas que controlan cerca del 75 % del mercado editorial. Estas empresas concentran, por tanto, la mayor parte de nuestro trabajo y nos tienen acostumbrados a ofrecernos contratos en los que nuestra capacidad de negociación, dada precisamente la desproporción entre su capacidad de oferta y la nuestra, se reduce a cero.

El Informe revela también que existe una increíble opacidad en el mercado: los traductores seguimos teniendo que aceptar de buena fe liquidaciones de derechos que son meras declaraciones de una de las partes involucradas en el acto económico al que nos referimos. En muchas ocasiones, además, nos vemos obligados a requerirlas, porque incumpliendo lo que figura en nuestros contratos ni tan siquiera se nos hacen llegar.

Según los resultados del estudio que hemos presentado hoy, los traductores aportamos a las editoriales el 35 % de su facturación anual —es decir, en torno a 294 millones de euros—, aunque debido a la bajada de las tarifas nosotros acumulamos una enorme pérdida de poder adquisitivo».

Entrevista en Hoy empieza todo con Marta Echeverría

Con motivo de la publicación de dicho informe, el pasado 11 de julio entrevistaron a Carlos Fortea en el programa de radio Hoy empieza todo que presenta Marta Echeverría en Radio 3.

Carlos Fortea, a quien tuve el placer de conocer en 2015 en una mesa redonda sobre traducción editorial en Málaga, no es solo el presidente de ACEtt; es escritor, profesor en la Universidad de Salamanca y traductor literario con una labor de más de cien títulos, entre los que se cuentan obras de Thomas Bernhard, Günter Grass, Stefan Zweig, Alfred Döblin, E.T.A. Hoffmann y Eduard von Keyserling. Nadie mejor que él, pues, para hablar del informe y reivindicar nuestros derechos como traductores editoriales.

Aquí os dejo la entrevista, que también podéis escuchar en esta página, para entender qué se explica en el informe, qué se reivindica y cómo conseguir que se respeten nuestros derechos.

 

Marta: Seguimos con otro asunto que tiene que ver con el sector de la traducción, que facturó en España casi trescientos millones de euros en el 2016. Una cifra que supone el 35 % de los ingresos de las editoriales nacionales durante ese año. Sin embargo, en nuestro país siete de cada diez traductores profesionales se ven obligados a compaginar su actividad con otros trabajos. Son datos extraídos de «El valor económico de la traducción editorial», un estudio, el primero que se hace de este tipo que ha sido subvencionado por el Ministerio de Cultura y que se presentó hace unos días, Carola.

Carola: Sí, Marta, el informe también revela que más de un cuarto de los encuestados trabajó en negro en 2015, que uno de cada tres tan solo traduce uno o dos libros al año y que sus ingresos medios anuales rondan los cinco mil euros brutos; algo que contrasta con las cifras que genera el mercado editorial en el que, según datos de la consultora Nielsen, siempre hay entre cinco y seis obras traducidas en el top 10 de los libros más vendidos en España. Es por esto, Marta, que como ya hicimos en su momento como otros gremios precarizados como el de los actores y el de los figurantes nos hemos puesto en contacto con el de los traductores para que nos expliquen su situación. Ojo, no para lloriquear, y en eso me han insistido muchísimo, sino para exponer sus problemas y ofrecer soluciones porque las tienen. Habla Carlos Fortea, traductor y director de ACE Traductores. Vamos a escucharlo.

Marta: Sí, sí. Antes de eso, hemos tenido una maravillosa errata en nuestro Twitter. Decimos que siete de cada diez tractores en España tienen que pluriemplearse.

Carola: No, tractores no, por dios…

Marta: Los traductores. En un momento lo corregimos y ya ahora si escuchamos a Carlos Fortea.

Carola: Carlos, los traductores generáis un 35 % de los ingresos del sector editorial, pero la mayoría no podéis vivir de vuestro trabajo. ¿Qué tarifas se están manejando?

Carlos: Nosotros no podemos hablar de tarifas en público porque la Comisión de defensa de la competencia nos lo prohíbe. Por lo tanto, lo único que puedo dar es un dato que está publicado, que es el dato que se manejó en el Libro Blanco de la traducción editorial del 2010, es decir, ya es un poquito antiguo. En aquel momento el resultado del estudio de la encuesta de tarifas que se había hecho en aquel momento daba una tarifa media de 11,5 euros por página de dos mil cien pulsaciones, dos mil cien caracteres.

Carola: Eso significa —los datos de los que estábamos hablando— que en España más de la mitad de los traductores profesionales necesitan otro trabajo para vivir; lo tienen que compaginar con la docencia, por ejemplo, con el periodismo… Es evidente que esto os tiene que preocupar, al gremio de los traductores. ¿También debería preocupar a los lectores? ¿En qué nos afecta que las condiciones de los traductores se sigan depauperado?

