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calidad, traducción, traducción audiovisual, traducción literaria
El pasado fin de semana estuve en un pueblecito del Pallars en el que han montado un museo singular: en varios espacios del pueblo hay comercios congelados en el tiempo, con productos de la época (desde la segunda revolución industrial hasta las postrimerías del franquismo, finales de los 70). Se puede visitar una barbería, una farmacia, unos ultramarinos, una imprenta, etc.
El caso es que en la primera parada vi este cartelito de una exposición de Netol (sí, con ese personaje de carrillos generosos que anunciaba un limpiador de metales), con una frase que me llamó muchísimo la atención y con la que estoy muy de acuerdo: «La calidad de un artículo se recuerda más que el precio pagado por él».
Quizá pueda parecer paradójico, pero en traducción es así. Tal cual. Siempre habrá ese cliente que mire solo precio, el que escoja a otro proveedor antes que a ti por ser más barato, pero no es el único. Hay muchos otros que quieren un trabajo bien hecho, que quieren un trabajo con un buen profesional detrás que se responsabilice de esa calidad.
Esto lo tengo comprobado con los autores con los que he trabajado. Todos (sin excepción) han repetido si han tenido nuevas obras que traducir, vinieran de forma directa o a través de plataformas como Reedsy. Porque sí, claro, todos buscamos ahorrarnos unas perrillas, pero la calidad se paga.
En el precio de esa traducción no va solo el traslado de ese texto de un idioma a otro, sino también una lectura precisa, la atención al detalle, una relectura y repaso exhaustivo posterior, la adecuación a lo que te va a pedir la plataforma X para promocionar el libro, etc. En definitiva, el buen traductor de carne y hueso no solo va a estar ahí para hacer ese trabajo puntual, sino que te acompañará en el proceso y en las dudas que puedas tener (el servicio posventa de toda la vida).
Porque, al final, lo que se recuerda de nuestros servicios, de un buen texto traducido, del doblaje de una película, de una interpretación, es todo eso. La calidad de una traducción permanece; el precio se olvida. O, dicho de otro modo: una buena traducción se paga una vez; una mala…, en cada página.