Carlos: A quien más debería preocupar es a los lectores y también al sector editorial que nos contrata. Cuando un traductor tiene que hacer su trabajo en condiciones de… como tú has dicho muy bien, de depauperación, eso significa que inevitablemente que va a tener que trabajar muchas más horas para producir el mismo rendimiento económico. Es inevitable que la calidad se resienta. Con independencia de que nosotros tengamos un claro imperativo ético por que la calidad de las traducciones se mantenga, es decir, por que cada profesional se esfuerce en conseguir el mejor resultado en cada ocasión, ¿cómo puede conseguirlo si su trabajo se ve perjudicado por la necesidad duplicar las horas al día? Esto viene ocurriendo muy claramente desde la entrada en vigor del euro. Las tarifas nunca fueron altas, pero tenían una regularidad, digamos, hasta ese momento, cuando se produjo la entrada en vigor del euro se hizo la conversión automática de euros a pesetas y desde ese día en adelante las tarifas no han hecho otra cosa que bajar. Es decir, estamos en niveles del año 2001.

Carola: Entiendo que muchos traductores profesionales se plantearán tirar la toalla y dedicarse a otra cosa, directamente. Que está provocando quizás el éxodo de los profesionales y quizás el intrusismo, no sé si de aficionados, pero de gente quizás con menos formación. No lo sé.

Carlos: Hay una expulsión del mercado, por una parte, de traductores competentes y, por otra parte, hay una falta de entrada, es decir, los chicos que se licencian en las facultades de interpretación, sobre todo chicas —es una profesión crecientemente feminizada— se lo piensan. A la hora de decir «me voy a dedicar a la traducción literaria», dicen: ¿Esto es viable? ¿Es una forma de vida accesible? ¿Lo puedo mantener? Entonces al final hay gente que no entra al mercado, gente que tendría capacidad suficiente, gente que tendría calidad para irse formando, para ir mejorando sus capacidades y que, o abandona en los primeros estadios o ni siquiera entra. Eso es muy grave para el sector.

Carola: Carlos, hemos hablado de las consecuencias, vamos a abordar ahora las causas. ¿Cómo hemos llegado hasta aquí? Creo que el monopolio de los grupos editoriales tiene bastante que ver con vuestra situación.

Carlos: Claro, aquí hay varias causas fundamentales. La primera es esa congelación de tarifas de las que te hablaba antes. Y eso tiene mucho que ver con la concentración editorial. En este momento, según El informe sobre el valor económico de la traducción que acabamos de publicar, diez editoriales, o diez grupos editoriales, concentran el 73 % de la edición en España. Eso quiere decir que con esos grupos que te ofrecen un tipo de contrato cerrado, la negociación en realidad no existe, es un «lo tomas o lo dejas» creciente. Sobre todo en el apartado de tarifas, que, como te digo, nos preocupa de manera primordial.

En segundo lugar, y es muy importante, tenemos un problema muy grave respecto a la liquidación de derechos de autor. Los traductores cobramos nuestra tarifa como anticipo de los derechos de autor y luego se nos factura en función de las ventas de los libros. Eso implica que a estas alturas del siglo XXI se nos sigan haciendo liquidaciones que son declaraciones de parte, es decir, las editoriales envían una declaración en la que dicen cuánto han vendido y tú te lo tienes que creer sin más.

Eso hasta ahí ya es bastante serio. Es todavía más serio cuando esas liquidaciones no llegan y es todavía más serio cuando hay un sector como el de la lectura infantil y juvenil, el 40 % de cuyos títulos son traducciones, en los que muchas ocasiones se sigue trabajando sin contrato, se sigue trabajando sin liquidaciones y cuando son textos dedicados a un público infantil, es decir los textos cortitos, textos que no tienen mucho texto, las editoriales eluden directamente pagar derechos, ignorando que del libro no se pagan derechos en función del tamaño que tiene, sino en función de las ventas que tiene. En muchas ocasiones hay grandes títulos de literatura infantil que venden centenares de miles de ejemplares de los que el traductor no percibe nada.

Carola: Me sorprende, Carlos, la falta de sensibilidad que existe dentro del propio gremio editorial, es algo llamativo. Podría entender, no justificar, pero podría entender que a la mejor un gremio externo, ajeno absolutamente a vuestra labor, que no sea capaz de valorar el esfuerzo y la formación que supone traducir un libro se muestre así de implacable, pero que lo haga alguien del sector editorial, en fin, me parece llamativo.

Carlos: Coincido completamente con tus palabras. Si las personas que nos dedicamos al proceso del libro, a producir un producto cultural, realmente somos conscientes de que se trata de un producto cultural, ¿cómo es posible que se esté tratando así a los profesionales que lo hacen llegar desde otras lenguas al español? A un colectivo que, como digo, representa un 35 % de las ventas del mercado, mucho más en el sector de la literatura infantil y juvenil, y que es capital para la circulación de las ideas. ¿Con quién estamos hablando? O sea, ¿realmente estamos hablando de personas que se dedican al sector del libro exclusivamente para generar un beneficio económico o de gente que se dedica al sector del libro como lo hacemos nosotros para generar un producto cultural?

Carola: Carlos, tengo la impresión de que parte del problema es que, como sociedad, no estamos muy sensibilizados con la importancia de la traducción, que no es un trabajo valorado. Convendría explicar el tiempo y el esfuerzo que exige traducir una hora y, aunque entiendo que esto varía en función de la extensión, de las peculiaridades del texto, del género, no sé… Imagino, por ejemplo, que traducir poesía tiene que ser especialmente complejo, ya solo por cuestiones de métrica. ¿Cuánto tiempo, qué dedicación estimas que puede exigir la traducción de una novela, por poner un ejemplo?

Carlos: Yo le diría a un lector que se ponga en la circunstancia de un traductor que va a traducir, pongo por caso, un clásico, un clásico del siglo XIX. Un traductor que tiene que documentarse de cada uno de los objetos que aparecen en ese libro a los que tiene que dar el nombre exacto que tenían en castellano en ese momento; que tiene que documentarse acerca de las costumbres, porque en muchas ocasiones uno no va a saber por qué ocurren determinadas cosas.

Hay una maravillosa nota al pie de la página de la última versión de La señora Bovary que hizo María Teresa Gallego. No recuerdo la nota con exactitud en este momento, pero explicita por qué en un momento determinado, un personaje tapa una copa con la mano para indicar que no le sirvan. Eso es el resultado de un proceso de documentación muy largo. Todo eso requiere una cantidad de trabajo antes de escribir la primera línea absolutamente tremendo, más todo el tiempo que luego lleva la propia redacción del texto, que no es simplemente copiar lo que pone en una lengua y copiarlo en otra, es resolver constantemente los problemas que eso plantea, pasar de una sintaxis diferente, pasar de una mentalidad distinta.

Carola: De momento, el Ministerio de Cultura ha aprovechado la presentación de este informe para informar de una serie de medidas que pondrá en marcha con el objetivo de mejorar el reconocimiento público de los traductores. Hablaban de la creación de una beca para ellos en la residencia de estudiantes, de la celebración de un encuentro de traductores y de otras iniciativas, pero entiendo, Carlos, que, además de todo eso, lo que vosotros necesitáis es que el mercado se regule para garantizar unas tarifas de decentes, que era lo que reivindicabas antes, y la liquidación de vuestros derechos de propiedad intelectual. No sé si vosotros tenéis alguna propuesta al respecto.

Carlos: Por supuesto que sí. Nosotros estamos muy agradecidos a las políticas del Ministerio en este momento. Efectivamente, están mostrando gran sensibilidad hacia el colectivo y quiero dejarlo expresamente dicho aquí, pero la historia nos dice que los verdaderos saltos en esta profesión se han dado cuando se han tomado medidas legislativas. El gran salto de la traducción se dio en 1987 con la ley de la propiedad intelectual, de la que ahora se cumple 30 años. Se están haciendo actividades para celebrarlo y se ignora que esa ley no se cumple. Entonces tenemos que asegurar que se cumpla.

Tenemos que hacer que los contratos que firmamos sean contratos legales y para eso hemos propuesto en muchas ocasiones la creación de una instancia administrativa que vise los contratos. No sería tan complicado porque los grandes grupos tienen modelos. Sería simplemente decirle a un gran grupo: este modelo de contrato no se atiene a la ley y por tanto no vale. Sería tan sencillo como eso y eso es apenas una modificación de la ley de propiedad intelectual. Igualmente sería muy sencillo establecer en la ley la necesidad del seguimiento de las ventas por medios tecnológicos. Hoy en día son muy fáciles.

Decía en una ocasión, o mencionaba el otro día en una presentación del informe Manuel Marín que, si somos capaces de seguir la pista de un huevo desde que lo ponen en una granja en Bélgica hasta que lo compramos en un supermercado de Cuenca, seguramente no debe de ser muy difícil seguir la pista de un libro cuando se vende en una librería. Simplemente pasarlo por un código de barras, que ese código de barras vaya a una base de datos a la que tengamos acceso los autores y los editores en tiempo real, y sepamos a la vez los dos que hemos vendido un libro. Y que el editor sepa que de ese libro le corresponde su 30 % y a nosotros nuestro 1 %. Simplemente eso y eso no puede ser muy difícil. Eso es una modificación que lleva un párrafo en una ley, no pedimos más. Es mucho lo que obtendríamos por muy poco trabajo legislativo.

Carola: Pues, Carlos Fortea, traductor y director de ACE Traductores, muchísimas gracias por atendernos.

Carlos: Muchas gracias a ti.

Carola: Y mucha suerte.

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¿Os ha sorprendido algo? ¿Habéis sufrido condiciones similares a las que comenta Carlos Fortea? Podéis dejar más abajo vuestros comentarios con anécdotas y experiencias.

Espero que os haya resultado interesante y ¡nos leemos en la próxima entrada!

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